“Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.» Jesús le responde: « ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»

“No tienen vino”

“Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.» Jesús le responde: « ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron.
Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos” (Juan 2,1-11).

 

La ciudad de Kfar Kana tiene unos 18.000 habitantes, y está situado a unos tres kilómetros de Nazaret. Es difícil distinguir cuando acaba Nazaret y empieza Caná, pues están muy cercanos. Los franciscanos, presentes hace ya tres siglos en Caná con una pequeña propiedad, consiguieron rescatar el santuario en 1879. Esto fue gracias al padre Egidio Geissler, fundador de la parroquia católica local de rito latino. En 1880 se construyó una pequeña iglesia y posteriormente se fue agrandando, con las obras que se realizaron entre 1897 y 1905. En 1885 se había construído, a unos 100 metros de distancia de la iglesia que conmemora las bodas de Caná, una capilla en honor de San Bartolomé, llamado Natanael, uno de los doce discípulos, pues él era oriundo de esta localidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Excavaciones arqueológicas dirigidas por el padre S. Loffreda en 1969 y por el padre E. Alliata en 1997 han sacado a la luz la sinagoga, construida sobre los restos de habitaciones precedentes. Se calcula que se construyó entre los siglos I y IV, después de Cristo. Tenía un vestíbulo porticado y en el centro una gran cisterna. De esta se conserva hasta nuestros días el subsuelo de la iglesia actual. En el ábside septentrional de la iglesia se ha encontrado un ábside aún más antiguo que contiene un sepulcro que ha sido datado entre el siglo V y el VI. Tal sepulcro, además de algún otro indicio, muestra claramente que hubo presencia cristiana sobre el lugar durante la época bizantina.

Numerosos testimonios nos hablan de un santuario edificado por los cristianos en Caná en memoria del primer milagro realizado por Jesús. Transcribimos unas letras de un peregrino anónimo del s. VI en las que habla de este lugar Santo: “(Habiendo salido de Séforis) después de tres millas llegamos a Caná, adonde el Señor fue a la boda, y nos sentamos sobre el mismo asiento, donde escribí el nombre de mis padres…todavía quedan dos hidrias; yo llené una devino y, llevándola llena sobre la espalda, la ofrecí en el altar. En la misma fuente nos lavamos por devoción. Después fuimos a la ciudad de Nazaret”.

Empujada por distintas necesidades, y en tiempos diversos, la tradición ha situado el recuerdo evangélico en diferentes lugares; pero a principios del siglo XVI, los peregrinos encuentran en Kfar Kanna una habitación subterránea a la cual se accede desde el interior de un edificio con columnas que ellos creían que fuese una iglesia construida por el emperador Constantino y su madre santa Elena. También se han encontrado tinajas muy grandes. Algunas se han podido reconstruir como la de la foto. Dan idea de lo grandes que pudieron ser las que se llenaron de agua y el Señor convirtió en vino.