Primeros Cristianos

“Los mártires nos guían hacía la unidad” – El Papa Francisco al patriarca de Oriente

"Los mártires nos guían hacía la unidad" - El Papa Francisco al patriarca de Oriente 1

En Erbil, el Santo Padre se reunió con el Catholicos-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente, Mar Gewargis III, recordando que aquí muchos cristianos han derramado su sangre y ahora brillan juntos, estrellas en el mismo cielo, mostrándonos el camino hacia la plenitud de la unidad. Un camino iniciado en 1994 con la Declaración Cristológica Común entre la Iglesia Católica y la Iglesia Asiria de Oriente.

Al final de la Santa Misa en el Estadio “Franso Hariri” de Erbil, en el norte de Irak, el Papa Francisco saludó con afecto al Catholicos-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente, Mar Gewargis III, que reside en esta ciudad. “¡Gracias, querido hermano!”, comenzó el Santo Padre, que quiso abrazar en él a los cristianos de las distintas confesiones: “¡Tantos aquí han derramado sangre en el mismo suelo! Pero nuestros mártires brillan juntos, estrellas en el mismo cielo. Desde allí arriba nos piden que caminemos juntos, sin vacilar, hacia la plenitud de la unidad”.

La Iglesia Asiria de Oriente

La Iglesia Asiria de Oriente es una Iglesia antigua presente en esta tierra desde los orígenes del cristianismo. Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de que “partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia” estaban presentes cerca del Cenáculo el día de Pentecostés. Fueron los primeros cristianos de Persia, donde más tarde, según la tradición, predicaron el apóstol Santo Tomás y sus discípulos Addai y Mari. En su centenaria historia, la Iglesia Asiria de Oriente desarrolló una original tradición teológica y espiritual en un contexto cultural predominantemente semítico y sirio muy cercano a las primeras comunidades apostólicas. A principios de la Edad Media, la Iglesia Asiria de Oriente desarrolló un extraordinario dinamismo misionero siguiendo las distintas rutas de la seda a través de Asia Central, la India e incluso China. Tiene la misma herencia teológica y litúrgica que la Iglesia caldea y la Iglesia siro-malabar de la India, que entraron en comunión con la Iglesia de Roma en el siglo XVI.

Desde sus orígenes, la historia de la Iglesia Asiria de Oriente está trágicamente marcada por la persecución. Páginas dramáticas que se entrelazan con los periodos del Imperio Persa, luego el Imperio Mongol y finalmente el Imperio Otomano. Sobre todo, después de la masacre que tuvo lugar entre los años 1914 y 1924, también conocida con el término “Seyfo” (en sirio significa literalmente “espada”), la mayoría de sus fieles emigraron a Occidente, llevándose consigo una tradición centenaria. Aunque siguen existiendo grandes comunidades en Oriente Medio, especialmente en el norte de Irak, Siria, Irán y Líbano, casi la mitad de los 450.000 fieles de esta antigua Iglesia se encuentran en Estados Unidos, con una importante diáspora en Canadá, Europa y Australia.

Declaración cristológica común

El diálogo entre la Iglesia Católica y la Iglesia Asiria de Oriente condujo en 1994 a la firma de una Declaración Cristológica Común. En este documento, el Papa Juan Pablo II y el Catholicos-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente Mar Dinkha IV reconocen que comparten la misma fe en Jesucristo. Como herederos y custodios de la fe recibida de los Apóstoles – dice el texto –, confesamos a un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los tiempos, que, en la plenitud de los tiempos, bajó del cielo y se hizo hombre para nuestra salvación. “Independientemente de las diferencias cristológicas que ha habido – se subraya –, hoy confesamos unidos una misma fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre para que nosotros, por su gracia, llegáramos a ser hijos de Dios”.

“El misterio de la Encarnación que profesamos juntos no es una verdad abstracta y aislada. Se trata del Hijo de Dios enviado para salvarnos”. En 2014, el Papa Francisco recibiendo a Mar Dinkha IV en el Vaticano, calificó la Declaración Cristológica Común firmada en 1994 como “un hito” en el camino “hacia la plena comunión”. “Con ella – dijo Francisco – hemos reconocido que confesamos la única fe de los apóstoles, la fe en la divinidad y la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, unidas en una sola persona, sin confusión ni cambio, sin división ni separación.

La Declaración conjunta de 2018

En 2015, fue elegido Catholicos-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente Mar Gewargis III. En el mensaje inmediatamente posterior a esta elección, el Papa Francisco recuerda a los cristianos y otras minorías religiosas de Irak y Siria. “Junto con ustedes – se lee en el documento –, pido al Señor que les conceda fuerza para que perseveren en su testimonio cristiano. En noviembre de 2018, el Papa Francisco y Mar Gewargis III firmaron una declaración conjunta sobre la situación de los cristianos en Oriente Medio. El texto, redactado en 8 puntos, subraya la gratitud al Señor “por la creciente cercanía en la fe y el amor entre la Iglesia Asiria de Oriente y la Iglesia Católica”. Y se recuerda que “en las últimas décadas, nuestras Iglesias se han acercado más de lo que nunca lo habían hecho a lo largo de los siglos”.

A la espera de que llegue el día en que sea posible celebrar juntos en el mismo altar, se reiteró la intención de “avanzar en el reconocimiento mutuo y en el testimonio compartido del Evangelio”. En este camino, dice además la Declaración, “experimentamos un sufrimiento común, derivado de la dramática situación de nuestros hermanos y hermanas cristianos en Oriente Medio, especialmente en Irak y Siria”. “Cientos de miles de hombres, mujeres y niños inocentes sufren inmensamente por conflictos violentos que nada puede justificar”. Conflictos que han “incrementado el éxodo de los cristianos de las tierras donde han convivido con otras comunidades religiosas desde los tiempos de los Apóstoles”. El texto concluye con una fuerte invitación al diálogo: “Cuanto más difícil es la situación, más necesario es el diálogo interreligioso basado en una actitud de apertura, verdad y amor. Este diálogo es también el mejor antídoto contra el extremismo, que es una amenaza para los seguidores de todas las religiones”.

Amedeo Lomonaco – Ciudad del Vaticano

vaticannews.va

Salir de la versión móvil