Primeros Cristianos

La peste antonina y la expansión del cristianismo

peste

La peste de Antonino supuso un cambio radical en el siglo II, que propició un gran crecimiento del cristianismo en el Imperio

En la segunda mitad del siglo II, una enfermedad asoló el Imperio Romano, produciendo miles de muertes. A pesar de la crisis, el cristianismo vivió una época de esplendor, llegando hasta los confines de Europa.

Aparte de las consecuencias del brote de peste, como la desestabilización del ejército y la economía romana, el impacto psicológico en las poblaciones debe haber sido sustancial. Es fácil imaginar la sensación de miedo e impotencia que debían sentir los antiguos romanos ante una enfermedad tan despiadada, dolorosa, desfigurante y frecuentemente mortal.

No es difícil comprender, entonces, los aparentes cambios en las prácticas religiosas que se producen como resultado de la peste de Antonino. Mientras se suspendían los proyectos de arquitectura cívica, se intensificaba la construcción de lugares sagrados y caminos ceremoniales.

Se dice que Marco Aurelio invirtió mucho en la restauración de los templos y santuarios de las deidades romanas, y uno se pregunta si fue en parte debido a la plaga que el cristianismo se unió y se extendió tan rápidamente por todo el imperio a fines del siglo II.

Los seres humanos, tanto antiguos como modernos, tienden a estar más abiertos a las consideraciones de lo divino en tiempos de miedo y ante la inminente mortalidad. Incluso hoy en día en la América moderna, mientras que un lugar de culto es raro dentro de un edificio de oficinas, hay uno en casi todos los hospitales. Parece que los antiguos romanos, ante una inexplicable e incurable epidemia, recurrieron a lo divino. Pero los dioses se movieron lentamente: pasarían otros 1.800 años antes de que finalmente se erradicara el virus de la viruela.

 

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