«Los zapatos negros de siempre, nada de rojo»: fiel a su estilo austero y leal con sus amigos, el Papa Francisco llamó por teléfono a Carlos Samaria, su “zapatero de cabecera” desde hace 40 años, para pedirle que no cambie el modelo de los zapatos que usará a partir, seguramente, del mes de mayo.Con emoción, el zapatero del Papa recordó las suelas gastadas de Francisco, cuando las mostró al ser consagrado obispo y luego cardenal.

El Papa telefoneó a su amigo de Buenos Aires: «Él no quiere zapatos nuevos, sólo que le arregle los viejos» 

 

 

«Los zapatos negros de siempre, nada de rojo»: fiel a su estilo austero y leal con sus amigos, el Papa Francisco llamó por teléfono a Carlos Samaria, su “zapatero de cabecera” desde hace 40 años, para pedirle que no cambie el modelo de los zapatos que usará a partir, seguramente, del mes de mayo.

«Un corte sencillo, sobre becerro negro, capellada lisa, sin firuletes. Si uno agarra un zapato del Papa parece una galocha, sin adorno pero con cordones», contó el zapatero de 81 años al diario argentino “El Clarín”. Samaria conoce a Bergoglio desde que era rector del Colegio Máximo de los Jesuitas en San Miguel, y desde entonces fabrica y repara el calzado de su humilde amigo, el Pontífice.

 

«El no quiere zapatos nuevos, sólo que le arregle los viejos, pero ahora le preparo un par sencillo, pero nuevo, para cuando me avise que lo pueda visitar, en mayo». Con emoción, el zapatero del Papa recordó las suelas gastadas de Francisco, cuando las mostró al ser consagrado obispo y luego cardenal. En la ceremonia los consagrados deben acostarse en el piso, en señal de humildad.

 

Por eso los zapatos del pescador son humildes y cómodos. Así los prefiere Francisco, casi como las sandalias del pescador de Galilea. «Él es humilde como un pajarito», dijo del Papa en el comedor de su casa de la calle Montevideo. Allí se reunían a comer pescado cuando aún era cardenal. Hace dos semanas, el Pontífice lo despertó con una llamada telefónica a las 7,30 con el ya clásico: «Hola Samaria, habla Bergoglio». El zapatero seguía medio dormido y no entendió bien: «¿Quién?». «Francisco, el Papa, Samaria». Entonces Samaria le preguntó que de qué color quería los zapatos y el Papa le respondió que prefería «los negros de siempre, nada de rojo».

 

Y en broma, Samaria lo dijo: «¿No quiere que le haga unos guantes de amianto? Porque cuando más grande la manija, más quema». El Papa se rió con ganas y le dijo: «Es una broma muy buena, tiene razón Samaria». Y le agradeció con sus modos humildes y sencillos.

 

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