Primeros Cristianos

“Sin misericordia no hay justicia” -Francisco en Santa Marta

En ellas dos mujeres, una pecadora y otra inocente, se encuentran con el mismo problema: jueces injustos que no buscan la verdad sino su interés personal. Jueces corruptos.

Francisco comentó las lecturas del día en su homilía en Casa Santa Marta.

En ellas dos mujeres, una pecadora y otra inocente, se encuentran con el mismo problema: jueces injustos que no buscan la verdad sino su interés personal. Jueces corruptos.

 

 

FRANCISCO

“También hoy, el pueblo de Dios, cuando se encuentra con estos jueces, sufre un juicio sin misericordia, sea en el civil, sea en el eclesiástico. Y donde no hay misericordia no hay justicia”.

Dijo que se pueden padecer varios tipos de corrupción: la de quien se deja dominar por el vicio, por la ambición o la del egoísta a quien no le importa hacer justicia sino su bienestar. En todos los casos el resultado es el mismo: injusticia. La corrupción, dijo, no entiende de misericordia.

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA

(Fuente, Radio Vaticana)

“Pero estos no eran santos, eran corruptos, corruptos porque una rigidez de ese tipo sólo puede ir adelante en una doble vida y estos que condenaban a estas  mujeres, después iban a buscarlas, por detrás, a escondidas, para divertirse un poco. Los rígidos son – uso el adjetivo que Jesús les daba a ellos – hipócritas: tienen doble vida. Aquellos que juzgan, pensemos en la Iglesia – las tres mujeres son figuras alegóricas de la Iglesia – aquellos que juzgan la Iglesia con rigidez, tienen doble vida. Con la rigidez ni siquiera se puede respirar”.

“La corrupción los llevaba lejos de entender la misericordia, el ser misericordiosos. Y la Biblia nos dice que en la misericordia está precisamente el justo juicio. Y las tres  mujeres – la santa, la pecadora y la necesitada, figuras alegóricas de la Iglesia – sufren de esta falta de misericordia. También hoy, el Pueblo de Dios, cuando encuentra a estos jueces, sufre un juicio sin misericordia, sea civil, o eclesiástico. Y donde no hay misericordia, no hay justicia. Cuando el Pueblo de Dios se acerca voluntariamente para pedir perdón, para ser juzgado, cuántas veces, cuántas veces encuentra a alguno de estos”.

“Sólo querría decir una de las palabras más bellas del Evangelio que a mí me conmueve tanto: ‘¿Ninguno te ha condenado?’ – ‘No, ninguno, Señor’ – ‘Tampoco yo te condeno’. No te condeno: una de las palabras más bellas porque está llena de misericordia”.

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