Mirar al futuro: Serenidad, valentía, sabiduría

El tema del futuro o del destino aparece rara vez al hablar de ética en nuestro tiempo. Pero no ha sido así antes. Hegel escribe: “…el comienzo, el principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino”. ¿Pero de qué sirve plantearse esto –se pregunta Spaemann en el último capítulo de sus Cuestiones fundamentales de Ética– si no podemos cambiar nuestro destino?

1. Responsabilidad y realidad

Si nos fijamos bien, observa Spaemann, hay aspectos del destino que dependen de nosotros, de lo que hagamos ahora o dejemos de hacer; y, en ese sentido, somos responsables. Esto deriva del hecho de que somos libres de actuar en un sentido o en otro, pero no somos libres de relacionarnos o no con la realidad –pasada, presente o futura– y, por tanto, con el destino. Esto lleva a la responsabilidad que tenemos en diversa medida, según nuestra situación y papel en el mundo. Así por ejemplo, un político siempre tiene la responsabilidad de actuar razonablemente, es decir, lo mejor que permiten las circunstancias.
Y así llegamos a una primera conclusión: a diferencia de los animales, “los hombres, al actuar, modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento” (p. 125) (influyendo también en otras personas que vienen detrás). Si no quieren actuar porque no aceptan la realidad (el modo de ser, la naturaleza, la propia biografía), no serán personas maduras sino niños. La realidad es como es. Además nosotros mismos, en alguna medida (en lo que depende del pasado), somos como somos sin poderlo modificar (aquí cabría decir: hay cosas pasadas que se pueden modificar, por ejemplo, si pedimos perdón; los cristianos podemos confesar nuestros pecados y eso es un cambio importante del pasado, o más bien de sus consecuencias).
Ahora bien, aunque en gran medida no podemos cambiarnos, prosigue el filósofo alemán, cuando actuamos de modo inadecuado no sirve la excusa: “es que soy así y no lo puedo cambiar”. Pues lo mismo que el pasado nos condiciona también nosotros condicionamos constantemente (con cada palabra, cada gesto, cada decisión, acción e incluso cada omisión) e irremediablemente nuestro futuro. Somos lo que somos, pero al mismo tiempo, y solo en una medida diferente, también somos lo que queremos ser.
Dicho de otra manera, nuestro “ser-así” no es una magnitud que determina nuestra actividad, sino que, al contrario, viene configurada continuamente por nuestras acciones.
Ciertamente, como el jugador de ajedrez cuando se enfrenta con alguien al menos de su nivel, no podemos prever todas las consecuencias de nuestras acciones, tanto para nosotros mismos como para otros.  También el actuar de los otros tiene continuas consecuencias para nosotros. Somos parte del destino propio y del de los otros. Y el destino no lo tenemos en nuestras manos.
Por eso, deduce Spaemann, “actuar significa siempre desasirse de sí, despreocuparse de sí y de las propias intenciones” (p. 127). En efecto, lo razonable es actuar con desprendimiento de nosotros mismos, pues otra cosa nos abocaría o a la ansiedad o a la parálisis. En ese sentido aprender a actuar y a vivir coincide con aprender a morir (al menos, por ahora, a nosotros mismos, lo cual implica cierto grado de sufrimiento). Esto no quiere decir que no cuidemos, en la medida razonable, de nosotros mismos: de nuestra salud corporal y espiritual, etc.

2. Actitudes ante el futuro

En relación a los que sucede encuentra Spaemann tres posibles actitudes: fanatismo, cinismo y serenidad.
a)    El  fánatico piensa que no existe más sentido que el que él mismo se propone. Si se plantea que el destino se le opone, se niega a aceptarlo. En algunas novelas aparece cómo el fanático no está dispuesto a aceptar lo que viene, y es capaz de prender fuego al mundo para que “las cosas (según él las ve) se arreglen”. Así son los revolucionarios que son capaces de pasar por encima de todo (incluso de los valores morales) para imponer su sentido al acontecer, el sentido que ellos desean. Un fanático como Hitler pensaría algo así: “Si fracaso, la historia mundial ha perdido su sentido”
En cambio, replica el filósofo alemán,  el punto de vista ético consiste en descubrir que “el sentido está ya ahí, precisamente en la existencia de cada hombre, y de que, si no fuera así, serían vanos todos los esfuerzos de hacer algo con sentido” (p. 128).
b) El cínico parece contrario al fanático, pero no lo es tanto. El cínico no prioriza el sentido (que él pretende) sobre la realidad, sino la realidad sobre cualquier sentido, más aún, renuncia al sentido, no cree que la realidad tenga sentido alguno. Piensa que las cosas suceden mecánicamente, siguiendo la ley del más fuerte. Se dice que mientras el fanático tiene espuma en su boca, el cínico ríe.
Sucede que con frecuencia el fanático acaba por convertirse en cínico. ¿Cómo puede ser esto? Porque ha adquirido la experiencia del poder de la realidad. En el fondo ambos, el fanático y el cínico, están desde el principio convencidos de que la realidad que nos rodea no tiene ningún sentido.
 
  De todo ello deduce Spaemann que la única forma de actuar con sentido es reconocer un valor positivo a la realidad. Este valor se puede intentar mostrar con argumentos al fanático (puesto que él considera valiosa alguna cosa, por lo menos lo que él se propone); pero no es fácil convencer al cínico ni al escéptico radical: a estos solo se les puede abandonar a sí mismos y si comienzan a dejar víctimas, se les debe combatir. Puesto que los argumentos no les sirven, quizá se les puede convencer con la experiencia del amor, pero solo si lo aceptan y reconocen que el cinismo es como una enfermedad que priva al hombre del sentido de la vida.
Notemos, por nuestra parte, que una actitud menos radical que la del cínico es la del cansancio ante la vida, que está reflejado por Benedicto XVI en su encíclica sobre la esperanza (2007). Cuando falta la esperanza, el esfuerzo cotidiano por vivir y contribuir a construir el mundo puede dar paso al fanatismo o al cansancio. Por eso el hombre necesita esperar (que implica de alguna manera creer) –y es razonable que lo haga– en que pase lo que pase, hay una última palabra que tiene que ver con el Amor y la justicia:
“Sólo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar” (enc. Spe salvi, n. 35). Esa esperanza tiene como objeto lo que en la tradición judeocristiana se le llama el Reino de Dios.
c)     La serenidad es la actitud razonable ante el destino, según los sabios de todos los tiempos (aunque no hayan usado esa palabra). “Con la palabra serenidad entendemos la actitudde aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar” (Spaemann, p. 130). (En castellano tenemos un dicho popular: “A mal tiempo, buena cara”).
Los primeros filósofos que desarrollaron esto fueron los estoicos, sobre todo Epicteto y Séneca. Según ellos, la aceptación voluntaria del destino es lo único que trae la liberación total. En la práctica esto les llevaba a la “apatía”, la ausencia de dolor y pasión (por ejemplo, le da lo mismo el éxito que el fracaso).
Contra esto objeta Spaemann que significa recortar algo decisivo en la actividad humana: la dimensión del compromiso apasionado (y por tanto la posibilidad de apasionarse al servicio de un bien verdadero y bello). Los estoicos preferían renunciar a todo eso, incluso a la compasión, llamando a su propuesta la “pura razón moral”. Pero al hacerlo así  renunciaban a la realización propiamente personal; pues, como bien dice Spaemann, “sólo el que actúa comprometido de verdad puede dar fe de los límites de lo posible” (p. 131) y puede ser capaz de rendirse ante lo imposible. Esto ciertamente es más doloroso, arriesgado y dramático que lo que proponen los estoicos (que se conforman con un horizonte personal reducido y se arriesgan a otra cosa: a convertirse en cómodos burgueses), pero también es más humano.
Comparada con la de los estoicos, la perspectiva cristiana es más realista y animante. Más realista porque conoce más los límites de la realidad, puesto que al comprometerse con ella ha intentado hacer todo lo posible, confiando en que la realidad tiene un sentido aunque uno mismo no sea capaz de descubrirlo. Con otras palabras, actúa con más realismo ético (que el fanático, que el cínico y que el escéptico) el que se compromete, aunque tenga que detenerse ante lo imposible, y sufrir más por ello. La postura cristiana se resume bien en la actitud de Cristo ante su pasión: “Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya”.
En este sentido cabe hablar aquí de resignación (para el Diccionario de la RAE, resignación es la “entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona”).
Según Spaemann, “la resignación ante lo inevitable es verdaderamente humana sólo si lo inevitable se muestra realmente como tal. Y sólo puede mostrarse a aquel que ha llegado efectivamente hasta el límite” (p. 132), sin miedo a herirse. En esta perspectiva la resignación no es fatalismo (como puede indicar la palabra en el ideario popular); más bien al contrario, resignarse puede tener un sentido plenamente humano si implica aceptar que incluso los fracasos deben de tener un sentido.
Por tanto no se trata de una resignación paralizante, sino un profundo convencimiento de que el sentido de las cosas implica nuestra misma acción y asume incluso nuestros fracasos.
Desde la perspectiva cristiana escribe San Pablo, apoyándose en los salmos, que para los que aman a Dios (y como consecuencia a los demás) todas las cosas cooperan para bien” (Rm 8, 28), por la fe en que el bien verdadero terminará prevalecerá sobre el mal.

3. Serenidad y transcendencia

            La religión afirma que tanto la actividad humana como la realidad del acontecer o la marcha de la historia tienen el mismo fundamento: Dios, que lleva las cosas hacia el bien, contando con nuestra libertad y a pesar de nuestros fracasos por hacer las cosas verdaderamente bien. Descartes hablaba de un genio maligno que consigue lo contrario, que todas nuestras buenas intenciones tengan malas consecuencias. Si esto fuera así no podríamos actuar bien.
            Sin embargo nuestra experiencia nos dice que actuamos confiados en que el bien lleva al bien, al menos en general y a largo plazo. Pero esto necesita confianza (o fe) en que el mal no consigue imponerse. Una acción buena tiene sentido si quien la realiza tiene la confianza en que el bien prevalecerá sobre el mal. Esto lo sostienen no solo los creyentes a partir de su fe. También los filósofos de la historia como Kant, Hegel e incluso Marx confiaban en que el bien triunfaría sobre el mal. Y por eso podemos sostener el valor ético de las acciones humanas.
Por eso el Mefistófeles (demonio del folklore alemán que se considera subordinado de Satanás) de Goethe dice: “Yo soy una parte de aquella fuerza que quiere siempre el mal y hace siempre el bien”.
La persona serena actúa aceptando igualmente los éxitos y los fracasos, pues, al contrario que el fanático, sabe que no es ella la que dota de sentido a la realidad.

4. Ayudar a valorar la vida

Como se ha visto, serenidad no significa ni pasividad ni renunciar a cambiar las cosas (o abandonarse a la apatía de los estoicos), ni paralizarse por comodidad, por los fracasos o por una mal entendida resignación; sino seguir adelante y recomenzar siempre que sea necesario.
“Nunc coepi”, ahora comienzo (Biblia vulgata, S 76, 11), dice uno de los salmos, con dos palabras que hay que saber repetir muchas veces.
Cada persona que viene al mundo es un nuevo modo en que todo esto se hace consciente. Por eso ninguna actividad social puede tener otro sentido que ayudar siempre a aceptar serenamente la realidad y, con ello, a descubrir que vale la pena vivir, aunque hay condiciones de vida en que ese descubrimiento es casi imposible solamente por uno mismo. Por eso se requiere un serio compromiso de todos (especialmente de los educadores) para valorar positivamente la vida, de modo que todos nuestros actos y palabras no den nunca motivos a los demás sinopara creer y esperar en la fuerza transformadora del amor con hechos. Y esto hace necesario trabajar para crear condiciones de trabajo y de cultura, de salud y bienestar social que animen a descubrir que merece la pena vivir.
 
En esto tienen responsabilidad todas las generaciones. “Los mayores –escribe Spaemann– tienen la tarea de introducir a los jóvenes en su mundo de valores, hasta que puedan comprenderlo” (p. 135), mostrando el valor del diálogo y de la verdadera belleza. Así facilitarán a los más jóvenes la serena aceptación del destino. Por su parte los jóvenes han de aprender a situarse en relación positiva con la realidad inacabada que han recibido y con la que se encuentran.
Wittgenstein escribió: “…o soy feliz o desgraciado. Se puede decir que no hay Bien ni Mal”. Y observa Spaemann que esto es agudo (pues el bien y el mal no existen en abstracto sino en relación con las personas) y a la vez equívoco (precisamente el bien y el mal existen en las personas, y existen de modo tan real e importante que actuar bien las hace buenas y actuar mal les hace malas).
Como conclusión de este tema valga la oración atribuida a San Agustín: “Que Dios me conceda serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valentía para cambiar las que sí puedo y sabiduría para ver las diferencias”.
 
                                                          *    *    *
 

Preguntas de autoevaluación

(verdadero/(falso)
1. Nuestro “ser-así” no es una magnitud que determina nuestra actividad, sino que, al contrario, viene configurada continuamente por nuestras acciones..

 

2. Respecto al sentido del mundo, el punto de vista moral parte de que el sentido está ya ahí, precisamente en la existencia de cada hombre, y de que, si no fuera así, serían vanos todos los esfuerzos de hacer algo con sentido.

 

3. El fanático y el cínico coinciden en pensar que la realidad que rodea nuestras acciones, que les sirve de presupuesto y en la que desembocan, no tiene sentido.

 

4. Es más fácil convencer con argumentos a un cínico que a un fanático.

 

5. La actitud que proponían los estoicos implicaba actuar por “pura razón moral”.

 

6. Actúa con más realismo ético (que el fanático, que el cínico y que el escéptico) el que se compromete, aunque tenga que detenerse ante lo imposible, y sufrir más por ello.

 

7. La resignación puede ser una actitud verdaderamente humana en caso de que no se quiera llegar hasta el límite de lo posible.

 

8. Una acción buena tiene sentido si quien la realiza tiene la confianza en que el bien prevalecerá sobre el mal.

 

9. Que vale la pena vivir es un descubrimiento que cada uno debe hacer, y los demás no pueden ayudarle en eso.

 

10. Propiamente, no existe el bien ni el mal, sino la felicidad o la desgracia.
http://iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es

Las iglesias de Yemen dan fe de los primeros asentamientos cristianos en la península arábiga. Con la guerra, algunas quedaron abandonadas, otras en ruinas, quemadas o en medio de fuego cruzado.

El papa Francisco visitará el domingo los Emiratos Árabes Unidos, a la vez vecino y actor en la guerra que devasta Yemen y que ha provocado, según la ONU, la peor crisis humanitaria del mundo.

"Todo comenzó en Yemen, por lo tanto Yemen es muy importante para nosotros", explica a la AFP el padre Lennie Connully de la Vicaría apostólica de Arabia del Sur, sobre la presencia cristiana en la región.

En la actualidad cuatro parroquias de Yemen figuran en la lista oficial de iglesias católicas y el país alberga un puñado de cristianos que en su mayoría viven la fe en la clandestinidad.

Saná, la capital en manos de los rebeldes hutíes, y Adén, sede del gobierno, en el sur, disponen cada una de una catedral católica actualmente abandonadas.

- Prohibido entrar -

Las puertas metálicas oxidadas de la catedral de San Francisco de Asís, en el barrio de Tawahi en Adén, están cerradas a cal y canto y acribilladas.

"Prohibido entrar" está escrito en negro en la pared del recinto junto a un versículo del corán: "Para vosotros vuestra religión, para mí mi religión".

En lo alto del edificio hay una estatua de Jesucristo sin cabeza y con los brazos extendidos.

"Era una iglesia activa durante el protectorado británico", cuenta Mohamed Seif, un residente de Tawahi.

"Aquí la gente rezaba hasta que llegaron los hutíes", añade refiriéndose a la entrada en Adén en marzo de 2015 de los rebeldes procedentes del norte.

Las fuerzas progubernamentales, con la ayuda de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos, los expulsaron de la ciudad al cabo de unos meses.

En 2015, otra iglesia del barrio de Mualla en Adén, ya abandonada, voló por los aires en un ataque que no ha sido reivindicado.

Al año siguiente, 16 personas fueron asesinadas en una residencia católica de la tercera edad en esta misma ciudad, incluidas cuatro monjas de las Misioneras de la Caridad, una congregación fundada por la Madre Teresa.

El padre Tom Uzhunnalil, un sacerdote indio, fue secuestrado durante este ataque atribuido por las autoridades al grupo Estado Islámico (EI) antes de ser liberado en 2017.

Durante siglos, Yemen fue un ejemplo de diversidad religiosa con sus minorías ismaelita (corriente minoritaria del islam chiita), bahai y judía.

El cristianismo llegó por el sur en el siglo XIX, con una afluencia de misioneros durante el protectorado británico.

La presencia de los católicos en Yemen se remonta a los años 1880, según el padre Lennie Connully, que dirige la iglesia católica St. Mary's en Dubái (Emiratos Árabes Unidos).

Con la revolución marxista de 1967 en el sur de Yemen, los sacerdotes huyeron a Baréin y a los Emiratos Árabes Unidos, donde al igual que en el resto de los países del Golfo (con la excepción de Arabia Saudita) las iglesias aparecieron en el siglo XX.

La minúscula comunidad católica de Yemen está compuesta principalmente de expatriados, según monseñor Paul Hinder, jefe de la vicaría apostólica de Arabia del Sur.

"Es una triste realidad y rezamos para que la paz se restablezca pronto en Yemen, sobre todo porque la población sufre hambre y la desnutrición afecta a millones de personas", declaró monseñor Hinder a la AFP.

"Nuestras actividades se han suspendido a causa de la guerra. Pero todavía hay religiosas de Madre Teresa que sirven al pueblo y continúan haciendo un buen trabajo", añadió sin precisar cuántas ni dónde.

- En el frente -

Las otras dos iglesias católicas de Yemen se encuentran en los dos principales frentes de la guerra.

Una está en Hodeida, una ciudad a orillas del mar Rojo en poder de los rebeldes y la otra en Taez (sudoeste), rodeada por los hutíes.

Durante meses Hodeida fue el principal frente de la guerra por una ofensiva de las fuerzas progubernamentales. Desde el 18 de diciembre está vigente una tregua precaria.

La iglesia del sagrado corazón de Hodeida está oculta en la planta baja de un edificio de ventanas blancas. Isam vive en el barrio desde hace 20 años y dice que nunca ha visto rezar allí a nadie.

 

Fuente: swissinfo.com

La ubicación real de la antigua Caná de Galilea no es del todo segura

Caná es conocida por ser la escena del primer milagro de Jesús, la conversión del agua en vino en un banquete de bodas (Juan 2, 1-11). Algunos comentaristas afirman que la boda podría haber sido la de un pariente cercano de la madre de Jesús. Cuando se quedaron sin vino, María se dirigió a su Hijo para evitar cualquier posible bochorno.

El Evangelio dice que Jesús le contestó preguntándole a su madre: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”. Pero María insistió, y Jesús convirtió seis tinajas con más de 550 litros de agua (el equivalente a aproximadamente 730 botellas) en un extraordinario vino.

Otro milagro (su segundo milagro público en la región de Galilea, de hecho) también tuvo lugar en Caná: la curación a distancia del hijo de un funcionario real, que estaba a 32 kilómetros de distancia, en Cafarnaúm (Juan 4, 43-54). La segunda vez que Jesús visitó Caná, fue recibido por un oficial angustiado de la corte de Herodes Antipas. El funcionario vivía en Cafarnaúm y había venido a rogar por su hijo, que se estaba muriendo. “Vete; tu hijo vivirá ”, le dijo Jesús al funcionario.

Aunque que Kefer-Kenna (también conocido como Kefr Kana y Kfar-Cana) ha sido considerado tradicionalmente el lugar en el que tuvo lugar el milagro del vino (al menos desde 1641, cuando los franciscanos se establecieron allí basándose en los testimonios de los primeros peregrinos, entre ellos el mismo San Jerónimo), la verdad es que la ubicación real de Cana no es segura.

CANA

Justin Garland-(CC BY-NC-SA 2.0)

Como sucede a menudo con los lugares bíblicos, cinco lugares diferentes afirman ser la Caná bíblica: la aldea de Qana, en el Líbano, a 18 millas de Tiro; Kfar-Cana, en Israel, a 7 kilómetros al noreste de Nazaret; Khirbet Kana, también en Israel, visitada por peregrinos desde el siglo XII; Karm er-Rasm, en Israel, el lugar supuestamente identificado por Flavio Josefo según la arqueóloga israelí Yardenna Alexandre; y Ain Qana, “la primavera de Cana”, aproximadamente a una milla al norte de Nazaret.

CANA

Hoshvilim-(CC BY-SA 4.0)

De todos estos lugares, solo dos, Kfar-Cana y Khirbet Kana, parecen haber estado recibiendo peregrinos durante más de 10 siglos. Aunque los franciscanos solo llegaron a Kfar-Cana en el siglo XVII, mientras construían su iglesia encontraron, no solo los restos de una antigua basílica, sino también los restos de algunas viviendas que se remontan al siglo primero. De hecho, no muy lejos de la iglesia franciscana, se encuentra la iglesia ortodoxa griega de la fiesta matrimonial. Allí, se conservan dos grandes tarros de piedra: la tradición afirma que son dos de las tinajas de agua originales involucradas en el primer milagro público de Jesús. Sin embargo, los arqueólogos sugieren que es más probable que sean antiguas fuentes bautismales.

CANA

Hoshvilim-(CC BY-SA 4.0)

También en Khirbet Kana, se han encontrado grabados del siglo VI que indican la posible ubicación de Cana. Uno de los primeros peregrinos a Caná, el llamado “Peregrino Anónimo de Piacenza”, fue el autor de “graffiti religioso” de 570:

“Nuestro Señor estaba en la boda”, escribió, “y nos reclinamos en su mismo sofá en el que yo, indigno de ser, escribí los nombres de mis padres”.

Este graffiti muestra que el lugar ya era un destino de peregrinación en el siglo VI (pero, si lo visita, absténgase de seguir el ejemplo de Piacenza y no deje su firma). De hecho, muchas fuentes bizantinas afirman que este es el lugar, y los autores y cartógrafos medievales tardíos han ayudado a los arqueólogos contemporáneos a descubrir complejos de cuevas (muy probablemente utilizados por anacoretas y ermitas) y los restos de pequeños pueblos del período helenístico en adelante, que hacen Khirbet Kana una fuerte candidata.

Sin embargo, cuando estés en Tierra Santa, asegúrate de visitar ambos. No están realmente tan lejos uno del otro.

Fuente: Aleteia.

El Vaticano ha dado una primera aprobación al milagro necesario para la canonización de John Henry Newman. Aunque aún faltan otros dos pasos para que sea declarado santo.

La comisión de obispos debe aprobarlo ahora y proponer la canonización al Papa, a quien corresponde declararlo santo.

SOR KATHLEEN DIETZ FSO
Teóloga
“Oímos recientemente que el segundo milagro para Newman ha sido aprobado por el Vaticano y por la archidiócesis de Chicago. Eso pasó a mediados de noviembre. Lo investigaron porque el milagro tuvo lugar en Chicago. Se trata de la curación de una universitaria embarazada que estaba enferma, y se curó de inmediato”.

Según Sor Kathleen, el hecho de que el milagro sucediera en EEUU envía el mensaje de que la fe sigue siendo fuerte en el país, a pesar de la crisis de los abusos.

SOR KATHLEEN DIETZ FSO
Teóloga
“El cardenal Newman siempre respondió a los signos de los tiempos, y vivimos en un tiempo en el que la cultura de la muerte lo impregna todo. Él hizo este milagro a favor de la vida, no solo de la vida de la joven, sino también de la de su hijo. Es muy significativo”.

Uno de los aspectos más destacados de John Henry Newman fue su cercanía a las personas que sufren, algo que se prolonga también después de su muerte.

SOR KATHLEEN DIETZ FSO
Teóloga
“El cardenal Newman será canonizado. De esto, estoy absolutamente segura. Hay una gran esperanza de que sea el próximo año. Espero que sea lo antes posible. Pero independientemente de cuándo sea, sabemos que está en el Cielo y que reza por nosotros”.

El cardenal John Henry Newman nació en Londres en 1801. A los 44 años se hizo católico, luego sacerdote y fue nombrado cardenal. Benedicto XVI lo beatificó en el año 2010.

El Templo de Salomón se terminó el 995 a. C

“Al salir del Templo, le dice uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué construcciones.»
Jesús le dijo: «¿Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.»”
(Marcos 13, 1-2).

 

HISTORIA

El Rey David, tras conquistar la ciudad de Jerusalén a los jebuseos la fortificó, transformándola en la capital de Israel; además, trajo el Arca de la Alianza. Este tabernáculo, una tienda que contenía los Diez Mandamientos, fue colocado en la era de Ornan, sobre el monte Moria, en las afueras de la ciudad.

Su sucesor, el rey Salomón, conocido como el rey sabio, tuvo el honor de erigir una morada para el Señor. Como anécdota, destaca el envío, por parte del rey fenicio, de los famosos cedros del Líbano, así como artesanos especializados que construyeron el Templo, adornado con oro y decorado con enormes querubines dorados, tal como lo describe el segundo libro de Crónicas.

 

Vista aérea del Muro y la Explanada de las mezquitas

 

A todo lo largo del Antiguo Testamento, el Templo fue el símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo; pero también la demostración clara de un pueblo que pasó del nomadismo a la sedentarización. El Templo de Salomón se convirtió en la casa de Yahvé.

El Templo de Salomón, cuya construcción se terminó el 995 a. C, se conservó intacto durante 400 años, hasta la invasión de los babilonios que, al mando de Nabucodonosor, exiliaron a los judíos y destruyeron el Templo. Reconstruido cuandolos judíos retornaron al país, el Segundo Templo fue sólo un a sombra del esplendor del primero.

Alejandro Magno permitió a los judíos profesar su religión. Años más tarde, cuando Antioco IV Epifanes prohibió la practica del judaísmo e inicio los sacrificios de cerdos en el Templo, se produjo la rebelión de los Macabeos, que acabó  con la expulsión de los griegos de la ciudad, la purificación del Templo el inicio de la dinastía Asmonea, que gobernó hasta el 63 a.C, año en que Pompeyo tomó la ciudad.

 

En el Nuevo Testamento, la idea de Jesús es que el Templo es un lugar de oración. También expresó su oposición al formulismo del culto de su tiempo y, como los profetas, predijo la ruina total del templo herodiano, que tuvo lugar el año 70 d. C, cuando el emperador Tito arrasó la ciudad.

En el año 132 d.C, los judíos se sublevaron nuevamente, recuperando el control de Judea y Samaria y durante dos años y medio Jerusalén fue nuevamente su capital. El Emperador Adriano aplastó la rebelión y, decidido a acabar con toda resistencia, arrasó Jerusalén. Tras esto, lo único que quedó del Templo fue una de las murallas externas que protegían el recinto. Conocida durante generaciones como el Muro de las Lamentaciones, éste se transformó en el lugar de plegaria más sagrado para los judíos- lo más próximo que podían llegar al sitio del Templo sagrado.

 

EL TEMPLO EN TIEMPOS DE JESÚS

El Templo de Herodes, tal como Jesús lo conoció, constaba de un gran patio -lo que hoy es la gran explanada- rodeado de suntuosos pórticos de 13,5 metros de anchura sostenidos por columnas de mármol blanco de 11 metros de altura, de una sola pieza, y techo de madera de cedro.

Los pórticos occidental, norte y oriental tenían dos órdenes de columnas; mientras que el pórtico meridional tenía cuatro órdenes y dos planos columnados superpuestos.

Dentro del gran patio exterior, llamado Patio de los Gentiles, estaban los tres patios interiores, de dimensiones mucho más reducidas, en el siguiente orden de cercanía al santuario: patio de las mujeres, patio de Israel o de los hombres y el patio de los sacerdotes en torno al Santuario.

 

El Muro de las Lamentaciones

 

Todo esto formaba un mundo aparte rodeado por un muro, donde le estaba prohibida la entrada, bajo pena de muerte, a todo el que no fuera judío. La advertencia estaba escrita en los dinteles de las puertas. No está clara, sin embargola localización o distribución de estos patios interiores, de ahí la diversidad de hipótesis de reconstrucción. Pero es posible que toda esta parte reservada a los judíos no ocupase más de lo que es hoy la plataforma alta de la explanada, donde está la Mezquita de la Roca.

El Santuario estaba dividido en dos partes: el Santo, en el que estaba la mesa de los panes de la proposición, el candelabro de los siete brazos y el altar de los perfumes que un sacerdote incensaba dos veces al día. A continuación, separado por un gran velo y, en lo más recóndito del Santuario, estaba el Santo de los Santos, un lugar oscuro ocupado en otro tiempo por el Arca de la Alianza.

La distribución del conjunto estaba en consonancia con la idea de santidad y lejanía de Dios del Antiguo Testamento, presente de alguna manera en el Santo de los Santos. El único que tenía acceso a este lugar era el sumo sacerdote, pero sólo una vez al año y después de una larga purificación con ayunos y oraciones. Lo hacía el día del Perdón, la fecha más santa del judaísmo. A partir de ese concepto de santidad ritual se establecía un orden de mayor a menor pureza hasta terminar en los gentiles, quienes por carecer de pureza legal no podían pasar del primero de los patios.

 

JESÚS Y EL TEMPLO

Jesús reconoció en todo momento la santidad del Templo. Aquí lo encontraron sus padres después de tres días de búsqueda. Muy probablemente venía con maría y José anualmente desde los 12 años. Más tarde, durante su vida apostólica, Jesús predicó largamente bajo los pórticos del Templo, proclamándose agua viva y Luz del mundo e invitando a la gente a seguirle. Se declara anterior a Abrahán y quieren apedrearle.

 

Maqueta del Templo y la explanada

 

Curó a un ciego en sábado y los fariseos sólo pensaban en acabar con Él, pero Jesús los pone en evidencia cuando le presentan para tentarle a una mujer sorprendida en adulterio. No habían entendido que Él no había venido a juzgar, sino a salvar.

La parábola del Buen Pastor es anunciada en el Templo, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Tampoco entendieron por qué expulsó a los cambistas y vendedores.

Un día, mientras Jesús estaba predicando, se fijó en la gente que depositaba sus limosnas en el arca del tesoro del Templo. Y he aquí que se acerca una viuda pobre y deposita unos céntimos. Jesús se vuelve hacia sus discípulos y les dice: “En verdad, os lo aseguro, esa viuda pobre ha echado en el arca más que nadie; porque todos han echado de lo que les sobra, mientras, que ella, en su indigencia, ha echado todo lo que tenía para vivir” .

En algún momento, San Juan sitúa a Jesús predicando bajo el pórtico de Salomón, es decir, que este lugar fue uno de los marcos destacados de encuentro de Jesús con el pueblo y de desencuentro con la clase religioso-política, sólo que, influenciados por estos, a la hora de la verdad, el pueblo también le abandonó.

 

+ info: JERUSALÉN


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

-Guía de Tierra Santa, de Florentino Díez Fernández. Editorial Verbo Divino
-La Tierra Santa de Jesús, de Daniel Cohen. Editorial Doko Media

ACN, Josué Villalón.- El Papa Francisco viaja a Emiratos Árabes Unidos del 3 al 5 de febrero, donde participará en un encuentro interreligioso. Esta cita es una oportunidad para dar a conocer a los cristianos que viven en este país de la Península Arábiga. En una conversación para el programa “Perseguidos pero no olvidados” de Radio María, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha hablado con la misionera comboniana Alicia Vacas, coordinadora de la provincia de esta congregación en Oriente Medio.

Alicia Vacas, presente estos días en Dubái, destaca la gran actividad pastoral y social de la Iglesia de Emiratos, apoyada en la labor comprometida de los laicos, que colaboran en la educación y la catequesis para llevar el evangelio a una comunidad vibrante, procedente de todas las partes del mundo, aunque eminentemente asiática: “Cualquier encuentro o celebración cuenta con la participación de miles de personas”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada: ¿Cómo ha recibido la comunidad cristiana de Emiratos la noticia del viaje del papa a este país?

Alicia Vacas: Ha sido una noticia de mucha alegría para la Iglesia local. Recibimos el comunicado de parte del obispo Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia del Sur, el pasado 8 de diciembre, día de la Inmaculada. Tuve la suerte de estar ese día en la parroquia de Al Ain, que celebraba precisamente la fiesta de su patrona, la Inmaculada. Inmediatamente el mensaje se lanzó a los medios y periódicos, y se ha creado mucha expectación sobre esta visita.

¿Qué se espera de este viaje del Papá?¿Se sabe algún detalle de los encuentros que va a tener Francisco allí?

El Papa viene a participar en un encuentro interreligioso puesto en marcha por el emir principal del país, Jalifa bin Zayed Al Nahayan. Se espera que también la visita de Francisco de pie a una visibilidad de los cristianos en los Emiratos Árabes y en la Península Arábiga en general. Por último, hay un deseo de que la presencia del Papa genere más gestos de diálogo entre religiones, y que los cristianos no sean vistos aquí solo como mano de obra extranjera, sino que haya un conocimiento recíproco.

¿Quién compone la Iglesia en los Emiratos Árabes Unidos?

La Iglesia aquí es una realidad viva y variada, muy poco conocida, pero muy significativa. Está compuesta exclusivamente por inmigrantes, la mayor parte asiáticos: Indios y filipinos, pero también de Pakistán, Bangladesh e Indonesia. Además, hay inmigrantes europeos o americanos, pero es una Iglesia principalmente asiática. Los cristianos aquí son muy comprometidos, hay una participación enorme,miles de personas acuden a las Misas en las iglesias. Es una comunidad que se mueve en torno a los laicos, todos los años hay varios millares de niños que se bautizan, que hacen la Primera Comunión, o millares de parejas jóvenes que se unen en matrimonio. Para los pocos agentes de pastoral, religiosas y sacerdote, que viven aquí, sería imposible hacer frente a esta tarea sin contar con el apoyo real de los laicos en casi todos los puestos de misión y coordinación.

¿Qué misión desarrollan las Misioneras Combonianas allí?

Las Misioneras Combonianas llegaron a la Península Arábiga en los años 50, a la ciudad de Adén, hoy Yemen, lo que entonces era un protectorado inglés. Hemos trabajado siempre en la formación, a través de escuelas, para los jóvenes locales e inmigrantes. Tenemos dos parroquias a nuestro cargo, una en Dubái y otra en Al Ain. En Dubái la presencia se basa en la escuela, fundada y dirigida por nosotras, aunque pertenece al vicariato. En 2008 cedimos la gestión a otras congregaciones. Pero seguimos realizando la coordinación de catequesisde la Parroquia de Santa María: tenemos 9.000 niños en catequesis, 200 catequistas y 200 o 300 voluntarios que hacen posible la misión. Es un trabajo de formación para los catequistas muy grande, cada año se hace un curso para unos 50 catequistas. Muchos van y vienen del país, por lo que hemos formado a millares de catequistas de todo el mundo, que continúan esta labor en sus países de origen.

El tercer pilar de nuestra misión es la pastoral familiar. Este es un pueblo de inmigrantes con sus problemas, como es el desarraigo familiar, que crea problemas serios, de tipo económico. Desde 2006 una hermana trabaja como consejera familiar. Es un grito de la sociedad aquí en Dubái. Apoyamos en la educación de los hijos, a saber elegir pareja, cómo manejar la economía familiar, en una sociedad muy consumista.

¿Cómo es la relación con las demás religiones y en especial con los musulmanes?

Dubái es un emirato árabe y musulmán, se rige por la sharia. Sin embargo es una sociedad multicultural y multirreligiosa. La sociedad es mayoritariamente inmigrante, hay 3 inmigrantes por cada persona autóctona. Estos inmigrantes son de procedencia diversa, de todas partes del mundo, con tradiciones y religiones distintas. Es muy habitual relacionarse con miembros de otras religiones: budistas, hindúes, sijs y musulmanes. Las relaciones con todos son buenas, pero las religiones no musulmanas no tienen influencia real en el día a día de la sociedad. No hay grandes problemas pero somos conscientes que somos una minoría religiosa y fuera de los muros de las iglesias no está permitida ninguna manifestación religiosa no musulmana. Esto hay que vivirlo con respeto y prudencia.

¿EAU podría ser un modelo de tolerancia y convivencia para otros países de la Península Arábiga? ¿Que destacarías de la sociedad emiratí?

La visita del Papa se enmarca en el Año de la Tolerancia, dedicado a Sheikh Zayed Bin Sultan Al Nahyan, fundador de los Emiratos. Esta visita quiere transmitir un mensaje de apertura y tolerancia. Respecto a la experiencia de otros países, la Iglesia tiene una vida mucho más activa, se han permitido abrir recientemente iglesias nuevas. Con toda la delicadeza por ser minoría, podemos decir que la situación en los Emiratos puede conseguir un canal de diálogo con las instituciones y el estado que permite la presencia de la Iglesia y el desarrollo de la vida de la Iglesia. La presencia de la Iglesia crece y se está haciendo un trabajo delicado de solicitud de nuevos espacios de celebración para los católicos.

Último mensaje, ¿alguna intención de oración por los cristianos allí?

Tenemos que abrir la conciencia a la presencia de estas Iglesias. Para Europa, que vivimos a veces del desanimo y nuestra fe parece de capa caída, estas iglesias nos dan esperanza, son gente que vive en situaciones difíciles, con contratos de trabajo precarios, que han vivido la guerra, catástrofes naturales en sus países de origen, pero quieren vivir la fe con autenticidad y nos dan ejemplo y esperanza a nosotros, cristianos viejos, que vamos “arrastrando las zapatillas”. Pido oraciones para que los cristianos aquí puedan encontrar en la Iglesia el apoyo para vivir este destierro. Y pido por la libertad religiosa, para que se permita vivir a los cristianos su fe de forma plena en esta región, con libertad y apertura.

Mosul es única por su sociedad multicultural y diversificada

Mosul (A gencia Fides) –

La ciudad de Mosul, liberada de la ocupación del Estado Islámico en 2017, lucha por regresar a la situación anterior a la ocupación yihadista. En este contexto, la parte más difícil la están sufriendo los cristianos. Su esperado regreso va más lento de lo que se esperaba.

En los últimos días, medios de comunicación iraquíes como ankawa.com han documentado la degradación de la parte de la ciudad habitada en otro tiempo por los cristianos, una zona donde solo hay escombros y que se ha convertido en un vertedero (ver foto).

 

 

El patriarca caldeo Louis Raphael Sako visitó Mosul para participar en la toma de posesión del dominico Najb Mikhael Moussa como el nuevo arzobispo caldeo de la archidiócesis, ocasión que aprovechó para animar a un “renacimiento” de la ciudad y en la que también confió a la ciudad a su nuevo pastor. “Los frutos del trabajo de un obispo, -dijo el patriarca caldeo en su discurso durante la ceremonia el viernes 25 de enero-, dependen de la unidad de su diócesis, ya que el pastor está al servicio de todos”.

El patriarca destacó que las conductas discriminatorias, los prejuicios y el favoritismo “destruyen a la comunidad”. El Primado de la Iglesia caldea, consciente de las dificultades de la devastada diócesis de Mosul, aseguró que confiaba en que los fieles “puedan profundizar en el gozo de la liberación y aumentar la esperanza de regresar para regenerar la confianza y la convivencia entre los diferentes componentes de la sociedad”.

“Mosul es única por su sociedad multicultural y diversificada. De la misma manera, la Iglesia y los cristianos, en concreto en Mosul, han contribuido a la historia de esta ciudad a nivel nacional, cultural y profesional”, explicó el Patriarca. También por esta razón, el Patriarca Sako, -creado cardenal por el Papa Francisco-, concluyó su intervención con una oración para que “Dios bendiga a Mosul con un “nuevo nacimiento””.

(GV) (Agencia Fides 25/1/2019).

 

"Noble por su sangre, pero mucho más noble por su santidad...,

Poderosa por sus riquezas, pero mucho más insigne por la pobreza de Cristo, De la estirpe de los Gracos, del linaje de los Escipiones.... prefirió Belén a Roma y trocó el resplandor de los dorados artesonados por la vileza de una choza de barro".

Así resume San Jerónimo, en su elocuente panegírico, la vida "de esta mujer admirable" que vino a ser la primera de sus hijas espirituales, "mínima entre todas para superarlas a todas".

La conoció en Roma, más que mediado el siglo IV, con motivo del concilio convocado en 382 por el papa español San Dámaso, al que asistieron algunos obispos orientales, como San Paulino de Antioquía y San Epifanio. Venía con ellos Jerónimo, en calidad de intérprete y secretario, con unos cuarenta y dos años de edad, macerado ya su temperamento volcánico en las asperezas del desierto, disciplinada su retórica en el estudio de las Escrituras. Su fama, empero, corría por la Ciudad de los Césares y había un palacio en el Aventino, del que era dueña la noble viuda Santa Marcela, donde un grupo de vírgenes y matronas del patriciado sabía, hasta de memoria, las cartas que escribiera desde el yermo el literato convertido en asceta.

Al enterarse Marcela de que el Papa, gran protector de su cenáculo, retenía en Roma a Jerónimo, decidió lograr semejante maestro para las que esbozaban una vida monástica, a imitación del Oriente, y ansiaban un guía para entrar en el huerto cerrado de los sagrados libros. Jerónimo, que ni miraba el rostro de mujer alguna, fue vencido en su hosquedad por la importunidad de la solicitante y sin buscarlo siquiera, dio con la magnífica ocasión de plantar el estandarte de la cruz en el corazón mismo de esa Roma patricia y cesárea, cristiana desde Constantino, pero sin renunciar del todo al paganismo, porque eran los dioses sus antepasados y porque la invadían ahora los cultos y los refinamientos orientales que venían de la corte de Bizancio.

Su portaestandarte fue Paula. Llevaba, con treinta y cinco años, los velos de la viudez. De su esposo Toxocio, que heredó "la altísima sangre de Eneas y de los Judíos" le habían quedado cinco hijos: un niño, del mismo nombre y de la misma religión pagana que su padre, y cuatro jovencitas: Blesila, viuda de diecisiete años, aún pendiente del mundo y del tocador; Eustoquio la perla de todo el collar, virgen consagrada por el papa Liberio en sus dieciséis primaveras; Paulina y Rufina,

Jerónimo revolucionó aquel hogar, haciendo de Paula un espejo devirtudes evangélicas y una heroína de la ciudad. Eustoquio era ya en Roma, "joya preciosa de la virginidad y de la Iglesia"; Blesila, que se defendía de la influencia de tal maestro, cedió por fin al dardo certero de una cruel enfermedad que la convirtió de lleno a la vida ascética; Paulina, de vocación más corriente, dio su mano al senador Pamaquio, gran amigo de San Jerónimo, de quien reza también el martirologio romano. A través de esta familia privilegiada el Santo revolucionaba también a la alta sociedad romana, que se veía invadida por la virtud de la palabra evangélica. Era una constelación jerónima la que giraba en torno suyo: Marcela, la doctora en Sagradas Escrituras; Lea, que de su palacio hizo un convento; Asela, la virgen penitente que en la ciudad populosa vivía como en un desierto; Fabiola, la arrepentida de su divorcio, precursora de las fundaciones de caridad; Principia, Marcelina, la hermana de San Ambrosio... Sin embargo, "así como el brillo del sol eclipsa y oscurece las lucecitas de las estrellas", así - asegura Jerónimo, hablando de Paula –"superó con su humildad las virtudes de todos". "Su cántico eran los salmos, su palabra el Evangelio, sus delicias la continencia1 su vida el ayuno" (Epist. 38).

La temprana muerte de Blesila, atribuida a sus penitencias, fue la tea que, en manos del maligno, hizo arder de indignación a todo el patriciado. La misma Paula, madre al fin, no fue dueña de su corazón ni de sus demostraciones excesivas. Había que acabar con la raza detestable de los monjes! Para colmo de desamparo, Dámaso había muerto, ¡había que desterrar de Roma a Jerónimo! Se urdió contra él una calumnia, se le rodeó de una persecución que le hizo exclamar: "¡Oh malicia de Satanás, que siempre persigues a los santos! ¿No hubo otras romanas que merecieran las habladurías de la ciudad fuera de Paula y Melania que despreciadas sus riquezas, levantaron la cruz del Señor como un estandarte de piedad? ¡Por la buena y por la mala fama hay que llegar al reino de los cielos! "Con todo, el que ayer era el consejero de Dámaso, el que a juicio de todos" era estimado "digno del sumo pontificado" tuvo que huir y embarcarse para el Oriente, no sin llorar antes su despedida en tumultuosa carta a Asela: "Saluda a Paula y a Eustoquio le decía ; quiera o no quiera el mundo, mías en Cristo".

En Roma dejaba Jerónimo la primera semilla de vida monástica que prendió en el Occidente. Paula no tardó en reaccionar. Pensó que había llegado la hora de visitar los Santos Lugares, de beber, en su propia tierra esa sabiduría bíblica que había hincado en su alma su sabio director. Superando el llanto de los hijos Toxocio y Rufina, que desgarraba sus entrañas embarcó un día en el puerto de Ostia, con su inseparable Eustoquio, "compañera de propósito y de navegación".

San Jerónimo, que la esperaba en Antioquía, ha narrado detenidamente aquella maravillosa peregrinación que llevó a Paula, con su cortejo de doncellas, a recorrer toda la Tierra Santa, bajo la dirección del Doctor máximo en la exposición de las Sagradas Escrituras. Visitó con él los monasterios egipcios, poblados por los Macarios, los Arsenios, los Serapiones y "otras columnas de la soledad" y hubiera permanecido en sus yermos a no haber sentido el llamamiento divino que la hirió en Belén.

"Yo miserable pecadora – exclamaba Paula, después de un éxtasis memorable en la gruta de Belén -, he sido juzgada digna de besar el pesebre en el que el Dios Niño dio sus primeros vagidos y de orar en la cueva donde la Virgen Madre dio a luz el Divino Infante. He aquí el lugar de mi descanso, porque es la patria de mi Señor. Prepararé una lámpara para mi Cristo. Mi alma vivirá para mi y mi linaje le servirá".

Durante veinte años la patricia Paula, convertida en humilde conciudadana del Salvador, se abatió tanto por la humildad que parecía la última de sus criadas. Su ensayo monástico de Roma llegó en Belén a la perfección. Más de cien vírgenes formaban su corona. Ninguna la sobrepasaba en la penitencia y en la oración. Dormía sobre el duro suelo, ayunaba sin cesar, pasaba noches enteras velando en la plegaria. El don de lágrimas cegaba casi sus ojos, la caridad dispersaba su inmenso patrimonio. Quería que, al morir, tuvieran que pedir de limosna la sábana en que la enterraran. Todo le parecía poco sin embargo, para proveer a Jerónimo rodeado de discípulos, de los textos griegos, hebreos, siriacos, que necesitaba para su ímproba tarea de traducir al latín la Sagrada Biblia en estudio directo sobre los textos originales.

Fue una enamorada del Verbo Encarnado y de todas sus divinas palabras. de las que le decía Jerónimo que eran como una segunda Eucaristía. Se sabia las Escrituras de memoria, se revestía de ellas "como de la armadura de Dios" en todos sus duelos y tribulaciones, que fueron grandes. A su luz fundó y dirigió el triple monasterio, organizado como las centurias romanas e inspirado en la regla de San Pacomio donde se vivía una vida sencilla y celestial, alabando al Señor de noche y de día como los ángeles, sirviéndole en el trabajo, intelectual y manual, en la caridad y en la mortificación.

San Jerónimo. que encontró en Paula una discípula incansable, una hija y una madre, ha referido también su muerte, que fue un epitalamio. Sufría él y lloraba Eustoquio, "la perla de las vírgenes" con todas sus compañeras. Ella veía "quietas y tranquilas" todas las cosas y moría exclamando: "¡Señor he amado la belleza de tu casa y el lugar donde habita tu gloria! ¡Qué deliciosos son tus tabernáculos! Elegí ser despreciada en la casa de mi Dios, mejor que habitar en las tiendas de los pecadores".

CRISTINA DE ARTEAGA, O.S.H.

 

Francisco ha afrontado en su catequesis un tema complejo y espinoso: la diferencia y la complementariedad entre el hombre y la mujer.

El Papa ha dicho que para conocerse bien y crecer armónicamente, el ser humano necesita la reciprocidad entre hombre y mujer, y ha recordado que cuando una de las partes intenta dominar sobre la otra, surgen los problemas. Ha explicado que la solución es la complementariedad, no anular las diferencias.

 

 

FRANCISCO

"Ambos son imagen y semejanza de Dios. No sólo el hombre, no sólo la mujer, sino también la pareja. La diferencia entre ellos no es para competir o para dominar, sino para que se dé esa reciprocidad necesaria para la comunión y para la generación, a imagen y semejanza de Dios. En esta complementariedad está basada la unión matrimonial y familiar para toda la vida, sostenida por la gracia de Dios. El ser humano está hecho para la escucha y la ayuda mutua”.

"Me pregunto por ejemplo, si la así llamada ideología de género no sea expresión de una frustración y de una resignación, que mira a cancelar la diferencia sexual porque no sabe confrontarse con ella. Sí: corremos el peligro de dar un paso hacia atrás. La anulación de la diferencia es el problema, no la solución”.

El Papa ha propuesto que para resolver sus problemas de relación, "el hombre y la mujer se hablen más, se escuchen, se conozcan, se aprecien y se traten con respeto y amistad”. "Con estas bases es posible proyectar la uniónmatrimonial y familiar para toda la vida”. Una cuestión de primera importancia para construir una sociedad más libre y justa. En concreto, ha propuesto dos líneas de actuación.

FRANCISCO

"Tenemos que hacer mucho más en favor de la mujer. No sólo para que sea más reconocida, sino para que su voz tenga un peso real, una autoridad efectiva en la sociedad y en la Iglesia”.

La segunda medida es "redescubrir la belleza del diseño creador de Dios, que imprime también su imagen en el vínculo del hombre y la mujer”, ya que la crisis de fe en Dios Padre podría estar ligada a "la crisis de la alianza entre el hombre y la mujer”.

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JMJ de Panamá

Panamá es un lugar clave para la nueva evangelización en y desde Centroamérica. Su papel de comunicación, gracias al canal, entre los dos océanos Atlántico y Pacífico y su liderazgo en el crecimiento económico de Latinoamérica hacen de este país un lugar estratégico, para que llegue el mensaje de Francisco a los jóvenes del mundo.

La JMJ de Panamá cuenta con el primer papa americano, más precisamente latinoamericano y de habla española. Sin duda este hecho –que el papa comparta el habla hispana con las gentes que lo acogen– hará especialmente significativo este encuentro con los jóvenes. La cultura de estos países posee una gran riqueza de valores, también desde el punto de vista cristiano.

Una inmensa mayoría de sus gentes se reconocen católicos y la religiosidad popular tiene ahí fuentes profundas. Su carácter propio y su amor a la vida conectan plenamente con la sensibilidad de Francisco. Recordemos que la vida es el tema principal del Documento de Aparecida (2007), que recoge la última reunión del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) y cuya redacción fue coordinada por el que hoy es papa.

Francisco confía en los jóvenes y en su capacidad para impulsar grandes transformaciones. Y ello, a pesar de que en muchos sitios son víctimas de la “cultura del descarte” y de la “globalización de la indiferencia”. Para transformar el mundo en que habitan y disponerlo a servir a la persona y no a someterla al servicio del que quiere y puede aprovecharse de ellas, los jóvenes necesitan ser acompañados y promovidos humana y espiritualmente. 

Recorrer el istmo de los jóvenes

Durante su visita a Colombia el año pasado, con referencia a la JMJ de 2019 y utlizando la metáfora del istmo, el papa declaró:

“Estoy seguro que en todos los jóvenes se esconde un istmo; en el corazón de todos nuestros chicos hay un pequeño y alargado pedazo de terreno que se puede recorrer para conducirlos a un futuro que solo Dios conoce, y a Él le pertenece. […] Nos toca a nosotros presentarles nuevas propuestas para despertar en ellos el coraje de arriesgarse, junto a Dios, y hacerlos, como la Virgen, disponibles”.

En Madrid (2011), el lema fue “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”. En Río de Janeiro (2013), “Id y haced discípulos a todos los pueblos”. En Cracovia (2016), “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Cabe preguntarse por el papel que va a jugar el lema de este año y cómo debe interpretarse.

En su videomensaje a los jóvenes para la Jornada de Panamá, el papa pone como ejemplo a María, por su diálogo con Dios y su actitud de escucha. El lema de la JMJ de 2019 es la respuesta de la Virgen María: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Esto quiere decir que su “sí” valiente y generoso es ejemplo para “salir de uno mismo” y “ponerse al servicio de los demás”.


La fuerza de los jóvenes es su generosidad

Francisco subraya que el deseo de muchos jóvenes de “ayudar a otros”, de “hacer algo por los que sufren”, es la “fuerza de los jóvenes”, capaz de cambiar las cosas y “desbaratar los grandes poderes de este mundo: la revolución del servicio”.

De esta manera se fortalece la propia identidad de cristianos y se puede descubrir la vocación, la propuesta que Dios tiene para cada uno. Siempre hay que considerar que “las propuestas de Dios son para hacer que nuestra vida fructifique y haga brotar muchas sonrisas y alegre muchos corazones”.

Por otra parte, es la primera vez que se organiza una pre-Jornada de la JMJ, específicamente para jóvenes de los pueblos indígenas a nivel mundial. En otro videomensaje posterior de Francisco a los jóvenes indígenas (18-I-2019) explica que la finalidad de esta reunión es “reflexionar y celebrar su fe en Jesucristo desde la riqueza milenaria de sus propias culturas originarias”.

Se trata de que los jóvenes puedan fortalecer algunas importantes actitudes: el agradecimiento por la historia de sus pueblos; la valentía para afrontar los desafíos que supone mejorar el mundo que nos rodea, hacerlo más equitativo y humano; el compromiso de proteger la Tierra, nuestra Casa Común.

De esta forma, el papa confía en que los jóvenes puedan reaccionar contra la cultura del descarte y del olvido de las raíces, llevando esas raíces al futuro. Y por eso les propone: “Volver a las culturas del origen. Hacerse cargo de las raíces, porque de las raíces viene la fuerza que los va a hacer crecer, florecer y fructificar”.

Así, en continuidad con las JMJ anteriores, la de Panamá proyecta a los jóvenes hacia la construcción de una humanidad con futuro. “Donde está Dios hay futuro”, ha dicho el papa hoy emérito Benedicto XVI. Pero no solo deben movilizarse los jóvenes, sino también todos nosotros –particularmente en el campo educativo–, para suscitar y acompañar su compromiso.

 

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