Menu
RSS

seleccionar idioma

es

en

it

fr

Acta de los mártires de la nobleza romana - Año 95

Martirio de los Flavios y de Glabrión, bajo Domiciano

1. Relato de Dión Casio (Historia Romana, 67, 14)

“En este tiempo se empedró el camino que va de Sinuesa a Puzzoli. En el mismo año (95), Domiciano hizo degollar, entre otros, a Flavio Clemente, en su mismo consulado, a pesar de ser primo suyo, y a la mujer de éste, también pariente suyo.

A los dos se los acusaba de ateísmo, crimen por el que fueron también condenados otros muchos que se habían pasado a las costumbres judaicas.

De ellos, unos murieron; a otros se les confiscaron sus bienes; en cuanto a la sobrina de Clemente, llamada también Domitila, fue desterrada a la isla Poncia.

A Glabrión, que había ejercido la magistratura junto a Trajano, le mandó matar, acusado, entre otras cosas, de lo mismo que el resto de las víctimas, y particularmente de que combatía con las fieras. A propósito de lo cual, una de las causas por las que estaba Domiciano más irritado por envidia contra él fue que, llamándole a Albano, durante su consulado, a las Juvenales, le forzó el emperador a que matara un gran león. Y Glabrión no sólo no recibió daño alguno de la fiera, sino que con certerísimos golpes dio cuenta de ella.”

2. Relato de Suetonio (Vitae Caesarum, Dom., 10, 2 y 15, 1)

Domiciano mandó matar a muchos senadores, entre los que había algunos consulares. De ellos, a Cívica Cereal, procónsul del Asia, a Salvidieno Orfito y a Acilio Glabrión, que estaba desterrado, los acusó de supuestas conjuras contra el régimen; a los otros los ejecutó por la más ligera causa. Por fin, de repente y por levísima sospecha, poco menos que en su mismo consulado, hizo matar a Flavio Clemente, primo suyo, cuyos hijos, a la sazón pequeños, estaban públicamente destinados para sucederle en el Imperio, y a quienes, cambiando su antiguo nombre, había llamado al uno Vespasiano y al otro Domiciano. Este crimen fue el que más aceleró su ruina.”

3. Relato de Eusebio (HE, III, 18, 4)

“Por este tiempo, la doctrina de nuestra fe despedía tan gran resplandor, que aun escritores alejados de nuestra palabra no vacilaron en relatar en sus historias la persecución de Domiciano y los martirios a que dio lugar.

Y hasta indicaron con toda precisión el tiempo de ella, contando cómo en el año decimoquinto de su imperio, Flavia Domitila, hija de una hermana de Flavio Clemente, uno de los cónsules entonces de Roma, fue relegada con otros muchísimos a la isla de Poncia, por su testimonio de Cristo.”

4. Relato de Eusebio (Chron. ad. Ol. 218)

“Escribe Brutio que muchísimos cristianos sufrieron el martirio bajo Domiciano; entre ellos Flavia Domitila, sobrina, por parte de hermana, de Flavio Clemente, por haber atestiguado ser cristiana.”

5. San Jerónimo (Epist. 108, ad Eustochium, 7)

“Pasó (santa Paula, camino de Roma a Belén) por la isla Poncia, a la que en otro tiempo hizo famosa el destierro, bajo el emperador Domiciano, de la más noble de las mujeres, Flavia Domitila, relegada allí por la confesión del nombre de Cristo, y viendo las celdillas en que aquélla había sufrido un largo martirio, sentía nacerle alas de fe, y deseaba ya ver Jerusalén y los santos lugares.”

(BAC, D. RUIZ BUENO, ACTAS DE LOS MÁRTIRES)

Leer más ...

Las catacumbas de Domitila

La catacumba de Domitila es una de las más extensas de toda Roma, pues alcanza los 15 kilómetros de recorrido. Debe su nombre a la antigua propietaria del terreno donde se encuentra, Flavia Domitila, cuyo nombre aparece en varias inscripciones del recinto.

Flavia Domitila era nieta de Vespasiano y sobrina de Domiciano; además, su esposo, Flavio Clemente, era primo del propio Domiciano y fue cónsul el año 95. A pesar de ello, el emperador condenó a muerte a Clemente y a su esposa por un supuesto delito de ateísmo; un destino similar sufrió su sobrina, cuyo nombre era igualmente Flavia Domitila, que fue desterrada a la isla Poncia, donde murió.

La catacumba fue descubierta en el 1593 por Antonio Bosio, aunque no fue hasta el siglo XIX cuando G.B. de Rossi supo que se trataba de la catacumba de Domitila y del santuario de los mártires Nereo y Aquiles. Desde entonces, numerosas excavaciones han sacado a la luz un considerable número de galerías.

La Basílica de los mártires Nereo y Aquiles

Esta basílica fue construida a finales del siglo IV sobre la tumba de los mártires Nereo y Aquiles, soldados de la guardia imperial que fueron asesinados por haber confesado su fe durante la persecución de Diocleciano.

En el ábside puede observarse una pequeña columna sobre la que está representando el martirio de Aquiles, como lo indica una inscripción (Acileus).

Esta columna, junto con otra que debía ilustrar el martirio de Nereo, formaba parte del sostén de un baldaquino colocado sobre el altar de la iglesia situado en el ábside, correspondiendo probablemente a las tumbas de los dos mártires, y que hoy no puede distinguirse con claridad.

Las reliquias de los mártires fueron trasladadas a la ciudad a mediados del siglo IX, y unas décadas más tarde, en el año 897, la iglesia se desplomó a consecuencia de un terremoto que sacudió Roma.

Las galerias y sepulturas

La catacumba está excavada en el tufo, una roca tierna de origen volcánico que se encuentra en el subsuelo de la ciudad de Roma.

Las galerías, en ocasiones, se obtuvieron utilizando pequeñas galerías ya existentes o también, y con mayor frecuencia, excavando en la roca.

Tumbas más antiguas son las que se encuentran más altas; cuando se agotaba el espacio disponible, los enterradores excavaban hacia abajo para obtener otras tumbas, o ampliaban las galerías ya existentes creando diversos planos superpuestos, con escaleras internas.

En las paredes de las galerías se pueden ver las tumbas más corrientes: los nichos, de forma rectangular, normalmente para una sola persona, aunque en ocasiones acogía varios difuntos.

Los nichos de menores dimensiones estaban destinados a la sepultura de niños. En las galerías se abren también las entradas a los cubículos, habitaciones de dimensiones diversas, normalmente cuadradas, con frecuencia adornadas con frescos, y en general propiedad de una sola familia.

Los símbolos

En las paredes de la basílica y recorriendo las galerías de la catacumba son visibles todavía muchos símbolos, entre los que se encuentran algunos como el Buen Pastor, la paloma con un ramo de olivo, el pez…

Además, se encuentran con frecuencia representaciones de episodios tomados del Antiguo y del Nuevo Testamento, que servía para instruir a quien las miraba: Noé en el arca, Moisés que hace brotar el agua de la roca, diversos milagros de Cristo, los reyes Magos, etc

Doce Apóstoles aparecen en cinco ocasiones, colocados alrededor de Cristo sentado en la cátedra; se trata de una escena muy frecuente en el arte cristiano del siglo IV, queriendo representar el trono celestial como símbolo de la soberanía y del magisterio de Cristo y de sus representantes.

El hipogeo de los flavios

Este rito, tomado de las costumbres paganas, fue practicado durante mucho tiempo por los cristianos, incluso en ocasión del aniversario de la muerte de los mártires, antes de ser sustituido definitivamente por la Eucaristía.

A finales del siglo III fue excavado un pozo de 11 metros de profundidad, a la izquierda de la entrada del hipogeo, cuya agua se trasvasaba a una pila, colocada a la derecha, desde la cual una cañería de plomo, visible todavía hoy, la derramaba en una segunda pila. Frescos con motivos vegetales adornaban el ambiente en el que se encontraba el pozo.


 
Leer más ...
Suscribirse a este canal RSS

Mapa del Sitio

Categorías

Nube de Tags

Primeros Cristianos

Síguenos