Los primeros cristianos se sabían “mensajeros”, afirma Benedicto XVI

 

 

Palabras de la homilía del Papa en Chipre

CHIPRE, 6 JUN 2010 (VIS).-

El Papa celebró esta mañana la Santa Misa en el Palacio de Deportes Eleftherìa de Nicosia, con capacidad para 6.000 personas, con ocasión de la publicación del “Instrumentum laboris” de la Asamblea Especial para Oriente Medio.

 Benedicto XVI con Crisóstomos II 
 

El Papa con el Arzobispo ortodoxo de Chipre

Participaron en la celebración eucarística los Patriarcas y Obispos de las distintas comunidades eclesiales de Medio Oriente, así como un numeroso grupo de fieles chipriotas. Al inicio, el arzobispo maronita de Chipre, monseñor Youssef Soueif, dirigió unas breves palabras de saludo al Santo Padre.

Recordando en la homilía que hoy se celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Benedicto XVI explicó que “el nombre dado a esta fiesta en Occidente, Corpus Christi, se usa en la tradición de la Iglesia para designar tres realidades distintas: el cuerpo físico de Jesús, nacido de la Virgen María; su cuerpo eucarístico, el pan del cielo que nos nutre en este gran sacramento, y su cuerpo eclesial, la Iglesia. Al considerar los distintos aspectos del Corpus Christi, llegamos a comprender más profundamente el misterio de comunión que nos une a quienes formamos parte de la Iglesia”.

“Cada uno de nosotros que formamos parte de la Iglesia necesita salir del mundo cerrado de su individualismo y aceptar la “compañía” de los que “comparten el pan” con nosotros. (…) Por eso, todos los días pedimos a “nuestro” Padre el pan “nuestro” de cada día. La condición previa para entrar en la vida divina a la que estamos llamados es derribar las barreras entre nosotros y nuestros vecinos. Necesitamos ser liberados de lo que nos aprisiona y aísla: temor y desconfianza recíproca, avidez y egoísmo, falta de voluntad para correr el riesgo de la vulnerabilidad a la que nos exponemos cuando nos abrimos al amor“.

El Papa puso de relieve que “en la primera comunidad cristiana, que se alimentaban de la mesa del Señor, vemos los efectos de la acción unificadora del Espíritu Santo. Compartían sus bienes, desprendiéndose de todos los bienes materiales por amor a los hermanos. (…) Pero su amor no se limitaba al grupo de los creyentes. No se veían a sí mismos como beneficiarios exclusivos y privilegiados de los favores divinos, sino más bien como mensajeros, para llevar la buena noticia de la salvación en Cristo hasta los confines del mundo. De esta manera, el mensaje que Cristo resucitado confió a los Apóstoles se extendió con rapidez por todo el Medio Oriente, y desde allí al mundo entero”.

“Estamos llamados a superar nuestras diferencias, a llevar paz y reconciliación donde exista un conflicto, a ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Estamos llamados a tender una mano a quien lo necesite, a compartir con generosidad nuestros bienes materiales con los más desafortunados. Estamos llamados a proclamar de manera incansable la muerte y la resurrección del Señor, hasta que Él vuelva”.

Al final de la misa, el arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos, agradeció al Papa la convocación de la próxima Asamblea Especial para Oriente Medio, que se celebrará en el Vaticano en octubre próximo, e invitó al pontífice a entregar una copia del “Instrumentum laboris” o documento de trabajo a los miembros del Consejo Especial para el Sínodo.

 Benedicto XVI con algunos líderes musulmanes de Chipre 
 
Benedicto XVI con algunos líderes musulmanes de Chipre

Antes de rezar el Ángelus, Benedicto XVI resaltó que “Oriente Medio ocupa un lugar especial en el corazón de todos los cristianos, puesto que fue allí donde por vez primera Dios se dio a conocer a nuestros padres en la fe”.         

“Es bien conocido -dijo- que algunos de vosotros soportáis grandes pruebas a causa de la situación actual de la región. La Asamblea Especial es una oportunidad para que los cristianos del resto del mundo ofrezcan su apoyo espiritual y su solidaridad a sus hermanos y hermanas de Oriente Medio”.

Los cristianos de esta región “deseáis vivir en paz y en armonía con vuestros vecinos judíos y musulmanes. A menudo, actuáis como artífices de paz en el difícil proceso de reconciliación. Merecéis el reconocimiento por el papel inestimable que realizáis. Espero firmemente que todos vuestros derechos, incluido el derecho a la libertad religiosa y de culto, sean cada vez más respetados y que nunca más sufráis discriminaciones de ningún tipo”.

“Ruego para que el trabajo de la Asamblea Especial ayude a dirigir la atención de la comunidad internacional sobre la difícil situación de los cristianos en Medio Oriente que sufren por sus creencias, de modo que se encuentre una solución justa y duradera a los conflictos que provocan tanto dolor. Con respecto a esta grave cuestión, reitero mi llamamiento personal a que se realice un esfuerzo internacional urgente y concertado para resolver las tensiones que persisten en Medio Oriente, especialmente en Tierra Santa, antes de que dichos conflictos lleven a un mayor derramamiento de sangre”.

“Con estos deseos -terminó-, os entrego ahora el texto del “Instrumentum laboris” de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Medio Oriente”.

Después del Ángelus, el Papa recordó que hoy se celebraba en Varsovia la beatificación de Jerzy Popiełuszko, sacerdote y mártir. “Envío un cordial saludo a la Iglesia en Polonia, que hoy se alegra con su elevación a los altares. Su servicio apasionado y su martirio son un signo especial del triunfo del bien sobre el mal. Que su ejemplo e intercesión alimenten la entrega de los sacerdotes e inflame la caridad de los fieles”, concluyó.

Terminada la celebración eucarística, el Santo Padre se trasladó a la nunciatura apostólica de Nicosia para almorzar con los miembros de su séquito, los patriarcas y obispos del Consejo Especial del Sínodo para Oriente Medio y Su Beatitud Crisóstomos II.

 

Ver texto completo