“Christian Solidarity Worldwide” es una organización cristiana de derechos humanos, especializada en libertad religiosa. Nació como respuesta a la persecución contra los cristianos en todo el mundo, pero también ayuda a otras comunidades como los Ahmadiyya, Rohingya y Bahá'í.

Benedict Rogers coordina el equipo que se ocupa de Asia, y por eso conoce bien situaciones como las de Corea del Norte y China.

Asegura que en Corea del Norte los cristianos no tienen ninguna libertad religiosa y corren peligro de muerte si les descubren practicando su fe.

BENEDICT ROGERS
Christian Solidarity Worldwide
“Si eres cristiano en Corea del Norte y te descubren, si se descubre que tienes una Biblia en casa, que te reúnes con otros para rezar, terminarás en un campo de prisioneros probablemente el resto de tu vida, y en algunos casos podrías ser ejecutado".

Explica que este grado de persecución religiosa en Corea del Norte se debe a que su régimen exige lealtad total a la familia Kim, lo que lo hace especialmente intolerante con los cristianos.

BENEDICT ROGERS
Christian Solidarity Worldwide
“En la sociedad norcoreana, la familia Kim es casi, casi, tratada como una divinidad...” “Creo que en cierto modo se asocia a los cristianos con Occidente, con América y, por supuesto, con Corea del Sur”.
“Ve que este sistema de creencias da a las personas fe, esperanza y valor, y eso le preocupa”.

Según Benedict Rogers, también en China los cristianos sufren persecución y asegura que el presidente Xi Jinping ha construido un culto a la personalidad.

BENEDICT ROGERS
Christian Solidarity Worldwide
“En ciertos lugares donde, por ejemplo, los cristianos que tienen una cruz o una pintura de Cristo en la pared, la policía viene y les pide que la quiten y la reemplacen con un cuadro de Xi Jinping”.

En China se siguen cerrando iglesias y eliminando cruces. Por eso, treinta y cuatro iglesias de Pekín han emitido una declaración en la que piden al gobierno que respete la libertad y los derechos religiosos.

El Espíritu Santo, ha señalado el Papa Francisco, es espíritu de unidad y diversidad, de fraternidad y de libertad, de perdón, misericordia y renovación (cf. Homilía en Pentecostés, 4-VI-2017). Con la celebración de su venida se consuma el tiempo de la Pascua cristiana. Es esta una buena ocasión para poner de relieve un aspecto fundamental en la preparación del sínodo sobre los jóvenes (octubre de 2018). Se trata de las bienaventuranzas, camino que Francisco ha querido subrayar en las Jornadas mundiales de la juventud de 2014 al 2016, y que brilla en los santos, sobre todo en María. Las bienaventuranzas son el corazón de la santidad.

Si buscamos el término “bienaventuranza” en el diccionario del español, encontramos tres significados: según la religión cristiana, la vista y posesión de Dios en el cielo; según la predicación de Cristo en los evangelios, cada una de las ochos fórmulas de felicidad espiritual que Él manifestó a sus seguidores como ideal de vida; felicidad humana en relación con la prosperidad.

Los tres significados tienen algo en común: la relación con la felicidad. Ahora bien, la idea que se tiene de la felicidad puede ser muy distinta. Pero todos aspiramos a una vida feliz (o lo más feliz posible), es decir, a una vida sin deficiencias ni límites. Es lo primero que consideramos. Pasamos luego al significado profundo y primero de las bienaventuranzas del evangelio para los cristianos: el rostro de Cristo y a partir de ahí el rostro del cristiano; y en consecuencia, su significado para la antropología y la ética en perspectiva cristiana. Finalmente consideramos el valor y la relevancia de las bienaventuranzas en nuestra situación actual.

El deseo innato de felicidad

1. Bienaventuranza quiere decir felicidad. Dios ha puesto en el corazón de todo hombre un deseo natural de una vida feliz[1]. Según la fe cristiana las bienaventuranzas anuncian una felicidad centrada en Dios y, como consecuencia, en las necesidades materiales y espirituales del prójimo. Esa felicidad será definitiva solamente en el cielo, con la contemplación y posesión de Dios. En la tierra podemos ser felices de modo incoado por medio de la gracia, es decir, de la unidad y amistad de Dios –principalmente por medio de la oración y de los sacramentos-, que implica el rechazo del pecado y promueve la verdadera belleza y la paz.Más que deseos o promesas de felicidad, las bienaventuranzas son una “felicitación” porque a esas personas (los pobres de espíritu, los humildes, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos y limpios de corazón, los que buscan la paz o son perseguidos por causa de la justicia y de Cristo), por su fidelidad a Dios, se les asegura la felicidad definitiva. Por eso las bienaventuranzas son proclamación de una gozosa esperanza[2].

Retrato de Cristo y proyecto del cristiano

2. Para los cristianos las bienaventuranzas son ante todo la “biografía interior” de Jesucristo, un retrato de su figura. En Jesús el rostro del amor divino se nos revela como modelo de santidad y de justicia en la ofrenda de sí mismo. Las bienaventuranzas se sitúan en el centro de la predicación de Jesús (cf. Mt 5, 3-11; Lc 6, 20-23). En ellas Jesús retoma las promesas hechas por Dios al pueblo elegido desde Abraham, y las perfecciona en orden al Reino de los cielos, verdadera y definitiva “tierra prometida”.

En segundo lugar, las bienaventuranzas representan el proyecto del cristiano que Dios tiene para nosotros, aquello para lo que nos ha creado y llamado, la vocación cristiana. Se trata de la llamada a la unión con Cristo en toda su vida y especialmente en lo que llamamos el “Misterio Pascual”, es decir el acontecimiento de su pasión y resurrección en cuanto que tienen un valor siempre actual, por ser actos del hijo de Dios hecho carne. Y nosotros podemos unirnos a ellos y vivir de ellos en el seno de este cuerpo vivo que formamos espiritualmente con Cristo, y que llamamos la Iglesia.

Cada cristiano conserva en la Iglesia su personalidad propia y la madura y desarrolla en apertura al “nosotros” de una vida y un proyecto común: participar de la vida divina y facilitar que otros muchos puedan hacerlo a partir de su encuentro personal con Jesucristo. Como consecuencia, por esa vida divina que asume y perfecciona lo humano, podemos hacer que las realidades del mundo creado (la familia, el trabajo, la amistad, la vida social y cultura, la ciencia y el deporte, la salud y la enfermedad, etc.) se desarrollen en mejores condiciones cada vez, para el bien de todos[3].

Por tanto, las bienaventuranzas no son en primer lugar un programa para la acción: “Jesús concretó luego los deberes de sus discípulos; pero antes de prescribirles lo que deberían hacer, declaró lo que debían ser” (G. Chevrot), en unión con Jesús y en su seguimiento. Esto vale para cada uno y para la Iglesia, familia de Dios, en su conjunto[4].

Las bienaventuranzas iluminan las actitudes y las acciones características de la vida cristiana, que deben dirigirse a Dios como fin último y que llevan a preocuparse y actuar efectivamente por el bien de todas las personas[5].  Las bienaventuranzas son como la "lista de prioridades" de Jesús y por tanto, también del cristiano.

En las bienaventuranzas, Cristo nos invita a “mirar con sus ojos” y a participar de sus sentimientos y actitudes. Nos muestra cómo la felicidad pasa por la entrega sincera a los otros, por la ofrenda de sí en servicio a Dios y a los demás. Nos enseña que todo ello procede del amor, única fuerza que mueve y transforma adecuadamente los corazones, las culturas y el mundo creado. Y que esto no es para gente especial, élites intelectualmente cultivadas o minorías con una educación exquisita, sino para todos, también para los sencillos que no han tenido ocasión o medios para una formación mejor.

La base antropológica de la moral encuentra aquí su desarrollo pleno; pues “la verdadera moral del cristianismo es el amor. “Y éste, obviamente, se opone al egoísmo; es un salir de uno mismo, pero es precisamente de este modo como el hombre se encuentra consigo mismo”[6]. Frente a las propuestas brillantes como la del superhombre de Nietzsche, este camino puede parecer poco razonable o miserable. “Pero es el verdadero camino de alta montaña de la vida; sólo por la vía del amor, cuyas sendas se describen en el Sermón de la Montaña, se descubre la riqueza de la vida, la grandiosidad de la vocación del hombre”[7].

En ese sentido tan especial[8], y como consecuencia de la unión con Cristo que el Espíritu Santo va impulsando en nosotros, las bienaventuranzas se sitúan en el núcleo de la antropología y la ética cristiana. Son como una pedagogía “viva” de la sabiduría divina, que allana los caminos para encontrar el más verdadero sentido de la vida humana en Cristo, pues Él revela el hombre al propio hombre (cf. Gaudium et spes, n. 22).

Al mismo tiempo las bienaventuranzas, lejos de enviarnos utópicamente a un “más allá” o un “después” que nadie en la tierra podría garantizar, nos ayudan a distinguir y “saborear” ya desde ahora las alegrías verdaderas en todos los ámbitos, y a proponer en la sociedad normas que protejan los valores humanos: la dignidad de la vida, la familia y la amistad, la solidaridad con quien sufre, la renuncia a encerrarse en el propio yo para abrirse al otro, el amor por el conocimiento, por el arte, por la belleza de la naturaleza. Nos conducen a ejercitar el buen gusto interior y a producir anticuerpos eficaces contra la banalización moral[9], la mediocridad y la deshumanización que se difunden con frecuencia en el ambiente social. Nos impulsan a no ser conformistas, a no satisfacernos con lo ya logrado (a cultivar por tanto las virtudes, que nos hacen mejores también para el servicio a los demás), a aspirar a valores mejores y más altos para nosotros y los demás; es decir, a los bienes que no podemos conseguir sino pidiéndolos a Dios, mientras procuramos purificar nuestros deseos y nos sentimos compañeros de viaje, también con los que no creen pero siguen buscando[10]. Nos llevan a discernir nuestras acciones, de modo que por el amor, aunque parezcan pequeñas e insignificantes, adquieran una dimensión de eternidad.

Necesidad de conversión

3. Con el complemento de las “invectivas” (los “ayes” o anti-bienaventuranzas) que recoge san Lucas (cf. Lc 6, 24-26), y siguiendo la enseñanza del Antiguo Testamento (cf. Jer 17 y Ps 1), Jesús desenmascara las falsas promesas y ofertas, para evitar que el hombre camine hacia el precipicio verdaderamente mortal.En efecto, y lo ha observado Joseph Ratzinger, el ahora Papa emérito. Tras la experiencias de los regímenes totalitarios y del abuso del poder económico, no podemos menos que constatar y agradecer esta orientación de las bienaventuranzas, aunque encontremos ciertas resistencias en nosotros mismos, contagiados como estamos de la llamada conciencia moderna, con su modo autosuficiente de ver la vida[11].

Por eso, por nuestras resistencias, todos necesitamos de la conversión. Lo dice el Papa Francisco: “No se es bienaventurado si no se es convertido, capaz de apreciar y vivir los dones de Dios” (Angelus 29-I-2017). Las bienaventuranzas, explica, son “el carné de identidad del cristiano”. Y nos ha invitado a retomar esas páginas del Evangelio y releerlas más veces, para vivir hasta el final ese “programa de santidad” que va “contracorriente” respecto a la mentalidad del mundo. Un programa de vida sencillo y a la vez difícil, que se completa con el que Jesús propone en el capítulo 25 del evangelio de san Mateo, que a su vez se traduce en las obras de misericordia (cf. Homilía en Santa Marta, 9-VI-2014).

Las bienaventuranzas, ha señalado el Papa, son portadoras de una novedad revolucionaria. Proclaman vencedores a los que suelen considerarse “perdedores” (cf. Ibid.). Y por eso, conectando con el vocabulario actual, las bienaventuranzas son como “el navegador de la vida cristiana” (Homilía en Santa Marta, 6-VI-2016).

CARTA EN EL DECIMOSEXTO CENTENARIO DE SU FALLECIMIENTO

 

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 8 noviembre 2007

Benedicto XVI ha propuesto el ejemplo de san Juan Crisóstomo (347-407), patriarca de Constantinopla, en el decimosexto centenario de su fallecimiento, para superar la división entre los cristianos de oriente (en su mayoría ortodoxos) y de occidente.

La propuesta del Papa es presentada en una extensa carta que se leyó este jueves en la inauguración del Congreso Internacional sobre San Juan Crisóstomo, que se celebra en el Instituto Patrístico «Augustinianum» de Roma (junto al Vaticano) del 8 al 10 de noviembre de 2007

El patriarca Juan pasó a la historia como «Crisóstomo», «boca de oro», por su predicación excelsa. Es considerado padre común tanto por los cristianos de oriente como de occidente. Su fallecimiento tuvo lugar en el destierro, el 14 de septiembre del año 407.

En su misiva el Papa subraya «el extraordinario esfuerzo que realizó san Juan Crisóstomo para promover la reconciliación y la plena comunión entre los cristianos de Oriente y Occidente».

«En particular, fue decisiva su contribución para acabar con el cisma que separaba a la sede de Antioquía de Roma y de las demás Iglesias occidentales», explica el Santo Padre. Crisóstomo antes de ser patriarca de Constantinopla fue obispo de esa sede.

La obra del santo, explicó el Papa, sirvió para superar pacíficamente el cisma, restableciéndose la plena comunión entre las Iglesias.

Citando los escritos de Crisóstomo, Benedicto XVI recuerda: «Los fieles, en Roma, consideran a los que están en la India como miembros de su mismo cuerpo».

«La Iglesia --decía el patriarca de Constantinopla-- no existe para que los que han sido reunidos se dividan, sino para que quienes están divididos puedan unirse».

Sacando las lecciones que dejó el patriarca oriental, el Papa explicó que «nuestra fe en Cristo exige que nos comprometamos en una unión efectiva, sacramental, entre los miembros de la Iglesia, acabando con todas las divisiones».

La misiva recuerda que Juan Pablo II, en noviembre de 2004, entregó al patriarcado ecuménico de Constantinopla reliquias de los santos Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno.

El Papa Karol Wojtyla quería que ese gesto fuera «una ocasión bendita para purificar nuestras memorias heridas, para fortalecer nuestro camino de reconciliación», entre ortodoxos y católicos.

«Estoy contento, por tanto --confiesa el Papa-- por el hecho de que el centenario de la muerte de san Juan me ofrezca la oportunidad de volver a evocar su luminosa figura y de proponerla a la Iglesia universal para la edificación común».

Ver catequesis de Benedicto XVI sobre San Juan Crisóstomo

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SAN JUAN CRISÓSTOMO

Obispo y Doctor de la Iglesia

San Juan Crisóstomo es uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente. Predicador de gran elocuencia al que se le atribuye, a partir del s. VI, el sobrenombre de “Boca de oro” (Crisóstomo). Declarado Doctor de la Iglesia por S. Pío V en 1568, su fiesta se celebra el 13 de septiembre.

Vida

Nace en Antioquía entre el 344 y el 354 y muere en Comana, el Ponto, el 13 de septiembre del 407.

Era hijo de una familia cristiana y contaba con ascendencia tanto latina como griega. El padre de Juan murió siendo él un niño. Desde entonces su madre le dio una profunda formación cristiana y estudió filosofía y retórica.

A los 18 años se convirtió en el acompañante del obispo de Antioquía, Melecio. Pero, al recibir el bautismo pasados tres años, decidió retirarse al desierto. Estuvo allí durante seis años hasta que, debido a problemas de salud, volvió de nuevo a la ciudad de Antioquía.

Una vez allí, es ordenado diácono en el 381 y sacerdote en el 386. Durante su labor sacerdotal demuestra una conducta intachable iluminando al pueblo con su sabiduría y doctrina. En el 397 muere el obispo de Constantinopla y es elegido para sucederle, siendo  consagrado a principios del 398 por Teófilo, Patriarca de Alejandría.

San Juan empezó enseguida con su trabajo episcopal. En primer término realizó una reforma del clero. Mas tarde se dedicó al asunto económico e hizo desaparecer los dispendios inútiles de su iglesia y recortó los excesivos bienes pertenecientes al obispo. Exhortó también a las viudas y a los ricos para que supieran vivir según su estado.

Se dice que gracias a esta intensa labor “los partidarios de toda clase de espectáculos, abandonados los atrios del diablo, iban a las estancias del Salvador atraídos por la dulzaina del pastor que amaba a las ovejas»(Dial. Hist. 5: PG 47,21).No pretendía dedicarse mas que a su labor episcopal. Sin embargo, por petición del emperador Arcadio soluciona un problema con unos rebeldes. A partir de entonces, y guiados por la envidia, sus contrarios le echan en cara el haber actuado fuera de su jurisdicción. Además, sufriendo estas calumnias, ha de solucionar un problema entre un colaborador suyo y otro obispo.   

Desde ese momento todo eran intrigas contra San Juan Crisóstomo. Primero lo intentó el patriarca Teófilo, ya que él no había accedido a la sede episcopal de Constantinopla. El patriarca reunió en un sínodo a todos los obispos que eran contrarios a San Juan, 36 en total. Allí decidieron pedir al emperador la deportación del obispo de Constantinopla y así lo hicieron. El emperador accedió y firmó. Sin embargo, la emperatriz consiguió de su marido el regreso del Crisóstomo. Durante dos meses fue todo bien hasta que, en la fiesta de San Juan Bautista, pronunció una homilía en la que la emperatriz se vio interpelada y humillada. Debido a este suceso, los contrarios a San Juan pidieron a la mujer del emperador la deportación del santo obispo. Nuevamente fue deportado, pero esta vez a Armenia. Sin embargo, los obispos enemigos de San Juan estaban molestos por las peregrinaciones de los antioquenos a Armenia. Ante esta situación pidieron que fuese desterrado a Pitio. Así se hizo, pero durante el camino, estando en Comana, en el Ponto, San Juan murió diciendo: “Gloria a Dios por todo”. En el 438 su cuerpo fue llevado a Constantinopla y enterrado en la iglesia de los Apóstoles.

Escritos

 

Los escritos de San Juan son sobretodo homilías y algunos tratados. Cabe destacar la abundancia de escritos que produjo el Crisóstomo.

En sus homilías veterotestamentarias comentaampliamente el Génesis, algunos capítulos de los libros de los Reyes, algunos Salmos y a los profetas en general pero especialmente a Isaías. Existen algunos fragmentos sobre Job, Proverbios, Jeremías y Daniel que no se ha autentificado que sean de San Juan.

Ya en sus homilías novotestamentarias comentó los evangelios de San Mateo y San Juan, los Hechos de los Apóstoles y prácticamente la totalidad de las epístolas. Hay que destacar el carácter de defensa contra los arrianos que tienen algunas de sus homilías.

Pero San Juan no se dedicó solo a comentar las Sagradas Escrituras, sino que tiene también muchos sermones de temas variados. Unos son de carácter dogmático-polémico, otros son para las catequesis bautismales, cuenta también con discursos morales, sermones contra el ocio y los juegos. También se encuentran entre sus escritos algunos panegíricos a favor de los santos, homilías para las fiestas litúrgicas y demás discursos de circunstancia.

Además de homilías, S. Juan también escribió una serie de tratados. Dos de ellos son apologéticos y todos los demás son ascético-morales. Los tratados le ocupan casi todo el tiempo de su vida como anacoreta.

Por último, entre sus escritos se cuentan tanbién las cartas, escritas la mayoría durante su segundo destierro y de las cuales se conservan unas 236.

 

Fuente.: J. IBÁÑEZ IBÁÑEZ,  (GER)

 

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 IR A: SAN JUAN CRISÓSTOMO EXPLICADO POR BENEDICTO XVI

 

¿Qué sentido tiene ese “combate espiritual”?

En una ocasión visité la abadía de Melk, en Austria. Me llamó la atención, en el retablo de la iglesia, una enorme corona dorada sostenida por ángeles con esta inscripción: “Nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones” (San Agustín, Comentario sobre el salmo 60).

A la vez, los cristianos, para calibrar la realidad de su situación ante Dios y en cada momento de la vida, necesitamos del discernimiento, tanto desde el punto de vista personal como familiar, social y eclesial

El último capítulo de la exhortación Gaudete et exsultate plantea estos dos medios imprescindibles para todo cristiano que desea seguir seriamente la llamada a la santidad: el combate espiritual y el discernimiento.

El combate espiritual o la ascesis cristiana

¿Qué sentido tiene ese “combate espiritual”? Dos objetivos apunta el Papa: la lucha contra las tentaciones y mantener viva la disposición por anunciar el Evangelio. “Esta lucha –observa de modo animante– es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida” (n. 158). La tradición cristiana utiliza para esto el término griego ascesis, del griego askesis: “ejercicio o entrenamiento” para liberar el espíritu y conseguir la virtud.

Desde un punto de vista antropológico escribe Romano Guardini que el ascetismo significa que “el hombre se decida a vivir como hombre”, es decir, a orientar correctamente los distintos aspectos de su vida. Se decide a esforzarse e incluso sacrificarse en algunas cosas, para lograr otras que se propone como más valiosas en cualquier campo: en el ámbito profesional o deportivo, la amistad o el matrimonio. Esto requiere sentido de responsabilidad, dominio de sí mismo, educación de los valores(que no son lo mismo que los gustos), afán de superación. Precisa ejercitarse en la vida justa y en la búsqueda de la verdad. Y así el espíritu humano puede llevarnos a una vida más libre, más plena (cf. La esencia del cristianismo- Una ética para nuestro tiempo, ed. Cristiandad, Madrid 2007, pp. 213 ss.).

Sobre esa base, la ascesis cristiana se sitúa en el marco de una respuesta de amor al Amor con mayúsculas: el cristiano “combate” espiritualmente para dejar que Dios escriba su historia. Es el Señor el que “vence” en nuestra vida. Por eso escribe Francisco: “No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo” (n. 34).

Las tentaciones

La misma tradición cristiana considera que los enemigos principales en el combate espiritual son las tentaciones. Tientan al hombre las seducciones que proceden del mundo, la carne y el demonio. Para afrontar las dos primeras hay que tener en cuenta que no se trata de huir del mundo creado, bueno en sí mismo. Ni tampoco hay que rechazar las realidades materiales o corporales, que son también buenas en sí mismas. Se trata más bien de luchar contra una mentalidad mundana “que nos atonta y nos vuelve mediocres” (n. 159) y contra la propia fragilidad y las malas inclinaciones. Pero además está la tercera, el demonio: avisa el Papa de que no es un mito, sino un ser real y personal. Y prueba de ello es que cuando Jesús nos enseñó a rezar, nos invitó a pedir al Padre “líbranos del mal” en el sentido del Maligno.

El camino hacia la santidad, observa Francisco, es una lucha constante: “Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad. Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero” (n. 162).

En ese combate el Papa señala tres horizontes: “el desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor” (Ibid.). El camino se tuerce cuando el que lo ha emprendido se conforma o se duerme en la mediocridad (tibieza). Aunque, por gracia de Dios, no comete pecados graves, se acostumbra a volar bajo, y esto es origen de “corrupción espiritual”. Y de esta escribe Francisco: “La corrupción espiritual es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito” (n. 165): el engaño, la calumnia, el egoísmo.

Discernimiento

Respecto al discernimiento (del griego diákrisis, distinguir bajo las apariencias), tiene que ver con el marco general de la virtud de la prudencia (o sabiduría práctica) y el más concreto juicio de la conciencia. En la espiritualidad cristiana el término discernimiento se usa para expresar la distinción entre lo bueno y lo malo. Cuando se habla de discernimiento “de espíritus” se trata de saber si algo viene del Espíritu Santo o, por el contrario, del demonio. En el día a día de la vida cristiana, se trata de saber hacia dónde nos conduce la voluntad de Dios. Y para averiguarlo hay que mirar lo que hay dentro de nosotros y también fuera. Y siempre, un cristiano debe mirar a la realidad con ojos de fe.

El discernimiento puede ser personal o comunitario (familiar, social, eclesial). En el primer caso se trata de una persona particular (a la que ayuda un consejero espiritual u otra persona que la conoce bien y es prudente y madura en sus actuaciones y juicios). En el segundo, de un grupo de personas (una familia, un centro educativo, una empresa y, en el marco eclesial, una parroquia, una comunidad religiosa, etc.) que tienen la responsabilidad de decidir acerca de determinadas cuestiones o acciones.

Discernimiento personal y discernimiento eclesial se sostienen mutuamente y necesitan de algunos criterios fundamentales para concluir con acierto, como son: si lo que percibimos está en conformidad con la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, si con ello prestamos un servicio a la Iglesia y a la sociedad. El discernimiento eclesial necesita además una serie de actitudes (humildad, desprendimiento de sí mismo, capacidad para observar y escuchar, etc.) y se sirve sobre todo de la oración, del estudio y del diálogo. 

Un camino de santidad y de misión

Acerca del discernimiento, el Papa Francisco destaca cinco puntos que considera de importancia en la actualidad:

1) Una necesidad imperiosa, especialmente para los jóvenes: “Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento” (n 167). Somos libres –les dice– pero hemos de reconocer los caminos de la libertad plena.

2) Siempre a la luz del Señor. Esto nos permite reconocer sus tiempos y su gracia, para no dejar pasar sus inspiraciones y las ocasiones de crecer. El “examen de conciencia” (que puede verse como un discernimiento diario y breve: bastan dos o tres minutos al final de la jornada) sirve para que los horizontes grandes se traduzcan en pasos pequeños y medios concretos.

3) Un don sobrenatural. Sobre la base de la sabiduría humana (la razón y la prudencia) y de las sabias normas de la Iglesia, el discernimiento cristiano es un don del Espíritu Santo para acertar en el obrar, aquí y ahora. Por tanto, ha de ir más allá de la búsqueda del bienestar, de lo útil o de lo que tranquiliza la conciencia (finalidades que no alcanzarían siquiera una sabiduría verdaderamente humana). Lo que está en juego es el sentido de nuestra vida, la de cada uno, ante Dios. Por eso es imprescindible la oración.

4) Requiere una disposición a escuchar: “Habla, Señor”. Escuchar a Dios, al magisterio de la Iglesia, y también a los demás y a la realidad, hace posible superar nuestra visión parcial e insuficiente, nuestros esquemas tal vez cómodos y rígidos ante la novedad que viene con la vida del Resucitado.

5) Ha de seguir la lógica del don y de la cruz. Por eso pide generosidad, no dejarse anestesiar la conciencia y vencer el miedo (porque El que lo pide todo también lo da todo).

En suma, concluye Francisco, “el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos” (n. 175).

 

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Del viaje del Papa a Irlanda habrá que prestar atención a tres cosas:

ABUSOS

Tras un devastador informe sobre abusos sexuales en Estados Unidos el Papa escribió una carta dirigida a todos los católicos. En ella pidió oración y penitencia y colaborar para prevenir que vuelvan a suceder en el futuro.

De este modo sitúa este problema como una de las prioridades para cada católico y precisamente Francisco viaja a Irlanda, uno de los países más afectados por los abusos y la mala gestión de la jerarquía. Allí el Papa se reunirá con víctimas y habrá que estar atento por si, desde ese singular escenario, envía algún que otro mensaje a la Iglesia y al mundo.

FAMILIA

El Encuentro Mundial de las Familias ofrecerá una oportunidad única para reflexionar sobre uno de los documentos más importantes del pontificado de Francisco: la Amoris Laetitia. La vigilia del sábado será el momento culminante y el domingo el Papa anunciará la sede del próximo Encuentro Mundial.

SANTIDAD COMÚN

Durante el viaje Francisco hará una peculiar parada para rezar ante las reliquias de un exalcohólico. Se trata de Matt Talbot, un humilde trabajador de un depósito maderero que consiguió superar una arraigadísima adicción a la bebida. Tras su conversión poco antes de los treinta años su actitud ante la vida cambió y se convirtió en uno de los “santos de la puerta de al lado” que Francisco describió en su último documento papal.

Durante el Encuentro Mundial de las Familias el Papa Francisco escuchó atentamente el testimonio de esta familia iraquí.

“Hoy muchos cristianos y otros están reconstruyendo sus vidas en Irak, muchas veces con ayuda de otros cristianos del mundo. Están construyendo casas nuevas para que las familias puedan vivir en paz de nuevo. Ahora, Santo Padre, podemos volver a mirar al futuro con esperanza”.

Es la familia del padre Ragheed Ganni, sacerdote asesinado en Mosul por negarse a cerrar las puertas de su iglesia. Unos yihadistas lo secuestraron y lo dispararon hasta la muerte. Toda su historia está recogida en este libro que la hermana del padre Ganni entregó a Francisco. El padre Rebwar Basa es el autor. Él fue amigo del padre Ragheed y ha documentado aquí toda su vida y su martirio.

P. REBWAR BASA
Sacerdote caldeo
“Para mí ha sido un gran honor que, con motivo de esta celebración se haya entregado al Santo Padre el libro que he escrito. Para mí ha sido una gran alegría, pero lo más importante es dar a conocer la historia de las personas que dan su vida a diario; de tantos que con su sangre han servido a la Iglesia, a la gente, sobre todo, a los pobres, a las personas que sufren; y lo hacen con alegría y en silencio”.

El padre Basa también acompañó a Irlanda a la familia del sacerdote mártir, unos padres y hermanos que no solo sufrieron el asesinato del padre Ragheed, sino también la persecución. Cuando los radicales mataron a su hijo en 2007 huyeron de Mosul a la Llanura del Nínive. 7 años después tuvieron que marcharse de allí por la llegada del ISIS. Tras tres años en Turquía, han conseguido establecerse en Australia.

P. REBWAR BASA
Sacerdote caldeo
“Pensamos en invitarles a este encuentro de las familias porque, no solo el padre Ragheed, también su familia ha dado un gran ejemplo de una familia cristiana que ha dado testimonio. Han dado un hijo a la Iglesia y, a través de la Iglesia, también a la Humanidad. Por eso valía la pena contar una experiencia como esta, así de importante en estos tiempos difíciles”.

Unos tiempos difíciles en los que las familias cristianas iraquíes se debaten entre permanecer en su país o emigrar para vivir con mayor tranquilidad.

P. REBWAR BASA
Sacerdote caldeo
“Desde 2003 hasta hoy según relata el patriarca Sako, el patriarca de la iglesia caldea, al menos 1.920 cristianos han sido asesinados por su identidad y 58 iglesias han sido atacadas y bombardeadas; todo ello sin tener lo que ha hecho el ISIS en Mosul y en la Llanura del Nínive. Un millón de cristianos, como mínimo, desde 2003 a hoy se han visto obligados a dejar su tierra y emigrar”.

El proceso de beatificación del padre Ragheed Ganni está en marcha. Sería el primer beato de la iglesia caldea, el primero que abrirá el camino para que las historias de otros cristianos iraquíes que dieron su vida por no abjurar de su fe también se conozcan.

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«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén»

Cada vez que nos santiguamos llevamos a la práctica una gran lección de teología en la vida diaria: ponemos la cruz de Cristo desde nuestra cabeza a nuestro corazón y del hombro izquierdo al derecho, para que Jesús bendiga nuestros pensamientos, nuestros amores y el trabajo de nuestras manos, a la vez que invocamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, tres personas distintas en la unidad de un solo Dios verdadero.

La historia de la señal de la cruz tiene su origen en un pasado tan lejano como Tertuliano, el padre de la iglesia primitiva que vivió entre los años 160 a 220 d.C. Tertuliano escribió, “En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz.”

Originalmente, se trazaba una pequeña cruz en la frente con el pulgar o un dedo. Mientras que resulta difícil señalar exactamente cuándo se cambió el trazo de la pequeña cruz en la frente a la moderna práctica de trazar una larga cruz desde la frente hasta el pecho y de hombro a hombro, lo que si sabemos es que este cambio ocurrió por el siglo XI d.C., cuando el Libro de Oración del Rey Enrique menciona una instrucción de “marcar con la santa cruz los cuatro lados del cuerpo.”

 

La señal de la Cruz en la vida del cristiano

Hacer la señal de la cruz, santiguarse, es una costumbre cristiana que tiene sus raíces en los primeros tiempos de la Iglesia, como vemos en los textos que aparecen a continuación…

 

1. Haced la señal de la cruz al comer, al beber, cuando os sentáis y cuando os acostáis, y para decirlo en una palabra, en todos tiempos y en todas ocasiones. (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis 4, 3)

2. En todas las cosas de nuestra religión nos valemos de la señal de la cruz. Por esto la cruz se llama signo, porque usamos de ella con el fin de que no se acerque mal alguno que nos infecte.  (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre la adoración de la preciosa Cruz, 257)

3. Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación [...]; llevemos mas bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí esta presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí esta siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque este es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del genero humano, el signo de la bondad de Dios para con nosotros (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 54)

4. Todos los suplicios parecen crueles, pero sólo el de la cruz atrae maldición: Maledictus a Deo est qui pendet in ligno (Deut. 21, 23). Pero he aquí que lo que era maldición se ha convertido en objeto de amor y de deseo. No hay mejor joya en la corona imperial que la cruz que la remata [...]. En las casas, en las calles, en el desierto, en los caminos, en los montes, en las cascadas, en las colinas, en el mar, en el bosque, en las islas, en los lechos y en los vestidos, en las armas y en los talamos, en los convites y en los vasos religiosos, en las joyas y en las paredes decoradas, en los cuerpos de los animales enfermos, en los cuerpos de los hombres posesos, en la guerra, en la paz, en el día y en la noche..., todos buscan su inefable gracia. Nadie se avergüenza de este signo de la cruz. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 54)

5. La cruz nos trae admirable utilidad: ella nos sirve de arma saludable y es un escudo impenetrable contra los ataques del demonio. Armémonos con la cruz en la guerra que nos hace, no llevándola solamente como estandarte, sino sufriendo los trabajos que son el verdadero aparato de la cruz. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre la Epístola a los Filipenses, 13, 355)

6. Los fieles tienen la costumbre de armarse con la señal de la santa cruz, y nosotros nos hemos servidosiempre de ella para destruir los enredos y celadas del demonio y resistir a sus ataques, porque consideramos la cruz como un muro impenetrable; en ella ponemos toda nuestra gloria, y creemos que nos procura la salud: por esto el grande Doctor, San Pablo, escribe que sentiría gloriarse en otra cosa que no fuese la cruz de Jesucristo. (SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Sobre Isaías, 4,  6)

7. (Jesús…) Caminaba hacia el lugar donde iba a ser sacrificado llevando su Cruz. Gran espectáculo; pero si lo mira la impiedad, gran burla; si lo mira la piedad, gran misterio; si lo mira la impiedad, prueba de ignominia enorme; si lo mira la piedad, gran fundamento de nuestra fe; si lo mira la impiedad, se reirá viendo al Rey llevar un leño en lugar de un cetro; si lo mira la piedad, verá que el Rey lleva el madero donde ha de ser clavado, el mismo madero que después será colocado en la frente de los reyes. Despreciado ante los ojos de los impíos en lo mismo que se glorían después los corazones de los santos. Pablo habrá de decir: Lejos de mí gloriarme como no sea en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo (Gal 6, 14). Cargaba sobre sus hombros la misma Cruz y llevaba en alto el candelero de esa antorcha que ha de arder sin que se coloque debajo del celemín. (SAN AGUSTÍN, Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 117)

8. El madero en que están fijos los miembros del hombre que muere, es también la cátedra del maestro que enseña. (SAN AGUSTÍN, Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 119)

 Fuente:
“ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS”
Gabriel Larrauri Aguirre

 

Los enigmas de Qumrán

Además de arrojar nuevas luces sobre la transmisión de la Biblia, los manuscritos de Qumrán revelan las ideas religiosas del grupo que formó esa biblioteca. Estos descubrimientos han suscitado cuestiones en torno a las similitudes de la secta con el cristianismo, que surgió muy cerca de allí aproximadamente ciento cincuenta años después. Hay quien, basándose en algunas coincidencias, ve en los esenios del mar Muerto los inspiradores directos de los cristianos. Pero las diferencias, mucho mayores, manifiestan que el Evangelio presenta, junto con una clara continuidad respecto al Antiguo Testamento, una novedad radical que no puede reducirse a elementos anteriores.

 

Puesto que sólo falta por publicar parte del lote de los manuscritos bíblicos, cualquier investigador tiene a su alcance la totalidad de los documentos no bíblicos, y hasta en la traducción a las lenguas modernas más extendidas. Sin embargo, no está todo hecho; más bien puede decirse que estamos en los comienzos de una investigación apasionante sobre la relación de unos documentos con otros y sobre el conocimiento exacto del contenido de los documentos y de sus autores.

Atrás quedan las teorías que, en los albores del hallazgo, llegaron a identificar el grupo de Qumrán con la secta medieval de los caraítas, o con un grupo judeo-cristiano, o con los zelotas; ni siquiera se puede identificar con los saduceos o con los fariseos.

La biblioteca de una secta

Sólo hay una pequeña discrepancia. N. Golb, de la Universidad de Chicago, propuso en 1980 la hipótesis de que los documentos no pertenecieron a la biblioteca de un grupo uniforme, sino a las bibliotecas de varios judíos de Jerusalén que, ante la amenaza de la invasión romana, habían escondido sus libros y sus tesoros en las cuevas, junto al mar Muerto, para recuperarlas cuando terminara la contienda.

Sin embargo, la opinión más generalizada es que los documentos son parte de una biblioteca perteneciente a un grupo esenio, que se desligó del pueblo, de los dirigentes y de sus propios hermanos esenios para recluirse en el desierto. Les movía únicamente el afán de vivir confidelidad estricta las normas interpretadas por el "Maestro de Justicia" (iniciador de la secta y promotor de su observancia estricta), y mantener así la esencia del mensaje transmitido "por el libro de Moisés, las palabras de los profetas y de David, y las crónicas de cada generación", como señala uno de los documentos. Con razón puede hablarse de un grupo sectario, desgajado de la corriente esenia.

La discusión actual gira en torno a los elementos específicos de la secta y, cada día con mayor precisión, se insiste en que lo característico de los sectarios de Qumrán no son los elementos doctrinales, prácticamente idénticos al resto de los grupos del judaísmo precristiano, sino que lo específico de aquel grupo estribaba en lo haláquico o normativo.

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Un grupo rigorista

Se sabía por Flavio Josefo que los esenios se distinguían por mantener a ultranza los cuatro puntos siguientes: la purificación del Templo, la colecta de los diezmos para los levitas, la prohibición de los matrimonios mixtos y las determinaciones minuciosas sobre el descanso sabático. El grupo de Qumrán era especialmente estricto en el tema de las purificaciones: ellos, que se consideraban "los hijos de la luz", no podían consentir que en el Templo y en la ciudad de Jerusalén hubiera algo impuro. Por tanto, se oponían a las anomalías que se habían introducido: los ritos no guardaban el ciclo festivo y el calendario fijado y revelado por Dios; en el Templo se introducían el trigo de los gentiles y las pieles de animales impuros...

Las exigencias estrictas que movieron a muchos esenios a separarse de sus conciudadanos y retirarse al desierto siguiendo las directrices del "Maestro de Justicia" se encuentran recogidas en una carta haláquica conocida como Miqsat Ma'aseh ha-torah o "Algunos preceptos de la Ley". Se trata de minuciosas prescripciones sobre la pureza legal, que en gran parte están contenidas también en otros documentos como el Rollo del Templo o la Regla de la Comunidad.

Es, pues, claro que son las exigencias haláquicas las que especifican a este grupo. No todas las normas son de la misma época ni estuvieron en vigor siempre, pero todas marcan la tendencia a identificar el ámbito de la secta con el del Templo; es decir: los miembros de la comunidad han de comportarse con la misma pureza y con el mismo rigor con que deberían hacerlo los profesionales del Templo. Más aún, la comunidad era un anticipo del Templo celestial: la pureza reglamentada con tanta minuciosidad marcaba el camino hacia la perfección que se vivirá "en el mundo futuro".

Interpretaciones esotéricas

Otra particularidad de los escritos de Qumrán es la predilección por la doctrina escatológica y apocalíptica. Es cierto que las ideas apocalípticas impregnaban el ambiente de la época, como lo muestra que gran parte de los llamados libros apócrifos del Antiguo Testamento (AT) o pseudoepígrafos son de corte apocalíptico. Además, los esenios como grupo cultivaron esta literatura y pueden ser considerados adalides de la tradición apocalíptica. Pero la biblioteca de Qumrán es claro exponente de que el perfil de aquel grupo sectario se delimita por la doctrina y simbología apocalípticas: nos ha conservado varias copias de obras ya conocidas, como Henoc y Jubileos; y otras de producción propia son típicamente apocalípticas, como la Regla de la Guerra.

Hasta hace poco se solía distinguir entre documentos sectarios propiamente dichos y los supuestamente pertenecientes a otros movimientos judíos contemporáneos. Hoy, en cambio, se tiende a considerar todas las obras como exponente del pensamiento y vida del grupo de Qumrán, pues de otro modo no las hubieran conservado. Poco a poco, los estudiosos abandonan la comparación entre la secta qumránica y otros grupos, para centrarse en las características propias del grupo.

Pese a ello, la mayoría de los libros de divulgación siguen dedicando uno o varios capítulos a relacionar los manuscritos con los orígenes del cristianismo. Y todavía se difunden hipótesis basadas en la lectura esotérica de los documentos de Qumrán. Suelen aducirse como autoridades los libros de la australiana Barbara Thiening, de la Universidad de Sydney, y los de Robert Eisenman, de la Universidad de California. Aunque no coinciden en las conclusiones, ambos parten del supuesto de que los manuscritos qumránicos y los libros del Nuevo Testamento (NT) están escritos en clave, y se empeñan en identificar a los dirigentes de la secta con los personajes más relevantes de la primitiva comunidad cristiana. Así, el "Maestro de Justicia" sería Juan Bautista, opuesto al "Hombre de la Mentira", que sería Jesús (más bien, el "Hombre de la Mentira" parece identificarse con el Sumo Sacerdote como gran enemigo de la secta); o Pablo en oposición a Santiago, respectivamente.

Resulta demencial que sigan publicándose tales ideas cuando se ha demostrado hasta la saciedad por los análisis hechos con el carbono 14, así como por argumentos paleográficos, que todos los manuscritos halladas en el mar Muerto son anteriores al año 70 de nuestra era y que es cronológicamente imposible identificar a los iniciadores de la secta (siglo II a.C.) con ningún personaje del cristianismo.

El ambiente en que nació el cristianismo

El mensaje cristiano tiene una radical novedad que lo distingue de cualquier otro movimiento judío de la época. Es científicamente erróneo afirmar que el cristianismo se desgajó del judaísmo tal como hoy existe. Es bien sabido que el judaísmo que hoy conocemos es el resultado de un largo proceso de formación, debido en gran parte a los maestros tanaítas que transmitieron su doctrina a través de la Mishná, la Tosefta y los Talmudes: el de Babilonia y el de Jerusalén. Este judaísmo rabínico se aglutina a partir de la destrucción del Segundo Templo (año 70 d.C.), heredando en gran parte la tradición farisaica. Sería, por tanto, un error metodológico buscar en las obras del judaísmo posterior la explicación completa de los orígenes del cristianismo.

Pero también es verdad que tales obras ayudan a explicar algunos elementos comunes que derivan del AT, en el que tanto el cristianismo como el judaísmo hunden sus raíces. De modo semejante, los documentos de Qumrán tampoco pueden dar razón completa del nacimiento del cristianismo, pero ayudan a comprender el ambiente y el pensamiento de unos hombres que vivieron en el ámbito temporal, local, religioso y social en que nació y se desarrolló el cristianismo primitivo.

En los casi cincuenta años de estudio se han buscado posibles coincidencias entre Qumrán y los puntos más importantes del Evangelio. Así, se ha intentado ver las raíces del bautismo en los ritos de purificación de la secta; de la Última Cena, en los banquetes rituales; de la valoración cristiana del celibato, en el celibato practicado por estos esenios, etc. Pero siempre aparecen más diferencias que coincidencias. Únicamente aflora con claridad que Jesús y el cristianismo asumieron los mejores elementos de su época y no tanto los específicos de Qumrán.

Una de las doctrinas más sugerentes y más estudiadas es la esperanza mesiánica. Se ha escrito mucho sobre esto porque, mientras los escritos de la época del Segundo Templo apenas mencionaban al Mesías, los nuevos documentos hablan con profusión de la figura de un Mesías y de la salvación que comporta con términos técnicos, idénticos a los utilizados en el NT. En los últimos años se tiende a estudiar este tema desligando el mesianismo qumránico del mesianismo neotestamentario. Los trabajos más serios concluyen que los datos de Qumrán son un testimonio apreciable de que en el siglo I de nuestra era la esperanza en la salvación, mediante un enviado de Dios, el Mesías, estaba especialmente viva.

Sin embargo, la presencia de Jesús y la doctrina mesiánica del NT supera lo expuesto en Qumrán y empalma mejor con el contenido de los libros veterotestamentarios. Es decir, de entre las diferentes concepciones mesiánicas de sus contemporáneos, Jesús y sus discípulos depuraron aquellas que poco tenían que ver con las asumidas por el grupo de Qumrán si no es en la terminología utilizada.

Coincidencias de estilo

Las mayores coincidencias se dan en los modelos literarios y léxicos. Hay un manuscrito que se ha conocido en estos últimos meses (4Q 535) que recoge una serie de "Bienaventuranzas", comparables a las transmitidas en Mt 5,3-12 y en Lc 6,20-26. La coincidencia no es en el contenido, sino en la formulación; y pone de manifiesto que el modelo de los macarismos era frecuente para exponer un mensaje especialmente importante. No hay que olvidar que este procedimiento sapiencial era bien conocido en los Salmos, y que el libro de Ben Sira (Sir 14,20-27) contiene una serie de ocho bienaventuranzas. Qumrán prueba que este género literario estaba en uso en el siglo I de nuestra era y que los lectores del Evangelio estarían familiarizados con él.

En cuanto al vocabulario técnico de Qumrán, el Prof. José María Casciaro publicó un estudio importante y pionero: Qumrán y el Nuevo Testamento (Pamplona, 1982). Llega a la conclusión de que el término iglesia (en griego ekklesia) de Mt 16,18 tiene su antecedente en el término hebreo 'edah, utilizado ya en el AT, pero que en Qumrán adquiere un claro sentido escatológico. El Prof. Casciaro estudia también el término mysterion, que con tanta frecuencia utiliza San Pablo, y también llega a la conclusión de que no refleja una categoría helenística, sino semita, cuyo trasfondo puede encontrarse en el sôd hebreo, frecuente en los documentos de Qumrán.

El Prof. Casciaro resume bien la importancia de los manuscritos de Qumrán, cuando subraya que ponen de relieve la continuidad y discontinuidad del NT con el judaísmo de su época. El mensaje cristiano es muy original en cuanto al contenido, y es difícil encontrar en los documentos del mar Muerto la raíz que justifique su origen. En la formulación, en cambio, tales documentos han venido a confirmar el carácter semita del NT. Sus expresiones y sus palabras, aunque son griegas, no coinciden con las categorías de los helenistas clásicos, sino con el significado de los términos hebreos y arameos conocidos por el AT y documentados en los manuscritos de Qumrán.

Libros sobre Qumrán

Quien desee documentarse más sobre los escritos de Qumrán tiene a su disposición comentarios de dos clases. Unos, más literarios, se ciñen a los textos, centrándose en la crítica textual y literaria, en el carácter y en el contenido de cada documento. Otros, la mayoría, parten de los documentos, pero se extienden en la historia de las excavaciones, la vida y las instituciones de la secta, las ideas religiosas del grupo, etc.

Entre los libros del primer género hay en castellano un buen trabajo de divulgación que comenta con brevedad y precisión los manuscritos conocidos hasta 1980: M. Delcor-F. García Martínez, Introducción a la literatura esenia de Qumrán (Cristiandad, Madrid, 1982).

En cuanto a los comentarios generales, la bibliografía sobre Qumrán y sus documentos es amplísima en todas las lenguas. Aquí se reseñan sólo títulos en español.

El ya mencionado de Antonio González Lamadrid, Los descubrimientos del mar Muerto (BAC, Madrid, 1971) es una monografía espléndida para conocer la historia y los primeros trabajos de los manuscritos. Describe cómo surgieron los descubrimientos en las once cuevas de Qumrán, los problemas suscitados desde los comienzos y las soluciones -más o menos acertadas- que recibieron.

En 1981 se tradujo un magnífico libro de divulgación de Geza Vermes, profesor de Oxford, que quería conmemorar el trigésimo aniversario del descubrimiento de las cuevas: Los manuscritos del mar Muerto. Qumrán a distancia (Muchnik, Barcelona, 1981). En ocho capítulos se abordan los temas literarios y religiosos más importantes. El estilo sereno y breve, y la profesionalidad del tratamiento, hacen del libro un instrumento valioso, aunque hoy habría que matizar alguna de las afirmaciones.

El estudio y comentario de los manuscritos no ha cesado en ladécada de los 80, pero es en estos últimos cuatro años cuando ha vuelto a primera línea el interés y la publicación de nuevas monografías, en gran parte motivadas por la demanda que las últimas publicaciones sensacionalistas han provocado. En 1991 tuvo lugar en Madrid un congreso internacional, organizado por la Universidad Complutense, que tuvo una enorme resonancia, porque allí se presentaron, entre otros trabajos, la transcripción de algunos manuscritos bíblicos; asistieron muchos de los principales especialistas en textos y temas de Qumrán. Los trabajos presentados han sido recogidos en un volumen publicado en Madrid y en Leiden en 1992: The Madrid Qumran Congress. Actas del Congreso Internacional sobre los manuscritos del mar Muerto (Madrid, 18-21 de marzo de 1991).

No han faltado comentarios poco fiables, por su inclinación sensacionalista. Así, la editorial Martínez Roca ha publicado la obra de M. Biegent y R. Leig El escándalo de los manuscritos del mar Muerto (Barcelona, 1993): es un conglomerado de datos tomados en gran parte de los libros de R. Eisenman, sin ningún fundamento científico y cargando las tintas en los aspectos más sensacionalistas que se oponen, según los autores, a las pretendidas ideas del Vaticano.

La misma editorial ha sacado otro libro más serio: César Vidal Manzanares, Los esenios y los rollos del mar Muerto (Barcelona, 1993). Como experto historiador, Vidal presenta una panorámica de los acontecimientos vividos en Palestina desde el destierro (s. VI a.C.) hasta la caída de Masada en poder de los romanos (135 d.C.). Es un libro correcto en los datos históricos, que son la mayoría. En los capítulos en que plantea la relación entre Juan Bautista y Jesús con los esenios de Qumrán hay más énfasis en el planteamiento del problema queen explicar la posible solución. Quizás sobran esas nuevas páginas que parecen más un brindis a la galería y a la moda sensacionalista.

El mismo autor ha publicado otro libro, mucho más sencillo y más claro en el tratamiento de los manuscritos: Los documentos del mar Muerto (Alianza, Madrid, 1993). Contiene cuatro partes, la primera dedicada a la historia de las excavaciones y de los documentos; la segunda, a la situación histórica de la Palestina de esos siglos; la tercera y cuarta, más centradas en los documentos y en la vida e ideología de Qumrán.

Dentro del género divulgativo pero con tintes más académicos y aceptables, está el libro de F. García Martínez y J. Trebolle Barrera, Los hombres de Qumrán (Trotta, Barcelona, 1993). Es una colección de doce artículos que ya habían aparecido en publicaciones diversas como fruto de otras tantas conferencias. Tratan aspectos muy diversos sobre la historia y sobre la literatura de Qumrán, pero tienen en común el interés por exponer al gran público todos los problemas y, sobre todo, las aportaciones que Qumrán ha supuesto no sólo para quienes leen la Biblia como libro sagrado, sino para toda la cultura occidental de nuestros días.

Santiago Ausín
profesor de Antiguo Testamento de la Facultad de Teología de Navarra

 

 “La nueva evangelización se hará con las obras de misericordia” Cardenal Julián Herranz

Interesante entrevista concedida por el cardenal Julián Herranz a primeroscristianos.com

¿Se puede hablar de un "efecto Francisco"? ¿Cómo podemos los cristianos concretar en nuestra vida el impulso que el Papa está dando a toda la Iglesia?

En la Evangelii Gaudium puede verse todo un impulso de una nueva evangelización que hay que hacer con el espíritu de los primeros cristianos, es decir, de auténticos cristianos. No debemos ser cristianos mundanizados, sino auténticos, que viven testimoniando con la propia vida la fe que dicen tener. No debemos ser cristianos de escaparate, de boquilla, que dicen pero luego no viven. Esto supondría una forma de transformismo farisaico que al Señor no le gustaba nada: se sabe todo, pero se vive poco.

El Papa ha convocado este año dedicado a la Misericordia de Dios, ¿en qué podemos concretar los cristianos esta llamada del Papa a que nos fijemos en el Amor de Dios?

El Papa suele repetir que Dios es Padre y como Padre, no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. La historia magnífica de la Misericordia de Dios corresponde a la historia magnífica de los hijos pródigos. El hijo pródigo siente el pecado que ha cometido, el mal que ha hecho, tiene una conciencia clara en la que se distingue entre el bien y mal, la luz y la tiniebla; y va a buscar la luz que él había dejado extinguir yendo por las tinieblas del pecado que lo habían ahogado. Es un año para redescubrir el sentido del pecado. El mundano trata de cambiar las palabras porque resulta más cómodo decir: “Me he equivocado, pero bueno, la próxima vez no me equivoco”. No, porque tú has ofendido a Dios y tienes que pedir perdón. Fíjate si se equivocó David, pero es un hombre extraordinario porque supo tener una gran capacidad de pedir perdón. “Pequé, Señor, contra el cielo y contra ti”. Esto no es solo que lo recuerde el Papa habitualmente, hay toda una Reconciliatio Paenitentia, una instrucción que hizo San Juan Pablo II, y ahí está todo el sentido de la pérdida del sentido del pecado en la sociedad contemporánea. El hombre se siente muy orgulloso de sí mismo y quiere vivir como si Dios no existiese y, por lo tanto, no admitiendo que haya una regla de juego por encima de su cabeza. Ese nunca pedirá perdón, nunca admitirá que ha hecho mal y tiene necesidad de ser perdonado por alguien que le puede llenar el alma de auténtica paz, sino que se engaña a sí mismo con paces que no son paces.

¿Qué podemos hacer los cristianos para defender y promover la vida y la familia?

Yo creo que lo fundamental de los cristianos es el ser cristiano, por lo tanto, el vivir auténticamente la propia fe. ¿Y en qué consiste eso? El Papa cuando habla de que hay que llevar a Cristo a las periferias dice que hay tres cosas fundamentales que son las que ayudan que el mundo se abra a Cristo: llevar el Evangelio, enseñar la Cruz y dar un testimonio de la propia conducta de cristiano con los hechos.

Una sociedad que cree que la felicidad consiste únicamente en adorar el vientre, la carne, el dinero, la droga... es una sociedad condenada a la autodestrucción. Tenemos que ser nosotros, los cristianos, los grandes paladines de la alegría, del gozo, de la belleza, de la vida, del amor, de todo lo positivo que hay en el mundo. Nosotros no concebimos un cristianismo sin cruz. Esa tristeza, desesperanza, depresión, dolor físico o moral, esa cruz con la que todo hombre y toda mujer se encuentra siempre; todo eso incorporado a Cristo en la cruz tiene un sentido eterno de llamada a la felicidad. Todo eso es pasar por una Pasión, para llegar a una Resurrección. La vida del hombre tiene un horizonte de vida eterna y, por tanto, la muerte no nos da ningún miedo, porque es pasar de la vida a la Vida, y pasar de un amor que puede ser muy noble, muy grande, como puede ser en el seno de la familia, al Amor, de un Dios Padre, Madre, Esposo, Esposa... porque en el Amor de Dios están todos los amores humanos puestos juntos y elevados al infinito que nos está esperando.

¿Cuál debe ser la actitud de los cristianos ante nuestros hermanos en la fe que son perseguidos?

Una actitud más cristiana, no de lengua solo. Nos conmovemos con algún sentimiento y damos un euro cuando pasan la cesta en Misa... no. Hay que saber hacer como los primeros cristianos, poner también los bienes personales a disposición de los que sufren, de los que están abandonados. ¿Yo que hago con lo que pasa en el mundo aparte de leerlo en el periódico? Comunión de los santos también quiere decir comunión de los euros, comunión del pan; quiere decir comunión de dolores y de sinsabores y de compartir con lo que más cuesta con la ayuda que la Iglesia está intentando dar.

Nunca ha habido tantos mártires como ahora, pero hay que reaccionar haciéndolo notar en la opinión pública diciendo que es una vergüenza que haya gente capaz de discriminar a unas personas por el hecho de ser cristianas y dejar que sean perseguidas sin tener una reacción a nivel mundial contra esas barbaridades que se están haciendo. `Hechos son amores y no buenas razones ́ es una cosa que escuchó una vez un sacerdote santo cuando estaba distribuyendo la comunión. Jesucristo empezó a hacer y a decir. Los cristianos somos muchas veces de boquilla, pero no de hechos. El Papa está ahora recordado una cosa que tampoco los anteriores olvidaron: las obras de misericordia, delante de los mandamientos de la ley de Dios, que han sido perfeccionados por las Bienaventuranzas de Jesucristo, se concretan en las catorce obras de Misericordia que se aprenden en el catecismo, pero que se llevan también en el corazón. Así es como hay que hacer la nueva Evangelización. `En esto os conocerán: en que os queráis los unos alos otros ́. Cuando queremos de verdad, nos privamos de la mitad del pan o la mitad de lujos, para mandárselo a los hermanos nuestros que están sufriendo.

¿Qué podemos aprender los cristianos de hoy de los Primeros Cristianos?

Yo diría que debemos aprender el ser auténticos, el hacer antes que el decir. Predicar a Cristo, pero empezando con que se vea que nos queremos. Los cristianos viven como todos los demás, como los paganos (comparten idioma y modo de vida), pero caminan con la mirada en el cielo; los pies en la tierra, pero la mirada en una esperanza eterna.

Ser cristiano es una cosa difícil, por eso el que no esté dispuesto no debería hacerse llamar así. Lo que queremos es gente que vive auténticamente el cristianismo: alegres, sanos, fuertes, llenos de amor a la vida, de sentido del verdadero Amor y una apertura ala vida eterna que hace que la esperanza vaya más allá. Por tanto, una capacidad, también humana, de resistir a los dolores con fortaleza de mujer y hombre. El cristiano es el que está bien preparado para afrontar la vida con decisión, y esperanzado.

Jaime Cervera, Alejandro Gutiérrez, Alberto Addum

Primeros Cristianos en otros idiomas
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