LA PURIFICACION FINAL O PURGATORIO

El mes de noviembre es el mes que la Iglesia dedica a las benditas Almas del Purgatorio. En el Catecismo de la Iglesia Católica hay unos cuantos puntos que nos explican en qué consiste. Los apuntamos a continuación.

 

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:
Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

1472. “Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el  pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios  y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la "pena eterna"  del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las  criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en  el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la "pena  temporal" del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de  venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza  misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la  total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena”.

Catecismo de la Iglesia Católica

El Juicio, el Cielo, el Purgatorio, el Infierno. La vida eterna

En este mes de Noviembre -dedicado a los fieles difuntos- proponemos releer y meditar los párrafos  que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a las realidades últimas (la muerte, el juicio, el cielo, el infierno , el purgatorio...). De ahí sacaremos motivos de esperanza y de optimismo, y un impulso nuevo para la pelea de cada jornada.

Con la muerte concluye el tiempo de realizar buenas obras y de merecer ante Dios. Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2 Co 5,8).

 

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Artículo 12 "CREO EN LA VIDA ETERNA"

1020 El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia El y la entrada en la vida eterna. Cuando la Iglesia dice por última vez las palabras de perdón de la absolución de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por última vez con una unción fortificante y le da a Cristo en el viático como alimento para el viaje. Le habla entonces con una dulce seguridad:

"Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió. Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con San José y todos los ángeles y santos. ... Te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos. ... Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor..." (OEx. "Commendatio animae", Recomendación del alma).

 

I.   EL JUICIO PARTICULAR

1021 La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo (cf. 2 Tm 1, 9-10). El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno con consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros.

1022 Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación (cf. Cc de Lyon: DS 857-858; Cc de Florencia: DS 1304-1306; Cc de Trento: DS 1820), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo (cf. Benedicto XII: DS 1000-1001; Juan XXII: DS 990), bien para condenarse inmediatamente para siempre (cf. Benedicto XII: DS 1002).  "A la tarde te examinarán en el amor" (San Juan de la Cruz, dichos 64).

 

II.  EL CIELO

1023 Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual es" (1 Jn 3, 2), cara a cara (cf. 1 Co 13, 12; Ap 22, 4):
Definimos con la autoridad apostólica: que, según la disposición general de Dios, las almas de todos los santos ... y de todos los demás fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo en los que no había nada que purificar cuando murieron;... o en caso de que tuvieran o tengan algo que purificar, una vez que estén purificadas después de la muerte ... aun antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio final, después de la Ascensión al cielo del Salvador, Jesucristo Nuestro Señor, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el reino de los cielos y paraíso celestial con Cristo, admitidos en la compañía de los ángeles. Y después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la divina esencia con una visión intuitiva y cara a cara, sin mediación de ninguna criatura (Benedicto XII: DS 1000; cf. LG 49).

1024 Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama "el cielo" . El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.

1025 Vivir en el cielo es "estar con Cristo" (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los elegidos viven "en El", aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre (cf. Ap 2, 17):
Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino (San Ambrosio, Luc. 10,121).

1026 Por su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha "abierto" el cielo. La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo quien asocia a su glorificación celestial a aquellos que han creído en El y que han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a El.

1027 Este misterio de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo sobrepasa toda comprensión y toda representación. La Escritura nos habla de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso: "Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman" (1 Co 2, 9).

1028 A causa de su transcendencia, Dios no puede ser visto tal cual es más que cuando El mismo abre su Misterio a la contemplación inmediata del hombre y le da la capacidad para ello. Esta contemplación de Dios en su gloria celestial es llamada por la Iglesia "la visión beatífica":
¡Cuál no será tu gloria y tu dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios, ...gozar en el Reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada (San Cipriano, ep. 56,10,1).

1029 En la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera. Ya reinan con Cristo; con El "ellos reinarán por los siglos de los siglos' (Ap 22, 5; cf. Mt 25, 21.23).

III LA PURIFICACION FINAL O PURGATORIO

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:
Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:
Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

IV.  EL INFIERNO

1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El,contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si no omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".

1034 Jesús habla con frecuencia de la "gehenna" y del "fuego que nunca se apaga" (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehusan creer y convertirse , y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que "enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad..., y los arrojarán al horno ardiendo" (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación:" ¡Alejaos de Mí malditos al fuego eterno!" (Mt 25, 41).

1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno" (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; SPF 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14) :
Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde `habrá llanto y rechinar de dientes' (LG 48).

1037 Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegari as diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que "quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión" (2 P 3, 9):
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos (MR Canon Romano 88)

 

LA ORACIÓN POR LOS DIFUNTOS

Desde los comienzos del cristianismo y aún antes -en la tradición judía- la oración por los difuntos ha sido una costumbre que no se ha interrumpido nunca.   

Antiguo Testamento

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Catacumba romana

La tradición de los judíos está clara y precisamente establecida en II Macabeos. Judas, comandante de las fuerzas de Israel "reuniéndolos...envió doce mil dracmas de plata a Jerusalén para ofrecer en sacrificio por los pecados de los muertos, pensando bien y religiosamente en relación a la resurrección (porque si él no esperara que aquellos que fueron esclavos pudieran levantarse nuevamente, habría parecido superfluo y vano orar por los muertos). Y, porque consideró que aquellos que se han dormido en Dios tienen gran gracia en ellos. Es, por lo tanto, un pensamiento sagrado y saludable orar por los muertos, que ellos pueden ser librados de los pecados" (2 Mac. 12,43-46). En los tiempos de los Macabeos los líderes del pueblo de Dios no tenían dudas en afirmar la eficiencia de las oraciones ofrecidas por los muertos para que aquellos que habían partido de ésta vida encuentren el perdón por sus pecados y esperanza de resurrección eterna.

 

Nuevo Testamento

Hay varios pasajes en el Nuevo Testamento que apuntan a un proceso de purificación después de la muerte. Es por esto que Jesucristo declara (Mt. 12,32) "Y quien hable una palabra contra el Hijo del Hombre, será perdonado: pero aquel que hable una palabra contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este mundo ni en el que vendrá". De acuerdo con San Isidoro de Sevilla (Deord. creatur., c. XIV, n. 6) estas palabras prueban que en la próxima vida "algunos pecados serán perdonados y purgados por cierto fuego purificador". San Agustín también argumenta, "que a algunos pecadores no se les perdonarán sus faltas ya sea en este mundo o en el próximo no se podría decir con verdad a no ser que hubieran otros (pecadores) a quienes, aunque no se les perdone en esta vida, son perdonados en el mundo por venir." (De Civ. Dei, XXI, XXIV). San Gregorio el Grande (Dial., IV, XXXIX) hace la misma interpretación; San Beda (comentario sobre este texto) y San Bernardo (Sermo LXVI en Cantic., n.11) también lo entienden así.

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Ceremonia de entierro en una Catacumba

Un nuevo argumento es dado por San Pablo en 1 Cor. 3,11-15: "Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. [14]Si lo que has construido resiste al fuego, serás premiado. [15] Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará, pero no sin pasar por el fuego." Este pasaje es visto por muchos de los Padres y teólogos como evidencia de la existencia de un estado intermedio en el cual el alma purificada será salvada.

 

Tradición

El testimonio de la Tradición. es universal y constante. Llega hasta nosotros por un triple camino:

1) la costumbre de orar por los difuntos privadamente y en los actos litúrgicos;

2) las alusiones explícitas en los escritos patrísticos a la existencia y naturaleza de las penas del purgatorio;

3) los testimonios arqueológicos, como epitafios e inscripciones funerarias en los que se muestra la fe en una purificación ultraterrena.

Esta doctrina de que muchos que han muerto aún están en un lugar de purificación y que las oraciones valen para ayudar a los muertos es parte de la tradición cristiana más antigua. Tertuliano (155-225) en "De corona militis" menciona las oraciones para los muertos como una orden apostólica y en "De Monogamia" (cap. X, P. L., II, col. 912) aconseja a una viuda "orar por el alma de su esposo, rogando por el descanso y participación en la primera resurrección"; además, le ordena "hacer sacrificios por él en el aniversario de su defunción," y la acusó de infidelidad si ella se negaba a socorrer su alma.  Del siglo II  se conservan ya testimonios explícitos de las oraciones por los difuntos. Del siglo III hay testimonios que muestran que es común la costumbre de rezar en la Misa por ellos.

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San Cirilo de Jerusalén (313-387) explica que el sacrificio de la Misa es propiciatorio y que «ofrecemos a Cristo inmolado por nuestros pecados deseando hacer propicia la clemencia divina a favor de los vivos y los difuntos» (Catequesis Mistagógicas 5,9: PG 33,1116-1117).

San Epifanio estima herética la afirmación de Aerio según el cual era inútil la oración por los difuntos (Panarión, 75,8: PG 42,513).

Refiriéndose a la liturgia, comenta San Juan Crisóstomo (344-407): «Pensamos en procurarles algún alivio del modo que podamos... ¿Cómo? Haciendo oración por ellos y pidiendo a otros que también oren... Porque no sin razón fueron establecidas por los apóstoles mismos estas leyes; digo el que en medio de los venerados misterios se haga memoria de los que murieron... Bien sabían ellos que de esto sacan los difuntos gran provecho y utilidad...» (In Epist. ad Philippenses Hom., 3,4: PG 62,203).

Y San Agustín (354-430): «Durante el tiempo que media entre la muerte del hombre y la resurrección final, las almas quedan retenidas en lugares recónditos, según es digna cada una de reposo o de castigo, conforme a lo que hubiere merecido cuando vivía en la carne. Y no se puede negar que las almas de los difuntos reciben alivio por la piedad de sus parientes vivos, cuando por ellas se ofrece el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia» (Enquiridión, 109-110: PL 40,283).

Escribe San Efrén (306-373) en su testamento: "En el trigésimo de mi muerte acordáos de mí, hermanos, en las oraciones. Los muertos reciben ayuda por las oraciones hechas por los vivos" (Testamentum).

Entre los testimonios arqueológicos, se encuentra el conocido epitafio de Abercio. En este epitafio leemos: "Estas cosas dicté directamente yo, Abercio, cuando tenía claramente sesenta y dos años de edad. Viendo y comprendiendo, reza por Abercio". Abercio era un cristiano, probablemente obispo de Ierápoli, en Asia menor, que antes de morir compuso de propia mano su epitafio, es decir la inscripción para su tumba. Se puede fácilmente comprender cómo la Iglesia primitiva, la Iglesia de los primeros siglos, creía en el Purgatorio y en la necesidad de rezar por las almas de los difuntos. 

«Ofrecer el sacrificio por el descanso de los difuntos -escribía San Isidoro de Sevilla (560-636)- ... es una costumbre observada en el mundo entero. Por esto creemos que se trata de una costumbre enseñada por los mismos Apóstoles. En efecto, la Iglesia católica la observa en todas partes; y si ella no creyera que se les perdonan los pecados a los fieles difuntos, no haría limosnas por sus almas, ni ofrecería por ellas el sacrificio a Dios» (De ecclesiasticis officiis, 1,18,11: PL 83,757).

FUENTES:

L. F. MATEO SECO

BIBL.: S. TOMÁS DE APUINO, Suma teológica, Suppl. q71 ; (textos tomados de In IV Sent., d21, ql, al-8); íD, Summa contra Gentes, IV,91; iD, Contra errores graecorum, 32; fa, De rationibus lidei, c9; íD, Compendium theologiae, cl81; R. BELARMINO, De Ecclesia quae est in purgatorio, en Opera Omnia, II, Nápoles 1877, 351414; F. SUÁREZ, De poenitentia, disp. 45-48, 53; A. MICHEL, Purgatoire, en DTC 13,1163-1326; íD, Los misterios del más allá, San Sebastián 1954; H. LECLERCQ, Purgatoire, en DACL, XIV (II), 1978-1981 ; CH. JOURNET, Le purgatoire, Lieja 1932; M. JUGIE, Le purgatoire et les rnoyens de 1'éviter, París 1940; A. Royo MARíN, Teología de la salvación, Madrid 1956, 399-473; A. PIOLANTI, De Noaissimis el sanctorum communione, Roma 1960, 74-96; M. SCHMAUS, Teología Dogmática, t. VII: Los novísimos, Madrid 1964, 490-508; C. Pozo, Teología del más allá, Madrid 1968, 240-255.

Muy cerca de la Basílica de la Natividad en Belén

A unos 200 metros al sur, se encuentra una pequeña capilla con un gran significado: La Gruta de la Leche. De acuerdo con una tradición del siglo VI Nuestra Señora se escondió en este lugar con el Niño Jesús, justo antes de la huida a Egipto. Se dice que mientras amamantaba al pequeño Jesús una gota de leche cayó sobre la piedra, tiñéndose ésta completamente de blanco.

Por años el santuario ha sido frecuentado por muchas mujeres, tanto cristianas como musulmanas, quienes acuden a la Virgen María pidiendo abundancia de leche para alimentar a sus hijos. Asimismo, parejas de esposos que no han podido tener hijos, piden a Ella interceda para obtener la bendición de un embarazo.
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Una leyenda señala que en este lugar la Virgen se escondió con el Niño Jesús, justo antes de la huida a Egipto / Foto: Custodia de Tierra Santa.

"Musulmanes y cristianos vienen a la Gruta de la Leche y demuestran su gran amor por la Virgen María. Se arrodillan frente al icono y piden tener polvo de la Gruta de la Leche (...) Dios los ha bendecido para que pudieran tener hijos", señala Fray Fadi Shallufi, Franciscano de la Gruta de la Leche, en entrevista con el Christian Media Center de la Custodia de Tierra Santa.

La Virgen no ha tardado en responder sus súplicas, como ocurrió con Kássia Bezerra, una brasileña que tendía dificultades con sus embarazos:

"Me quedé embarazada una vez y llegué solo a la quinta semana de gestación. La segunda vez perdí al niño en la octava semana de embarazo. Nuestras pruebas eran normales y los médicos decían que las dos interrupciones habían sido una fatalidad. Nunca dejamos de rezar. Y fue entonces cuando una buena amiga nuestra vino a Tierra Santa, rezó por nosotros en la Gruta de la Leche y nos mandó una imagen de la Virgen María. En el mismo momento, pedimos la intercesión de la Virgen por el don de la maternidad y de la paternidad. Pocos meses después me quedé embarazada de nuevo y esta vez conseguí llevar a buen puerto la gestación. Y aquí está nuestro regalo de Dios, Mateus, de dos meses y medio", contó al Christian Media Center.
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Se dice que en el lugar la Virgen amamantó al Niño Jesús, y mientras lo hacía, una gota de leche cayó en la piedra, que se tornó blanca / Foto: Custodia de Tierra Santa.

En el interior de la Gruta existe un lugar en el que se guardan las cartas de cientos de personas de diferentes países quienes aseguran haber recibido una gracia especial de Nuestra Señora de la Leche. De acuerdo con Fray Shallufy en el año 2017 se recogieron unos 450 milagros; y en lo que va de este año, ya van más de 60.

La Gruta también es lugar de oración, ya que un pasillo interior de la cueva está conectado con la Capilla del Santísimo Sacramento y de la Iglesia superior, donde hay Adoración Eucarística continua.

 

Fuente: Gaudium Press

La muerte cristiana

Proponemos durante este mes de Noviembre -dedicado a los fieles difuntos- releer y meditar los párrafos  que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a las realidades últimas (la muerte, el juicio, el cielo, el infierno , el purgatorio...). De ahí sacaremos motivos de esperanza y de optimismo, y un impulso nuevo para la pelea de cada jornada.

Con la muerte concluye el tiempo de realizar buenas obras y de merecer ante Dios. Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2 Co 5,8). En esta "partida" (Flp 1,23) que es la muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la resurrección de los muertos (cf. Credo del Pueblo de Dios, 28).

 

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

1010.

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. "Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia" (Flp 1, 21). "Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él" (2 Tm 2, 11). La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente "muerto con Cristo", para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona así nuestra incorporación a El en su acto redentor:

Para mí es mejor morir en (eis) Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a El, que ha muerto por nosotros; lo quiero a El, que ha resucitado por nosotros. Mi partida se aproxima ...Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre (San Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2).

 

1011

En la muerte Dios llama al hombre hacia Sí. Por eso, el cristiano puede experimentar hacia la muerte un deseo semejante al de San Pablo: "Deseo partir y estar con Cristo" (Flp 1, 23); y puede transformar su propia muerte en un acto de obediencia y de amor hacia el Padre, a ejemplo de Cristo (cf. Lc 23, 46):

Mi deseo terreno hadesaparecido; ... hay en mí un agua viva que murmura y que dice desde dentro de mí "Ven al Padre" (San Ignacio de Antioquía, Rom. 7, 2).

Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir (Santa Teresa de Jesús, vida 1).

Yo no muero, entro en la vida (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).

 

1012

La visión cristiana de la muerte (cf. 1 Ts 4, 13-14) se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia:

La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.(MR, Prefacio de difuntos).

 

1013

La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin "el único curso de nuestra vida terrena" (LG 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. "Está establecido que los hombres mueran una sola vez" (Hb 9, 27). No hay "reencarnación" después de la muerte.

 

1014

La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte ("De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor": antiguas Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros "en la hora de nuestra muerte" (Ave María), y a confiarnos a San José, Patrono de la buena muerte:

Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás aparejado, ¿cómo lo estarás mañana? (Imitación de Cristo 1, 23, 1).

Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

(San Francisco de Asís, cant.)

 

Catecismo de La iglesia Católica

Murió decapitado y su cuerpo fue arrojado al río Somme (+ año 287)

Quintín fue hijo de un senador romano muy apreciado por la gente.

Quintín (Quintinus) nació en Roma, hijo de un senador romano muy apreciado por la gente. Se hizo amigo del Papa San Marcelino, quién lo bautizó.

El deseo más grande de Quintín era hacer que muchas personas conocieran y amaran a Jesucristo, y poder derramar su sangre por defender la religión. Por eso, cuando el Papa San Cayo organizó una expedición de misioneros para ir a evangelizar a Francia, Quintín fue escogido para formar parte de ese grupo de evangelizadores.

Dirigido por el jefe de la misión, San Luciano, Quintín fue enviado a la ciudad de Amiens, la cual ya había sido evangelizada en otro tiempo por San Fermín, por lo cual hubo un nutrido grupo de cristianos que le ayudaron allí a extender la religión. Quintín y sus compañeros se dedicaron con tan grande entusiasmo a predicar que muy pronto Amiens se convirtió una de las iglesias locales más fervorosas del país.

Quintín había recibido de Dios el don de sanación, y así al imponer las manos lograba la curación de ciegos, mudos, paralíticos y demás enfermos. Había recibido también de Nuestro Señor un poder especial para alejar los malos espíritus, y eran muchas las personas que se veían libres de los ataques del diablo al recibir la bendición de San Quintín. Esto atraía más y más fieles a la religión verdadera. Los templos paganos se quedaban vacíos, los sacerdotes de los ídolos ya no tenían oficio, mientras que los templos de los seguidores de Jesucristo se llenaban cada vez más y más.

Los sacerdotes paganos se quejaron ante el gobernador Riciovaro, diciéndole que la religión de los dioses de Roma se iba a quedar sin seguidores si Quintín seguía predicado y haciendo prodigios. Riciovaro, que conocía a la noble familia del santo, lo llamó y le echó en cara que un hijo de tan famoso senador romano se dedicara a propagar la religión de un crucificado. Quintín le dijo que ese crucificado ya había resucitado y que ahora era el rey y Señor de cielos y tierra, y que por lo tanto para él era un honor mucho más grande ser seguidor de Jesucristo que ser hijo de un senador romano.

El gobernador hizo azotar muy cruelmente a Quintín y encerrarlo en un oscuro calabozo, amarrado con fuertes cadenas. Pero por la noche se le soltaron las cadenas y sin saber cómo, el santo se encontró libre, en la calle. Al día siguiente estaba de nuevo predicando a la gente.

Entonces el gobernador lo mandó poner preso otra vez y después de atormentarlo con terribles torturas, mandó que le cortaran la cabeza, y se fue al Cielo a recibir el premio que Cristo ha prometido para quienes se declaran a favor de Él en la tierra. Corría el año 287.

 

Los misterios de la Sábana Santa que siguen sin resolver

Aunque ningún Papa la ha reconocido oficialmente como la tela que cubrió el cadáver de Jesús, la Sábana Santa es la reliquia más preciada de la Iglesia católica. Varios elementos la convierten en algo único, en uno de los objetos más apasionantes del mundo. 

LA TELA 
 
Mide 436 centímetros de largo y 110 de ancho. Es de lino y está tejida con una trama en forma de espina de pez, que coincide con otros tejidos de los siglos primeros siglos hallados en Siria.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"Se han encontrado tejidos como este en sepulturas de personas ricas. Esta la usó una persona crucificada. ¿Qué otro podría ser? Lo habitual es que los crucificados fueran dejados en fosas comunes, eran pobres o ladrones. Pero Jesús fue llevado al sepulcro de un hombre rico, José de Arimatea, que lo envolvió en un lienzo precioso”. 
¿QUÉ SE VE?
En la Sábana Santa se ve un cuerpo de varón de tamaño natural por delante y por detrás. Mide 1 metro y 78 centímetros, tiene entre 30 y 40 años, pesaba unos 79 kilos y se dedicaba a trabajos manuales.
¿QUÉ LE HA SUCEDIDO?
El hombre de la Síndone fue flagelado desde los dos costados y por dos personas diferentes. En su cuerpo hay unas 720 heridas, restos de al menos 120 latigazos, realizados con un flagelo de seis cuerdas que tenían atado un objeto punzante.
Fue golpeado con violencia en el rostro.  Llevó algo parecido a un casco de espinas, porque por la frente y el cuello tiene restos de sangre que chorrea. Llevó un gran peso sobre la espalda izquierda y tiene heridas de caída en las rodillas.
P. RAFAEL PASCUAL
Director Instituto Ciencia y Fe, Regina Apostolorum 
"Corresponde a la figura de una persona que ha sufrido todo lo que nos cuentan los Evangelios de una flagelación, una coronación de espinas, una crucifixión”. 
Tiene heridas de clavo en la muñeca izquierda y unas manchas de sangre muestran que también fue perforada la derecha. Tienetambién una herida por punta de lanza en el costado.
¿CÓMO LA HAN DIBUJADO?
La imagen no tiene contornos definidos, es indeleble y no tiene restos de pinceladas. Por eso, el mayor misterio es cómo se produjo. Científicos italianos han lanzado una hipótesis.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"Se trata de una deshidratación, una oxidación de la celulosa muy superficial. Es idéntica a la que obtenemos con un láser que produzca radiación ultravioleta. La única hipótesis posible es que se haya producido por una gran luz que liberó el cuerpo que estaba envuelto en la sábana. Para quien cree en la resurrección es muy sugestivo”.  
¿QUÉ NO SE VE?
En la Síndone han encontrado restos de mirra y áloe, con los que se enterraba a los difuntos en Oriente Medio. También polen de 58 plantas diferentes. De ellos 38 no son europeos, y 17 son de Jerusalén, detalles difíciles de falsificar.
Tiene restos de sangre humana del grupo AB, con mucha bilirrubina, señal de que es de alguien que había padecido una muerte violenta.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"La sangre no se ha arrastrado o movido... Es como si el cuerpo hubiera desaparecido dentro de la sábana”. 
Además, la Sábana Santa se comporta como un negativo, de forma que -al contrario que las fotografías normales-, se ve mejor en los negativos.
LA PRUEBA CONTRARIA
A pesar de todo, del principal análisis científico hecho en 1988, la prueba del Carbono 14, mostró que se trata de un tejido medieval, del año 1260. Pero numerosos observadores dicen que las pruebas no fueron realizadas correctamente.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"La Síndone tiene muchos remiendos, y en el trozo que usaron había restos de algodón. Esto ya hace dudar de la prueba”. 
P. RAFAEL PASCUAL
Director Instituto Ciencia y Fe, Regina Apostolorum 
"Han hecho experimentos para ver si en tiempo medieval se tendría la técnica para producir una imagen como la que vemos en la Sábana Santa y aunque se han dado varias hipótesis, realmente los resultados que han obtenido no son comparables ni mucho menos con los de la Sábana Santa”. 
Quizá en el futuro haya nuevas pruebas que arrojen un poco de luz. Pero seguramente ninguna será definitiva,y la Sábana Santa seguirá siendo un objeto apasionante: Quizá el testimonio material de la resurrección de Cristo.

San Marcelo, mártir. Patrón de León

San Marcelo fue centurión de la Legio VII. Nació en León (España) ciudad de la cual es patrón.

Marcelo nació y vivió en León durante la segunda mitad del siglo III. Era centurión de la Legio VII Gemina Pía Félix.  Se casó con Santa Nonia con la cual tuvo doce hijos murió porque mientras se celebraban las fiestas por el nacimiento del emperador Valerio en el año 298, San Marcelo afirmó en publico que era cristiano y tirando su espada al suelo y el sarminento de vid (símbolo de su rango militar) afirmo que solo iba a adorar al Dios del Cielo y de la Tierra.

Fue decapitado el 29 de Octubre.

Marcelo fue centurión romano, pero dejó sus galones para servir a Dios. En una fiesta en celebración del emperador, arrojó sus insignias militares y se confesó católico y servidor de Cristo. Fue condenado a morir decapitado

Pero a san Marcelo no se le recuerda por ser un solícito padre de familia sino por su lealtad a Cristo. Cuando todos los demás se habían entregado a los sacrificios a los dioses y estaban de celebración, Marcelo decidió despojarse de su condición de militar para servir al único Señor verdadero.

La historia de Marcelo se sitúa el 28 de julio del año 298, fiesta de cumpleaños del emperador. Los soldados se divierten. Se suceden los sacrificios en honor del señor emperador y Marcelo, «centurión ordinario, como si se hubiese vuelto loco, se quitó espontáneamente el cinto militar y arrojó la espada y el bastón de centurión delante de las tropas de nuestros señores», asegura el gobernador Fortunato.

Marcelo ya no podía seguir sirviendo a ningún gobernador, ni a ningún césar. Marcelo, arrojando la espada, daba así testimonio de su fe asegurando que a partir de ahora solo serviría a Dios como cristiano.

El gobernador sintió el desplante como una afrenta y le comunicó el desquite al viceprefecto Agricolano. Fuel él quien juzgó al centurión y le condenó a morir decapitado por su traición. San Marcelo murió mártir, olvidado por sus compañeros pero ganado para la gloria de los altares.

Tesoros que Roma dejó en España

El recientemente descubierto Arco de Jano es tan solo un ejemplo de las grandes construcciones que esta civilización antigua llevó a cabo en la Península

Teatro romano de Mérida

La presencia romana en España todavía puede palparse, pues su huella ha sobrevivido al paso de los siglos. Hoy podemos disfrutar de su legado, que se cifra en un gran número de tesoros arqueológicos, al que se une el reciente descubrimiento en Mengíbar del Arco de Jano, monumento que separaba las provincias romanas de Tarraconense y Bética. Recordamos algunos de los restos romanos más impresionantes que sobreviven a día de hoy.

La antigua ciudad de Itálica

En el actual municipio de Santiponce (Sevilla), se levantaba la ciudad romana de Itálica, fundada en el año 206 a.C. Fue la primera ciudad romana fundada en Hispania y alcanzó su mayor esplendor entre finales del siglo I y durante el siglo II. Allí nacieron, por ejemplo, los emperadores Trajano y Adriano, un hecho que le dio un prestigio especial a la zona. De lo que hoy sobrevive en la zona, destaca el anfiteatro, el supuesto templo de Trajano, las termas y diferentes casas.

Allí puede aprecierse la distribución de las casas de la época, con múltiples mosaicos en el suelo, hoy restaurados. Además, existen termas y acuadecturos y, por encima de todo, un anfiteatro que hoy es famoso en todo el mundo, pues se utilizó para el rodaje de «Juego de Tronos», donde se convertía en el anfiteatro de Pozo Dragón.

Vista del anfiteatro de Itálica

Teatro romano de Mérida

Antiguamente conocida como Augusta Emerita, la ciudad de Mérida esconde varios tesoros romanos. Entre ellos, quizá el más interesante sea el teatro romano, que se inauguró quince años antes del nacimiento de Cristo. Denominado por el arquitecto José Menéndez-Pidal como «príncipe entre los monuentos emeritenses», desde 1993 es Patrimonio de la Humanidad como parte del conjunto arqueológico de la ciudad.

El teatro sufrió varias remodelaciones a lo largo de la historia, hasta que fue abandonado en el siglo IV. No fue redescubierto hasta finales del siglo XVI. Y fue a principios del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas y su posterior reconstrucción parcial. A día de hoy alberga el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Teatro romano de Mérida

Acueducto de Segovia

Es uno de los grandes emblemas romanos de España, todo un prodigio de la ingeniería civil que se utilizó durante siglos. Según los investigadores, su construcción se sitúa entre la segunda mitad del siglo I y principios del II, en tiempo de los emperadores Vespasiano o Nerva. El acueducto, que recoge las aguas del manantial de Fuenfría, recorre más de 15 kilómetros antes de llegar a la ciudad y en su lugar más elevado mide 28 metros de altura. También es Patrimonio de la Humanidad.

Acueducto de Segovia – A. Tanarro

La muralla de Lugo

La antigua ciudad romana de Lucus Agusuto estaba rodeada por una muralla que, a día de hoy, se mantiene en pie y es uno de los grandes emblemas de Lugo. Con una longitud de 2266 metros, coronada por 85 torres, delimita el casco histórico de la ciudad y es una de las murallas mejor conservadas de la época romana.

Muralla romana de Lugo – R.C./ A.C.

El parque arqueológico de Segóbriga (Cuenca)

Es uno de los yacimientos arquológicos más importantes de toda la península y una de las ciudades romanas mejor conservadas, que permite al curioso recorrer los edificios fundamentales de entonces: el anfiteatro, el teatro, la muralla, el foro, la basílica, los templos, las termas, el sistema de abastecimiento de agua, las necrópolis y algunas de las viviendas. Impulsada por el emperador Augusto, la ciudad ya había estado poblada con anterioridad por los celtas, tal y como muestran los restos arqueológicos de la zona.

Vista aérea de Segóbriga

Villa romana de las musas (Navarra)

En realidad, este yacimiento arqueológico se llama «Aurelianum», aunque el hallazgo de un espectacular mosaico de las musas, lo dio a conocer como Villa romana de las musas. Actualmente, el célebre mosaico se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional, pero allí se muestra una minuciosa reproducción del original.

La que hoy es conocida como la Villa de Arellano estuvo ocupada por los romanos entre los siglos I y V. Allí se producía vino y todavía hoy pueden verse ciertas estancias dedicadas a tal actividad. Además, también hay lujosas residencias de campo relacionadas con el culto a Cibeles y a su hijo y amante Attis.

El célebre mosaico de las musas – MAN

Templo de Marcelo Claudio (Córdoba)

Hallado en 1950 durante unas obras de ampliación del ayuntamiento de la ciudad andaluza, el Templo de Marcelo Claudio supone un tono más dentro de la paleta de contrastes artísticos con la que se dibujó Córdoba. Una ciudad que cuenta con un riquísimo patrimonio producido por todas las culturas que la han habitado. Su construcción comenzó durante el gobierno del emperador Claudio, es decir, entre el 41 y el 54 d.C; sin embargo, las obras no concluyeron hasta finales del siglo I, ya en tiempos de Domiciano. Su tamaño original era considerable, aunque varias excavaciones sugieren que en la zona se levantaron templos más amplios

De este recinto religioso tan solo se conservan actualmente las escalares, la cimentación y algunos fustes de las columnas. A pesar de ello, y gracias a minuciosos trabajos de reconstrucción, los restos se presentan imponentes ante los ojos del visitante a día de hoy.

Restos del templo de Claudio Marcelo – RAFAEL CARMONA

Minas de oro de las Médulas (El Bierzo, León)

En la comarca de El Bierzo son todavía visibles los restos de la mayor mina de oro excavada a cielo abierto por los romanos. En el noroeste de los montes Aquilanos el color rojizo de las arenosas minas de oro de Las Médulas contrasta con el explendido paisaje natural en el que se halla. Para extraer el metal precioso de este yacimiento, los romanos empleaban el sistema de «ruina montium», consistente en excavar varias galerías que posteriormente eran inundadas. La fuerza del agua desgajaba la montaña desde dentro y dejaba el oro al alcance de la mano.

Las minas de oro de Las Médulas

Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz)

Bañada por el Atlántico, la playa de la localidad gaditana de Bolonia protege todavía tras sus dunas a la ciudad romana de Baelo Claudia, fundada en el II a.C. Los restos de este asentamiento, descubiertos a principios del siglo pasado, se mantienen en un excelente estado de conversación. En la antigüedad esta ciudad fue conocida por su garum: una salsa fabricada a partir de tripas de pescado y sal que potenció la pesca del atún en la zona. A día de hoy es Bien de Interés Cultural y en las noches de verano vuelve a la vida como escenario privilegiado de un programa de teatro clásico.

Las ruinas de Baelo Claudia – ABC

Vía de la plata

Dicen que todos los caminos llevan a Roma, y en la antigüedad -sin duda- era así. Y es que las calzadas fueron claves para que esta civilización pudiese cimentar su dominio sobre buena parte de lo que era el mundo conocido. La Vía de la Plata discurría entre Emerita Augusta (Mérida) y Asturica Augusta (Astorga). A pesar del paso de los siglos parte del trazado original ha logrado sobrevivir, así como algunos de los miliarios y puentes que lo salpicaban. Además, en la actualidad es un destino turístico muy atractivo para los senderistas.

Un tramo de Vía de la Plata

 

Fuente: ABC

Jóvenes en Siria: “Necesitamos sentirnos acompañados por la Iglesia para sentirnos cerca de Dios”

Cuando en Roma se está celebrando el Sínodo sobre la juventud y la vocación, un grupo de estudiantes sirios dan su opinión sobre este acontecimiento

ACN, Josué Villalón (Marmarita y Homs), de la Revista Vida Nueva.- Del 3 al 28 de octubre la Iglesia universal tendrá sus ojos en el Vaticano donde con el lema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se va a celebrar la XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos. El Papa Francisco junto con todos los obispos participantes, provenientes de los cinco continentes, así como otras personas invitadas, conversarán sobre la juventud y la Iglesia.

A 3.000 kilómetros de Roma, en Siria, cientos de jóvenes cristianos que viven en su día a día la dura experiencia de largos años de guerra fratricida, también estarán pendientes del sínodo. El ruido de las bombas, la emergencia humanitaria y el duro golpe de la violencia no han borrado aún las ganas de vivir y las ilusiones propias de la juventud. Desde Homs y Marmarita, Majd, Hanna, Halil o Anaghem cuentan qué significa para ellos el ser cristianos y qué esperan de la Iglesia, en un país donde viven como minoría, en ocasiones amenazada.

Queremos que la Iglesia esté cerca de nosotros, los jóvenes. No hace falta que intente ser tan perfecta, porque nadie lo somos, sino que esté cerca de nosotros, conociendo cuáles son nuestros deseos y anhelos. Creo que esto es más realista y creíble”, comenta Majd Jallhoum, una joven dentista, recién licenciada que colabora en el reparto de ayuda humanitaria junto con la Iglesia greco-católica en Marmarita, en la región conocida como el Valle de los Cristianos.

No había oído hablar de esta reunión de los obispos en Roma con el Papa pero me parece una buena idea. Aquí los jóvenes cristianos tenemos un gran deseo de estar cerca de Dios. Vivimos momentos difíciles, hemos sufrido la muerte de nuestros amigos y familiares, otros muchos es han marchado del país”, reconoce la joven, “pero también hemos experimentado momentos de alegría, sin duda detrás de ellos está la mano de Dios”.

Majd conoce bien la situación de muchas familias que viven desplazadas en el Valle de los Cristianos, va a visitarlas a menudo para conocer sus necesidades, acompañar a los enfermos al hospital o reparte las medicinas del proyecto de emergencia que está sosteniendo la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, de la mano de la Iglesia local. “Si sigo aquí es gracias a mi fe, aunque muchas veces veo que me falta la esperanza. Pero en este tiempo me he dado cuenta que mi sentido es quedarme y ayudar a estas personas. Mis padres y varios hermanos se marcharon a Estados Unidos, pero yo decidí quedarme y mi inspiración ha sido Jesús”.

Otros jóvenes desplazados en Marmarita están también aportando su tiempo y esfuerzo en sostener la ingente labor asistencial de la parroquia de San Pedro en este pueblo, corazón del Valle de los Cristianos. Hanna Mallouhi es uno más de ellos. Vino aquí hace 5 años, procedente de Homs, huyendo de los bombardeos: “Necesitamos estar acompañados por sacerdotes y responsables que tengan una vida sencilla, que muestren con hechos que les importamos. Necesito sentirme acompañado, para así sentirme también cerca de Dios.”

Hanna aún sigue en la universidad, se prepara para ser médico: “Pese a la guerra, no he querido abandonar mis estudios. Vine con mis padres y mi hermano al Valle de los Cristianos huyendo de Homs, aún así he seguido yendo a la universidad desde aquí para poder graduarme. Todos los días hago una hora de viaje de ida y otra de vuelta hasta Homs, incluso en los peores momentos de la guerra he ido a clase. Ahora tengo que hacer las prácticas, he elegido de destino un hospital de Damasco. Cuando termine la carrera quiero quedarme en mi país y ayudar a las personas a tener una vida mejor en Siria”.

El testimonio de estos chicos y chicas es inspirador para la comunidad cristiana de Siria, una minoría que se ha visto muy vulnerable en el conflicto sirio. Según cifras de la Iglesia siria, antes de la guerra había 1,5 millones de cristianos en el país y actualmente quedan unos 500.000. La falta de seguridad, la violencia y las amenazas reales de grupos yihadistas como el Daesh han provocado un éxodo sin precedentes en un país que era bastante tolerable con la fe cristiana.

De Marmarita, pasamos a Homs, la tercera ciudad del país, donde aún se mantiene una importante presencia cristiana, concentrada en el Viejo Homs, el barrio más antiguo de la ciudad, a los pies de la ciudadela milenaria que corona la localidad. Allí, unos 300 estudiantes universitarios se han reunido en la recién reconstruida catedral melquita de Nuestra Señora de la Paz, para celebrar la Eucaristía juntos. Cada uno de ellos es de distinto rito católico, unos sirio-católicos, otros latinos, otros greco-católicos, incluso hay algunos ortodoxos. Todos celebran unidos, cantando junto al coro “Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida”.

Entre todos está Pascal Napki, que cursa Economía: “No conozco en persona al Papa Francisco pero me parece una persona humilde, por sus palabras y acciones. Siempre que le escuchamos, pensamos que hay esperanza para la paz en Siria. Especialmente cada vez que ha pedido oraciones por nuestro país”. Halil, estudiante de Farmacia, asiente a su lado: “¿Qué le pido yo a la Iglesia? Que nos entienda y nos de la oportunidad de creer también en nosotros. Sé que no es fácil, pero eso es caminar juntos, confiar unos en otros y apoyarnos mutuamente”.

Concluye el encuentro y un grupo sale de paseo por las estrechas calles del barrio, alrededor hay muchos edificios antiguos, construidos en la piedra gris característica de la arquitectura popular de Homs. “Pienso que con lo que hemos sufrido, algunos se han alejado de Dios, así que lo primero que debemos hacer como Iglesia es animar a los jóvenes a estar cerca de Dios”, reconoce Anaghem Tannous. Y predican con el ejemplo, pasan a hacer una oración juntos a una iglesia cercana, en este caso la Iglesia del Sagrado Cinturón de María, perteneciente a la Iglesia sirio-ortodoxa. “Aquí convivimos católicos y ortodoxos con normalidad, somos muy cercanos, es parte de nuestra cultura”.

Comentan varias anécdotas de los años de guerra, las bombas pasaron de largo hace tiempo, aunque la ciudad sigue en ruinas y barrios enteros están acordonados porque todos los edificios están destruidos. “Recuerdo que en la entrada de esta misma iglesia cayeron varias bombas. Parte del edificio del obispo ortodoxo se vino abajo, un milagro que no muriese nadie aquella vez”-afirma Halil– “Todos conocíamos al padre Frans van der Lugt, un misionero jesuita holandés que permaneció en Homs incluso en el peor momento de la guerra, en el año 2013. Solo quedaron él y unos 40 cristianos más del Viejo Homs, eran la última presencia cristiana aquí entre los grupos rebeldes. El padre Frans fue asesinado, pero su testimonio y su enseñanza hacia los jóvenes de Homs siguen vivos. Él no decía: hay que seguir adelante, con Jesús y trabajando por la paz”.

Por último, Wissam se despide antes de pasar al templo: “rezamos por el Papa y por la Iglesia en todo el mundo. Aquí la fe es fundamental porque forma parte de lo que somos. Y además estos últimos años todos hemos experimentado que hemos salido adelante de muchas dificultades, en nuestras familias, en nuestros estudios y trabajos, gracias a no perder la fe y la esperanza”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Primeros Cristianos en otros idiomas
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