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La #LaudatoSi en 30 frases que no se olvidan Destacado

La #LaudatoSi en 30 frases que no se olvidan

La #LaudatoSi en 30 frases que no se olvidan

Francisco J. Pérez-Latre
Hemos disfrutado mucho la lectura de “Laudato Si”, un texto inesperado y genial que confirma al Papa Francisco como el gran líder mundial del momento. El Papa nos anima a cuidar nuestra casa común y examinar nuestras prioridades personales, sociales, económicas y políticas.

Dentro de la gran tradición de la doctrina social, iniciada con la Rerum Novarum en 1891, la Encíclica es un buen ejemplo de cómo el cristianismo aporta nuevos horizontes a la humanidad y la eleva a una nueva dimensión creativa. Por eso el mundo escucha la “Laudato Si”(trending topic mundial) con esperanza y atención.

Queremos compartir algunas frases que no se olvidan. En ningún caso pretenden ser un resumen completo y, desde luego, no sustituyen a su lectura de “Laudato Si” (77 páginas, 172 notas). Pero aportan algo del “espíritu” de estas palabras memorables que podemos difundir.

  1. La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros.

  2. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería.

  3. Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días.

  4. Porque todas las criaturas están conectadas, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, y todos los seres nos necesitamos unos a otros.

  5. La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental.

  6. En lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de «salud reproductiva».

  7. Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas.

  8. Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana.

  9. Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje.

  10. ¡Qué maravillosa certeza es que la vida de cada persona no se pierde en un desesperante caos, en un mundo regido por la pura casualidad o por ciclos que se repiten sin sentido!

  11. Hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, las diversas formas de violencia y maltrato, el abandono de los más frágiles, los ataques a la naturaleza.

  12. Para la tradición judío-cristiana, decir « creación » es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado.

  13. Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios.

  14. El Señor podía invitar a otros a estar atentos a la belleza que hay en el mundo porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y asombro.

  15. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien.

  16. Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner sólo algunos ejemplos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza.

  17. Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades.

  18. Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo demás se vuelve relativo.

  19. Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo.

  20. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta.

  21. La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común.

  22. La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo.

  23. Conviene evitar una concepción mágica del mercado, que tiende a pensar que los problemas se resuelven sólo con el crecimiento de los beneficios de las empresas o de los individuos.

  24. El principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía.

  25. Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir.

  26. Muchos saben que el progreso actual y la mera sumatoria de objetos o placeres no bastan para darle sentido y gozo al corazón humano, pero no se sienten capaces de renunciar a lo que el mercado les ofrece.

  27. La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia?

  28. La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración.

  29. El descanso es una ampliación de la mirada que permite volver a reconocer los derechos de los demás.

  30. Jesús nos dice: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados.

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