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San Juan Crisóstomo - Explicado por Benedicto XVI Destacado

San Juan Crisóstomo , Doctor de la Iglesia  (347-407) San Juan Crisóstomo , Doctor de la Iglesia (347-407)

Benedicto XVI explica la vida de San Juan Crisóstomo

Nació en Antioquía, en el 347. Vivió retirado como monje, hasta que fue ordenado diácono y sacerdote, destacando enseguida por sus dotes oratorias que le han valido el conocido sobrenombre ("crisóstomo" = boca de oro). Nombrado patriarca de Constantinopla, puso gran empeño en elevar el nivel moral y espiritual de los fieles. Su celo pastoral le acarreó una dura persecución contra su persona, hasta acabar muriendo desterrado, en el 407.

 Primera Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San Juan Crisóstomo

La formación en la infancia es clave para dar la perspectiva justa a la vida, alerta el Papa

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 19 septiembre 2007

Es fundamental que en la infancia «entren realmente en el hombre las grandes orientaciones que dan la perspectiva justa a la existencia», recuerda el Papa.

Esta indicación procede de la doctrina del obispo de Constantinopla San Juan Crisóstomo, «más actual que nunca», dijo Benedicto XVI ante unos veinte mil peregrinos en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, dedicando este miércoles la audiencia general al Padre Apostólico en el año del decimosexto centenario de su muerte.

Llamado Crisóstomo o «Boca de oro» por su elocuencia, en el «alma de fuego» de Juan maduró «la urgencia de predicar el Evangelio» y el «ideal misionero» le lanzó «a la atención pastoral», convirtiéndose en «pastor de almas a tiempo completo», describió el Papa.

Este Padre de la Iglesia, entre los más prolíficos, transmitió «la doctrina tradicional y segura de la Iglesia» con la preocupación constante «de la coherencia entre el pensamiento expresado por la palabra y la vivencia existencial».

Y es que «las dos cosas, conocimiento de la verdad y rectitud de vida, van juntas –recalcó Benedicto XVI--: el conocimiento debe traducirse en vida».

Por eso toda intervención de San Juan Crisóstomo «se orientó siempre a desarrollar en los fieles el ejercicio de la inteligencia, de la verdadera razón, para comprender y traducir en la práctica las exigencias morales y espirituales de la fe», explicó.

   
  San Juan Crisóstomo

Acompañando siempre «el desarrollo integral de la persona, en las dimensiones física, intelectual y religiosa», San Juan Crisóstomo hizo hincapié en la infancia, esta primera edad en la que «se manifiestan las inclinaciones al vicio y a la virtud»; «por ello la ley de Dios debe ser desde el principio impresa en el alma “como en una tablilla de cera”», puntualizó el Papa citando al Crisóstomo.

La infancia es «la edad más importante --subrayó--. Debemos tener presente cuán fundamental es que en esta primera fase de la vida entren realmente en el hombre las grandes orientaciones que dan la perspectiva justa a la existencia».

«A la juventud –proseguía San Juan Crisóstomo-- le sucede la edad de la persona madura, en la que sobrevienen los compromisos de familia».

En el itinerario formativo, «los esposos bien preparados cortan el camino al divorcio –advirtió el Santo Padre--: todo se desarrolla con gozo y se pueden educar a los hijos en la virtud».

Y la familia, «pequeña Iglesia», vive en recíproca relación con la gran Iglesia, en la que participa el laico en virtud del Bautismo, sacramento que le da «el deber fundamental de la misión» --recordó-- «porque cada uno en alguna medida es responsable de la salvación de los demás».

«Esta lección del Crisóstomo sobre la presencia auténticamente cristiana de los fieles laicos en la familia y en la sociedad, es hoy más actual que nunca», concluyó Benedicto XVI.

Con su meditación, el Papa continúa con la serie de intervenciones sobre las grandes figuras de los orígenes de la Iglesia.

 Segunda Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San Juan Crisóstomo

El Papa propone un modelo de sociedad con «rostro cristiano» basado en la fraternidad y la consiguiente solidaridad

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 26 septiembre 2007

No basta ayudar a los pobres de manera puntual, se necesita un nuevo modelo de sociedad con «rostro cristiano», cimentada en la solidaridad, explica Benedicto XVI.

Esta fue la conclusión a la que llegó en la audiencia general de este miércoles en la que presentó a unos 20 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano los últimos días de vida de san Juan Crisóstomo (347-407), uno de los padres de la Doctrina Social de la Iglesia.

En la segunda intervención dedicada a este obispo de Constantinopla, capital del imperio romano de Oriente, fallecido en el exilio, el Papa constató que propuso «el modelo de la Iglesia primitiva como modelo para la sociedad, desarrollando una “utopía” social (como una “ciudad ideal”)».

Es el modelo que presenta el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando en el capítulo 4 explica que entre los primeros cristianos «nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos» (versículos 32-37).

Con esta propuesta, el doctor de la Iglesia buscó «dar un alma y un rostro cristiano a la ciudad», explicó el sucesor de Pedro.

«En otras palabras», subrayó, Juan Crisóstomo «comprendió que no es suficiente hacer limosna, ayudar a los pobres de vez en cuando, sino que es necesario crear una nueva estructura, un nuevo modelo de sociedad; un modelo basado en la perspectiva del Nuevo Testamento».

   
  San Juan Crisóstomo

«Juan Crisóstomo se convierte de este modo en uno de los grandes padres de la Doctrina Social de la Iglesia», aseguró que ha quedado recientemente recogida por un «Compendio» publicado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz.

«La vieja idea de la “polis” griega es sustituida por una nueva idea de ciudad inspirada en la fe cristiana», subrayó el Papa

Esta visión cristiana de la sociedad, aclaró, se basa en el «primado» de «la persona en cuanto tal, incluso del esclavo y del pobre».

El proyecto de san Juan Crisóstomo «corrige de este modo la tradicional visión de la “polis” griega, de la ciudad, en la que amplias capas de la población quedaban excluidas de los derechos de ciudadanía, mientras en la ciudad cristiana todos son hermanos y hermanas con los mismos derechos».

«El primado de la persona es también la consecuencia del hecho de que basándose en ella se construye la ciudad, mientras que en la “polis” griega la patria se ponía por encima del individuo, que quedaba totalmente subordinado a la ciudad en su conjunto».

Este santo, explicó el Papa, dio un impulso decisivo a la reflexión sobre «la visión de una sociedad construida con la conciencia cristiana».

«Y nos dice que nuestra “polis” es otra, “nuestra patria está en los cielos” y esta patria nuestra, incluso en esta tierra, nos hace a todos iguales, hermanos y hermanas, y nos obliga a la solidaridad», concluyó el Papa.

La reflexión del Papa continuó con la serie de meditaciones sobre las grandes figuras de los origines de la Iglesia que está ofreciendo en las audiencias de los miércoles. Tras el encuentro con los peregrinos, regresó en helicóptero a la residencia de Castel Gandolfo.

 

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