Formas “desconcertantes” de ataque del demonio
“La Iglesia ha tenido desde siempre que lidiar con divisiones y pecados, aunque hoy asistimos a formas desconcertantes, porque uno no se las esperaría. Cuando se hacen más evidentes las tentativas diabólicas para desgarrar el vestido de la Esposa de Cristo, hay que recurrir a la oración, que es fuente de comunión y de paz. Y el Rosario es una forma probada de oración, tanto personal como comunitaria”, afirma el sacerdote montfortano Corrado Maggioni. Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos –un nombramiento de Francisco–, es profesor en la Pontificia Facultad Teológica Marianum y en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma. Y ha dedicado a la Virgen numerosas publicaciones.
El religioso explica en Avvenire el sentido de la iniciativa lanzada por Bergoglio. “Que el Papa señale una intención especial de oración, en particular en octubre, mes del Rosario, es una práctica conocida. Este año Francisco recomendó acudir a la ayuda de la Madre de Dios y de San Miguel Arcángel con el fin de no quedar atrapados en los lazos del diablo ‘que busca siempre separarnos de Dios y separarnos entre nosotros’. Las divisiones en la Iglesia siempre hacen el juego al diablo, una palabra griega que significa ‘el que divide’. La misión el diablo, en efecto, es justo provocar confusión, distorsionar la visión de las cosas, desacreditar, insinuar la sombra allí donde resplandece la luz”.
La invitación del Pontífice se inserta en el corazón del mes del Rosario por excelencia, octubre. De hecho, el 7 de octubre se celebra la memoria litúrgica de la Santísima Virgen María del Rosario. “Este vínculo remonta al siglo pasado –aclara el padre Maggioni-. Tras las apariciones de Lourdes (1858), en las que María se apareció con el Rosario en las manos, se abrió camino la costumbre de rezarlo todos los días de octubre con motivo de coincidir en este mes la evocación de la Virgen del Rosario, que se celebra hoy el 7 de octubre.
Esta costumbre, alabada por el Beato Pío IX, quien le asoció indulgencias, se difundió en toda la Iglesia con León XIII, quien lo hizo obligatorio en los días de octubre en todas las iglesias, indicando el rezo del Rosario como la vía segura para implorar de Dios, con la potente intercesión de María, serenidad y paz para la Iglesia y para la sociedad. Ése fue el periodo en el que el rezo del Rosario, a partir del mes de octubre, se difundió habitualmente en las familias más fervientes como cotidiana oración vespertina”.
Y en este escenario de 2018 la oración, en particular el Rosario, es propuesta por el Papa Francisco como fuerza par vencer al “gran acusador”.
“Es verdad”, subraya el mariólogo de la Compañía de María, la congregación más comúnmente conocida como los montfortianos, “la oración es fuerza porque permite recibir la fuerza del Espíritu de Cristo, vencedor del Maligno. Según las palabras de Jesús, el Espíritu Santo es nuestro abogado, el defensor seguro, quien impide al acusador, que es precisamente el diablo, dar vueltas por el mundo cobrándose víctimas”.
Y el padre Maggioni insiste en que se sepa: “Hoy las noticias diabólicas, es decir, que buscan la división, dan la vuelta al mundo en pocos minutos, envenenando los corazones. La oración es el modo del que disponemos para conectarnos con el Espíritu de Dios que trabaja para unir, suscitar concordia, crear armonía. Sin duda es sobre todo la misa dominical la que nos permite nutrirnos del Espíritu de Cristo. A su luz, también el Rosario, con las repeticiones de Padrenuestros, Avemarías y Glorias, meditando los misterios de la vida de Cristo, nos ayuda a custodiar la unión con Él y a huir de las garras del ‘gran acusador’”.
La más antigua oración mariana
Del Papa llega también una sugerencia más. Bergoglio pide que al final del rezo del Rosario, nos volvamos a la Virgen con la invocación Sub tuum praesidium.
“Es la más antigua oración mariana, difundida por Oriente y Occidente, encontrada en 1927 sobre un papiro egipcio de finales del siglo III, que dice: ‘Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios’ –observa el subsecretario de la Congregación para el Culto Divino-. Su valor doctrinal es relevante porque aparece el título Theotokos, es decir, Madre de Dios, antes de su reconocimiento en el Concilio de Éfeso en 431. También es evidente su valor como culto, porque es una súplica dirigida directamente a María. Aunque ignoramos qué prueba la habrá inspirado, está claro que era un recurso común de los fieles a la Madre de Dios, seguros de que ella los ayudaría a causa de su maternidad divina. Buscar la protección de María no contradice el refugiarse en Dios, es más, lo facilita. ¿Dónde encontrar a Dios sino en aquella que nos lo ofreció como salvador y liberador del maligno? María es la casa en la que Dios mismo ha hecho morada. Buscamos refugio en ella para no engañarnos, arriesgándonos a buscar al liberador allí donde no se encuentra. Desde aquí se eleva la conmovedora invocación: ‘No desoigas nuestras súplicas en las necesidades que te presentamos y líbranos de todos los peligros’. Se suplica a la ‘Virgen gloriosa y bendita’ seguros de que, en lo que de ella dependa nuestra liberación del mal, no puede no concederlo y socorrer a quien la invoca. El Papa nos llama pues a pedir a María que ponga la Iglesia bajo su manto ‘para defenderla de los ataques del maligno, el gran acusador, y hacerla, al mismo tiempo, cada vez más consciente de las culpas, de los errores, de los abusos cometidos en el presente y en el pasado y comprometida a luchar sin ninguna vacilación para que el mal no prevalezca’”.
avvenire
San Calixto es uno de los cementerios subterráneos más grandes de la ciudad, con cerca de 500 mil sepulturas. Cada año recibe miles de turistas que, interrogados por la historia de la cristiandad, quieren conocer los vestigios de la Iglesia primitiva.
Con el nuevo descubrimiento y un recién inaugurado museo, los responsables de las Catacumbas esperan recordar aún mejor a los primeros cristianos.
Orfeo es un personaje dela mitología griega. Según los relatos, cuando tocaba su lira, los hombres se reunían para escucharlo y hacer descansar sus almas. De esta manera enamoró a la bella Eurídice y logró dormir al terrible Cerbero cuando bajó a los infiernos a intentar resucitarla.
Luego de un largo proceso de restauración, el Orfeo de San Calixto y las demás imágenes que componen todo el conjunto se pueden admirar en todo su esplendor. Para lograrlo, los técnicos de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada concentraron sus esfuerzos en estas catacumbas cuyo nombre viene dado por el Papa Calixto, quien se encargó del complejo antes de ser Pontífice.
Delante de la Cripta de los Papas –llamada así porque allí se encuentran las sepulturas de varios Sumos Pontífices del siglo III– existe un pequeño cubículo o estancia que hasta hace poco estaba mal conservada.
Es ahí donde se iniciaron las labores y se descubrió todo el conjunto pictórico de Orfeo. Su figura está rodeada de imágenes como pavos reales, aves que vuelan, monstruos marinos y flores que representan el mundo y todos los elementos que lo componen. La pintura data del 230-240 d.C. y recuerda al Edén, al paraíso, en el que Orfeo es imagen de Cristo.
Gracias a los trabajos, se han descubierto también nuevas tumbas así como 300 monedas, fragmentos de lámparas de cristal y mármoles que cubrían las criptas de la zona.
Con todo este material y otros hallazgos que permanecían guardados, como sarcófagos e inscripciones de los siglos III y IV, la Comisión ha decidido crear el Museo de la Torreta.
Los responsables de las Catacumbas piensan que el hallazgo del Orfeo y la inauguración del museo son buenas opciones para visitar durante el Jubileo Extraordinario de la Misericordia que dará comienzo el próximo 8 de diciembre y que fue convocado por el Papa Francisco.
Perteneciente a una familia patricia, Cecilia se convierte al cristianismo en su juventud. Se casa con Valeriano, a quien también acerca a la fe, y los dos deciden vivir virginalmente.
Poco después, Valeriano, que se ocupaba de recoger y sepultar los restos de los mártires, es descubierto y decapitado. Cecilia también es delatada ante las autoridades.Intentan asfixiarla en las calderas de su casa y, tras salir ilesa, es condenada a muerte por decapitación.
La ley romana contemplaba que el verdugo podía dar tres golpes con la espada. Cecilia los recibe, pero no muere inmediatamente. Tendida en el suelo, antes de exhalar el último suspiro, tuvo fuerzas para extender tres dedos dela mano derecha y uno de la izquierda, testimoniando hasta el final su fe en el Dios Uno y Trino.
Cuando siglos más tarde, en 1599, se inspeccionaron sus reliquias, el cuerpo incorrupto de Santa Cecilia se encontraba aún en esa posición. Maderno la inmortalizó en una escultura que hoy se encuentra en la iglesia de Santa Cecilia en el Trastevere, su antigua casa, donde reposan desde el siglo IX los restos de la santa, y de la que hay una copia en las Catacumbas de San Calixto, en el lugar donde fue inicialmente sepultada.
En el siglo III, el cementerio es donado al Papa Ceferino (199-217), que confía su gestión al diácono Calixto. Nace así el primer cementerio propiedad de la Iglesia de Roma, que un siglo más tarde custodiará ya los restos mortales de dieciséis papas, casi todos mártires. Calixto trabajó al frente de las catacumbas casi veinte años, antes de convertirse en el sucesor del Papa Ceferino como cabeza visible de la Iglesia. Durante ese tiempo, amplió y mejoró la disposición de las áreas principales del cementerio: en especial, la Cripta de los Papas y la Cripta de Santa Cecilia.
Otro mártir que con su testimonio conmovió a la comunidad cristiana es San Tarsicio. En el siglo IV, San Dámaso Papa grabó sobre su sepulcro la fecha exacta en que recibió el martirio: el 15 de agosto del año 257, durante la persecución de Valeriano. Tarsicio era un adolescente que ayudaba como acólito a repartir la Comunión entre los cristianos presos en las cárceles. Aquel 15 de agosto fue descubierto, apresado y amenazado para que entregara las Sagradas Formas. Tarsicio se negó, y prefirió morir lapidado a permitir la profanación del Cuerpo de Cristo.
Sin embargo, en el siglo V, tras el saqueo de Roma llevado a cabo por Alarico, aumenta la inseguridad en el exterior de las murallas de la ciudad y serán cada vez menos frecuentadas.
En el siglo IX, se decide llevar los huesos de los santos a las iglesias que están dentro de la ciudad; y durante la Edad Media las catacumbas van cayendo progresivamente en el olvido:nadie acude a esos lugares y en muchos casos se pierde la memoria de su ubicación.
El interés por las catacumbas renace a partir del siglo XV, habrá que esperar hasta el XIX para que vuelvan a ser valoradas como lugar santo y tesoro de la cristiandad.
Giovanni Battista De Rossi, fundador de la arqueología cristiana moderna y redescubridor de las Catacumbas de San Calixto, cuenta en sus memorias cómo convenció a Pío IX para visitar las excavaciones.
Cuando llegaron a la Cripta de los Papas, De Rossi le explicó las inscripciones y le mostró la lápida que San Dámaso hizo colocar en el siglo IV con los nombres de los sucesores de Pedro martirizados y allí sepultados. Fue entonces cuando Pío IX tomó conciencia de dónde se encontraba. Con los ojos brillantes por la emoción, se arrodilló y estuvo un rato absorto en oración. Era la primera vez, después de casi mil años, que un Papa volvía a poner los pies en este lugar santificado por la sangre de los mártires.
La fuerte persecución iniciada por Nerón a partir del año 64 d. C. llevó al martirio a una ingente cantidad de cristianos. Calificados de ateos (al negarse a dar culto al emperador), peligrosos para la unidad del Imperio y enemigos del género humano, a los cristianos se les atribuían las peores atrocidades: infanticidios, antropofagia y desórdenes morales de todo tipo. Tertuliano, (160-220), lo describía así: No hay calamidad pública ni males que sufra el pueblo de que no tengan la culpa los cristianos. Si el Tíber crece y se sale de madre, si elNilo no crece y no riega los campos, si el cielo no da lluvia, si tiembla la tierra, si hay hambre, si hay peste, un mismo grito enseguida resuena: ¡los cristianos a las fieras!
Hasta el 313, año en que se alcanzó la paz con el Edicto de Milán, la Iglesia vivió perseguida.
Es cierto que las persecuciones no tuvieron siempre la misma intensidad y que, quitando algunos periodos concretos, los cristianos hacían vida normal; pero el riesgo de encontrar el martirio siempre estaba presente: bastaba la acusación de un enemigo para que se diera inicio a un proceso.
Quien se convertía era plenamente consciente de que el cristianismo suponía una opción radical que implicaba la búsqueda de la santidad y la profesión de la fe, llegando, si fuera necesario, a la entrega de la propia vida.
El martirio era considerado entre los fieles un privilegio y una gracia de Dios: una posibilidad de identificarse plenamente con Cristo en el momento de la muerte. Junto a esto, la conciencia de la propia debilidad les llevaba a implorar la ayuda del Señor para saber abrazarlo, si se presentaba la ocasión, y a venerar como modelos a los que habían alcanzado la palma del martirio.
Es fácil imaginar cómo emocionaría a la comunidad cristiana de Roma oír los detalles de la muerte santa de sus hermanos en la fe. Estos relatos eran a un tiempo consuelo y fortaleza para los creyentes, y semilla para nuevas conversiones. Las reliquias de los mártires se recogían y sepultaban con devoción, y a partir de ese momento se acudía a ellos como intercesores.
Desde muy antiguo, la ley romana establecía que las necrópolis, ciudades de los muertos, en griego, debían situarse fuera de las murallas de la ciudad. "Al hombre muerto ni se le sepultará ni se le quemará en la Urbe". Los romanos solían incinerar los cuerpos de los difuntos, pero también existían algunas familias que tenían por costumbre enterrar a los seres queridos en campos de su propiedad, costumbre que se fue imponiendo posteriormente por influencia del cristianismo.Al principio no había separación, y se enterraban juntos a fieles y paganos.
A partir delsiglo II, gracias a las donaciones de algunos cristianos de buena posición social, la Iglesia comenzó a tener sus propias necrópolis, a las que los fieles comenzaron a llamar cementerios (coimeteria, del griego koimáo, dormir): lugares donde los cuerpos reposan en espera de la resurrección.
Así fueron surgiendo las catacumbas cristianas, que no eran, como a veces se piensa, escondrijos o sitios de reunión para las celebraciones litúrgicas, sino lugares de sepultura donde se custodiaban los restos mortales de los hermanos en la fe.
Originariamente, el término catacumba hacía referencia a la zona de la vía Apia que se encuentra entre la tumba de Cecilia Metella y la ciudad de Roma.
Con el tiempo, pasó de ser un toponímico a designar en general el cementerio cristiano bajo tierra.
En los primeros siglos fueron enterrados en ellas muchos mártires y, junto con las tumbas de San Pedro y San Pablo, las catacumbas pasaron a ser lugares de memoria y veneración muy queridos para los cristianos de Roma.
¡Cuántas veces, en los momentos difíciles, se escaparían a implorar la ayuda de Dios por intercesión de aquellos que habían proclamado el Evangelio con su sangre! Movidos por la devoción, era normal que los fieles quisiesen ser sepultados y esperar la resurrección en compañía de los demás miembros de la comunidad cristiana y, si era posible, cerca de algún Apóstol o de algún mártir.
«Pío IX tomó conciencia de dónde se encontraba. Con los ojos brillantes por la emoción, se arrodilló y estuvo un rato absorto en oración. Erala primera vez, después de casi mil años, que un Papa volvía aponer los pies en este lugar santificado por la sangre de losmártires.»
«Quien se convertía era plenamente consciente de que el cristianismo suponía una opción radical que implicaba la búsqueda de la santidad y la profesión de la fe, llegando, si fuera necesario, a la entrega de la propia vida. El martirio era considerado entre los fieles un privilegio y una gracia de Dios.»
(Palabras recogidas en la lápida colocada por San Dámaso en la Cripta de los Papas)
Fue obispo de Antioquía, el sexto después de San Pedro. Es el único de los apologistas que estuvieron revestidos del carácter episcopal, y en una sede tan importante por su antigua tradición.
De Teófilo sólo se conservan los tres libros “A Autólico”, escritos hacia el año 180, que son una apología en defensa de los cristianos, cuya sangre seguía corriendo en sucesivas persecuciones.
Quizá Autólico no sea un personaje real, un pagano que tenía necesidad de ser instruido; encarna más bien a un tipo de pagano que no debía de ser raro a finales del siglo II: un hombre culto, que reconocía en bastantes cristianos a otros hombres cultos como él,pero a quien parecía demasiado simple la doctrina de Cristo.
En plena persecución, Teófilo se atreve a llamar menesterosos y ciegos voluntarios a los escritores ateos, y les dice:
“Comenzad por curar los ojos de vuestra alma cambiando de conducta y entonces veréis más claras las cosas invisibles. Vuestra estupidez, como en otros tiempos la mía, disminuirá entonces y Dios os dará la misma gracia que me concedió a mí: la de revelarse a vosotros”.
(San Teófilo, también en el siglo II, manifiesta con claridad cómo los cristianos –que procuran ser ciudadanos virtuosos- nunca aceptarán el culto al Emperador, pero siempre rezarán por él…)
Yo honraré al emperador, pero no lo adoraré; rezaré, sin embargo, por él. Yo adoro al Dios verdadero y único por quien sé que el soberano fue hecho. Y entonces podrías preguntarme: ¿Y por qué, pues, no adoras al emperador? El emperador, por su naturaleza, debe ser honrado con legítima deferencia, no adorado. El no es Dios, sino un hombre al quien Dios ha puesto no para que sea adorado, sino para que ejerza la justicia en la tierra. El gobierno del Estado le ha sido confiado de algún modo por Dios. Y así como el emperador no puede tolerar que su título sea llevado por cuantos le están subordinados –nadie, en efecto, puede ser llamado emperador-, de la misma manera nadie puede ser adorado excepto Dios. El soberano por lo tanto debe ser honrado con sentimientos de reverencia; hay que prestarle obediencia y rezar por él. Así se cumple la voluntad de Dios. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Libros a Autólico 2, 24-27)
Por mi parte, confieso que soy cristiano, y llevo este nombre, grato a Dios, con la esperanza de ser útil para el mismo Dios. (…)
Pues si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te replicaría: «Muéstrame tú a tu hombre, y yo te mostraré a mi Dios». Muéstrame, en efecto, unos ojos de tu alma que vean y unos oídos de tu corazón que oigan. Porque a la manera que quienes ven con los ojos del cuerpo, por ellos perciben las cosas de la vida y de la tierra, y disciernen juntamente sus diferencias, por ejemplo, entre la luz y la obscuridad, entre lo blanco y lo negro, entre la mala o buena figura, entre lo que tiene ritmo y medida y lo que no lo tiene, entre lo desmesurado y lo truncado; y lo mismo se puede decir respecto a los oídos: sonidos agudos, bajos y suaves; tal sucede con los oídos del corazón y los ojos del alma en cuanto a su poder de ver a Dios. (SAN TEOFILO DE ANTIOQUÍA, Primer discurso a Autólico, I, 1, 2)
La luz debe estar bien alta para que ilumine a los demás; no debajo del celemín, es decir, de la gula, ni debajo de lacama, o del ocio, porque nadie que se entregue a la gula y al ocio puede ser luz para los demás. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Primer discurso a Autólico, 2, 9)
Cualquiera que se encuentre fiel y prudente, presida la familia del Señor para darle la medida de trigo en todo tiempo, ya por medio de la predicación con la que el alma se alimenta, ya por medio del buen ejemplo, por el que la vida se endereza. (SAN TEOFILO DE ANTIOQUÍA, Primer discurso a Autólico, 6, 18)
Mas tú no crees que los muertos resuciten. Cuando suceda, tendrás que creerlo, quieras o no quieras, y tu fe se contará entonces como infidelidad, si no crees ahora. Mas, ¿por qué no crees? ¿O es que no sabes que la fe va delante de todas las cosas? Pues, ¿qué labrador puede cosechar, si primero no confía la semilla a la tierra? ¿O quién puede atravesar el mar, si primero no se confía a la embarcación y al piloto? ¿Qué enfermo puede curarse, si primero no se confía al médico? ¿Qué arte o ciencia puede nadie aprender, si primero no se entrega y confía al maestro? Si, pues, el labrador cree en la tierra, el navegante en el navío, el enfermo en el médico, ¿tú no quieres confiarte a ti mismo a Dios, de quien tan grandes prendas has recibido? La primera es haberte sacado de la nada al ser. Porque si hubo momento en que ni tu padre ni tu madre existían, mucho menos existías tú. Y te plasmó de una sustancia húmeda y pequeña y de una gota mínima que tampoco existía antes, y finalmente te introdujo en este mundo. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Primer libro a Autólico, 5-8)
Conviene mucho que el favorecido tenga agradecimiento y dé las gracias, aunque el bienhechor no tenga necesidad de ello. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Libro a Autólico, I, 2, 7)
Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri (Ed. Planeta)
Arqueólogos de la Autoridad de Arqueología de Israel (AAI) han hallado una piedra con una inscripción de 2.000 años de antigüedad en la que se lee en hebreo «Jerusalén», lo que la convierte en la más antigua completa encontrada.
La inscripción, hallada en una excavación bajo el Centro de Convenciones de Jerusalén (Binyanei Ha'Uma) cuando se estaba renovando una carretera, se comenzará a exhibir al público mañana en el Museo de Israel, en Jerusalén, y fue presentada hoy a la prensa.
La particularidad del texto, que reza «Hananiah, hijo de Dódalos de Jerusalén», es que es el más antiguo en hebreo que deletrea el nombre de la ciudad santa de forma completa y tal y como se pronuncia hoy.
La piedra estaba en una columna de un edificio romano, donde aparece la inscripción aramea, escrita en letras hebreas características de la época del Segundo Templo (s.I d.C.) y los expertos aseguran que data de la época del reinado de Herodes el Grande.
«Como residente de Jerusalén, me siento emocionado por poder leer esta inscripción, escrita hace dos mil años, especialmente cuando pienso que será accesible a todo niño que puede leer y que usa el mismo alfabeto que hace dos milenios», señaló en un comunicado el profesor Ido Bruno, director del Museo de Israel, en referencia a la recuperación de la lengua hebrea tras el nacimiento del Estado de Israel.
«Las inscripciones de la época del Primer y Segundo Templo mencionando Jerusalén son escasas. Y más inédito es que se deletreen completamente de la forma que lo hacemos hoy, ya que normalmente (el nombre de la ciudad) aparece abreviado», explican el arqueólogo Yuval Baruch, de la AAI, y el profesor de la Universidad de Haifa Ronny Reich.
«Esta es la única inscripción en piedra del periodo del Segundo Templo donde aparece deletreada por completo. Solo se ha encontrado (la palabra así) en otro lugar, en una moneda de la Gran Revuelta contra los romanos (66-77 d.C.)», agregan estos expertos, que precisan que el nombre «Jerusalén» aparece en la Biblia 660 veces, de las que solo cinco están con el texto completo.
Además de la inscripción, el Museo de Israel expondrá también un mosaico griego del s.VI d.C., localizado a las afueras de la Ciudad Vieja de Jerusalén y que conmemora la construcción de un edificio público bizantino por parte del emperador Justiniano, y la cubierta de un sarcófago del x.I d.C., con una inscripción hebrea que lee «Hijo del Gran Sacerdote».
Los primeros días del pasado mes de agosto fueron testigos de la salvaje violencia desatada por las milicias paramilitares Liyu, de religión musulmana, contra los cristianos en la ciudad de Jijiga y la región de la que es capital, Somali, en el sudeste de Etiopía.
En los ataques, perdieron la vida 15 sacerdotes ortodoxos (cuatro de ellos quemados vivos), así como 50 fieles. El trágico balance cuenta además 10 iglesias quemadas o destruidas, así como 20 mil personas desplazadas.
El sacerdote anglo-español Christopher Hartley, misionero en Etiopía, narra ahora en esta estremecedora carta la devastadora persecución que vivió su comunidad.
Era el 4 de agosto de este 2018… y serían más o menos las 9:30 de la mañana… Un día más, un día cualquiera en la vida de la misión. Y sin embargo, sería un día que se recordará para siempre en la misión, como el día de la infamia, en la memoria colectiva de este maltrecho pueblo etíope.
El día había amanecido soleado y abrasador – ¡como siempre! – y ya a esa hora el sol apretaba sobre el caleidoscopio variopinto de las interminables planchas de cinc, de las casuchas apelmazadas y amontonadas sin orden, de las callejuelas de Gode.
Me dirigía al pequeño aeropuerto de nuestra localidad en compañía de un buen amigo sacerdote español, que marchaba de vuelta después de haber compartido con nosotros algunos días la vida de la misión.
Mientras le veía caminar hacia el avión bimotor de Ethiopian Airlines, desde la destartalada terminal de nuestro aeropuerto, – con mucho más de chiringuito que de terminal -, me di la vuelta y de nuevo en mi camioneta, volví a la misión.
Era un día más en la vida de la misión con su entretejido de pequeñas tareas, aparentemente intrascendentes, como puñados de semillitas pequeñas de mostaza que, arrojadas tenazmente hacia el viento, con esperanza terca, nos prometía una fecunda cosecha evangélica para este sufrido pueblo somalí.
No llevaría yo en la misión ni cuarenta y cinco minutos, cuando sonó mi teléfono… al principio no lograba entender lo que la chica me decía entre lloros y gritos desesperados. Por fin, descifré que decía: “¡padre, nos van a matar, están apedreando a los cristianos y quemando las casas de los cristianos! ¡Venga a buscarnos, venga a buscarnos!”.
Y sin pensarlos dos veces, me fui a la ciudad a buscar a las dos mujeres, trabajadoras de nuestra “caritas diocesana”. No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar por el camino, el peligro que correríamos, lo que nos podría pasar…
Llegamos a su pequeña oficina, nos esperaban ambas a la puerta con su petate al hombro, se subieron de un brinco, y regresamos a la misión a toda velocidad. Allí, los demás voluntarios, estaban en la capilla rezando el santo rosario, pidiendo por nuestra seguridad y por la paz.
Veíamos aterrorizados las columnas de humo que se levantaban al cielo desde diferentes puntos de la ciudad, especialmente donde se encontraba la parcela de la iglesia ortodoxa.
Mientras, el teléfono no dejaba de sonar, informándonos de que estos mismos acontecimientos se sucedían en todas las otras ciudades de la región somalí de Etiopía, con especial virulencia en Jijiga, capital de nuestra región.
A media tarde me llamó el obispo, para contarme todo cuanto les había pasado a ellos en Jijiga, mientras bendecían una capilla recientemente edificado, con enorme sacrificio, por el párroco.
Cuando ya anochecía, y debido a las múltiples peticiones de ayuda que nos llegaban del director regional del hospital de Gode, decidimos cargar una buena cantidad de medicinas en las camionetas, y nos fuimos al hospital para colaborar con médicos y enfermeras, en las curas y primeros auxilios de los heridos.
Al volver a la misión, nos encontramos que muchos cristianos —católicos y ortodoxos– habían llegado por sus propios medios hasta nuestra casa pidiendo refugio.
Mientras algunos de nosotros convertíamos las aulas de nuestra escuela en dormitorios en un incesante trasiego de pupitres y escritorios que salían y camas, colchones, almohadas, sábanas que llegaban para convertir las clases en improvisados refugios para estas pobres gentes… Otros se afanaban en la cocina, preparando calderos de comida que ofrecer a nuestros inesperados huéspedes…
Entrada ya la noche, nos fuimos todos a la capilla, expuse el Santísimo Sacramento, Cristo vivo en la Eucaristía y oramos con enorme intensidad, sobrecogidos por una confluencia de emociones hondas, difícilmente traducibles a la pobre palabra humana… miedo, tristeza, fraternidad, incertidumbre, experiencia de Evangelio, angustia… Palabras mil veces escuchadas y pocas veces tomadas en serio: “nadie tiene amor más grandeque el que da la vida…”. “No tengáis miedo, yo estoy con vosotros…”. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…”. “Este ha sido puesto para que muchos caigan y se levanten…”.
Leímos reposadamente – en inglés, español y amhárico – el capítulo seis de san Juan, lo comentamos entre todos mientras los refugiados compartían entre lágrimas los miedos y las angustias que habían vivido esa mañana…
Mientras cenábamos nos dieron más detalles de como hordas de musulmanes, cegados por el odio y la venganza entraron en las casas de los cristianos, calle por calle, casa por casa, apaleando a hombres y mujeres, moliéndolos a golpes, apedreándoles, propinando machetazos y patadas… los mismo a hombres que mujeres, niños pequeños y ancianos, mientras arrancaban puertas y ventanas, se dedicaban al pillaje, robaban lo que podían y destruían reduciendo a un montón informe de escombros, los pobres enseres de las familias cristianas.
Miles de cristianos corrieron despavoridos. Los que no vinieron a nuestra casa, se escondieron en el perímetro de la iglesia ortodoxa; otro grupo numeroso logró llegar al destacamento militar del ejército federal.
Mientras, bandadas de musulmanes recorrían a modo de patrullas las calles, buscando más cristianos que matar o apalear; más tiendas y negocios de cristianos que destruir, robar y vandalizar…
Esa noche del 4 de agosto de 2018, Gode quedó sumido en el terror.
Jamás, en mis once años de misión por estos secarrales africanos, habían visto mis ojos nada igual… Gode, la región somalí, nunca volvería a ser lo mismo.
Al amanecer del día siguiente recorrí sobrecogido las callejuelas de la ciudad, iba sorteando vehículos calcinados, sillas rotas, televisiones destripadas, ropas hechas jirones, piedras por doquier… parecía que al barrio cristiano lo había sacudido un terremoto y en realidad así había sido, un terremoto humano, el terremoto del odio hacia los cristianos.
Para siempre quedarán en mi memoria los gritos que por teléfono escuchaba de nuestro pobre enfermero católico, que me pedía que fuese a buscarlo. Para siempre recordaré el dilema que me atenazaba el alma, sin saber yo qué hacer… de un lado, le quería ayudar a toda costa, aún a riesgo de mi vida, por otro lado, pensaba en la responsabilidad que tenía frente a tantas personas de las que yo era responsable; pensab
a qué sería de ellas si les faltase la cabeza, el pastor.
Por pura gracia de Dios, nuestro enfermero (omito todos los nombres por motivos de seguridad) consiguió saltar la tapia y ocultarse en la casa de los vecinos mientras una banda de jóvenes musulmanes tiraba abajo la puerta de su habitación a patadas, lo revolvía todo y le robaban todas sus pertenecías de valor. A la mañana siguiente logramos llegar hasta él y le trajimos con nosotros.
Nunca ha vuelto este hombre a ser la misma persona. Como tantos otros cristianos, ha quedado profundamente traumatizado por lo que sus ojos han visto, por la experiencia vivida. Ya no sonríe como antes… sencillamente no es la misma persona.
Me acerqué a la iglesia ortodoxa para interesarme por la situación de los sacerdotes y los cientos de familias que allí se habían refugiado entre el templo y la escuela. Al ir a darle un abrazo al sacerdote, en el instante que le toqué la espalda dio un salto y un grito de dolor. Quedé asombrado y me explicó que los musulmanes que habían asaltado su recinto con la intención de quemar la iglesia hasta sus cimientos, como ya habían hecho en Jijiga, Dehabur, Kebre Deher… le apedrearon y molieron a palos.
Sin pensármelo dos veces, le obligué a subirse a mi camioneta y le llevé al hospital para que le hiciesen un examen general y radiografías. Estaba tan traumatizado y aterrorizado, que no se había atrevido él a ir por su cuenta, por más que le insistieron sus feligreses. Estaba en estado de shock solo de pensar que tenía que salir a la calle y que de nuevo las bandadas de musulmanes le volviesen a atacar.
Regresamos a mi casa él y yo, le dimos de cenar, le facilitamos las medicinas que le habían recetado y una misionera le dio una sesión de fisioterapia; de allí regresamos a su casa… o lo que quedaba de ella…
Eran tantos los refugiados cristianos que se arremolinaban en torno a la iglesia ortodoxa, hambrientos, sedientos, enfermos, asustados, sin nada para pasar la noche más que los jirones de ropa que llevaban puestos que, en nombre de la Iglesia católica, pagamos la comida y el agua de los casi quinientos refugiados. Eran nuestros hermanos… “a Mí me lo hiciste…”
Durante los días en que los refugiados permanecieron con nosotros, tratamos de ayudarles a arreglar sus casas, armados de serruchos, clavos y martillos; compramos los enseres básicos para que pudiesen comenzar de nuevo su vida y les regalamos una compra de comida a cada uno, gracias sobre todo a la generosidad de Cáritas de Toledo.
Aún me resuenan en los oídos los gritos y llantos de los niños más pequeños, que nos contaban, con su lengua de trapo, cómo los musulmanes les habían golpeado, a ellos y a sus madres, cómo las habían empujado al suelo, dado patadas –arrastraron a sus madres por el suelo tirándolas del pelo y arrancaron violentamente su ropa…–.
Incluso supimos de mujeres que habían sido salvajemente violadas.
Las noticias que nos llegaban de Jijiga eran igualmente terribles. Si bien el gobierno había cortado las comunicaciones por internet y suspendido los vuelos a la región, dejándonos aislados, los teléfonos aún funcionaban. Gracias a ello pude estar en comunicación constante con el obispo, que aún seguía atrapado en Jijiga.
En Jijiga, me contaba el obispo que habían matado a varios sacerdotes y diáconos ortodoxos, quemado las iglesias, desacralizado y profanado los lugares de culto. Nos contaban que habían sido tantos los cristianos asesinados, que las excavadoras cargaban los cadáveres en camiones y los tiraban a las afueras de la ciudad para que se los comieran las hienas…
El obispo, que había ido a Jijiga para el día, hubo de quedarse allí cinco días, hasta que por fin las tropas del ejército federal lograron penetrar el cerco de las fuerzas paramilitares somalíes, logrando abrir un corredor humanitario.
Esta crónica mía de lo sucedido es sobria y breve, os lo aseguro.
Me doy cuenta de que una cosa es leer las noticias de las atrocidades que a diario cometen los musulmanes contra los cristianos, porque sencillamente nos odian, y cosa muy diferente es ser parte de la noticia, “estar dentro de la noticia”, verlo con tus ojos, sufrirlo en tu carne y en tu espíritu.
Creo que después de vivir estos sucesos, nunca se vuelve a ser la misma persona…
Y sin embargo, se aprenden muchas lecciones de vida…
He aprendido que Cristo está vivo.
Que es un honor y un privilegio del todo inmerecido sufrir y morir por amor a Jesucristo.
Que la vida se pasa en un vuelo, como esa mañana de ese 4 de agosto, donde a las 10 de la mañana todo es paz y tranquilidad y a las 11, morían tantos cristianos por el simple delito de “ser de Cristo”, de ser la Iglesia.
He aprendido la importancia de estar preparado, de vivir siempre en la gracia del Señor, de tener la lámpara encendida; que a la hora que uno menos lo espera “llega el Esposo”.
He aprendido que la vida pasa en un vuelo: “una mala noche en una mala posada” decía la gran Santa Teresa de Jesús y que de nada sirve decir tantas veces como decimos en la liturgia divina: “¡Maran athá, Maran atha, Maran atha…!” Si en el fondo no esperamos al Señor con el hatillo al hombro y “la cintura ceñida…”.
He aprendido que para nadie es el martirio una posibilidad tan real como para los misioneros. Esos extraños hombres y mujeres, de corazón inquieto y desasosegados, perdidos en las periferias y trincheras del primer anuncio evangélico.
He aprendido la importancia fontal que para un sacerdote misionero tiene el vínculo con su obispo. Al día siguiente del ataque, logré hablar con España con mi obispo, el arzobispo de Toledo, Don Braulio Rodríguez Plaza. Hasta ese momento estaba yo atenazado por la angustia, por la emoción de todo lo vivido, estaba lleno de dudas, sin saber qué hacer… hablé mucho rato con él… no sé bien cómo explicarlo, me dio mucha paz la serenidad de sus palabras y la sabiduría de sus consejos. Sentí que no estaba solo, que estaba entroncado por él con los apóstoles, con la Iglesia… ¡injertado en Cristo! Que yo no estaba ni solo, ni peleando batallas por mi cuenta. Me sentí “reenviado” por Cristo y por la Iglesia. Desde ese momento algo cambió en mi corazón y en mi disposición pastoral y misionera.
He aprendido tanto del heroísmo del obispo de nuestro vicariato, monseñor Angelo Pagano, O.F.M. Cap. Fue él quien nos inspiró a todos durante esos días. No sobre todo con discursos elocuentes o de simple “sabiduría humana”, sino por animarnos con su ejemplo a abrazarnos a la cruz, por su disposición a no abandonar su grey pasara lo que le pasara y aún a riesgo de perder su vida. Es una gracia inmensa para mí colaborar con tan buen pastor y padre.
Rezad por nosotros ¡No nos abandonéis! Orad por nosotros, ayudadnos con los donativos que podáis a que sigamos ayudando donde el Cuerpo de Cristo vuelve a ser crucificado en la carne de los cristianos.
Nada más, mis queridos amigos; a todos os damos las gracias en nombre de tanta gente pobre que no pueden hacerlo por sí mismos. Le pido a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, Madre de los misioneros y Madre de los pobres, que a todos nos cubra con su manto bendito.
Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros.
Padre Christopher Hartley
Es posible colaborar con la misión que dirige el padre Christopher Hartley a través de la página web oficial: http://www.missionmercy.org/colabora/
Ivan Marsura, director del Museo de los Papas, dice que otros modelos realizados anteriormente a partir de la Síndone eran más artísticos que científicos.
Dice que esta nueva estatua reúne cientos de estudios que se han realizado hasta la fecha sobre la Sábana Santa y ayudará a comprender si es o no auténtica.
IVAN MARSURA
Director “Museo de los Papas”
“Podría decir que por primera vez, si uno sitúa la Síndone y envuelve la escultura todo encaja a la perfección”.
La realización de esta estatua ha ayudado incluso a historiadores a obtener nueva información sobre la Síndone de Turín.
IVAN MARSURA
Director “Museo de los Papas”
“El hombre de la Síndone tenía una semi parálisis y las heridas de los clavos no estaban en las muñecas, sino en las manos”.
La escultura fue finalizada tras dos años de estudios anatómicos. En tres ocasiones el escultor se vio obligado a destruirla y comenzar de nuevo. Lo hizo para lograr un ejemplar exacto, y eso le llevó más tiempo de lo esperado.
Construyó primero un modelo en hierro del esqueleto y usó técnicas de reconstrucción virtual durante todo el proceso.
También usó los negativos de las fotografías de la Síndone, guías matemáticas y papel transparente para poder identificar cada una de las heridas que sufrió Jesús.
A partir de ahora realizará réplicas de estas figuras en mármol, bronce y madera, para enviarlas a iglesias de todos los países.
La exposición en Roma fue breve, ya que Sergio Rodella quiere llevar su estatua por todo el mundo. Además, junto a ella, expone las fotografías de la Síndone y una réplica exacta de la Sábana Santa y de otros objetos relacionados con la Pasión de Cristo.
Rome Reports
Durante 20 años más o menos, como estudiante y docente en Oxford, Newman estudió los cambios en las doctrinas y prácticas de los cristianos a lo largo de los siglos. Durante muchos años aceptó la noción protestante de que las doctrinas y prácticas católicas eran una corrupción del cristianismo primitivo. Sin embargo su estudio del cristianismo y las actitudes de la Iglesia Anglicana le llevaron a revisar esta posición. Empezó a comprender que a lo largo del tiempo el cristianismo fuera incorporando algunas doctrinas y las prácticas religiosas correspondientes. Vio que estos cambios tenían una explicación satisfactoria.
Por ejemplo, vio que la creencia en el Purgatorio era un ”desarrollo” de la comprensión cristiana del perdón de Dios alcanzado a través del sacramento de la penitencia. Constituye un remedio para la pena que no se ha completado en la tierra. El Purgatorio limpia el alma de cualquier adhesión al pecado presente todavía en el alma que muere en estado de gracia. Aunque el Purgatorio no es mencionado expresamente en la Biblia, la doctrina acerca de esta purificación resulta admisible a causa de la naturaleza del desarrollo genuino de la enseñanza de la Iglesia.
Según Newman, ¿cambia la enseñanza de la Iglesia?
Sí y no. Para ser más preciso, la enseñanza de la Iglesia experimenta un desarrollo. Esto no es lo mismo que decir que la enseñanza “evoluciona”. La evolución implica el cambio de una cosa a otra distinta —la enseñanza de la Iglesia no evoluciona a otra cosa distinta. Atribuir esto a Newman es un error. Newman explicó que el desarrollo puede ser correcto o incorrecto. Un mal desarrollo de la doctrina es denominado una corrupción de la enseñanza del cristianismo. Un ejemplo de buen desarrollo es el ejercicio de la autoridad adquirida por el sucesor de San Pedro. Lo contrario sería de hecho una corrupción, es decir, una omisión en el oficio de Pedro establecido por Cristo mismo.
Newman creía que la religión es un conjunto establecido de verdades doctrinales y de prácticas que no cambian sustancialmente; las formas y los elementos externos pueden cambiar o desarrollarse, pero sólo de acuerdo con la realidad original. También es posible conseguir una mejor articulación y una compresión más profunda de estas verdades.
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Cardenal Newman |
¿Qué sentido tiene transmitir dogmas fosilizados en forma de Tradición sin cuestionar su sentido?
Hay que distinguir entre Tradición en las creencias religiosas y tradiciones sociales y políticas. Las primeras tienen su origen directo en Dios, mientras que las segundas son tradiciones de origen humano. La tradición cristiana es la transmisión oral y escrita de lo que Dios reveló a la Iglesia por medio de los Apóstoles y sus discípulos bajo la guía del Espíritu Santo.
Dentro de esta tradición se distingue la Tradición Apostólica que tiene su origen en tiempo de los Apóstoles o de sus discípulos. La tradición eclesiástica es aquella que se desarrolló en los siglos sucesivos bajo la guía del Espíritu Santo prometida por Cristo a los Apóstoles y sus sucesores.
Los católicos creen que Cristo transmitió a los Apóstoles y sus sucesores inmediatos las doctrinas que Él quiso que transmitieran a los obispos que iban a sucederles. La Tradición consiste en la predicación oral, el ejemplo e instituciones tales como los sacramentos administrados por los Apóstoles. El Espíritu Santo inspiró a algunos hombres a escribir parte de esta Tradición, que ha adquirido la forma delNuevo Testamento. Tanto la Tradición como la Escritura constituyen el depósito de la fe, que contiene las verdades que Dios quiere que los hombres crean y practiquen. Para ser fiel a lo que Dios ha revelado, cualquier desarrollo de la doctrina debe ser fiel a la Tradición y la Escritura.
¿De qué manera fue puesta en duda o rechazada la doctrina de la Iglesia primitiva?
Al inicio del siglo XVI la tradición eclesiástica, y posteriormente la tradición apostólica, fue cuestionada por una variedad de razones. Fue resultado de la reacción frente a abusos cometidos por hombres de la Iglesia, de una confianza excesiva en la razón humana en los inicios del Renacimiento, y de un gradual debilitamiento de la autoridad de Roma. Como consecuencia de la Reforma Protestante, en el siglo XIX existían en Inglaterra dos prácticas ampliamente extendidas: la práctica de la Religión de la Biblia, que excluía todo lo que no aparecía de forma explícita en las Escrituras, y el ejercicio del “juicio privado” en temas religiosos.
Newman se dedicó a la historia de la Iglesia primitiva. El estudio en profundidad de este periodo y de los escritos de los Padres de la Iglesia le dio un conocimiento de primera mano de la Tradición de la Iglesia. Descubrió que los Padres eran testigos de la Tradición de la Iglesia y de la enseñanza de la Escritura. El estudio de los Padres le permitió evitar aquellos errores y señalarlos a los demás en sus sermones y ensayos.
¿Qué desarrollos consideraría Newman auténticos en la doctrina de la Iglesia?
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Cardenal Newman
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Newman contemplaría probablemente como desarrollos auténticos de la doctrina católica las diversas enseñanzas sociales de la Iglesia, tales como la noción de bien común y la subsidiariedad, así como las enseñanzas del Vaticano II acerca de la colegialidad de los obispos.
Newman mismo contribuyó en algunos desarrollos a la teología católica, tales como una visión más espiritual del Purgatorio, y una comprensión más profunda del lugar del laico en la Iglesia. Hay mucho que decir acerca de estos temas y especialmente en la influencia de Newman en la promoción de la educación del laico católico, muy en consonancia con la enseñanza posterior del Vaticano II. El Concilio subrayó así mismo, como Newman había señalado anteriormente, que todos los cristianos están llamados por Dios a vivir una vida santa.
A la cuestión entonces de “¿Fue Newman un liberal o un conservador?” se debe contestar que ni uno ni otro. Fue un hombre anclado en la Tradición de la Iglesia y en la Escritura, que atendía a la autoridad docente de la Iglesia para enseñar, guiar y decidir en cuestiones doctrinales. Newman proporcionó a los cristianos y teólogos futuros unos instrumentos para juzgaracerca de la validez de los desarrollos de la doctrina. Nos muestra que cualquier buen desarrollo está siempre enraizado en la Tradición y es fiel a la Escritura y sujeto a la autoridad de la Iglesia docente.
Juan R. Vélez
MercatorNet
Mientras que pocos detalles son públicos, se sabe que el caso se refiere a una madre católica que -después de pedir oraciones intercesoras de Newman- fue sanada de la enfermedad que amenazaba su embarazo y su vida. Sus médicos han declarado a los investigadores que no pueden encontrar una razón conocida por su curación, que fue repentina y desafió explicación médica.
Como es habitual, el Vaticano mantiene silencio mientrasque el informe de investigación se somete a un examen más detenido por la Congregación y su panel de médicos y teólogos. Dr. Andrea Ambrosi, el postulador con sede en Roma por la causa de Newman, se ha concedido no es probable hacer comentarios sobre el milagro hasta la aprobación, primero por la junta y luego por Francisco.
Entre los hombres santos modernos, el camino de Newman a la santidad podría considerarse bastante largo, sobre todo si se compara con los pronunciamientos de canonización veloces de la Beata Madre Teresa (cuya canonización está prevista para finales de este año), papas santo Juan Pablo II y Juan XXIII, tanto canonizados en 2014, y otros. Aunque murió en 1890, la documentación inicial para su causa única fue enviado a Roma 68 años después, en 1958, y su beatificación fue celebrada por el Papa Benedicto XVI en 2010, durante la visita papal de Benedicto éxito en el Reino Unido.
Una posible explicación ofrecida por el retraso sugiere que se necesitaba el tiempo para explorar a fondo vastos escritos y correspondencias de Newman, pero debe tenerse en cuenta que los escritos de Juan Pablo eran igualmente tan voluminosa y pesada y no se requieren décadas de estudio. Una mejor explicación podría ser simplemente que todas las cosas suceden en el tiempo de Dios.
Si es canonizado, Newman es muy probable que sea considerado como el santo patrón de los conversos al catolicismo. Un ex sacerdote de la Iglesia de Inglaterra (y la acogida, como confesó, puntos de vista fuertemente negativos del catolicismo romano), la conversión de Newman comenzó mientras estudiaba los primeros Padres de la Iglesia. ("Profundizar en la historia", escribió en su "Ensayo sobre el Desarrollo de la Doctrina Cristiana", "es dejar de ser protestante.")
En octubre de 1845, fue llevado a la iglesia por un sacerdote pasionista, el Beato Domingo Barberi. Más tarde fue ordenado sacerdote católico en Roma, donde se unió Oratorio de San Felipe Neri, de regresar a Inglaterra para fundar lo que se conoce como el Oratorio de Birmingham.
Al hacer nota de profundo legado intelectual de Newman, dijo el Papa Benedicto de Newman, "Él vivió esa visión profundamente humana del ministerio sacerdotal en su atención dedicada por el pueblo de Birmingham durante los años que pasó en el Oratorio que fundó, visitando a los enfermos y los pobres, consolando a los afligidos, el cuidado de los que están en prisión. No es de extrañar que en su muerte tantos miles de personas salieron a las calles acompañando su cuerpo a su lugar de entierro ".