Primeros Cristianos

“América, recuerda quién eres” Francisco al Congreso de EE.UU.

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La primera vez que un Papa visita Capitol Hill: en el mundo golpeado por conflictos y fundamentalismo no hay que simplificar la realidad viendo solo buenos o malos.

Francisco al Congreso: América, recuerda quién eres

La primera vez que un Papa visita Capitol Hill: en el mundo golpeado por conflictos y fundamentalismo no hay que simplificar la realidad viendo solo buenos o malos. Que la política no se someta a la economía y a las finanzas. No nos espantemos por el número de inmigrantes, sino veamos sus rostros. Hay que defender la vida humana «en cada fase de su desarrollo»; la pena de muerte debe ser abolida. Mayores esfuerzos para combatir la pobreza y frenar el comercio de armas. Es necesario ayudar a la familia «amenazada, quizás, como nunca»

ANDREA TORNIELLI
Washington

Frente al mundo golpeado por los conflictos y el fundamentalismo, no hay que cometer el error de simplificar la realidad viendo solo ‘buenos’ y ‘malos’. La política no puede someterse a la economía y a las finanzas. No debemos dejarnos espantar por el número de inmigrantes, sino ver sus rostros. La vida humana debe ser defendida «en cada fase de su desarrollo», hay que abolir la pena de muerte. Mayores esfuerzos para combatir la pobreza en el mundo, sin olvidar a los pobres que viven fuera de nuestras casas. Hay que proseguir por el camino de reconciliación ya emprendido entre Estados Unidos y Cuba, dialogando y construyendo puentes. Para poner fin a los conflictos, hay que detener el comercio de armas. Es necesario ayudar a la familia «amenazada, quizás, como nunca».

Los cuatro modelos

Es una agenda que refleja los valores de los padres fundadores de la nación la que los miembros del Congreso escucharon de boca de Papa Francisco esta mañana en Washington, durante un largo y apasionado discurso. El primer Papa invitado a hablar en Capitol Hill trató de hablar directamente al corazón de Estados Unidos, proponiendo los modelos de cuatro grandes hijos suyos: «Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad», como hizo el presidente Abraham Lincoln, «cuando genera una cultura que permita a sus hombres ‘soñar’ con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King»; cuando «lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo» del padre Thomas Merton.

Según la tradición, Francisco fue acompañado en el hemiciclo por el «speaker» del Congreso, John Andrew Boehner. Altomar la palabra, el Pontífice dijo que él también es «hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común». Y recordó que «la actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo», especialmente a los más vulnerables. «Quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos», insistió, para «dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y, poco a poco, conseguir una vida mejor para los suyos».
 
 

No dividir el mundo entre ‘buenos’ y ‘malos’

El mundo, dijo, es «es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Ninguna religión «es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urgea estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere». Pero, al mismo tiempo, hay que tener cuidado con otra tentación, advirtió Francisco: «el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores». Es esta simplificación la que, en lugar de reconocer la complejidad del mundo, lo divide a toda prisa dos facciones: «El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: ‘No’».

La respuesta correcta para resolver las crisis «económicas y geopolíticas de hoy» es la de «devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos». También en Estados Unidos es importante «que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada», porque es un «potente instrumento» en la lucha contra «nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales».

Que la política no esté al servicio de la economía y de las finanzas

Después de haber citado la Declaración de Independencia, Francisco observó: «si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social».

Los rostros de los migrantes: «Muchos de nosotros éramos extranjeros»

Pensando en Martin Luther King y en su «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos, el Papa añadió: «En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes». Francisco recordó que «trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados», y reafirmó su «más alta estima y reconocimiento» por los indígenas americanos. «Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos», pero, cuando el extranjero en medio de nosotros nos llama, no debemos repetir los pecados ni los errores del pasado.

Fue una alusión fuerte a los inmigrantes que tratan de entrar por la frontera con México; también en este continente hay «miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste».
 

Proteger la vida, abolir la pena de muerte

El Papa citó la «regla de oro» evangélica: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes». Una norma que indica una clara dirección. Hay que «tratar a los demás con la misma pasión y compasión con la que querríamos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades». Después Francisco habló sobre la «responsabilidad de proteger la vida en cualquier fase de su desarrollo» y sobre el compromiso para abolir la pena de muerte, como piden también los obispos del país.

La lucha contra la pobreza y la defensa del medio ambiente

En relación con la lucha contra la pobreza extrema, el Papa reconoce que se ha hecho mucho, pero dijo que «todavía se debe hacer mucho más», recordando «cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza». Y esta lucha debe ser afrontada con intervenciones principalmente en sus causas. Bergoglio dedicó gran espacio al uso correcto «de los recursos naturales», a la apropiada «aplicación de soluciones tecnológicas» y a la capacidad de orientar bien «el espíritu emprendedor», para construir «una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. Hay que hacer, insistió Bergoglio, un esfuerzo «valiente y responsable» para cambiar de dirección y evitar «las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana». El Papa dijo confiar en el papel del Congreso y en el aporte de las instituciones de investigación y académicas de Estados Unidos.

Diálogo y reconciliación

Francisco, con una referencia implícita al «deshielo» con Cuba (también aplicable al tratado sobre la energía nuclear con Irán), reconoció los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado». Cuando «países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad». Un buen líder político, subrayó, es el que, «teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios».

Basta de guerras y comercio de armas

Estar al servicio del diálogo y de la paz «significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta,que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas».

Apoyar a la familia amenazada

Y al final, la familia. «¡Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País! Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento -exclamo el Papa. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia».

 

Discursoal Congreso de Estados Unidos Papa Francisco

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