Hamman, Adalbert G.
Palabra

El P. Hamman se cuestiona la forma de vida de los primeros cristianos.

¿Cómo vivían, viajaban, rezaban? ¿Qué método de apostolado empleaban? Con un estilo ameno - en el que abundan las anécdotas - apoyado siempre en datos históricos, nos lleva a descubrir hombres y mujeres inmersos en una vida que palpita con latidos fascinantes.

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San José visto por Benedicto XVI

Mirar al futuro con coraje y confianza como San José, alienta Benedicto XVI. No sigue el propio proyecto, sino que se confía totalmente en Dios.

Hace siete años, durante el Adviento de 2010, Benedicto XVI dedicaba su último Ángelus antes de la Navidad a glosar la figura de San José. En el día del Padre adoptivo de Jesús, reproducimos estas palabras del Santo Padre.

Mirar al futuro como San José con coraje y confianza

Al presidir el rezo del Ángelus dominical el 19 de Diciembre de 2010 en la Plaza de San Pedro, el Papa Benedicto XVI exhortó a los fieles en Navidad a mirar el futuro con coraje y confianza como San José, poniéndose totalmente en las manos de Dios.

En su reflexión previa al rezo de la oración mariana, el Papa se refirió a San José, a quien el Evangelio de Mateo de este cuarto domingo de Adviento presenta como “’hombre justo’, fiel a la ley de Dios, disponible a cumplir su voluntad”.

Por ello, José “entra en el misterio de la Encarnación luego que un ángel del Señor, se la apareciera en sueños y le anuncia: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu esposa. De hecho el niño que ha sido engendrado en ella viene del Espíritu Santo, ella dará a luz un niño que llamarás Jesús: que salvará a su pueblo de los pecados’".

 San José con el Niño

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Abandonada la idea de repudiar en secreto a María, él la toma consigo porque ahora sus ojos ven en ella la obra de Dios”.

San José, explica el Santo Padre, actúa como el ángel del Señor le ordena. Dándole el nombre de Jesús, señala, el Santo Custodio de la Familia de Nazaret “se coloca en la esfera de los servidores humildes y fieles, similar a los ángeles y los profetas, similar a los mártires y los apóstoles, como cantan antiguos himnos orientales”.

San José anuncia los prodigios del Señor, testimoniando la virginidad de María, la acción gratuita de Dios, y custodiando la vida terrenal del Mesías”.

Benedicto XVI dijo luego que “veneramos entonces al padre legal de Jesús, porque en él se perfila el hombre nuevo, que mira con confianza y coraje al futuro, no sigue el propio proyecto, sino que se confía totalmente a la infinita misericordia de Aquel que anuncian las profecías y abre el tiempo de salvación”.

Tras confiar al Santo Custodio a todos los sacerdotes de la Iglesia para que sean como él, entregados al Señor y reflejo de Cristo, el Papa hizo votos para que con la Virgen María, “en la Navidad ya próxima nuestros ojos se abran y vean a Jesús y el corazón se alegre de este admirable encuentro de amor”.

En su saludo en español, Benedicto XVI indicó que “en la proximidad de la Navidad, os invito a dirigir vuestra oración humilde y confiada al Niño Jesús, nacido de la Santísima Virgen, para que su luz oriente vuestras vidas y os llene de su amor y paz. Que impulsados por la docilidad de nuestra Madre del Cielo estemos siempre dispuestos a realizar en todo la voluntad del Señor, que nos llama y cuenta con cada uno de nosotros. Feliz domingo”.

 

Los recaditos del Papa bajo la estatua de San José

Francisco deja a los pies de una pequeña representación del santo sus peticiones de gracias: «Es un carpintero, trabaja bien, aunque a veces hace esperar…»

«El Santo Padre hace trabajar mucho a San José. La devoción por el padre putativo de Jesús se ha convertido en una devoción para todos los que giran alrededor de la residencia de Francisco, incluidos los guardias de la Guardia Suiza…». Bergoglio tiene una gran devoción por San José y justamente afuera de la habitación 201 de la Casa Santa Marta, en uno de los dos nichos de madera oscura con un pedestal de mármol, hay una estatua del santo a cuyos pies el Papa deja papelitos con peticiones de gracias escritas por él mismo. Cuando los papelitos se vuelven demasiados, porque «el Santo Padre hace trabajar mucho a San José», la estatua se levanta un poquito.

Hoy, primero de mayo, fiesta de San José trabajador, es el día adecuado para describir esta devoción que acompaña al Papa desde que era joven. La parroquia de Flores, el barrio en el que nació y creció Jorge Mario Bergoglio, está dedicada a San José; y en esta Iglesia dedicada al padre putativo de Jesús tuvo sus primeras experiencias de vida cristiana. Fue en esta parroquia, bajo la protección del santo, en donde el 21 de septiembre de 1953, con casi 17 años, Bergoglio encontró al padre Carlos B. Duarte Ibarra, con quien, después de haberle confesado sus pecados, descubre su vocación sacerdotal. El Pontificado de Francisco fue encomendado a la protección de San José, pues comenzó solemnemente el 19 de marzo de 2013.

«No nos olvidemos nunca –dijo durante la homilía en aquella ocasión– que el verdadero poder es el servicio y que incluso el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su fuente luminosa en la Cruz; debe ver el servicio humilde, concreto, rico de fe, de San José y, como él, debe abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de DIos y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, sobre todo a los más pobres, a los más débiles, a los más pequeños… ¡Solo quien sirve con amor sabe custodiar!».

El 5 de julio de 2013, el Papa consagró todo el Estado de la Ciudad del Vaticano a San José y a San Miguel Arcángel, a quienes el Gobernatorado ya había elegido como protectores.

La estatua de San José que se encuentra afuera de lahabitación de Francisco es de madera, mide unos 40 centímetros y representa al santo con vestidos color verde oscuro y rojo, adornos dorados, siguiendo el estilo de la iconografía hispanoamericana. José se encuentra acostado y está durmiendo. Una referencia evangélica: fue, efectivamente, durante un sueño cuando el padre putativo de Jesús recibió los mensajes del cielo primero sobre el embarazo de María (también en sueños escuchó el nombre que debía dar al niño) y después sobre los peligros que representaba Herodes, por lo que huyó con su familia a Egipto. Una estatua parecida acompañaba a Bergoglio en la habitación que ocupó durante 18 años en el Colegio Máximo de San Miguel, en donde fue rector y en donde vivió también como provincial de los jesuitas. El San José dormido que conservaba en la curia de Buenos Aires es una de las pocas cosas que el Papa mandó traer desde Argentina después de su elección; durante el viaje se la estatua se rompió (se separó la cabeza del cuerpo), pero Bergoglio la mandó reparar.

Bajo el pedestal deja papelitos con sus peticiones de gracias al santo. «Sabes –dijo a uno de sus colaboradores durante los primeros meses después de la elección–, con estos carpinteros hay que tener paciencia: te dicen que te hacen un mueble en dos semanas, y luego se tardan un mes. Pero te lo hacen, ¡y trabajan bien! Solamente hay que tener paciencia…»

La ternura, el silencio y el ocultamiento, la falta de protagonismo, la vocación para custodiar: estos son algunos de los elementos del santo protector de los trabajadores que aprecia Francisco. Por este motivo, aunque la estatua represente al carpintero de Nazaret mientras duerme, el Papa «lo hace trabajar mucho», pidiéndole ayuda.

vaticaninsider.lastampa.it

El archipiélago semiautónomo cuenta con una pequeña población cristiana, a pesar de ser predominantemente musulmán

El P. Damas Mfoi es un sacerdote católico que trabaja en el archipiélago semiautónomo de Zanzíbar, en la costa de Tanzania, concretamente en la isla principal de Unguja, desde el año 2010. Zanzíbar cuenta con una pequeña población cristiana a pesar de ser predominantemente musulmán. El sacerdote recuerda la época de terror que se vivió en el país, en una entrevista con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada.

En 2012 esta comunidad isleña, donde normalmente se vive en paz y armonía, fue testigo de una serie de atentados violentos contra líderes religiosos. Un clérigo musulmán fue atacado con ácido, un sacerdote católico sufrió heridas de bala el día de Navidad de 2012, y otro fue asesinado a tiros en febrero de 2013. En aquellos momentos se estuvieron distribuyendo panfletos que incitaban a la violencia, y algunos de ellos llevaban el sello del grupo islamista radical Uamsho. Sin embargo, todavía no se ha reivindicado la autoría de aquellos ataques.

Ataque contra el P. Ambrose

“Eran la Navidad de 2012 -detalla Mfoi- y teníamos pensado ir a cenar cuando nos enteramos de que habían disparado al P. Ambrose. Los líderes religiosos estaban en estado de shock y nosotros muy asustados. Nos apresuramos en ir al hospital, pero fuimos con precaución ya que en los panfletos se había anunciado el asesinato de los líderes de la Iglesia y la destrucción de templos”.

“Cuando llegamos, el P. Ambrose todavía sangraba y no podía hablar. Al día siguiente fue trasladado en avión a Dar es Salaam para un tratamiento posterior. Después de este capítulo, fue nuestra fe la que nos mantuvo aquí. Hubo gente de fuera del archipiélago que nos animaba a irnos, pero, como cristianos comprometidos con el Evangelio, desde el principio sabíamos que nuestra misión es sufrir y que nuestras vidas pueden verse amenazadas. Por tanto, la posibilidad de salir corriendo quedaba descartada”.

Intimidación contra musulmanes

“Se distribuyeron más panfletos en los que se intimidaba a los musulmanes para no permitir la venta de alcohol o la presencia de iglesias. Estos folletos eran anónimos, y aunque hoy sabemos quiénes estaban detrás de ellos, entonces no sabíamos lo que iba a pasar, y algunos opinaban que sólo eran amenazas vacías. Sin embargo, tres meses más tarde, volvió a ocurrir una tragedia cuya víctima fue el P. Evaristus Mushi”.

Un sacerdote asesinado

“Ocurrió un domingo a las siete y cuarto de la mañana: yo estaba celebrando la misa en una pequeña iglesia, cuando un vecino no católico entró corriendo y gritando: ‘¡Padre Damas, tengo algo que decirle!’, me dijo que el padre Mushi estaba muerto. Un hombre le disparó esa mañana cuando aparcaba frente a su iglesia. Después de su muerte yo me dediqué a dar la misa en las parroquias que le correspondían, ya que se tenía que seguir llevando a cabo la misión de Cristo.

Tras enterrarlo y darle nuestro último adiós, un grupo de mujeres se acercó a nuestra puerta llorando, yo les dije: ‘No lloréis, el P. Mushi está ahora en el cielo’. Entonces, una de ellas contestó: ‘Padre, no lloramos por el padre Mushi, sino por usted’, sabían que los agresores iban a seguirme por haber construido muchas iglesias.

Nunca abandonar la misión

“A la mañana siguiente me fui de las islas para regresar un mes después. Pensé para mis adentros: ‘De ninguna manera voy a abandonar nuestra misión. A Jesús no le gustaría vernos fracasar. Aquí todavía hay cristianos, ¿por qué iban a salir corriendo sus líderes?”

“A mi regreso me encontré con que la policía había establecido un puesto de mando dentro de mi recinto y durante los dos años siguientes, los agentes patrullaron la zona por la tensión que persistía. El Gobierno supo hacerse cargo de nosotros, pero ante todo sabíamos que Dios nos protegía. Cuando me ofrecieron un guardaespaldas, lo rechacé porque creo que la obra de Jesús no requiere una ametralladora, y porque Jesús prometió a su pueblo que estaría con nosotros hasta el fin del mundo”.

Otros ataques

“Pasaron seis o siete meses y por un momento pensamos que lo peor ya había pasado, aunque la vigilancia seguía siendo estricta. Sin embargo, en septiembre a un sacerdote le echaron ácido cuando salía de beber su café habitual. Sobrevivió al ataque, pero sufrió heridas graves”.

No podemos hacer como si no hubiera pasado nada de lo ocurrido, además que los atacantes podrían estar todavía activos y eso significa no estar completamente a salvo. Pero, a pesar de todos estos problemas, continuamos con nuestra labor interreligiosa. Hablamos con la gente de la comunidad y les decimos que Dios nos creó a todos y que nos dio la libertad de creer según nos enseñaron: a los musulmanes se les enseña sobre Mahoma, y a los cristianos se les enseña sobre Jesucristo. Todos deberíamos hacer todo lo posible por respetarnos y evitar mezclar la política con la religión”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Esta imagen de la Virgen con el niño sería la única escultura que habría realizado Leonardo

La bellísima escultura de terracota de La Virgen con el niño riendolleva más de 50 años expuesta públicamente a todo aquel que visite el Museo Victoria & Albert de Londres. Cada año pasan por él millones de visitantes que quedan impresionados con esta figura de 49 centímetros de altura y 14,2 kilogramos de peso.

La última novedad es que su autor no sería Antonio Rossellino, tal y como se creía hasta ahora sino Leonardo Da Vinci. La imagen de la Virgen con el pequeño Jesús risueño sería en este caso la única escultura que quedaría del polifacético artista.

La aportación del profesor Caglioti

Esto es lo que afirma uno de los mayores expertos en el Renacimiento, Francisco Caglioti, profesor de Historia en la Universidad Federico II de Nápoles. Durante años, se atribuyó a Rossellino, pero este experto aseguraba que no había una evidencia real para sugerir que la escultura era suya.

 

'La virgen con el niño riendo' que un experto atribuye a Leonardo Da Vinci

 

Ahora, tras un análisis pormenorizado, Caglioti afirma que la terracota de la Virgen María es obra de Leonardo y que “con total probabilidad” el genio florentino la esculpió cuando todavía era aprendiz en el taller de su maestro, Andrea del  Verrochio.

De este modo, se cree que pudo realizar esta obra cuando tenía apenas 19 o 20 años.

Los elementos que probarían la autoría de Leonardo

Caglioti asegura en una entrevista en La Repubblica que se basa a la hora de atribuir la autoría a Leonardo en “la ropa, las manos, el cabello y especialmente las sonrisas y el pequeño Jesús”.

 

Según explica este profesor, “hay mil detalles que disipan cualquier duda con respecto a la atribución” a Leonardo, como la sonrisa que pintó en personajes de otras obras o su técnica para representar el movimiento de telas.

“En las túnicas de la Virgen y el manto rojo del arcángel en La Anunciación de Leonardo, el movimiento de la tela es el mismo”, asevera el experto italiano.

 

https://carifilii.es

¿Qué nos pueden enseñar a nosotros ahora los primeros cristianos?

La editorial EUNSA acaba de publicar en su colección «Persona y cultura» la obra, La fe de los primeros cristianos del profesor emérito de la Universidad de Navarra, Domingo Ramos-Lissón, conocido especialista en temas de la Antigüedad cristiana. De este autor recordamos sus últimos libros: Compendio de Historia de la Iglesia Antigua, publicado por la misma editorial en el 2009, y la traducción de los Escritos sobre la virginidad de San Ambrosio de Milán, publicado por la editorial Ciudad Nueva en el 2011.

 


Ramos-Lissón, Domingo
Eunsa

Conviene anotar desde el principio que el lector no se va a encontrar en esta obra con planteamientos teoréticos sobre la fe cristiana, sino con testimonios de la vida de los primeros creyentes del Evangelio.

El presente volumen comienza con una presentación en la que se clarifica la noción «primeros cristianos». El autor considera como tales a «aquellos cristianos que vivieron en un arco de tiempo que va del siglo I hasta comienzos del siglo IV, cuando finaliza la persecución de Diocleciano (304)» (p. 8).

Desde esa perspectiva tan distante surge una pregunta obligada: ¿qué nos pueden enseñar a nosotros ahora estos primeros hermanos en la fe? La respuesta que ellos nos den será relevante porque nos permitirá llegar hasta nuestras propias raíces. Se podría decir que está en juego la percepción de los rasgos capitales de nuestra propia identidad espiritual. El autor recurre a presentarnos al protagonista de la película El caso Bourne (Bourne Identity) de Paul Greengranss, un agente de la CIA que sufre una amnesia y al desconocer su pasado no sabe quien es (pp. 8-9). Esto ya es en sí un buen aliciente para adentrarnos en la lectura de la presente obra.

El papa Benedicto XVI ha escrito en su encíclica sobre la esperanza, al comentar inicialmente las enseñanzas paulinas, que «el cristianismo no era solamente una “buena noticia”, una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento (…), sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida» (Spe salvi, n. 2). Estas palabras que se recogen en la presentación del libro son significativas de la enorme fuerza espiritual que encierra el mensaje de Jesús.

La ejemplaridad de su conducta

De ahí también el gran valor paradigmático de los primeros creyentes. La ejemplaridad de su conducta ha quedado acreditada por una criba de duras pruebas con persecuciones, calumnias e infamias de la opinión pública. Podríamos decir que la coherencia entre su fe y su conducta puede servirnos de guía para superar las barreras de un mundo neopaganizado que margina la verdad cristiana, como hace el actual laicismo excluyente, o presenta un “revival” persecutorio contra los cristianos, como se percibe en países de diversas áreas geográficas: Egipto, la India, Pakistán o Nigeria.

En los primeros seguidores del cristianismo se da un estilo de vida que se puede describir de modo paradójico, como hace un cristiano anónimo del siglo II en una carta que escribe a un tal Diogneto, donde le dice: «Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres (…), sin embargo, se muestran viviendo un tenor de vida admirable, y por confesión de todos sorprendente» (Ep. a Diogneto, V). Como se puede observar, la conducta del cristiano responde a unos parámetros de vida que contrastan vivamente con el paganismo greco-romano.

 

El prof. Ramos-Lissón nos ofrece a lo largo de 25 apartados y un epílogo una serie de testimonios sobre cómo vivían aquellos cristianos la coherencia de su fe en relación a un hábitat hostil al cristianismo. Con buena lógica destaca los presupuestos paganos que dan origen a las persecuciones del Imperio Romano, y que serán determinantes de los procesos martiriales contra los cristianos. Se ponen los acentos en algunas figuras singulares, como los mártires escilitanos, la pasión de las Santas Perpetua y Felicidad.

A modo de contrapunto se explaya el prof. Ramos-Lissón en presentarnos los elementos compositivos de la vida cristiana, desde la iniciación cristiana hasta su término en el “Más allá”. Se pueden subrayar los apartados consagrados al matrimonio, la familia, las vírgenes y las viudas. Nos ha llamado especialmente la atención el lugar destacado que ocupaba la oración así como la actividad asistencial y la limosna entre las actividades de los primeros fieles, que tratan de buscar la santidad en la vida ordinaria. Una mención especial merece la devoción a los ángeles custodios.

El valor de san Justino

También es destacable la semblanza que se hace de san Justino, un filósofo del siglo II, que se convierte al cristianismo, después de una conversación fortuita con un anciano cristiano, escribe: «reflexionando conmigo mismo sobre los razonamientos del anciano hallé que sólo ésta es la filosofía segura y provechosa» (Diál., VIII, 1). Esta curiosa actitud de entender el cristianismo como una verdadera filosofía respondía, perfectamente al clisé de la época sobre quien se podía calificar de filósofo, como aquella persona que vivía de acuerdo con unos principios. Las religiones paganas eran religiones puramente exteriores y rituales, no entraban en el interior de sus fieles. Por eso una novedad extraordinaria del cristianismo es que se trataba de una religión que exigía la conversión del corazón para poder recibir el bautismo. Justino morirá mártir y sus Actas martiriales reflejan la seguridad y certeza de su fe, así como la de un grupo de discípulos suyos que también eran cristianos.

Este libro se puede recomendar a toda clase de personas, ya que el lector se encontrará con un lenguaje sencillo unido a un sólido rigor histórico.

Felicitamos a la editorial EUNSA y al prof. Ramos-Lissón por hacer llegar a nuestras manos el presente volumen.

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Cómo vivir la Cuaresma, según el Papa Francisco

El Papa dedicó su catequesis del Miércoles de Ceniza a explicar la Cuaresma. La definió como un tiempo de conversión.

 

Francisco
"La Cuaresma es un punto fuerte. Un punto de giro que puede favorecer en cada uno de nosotros el cambio, la conversión. Todos necesitamos mejorar, cambiar, cambiar para bien”.
Francisco pidió a los católicos que vivan mejor su Bautismo. De esta forma, concluyó, no "aceptarán pasivamente” un mundo que no presta atención a Dios, en el que los padres no enseñan a rezar a sus hijos.
Francisco
"Yo os pregunto: vuestros hijos, vuestros niños, ¿saben hacer la señal de la cruz? Pensad. Vuestros nietos, ¿saben hacer la señal de la cruz? ¿Les habéis enseñado a hacerlo? Pensadlo y responded en vuestro corazón...”
Francisco añadió que la Cuaresma también ayuda a reaccionar contra "situaciones difíciles”, como la violencia y la pobreza.
A medida que mejora el tiempo, el Papa Francisco alarga sus saludos desde el papamóvil antes de comenzar la audiencia general.
Esta semana los que llamaron más su atención fueron este grupo de niños vestidos de amarillo. El Papa se bajo del papamóvil para saludarlos uno a uno.
Otro momento especial llegó cuando le dieron al Papa este pintoresco sombrero. Después de bendecirlo, Francisco no dudó en ponérselo.

Hoy, 13 de marzo, celebramos el sexto aniversario de la elección del Papa Francisco. Recordamos ahora los momentos más duros y emotivos de su pontificado.

 

 

FRANCISCO
16 de marzo, 2013
“¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”.

... 6 años donde hubo algunos logros diplomáticos, como la reconciliación entre Cuba y los Estados Unidos antes de la era Trump.

También hubo logros en el ámbito de la libertad religiosa. Así se emocionó el Papa al recordar que por primera vez dos obispos de China podían participar en un Sínodo sin restricciones.

FRANCISCO
3 de octubre, 2018
“Demos a ellos nuestra calurosa bienvenida”

Pero también han sido 6 años con tramos amargos como la compleja gestión de la crisis de los abusos sexuales.

El Papa convocó una cumbre mundial sobre la protección de menores para afrontar los escándalos. Su objetivo era concienciar al episcopado católico sobre la urgencia de afrontar este problema.

ALESSANDRO GISOTTI
Portavoz del Vaticano
“Creo que este último año ha sido un año en el que Francisco afrontó con gran valentía el tema de los abusos a menores, un tema que claramente es una herida para lo que el Papa llama 'el Pueblo de Dios'”.

Francisco ha llevado a cabo un profundo proceso de reforma interna. Reforma de estructuras como la Curia pero, sobre todo, reforma de las mentalidades. A los cristianos, les ha exigido iniciativa para resolver problemas actuales grandes y pequeños. Desde la atención a los necesitados hasta la protección del medio ambiente.

Capítulo aparte merecen sus llamamientos para cuidar y acoger a los refugiados. El mundo observó con estupor cómo tras visitar uno de los epicentros de la crisis en Grecia, predicó con el ejemplo y se trajo consigo a Roma a varias familias musulmanas.

FRANCISCO
16 de abril, 2016
“Era para echarse a llorar. ¿Qué cosas han visto esos niños? Mirad esto”.

Francisco pronosticaba un pontificado breve pero ya son 6 años y el ritmo no disminuye. En octubre presidirá otro Sínodo, en este caso sobre la Amazonia. Y en lo que va de 2019 ya ha viajado a Panamá y a los Emiratos Árabes. En agenda está Marruecos, Macedonia, Bulgaria y Rumanía. Y a finales de año está previsto que se confirme otro viaje más; a Japón, en el Extremo Oriente.

 

Fuente: Rome Reports.

Del 10 al 15 de marzo el Papa volverá a la zona de Ariccia, en la periferia de Roma, para tener los ejercicios espirituales con el resto de responsables de la Curia.

El tema sobre el que meditarán a lo largo de estos días se titula “La ciudad de los deseos grandes. Miradas y gestos pascuales en la vida del mundo”. Las 10 meditaciones estarán predicadas por el abad de San Miniato al Monte, de Florencia, el sacerdote Bernardo Francesco Maria Gianni.

A lo largo de estos días el Papa interrumpirá todos los actos públicos habituales como la audiencia general. Tampoco tendrá encuentros privados porque son días dedicados al descanso y a la meditación.

Está previsto que regrese a Roma en autobús el viernes y que ese mismo día retome su agenda habitual.

Fuente: Rome Reports

En uno de sus textos de los años ochenta, Joseph Ratzinger, ahora papa emérito Benedicto XVI, ofrece siete claves para comprender quién es Cristo, según el testimonio de la Sagrada Escritura[1]. Analizamos aquí esas claves, con sus implicaciones principales para la oración y la vida cristiana.

El centro de la vida de Cristo es su oración

1. “Según el testimonio de la Sagrada Escritura, el centro de la vida y de la persona de Jesús es su permanente comunicación con el Padre[2], sobre todo en su oración.

En el ambiente social e histórico en que Jesús se presenta en su vida pública, lo que domina entre la gente del pueblo son las expectativas de liberación política del yugo romano. En ese sentido parece que hay que entender la primera respuesta que le da Pedro, cuando Jesús les pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es Él (“un profeta” –en el que la gente tiende a ver a un liberador del pueblo); y luego, qué piensan ellos, los discípulos, de Él. Según el Evangelio de Mateo, Pedro en nombre de todos le responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).

Si uno se pregunta cómo pudieron llegar a esta conclusión, una respuesta teológica acorde con la fe y la tradición de la Iglesia, es: observando a Jesús, contemplándole sobre todo en su oración y aprendiendo a rezar con Él.

Los Evangelios recogen la oración frecuente de Jesús. Relatan además que muchas cosas importantes en su vida acaecieron en relación con su oración o mientras él estaba en oración.

Así acontece con la llamada de “los Doce”, tras toda una noche en oración (cf. Lc 6, 12-17); con la ya referida confesión de Pedro, que tuvo lugar contemplando la oración de Jesús (cf. Lc 9, 18-21); en el relato de la transfiguración de Jesús sobre el monte, que también sucedió mientras Jesús oraba (cf. Lc 9, 29); y en otros pasajes centrales de los Evangelios, como la oración de Jesús en el monte de los Olivos (cf. Lc 22, 42) o su enseñanza de la oración del Padrenuestro a sus discípulos (cf. Mt 6, 9; Lc 11, 1).

En su oración Jesús alimenta la “conciencia de su misión”. Esto puede verse sobre todo en la llamada “oración sacerdotal” de Jesús en la Última Cena (Jn cap. 17), donde al mismo tiempo abre su corazón a sus discípulos, que ya tenían una íntima experiencia de amistad con Él.

 

Jesús transformó la muerte en una acción de amor

2. "Jesús murió rezando. En la última cena, Él había anticipado su muerte, en cuanto se dio y compartió a sí mismo (por medio de la Eucaristía), y así transformó desde dentro la muerte en una acción del amor, en una glorificación de Dios”[3].

En la institución de la Eucaristía anticipó su entrega en la Cruz (“Esto es mi cuerpo que será entregado… Esta es mi sangre que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados”).

Los Evangelios, a la vez que dejan constancia de su muerte en la cruz (cf. Mc 15, 34; Mt 27, 46; Lc 23, 46; Jn 19, 29), recogen su oración en esos momentos, en la que se entrega a la voluntad de Dios Padre por nuestra salvación (cf. Ps 21 y 31), y juntamene representa al sufrimiento de todos los pobres y maltratados de la historia.

Participar en su oración para conocerle y comprenderle

3. Y porque la oración es el centro de la Persona de Jesús, la participación en su oración es el presupuesto para conocer y comprender a Jesús.

Para conocer algo hay que configurarse o asimilarse con lo conocido. Para conocer una persona hay que “entrar” en ella, unirse a ella, comprenderla. Para conocer algo íntimo de Dios hay que “entrar” en la oración de Jesús.

Por eso el verdadero conocimiento y la verdadera comprensión de Cristo nunca puede provenir de una pura investigación académica, pues necesita también la teología de los santos, que es teología de la experiencia (es decir, de la configuración o identificación espiritual con Cristo).

 

La Iglesia es el verdadero "sujeto" del conocimiento de Jesús

4. “La comunión con la oración de Jesús incluye la comunicación con todos sus hermanos (…) que Pablo denomina “cuerpo de Cristo”. Por eso, la Iglesia –el “cuerpo de Cristo”– es el verdadero “sujeto” del conocimiento de Jesús”[4]. Según la fe, Cristo está vivo y presente en la Iglesia. Y por eso es posible que la memoria de la Iglesia haga lo pasado presente. Tres consecuencias se pueden sacar de ahí:

a) Aunque Dios ciertamente es, en un sentido general (en cuanto creador), Padre de la humanidad y de cada persona, lo es en un sentido muy especial de Jesús y para la conciencia de los cristianos[5].

b) Nadie por sí solo puede llegar con seguridad a conocer a Dios: necesita de una comunidad humana[6]. Esto es experiencia de la historia de las religiones y lo confirma el cristianismo.

c) En la perspectiva de la fe cristiana se entiende que la búsqueda de Dios no tiene resultado si es solamente una iniciativa del hombre. Solo llega a su objetivo si es iniciativa de Dios[7]

 

Hijo de Dios, Dios y hombre verdadero

5. Los primeros concilios [siglo IV) concluyeron que “Jesús es el verdadero Hijo de Dios, que posee la misma esencia [o naturaleza] que el Padre y, por medio de la encarnación, también posee la misma esencia que nosotros. En última instancia, esta definición no es sino la interpretación de la vida y de la muerte de Jesús, que siempre estuvieron determinadas por su diálogo filial con el Padre”[8].

“Hijo de la misma esencia” que Dios Padre es la traducción de la oración de Jesús en un lenguaje filosófico y teológico y nada más. El Credo redactado después del Concilio de Constantinopla (a. 381) reafirma que Jesús no es solamente llamado Hijo de Dios, sino que lo es en realidad (de la misma naturaleza que el Padre)[9].


La obediencia amorosa a la voluntad divina

6. El Concilio de Calcedonia (a. 451) concluyó que las dos naturalezas (divina y humana) de Cristo se unen en su Persona “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. Esto se aclaró más en el III Concilio de Constantinopla (aa. 680-681)[10]. Dos puntos pueden destacarse aquí:

a) En este último Concilio (con la participación de san Máximo el Confesor, teólogo principal en ese momento, que profundizó especialmente en la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos), se explicó que la relación entre las dos naturalezas en Cristo no debe entenderse como un paralelismo o dualismo, sino que se unen a través de la voluntad de Jesús. Su voluntad humana no es absorbida por la voluntad divina, sino que se une libremente, con una obediencia amorosa, a la voluntad divina[11].

b) Una consecuencia insospechada respecto a la importancia de nuestra oración y su significado: la oración cristiana resulta como un “laboratorio de la libertad”, que le lleva al cristiano hacia la divinización, el ser y hacerse como Dios, no “contra Dios” (cf. Gn 3,5), sino según Dios, es decir según el plan salvador revelado en Cristo[12]. “Aquí y solo aquí acontece la profunda transformación del hombre que nosotros necesitamos para que el mundo sea mejor”[13].

 

Los métodos exegéticos científicos

7. Respecto a los métodos científicos más recientes para la comprensión de la Sagrada Escritura y de la tradición (como el método histórico-crítico, el análisis de los géneros literarios, etc.), “su valor depende del contexto hermenéutico (filosófico) en el que son empleados[14].

No existe el puro método histórico, sino que este vive en un contexto histórico más o menos consciente. Por ejemplo, cuando el punto de partida es una filosofía que niega la fe, entonces los métodos históricos solo pueden ofrecer lo que tienen de presupuesto: una separación entre el personaje histórico (interpretado bajo una clave terrena: maestro, rabino, revolucionario, etc,) y el Jesús del que trata la fe.

En cambio, cuando el punto de partida es la perspectiva de la fe, esta tiene una doble capacidad: 1) conserva el testimonio de las fuentes con una visión de unidad; 2) es capaz de trascender las diferencias de culturas, tiempos y pueblos, respetando lo verdadero que les es propio y purificando lo que no es auténtico.

Todo ello pone de relieve la belleza y la necesidad de la tarea del teólogo, siempre que esta se enraíce en la oración.

En síntesis: el autor propone que se llega a “comprender a Cristo” (conocer quién es verdaderamente Cristo, según el testimonio de la fe cristiana) en la oración cristiana. Esta implica contemplar la oración de Cristo, y entrar en ella dentro del cuerpo vivo de la Iglesia. Solo así llegamos a participar de la libertad de Cristo y nos capacitamos para mejorar el mundo con la luz y la eficacia de la vida divina.

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[1] Cf. J. Ratzinger, “Puntos de referencia cristológicos”, recogido en Miremos al traspasado, Santa Fe-Argentina 2007, original alemán de 1984, pp. 11-57.
[2] p. 14.
[3] p. 24.
[4] p. 31.
[5] Esto se ve cuando enseña del Padrenuestro: “Nadie, excepto Él [Jesús] mismo, puede decir ‘mi Padre’. Todos los demás tienen el derecho de llamar Padre a Dios solo en la comunidad de ese nosotros que Jesús inauguró, pues todos son creados por Dios y creados el uno para el otro” (p. 31).
[6] “Ningún espíritu tiene la agudeza suficiente para imaginar con plena seguridad quién es Dios, para saber si nos escucha o cuál es la forma adecuada de tratar con Él” (p. 32). Para buscar y alcanzar a Dios, el hombre necesita de los demás y, aun así –como lo muestra la historia de las religiones–, esto se realiza con muchas dificultades y contradicciones.
[7] Esto lo mostró Jesús en el modo en que vivió y actuó: “Jesús entró en un sujeto de tradición ya existente, en el pueblo de Israel, por medio de su anuncio y de toda su Persona, y en él hizo posible la convivencia, el ser-con los demás, por medio de su propio y más íntimo acto de ser: su diálogo con el Padre” (p. 35). Por eso “el ser con Jesús y el conocimiento que ahí surge de Él presuponen la comunión en y con el sujeto de la tradición viva a la que todo ello está ligado: la comunión en y con la Iglesia. El mensaje de Jesús no hubiera podido vivir y transmitir vida de otro modo que en esa comunión” (Ibid.).
[8] p. 38.
[9] El Concilio de Nicea (a. 325 declaró que Jesús es verdaderamente Hijo de Dios (y no, como decía Arrio, un hombre bueno que podía en cierto sentido ser considerado como Dios, aunque de segunda clase). El primer Concilio de Constantinopla (a. 381) aclaró que Jesús además es verdadero hombre (y no, como decía Apolinar, un Dios revestido con una forma aparente de hombre, pero sin alma humana) y que el Espíritu Santo también es Dios (contra Macedonio que lo negaba). En el siglo siguiente, el Concilio de Éfeso (a. 431) definió que Jesús es una Persona (y no dos personas separadas, como decía Nestorio), y por eso la Virgen María puede ser llamada “Madre de Dios” y no solo “Madre de Cristo”. Poco después, Eutiques y los monofisitas (mono-fisis=una naturaleza), confundiendo la persona con la naturaleza, defendieron que en Cristo no hay más que una naturaleza, la divina, que de alguna manera absorbe a la humana. Posteriormente son importantes el Concilio de Calcedonia (a. 451) y el 3º de Constantinopla (aa. 680-681).
[10] Este Concilio III de Constantinopla (aa. 680-681) se enfrentó con el monotelismo (mono-telos=una voluntad), doctrina continuadora del monofisismo, y que defendía que en Cristo había solo una voluntad, quedando la voluntad humana absorbida por la divina.
[11] En palabras de Ratzinger, “ambas [voluntades] se fusionan en el espacio personal, en el espacio de la libertad, de modo que ambas devienen una voluntad, no naturalmente, sino personalmente” (p. 47; Mc 14, 36: “pero no sea lo que yo quiero, sino lo que Tú quieras”; cf. Jn 6, 38), expresando así la relación especial de amor de Jesús con su Padre.
[12] Aquí podemos ver que se cumple con creces lo que anunciaba a su manera el mito de Prometeo: todo hombre desea ser Dios, pero esto no puede lograrse sin más por las obras de los hombres, por muy heroicas que sean.
[13] “Puntos de referencia cristológicos”, pp. 50 s.
[14] p. 51.

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