Bernabé acompañó a San Pablo en sus viajes, y fue uno de los pilares de la Iglesia

Los Hechos de los apóstoles presentan al apóstol evangelizador y líder de la iglesia Bernabé como un modelo de integridad y carácter.

 

Bernabé es caracterizado por el libro sagrado como un hombre bueno (Hechos 11:24), profeta y maestro (13: 1), apóstol (14:14) y uno a través del cual Dios obró milagros (15:12), en definitiva el libro de los Hechos lo llena de elogios. Además, Hechos relata las veces que enfrentó la persecución (13:45; 14:19) y arriesgó su vida por el nombre del Señor Jesucristo (15:26).

Fue también de los primeros en creer que Saulo realmente se había convertido (9:27), vio el potencial de su pariente Juan Marcos (12:25) y los defendió a ambos en diferentes momentos (11: 25-26; 15: 36-41). En 1 Corintios 9: 6 afirma su carácter al señalar que trabajó para sostenerse. Los apóstoles lo apodaron Bernabé, Hijo de ánimo (4:36), ¡y parece que se lo ganó!

 

 

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Sin embargo, a pesar de las muchas veces que Bernabé aparece en el texto bíblico, carece de la atención académica que se le otorga a su evangelista y colega escritor, Pablo.

Según algunas tradiciones que no están registradas en la Biblia, Gamaliel enseñó a Bernabé y se convirtió en un seguidor de Jesús. Entre sus primeros conversos fueron María, su parienta y madre de Juan Marcos. El apóstol acompañó a Jesús durante sus viajes por Galilea y Jesús lo eligió como uno de los Setenta y dos Apóstoles.

La Biblia permanece en silencio sobre las descripciones físicas. Sin embargo, las pistas proporcionan límites a la imaginación. En un viaje misionero con Pablo a Listra, ocurre un milagro —¡un hombre cojo camina!- y la gente asombrada llama a Bernabé Zeus y Pablo Hermes, porque Pablo era el principal orador (Hechos 14: 11-13).

Los bustos de Zeus, el gobernante supremo del Monte Olimpo, representan a un hombre de mediana edad, pero físicamente poderoso y musculoso, que es a la vez regio y autoritario. Quizás eso describa al acompañante de San Pablo.

 

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Hechos presenta a Bernabé como José, un levita de Chipre, con una historia sobre el dinero y las ofrendas (Hechos 4: 36-37). En esta primera mención, Lucas, considerado tradicionalmente como el escritor tanto del Evangelio de Lucas como de Hechos, relata su generosidad: Bernabé vende un campo y coloca el dinero a los pies de los apóstoles. Este gesto público y su humildad contrastan fuertemente con el ejemplo posterior de Lucas con respecto al dinero: la actitud intrigante, mentirosa y obsesiva de Ananías y Safira (5: 1-11).

En cambio, el gesto de Bernabé brilla con espontaneidad y alegría. El apóstol da el regalo sin estipulaciones y para uso de la comunidad.

Evidentemente, la venta del campo y la donación de sus ganancias colocaron a Bernabé en una posición de liderazgo inmediata, a pesar de que no es parte de los Doce discípulos originales ni miembro de los Siete, los diáconos  (Hechos 6: 1–2, 5).

Sin embargo, su único acto de generosidad sin duda le valió el favor y la reputación de toda la vida en la comunidad. A través de su acción, reconoce la autoridad de los apóstoles y se somete a ella.

 

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