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Del estudio del cristianismo primitivo al descubrimiento de la fe - Rodney Stark Destacado

Del estudio del cristianismo primitivo al descubrimiento de la fe - Rodney Stark

Rodney Stark descubrió la fe por los primeros cristianos

El sociólogo Rodney Stark, estudioso de la expansión del cristianismo primitivo, explicaba en una entrevista concedida al periódico italiano Avvenire  su propia conversión.

En su conversión, jugó un papel importante la teoría del Diseño Inteligente

Rodney Stark, director del Instituto para el Estudio de la Religión de la Universidad de Baylor (Texas) y experto en la historia del cristianismo primitivo, se había considerado desde siempre un cristiano cultural, es decir, estaba fuertemente identificado con la tradición cristiana, “pero no tenía fe”. “Estaba muy interesado en la historia del cristianismo e intelectualmente respetaba a la iglesia y a la religión cristiana”.

Después de trabajar sobre los orígenes del cristianismo “me di cuenta -señala- que me había convertido en creyente”. En su conversión, jugó un papel importante la teoría del Diseño Inteligente, pero también tuvieron mucho peso “los ejemplos morales que han entretejido la historia cristiana”. En la actualidad, Stark se reconoce cristiano, próximo a los episcopalianos.

A su juicio, las aportaciones intelectuales más importantes del cristianismo son la tesis de la inteligibilidad del mundo y el ofrecimiento de una base ética para vivir. Por otro lado, él, que se ha visto conducido desde la razón a la fe, considera falso que exista una contraposición entre ciencia y religión. “La ciencia puede probar y descubrir teorías sobre el mundo material (…) pero es simplemente incapaz de explicar de dónde vienen las leyes que descubre. Es absurdo pretender que esas leyes son compatibles con la tesis de que el universo constituye algo casual o fortuito”.

El cristianismo en el viejo continente

Stark es un gran conocedor de la historia del cristianismo y en sus trabajos ha insistido en que los aspectos más logrados de la civilización occidental -desde la democracia al progreso científico- han sido posibles gracias a las aportaciones del cristianismo. Por ello considera que sin sus raíces cristianas Europa no puede mantener su propia identidad. Ahora bien, es consciente de que “si los europeos persisten en rechazar su herencia cristiana, al final la perderán”. Es paradójico en cualquier caso que mientras en Europa se generaliza un mensaje laicista, el resto del mundo “es cada vez más cristiano”.

Pero ¿cómo ve Stark el futuro del cristianismo en Europa? Aventura una “creciente competencia entre las diversas confesiones cristianas” y un pluralismo de denominaciones, como sucede en EE.UU. De esta forma, las iglesias “tendrán que trabajar más” si no quieren perder relevancia. Pero este trabajo implica, según Stark, sacudirse sus propios complejos y aceptar el desafío que representa el nuevo ateísmo. Las iglesias cristianas deben hacer desaparecer la monotonía y proclamar con más fuerza y atractivo el mensaje de Cristo.

Stark alababa la invitación de Benedicto XVI a conversar con los no creyentes, aunque es escéptico en cuanto al diálogo con los llamados “nuevos ateos”, entre otras cosas porque manifiestan un desprecio hacia la religión sin conocerla. “Quien no tiene fe se pregunta: ¿de qué puedo hablar con un creyente?”. Reina entre ellos una ignorancia religiosa que actúa como prejuicio y que clausura cualquier posibilidad de diálogo racional.

 

Fuente: Avvenire

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