José Antonio Loarte – “Estamos en época de primeros cristianos”

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José Antonio Loarte – “Estamos en época de primeros cristianos”

Los Padres son una fuente riquísima de doctrina

José Antonio Loarte (Talavera de la Reina) es licenciado en medicina por la Universidad de Navarra y doctor en teología por la Universidad Lateranense. Recibió la ordenación sacerdotal en 1969. Es autor de varios libros de espiritualidad sobre temas marianos y patrísticos. Ha vivido en Roma más de cincuenta años, siendo profesor de varias disciplinas teológicas. Además ha trabajado en tareas relacionadas con la conservación y clasificación de los textos de la predicación de san Josemaría Escrivá, junto a quien trabajó en los últimos años de su vida.

Los primeros cristianos. ¿Qué relevancia puede tener para un creyente, en el contexto actual, la vida de unas personas tan lejanas en el pasado?

Estamos en época de primeros cristianos. El mundo hoy en día se ha alejado completamente de Cristo. En los primeros siglos no le conocían; hoy o le han olvidado o hay mucha gente que tampoco lo ha conocido. Además, nos encontramos en un periodo de la historia marcadamente materialista en el que somos esclavos del cuerpo, como también lo eran las sociedades de los primeros siglos, especialmente Grecia y Roma, donde vivieron los primeros cristianos. Por tanto, su sociedad era muy parecida a la nuestra.

Nosotros contamos con la ventaja de muchos siglos de Tradición, ellos sólo contaban con treinta, cincuenta, cien años máximo desde la vida terrena de Jesucristo, y sin embargo no tuvieron miedo y se lanzaron a dar a conocer el Evangelio.

Pienso que hay dos cosas que conviene destacar de estos años primeros de la cristiandad: en primer lugar la caridad, el cariño que se tenían entre sí los primeros cristianos. Es sabido que algunos paganos exclamaban escandalizados: “Mirad cómo se aman”, y no lo decían como un elogio, sino que no les cabía en la cabeza que se quisiesen tanto. Golpeó mucho las conciencias de la sociedad el amor que ponían en el cuidado de los huérfanos, de los pobres, de los enfermos, de las viudas… Y por otro lado no podemos olvidar el gran testimonio del martirio. A ningún pagano se le pasaba por la cabeza que alguien pudiese dar la propia vida, incluso hasta la muerte, por unas ideas.

En general, al hablar de los primeros cristianos, mucha gente tiene en mente dos estereotipos bastante alejados de lo que podríamos denominar “la vida corriente”; en efecto, todo cristianismo de los primeros siglos parece ser o mártir o Padre de la Iglesia ¿Hasta qué punto se corresponde con la realidad esta concepción?

Esta afirmación no se corresponde con la realidad, los mártires primeros cristianos o los Padres de la Iglesia son un pequeño porcentaje respecto al número de fieles que fueron introduciéndose en la Iglesia y convirtiéndose a Cristo. La gran mayoría de los primeros cristianos son personas que no han pasado a la historia. En las catacumbas de Roma están sus tumbas con los nombres grabados. De hecho, los escritos de los primeros Padres de la Iglesia están plagados de referencias a los cristianos que vivían en su trabajo, en su familia, de forma corriente y desempeñando sus labores de igual manera que el resto de los ciudadanos. En Tertuliano y en Orígenes, por ejemplo, encontramos dichos textos, en los que de forma muy bonita se hace referencia a toda esta sencillez.

Efectivamente hubo muchos mártires, pero no debemos olvidar que hoy en día hay muchos más mártires que entonces. En el siglo XX ha habido más mártires que en los comienzos de la Iglesia. No es algo que no se supiese: numerosas personalidades eclesiásticas ya lo han advertido, entre ellas el Papa Francisco o San Juan Pablo II. Aunque no debemos olvidar que no sólo existe un martirio de sangre, también existe el martirio de la memoria y del nombre, no hablar de ellos esconderlos, tratar de hundirlos y de ocultar sus éxitos.

Hoy en día no resulta sencillo que alguien se siente a leer los escritos de algún Padre de la Iglesia ¿Qué cree que un cristiano corriente podría encontrar de atractivo en esas obras?

¡Hay tantas cosas que la gente no se sienta a leer y que son interesantes! Los Padres son una fuente riquísima de doctrina y de magisterio. Evidentemente es difícil leer directamente a un padre de la iglesia. Es difícil entender el contexto cultural, histórico, geográfico del que hablan. Para que una persona lea algo cercano a la patrística conviene empezar por algo sencillo, no ir en primer lugar a los más difíciles. Evidentemente requiere una preparación previa, al igual que la requiere leer a Platón o a Aristóteles. Hay libros especialmente adaptados para la persona del mundo actual. Yo escribí un libro llamado “El tesoro de los padres” precisamente por este asunto, para acercar estos escritos a la gente de a pie.

San Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei, decía que la Obra había venido a recoger el testigo de los primeros cristianos y su espíritu de vida. A partir del siglo V todo se concentra en los eremitas y los cenobios después, olvidando por completo la vida cristiana de la gente de a pie. Vosotros estáis haciendo un gran bien con vuestra página web, ya que acercáis la vida de los primeros cristianos y los Padres de la Iglesia a todo el mundo, y gracias a ella mucha gente puede conocerlos, que ya es una forma de resolver lo que me preguntáis.

El Papa Francisco ha convocado un sínodo en octubre para hablar de los jóvenes y el discernimiento vocacional. ¿Qué papel jugaban estos dos aspectos en la vida de las primeras comunidades cristianas? ¿Cómo se refleja esa llamada a llevar el Evangelio por todo el mundo en la obra de los Padres de la Iglesia?

La Iglesia crece en los primeros siglos fundamentalmente en el seno de las familias. Los nuevos hijos que tienen los cristianos convertidos pasan a formar parte de la comunidad cristiana, siendo educados ya en la doctrina de Cristo. Y por otro lado también con el testimonio de personas cercanas, amigos, parientes o vecinos. El beato Álvaro del Portillo hablaba mucho de cómo vivían en todas las clases sociales, eran de todas las edades, y cómo hacían apostolado a través de su trabajo profesional. Estos son los dos caminos fundamentales: el bautismo de los hijos pequeños de familias cristianas y la amistad y el apostolado a través del trabajo. Por tanto los jóvenes fueron importantes.

¿Se siente particularmente atraído por el mensaje o ideas concretas de algún Padre de la iglesia?

Creo que la Epístola a Diogneto es fundamental, es algo que todo cristiano debería leer por su tremenda actualidad. Es un escrito del siglo II aproximadamente. No se sabe con certeza ni su autor ni la fecha, aunque sí que es de los primeros años del cristianismo. Diogneto es una persona alegórica, alguien que ama a Dios. Es curioso cómo refleja con mucha fidelidad lo que era el cristianismo de aquella época. Sorprende que la vida y los problemas de esos años son los mismos que los que nos encontramos hoy en día.

Por otro lado san Agustín y san Juan Crisóstomo son también dos Padres impresionantes, por decir uno de Oriente y otro de Occidente. El problema es que hasta hace pocos años hemos tenido unas traducciones al castellano fatales, que no reflejaban bien y con precisión lo que cada autor quería decir. Con San Agustín, por ejemplo, no habría que empezar con el De Trinitate, que es impresionante, sino más bien convendría coger los Sermones al pueblo, o algunas de sus epístolas que tienen un lenguaje mucho más oral y popular, y por tanto más comprensible. Y San Juan Crisóstomo es también otro autor espiritual muy especial. Aunque era monje y Obispo de Constantinopla, tenía un lenguaje y unas ideas muy de hombre de la calle y que seguro que pueden ser de mucho provecho para quien lo lea.

Diego Peralta e Ignacio Laguía

Por | 2018-08-16T10:16:10+00:00 14 agosto, 2018|DESTACADOS, Entrevistas|Sin comentarios
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