SAN CROMACIO DE AQUILEYA – 2 de diciembre

Nació en Aquileya, ciudad de la Italia septentrional, hacia el año 340, en el seno de una familia profundamente cristiana. Los pocos datos que conservamos de su infancia y adolescencia proceden de una carta de San Jerónimo y de la Apología de Rufino.

Desde el año 370 fue miembro del clero de su ciudad. En calidad de colaborador del obispo Valeriano participó en el Sínodo local que, convocado en el 381 bajo la dirección de San Ambrosio, condenó el semiarrianismo.

A la muerte de Valeriano en el 388, Cromacio ocupó la sede de Aquileya. En el desempeño de este cargo desarrolló una intensa actividad pastoral durante veinte años, dedicándose por entero a la predicación, a la administración de los sacramentos y a las tareas de gobierno. Murió en el año 407 ó 408.

De su abundante producción literaria sólo conservamos 45 homilías —algunas en estado fragmentario—, y 61 tratados. Estos dos tipos de obras descubren otros tantos rasgos importantes de la figura de San Cromacio: al lado del pastor, preocupado por enseñar las verdades de fe a sus fieles, surge el exegeta, que realiza con erudición y piedad el comentario a los textos evangélicos de San Mateo.

Escribió también numerosas epístolas—que se han perdido—a personajes de la época: San Ambrosio, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo… A través de ellas, estimuló en su trabajo de traductores a San Jerónimo y a Rufino de Aquileya, animándoles a poner al servicio de la Iglesia sus conocimientos lingüísticos.
LOARTE

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san cromacio

ADVIENTO, TIEMPO PARA EXPERIMENTAR EL AMOR DE DIOS; EXPLICA EL PAPA

Recuerda en la audiencia general el testimonio y obras de San Cromacio

CIUDAD DEL VATICANO, 5 DIC 2007 (ZENIT.org)-

Adviento, el período litúrgico de preparación para la Navidad, es tiempo para experimentar el amor de Dios, considera Benedicto XVI.

Fue la conclusión a la que llegó este miércoles en la audiencia general dedicada a presentar la figura de san Cromacio, quien a finales del siglo III e inicios del siglo IV fue obispo de Aquileya, enorme diócesis del norte de Italia, cuyo territorio llegaba hasta la actual Suiza, Baviera, Austria, Eslovenia y Hungría.

En su meditación, expuesta en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Papa hizo actuales algunos de los escritos de este obispo, considerado por san Juan Crisóstomo como uno de los tres más importantes de la Iglesia en occidente.

«Invoquemos al Señor con todo el corazón y con toda la fe –recomienda el obispo de Aquileya en un Sermón–, pidámosle que nos liberede toda incursión de los enemigos, de todo temor de los adversarios», leyó el Papa citando alguno de sus textos.

«San Cromacio nos recuerda que el Adviento es tiempo de oración, en el que es necesario entrar en contacto con Dios», constató el Papa.

«Dios nos conoce, me conoce, conoce a cada uno de nosotros, me ama, no me abandona. Sigamos adelante con esta confianza en el tiempo litúrgico recién comenzado», aseguró.

El Papa releyó esta recomendación de san Cromacio a sus fieles para recomendarles confianza en Dios en a oración: «Que no tenga en cuenta nuestros méritos, sino su misericordia, Él que también en el pasado se dignó liberar a los hijos de Israel no por sus méritos, sino por su misericordia. Que nos proteja con su acostumbrado amor misericordioso».

La intervención del Papa continúa con su serie de intervenciones sobre las grandes figuras de los orígenes del cristianismo que está ofreciendo en su tradicional encuentro con los peregrinos del miércoles.

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Vida y obras de San Cromacio