La fe en Jesucristo no es una cuestión privada. Hay que adorar al Señor hasta el final, a pesar de la apostasía y de las persecuciones. Son las afirmaciones principales que expresó Papa Francisco durante la homilía de la misa matutina en la Capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana

Papa Francisco en Santa Marta: «La fe no es una cosa privada». Y advierte de que según el «príncipe del mundo se pueden hacer muchas cosas, cosas bonitas, pero no adorar a Dios»

La fe en Jesucristo no es una cuestión privada. Hay que adorar al Señor hasta el final, a pesar de la apostasía y de las persecuciones. Son las afirmaciones principales que expresó Papa Francisco durante la homilía de la misa matutina en la Capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana
El Pontífice advirtió de que hay «poderes mundanos» que pretenden difundir la imagen de la religión como algo que pertenece a la esfera privada. Pero no puede ser así, subrayó Francisco. Dios, que ha vencido sobre el mundo, debe ser adorado hasta el último momento «con confianza y fidelidad». Y el indicio, el signo que preanuncia la victoria final de Jesús, son los cristianos que hoy sufren la persecución.

Ciudad del Vaticano, 28 de noviembre 2013 (Vatican Insider)

El Papa relacionó su predica de hoy con la liturgia de fin de año, que propone una lucha final entre Dios y el mal. Existe un peligro muy grande, que Francisco definió como «la tentación universal»: se trata de la tentación de ceder a las alabanzas de los que quisieran vencer sobre el Señor, “conquistando” los pensamientos de los que creen en Él.

Pero las personas que creen no pueden olvidar que existe una referencia clara: la historia deJesús, con las pruebas en el desierto y después todas las que sufrió y afrontó durante su vida pública, aderezadas con «insultos» y «calumnias», que habrían culminado con la Crucifixión. Pero fue justamente en la Cruz, recordó Bergoglio, donde «el príncipe del mundo» perdió su batalla frente a la Resurrección del «Príncipe de la paz».

Francisco se refirió a estos momentos de la vida de Jesús porque, indicó, en el momento final del mundo que narra el Evangelio, la apuesta es mucho más alta: «Cuando Jesús habla de las calamidades en otro pasaje nos dice que será una profanación del templo, una profanación de la fe, del pueblo: será la abominación, será la desolación de la abominación. ¿Qué significa esto? Será como el triunfo del príncipe sobre este mundo: la derrota de Dios. Parece que él en ese momento final de la calamidad se apodera de este mundo, como si fuera el padrón del mundo».

La profanación de la fe es el centro de la prueba final. Y es evidente, observó, en el sufrimiento del profeta Daniel en la narración de la Primera Lectura de hoy: al ser arrojado a los leones por haber adorado a Dios en lugar de adorar al rey.

Es por ello que la «desolación de la abominación» es una «prohibición de la adoración». «No se puede hablar de religión; ¿es una cosa privada, no? De esto no se habla en público. Se quitan los signos religiosos. Se debe obedecer a las órdenes que provienen de los poderes mundanos. Se pueden hacer muchas cosas, cosas bonitas, pero no adorar a Dios. Prohibido adorar. Este es el centro de este final. Y cuando llegue a la plenitud (al “kairos” de esta actitud pagana), cuando se cumpla este tiempo, entonces vendrá Él: “Y verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran potencia y gloria”».

«Y los cristianos que sufren tiempos de persecución, tiempos de prohibiciones, son una profecía de lo que nos sucederá a todos».

Sin embargo, prosiguió el Papa, justamente en el momento en el que los «tiempos de los paganos» se cumplan, será hora de levantar la cabeza, porque en realidad se acerca la «victoria de Jesucristo».

«No tengamos miedo, solo Él nos pide fidelidad y paciencia –exhortó el Papa. Fidelidad como Daniel, que fue fiel a su Dios y adoró a Dios hasta el final. Y paciencia, porque los cabellos de nuestras cabezas no caerán. Así prometió el Señor».

«Esta semana –sugirió Francisco– nos hará bien pensar en esta apostasía general, que se llama prohibir la adoración, y preguntarnos: “¿Yo adoro al Señor? ¿Adoro a Jesucristo, el Señor? ¿O un poco, mitad y mitad, sigo el juego del príncipe de este mundo?” Adorar hasta el final, con confianza y fidelidad: esta es la gracia que debemos pedir esta semana».

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Noticia: Vatican Insider

Vídeo: Rome Reports

Los países donde más persecuciones hay en el mundo son aquellos en los que está concentrada la mayor parte de la población mundial: