Primeros Cristianos

El Papa espera un diálogo fraterno, abierto y sincero en el Sínodo

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El Papa llama a los padres sinodales, para que tengan «el don de escuchar», no solo a Dios, sino también «al pueblo», y para que tengan la disponibilidad «a una confrontación sincera, abierta y fraterna», que «nos lleve a hacernos cargo con responsabilidad pastoral de las interrogantes que este cambio de época trae consigo».

El Pontífice ante 80mil personas, en la vigilia de oración con las familias en la Plaza San Pedro por el Sínodo sobre las familias que comenzó ayer.

El Papa llama a los padres sinodales, para que tengan «el don de escuchar»,no solo a Dios, sino también «al pueblo», y para que tengan la disponibilidad «a una confrontación sincera, abierta y fraterna», que «nos lleve a hacernos cargo con responsabilidad pastoral de las interrogantes que este cambio de época trae consigo».

«La comunión de vida asumida por los esposos, su apertura al don de la vida, la custodia recíproca, el encuentro y la memoria de las generaciones, el acompañamiento educativo, la transmisión de la fe cristiana a sus hijos: con todo esto, la familia sigue siendo una escuela sin par en la humanidad, con tributo indispensable para una sociedad justa y solidaria». Lo dijo Papa Francisco, citando su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, durante la vigilia de oración con las familias en la Plaza San Pedro, organizada por la Conferencia Episcopal Italiana, por el Sínodo sobre la familia que comienza mañana en el Vaticano. «Entre más profundas sean las raíces, más es posible salir e ir lejos en la vida, sin perderse ni sentirse extranjeros en ninguna tierra –añadió el Pontífice. Este horizonte nos ayuda a comprender la importancia de la Asamblea sinodal que comienza mañana».

«Del Espíritu Santo, para los padres sinodales, pedimos, sobre todo el don de escuchar: escuchar a Dios, hasta escuchar con Él el grito del pueblo; escuchar al pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama», continúo Francisco.

Además, prosiguió, «invocamos la disponibilidad a una confrontación sincera, abierta y fraterna, que nos lleve a hacernos cargo, con responsabilidad pastoral, de las interrogantes que este cambio de época trae consigo. Dejemos que lleguen a nuestro corazón, sin perder nunca la paz, y con la serena confianza de que, a su tiempo, no dejará el Señor de conducir a la unidad».

La historia de la Iglesia, se preguntó Bergoglio, «¿acaso no nos cuenta de muchas situaciones análogas, que nuestros padres supieron superar con obstinada paciencia y creatividad?». «El secreto radica en una mirada», añadió. Y este es «el tercer don que imploramos con nuestra oración. Porque, si verdaderamente pretendemos verificar nuestro paso sobre el terreno de los desafíos contemporáneos, la condición decisiva es mantener fija la mirada en Jesucristo, detenernos en la contemplación y en la adoración de su rostro».

Fuente: Vatican Insider

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