El Papa explica cómo eran las primeras comunidades cristianas
La vida de los primeros cristianos
Para el Papa Francisco, las cuatro actitudes, “las cuatro huellas de un buen cristiano”, son las prácticas que realizaban las primeras comunidades de creyentes: escuchar asiduamente la enseñanza apostólica; establecer unas relaciones interpersonales de gran calidad, también por medio de la “comunión de bienes espirituales y materiales”; rememorar al Señor a través de la Eucaristía; y dialogar con Dios en la oración.
“Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. La vida de la comunidad primitiva entre el amor de Dios y el amor por los hermanos”(Hechos de los Apóstoles 2, 42. 44-45).
El fruto de Pentecostés
En primer lugar, durante la catequesis, el Pontífice ha destacado que el fruto de Pentecostés, de la venida del Espíritu Santo, fue que cerca de tres mil personas se bautizaran para adherirse a Cristo, pasando a formar parte de la comunidad cristiana, “esa fraternidad que es el hábitat de los creyentes y el fermento eclesial de la obra de evangelización”.
Después, Francisco se ha referido a cómo Lucas muestra a la Iglesia de Jerusalén como “el paradigma de cada comunidad cristiana” y como un “ícono de fraternidad” que no conviene minimizar. En los Hechos de los Apóstoles se describe que los primeros cristianos se reúnen “como familia de Dios, espacio de koinonia, es decir, de la comunión de amor entre hermanos y hermanas en Cristo”.
El Obispo de Roma ha subrayado también que en el alma del cristiano no hay sitio para el egoísmo y ha propuesto el ejemplo de unidad de la comunidad primitiva que define los Hechos, en la que todos vivían juntos “cercanos, preocupados unos de otros, no para chismorrear del otro, no, para ayudar, para acercarse”.
La fraternidad
Según el Papa Francisco, la gracia del Bautismo revela, en consecuencia, un vínculo intrínseco entre los hermanos que “están llamados a compartir, a identificarse con los demás y a dar ‘según la necesidad de cada uno’ (Hechos 2:45), es decir, la generosidad, la limosna, el preocuparse por el otro, visitar a los enfermos, ir a ver a quienes pasan necesidades, a los que necesitan consuelo”.
Y añadió que “esta fraternidad porque elige el camino de la comunión y de la atención a los necesitados, esta fraternidad que es la Iglesia puede vivir una vida litúrgica verdadera y auténtica”.
Finalmente, el Santo Padre explicó que en los Hechos de los Apóstoles, el Señor garantiza el crecimiento de la comunidad: “la perseverancia de los creyentes en la alianza genuina con Dios y con los hermanos se convierte en una fuerza atractiva que fascina y conquista a muchos (ver Evangelii gaudium, 14), un principio gracias al cual vive la comunidad creyente de cada época”.
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Catequesis completa del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El fruto de Pentecostés, la poderosa efusión del Espíritu de Dios sobre la primera comunidad cristiana, fue que muchas personas sintieron sus corazones traspasados por el feliz anuncio – el kerigma- de la salvación en Cristo y se adhirieron a Él libremente, convirtiéndose, recibiendo el bautismo en su nombre y recibiendo a su vez el don del Espíritu Santo. Cerca de tres mil personas entran a formar parte de esa fraternidad que es el hábitat de los creyentes y el fermento eclesial de la obra de evangelización. El calor de la fe de estos hermanos y hermanas en Cristo hace de sus vidas el escenario de la obra de Dios que se manifiesta con prodigios y señales por medio de los apóstoles. Lo extraordinario se vuelve ordinario y la vida cotidiana se convierte en el espacio de la manifestación del Cristo viviente.
El evangelista Lucas nos lo cuenta mostrándonos a la iglesia de Jerusalén como el paradigma de cada comunidad cristiana, como el ícono de una fraternidad que fascina y que no debe convertirse en mito pero tampoco hay que minimizar. El relato de los Hechos deja que miremos entre las paredes de la domus donde los primeros cristianos se reúnen como familia de Dios, espacio de koinonia, es decir, de la comunión de amor entre hermanos y hermanas en Cristo. Vemos que viven de una manera precisa: “acudiendo a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión, a la fracción del pan y al as oraciones” (Hechos 2:42). Los cristianos escuchan asiduamente el didaché o la enseñanza apostólica; practican unas relaciones interpersonales de gran calidad también a través de la comunión de bienes espirituales y materiales; recuerdan al Señor a través de la “fracción del pan“, es decir, de la Eucaristía, y dialogan con Dios en la oración. Estas son las actitudes del cristiano, las cuatro huellas de un buen cristiano.
A diferencia de la sociedad humana, donde se tiende a hacer los propios intereses, independientemente o incluso a expensas de los otros, la comunidad de creyentes ahuyenta el individualismo para fomentar el compartir y la solidaridad. No hay lugar para el egoísmo en el alma de un cristiano: si tu corazón es egoísta, no eres cristiano, eres mundano, que busca solo tu favor, tu beneficio. Y Lucas nos dice que los creyentes están juntos (ver Hechos 2:44), La cercanía y la unidad son el estilo de los creyentes: cercanos, preocupados unos de otros, no para chismorrear del otro, no, para ayudar, para acercarse.
La gracia del bautismo revela, por lo tanto, el vínculo íntimo entre los hermanos en Cristo que están llamados a compartir, a identificarse con los demás y a dar “según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:45), es decir, la generosidad, la limosna, el preocuparse por el otro, visitar a los enfermos, ir a ver a quienes pasan necesidades, a los que necesitan consuelo.
Y precisamente esta fraternidad porque elige el camino de la comunión y de la atención a los necesitados, esta fraternidad que es la Iglesia puede vivir una vida litúrgica verdadera y auténtica: “Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. Hechos 2,46-47).
Por último, el relato de los Hechos nos recuerda que el Señor garantiza el crecimiento de la comunidad (vea 2:47): la perseverancia de los creyentes en la alianza genuina con Dios y con los hermanos se convierte en una fuerza atractiva que fascina y conquista a muchos (ver Evangelii gaudium, 14), un principio gracias al cual vive la comunidad creyente de cada época.
Pidamos al Espíritu Santo que haga de nuestras comunidades lugares donde recibir y practicar la nueva vida, las obras de solidaridad y de comunión, lugares donde las liturgias sean un encuentro con Dios, que se convierte en comunión con los hermanos y las hermanas, lugares que sean puertas abiertas a la Jerusalén celestial.
Director: Alejandro Amenábar. Guión: MateoGil. Intérpretes: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashaf Barhom, Michael Lonsdale, Rupert Evans. 126 min. Adultos. (V)
JUAN ORELLANA
Imagínense que hay que explicar con una película la realidad de Norteamérica a alguien que no sabe nada de historia, de culturas. Y para explicarle cómo es América le enseñamos unos planos de unas familias japonesas, entrañables.
Luego aparece un avión donde sale un piloto con cara de bruto mascando chicle, y con fotos de playmates pegadas en el salpicadero. Por último vemos cómo ese avión lanza la bomba atómica sobre la ciudad de esas amables familias japonesas. Una vez terminado el cortometraje, se le dice al ignorante espectador: “Ya ves, esto es América”.
Hiroshima existió. Nadie lo duda. Nadie se alegra. Pero el juicio sobre los americanos que se deduce de ese film, ¿es justo? Es una mentira. Aunque Hiroshima sea una verdad.
Esto mismo es lo que sucede con la última película de Amenábar, Ágora: unas bases históricas reales, muchísimo maquillaje y caricatura históricos, para llegar a unas conclusiones completamente equivocadas.
Amenábar vuelve a demostrar que es un grande en el oficio de dirigir películas. Otra cosa es que él decida someter su genio a los imperativos del pensamiento único.
Lo más interesante es que Ágora no aparenta ser una película hecha en la era digital, sino que parece que todo decorado es real. La dirección artística es soberbia, y Rachel Weisz hace de Hipatia un personaje memorable.
La película es solemne, minuciosa, con un trabajo del sonido espectacular y con unos guiños cosmológicos muy brillantes. Hay mucho cine dentro de Ágora, y por ello es muy fastidioso ver cómo el guión va estropeando la película a medida que avanza.
¿UNA PELÍCULA CONTRA LA INTOLERANCIA?
Ágora es presentada por Amenábar como un film contra la intolerancia. Pero es necesario analizar el marco elegido por el cineasta para su alegato.
El contexto histórico son unos hechos luctuosos perpetrados por cristianos y paganos desmadrados entre los siglos IV y V en Alejandría. Según el historiador de la Iglesia Hubert Jedin, “el suceso más deplorable en el enfrentamiento entre el paganismo y el cristianismo en Egipto fue la muerte de la filósofa pagana Hipatia, que en 415 fue atrozmente asesinada, tras haber sufrido graves injurias, por una chusma fanatizada” (1).
Amenábar carga las tintas, descontextualiza y simplifica al máximo ciertos personajes como San Cirilo o Amonio. Aquellos hechos reprobables se sitúan, por tanto, en el contexto de la confrontación de dos cosmovisiones, de dos culturas, la pagana y la cristiana, y es ahí precisamente donde Amenábar quiere aprovechar para proponer su propia filosofía de la historia: si el paganismo fue luz, el cristianismo es oscuridad; si el paganismo fue progreso, el cristianismo supuso una marcha atrás en la cultura, en la civilización, en la filosofía y en la ciencia.
No es una metáfora caprichosa: en Ágora, los paganos visten de blanco (Hipatia), y los cristianos de gris o de negro (Amonio, Cirilo). A este esquema bipolar, Amenábar añade a lo largo del film una vuelta de tuerca: lo malo no es en realidad el cristianismo, sino cualquier concepción teológica. Ya sean los dioses paganos o el Dios cristiano y judío: la religión oscurece la razón, desprecia a la filosofía y frena la ciencia y el progreso. Frente al escepticismo que genera ver tanta guerra de religión en un kilómetro cuadrado, Hipatia declara: “Yo creo en la Filosofía”.
EL CRISTIANISMO COMO VERDUGO DE LA CULTURA
Y ahí reside la relevancia de Ágora, que bajo el envoltorio de una película histórica, propone un juicio muy negativo sobre el valor actual de las religiones en general y del cristianismo enparticular. Desmentir esa afirmación precisaría de una biblioteca como la de Alejandría, para documentar someramente lo que el cristianismo ha aportado al progreso de la cultura, del arte, de la ciencia, del derecho, de la filosofía, de la política, de las relaciones internacionales...
Pero dicha biblioteca sería insuficiente para ilustrar lo que el cristianismo ha supuesto para el “progreso” personal de millones y millones de hombres y mujeres concretos a lo largo del mundo y de la historia: el “progreso” que viene de encontrarse con Jesús, que promete sin rubor satisfacer los deseos del corazón del hombre.
Esto en Ágora no se intuye ni de lejos. Los cristianos que aparecen son bárbaros, fanáticos, misóginos, violentos y muy visionarios. Y los dos “buenos” cristianos que vemos, Sinesio y Davo, se van contaminando a lo largo del film del oscurantismo circundante.
Quien encarna las características de una antropología cristiana –caridad, benevolencia, serenidad, tolerancia, insobornabilidad, castidad, fraternidad universal, igualdad– es la pagana Hipatia, un personaje que Amenábar vuelve fascinante, ideal de virtud, y dechado de inteligencia y humanidad. Hipatia se propone como una santa laica de las que tanto están de moda.
Un primer argumento a favor del “retroceso” cristiano que se puede desprender de Ágora es el de la inmoralidad de aquel grupo de cristianos pendencieros, que aparecen capitaneados por un san Cirilo cruel y maquiavélico.
Ciertamente hay muchos episodios en la historia de la Iglesia por los que un cristiano no se siente orgulloso. Así ha sido siempre y así será, porque la Iglesia la forman pecadores. Incluso los Papas han pedido a veces perdón por errores del pasado.
La conciencia del mal y del pecado es tan clara en el seno de la Iglesia que esta instituyó en sus mismos orígenes el sacramento de la penitencia y del perdón. Que se sepa ninguna organización, asociación o partido cuenta con una institución como la confesión, con lo que quizá habría que concluir que nadie como los cristianos tiene tanta conciencia del propio pecado.
FE CONTRA RAZÓN
Más importante en Ágora es el conflicto soterrado –¿incompatibilidad?– que plantea entre razón y fe, entre ciencia y religión. No este el lugar tampoco para explicar y aclarar que la fe es la amiga más fiel de la razón, que lo que Amenábar y tantos otros llaman fe, no es más que una superstición visionaria y esclerótica que nada tiene que ver con el cristianismo. Bastaría con que leyeran algo, por ejemplo la Fides et ratio, para comprender que la fe no es enemiga ni de la ciencia, ni del progreso, ni mucho menos de la razón.
Siempre habrá energúmenos entre las filas de los creyentes, pero que sólo son representativos de su propia equivocación. En este sentido, el magnífico homenaje que Amenábar brinda en este film a la ciencia antigua, y muy en especial a la astronomía, es un homenaje a la razón que cualquier espectador cristiano disfrutará como propio, aunque Amenábar parezca querer oponerlo a los intereses “reducidos” de los cristianos (2).
Por todas estas razones es imposible que un cristiano pueda sentirse históricamente reconocido en la propuesta cinematográfica de Amenábar, muy lastrada por tópicos, prejuicios, esquemas ideológicos y leyendas negras.
NOTAS
(1) Hubert Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, vol. II, Herder, Barcelona, 1990, p. 259. (2) No hay que olvidar que una figura de la talla intelectual de San Agustín es contemporáneo de Hipatia. Ni que el siguiente paso de gigante en la astronomía fue obra de Nicolás Copérnico en el siglo XV, dentro de una cultura de matriz cristiana. Los que creen que la ciencia se interrumpió durante los “oscuros siglos medievales” harían bien en informarse sobre Robert Grosseteste, Alberto Magno, Roger Bacon, Jean Buridan, Nicolás Oresme...
Termas de Caracalla
Las antiguas termas romanas de Caracalla, consideradas unas de las más grandes y lujosas del Imperio Romano, recuperaron desde hoy su aspecto original gracias a la realidad virtual, con la que han mostrado de nuevo su máximo esplendor.
Construidas en el siglo III (211-217 d.C.) por el emperador romano que les da nombre, estas antiguas termas son en la actualidad un conjunto de ruinas que a simple vista solo dan una idea del grado de belleza que alcanzaron cuando aún corría el agua en su interior.
Sin embargo, gracias a un proyecto de realidad virtual presentado hoy, ahora los restos arqueológicos cobran vida a través de un visor que permite al espectador un viaje al pasado y un paseo por sus escultóricas instalaciones.
Recorriendo sus marmóreos pasillos, quien acuda a las Termas de Caracalla para disfrutar de esta experiencia puede incluso encontrarse con el mismísimo Séneca, asiduo visitante de este lugar a faldas del monte Aventino.
Colores, formas y materiales originales se presentan con todo lujo de detalles sobre los impresionantes mosaicos con teselas en blanco y negro que antaño cubrieron los pavimentos del "Apodyterium" (vestuario) o las baldosas rojas y verdes del gimnasio.
Entre las diez estancias recreadas con esta tecnología tridimensional, es posible pasear bajo los techos abovedados o los pórticos que delimitaban los baños y cuyos capiteles y grabados parecen cobrar vida con esta tecnología.
El recorrido comienza con una introducción sobre la figura, las campañas militares y las políticas del emperador Caracalla (188-217 d.C), de la dinastía de los Severos, y posteriormente inicia la visita por las termas, de las que cada día disfrutaban entre seis mil y ocho mil personas.
En el "frigidarium", lugar en el que los romanos se zambullían en gélidas aguas, se topará asimismo el visitante con una reproducción de la gran estatua del "Toro Farnesere", famosa y majestuosa escultura de mármol que hoy alberga el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (sur).
Y también podrá adentrarse por los varios kilómetros de galerías y recovecos que recorrían el suelo de las termas para calentar sus ambientes.
Con una perspectiva que cubre todo el espacio visual, las gafas logran envolver entre las cristalinas aguas de la piscina al visitante, antes de despedirle de un complejo arquitectónico que incluía entre sus espacios sauna, sala de masajes y espacios destinados a los baños calientes.
Más allá de centro para el cuidado del cuerpo, estas termas imperiales fueron también lugar de estudio y reunión, siguiendo aquel precepto clásico de la "mens sana in corpore sano" (mente sana en un cuerpo sano).
De ahí que a través del visor, las ruinas den paso a las dos bibliotecas que el lugar atesoraba en su interior, una griega y otra latina.
En la presentación de este recorrido virtual, el superintendente del área arqueológica de Roma, Francesco Prosperetti, destacó que el proyecto permite una confrontación continua entre la realidad física y la realidad virtual.
Un instrumento que a su juicio "enriquece la visita" y demuestra "la grandeza arquitectónica" de un lugar que, con el paso de los siglos, fue saqueado y algunas de sus partes acabaron en otros edificios de la capital del Tíber, como las columnas de sus bibliotecas, ahora en la basílica de Santa María de Trastevere.
En definitiva las gafas "ofrecen la impresión de estar dentro" de este lugar, a pocos pasos del Circo Máximo o del Coliseo y del que quedan solo ruinosos vestigios.
Prosperetti subrayó la facilidad de uso de la herramienta tecnológica, de la que valoró su aplicación "en términos de comprensión del mundo antiguo".
La iniciativa, denominada "Caracalla IV Dimensione" ("Caracalla 4ª Dimensión), es fruto de una meticulosa investigación arqueológica por parte de la asociación Coopculture, promotora del proyecto, en colaboración con la Superintendencia de Roma y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Por Mónica Bilbao
¿Por qué ir a misa?
¿No está Dios en todas partes? ¿Qué sentido tienen la misa y los sacramentos? En uno de sus textos escrito en vísperas del Concilio Vaticano II, y que ahora se publica revisado, Joseph Ratzinger profundiza y esclarece estas y otras cuestiones de modo instructivo (cf. Obras completas, VII/1, Sobre la enseñanza del Concilio Vaticano II, pp. 3-13).
Durante los últimos siglos, en las iglesias católicas el altar se situaba al fondo del templo, como presidiendo la sala donde está el trono de Dios. Como consecuencia de que los protestantes lo negaran, se acentuaba la presencia real de Jesús en la sagrada hostia.
No existía, hasta san Pío X, la posibilidad de la comunión frecuente y se tenía la idea de que cada vez que se recibía la comunión había que confesarse (hoy hemos pasado al polo opuesto: acudir con demasiada ligereza a la comunión, quizá sin examinar nuestra conciencia por si encontramos algún pecado grave del que es necesario confesarse).
Qué es la Eucaristía
1. Para comprender qué es la Eucaristía, señala el ahora Papa emérito que, siendo importante la presencia real de Dios en la sagrada hostia y la adoración, sin embargo, lo que Jesús deseaba primero es ser recibido por nosotros en la comunión. Él quiere ser para nosotros sobre todo un alimento.
“El pan santo no es en primer término para contemplar, sino para comer. Es decir: Él se quedó allí no solo para ser adorado, sino sobre todo para ser recibido”.
Y añade, más que los sagrarios de piedra a Cristo le importaban los sagrarios vivos que hemos de ser los cristianos, que Dios necesita en medio del mundo, para que le llevemos con valentía su Espíritu de verdad y de justicia. Por eso el altar –donde se actualiza el sacrificio de la cruz y Cristo se nos ofrece como alimento– tiene preeminencia respecto del sagrario, que es consecuencia de la misa.
San Agustín interpretó que la comunión eucarística no es un alimento que se convierte en nosotros sino al revés. Es alimento que nos transforma en el cuerpo de Cristo.En consecuencia:
“El sentido primario de la comunión no es el encuentro del individuo con su Dios –para lo cual habría también otras vías–, sino que su sentido es, justamente, la fusión de los individuos entre sí a través de Cristo. La comunión es, según su esencia, el sacramento de la fraternidad cristiana”. De ahí que comulgar nos exige vivir la fraternidad y la caridad.
Consecuencias para la piedad eucarística
2. ¿Qué consecuencias tiene esto para la piedad eucarística? La facilidad que hoy tenemos para comulgar con frecuencia debe llevarnos a una piedad eucarística en relación con lo que realmente es la Eucaristía: la unión con Cristo y, en Él, con todos nuestros hermanos. De ahí deduce Ratzinger algunos puntos concretos:
a) El sentido de la misa es en primer lugar el encuentro personal con el tú de Dios(Padre); pero también el encuentro con la comunidad de los cristianos con los que podemos rezar “Padre nuestro” porque somos hermanos de Cristo y como consecuencia entre nosotros.
b) Por eso no hay misas “privadas” en sentido estricto, pues en toda misa celebra la Iglesia entera, también la que está en el cielo y en el purgatorio.
c) También por eso la comunión es más que un encuentro “privado” con Dios: es la unión común con Cristo y con nuestros hermanos. Por ese motivo la comunión (excepto para los enfermos ausentes, a los que se les puede llevar la comunión) tiene pleno sentido dentro de la misa, que es celebración de la comunidad cristiana.
d) “La comunión no es un premio para los especialmente virtuosos (¿cómo podría recibírsela, sin ser un fariseo?), sino el pan de los peregrinos”. Esto nos evoca la insistencia del papa Francisco actualmente: “La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (Evangelii gaudium, n. 47). Lo cual no quita que haya que confesarse ante la conciencia de pecado grave, pero no es necesario hacerlo en los demás casos: pecado venial, negligencias, faltas, etc.
La Eucaristía, afirma Ratzinger, es nuestro sí a la Iglesia como cuerpo de Cristo, que nos permite salir de lo meramente terreno para unirnos a lo divino y eterno. De ahí que, en último término ser cristiano es poder comulgar. Por eso lo normalsería que comulgásemos al menos los domingos, y eso nos daría una luz para nuestra vida cotidiana.
La necesidad de los sacramentos
3. Finalmente, de aquí surge una mejor comprensión sobre el sentido de los sacramentos en general. Dice Ratzinger que el hombre de hoy “a menudo no comprende bien por qué tiene que acudir a misa en la iglesia”. Si no quiere ser arreligioso, cree que tiene relación con Dios y no necesita para la nada de los sacramentos y de la Iglesia. ¿Acaso no está Dios en todas partes? ¿No será mejor encontrar al Creador en su naturaleza –en la magnífica catedral del bosque con su regia libertad– que en el aburrido recinto de la Iglesia, en la multitud cansada y sentimental que va a la iglesia?
He aquí la respuesta lúcida de Joseph Ratzinger: “”Realmente, quien solo vea en la eucaristía la presencia de Dios no podrá dar una verdadera respuesta a esas preguntas. (…) En la eucaristía no está presente solamente Dios, sino el hombre Jesucristo, es decir, el Dios que se hizo hermano nuestro, de los hombres. Y, por eso, la eucaristía como conjunto no sirve solamente para un encuentro con Dios, sino para la unión de los hombres desde Dios en la fe única y en la comunidad única del cuerpo de Cristo”.
De ahí deduce que los sacramentos tienen tres dimensiones:
Primero, son garantía de la auténtica respuesta de Dios a la religión; pues ésta no es un soliloquio del hombre con Dios sino el encuentro con Dios que enCristo ha entrado en nuestra historia, haciéndose hermano nuestro. Con ello, “la religión adquiere su seriedad vinculante, su dignidad y grandeza, sin las cuales seguiría siendo un entusiasmo sin compromiso”.
Segundo, los sacramentos son garantía de que la religión responde a la dimensión corporal del hombre. Una religión del sentimiento privado, puramente espiritual, no responde a la vida del ser humano. En los sacramentos se recurre a los elementos de la tierra, pan y vino, fruto de la tierra y del trabajo humanos, que son elevados de modo que nos hacen vislumbrar un mundo nuevo y vivir participando de la vida divina.
Tercero, los sacramentos son remedio contra el individualismo, porque nos reúnen en la comunidad que da gloria a Dios, y que se abre a la paz del reino eterno. “Este es realmente –sostiene Ratzinger– el sentido más profundo de la eucaristía: que la humanidad dispersa y herida sea reunida en la unidad del único Señor Jesucristo, el único que es su vida verdadera”.
En definitiva, podríamos concluir nosotros: ¿por qué y para qué ir a la iglesia, ir a la misa del domingo? Pues porque allí nos encontramos no solamente con Dios en un sentido genérico, sino concretamente con Jesús, nuestro salvador y redentor, que nos une a los cristianos en su familia, para hacernos capaces de ser mejores, de ser más felices, de llevar la vida verdadera a nuestras familias, a nuestros amigos, al mundo: la vida que procede del Dios uno y trino que en Cristo se nos da.
El neo-arameo occidental, hablado en algunas aldeas de Siria, es considerado el lenguaje más cercano al que Jesús usó hace dos mil años. Ese antiguo lenguaje, que nos ha llegado, ahora corre el riesgo de perderse. Por muchas razones ...
"El arameo está en peligro", dice a la Agencia Francia Presse, George Zaarour, uno de los últimos expertos en siria del lenguaje que alguna vez usó también Cristo, así como muchos otros judíos en el momento del Segundo Templo ( 539 aC - 70 dC). El hebreo en ese momento estaba mayormente reservado para la liturgia, o la prerrogativa de la élite y el mundo académico.
Una vista panorámica del pueblo sirio de Maaloula, un cofre del tesoro arameo. (foto Shutterstock.com)
Se cree ampliamente que el idioma de Jesús se sigue hablando hoy, en forma tardía y local, en Siria. Indicado como neo-arameo occidental, el idioma está más que nunca amenazado de extinción. "Si esto continúa, el idioma desaparecerá dentro de cinco o diez años", advierte Zaarour, quien vive en Maaloula, a unos sesenta kilómetros al norte de la capital siria.
En esta aldea predominantemente cristiana en la región de Damasco, los pronósticos son sombríos. En la actualidad, "el 80 por ciento de los habitantes de Maaloula no hablan arameo y el 20 por ciento restante tiene más de 60", lamentó George Zaarour, un joven de sesenta años, autor de unos treinta libros y supervisor de varias tesis doctorales sobre este tema. Lengua semítica antigua.
La guerra civil y el exilio, desde 2011, se han justificado para transmitir el lenguaje a las generaciones más jóvenes. Todos los más de 6,000 habitantes que vivían en Maaloula, según informa la agencia France Presse Agency, se fueron durante el conflicto y solo 2,000 regresaron. Los otros encontraron refugio en Damasco o sus alrededores, o huyeron al extranjero. Una primera consecuencia directa es que "las generaciones de estos años de guerra nacieron fuera de Maaloula, en Damasco o en otras regiones, donde aprendieron árabe", observa Zaarour.
No hay reemplazos
En el único jardín de infantes de la aldea, la cantidad de niños pasó de 100 en 2010 a menos de 30 en 2019. Para garantizar la supervivencia del idioma, ahora los niños asisten a una lección de arameo por día, pero los maestros son cada vez más escasos . A la edad de 64 años, la profesora de la aldea, Antoinette Mokh, explica: "No puedo renunciar a mi trabajo y retirarme porque no habrá reemplazo".
El alcalde de la aldea de 80 años de edad se conmueve: "Durante más de 2,000 años, hemos llevado el lenguaje de Jesucristo a nuestros corazones. Fuimos los últimos en la Tierra en dominarlo. Hay profesores jóvenes que intentan aprender el idioma, pero el Sr. Zaarour sigue siendo el único que tiene un conocimiento profundo de ello ». En 2006, el académico contribuyó a crear un centro para la enseñanza de arameo en Maaloula. Luego vino la guerra y las puertas del centro quedaron cerradas.
El fin del aislamiento
Hoy, Maaloula comparte su frágil patrimonio lingüístico con otras dos aldeas cercanas: Bakhah y Jubb'adin, en las laderas de las montañas Qalamoun en el oeste de Siria, cerca de la frontera con el Líbano.
Hasta ahora es gracias a su posición geográfica que estas aldeas, aisladas de las grandes ciudades, han podido preservar el idioma arameo occidental. Además de las guerras y la emigración, el desarrollo de nuevos caminos y medios de transporte, televisión, teléfonos móviles y, a veces, cuestiones políticas, ha favorecido (y aún más hoy) el surgimiento de los árabes, contribuyendo al debilitamiento del neo-arameo occidental.
No son solo las palabras las que vuelan con este lenguaje camito-semítico, el término se refiere a Cam y Sem, hijos de Noah, sino también a toda una cultura, una memoria, una forma de pensar, cuyas huellas están más escritas. La expansión del arameo, cuyo nombre deriva de Aram, el quinto hijo de Sem (ver Génesis cap. 10, v. 22), que dará su nombre al territorio central de la actual Siria, se aceleró cuando se convirtió en el idioma oficial de Imperios asirios, babilonios y persas. Incluso las grandes deportaciones de los arameos bajo los imperios neosasio y neobabilónico (el ejemplo más famoso del exilio de los judíos en Babilonia) han contribuido en gran medida a la difusión de la lengua.
Hoy en día hay tres grupos lingüísticos arameos que aún se hablan: el neo-arameo occidental de Maaloula; el neo-arameo oriental (asirio), una lengua viva en el norte de Irak y utilizada hoy por las comunidades étnicas y cristianas asirias-caldeas-sirias de Irak, Irán, Siria y el sureste de Turquía; por último, el neo-arameo central, generalizado en Turquía, en el noreste de Siria y en la diáspora.
terrasanta.net
San Máximo de Turín explicado por Benedicto XVI
"LA FE NO ALEJA DE LAS CUESTIONES TEMPORALES"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 31 octubre 2007 (VIS).
Máximo fue obispo de Turín (Italia) desde 398, cuando la ciudad, amenazada por grupos dispersos de bárbaros que llegaban hasta los Alpes occidentales, estaba protegida por guarniciones militares y era el refugio de las poblaciones que huían de las zonas rurales.
Frente a este estado de cosas las intervenciones de Máximo, autor de unos noventa sermones, dijo el Papa, "atestiguan su empeño para reaccionar al deterioro de la convivencia y a la disgregación".
El obispo apostrofa además a sus fieles cuando utilizan los infortunios de los demás en beneficio propio, predicando "una relación profunda entre los deberes del cristiano y los del ciudadano y, "junto al amor tradicional por la ciudad patria proclama también el deber preciso de hacer frente a las obligaciones fiscales".
El análisis histórico y literario de la figura de Máximo de Turín, explicó Benedicto XVI, "demuestra una toma de conciencia cada vez más creciente de la responsabilidad política de la autoridad eclesial, en un contexto donde ésta sustituía cada vez más a la civil".
"Es evidente que el contexto histórico, cultural y social es profundamente diverso en nuestra época -observó el Papa-. En cualquier caso, (...) son siempre válidos los deberes del creyente con su ciudad y su patria. El lazo de las obligaciones del "ciudadano honrado" con el de "buen cristiano" sigue vigente".
El Santo Padre citó la constitución pastoral del Concilio Vaticano II "Gaudium et spes", cuyo objetivo era "iluminar uno de los aspectos más importantes de la unidad de vida del cristiano: la coherencia entre fe y vida, entre Evangelio y cultura".
El Concilio Vaticano II, concluyó, "exhorta a los fieles a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico.
Se equivocan aquellos que, sabiendo que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas según la vocación personal de cada uno".
¿Por qué ir a misa?
¿No está Dios en todas partes? ¿Qué sentido tienen la misa y los sacramentos? En uno de sus textos escrito en vísperas del Concilio Vaticano II, y que ahora se publica revisado, Joseph Ratzinger profundiza y esclarece estas y otras cuestiones de modo instructivo (cf. Obras completas, VII/1, Sobre la enseñanza del Concilio Vaticano II, pp. 3-13).
Durante los últimos siglos, en las iglesias católicas el altar se situaba al fondo del templo, como presidiendo la sala donde está el trono de Dios. Como consecuencia de que los protestantes lo negaran, se acentuaba la presencia real de Jesús en la sagrada hostia. No existía, hasta san Pío X, la posibilidad de la comunión frecuente y se tenía la idea de que cada vez que se recibía la comunión había que confesarse (hoy hemos pasado al polo opuesto: acudir con demasiada ligereza a la comunión, quizá sin examinar nuestra conciencia por si encontramos algún pecado grave del que es necesario confesarse).
Qué es la Eucaristía
1. Para comprender qué es la Eucaristía, señala el ahora Papa emérito que, siendo importante la presencia real de Dios en la sagrada hostia y la adoración, sin embargo, lo que Jesús deseaba primero es ser recibido por nosotros en la comunión. Él quiere ser para nosotros sobre todo un alimento. “El pan santo no es en primer término para contemplar, sino para comer. Es decir: Él se quedó allí no solo para ser adorado, sino sobre todo para ser recibido”. Y añade, más que los sagrarios de piedra a Cristo le importaban los sagrarios vivos que hemos de ser los cristianos, que Dios necesita en medio del mundo, para que le llevemos con valentía su Espíritu de verdad y de justicia. Por eso el altar –donde se actualiza el sacrificio de la cruz y Cristo se nos ofrece como alimento– tiene preeminencia respecto del sagrario, que es consecuencia de la misa.
San Agustín interpretó que la comunión eucarística no es un alimento que se convierte en nosotros sino al revés. Es alimento que nos transforma en el cuerpo de Cristo.En consecuencia: “El sentido primario de la comunión no es el encuentro del individuo con su Dios –para lo cual habría también otras vías–, sino que su sentido es, justamente, la fusión de los individuos entre sí a través de Cristo. La comunión es, según su esencia, el sacramento de la fraternidad cristiana”. De ahí que comulgar nos exige vivir la fraternidad y la caridad.
Consecuencias para la piedad eucarística
2. ¿Qué consecuencias tiene esto para la piedad eucarística? La facilidad que hoy tenemos para comulgar con frecuencia debe llevarnos a una piedad eucarística en relación con lo que realmente es la Eucaristía: la unión con Cristo y, en Él, con todos nuestros hermanos. De ahí deduce Ratzinger algunos puntos concretos:
a) El sentido de la misa es en primer lugar el encuentro personal con el tú de Dios(Padre); pero también el encuentro con la comunidad de los cristianos con los que podemos rezar “Padre nuestro” porque somos hermanos de Cristo y como consecuencia entre nosotros.
b) Por eso no hay misas “privadas” en sentido estricto, pues en toda misa celebra la Iglesia entera, también la que está en el cielo y en el purgatorio.
c) También por eso la comunión es más que un encuentro “privado” con Dios: es la unión común con Cristo y con nuestros hermanos. Por ese motivo la comunión (excepto para los enfermos ausentes, a los que se les puede llevar la comunión) tiene pleno sentido dentro de la misa, que es celebración de la comunidad cristiana.
d) “La comunión no es un premio para los especialmente virtuosos (¿cómo podría recibírsela, sin ser un fariseo?), sino el pan de los peregrinos”. Esto nos evoca la insistencia del papa Francisco actualmente: “La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (Evangelii gaudium, n. 47). Lo cual no quita que haya que confesarse ante la conciencia de pecado grave, pero no es necesario hacerlo en los demás casos: pecado venial, negligencias, faltas, etc.
La Eucaristía, afirma Ratzinger, es nuestro sí a la Iglesia como cuerpo de Cristo, que nos permite salir de lo meramente terreno para unirnos a lo divino y eterno. De ahí que, en último término ser cristiano es poder comulgar. Por eso lo normalsería que comulgásemos al menos los domingos, y eso nos daría una luz para nuestra vida cotidiana.
La necesidad de los sacramentos
3. Finalmente, de aquí surge una mejor comprensión sobre el sentido de los sacramentos en general. Dice Ratzinger que el hombre de hoy “a menudo no comprende bien por qué tiene que acudir a misa en la iglesia”. Si no quiere ser arreligioso, cree que tiene relación con Dios y no necesita para la nada de los sacramentos y de la Iglesia. ¿Acaso no está Dios en todas partes? ¿No será mejor encontrar al Creador en su naturaleza –en la magnífica catedral del bosque con su regia libertad– que en el aburrido recinto de la Iglesia, en la multitud cansada y sentimental que va a la iglesia?
He aquí la respuesta lúcida de Joseph Ratzinger: “”Realmente, quien solo vea en la eucaristía la presencia de Dios no podrá dar una verdadera respuesta a esas preguntas. (…) En la eucaristía no está presente solamente Dios, sino el hombre Jesucristo, es decir, el Dios que se hizo hermano nuestro, de los hombres. Y, por eso, la eucaristía como conjunto no sirve solamente para un encuentro con Dios, sino para la unión de los hombres desde Dios en la fe única y en la comunidad única del cuerpo de Cristo”.
De ahí deduce que los sacramentos tienen tres dimensiones:
Primero, son garantía de la auténtica respuesta de Dios a la religión; pues ésta no es un soliloquio del hombre con Dios sino el encuentro con Dios que enCristo ha entrado en nuestra historia, haciéndose hermano nuestro. Con ello, “la religión adquiere su seriedad vinculante, su dignidad y grandeza, sin las cuales seguiría siendo un entusiasmo sin compromiso”.
Segundo, los sacramentos son garantía de que la religión responde a la dimensión corporal del hombre. Una religión del sentimiento privado, puramente espiritual, no responde a la vida del ser humano. En los sacramentos se recurre a los elementos de la tierra, pan y vino, fruto de la tierra y del trabajo humanos, que son elevados de modo que nos hacen vislumbrar un mundo nuevo y vivir participando de la vida divina.
Tercero, los sacramentos son remedio contra el individualismo, porque nos reúnen en la comunidad que da gloria a Dios, y que se abre a la paz del reino eterno. “Este es realmente –sostiene Ratzinger– el sentido más profundo de la eucaristía: que la humanidad dispersa y herida sea reunida en la unidad del único Señor Jesucristo, el único que es su vida verdadera”.
En definitiva, podríamos concluir nosotros: ¿por qué y para qué ir a la iglesia, ir a la misa del domingo? Pues porque allí nos encontramos no solamente con Dios en un sentido genérico, sino concretamente con Jesús, nuestro salvador y redentor, que nos une a los cristianos en su familia, para hacernos capaces de ser mejores, de ser más felices, de llevar la vida verdadera a nuestras familias, a nuestros amigos, al mundo: la vida que procede del Dios uno y trino que en Cristo se nos da.
Abre un nuevo centro de visitantes en Cesarea Maritima, antigua ciudad gobernada por Herodes
El pasado 1 de junio se inauguró un nuevo espacio en Cesarea Maritima (Israel) para presentar a los visitantes la historia de lo que fue la capital de Judea y la figura del rey Herodes el Grande, quien la quería espléndida.
"Hace dos mil años, el Rey Herodes (el Grande) estuvo aquí y vio crecer la ciudad de Cesarea ante sus ojos", dijo el presidente israelí con un hilo de lirismo la noche del 29 de mayo.Reuven Rivlin inauguró oficialmente el nuevo centro turístico del Parque Nacional Cesarea Maritima, el sitio costero a medio camino entre Tel Aviv y Haifa, que en los últimos cinco años ha sido objeto de extensos trabajos de conservación y restauración.
La inauguración tuvo lugar en presencia de la baronesa Ariane de Rothschild, quien representó a la Fundación Edmond de Rothschild.El nuevo centro, que costó 80 millones de shekels (casi 20 millones de euros), se construyó, afirma The Times of Israel , con fondos para una donación de 150 millones de shekels(37 millones de euros) otorgados por la fundación filantrópica en el marco de colaboración con la Autoridad Israelí para las Antigüedades, la Autoridad Israelí para Parques y Naturaleza y la Sociedad de Desarrollo de Cesarea.
El proyecto general incluyó la restauración de una antigua sinagoga y un acueducto, así como la construcción de un paseo en las murallas construidas por los cruzados.
Después de cinco años de trabajos de excavación y restauración, el centro se abrió al público el pasado 1 de junio.Se levanta sobre las ruinas reconstruidas de cuatro cuartos abovedados (de un complejo que incluía 14) de 7.5 metros de alto por 5 metros de ancho y una profundidad de 21. Los cuartos abovedados se usaron originalmente como almacenes de bienes o viviendas para Marineros en el muelle del puerto que data del siglo I aC.
Para no distorsionar la arquitectura antigua, "los arqueólogos y curadores han tenido que encontrar un delicado equilibrio en la reconstrucción del sitio, para ofrecer a los visitantes una verdadera muestra de la grandeza del lugar", escribe The Times of Israel .Durante el trabajo, los arqueólogos descubrieron que las bóvedas ya se habían derrumbado en el pasado, para ser reconstruidas en la era bizantina.
Cara a cara con Herodes
La idea del centro de visitantes es centrarse en la historia de la construcción monumental de Cesarea bajo Herodes el Grande y arrojar luz sobre la vida de este monarca que gobernó Judea del año 37 al 4 aC y que es famoso por sus grandes edificios (el segundo Templo de Jerusalén y fortalezas como Herodion, Masada y Machaerus).Ahora, los visitantes de Cesarea podrán conocer personalmente a su audaz, compleja y contradictoria figura, presentada de una manera sin precedentes.
Todo esto gracias a la creación de Breeze Creative , una agencia estadounidense especializada en el diseño y construcción de museos y centros de visitantes.En el corazón de la exposición se encuentra una película de 10 minutos sobre la figura del rey Herodes (su visión, sus intrigas, sus pasiones, su crueldad).Un camino multimedia conduce de una habitación a otra, explicando e ilustrando la historia de la ciudad mediterránea y su actividad portuaria.En ambos lados, los arqueólogos exponen numerosos artefactos en el sitio.
Durante el trabajo de excavación, reaparecieron tres tesoros: un piso de mosaico romano que data del siglo II o III (período romano);un mosaico del siglo quinto (período bizantino) con una inscripción griega: "El que sabe todo es Oseas y es bendecido";una horda de monedas de oro de finales del siglo XI y un arete de 900 años de antigüedad, refiriéndose a la conquista de la ciudad por los cruzados en 1101.
Cesarea fue construida en un puerto conocido como la Torre de Straton en el período persa (entre 586 aC y 332 aC).El primer emperador romano Octavio Augusto, el hijo adoptivo de Julio César, donó el pueblo de la Torre de Stratón a Herodes en 29 a.C. como recompensa por haber tomado partido con él después de la batalla naval de Actium (en la costa oeste de Grecia).La ciudad recibió un nuevo nombre en honor al emperador.
Capital de Cesarea
"Es allí, informa el historiador judío Flavio Josefo, que se construyó una ciudad con un plan y una elegancia notables.Los palacios no solo fueron suntuosamente construidos en mármol blanco, sino que las casas privadas también fueron muy buscadas "( Antigüedades judías , XV, 13).Un enorme mercado, un hipódromo, un anfiteatro y un teatro vinieron para agregar esplendor a Cesarea, que se abasteció con agua traída aquí desde las laderas del sur del Monte Carmelo con un acueducto.En la cima de su desarrollo, la ciudad pudo albergar hasta 100 mil habitantes.
Herodes, consciente del desarrollo del comercio entre Roma y el Este, y de la fragilidad de los dos pequeños puertos de Jaffa y Dor, quería convertir su ciudad en una encrucijada comercial.Cesarea, la nueva capital de Judá, se convirtió en el primer puerto marítimo artificial en el Medio Oriente y fue uno de los proyectos de ingeniería civil más grandes de la época.
Vista aerea de Cesarea Marítima
Herodes hundió cajones prefabricados, que se llenaron con arena de las olas y se fijaron como cemento debajo del agua para sostener el muelle."La extensión de este muelle fue de 200 pies.Un lado se usó para romper la violencia de las olas: el otro lado llevaba un bastión adornado con torres ", escribió Flavio Giuseppe ( Antigüedades judías , XV, 13).
En el centro de la ciudad, Herodes construyó un templo en honor de Augusto.El edificio, imponente con sus columnas de al menos 27 metros de altura, descansaba sobre las famosas habitaciones abovedadas, cuatro de las cuales ahora se utilizan para el nuevo centro de visitantes."En una colina frente a la entrada del puerto estaba el templo de César, testifica Flavio Giuseppe en su Guerra judía , de extraordinaria belleza y grandeza.Contenía una colosal estatua de Augusto, no menos magnífica que la estatua de Zeus en Olimpia, de la que era una copia.También había una estatua de Roma, que coincidía con la belleza de la Era de Argos "( Guerra Judía , I, 414).
Un recuerdo de Poncio Pilato.
Las primeras excavaciones de las ruinas comenzaron en 1873, con el Fondo de Exploración Palestino .En 1961, entre los niveles del teatro, fue encontrado por arqueólogos italianos (encabezados por Antonio Frova) una placa con una inscripción latina que menciona al prefecto de Judea, Poncio Pilato, precisamente el que jugó un papel importante en la sentencia de muerte y la crucifixión de Jesús, según los relatos del evangelio.La lápida, ahora conservada en el Museo de Israel en Jerusalén, es la primera confirmación arqueológica de la existencia histórica del gobernador romano.
Hoy en día, Cesarea, que abarca más de 120 hectáreas e incluye una playa, es el parque nacional más popular de Israel: en 2018 los visitantes fueron 1,006,115, atraídos no solo por los restos herodianos o anteriores, sino también por las ruinas romanas, bizantinos y de las Cruzadas.Citado por The Times of Israel , Michael Karsenti, director general de Caesarea Development Society, dijo que el sitio espera duplicar visitantes en los próximos seis años, para alcanzar la cifra de dos millones para 2025.
Los arqueólogos están excavando cuatro habitaciones más a la vez, pero aún no se ha decidido cuál será su uso futuro.
Arqueólogos descubren ruinas de iglesia cristiana primitiva en Egipto
El descubrimiento fue realizado por investigadores polacos en excavaciones cerca de la ciudad de Alejandría.
EGIPTO. – Arqueólogos polacos descubrieron una iglesia del IV siglo en Egipto, que de acuerdo con ellos, puede ser una de las iglesias cristianas más antiguas del país. Las ruinas de la iglesia fueron descubiertas en el antiguo puerto de Marea, cerca de la ciudad Alejandría.
Marea era una bulliciosa ciudad portuaria en el Lago Maeortis, ahora conocida com Mariout y “sirvió como el puerto de Alejandría para barcos que navegaban en el Nilo".
Era una comunidad urbana muy rica, de acuerdo con las fuentes sobrevivientes, de período helenístico hasta la era bizantina. La ciudad entró en decadencia después de la conquista árabe de Egipto y fue gravemente dañada por un terremoto y más tarde fue abandonada.
Un equipo del Centro de Arqueología Mediterránea de la Universidad de Varsovia, viene realizando investigaciones en el lugar desde el 2000, incluyendo trabajos de excavación y conservación.
Los expertos continúan investigando el sitio arqueológico para obtener más información sobre la naturaleza de las primeras iglesias y esto puede traer conocimiento sobre la comunidad cristiana primitiva en Egipto.
Cristianismo en Egipto
Los descubrimientos más interesantes del equipo en Marea hasta ahora incluyen una basílica, una capilla funeraria y las mayores colecciones de fragmentos cerámicos (“ostracas" para los arqueólogos) descubiertas en Egipto.
En la basílica que funcionó del siglo 5 al siglo 8, los arqueólogos descubrieron remanentes muy antiguos.
“Al final de la última temporada de la investigación, debajo del piso de la basílica, encontramos los restos de una pared, que revelaron ser las paredes externas de una iglesia aún más antigua”, dijo el Dr. Krzysztof Babraj, del Museo de Arqueología de Cracovia, quien lideró la investigación sobre la basílica.
“Este es uno de los más antiguos templos cristianos descubiertos en Egipto hasta ahora”, agregó.
Terremoto
La iglesia más vieja está debajo de la basílica, que fue destruida por un terremoto que devastó Marea en el octavo siglo después de Cristo. La forma de sus paredes de cal, junto con fragmentos de cerámica y vidrio encontrados dentro de las ruinas, indican que la iglesia se remonta a mediados del siglo IV.
Las ruinas miden 24 por 15 metros, la iglesia fue decorada con azulejos policromos, de los cuales pocos quedaron. Los arqueólogos están recogiendo lo que queda de ellos, esparcidos en miles de fragmentos. Todas las tejas fueron destruidas durante el terremoto y están en fragmentos.
La iglesia más antigua tenía paredes de piedra caliza que estaban llenas de detritos y piedras. El equipo logró datar el edificio debido a los fragmentos de cerámica u ostraca encontrados en las ruinas.
Los muros exteriores de la iglesia fueron identificados y fueron construidos en forma de una cruz, típica de las casas de culto cristianas, desde los tiempos antiguos hasta hoy. Cuando la Iglesia más grande fue destruida, el lugar de culto más antiguo fue completamente enterrado por albañiles y pilares, quedando perdida en la historia hasta ser revelada ahora por el equipo de investigación.
“Nuestro descubrimiento también es importante porque básicamente no conocemos ningún remanente de iglesias de la metrópolis vecina de Alejandría. Ahora sabemos cómo pueden parecer, y es por eso que es tan importante continuar nuestra investigación que acabamos de empezar en la vieja iglesia”, dijo Babraj, explicando el significado del descubrimiento.
La más antigua iglesia cristiana en Egipto que todavía está en uso, es la famosa Iglesia Colgante en El Cairo, que data de los años 690 d.C.
A 50 metros de la casa donde vive Pringantha Jayakody, un terrorista suicida asesinó a 150 personas.
Entre los asistentes a la Misa de Pascua en la parroquia de Saint Sebastian de Negombo, en Sri Lanka, donde ocurrió la masacre estaban su mujer y su hijo.
PRINGANTHA JAYAKODY
Marido de una víctima “Mi vecino me dijo que había visto a mi hijo andando. Estaba sangrando, con sangre en toda su ropa. Pero estaba andando. Así que dije ‘Gracias a Dios’, porque pensé que eso significaba que estaban vivos. Y pensé que mi mujer también estaba a salvo. Tal vez herida o algo así. Estuve esperando y esperando...”
Las heridas del hijo fueron leves, aunque le han dejado marcado. En cuanto a su mujer, al principió creyó que podría estar entre los cientos de heridos, dispersos por los hospitales. Tardó días en aceptar su muerte, semanas en contener las lágrimas y solo mes después pudo contar su experiencia y perdonar a los asesinos por una razón.
PRINGANTHA JAYAKODY
Marido de una víctima “Pese a todo, sigo diciendo que estamos orgullosos de ser católicos. Sin dudarlo. En mi situación, aún puedo decir que estoy orgulloso de ser católico.... Las víctimas dedicaron sus vidas, incluida mi mujer, dedicaron sus vidas a Dios, a nada más”.
El padre Shamir era uno de los concelebrantes el día de la matanza. Estaba exactamente aquí, junto al altar cuando le sorprendieron la explosión y los gritos de dolor de las víctimas.
P. SHAMIR
Parroquia de San Sebastián, Negombo (Sri Lanka) “Ha sido una experiencia terrible, muy triste. Para nuestro fieles, después de este ataque, la fe de la gente no ha disminuído, sino que ha salido fortalecida. Ahora vemos a la gente acudiendo a grandes encuentros, a los servicios religiosos, la Santa Misa, para recibir la Comunión. Y pienso que se ha producido un aumento del número de los fieles que vienen y participan en los servicios religiosos.”.
Las bombas de los terroristas han destrozado vidas y edificios, pero no han logrado reducir la fe.
Así lo ha comprobado el equipo internacional de Ayuda a la Iglesia que Sufre que ha visitado Sri Lanka para llevarles el apoyo y la solidaridad de toda la Iglesia. Según la fundación la ayuda inmediata ha sido rápida pero ahora es urgente reforzar la comunidad cristiana con proyectos de largo plazo para que logre recuperarse de este duro golpe.