Oración de San Andrés a la santa Cruz

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Oración de San Andrés a la santa Cruz

Oración de San Andrés ante la cruz

 

SU MARTIRIO EN PATRAS

Una tradición sucesiva, narra la muerte de Andrés en Patras, capital de la provincia de Acaya, en Grecia donde también él sufrió el suplicio de la crucifixión. Ahora bien, en aquel momento supremo, como su hermano Pedro, pidió ser colocado en una cruz diferente a la de Jesús. En su caso, se trató de una cruz en forma de equis, es decir, con los dos maderos cruzados diagonalmente, que por este motivo es llamada «cruz de san Andrés».

Esto es lo que habría dicho en aquella ocasión, según una antigua narración, titulada «Pasión de Andrés». Que lo amarraron a una cruz en forma de aspa y que allí estuvo padeciendo durante tres días, que aprovechó para predicar a los que se le acercaban. Dicen que cuando vio que le llevaban la cruz para martirizarlo, exclamó: “Yo te venero oh cruz santa que me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo”.

 

ORACIÓN DE SAN ANDRÉS A LA SANTA CRUZ

 

Oh Bona Crux,

quae decorem ex membris Domine suscepisti.

Diu desiderata, solicite amata,

sine intermisione quaesita

et aliquando cupienti animo preparata;

accipe me ab hominibus et rede mihi Magistro meo,

ut per te me recepit quia per te me redemit. Amen

 

Oh buena Cruz!

que has sido embellecida por los miembros del Señor;

tantas veces deseada, solicitamente amada

y sin descanso buscada

y con ardiente deseo preparada;

tómame de entre los hombres

y llevame junto a mi Maestro,

para que a través de ti me reciba,

el que a través de ti me redimió.

Amen

Nos encontramos ante una espiritualidad cristiana sumamente profunda, que ve en la Cruz, más que un instrumento de tortura, el medio incomparable de una asimilación plena con el Redentor, con el grano de trigo caído en la tierra.

Tenemos que aprender una lección muy importante: nuestras cruces alcanzan valor si son consideradas y acogidas como parte de la cruz de Cristo, si son tocadas por el reflejo de su luz. Sólo por esa Cruz también nuestros sufrimientos quedan ennoblecidos y alcanzan su verdadero sentido. La tradición coloca su martirio en el 30 de noviembre del año 63.

 

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