Primeros Cristianos

Francisco en Santa Marta da tres claves para reconocer la tentación

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Acompañado por su consejo de ocho cardenales, el Papa Francisco centró su homilía en Casa Santa Marta en la tentación

“Cuando estamos tentados, solo la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús nos salva”

Acompañado por su consejo de ocho cardenales, el Papa Francisco centró su homilía en Casa Santa Marta en la tentación.

Francisco explicó que la tentación proviene de las pasiones y de la debilidad del ser humano, y dio tres pistas para reconocerla:

“Es curioso, la tentación tiene tres características: crece, es contagiosa y se justifica a sí misma. Crece, comienza de forma tranquila y crece”.

Francisco concluyó que la tentación cierra cualquier horizonte, y que sólo la Palabra de Dios enseña a dejarla atrás.

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Extracto de la homilía del Papa

(Fuente: Radio Vaticana)

“La tentación, ¿de dónde viene? ¿Cómo actúa dentro de nosotros? El apóstol nos dice que no viene de Dios, sino de nuestras pasiones, de nuestras debilidades interiores, de las heridas que ha dejado en nosotros el pecado original: las tentaciones vienen de allí, de estas pasiones. Es curioso, la tentación tiene tres características: crece, contagia y se justifica. Crece: comienza como si nada, y crece… El mismo Jesús decía esto, cuando habló de la parábola del grano y de la cizaña: el grano crecía, pero también la cizaña sembrada por el enemigo. Y la tentación crece: crece, crece… Y si uno no la detiene, ocupa todo”.

“Y así, cuando estamos tentados, no escuchamos la Palabra de Dios: no escuchamos. No entendemos. Y Jesús ha debido recordar la multiplicación de los panes para hacerlos salir de aquel ambiente, porque la tentación nos encierra, nos quita toda capacidad de previsión, nos cierra todo horizonte, y así nos lleva al pecado. Cuando estamos tentados, solo la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús nos salva. Escuchar aquella Palabra que nos abre el horizonte… Él siempre está dispuesto a enseñarnos cómo salir de la tentación. Y Jesús es grande porque no solo nos hace salir de la tentación, sino que nos da más confianza”.

“Pidamos al Señor que siempre, como hizo con los discípulos, con su paciencia, cuando somos tentados nos diga: ‘Detente, estate tranquilo. Acuérdate que hice contigo en aquel momento, en aquel tiempo: acuérdate. Alza los ojos, mira el horizonte, no cerrar, no te cierres, va adelante’. Y esta Palabra nos salvará de caer en el pecado en el momento de la tentación”.

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