Mons. Hindo a la fundación ACN: “Se está llevando a cabo un plan para echar a los cristianos de esta región”
“Desde hace muchos años estoy diciendo que los kurdos están intentando eliminar la presencia cristiana en esta zona de Siria”, afirma a Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) Mons. Jacques Behnam Hindo, arzobispo sirio católico de Hassaké-Nisibi, en la parte noreste de Siria.
El prelado confirmó a la sede italiana de la fundación pontificia que se han cerrado algunas escuelas cristianas de la mano de la Federación democrática del Norte de Siria, región autónoma del norte y nordeste de Siria, no oficialmente reconocida por parte del gobierno sirio y conducida por una coalición dominada por el partido kurdo de la Unión Democrática.
“Desde el comienzo del año, la administración local ha tomado posesión de un centenar de escuelas estatales, en las que ha impuesto su propio plan de estudios y sus propios libros de texto. Los funcionarios kurdos que nos habían asegurado que no se acercarían a las escuelas privadas -muchas de las cuales son cristianas-, pero no sólo se han acercado a nosotros, sino que también han cerraron sus puertas”. La razón oficial del cierre de las escuelas cristianas en las ciudades de Qamishli, Darbasiyah y Malikiyah, es que estas instituciones se han negado a cumplir con el programa impuesto por las autoridades regionales. “No quieren que se enseñe en sirio antiguo, el idioma de la Iglesia, y no quieren que enseñemos la historia, porque prefieren inculcar su versión de la historia a los estudiantes”.
Monseñor Hindo no oculta su preocupación por el probable cierre de otras escuelas cristianas -hay seis más en Hassaké-, ni tampoco por el grave daño que el programa escolar “kurdo”, diferente del sirio oficial, causará a los estudiantes. “Le dije a un funcionario kurdo que así toda una generación será penalizada porque no podrá acceder a niveles más altos de educación. Él respondió que están dispuestos a sacrificar incluso seis o siete generaciones para difundir su ideología”.
Este asunto es una confirmación del intento de “kurdizar” la zona, un plan que según Monseñor Hindo también prevé echar a la comunidad cristiana local. “Estamos advirtiendo desde el año 2015 de este peligro. Quieren sacar a los cristianos para aumentar su presencia. Hasta la fecha, los kurdos representan solo el 20% de la población, pero tienen la gobernación de más de la mitad de la zona únicamente gracias al apoyo occidental “.
A través de ACN, el prelado lanza un llamamiento a la comunidad internacional y en particular a las naciones europeas: “Nos causa mucho dolor el cierre de nuestras escuelas. Desde 1932 la Iglesia administra estas instituciones y nunca nos hubiéramos imaginado que podrían ser cerradas. Occidente no puede permanecer en silencio. Si sois verdaderamente cristianos, debéis tomar cartas en el asunto y evitar nuevas violaciones de nuestros derechos y las amenazas a nuestra presencia en la región”.
Le pidieron a Leah que recitara algunas oraciones islámicas para ser liberada y ella se negó, diciendo: “Nunca lo haré porque no soy musulmana”
La niña cristiana de Nigeria secuestrada por Boko Harampor no renunciar a su fe está viva. Los terroristas han enviado una prueba de vida de Leah Sharibu, de apenas 15 y que fue secuestrada en febrero de este año.
En el audio enviado por los captores de Leah, se le escuchan estas palabras en su hausa natal: “Soy Leah Sharibu, la niña que fue secuestrada en GGSS Dapchi. Hago un llamamiento al gobierno y a las personas de buena voluntad para que intervengan para sacarme de mi situación actual “, dijo.
“También ruego a los miembros del pueblo que ayuden a mi madre, a mi padre, a mi hermano menor y a mis parientes”. Asimismo la niña cristiana invitó al gobierno y, en particular al presidente, a que se apiade de ella y la ayude a salir de su cautiverio.
Aunque el gobierno continúa trabajando para confirmar la veracidad de la grabación el padre de la chica, Nathan Sharibu, ya ha reconocido la voz de su hija. “Realmente es su voz. No pensaba ni siquiera que estuviera viva”, publica Aciprensa.
En la una foto que también enviaron los milicianos de Boko Haram, Leah aparece vestida con un hijab, un velo que cubre la cabeza y el pecho y que utilizan las mujeres musulmanas.
El secuestro de Sharibu y de 109 niñas del Colegio de Ciencias y Tecnología del Gobierno de Dapchi, en el estado de Yobe, fue confirmado por el gobierno de Nigeria el 13 de febrero. Transcurrido un mes, todas fueron liberadas excepto Leah que se negaba a convertirse al Islam.
Por otra parte, la madre de la niña cristiana secuestrada contó que una de las chicas que también estuvo secuestrada relató que en el momento en el que estaban siendo subidas a un camión para ser liberadas, le pidieron a Leah que recitara algunas oraciones islámicas para poder subirse al vehículo y ella se negó, diciendo: “Nunca lo haré porque no soy musulmana”. Su actitud hizo que los terroristas de Boko Haram dejaran a la niña con ellos, secuestrada.
Esto es solo uno de los casos de secuestro de Boko Haram. La organización terrorista cuyo nombre significa “la educación occidental es pecado” ha expandido el terror por el país más poblado de África mediante secuestros masivos como el de las niñas de Chibok, y matanzas de cristianos y musulmanes que se oponen a sus ideas. No obstante en Nigeria se mantiene la convivencia pacífica entre diferentes religiones una tradición que caracteriza a esta nación.
En torno a cien mil personas abarrotaron la Plaza de San Pedro
la ceremonia de canonización más esperada del año 2016
Algunas Misioneras de la Caridad lo vieron acompañadas de 1.500 pobres con asientos reservados en las primeras filas.
Con estas palabras Francisco declaró oficialmente santa a la Madre de los pobres.
"Declaramos y definimos santa a la beata Teresa de Calcuta y la inscribimos en el libro de los Santos”.
Dos religiosas llevaron una reliquia de la nueva santa. La base está hecha con hierro sucio y sin pulir, que es como la sociedad ve a los pobres a quienes tanto amó Madre Teresa.
De la nueva santa el Papa recordó su trabajo a favor de la vida de los que no han nacido y de los marginados.
FRANCISCO
"Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que 'el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre'. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos”.
La propuso como modelo para quienes trabajan como voluntarios o como empleados en obras de ayuda a los demás.
FRANCISCO
"Esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión. Madre Teresa amaba decir: 'Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír'”.
A la ceremonia sólo han podido asistir dos monjas de cada demarcación de la Orden que Madre Teresa fundó. La mayoría de las 5.000 religiosas con que cuenta la Orden han visto la ceremonia desde sus casas.
Sí que había quince delegaciones oficiales, enviadas, como la americana presidida por la alto cargo de la Casa Blanca, Lisa Monaco o la española, presidida por la madre del rey de España, la reina Sofía.
"Teresa de Calcuta, como toda persona contemplativa, fue una maestra en este arte de diluirse en el otro"
La canonización de la madre Teresa de Calcuta constituye un escenario óptimo para tratar sobre una cuestión multisecular de gran calado, que por desgracia constituye un tema tabú en nuestros días. Me refiero al arte de contemplar y más específicamente a la experiencia contemplativa, tan humana como netamente espiritual de transcenderse a uno mismo para navegar en un mundo maravilloso donde lo humano y lo divino se funden y la vida humana cobra pleno sentido.
Por más que tantas veces se haya presentado a Teresa de Calcula como una activista social en favor de los pobres, ella fue sobre todo y ante todo una contemplativa. Yo recuerdo habérselo escuchado en una de sus últimas entrevistas, con unas palabras semejantes a las siguientes: “No soy una activista social, no soy una enfermera con un profundo sentido de la solidaridad. Soy una contemplativa”. Fue precisamente esa gran capacidad de contemplación la que le permitió ver en los más pobre de los pobres el rostro de su Amado y darse a ellos con una generosidad que no conoció límites.
De la importancia de la contemplación nos han hablado por activa y por pasiva muchos sabios durante varios siglos, tanto en Oriente como en Occidente. Aristóteles dejó escrito que el destino del ser humano era la contemplación de lo divino. Nuestro Salvador de Madariaga lo repitió también con insistencia: “El fin de la vida es la contemplación. Y no hay contemplación sin ocio”. Razón no les faltaba.
Sin razón no hay contemplación, pero la contemplación supera las barreras impuestas por la racionalidad
La madre Teresa se ha unido a este grupo selecto de seres humanos, verdaderamente admirables, de altísimo nivel contemplativo, que han sabido superar todo tipo de obstáculos para entregarse al servicio de los demás sin pausa ni tregua. La contemplación y el servicio, llevados a su extremo, son conceptos intercambiables. De ahí el profundo atractivo que generan las personas contemplativas entre los hombres de todas las condiciones y culturas. El contemplativo, lo quiera o no, acaba siendo un líder intercultural, que se encuentra igual de cómodo hablando con el Presidente de los Estados Unidos que con el último pobre de la barriada más miserable. Y es que en la persona contemplativa, la barrera entre el yo y el tú se diluye hasta formar un nosotros indisoluble. Teresa de Calcuta fue una maestra en este arte de diluirse en el otro.
La persona contemplativa es, como bien dijo el filósofo alemán Josef Pieper, la persona más feliz del mundo, pues la verdadera felicidad no se encuentra en el tener sino en el ser, y la contemplación permite adquirir una mayor consciencia de lo que realmente uno es, es decir, de su propia misión. A mayor nivel de consciencia, mayor nivel de contemplación. No hay duda en ello. El contemplativo vive su propia existencia con mucha más intensidad (de luz) que los demás. Comprende como pocos que el Ser solo es uno y que ese Ser es por esencia Amor, y por tanto tiene una naturaleza unitiva. Todos, pues, estamos llamados a unirnos a Él. De lo contrario, no sería el Ser. Por eso, a medida que crece en los contemplativos esa consciencia de su ser participativo, así como de su propia misión, crece también su capacidad y su deseo de amar, es decir de unirse a los demás fundiéndose en el mismo Ser.
Muchas veces se confunde la contemplación con el pensamiento más profundo o con la meditación. Pero son cosas distintas. Contemplar es conocer más allá de los límites mentales y racionales, aunque se necesite de ellos en un primer momento. Sin razón no hay contemplación, pero la contemplación supera con creces las propias barreras impuestas por la racionalidad. Contemplar es conocer por comunión, por iluminación, por intuición, no por argumentos. Por eso, el contemplativo capta el todo antes que la parte, y los árboles nunca le impiden ver el bosque. Observa el mundo de arriba abajo y no de abajo arriba, como el común de los mortales. De ahí la grandeza de la vida contemplativa.
El contemplativo ve en la razón una herramienta útil, pero que no constituye un fin en sí mismo
La persona contemplativa vive en el espacio-tiempo pero, en el fondo, lo trasciende dado su carácter instrumental. Algo parecido sucede con su propio ámbito mental, también instrumental. Tantas veces, es la propia mente, con sus rigideces, miedos y angustias, la que impide la contemplación. En muchas escuelas de negocios, son famosos los cursos en los que se enseña a los ejecutivos la importancia de pararse a pensar: “Just stop and think.” Nada más lejos de la verdadera contemplación.
La persona con una actitud contemplativa lo primero que hace es dejar de pensar, parar su mente, porque quien piensa, quien razona, no contempla. El curso que yo propondría a los empresarios llevaría por título: “Stop thinking and start contemplating.” Y es que la razón se enriquece con la contemplación, como lo hace la tierra con los rayos del sol. El contemplativo no es un irracional, sino en una persona que ve en la razón una herramienta útil, que sirve para lo que sirve, pero que no constituye un fin en sí mismo. Esto explica que los grandes contemplativos, a pesar de su condición, hayan gozado siempre de inmenso sentido común. De nuevo me remito a Teresa de Calcuta.
La persona contemplativa atrae porque esencializa, porque busca siempre y en todo momento una unión que trasciende cualquier dualismo racionalista: materia / espíritu; vida / muerte; ciencia / fe; salud / enfermedad; amigo / enemigo; creyente / no creyente; hombre / mujer; alma / cuerpo; rico / pobre; sujeto / objeto; política / religión; terrestre /celeste; palabra / silencio; acción / contemplación. No es que el contemplativo niegue estas importantes dualidades, ni les quite importancia, pues nada más alejado de la contemplación que el relativismo, pero las comprende en su verdadera dimensión y las sabe poner en su sitio.
El contemplativo no se ausenta del mundo. Vive en él, pero no depende de él. No se aferra a las cosas
El contemplativo distingue, pero trasciende todas las categorías racionales, sin ver incompatibilidad en ellas. Para el contemplativo, por ejemplo, el silencio es fuente de palabra, y la palabra, manantial de silencios. Tampoco ve oposición alguna entre la materia y el espíritu pues es capaz de espiritualizar lo material y materializar lo espiritual. Menos todavía entre acción y contemplación. El contemplativo no se ausenta del mundo, sino que lo recontextualiza, lo redimensiona. Vive en él, pero no depende de él. No vive apegado a él. No se aferra a las cosas. No se encapricha. Por eso, no tiene miedo a dejarlo cuando llega el momento.
El gran mensaje que la Madre Teresa ha venido a recordar es que toda persona está llamada a la contemplación
El contemplativo ve el todo antes que la parte, y es capaz de amar la parte como si fuera un todo. De ahí que la persona contemplativa, como lo fue la Madre Teresa, sea una persona profundamente enamorada. Nunca se encuentra sola. Se sabe amada, querida, parte de un proyecto maravilloso. Y se siente feliz. Su sonrisa es tan sencilla como convincente y atractiva.
Para mí, por encima de su impresionante labor social, el gran mensaje que la Madre Teresa ha venido a recordar al mundo, a la humanidad entera, es que todo ser humano en cuanto tal, con independencia de su religión, raza o cultura, es un ser llamado a la contemplación. Ahí radica precisamente la razón última de su dignidad.
Los científicos han datado el rollo a finales del siglo VI d.C., e identificado los versículos como correspondientes al principio del Levítico, lo cual convierte el pergamino en el más antiguo jamás encontrado en una sinagoga y el más antiguo también desde los manuscritos del Mar Muerto.
La sinagoga, junto con todo el asentamiento de Ein Gedi, fue destruida por el fuego hacia el final de la Era Bizantina. Los moradores no regresaron tras el incendio, con lo cual el rollo de la Torah, junto con una menorah de bronce y una colección de 3500 monedas y otros restos fueron descubiertos por los arqueólogos cuando la sinagoga fue excavada en los años 60.
Los investigadores, encabezados por Sefi Porath, creen que el incendio y la consiguiente destrucción fueron consecuencia de un ataque beduino o de un choque con las autoridades bizantinas.
El trozo original carbonizado presentaba este aspecto. Todos los intentos de leer el texto fueron inútiles durante cuarenta y cinco años, hasta la aplicación de sistemas de imágenes 3D y un software para desenvolverlo virtualmente.
Los fragmentos de pergamino chamuscado se encontraron en lo que los arqueólogos creen que fue probablemente el Arca Santa de la sinagoga. Uno de ellos parecía un cigarro. Los primeros intentos de descifrarlo, incluso por parte de la policía científica, fueron inútiles y quedó almacenado en el Museo de Israel.
Pero los investigadores volvieron sobre él recientemente utilizando nuevos métodos para escanear y descifrar pergaminos antiguos. Se enviaron imágenes 3D escaneadas en alta resolución al profesor Brent Seales, de la Universidad de Kentucky, quien ha desarrollado un software de tratamiento digital de imágenes que permite desenrollar virtualmente el rollo y visualizar el texto.
El texto que apareció y se hizo legible contiene partes sustanciales de los primeros ocho versículos del Levítico, y el texto no presenta diferencias importantes respecto al texto hasta ahora conocido.
Tras descifrar el rollo, los investigadores declararon que habían descubierto la más antigua Torah hallada en una sinagoga excavada, siendo el siguiente más antiguo el códice de Alepo, del siglo X.
Pnina Shor, conservadora y directora de los proyectos de los Rollos del Mar Muerto para la Autoridad de Antigüedades, afirmó que ahora el plan es continuar descifrando el resto de las capas de pergamino y fragmentos similares que se encuentran en un estado parecido.
Las autoridades israelíes no han ahorrado adjetivos para la importancia del hallazgo: "Asombroso", "fascinante e importante", "instructivo", "maravilloso"… ¿Por qué? "Ya no sólo legaremos a las futuras generaciones los rollos del Mar Muerto", dijo Pnina Shor, "sino también una parte de la Biblia proveniente del Arca Santa de una sinagoga de mil quinientos años".
La domus Prisca, personaje de quien menciona san Pablo en sus cartas
Las primeras comunidades cristianas se reunían para sus ritos religiosos en casas privadas, una sala servía para el culto y la comida en común. Esto era antes del edicto de Milán, en la época de las persecuciones cristianas, por lo tanto se reunían con la máxima precaución para no ser descubiertos. A estos lugares se les llamaba Domus Ecclesia que en latín significa: “casa de la asamblea” o “casa de la iglesia”, las comúnmente llamadas iglesias domésticas.
El uso de estas pequeñas iglesias está documentado en las cartas de San Pablo, como podemos ver en la carta a los Romanos 16.3 saluda a Aquila y Prisca quienes son poseedores de una casa con este fin en el monte Aventino de Roma.
Los lugares de culto cristianos no se distinguían arquitectónicamente de los edificios de viviendas normales, aunque es posible que antes de 312 ya hubieran sido construidos específicamente para el culto algunas habitaciones simples. Generalmente estas domus ecclesiae llevaban el nombre del propietario, como por ejemplo: ecclesiae Caeciliae, ecclesiae Clementis, ecclesia Priscae.
Nuestra idea es mostrarte estas maravillosas domus ecclesiae, que a pesar de los más de 2000 años de cristiandad siguen todavía en pie atesorando valiosamente la historia y tradición de nuestra fe cristiana.
Comenzamos con la domus Prisca, personaje de quien menciona san Pablo en sus cartas.
Es muy difícil de establecer la verdadera identidad de esta mártir romana, a pesar de los numerosos estudios de documentos antiguos, ya que es probable que las diversas noticias sobre ella se refieran a tres personas diferentes.
Una tradición afirma que en realidad es la misma Priscila que se menciona en Hch.14, 1-4: “Pablo salió de Atenas y se fue a la ciudad de Corinto. Allí encontró a un judío llamado Áquila, que era de la región de Ponto. Hacía poco tiempo que Áquila y su esposa Priscila habían salido de Italia, pues Claudio, el emperador de Roma, había ordenado que todos los judíos salieran del país.[a] Pablo fue a visitar a Áquila y a Priscila, y al ver que ellos se dedicaban a fabricar tiendas de campaña, se quedó a trabajar con ellos, pues también él sabía cómo hacerlas.”. Otra tradición afirma que en realidad Prisca es la hija de Áquila y Priscila.
La tradición dice también que en este lugar en el monte Aventino y no sólo la tradición sino también los estudios arqueológicos, en la casa de Áquila y Priscila se tenían reuniones del culto cristiano, y que fue visitada por el mismo San Pedro y San Pablo.
Según la leyenda la iglesia conserva la pira bautismal que se usa hasta hoy, donde San Pedro bautizó a Santa Prisca.
La iglesia fue varias veces restaurada a través de los años hasta adquirir el aspecto actual, aun conserva (a pesar de ser desbastada en el 1084 por los normandos) las 14 columnas de su antigua estructura.
El ábside recuerda con una gran pintura a San Pedro bautizando Santa Prisca.
Antiguamente Santa Prisca era una de las iglesias en el que el papa celebraba la misa de estación del martes de la Semana Santa.
Febes aparece mencionada una vez, en la Carta de San Pablo a los Romanos
"Os encomiendo además a nuestra hermana Febes, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo"
Febes sólo aparece mencionada una vez, en la Carta de San Pablo a los Romanos: "Os encomiendo además a nuestra hermana Febes, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudadoa muchos, y a mí mismo" (Romanos 16:1,2). De este texto se pueden sacar varias conclusiones, como que Febe sería alguien importante y conocida en la iglesia corintia. El término diaconisa es solo dicho una sola vez en la Sagrada Escritura y es aplicado a Febes. Es posible que hubiese otras diaconisas (tal vez Trifena, Trifosa o Pérsida, mencionadas en este mismo capítulo, en el versículo 12) que hacían su ministerio apostólico en la Iglesia, sirviendo a los pobres y las viudas. Puesto que estas mujeres servían a la Iglesia, deberían tomarse en relación a Febe la recomendación que San Pablo da en 1 Tim. 5, 9-10 para señalar a una mujer como Viuda (recordar, aquí viuda no solo es la que ha perdido el marido, sino una servidora de la Iglesia). Según Pablo “debe tener no menos de sesenta años, haber sido esposa de un solo marido, gozar de una buena reputación por sus obras, si ha criado hijos, si ha practicado la hospitalidad, si ha lavado los pies de los santos, si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra”.
Cencrea pertenece a Corinto, pero al parecer Febe se habría trasladado a Roma ya fuera permanente u ocasionalmente, no se podría decir con certeza; ni siquiera se puede determinar el motivo de su viaje, pero la tradición indica que ella misma sería portadora de la Epístola a los Romanos, es por ello que Pablo indica quien es y que ha hecho, como para que sea acogida con cariño y respeto, aunque el “saludad” de la Carta indica que ya era conocida, por tanto, son elucubraciones. También se desconoce el año y lugar de su muerte, aunque debió ser después del 57, año en que se escribió la Carta a los Romanos. Los martirologios recogen desde muy antiguo su nombre, el 3 de septiembre.
La mención destacada de Febe entre todos los demás echa por tierra el famoso e injusto machismo de San Pablo, que muchos sueltan sin tener en consideración otras cosas, pero eso merece otros artículos...
31 de Agosto
SAN JOSÉ DE ARIMATEA
Discípulo de Jesús
Arimatea-Ramá, siglo I
El Martyrologium Romanum de 2001 comienza este día con la «Conmemoración de los Santos José de Arimatea y Nicodemo, que tomaron el cuerpo de Jesús descolgado de la cruz, lo envolvieron en una sábana y lo colocaron en el sepulcro». Los artistas han representado a José de Arimatea desclavando y descendiendo a Jesús de la cruz y depositándolo en brazos de María. Los Evangelios nos ofrecen muy pocos datos de él, pero éstos resultan muy significativos.
Debía de proceder de Arimatea, la antigua localidad de Ramá, patria de Samuel, situada en los montes de Efraín.
José era un hombre rico que formaba parte del Sanedrín. Este alto Consejo judío, que solía reunirse en el área del templo de Jerusalén, estaba formado por setenta hombres que en tiempos de Jesús tenían autoridad para legislar en Judea sobre cuestiones religiosas y algunos problemas civiles, aunque bajo la supervisión de los procuradores romanos.
El Sanedrín se componía de tres clases de miembros. El primer sector agrupaba a los sumos sacerdotes y representantes de las cuatro familias sacerdotales. Otro tercio lo formaban los doctores y expertos de la ley, en su mayoría fariseos. Otro grupo estaba formado por miembros de familias representativas por su posición social. A este grupo debía de pertenecer José de Arimatea (Mc 15, 43; Lc 23, 50), al que Mateo denomina como hombre rico (Mt 27, 57).
El Evangelio de Lucas nos ofrece además unos datos nada desdeñables sobre él. Nos lo presenta como hombre bueno y justo que esperaba el reino de Dios. Dice, además, que no había estado de acuerdo con el modo de proceder del Sanedrín durante el proceso a Jesús (Lc 23, 50-51).
No deja de llamar la atención que la silueta espiritual de José de Arimatea sea descrita por Lucas con trazos tan semejantes a los que el mismo evangelista ha empleado para presentarnos al anciano Simeón (Lc 2, 25). Se diría que, tanto al principio como al final de la vida de Jesús, se nos hacen presentes algunos judíos rectos y piadosos, cuya nota espiritual más importante es precisamente la de vivir aguardando el reino de Dios.
Es notable que para el Evangelio de Juan la nota más característica de José de Arimatea es que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos (Jn 19, 38).
Pues bien, José de Arimatea sale de su clandestinidad precisamente después de la muerte de Jesús, lo cual indica que es uno de los discípulos que han seguido el drama de Jesús hasta la cruz. Es como si su fidelidad al Maestro no le permitiera seguir permaneciendo en la sombra cuando aquel cuerpo destrozado puede ser enterrado en un lugar desconocido. El prudente seguidor de Jesús decide finalmente hacer público su seguimiento y su afecto.
Según los Evangelios, José de Arimatea se atrevió a llegar hasta Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús (Mc 15, 43). Llama la atención que este judío piadoso supere ahora los escrúpulos legales que poco antes habían impedido a sus compañeros entrar en casa de un pagano por miedo a contaminarse antes de la celebración de la Pascua (Jn 18, 28). Se diría que el espíritu de Jesús ha comenzado a librar de la esclavitud de la Ley a sus discípulos, incluso a los clandestinos.
El relato de Marcos es muy minucioso a la hora de reflejar algunas cautelas del procurador romano: «Pilato se admiró de que ya hubiera muerto y, llamando al centurión, le preguntó si ya había muerto. Y asegurándoselo el centurión, le concedió el cuerpo a José (Mc 15, 44-45). Fueron momentos de nerviosismo y de prisa. Los cuerpos de los condenados no debían permanecer al aire durante la noche. Por otra parte, las sombras iban cayendo y era preciso realizar con urgencia la tarea del enterramiento de Jesús antes de que comenzase el sábado, que coincidía aquel año con la fiesta de Pascua.
La proximidad de la noche parece sugerirle a Juan el recuerdo de Nicodemo, otro discípulo clandestino de Jesús y miembro también del Consejo que en otro tiempo había acudido a ver a Jesús en el corazón de la noche (Jn 3, 1-22). Los dos miembros del Sanedrín, unidos durante tiempo por una fidelidad mantenida en secreto, se unen ahora para el testimonio de su último servicio al Maestro. Así lo relata el Evangelio de Juan: «Fue, pues, y se llevó su cuerpo. Fue también Nicodemo –el que antes había ido de noche a ver a Jesús– llevando una mezcla de mirra y áloe, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los perfumes, como es costumbre enterrar entre los judíos (Jn 19, 39-40).
Es asombrosa la fidelidad del texto para describirnos los ritos funerarios de los judíos. Ni las prisas de una tarde de viernes, a punto de comenzar el sábado, impiden a José de Arimatea y a Nicodemo prestar a su amigo y maestro los servicios mínimos del ritual funerario de los judíos. Es más, todo hace pensar -como ha sostenido la tradición ya desde el evangelio apócrifo de Pedro– que José de Arimatea decide depositar en un sepulcro de su propiedad el cuerpo de Jesús. Ese mismo texto lo hace a la vez amigo de Pilato y de Jesús y testigo de todo el bien que éste ha hecho.
Los Evangelios canónicos no aluden a tal pretendida propiedad del sepulcro, sino que se limitan a referir los hechos que se desarrollaron aquel viernes, mientras se iba apagando la luz del sol: «Había un jardín en el lugar en que fue crucificado, y en el jardín un sepulcro nuevo, en el que todavía no había sido colocado nadie. Allí pusieron a Jesús, porque era el día de la Preparación de los judíos, pues el sepulcro estaba cerca" (Jn 19, 41-42).
Los dos amigos de Jesús hicieron rodar la piedra que cerraba la antecámara del sepulcro. Allí, en el silencio, quedaba escondido, por el momento, aquel que era la Palabra. La novedad y virginidad del sepulcro evoca en los escritos de los Santos Padres la virginidad del vientre de María. La madre-mujer y la madre-tierra recibieron, conservaron y ofrecieron el fruto más rico de la vida. Jesús quedó sepultado en la tierra como promesa de una fecunda sementera de vida y esperanza.
José de Arimatea es el símbolo de una fidelidad en el seguimiento de Jesús que se hace oportunamente presente en la hora en que muere el amigo y los demás discípulos lo han abandonado.
JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS
31 de Agosto
SAN NICODEMO
Discípulo de Jesús
Su nombre es de origen griego y puede traducirse como «victoria del pueblo». Es un notable fariseo, miembro del Sanedrín y doctor en Israel. Es, sin duda, uno de aquellos discípulos anónimos que se dejaron impresionar por la fascinación que Jesús debía de suscitar en su entorno.
Hay un par de frases en el Evangelio de Juan que nos llevan a pensar en el proceso espiritual que debió de seguir Nicodemo. Por una parte, sabemos que las gentes se extrañaban de que nadie detuviera a Jesús, por lo que se preguntaban si los magistrados habrían empezado a creer en él (cf. Jn 7, 26). Más adelante, se dice explícitamente que muchos de los magistrados creyeron en él, aunque no lo confesaban por temor a los fariseos (Jn 12, 42).
EL MAESTRO QUE BUSCA
De hecho, el Evangelio nos dice que Nicodemo se acercó hasta Jesús en el silencio de la noche. Su saludo inicial es ya significativo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él» (Jn 3, 2). Jesús no negó la grandeza y autoridad que se le atribuía. Pero su respuesta trasciende inmediatamente el plano desde el que se le hacía aquella interpelación. Con el tono solemne de las grandes declaraciones, Jesús anuncia la necesidad de un nuevo nacimiento para poder tener parte en el Reino de Dios: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios» (Jn 3, 3). El texto griego parece decididamente ambiguo. La expresión «nacer de lo alto» podría también entenderse como «nacer de nuevo». Y así parece entenderla Nicodemo. Pero esa condición le parece imposible.
En los relatos de vocación es muy frecuente que la persona llamada por Dios oponga una cierta resistencia ante el misterio de lo inefable. Así hace también Nicodemo al preguntar: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» (Jn 3, 4). La segunda respuesta de Jesús emplea el mismo tono solemne de la anterior: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3, 5).
Debió de soplar un vientecillo que removió la estera que cerraba la entrada. El detalle no pasó inadvertido a Jesús. La imagen del viento le recordaba la presencia del Espíritu. Las dos realidades se nombraban del mismo modo. Así continuó Jesús: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que nace del Espíritu» (Jn 3, 8). Ante la segunda explicación, Nicodemo quedó más perplejo que ante la primera. En ese momento, el texto evangélico contrapone los títulos que se otorgan los personajes. Nicodemo había saludado a Jesús con el título de «maestro». Ahora es Jesús quien le devuelve interrogante el mismo título de honor: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?» (Jn 3, 10).
Por tercera vez la revelación de Jesús es ritmada por la misma fórmula solemne: «En verdad, en verdad te digo: nosotr ^t,'amos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre» (Jn 3, 11-13). Nos encontramos con la antítesis de los «saberes». Así comenzaba el saludo inicial de Nicodemo: «Sabemos que has venido de Dios como maestro».
Las categorías de la bajada y la subida introducen el recuerdo de la serpiente que Moisés levantó en el desierto. Los que la miraban quedaban libres de las mordeduras de las serpientes (Nm 21, 4-9). Ya el libro de la Sabiduría desmitificaba aquella imagen. No era la fuerza mágica de aquel talismán lo que curaba: era la fe en el Dios que guiaba por el camino (cf. Sb 16, 6-7). Nadie hubiera osado comparar a Jesús con la serpiente de bronce si él mismo no se hubiera apropiado de la imagen: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna (Jn 3, 14-15). También ahora, como en los tiempos exodales del desierto, es la fe la que salva: la fe en Jesús, el maestro enviado por Dios. Por él ha venido la vida. Por él se llega a la vida. Por él, levantado en la cruz y exaltado con gloria.
De todas formas, la vida no se alcanza por las propias fuerzas. Es un don de Dios, que se recibe en gratuidad, porque nace de la gratuidad del amor de Dios: «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios' (Jn 3, 16-18). Éste es el núcleo de la revelación de Jesús: Dios ama al mundo. El hombre que era reconocido como maestro es mucho más que eso: es el Hijo de Dios. Por la fe en él se llega a la vida. La fe en el Hijo del hombre y la fe en el Hijo unigénito de Dios.
El juicio final, esperado por unos y temido por otros, comienza ya por la aceptación o el rechazo del Hijo de Dios. Él no ha venido para alzarse como salvador político-social, al modo de los antiguos «jueces» de Israel. Jesús no ha venido para juzgar al mundo, sino para ofrecerle la salvación. El juicio sobre el mundo se lleva a cabo en la aceptación o el rechazo de la luz. El Maestro descubierto por Nicodemo no sólo utiliza una luz en la noche, sino que él mismo es la luz. Su aceptación o rechazo se constituyen en la clave de la salvación: ,'El juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios» (Jn 3, 19-21).
EL TESTIGO
Nicodemo aparece otras dos veces en el Evangelio. La primera de ellas es en verdad significativa. Con motivo de la fiesta de los Tabernáculos o de las Tiendas, los sumos sacerdotes y los fariseos ordenan prender a Jesús. Los enviados no se atreven a detenerlo a causa de la majestad de su figura y el encanto de sus palabras.
Las autoridades se inquietan y maldicen a aquellas gentes que no entienden la Ley. Pero he aquí que por un curioso paralelismo, la Ley es invocada para salvar al Salvador. Nicodemo les hace observar que la Ley de Moisés prohíbe condenar a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace (Jn 7, 51).
La frase de Nicodemo parece llena de sentido. No trata solamente de introducir un poco de sensatez en las intenciones apresuradas de sus compañeros, que ya no sería poco. Pero esa frase del fariseo se levanta también a lo largo de los tiempos como una señal para el itinerario de la fe. Es una advertencia perenne para los que condenan a Jesús y su mensaje sin haberlo oído y sin haberlo puesto en práctica.
La observación de Nicodemo le mereció un desprecio y una sospecha por parte de sus colegas: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7, 52). No, no era galileo, pero eso no le impedía aceptar la luz, viniera de donde viniera.
EL AMIGO
Nicodemo vuelve a aparecer fugazmente cuando los otros discípulos han desaparecido. Se presenta inmediatamente después de la muerte de Jesús.
José de Arimatea se había atrevido a pedir a Pilato una autorización para retirar de la cruz el cuerpo de Jesús. Nicodemo llegó con su fe convertida en ofrenda funeraria para quien le había abierto el camino de la vida. Aportó para el sepelio del Maestro unas cien libras de mirra y áloe. Tras la evocación de las sustancias vegetales olorosas, se esconde tal vez una alusión al carácter regio de Jesús. En el epitalamio del rey cantado en los salmos, sus vestidos olían a mirra, áloe y casia (cf. Sal 45, 9). Con esos perfumes parecía anunciarse la victoria de Jesús sobre la muerte.
Juntos, José de Arimatea y Nicodemo, envolvieron el cuerpo de Jesús en vendas y sudarios y lo depositaron en un sepulcro nuevo (Jn 19, 39). Como ha escrito X. Léon-Dufour: "El anuncio de que una vez elevado de la tierra, Jesús atraería a todos los hombres hacia sí, se cumple en estos dos justos que no pertenecen al círculo de los que se habían declarado en su favor".
Nicodemo es para los cristianos el modelo del que busca la luz en medio de las tinieblas.
Nicodemo es el símbolo del paso de unos saberes eruditos a ese otro saber, donado por Dios, que acepta por la fe la salvación ofrecida por Jesucristo.
Nicodemo es el creyente que vacila y busca, el que se oculta y sale a la luz, el que defiende la verdad y arropa el misterio desnudo del Salvador.
Nicodemo es el discípulo que se mueve entre el miedo y el riesgo, entre la confianza y la osadía, entre la fe y la devoción al amigo.
Nicodemo es el amigo secreto del Señor.
JOSÉ-R0MÁN FLECHA ANDRÉS
Entre los más conmovidos por los sucesos de aquellos días estaba un fariseo, magistrado del Sanedrín, -llamado Nicodemo-, que acudió a ver a Jesús de noche por temor a sus compañeros que se habían opuesto a ÉL.
"Había entre los fariseos un hombre, llamado Nicodemo, judío influyente. Este vino a él de noche y le dijo: Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, pues nadie hace los prodigios que tú haces si Dios no está con él"(Jn).
El clima de la conversación es afable y respetuoso, pero al mismo tiempo exigente. Sus compañeros fariseos se han declarado pronto contrarios a Jesús, a pesar de hechos patentes como los milagros y la autoridad con que Él hablaba. Se imponía la necesidad de una conversación sincera, sin discusiones apasionadas, con buena voluntad, y llegando al fondo, para aclarar la cuestión.
El dilema era clave, y no admitía dilación ¿era Jesús realmente el Mesías, o no? Admite que es Maestro, pues lo ha oído; también acepta que ha venido de parte de Dios, pues ha visto los milagros; pero, ¿es posible llegar más lejos? Ahí radica su duda y su búsqueda cautelosa.
La introducción está llena de respeto y delicadeza, pero Jesús supera de inmediato las amabilidades corteses, y va a lo hondo; necesita golpear con fortaleza para ver si sus palabras son sinceras, o son suaves por fuera, y falsas por dentro. Jesús contestará a Nicodemo en dos niveles: primero hablando de una vida nueva, luego, cuando ve que no entiende, eleva su mirada haciéndole comprender que su ciencia era muy poca y que necesita humildad para entender las verdades divinas.
Nacer de nuevo
Así fue la respuesta del Señor: "En verdad, en verdad te digo que si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios".
Jesús centra su respuesta en la salvación que ha venido a traer. La nueva vida es una victoria sobre el pecado y un participar en la misma vida de Dios.
Ante un sabio se puede expresar con profundidad. No se trata sólo de cumplir la ley, sino de vivir una nueva vida, que viene de lo alto y que -a la vez permite cumplir la ley- elevando a la vida divina.
Es lo que luego los cristianos llamaremos la filiación divina, que nos consigue la gracia santificante y realiza una auténtica participación en la vida divina de una manera soberana.
Nicodemo no entiende la respuesta del Señor, pues responde: "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?". Es patente la dificultad de Nicodemo para entender las palabras espirituales de Jesús; su interpretación es humana. Quizá, pensaba en las objeciones a la reencarnación defendida por los hindúes en el lejano Oriente y por los órficos, los pitagóricos y casi todos los grandes filósofos griegos en Occidente.
La intervención parece la típica de un intelectual acostumbrado a la discusión y defensor de la unidad del ser humano. Lo seguro es que no entiende que se pueda dar un nuevo nacimiento eterno y espiritual. Jesús se lo aclara a través de ejemplos.
"En verdad, en verdad te digo que si uno no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es. No te sorprendas de que te he dicho que es preciso nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va, así es todo nacido del Espíritu"(Jn).
Cristo habla a Nicodemo de algo que él conocía bien: el bautismo de Juan realizado con agua. Este bautismo era un símbolo a través del cual movía a penitencia a los que se acercaban a él; les movía a arrepentirse de sus pecados.
Pero el Maestro añade algo nuevo: la acción de Espíritu. Dios concederá con el nuevo bautismo el perdón pedido, y lo hace al modo divino, ya que no sólo perdona el pecado, sino que, además, eleva al hombre a la vida divina. La respuesta va precisando lo que quiere decir Jesús con la imagen del nuevo nacimiento.
¿Cómo puede ser esto?
Pero Nicodemo continúa sin entender "¿Cómo puede ser esto?". Entonces Jesús emplea unas palabras aparentemente duras. Le dice "¿Tú eres maestro de Israel y lo ignoras?".
Es como decirle: ya ves que no basta toda tu ciencia de maestro de Israel, ni siquiera tu buena voluntad; es necesario superar una barrera nueva. Jesús está llamando ignorante a uno de los sabios del momento.
Estas palabras podían ser recibidas mal por Nicodemo; y hubiera podido contestar con arrogancia que él era sabio oficial, mientras que Jesús era un artesano sin estudios que no ha frecuentado ninguna de las grandes escuelas de Israel: sería la reacción del orgullo.
Pero Nicodemo no incurre en ella, porque busca sinceramente la verdad; le pesa demasiado el fardo de las interpretaciones sin vida, muy eruditas quizás, pero muertas, o poco espirituales; sabe que ese modo de pensar le frena para poder entender. Jesús le aclarará que ahí está la raíz del rechazo de sus amigos fariseos y del conjunto del Sanedrín. Necesitan convertirse con humildad y rechazar el pecado:
"En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? Pues nadie ha subido al Cielo, sino el que bajó del Cielo, el Hijo del Hombre. Como Moiséslevantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él" (Jn).
Así, veladamente Cristo le señala el sacrificio que se realizará en la cruz, pero Nicodemo ahora no puede entender estas cosas. Las dificultades con las que se va a enfrentar Jesús son más fuertes que las cuestiones de dinero o de poder; se trata de cuestiones de fe, que tocan las más hondas caras del pecado. De momento, Nicodemo escucha.
Los hombres amaron más las tinieblas que la Luz
Jesús le aclara en qué consiste la conversión y la salvación que ha venido a traer:
"Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, ya que sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas.
Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios" (Jn).
Ante Nicodemo, Jesús se manifiesta como Maestro que habla con autoridad. Dialoga, pero desde el que sabe que posee toda la verdad y la manifiesta poniéndose al nivel de su interlocutor. Jesús es doctor de una nueva verdad que puede ser aceptada por los hombres de buena voluntad se encuentre en el nivel que se encuentren.
Jesús, con Nicodemo, puede hablar con profundidad y decir que lo que viene a traer es más que una reforma moral, se trata de un descendimiento de la vida de Dios a los hombres. Dios ama tanto a los hombres que quiere liberarlos del pecado e incorporarlos a una unión viva con Él.
Jesús ha desvelado un poco el modo de realizar esa gran obra, al hablar de la serpiente elevada en el desierto, la cruz se apunta pero aún no se palpa ese exceso de amor de Dios por los hombres. Sin embargo, Nicodemo puede captar, mejor que la mayoría de los suyos, la grandeza de lo que está sucediendo ante sus ojos. Creer en ello es un obsequio de su libertad.
ENRIQUE CASES,
“Tres años con Jesús”,
Ediciones internacionales universitarias.