Sentido cristiano de Sukkot, fiesta de las tiendas

 

Los judíos celebran la fiesta de Sukkot. El padre David Neuhaus, vicario patriarcal para las comunidades de lengua hebrea en Israel, ofrece una explicación de la evolución de esta fiesta en la tradición cristiana.

 

 

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En la tradición bíblica, hay tres fiestas de peregrinación centrales: la Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos. Dos de las tres celebraciones se incluyen explícitamente en el Nuevo Testamento y reciben un nuevo significado. La Pascua se celebra no sólo como liberación de la esclavitud de Egipto, sino como la liberación de la muerte por medio de la cruz y la resurrección de Jesús (Pascua de Resurrección).

Pentecostés no es sólo la celebración de los primeros frutos de la tierra, sino del primero fruto del cielo (el don del Espíritu Santo). Pero, ¿qué ha ocurrido con la Fiesta de los Tabernáculos (Sukkot) en la tradición cristiana? En los escritos antiguos de Israel, la Fiesta de los Tabernáculos celebraba la última cosecha; cuando el pueblo iba al Templo de Jerusalén para alegrarse y dar gracias a Dios tras el año agrícola.

Conmemoraban entonces los cuarenta años de caminar por el desierto, donde Dios proveyó a todas sus necesidades; mientras se refugiaban en sus frágiles tiendas de campaña (Levítico 23,43). En la literatura profética (cf. Zacarías 14), la Fiesta de los Tabernáculos se asocia al final de los tiempos; cuando Dios recogerá la última cosecha de Israel y las naciones, que vendrán todos a Jerusalén para rendirle culto.

A primera vista, parece que esta fiesta haya desaparecido en la tradición cristiana (aunque Jesús vaya a Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos en el Evangelio de san Juan, cap. 7). En otro momento, se puede encontrar aún un eco de la Fiesta de los Tabernáculos en la Transfiguración de Jesús, una fiesta que se celebra el 6 de agosto.

En Tierra Santa, todas las miradas se vuelven en esta fecha al Monte Tabor, venerado como la «montaña alta» del relato evangélico. La historia de la Transfiguración de Jesús ante los ojos de tres de sus discípulos se narra en repetidas ocasiones en los Evangelios (cf. Mateo 17, 1-8; Marcos 9, 2-8; Lucas 9, 28-36). Jesús, con el rostro brillante como el sol y sus ropas resplandecientes de blancura, da a sus discípulos una visión de su gloria antes de entrar en la Pasión y la muerte.

En efecto, justo antes de subir a la «montaña alta», Jesús anuncia a sus discípulos por primera vez que debía ir a Jerusalén para sufrir y morir. Pedro se resiste a esta terrible profecía. Ahora, frente a Jesús transfigurado, que conversa con Moisés, que dio la Ley, y con Elías, el profeta por excelencia, Pedro, uno de los tres discípulos que está con Jesús en el monte alto, sugiere la construcción de tres tiendas para Jesús, Moisés y Elías.

 

 

Pedro parece resistirse de nuevo al hecho de que Jesús debe bajar de la montaña para sufrir y morir en Jerusalén. Preferiría hacer un santuario en la montaña para Jesús. Pero Jesús no se queda en la montaña en una tienda, tiene que ir de Jerusalén; donde será crucificado. Las tiendas que Pedro trata de construir, no son las que Dios desea.

Cuarenta días después de la Transfiguración, el 14 de septiembre, la Iglesia celebra la fiesta de la Cruz gloriosa. Muchas tradiciones cristianas comparan el madero de la cruz con la madera del árbol del jardín del Edén. Por el árbol del jardín del Edén, la muerte entró al mundo por la desobediencia (Adán comió del fruto prohibido), y por el madero de la cruz, la vida ha sido restaurada (Jesús fue obediente hasta la muerte en cruz).

La cruz se compara también con el arca de Noé (donde se salvaron todas las personas que se refugiaron en ella) o la vara de Moisés, con la que hizo signos y prodigios, y guió al pueblo. Pero también puede compararse con una tienda de campaña. En lugar de las tiendas que Pedro quería levantar para Jesús y sus compañeros en la montaña, la cruz de Jesús ofrece la verdadera tienda para el que se refugia en ella, huyendo del pecado, elevando la mirada al Hijo del hombre que permaneció totalmente obediente a la voluntad de su Padre celestial.

Además, la fiesta de la Cruz gloriosa tiene su origen en el día de la dedicación de la Iglesia de la Resurrección (conocida como Iglesia del Santo Sepulcro). El 14 de septiembre del año 335 se celebró la dedicación del edificio constantiniano, una tienda en el corazón de Jerusalén para todos los que buscan refugio a la sombra de la cruz y vuelven su mirada hacia la gloria de Cristo resucitado.

En las comunidades cristianas de Tierra Santa están presentes tres símbolos de la Fiesta de la Exaltación de la Cruz: la luz, la albahaca y la granada. La luz representa la luz de la cruz que ilumina nuestra vida. La albahaca, verde y fragante, significa el árbol de la vida, que está representada por la cruz.

La granada, llena de jugo de color rojo (como la sangre de Cristo derramada en la cruz) y de semillas (que representan la fertilidad de la vida), alude al misterio de la muerte de Cristo en la cruz por nosotros. La albahaca y la granada de la Fiesta de la Exaltación de la Cruz cristiana podrían recordar el lulav (la palmera) y el etrog (la cidra), típicos de la fiesta judía de Sukkot.

 

Fuente: Un Sacerdote en Tierra Santa