Oración de santo Tomás Moro pidiendo el buen humor y la gracia de comprender las bromas

A muchos cristianos les cuesta rezar porque creen que se trata de repetir cansinamente una serie de fórmulas hechas. Sienten una separación entre lo que dicen y sus sentimientos y preocupaciones diarias. Les gustaría hablar con Dios de sus asuntos cotidianos, más sencillos, más simplemente, con sus palabras.

“Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es lo mejor”

 

Les proponemos la oración de Santo Tomás Moro, un hombre que supo orar con sencillez, con realismo, con alegría e incluso con sentido del humor.
Tomás Moro fue Lord canciller de Inglaterra, intelectual de fama europea, casado dos veces y padre de familia, era reconocida su fama de juez honrado y valiente, en defensa de los intereses de los más humildes.

Por no aceptar el divorcio del rey Enrique VIII y su declaración como cabeza de la Iglesia fue ajusticiado el 7 de julio de 1535 en Londres. Suya es esta plegaria singular, una oración para pedir buen humor.

El Papa Francisco hace unos meses nos reveló que todos los días reza la oración de Santo Tomás Moro, y que “le va bien”.

Decía así el Papa:

“El apóstol debe esforzarse por ser una persona educada, serena, entusiasta y alegre, que transmite alegría allá donde esté. Un corazón lleno de Dios es un corazón feliz que irradia y contagia la alegría a cuantos están a su alrededor: se le nota a simple vista. No perdamos, pues, ese espíritu alegre, lleno de humor, e incluso autoirónico, que nos hace personas afables, aun en situaciones difíciles. ¡Cuánto bien hace una buena dosis de humorismo! Nos hará bien recitar a menudo la oración de santo Tomás Moro: yo la rezo todos los días, me va bien”.

ORACION PIDIENDO EL BUEN HUMOR

Señor, dame salud del cuerpo y, con ella, el sentido común necesario para conservarla lo mejor posible.

Dame un alma santa, Señor, que mantenga ante mis ojos todo lo que es bueno y puro, para que a la vista del pecado no se turbe, sino que sepa encontrar los medios para poner orden en todas las cosas.

Dame un alma ajena a la tristeza, que no conozca refunfuños, ni suspiros, ni lamentos.

Y no permitas que esta cosa que se llama “yo”, y que siempre tiende a dilatarse, me preocupe demasiado.

Dame, Señor, sentido del humor.

Dame la gracia de comprender una broma, para lograr un poco de felicidad en esta vida y saber regalarla a los demás.

Así sea.