Los misterios de la Sábana Santa que siguen sin resolver

Aunque ningún Papa la ha reconocido oficialmente como la tela que cubrió el cadáver de Jesús, la Sábana Santa es la reliquia más preciada de la Iglesia católica. Varios elementos la convierten en algo único, en uno de los objetos más apasionantes del mundo. 

LA TELA 
 
Mide 436 centímetros de largo y 110 de ancho. Es de lino y está tejida con una trama en forma de espina de pez, que coincide con otros tejidos de los siglos primeros siglos hallados en Siria.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"Se han encontrado tejidos como este en sepulturas de personas ricas. Esta la usó una persona crucificada. ¿Qué otro podría ser? Lo habitual es que los crucificados fueran dejados en fosas comunes, eran pobres o ladrones. Pero Jesús fue llevado al sepulcro de un hombre rico, José de Arimatea, que lo envolvió en un lienzo precioso”. 
¿QUÉ SE VE?
En la Sábana Santa se ve un cuerpo de varón de tamaño natural por delante y por detrás. Mide 1 metro y 78 centímetros, tiene entre 30 y 40 años, pesaba unos 79 kilos y se dedicaba a trabajos manuales.
¿QUÉ LE HA SUCEDIDO?
El hombre de la Síndone fue flagelado desde los dos costados y por dos personas diferentes. En su cuerpo hay unas 720 heridas, restos de al menos 120 latigazos, realizados con un flagelo de seis cuerdas que tenían atado un objeto punzante.
Fue golpeado con violencia en el rostro.  Llevó algo parecido a un casco de espinas, porque por la frente y el cuello tiene restos de sangre que chorrea. Llevó un gran peso sobre la espalda izquierda y tiene heridas de caída en las rodillas.
P. RAFAEL PASCUAL
Director Instituto Ciencia y Fe, Regina Apostolorum 
"Corresponde a la figura de una persona que ha sufrido todo lo que nos cuentan los Evangelios de una flagelación, una coronación de espinas, una crucifixión”. 
Tiene heridas de clavo en la muñeca izquierda y unas manchas de sangre muestran que también fue perforada la derecha. Tienetambién una herida por punta de lanza en el costado.
¿CÓMO LA HAN DIBUJADO?
La imagen no tiene contornos definidos, es indeleble y no tiene restos de pinceladas. Por eso, el mayor misterio es cómo se produjo. Científicos italianos han lanzado una hipótesis.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"Se trata de una deshidratación, una oxidación de la celulosa muy superficial. Es idéntica a la que obtenemos con un láser que produzca radiación ultravioleta. La única hipótesis posible es que se haya producido por una gran luz que liberó el cuerpo que estaba envuelto en la sábana. Para quien cree en la resurrección es muy sugestivo”.  
¿QUÉ NO SE VE?
En la Síndone han encontrado restos de mirra y áloe, con los que se enterraba a los difuntos en Oriente Medio. También polen de 58 plantas diferentes. De ellos 38 no son europeos, y 17 son de Jerusalén, detalles difíciles de falsificar.
Tiene restos de sangre humana del grupo AB, con mucha bilirrubina, señal de que es de alguien que había padecido una muerte violenta.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"La sangre no se ha arrastrado o movido... Es como si el cuerpo hubiera desaparecido dentro de la sábana”. 
Además, la Sábana Santa se comporta como un negativo, de forma que -al contrario que las fotografías normales-, se ve mejor en los negativos.
LA PRUEBA CONTRARIA
A pesar de todo, del principal análisis científico hecho en 1988, la prueba del Carbono 14, mostró que se trata de un tejido medieval, del año 1260. Pero numerosos observadores dicen que las pruebas no fueron realizadas correctamente.
EMANUELA MARINELLI
Sindonóloga
"La Síndone tiene muchos remiendos, y en el trozo que usaron había restos de algodón. Esto ya hace dudar de la prueba”. 
P. RAFAEL PASCUAL
Director Instituto Ciencia y Fe, Regina Apostolorum 
"Han hecho experimentos para ver si en tiempo medieval se tendría la técnica para producir una imagen como la que vemos en la Sábana Santa y aunque se han dado varias hipótesis, realmente los resultados que han obtenido no son comparables ni mucho menos con los de la Sábana Santa”. 
Quizá en el futuro haya nuevas pruebas que arrojen un poco de luz. Pero seguramente ninguna será definitiva,y la Sábana Santa seguirá siendo un objeto apasionante: Quizá el testimonio material de la resurrección de Cristo.

San Marcelo, mártir. Patrón de León

San Marcelo fue centurión de la Legio VII. Nació en León (España) ciudad de la cual es patrón.

Marcelo nació y vivió en León durante la segunda mitad del siglo III. Era centurión de la Legio VII Gemina Pía Félix.  Se casó con Santa Nonia con la cual tuvo doce hijos murió porque mientras se celebraban las fiestas por el nacimiento del emperador Valerio en el año 298, San Marcelo afirmó en publico que era cristiano y tirando su espada al suelo y el sarminento de vid (símbolo de su rango militar) afirmo que solo iba a adorar al Dios del Cielo y de la Tierra.

Fue decapitado el 29 de Octubre.

Marcelo fue centurión romano, pero dejó sus galones para servir a Dios. En una fiesta en celebración del emperador, arrojó sus insignias militares y se confesó católico y servidor de Cristo. Fue condenado a morir decapitado

Pero a san Marcelo no se le recuerda por ser un solícito padre de familia sino por su lealtad a Cristo. Cuando todos los demás se habían entregado a los sacrificios a los dioses y estaban de celebración, Marcelo decidió despojarse de su condición de militar para servir al único Señor verdadero.

La historia de Marcelo se sitúa el 28 de julio del año 298, fiesta de cumpleaños del emperador. Los soldados se divierten. Se suceden los sacrificios en honor del señor emperador y Marcelo, «centurión ordinario, como si se hubiese vuelto loco, se quitó espontáneamente el cinto militar y arrojó la espada y el bastón de centurión delante de las tropas de nuestros señores», asegura el gobernador Fortunato.

Marcelo ya no podía seguir sirviendo a ningún gobernador, ni a ningún césar. Marcelo, arrojando la espada, daba así testimonio de su fe asegurando que a partir de ahora solo serviría a Dios como cristiano.

El gobernador sintió el desplante como una afrenta y le comunicó el desquite al viceprefecto Agricolano. Fuel él quien juzgó al centurión y le condenó a morir decapitado por su traición. San Marcelo murió mártir, olvidado por sus compañeros pero ganado para la gloria de los altares.

Tesoros que Roma dejó en España

El recientemente descubierto Arco de Jano es tan solo un ejemplo de las grandes construcciones que esta civilización antigua llevó a cabo en la Península

Teatro romano de Mérida

La presencia romana en España todavía puede palparse, pues su huella ha sobrevivido al paso de los siglos. Hoy podemos disfrutar de su legado, que se cifra en un gran número de tesoros arqueológicos, al que se une el reciente descubrimiento en Mengíbar del Arco de Jano, monumento que separaba las provincias romanas de Tarraconense y Bética. Recordamos algunos de los restos romanos más impresionantes que sobreviven a día de hoy.

La antigua ciudad de Itálica

En el actual municipio de Santiponce (Sevilla), se levantaba la ciudad romana de Itálica, fundada en el año 206 a.C. Fue la primera ciudad romana fundada en Hispania y alcanzó su mayor esplendor entre finales del siglo I y durante el siglo II. Allí nacieron, por ejemplo, los emperadores Trajano y Adriano, un hecho que le dio un prestigio especial a la zona. De lo que hoy sobrevive en la zona, destaca el anfiteatro, el supuesto templo de Trajano, las termas y diferentes casas.

Allí puede aprecierse la distribución de las casas de la época, con múltiples mosaicos en el suelo, hoy restaurados. Además, existen termas y acuadecturos y, por encima de todo, un anfiteatro que hoy es famoso en todo el mundo, pues se utilizó para el rodaje de «Juego de Tronos», donde se convertía en el anfiteatro de Pozo Dragón.

Vista del anfiteatro de Itálica

Teatro romano de Mérida

Antiguamente conocida como Augusta Emerita, la ciudad de Mérida esconde varios tesoros romanos. Entre ellos, quizá el más interesante sea el teatro romano, que se inauguró quince años antes del nacimiento de Cristo. Denominado por el arquitecto José Menéndez-Pidal como «príncipe entre los monuentos emeritenses», desde 1993 es Patrimonio de la Humanidad como parte del conjunto arqueológico de la ciudad.

El teatro sufrió varias remodelaciones a lo largo de la historia, hasta que fue abandonado en el siglo IV. No fue redescubierto hasta finales del siglo XVI. Y fue a principios del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas y su posterior reconstrucción parcial. A día de hoy alberga el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Teatro romano de Mérida

Acueducto de Segovia

Es uno de los grandes emblemas romanos de España, todo un prodigio de la ingeniería civil que se utilizó durante siglos. Según los investigadores, su construcción se sitúa entre la segunda mitad del siglo I y principios del II, en tiempo de los emperadores Vespasiano o Nerva. El acueducto, que recoge las aguas del manantial de Fuenfría, recorre más de 15 kilómetros antes de llegar a la ciudad y en su lugar más elevado mide 28 metros de altura. También es Patrimonio de la Humanidad.

Acueducto de Segovia – A. Tanarro

La muralla de Lugo

La antigua ciudad romana de Lucus Agusuto estaba rodeada por una muralla que, a día de hoy, se mantiene en pie y es uno de los grandes emblemas de Lugo. Con una longitud de 2266 metros, coronada por 85 torres, delimita el casco histórico de la ciudad y es una de las murallas mejor conservadas de la época romana.

Muralla romana de Lugo – R.C./ A.C.

El parque arqueológico de Segóbriga (Cuenca)

Es uno de los yacimientos arquológicos más importantes de toda la península y una de las ciudades romanas mejor conservadas, que permite al curioso recorrer los edificios fundamentales de entonces: el anfiteatro, el teatro, la muralla, el foro, la basílica, los templos, las termas, el sistema de abastecimiento de agua, las necrópolis y algunas de las viviendas. Impulsada por el emperador Augusto, la ciudad ya había estado poblada con anterioridad por los celtas, tal y como muestran los restos arqueológicos de la zona.

Vista aérea de Segóbriga

Villa romana de las musas (Navarra)

En realidad, este yacimiento arqueológico se llama «Aurelianum», aunque el hallazgo de un espectacular mosaico de las musas, lo dio a conocer como Villa romana de las musas. Actualmente, el célebre mosaico se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional, pero allí se muestra una minuciosa reproducción del original.

La que hoy es conocida como la Villa de Arellano estuvo ocupada por los romanos entre los siglos I y V. Allí se producía vino y todavía hoy pueden verse ciertas estancias dedicadas a tal actividad. Además, también hay lujosas residencias de campo relacionadas con el culto a Cibeles y a su hijo y amante Attis.

El célebre mosaico de las musas – MAN

Templo de Marcelo Claudio (Córdoba)

Hallado en 1950 durante unas obras de ampliación del ayuntamiento de la ciudad andaluza, el Templo de Marcelo Claudio supone un tono más dentro de la paleta de contrastes artísticos con la que se dibujó Córdoba. Una ciudad que cuenta con un riquísimo patrimonio producido por todas las culturas que la han habitado. Su construcción comenzó durante el gobierno del emperador Claudio, es decir, entre el 41 y el 54 d.C; sin embargo, las obras no concluyeron hasta finales del siglo I, ya en tiempos de Domiciano. Su tamaño original era considerable, aunque varias excavaciones sugieren que en la zona se levantaron templos más amplios

De este recinto religioso tan solo se conservan actualmente las escalares, la cimentación y algunos fustes de las columnas. A pesar de ello, y gracias a minuciosos trabajos de reconstrucción, los restos se presentan imponentes ante los ojos del visitante a día de hoy.

Restos del templo de Claudio Marcelo – RAFAEL CARMONA

Minas de oro de las Médulas (El Bierzo, León)

En la comarca de El Bierzo son todavía visibles los restos de la mayor mina de oro excavada a cielo abierto por los romanos. En el noroeste de los montes Aquilanos el color rojizo de las arenosas minas de oro de Las Médulas contrasta con el explendido paisaje natural en el que se halla. Para extraer el metal precioso de este yacimiento, los romanos empleaban el sistema de «ruina montium», consistente en excavar varias galerías que posteriormente eran inundadas. La fuerza del agua desgajaba la montaña desde dentro y dejaba el oro al alcance de la mano.

Las minas de oro de Las Médulas

Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz)

Bañada por el Atlántico, la playa de la localidad gaditana de Bolonia protege todavía tras sus dunas a la ciudad romana de Baelo Claudia, fundada en el II a.C. Los restos de este asentamiento, descubiertos a principios del siglo pasado, se mantienen en un excelente estado de conversación. En la antigüedad esta ciudad fue conocida por su garum: una salsa fabricada a partir de tripas de pescado y sal que potenció la pesca del atún en la zona. A día de hoy es Bien de Interés Cultural y en las noches de verano vuelve a la vida como escenario privilegiado de un programa de teatro clásico.

Las ruinas de Baelo Claudia – ABC

Vía de la plata

Dicen que todos los caminos llevan a Roma, y en la antigüedad -sin duda- era así. Y es que las calzadas fueron claves para que esta civilización pudiese cimentar su dominio sobre buena parte de lo que era el mundo conocido. La Vía de la Plata discurría entre Emerita Augusta (Mérida) y Asturica Augusta (Astorga). A pesar del paso de los siglos parte del trazado original ha logrado sobrevivir, así como algunos de los miliarios y puentes que lo salpicaban. Además, en la actualidad es un destino turístico muy atractivo para los senderistas.

Un tramo de Vía de la Plata

 

Fuente: ABC

Jóvenes en Siria: “Necesitamos sentirnos acompañados por la Iglesia para sentirnos cerca de Dios”

Cuando en Roma se está celebrando el Sínodo sobre la juventud y la vocación, un grupo de estudiantes sirios dan su opinión sobre este acontecimiento

ACN, Josué Villalón (Marmarita y Homs), de la Revista Vida Nueva.- Del 3 al 28 de octubre la Iglesia universal tendrá sus ojos en el Vaticano donde con el lema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se va a celebrar la XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos. El Papa Francisco junto con todos los obispos participantes, provenientes de los cinco continentes, así como otras personas invitadas, conversarán sobre la juventud y la Iglesia.

A 3.000 kilómetros de Roma, en Siria, cientos de jóvenes cristianos que viven en su día a día la dura experiencia de largos años de guerra fratricida, también estarán pendientes del sínodo. El ruido de las bombas, la emergencia humanitaria y el duro golpe de la violencia no han borrado aún las ganas de vivir y las ilusiones propias de la juventud. Desde Homs y Marmarita, Majd, Hanna, Halil o Anaghem cuentan qué significa para ellos el ser cristianos y qué esperan de la Iglesia, en un país donde viven como minoría, en ocasiones amenazada.

Queremos que la Iglesia esté cerca de nosotros, los jóvenes. No hace falta que intente ser tan perfecta, porque nadie lo somos, sino que esté cerca de nosotros, conociendo cuáles son nuestros deseos y anhelos. Creo que esto es más realista y creíble”, comenta Majd Jallhoum, una joven dentista, recién licenciada que colabora en el reparto de ayuda humanitaria junto con la Iglesia greco-católica en Marmarita, en la región conocida como el Valle de los Cristianos.

No había oído hablar de esta reunión de los obispos en Roma con el Papa pero me parece una buena idea. Aquí los jóvenes cristianos tenemos un gran deseo de estar cerca de Dios. Vivimos momentos difíciles, hemos sufrido la muerte de nuestros amigos y familiares, otros muchos es han marchado del país”, reconoce la joven, “pero también hemos experimentado momentos de alegría, sin duda detrás de ellos está la mano de Dios”.

Majd conoce bien la situación de muchas familias que viven desplazadas en el Valle de los Cristianos, va a visitarlas a menudo para conocer sus necesidades, acompañar a los enfermos al hospital o reparte las medicinas del proyecto de emergencia que está sosteniendo la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, de la mano de la Iglesia local. “Si sigo aquí es gracias a mi fe, aunque muchas veces veo que me falta la esperanza. Pero en este tiempo me he dado cuenta que mi sentido es quedarme y ayudar a estas personas. Mis padres y varios hermanos se marcharon a Estados Unidos, pero yo decidí quedarme y mi inspiración ha sido Jesús”.

Otros jóvenes desplazados en Marmarita están también aportando su tiempo y esfuerzo en sostener la ingente labor asistencial de la parroquia de San Pedro en este pueblo, corazón del Valle de los Cristianos. Hanna Mallouhi es uno más de ellos. Vino aquí hace 5 años, procedente de Homs, huyendo de los bombardeos: “Necesitamos estar acompañados por sacerdotes y responsables que tengan una vida sencilla, que muestren con hechos que les importamos. Necesito sentirme acompañado, para así sentirme también cerca de Dios.”

Hanna aún sigue en la universidad, se prepara para ser médico: “Pese a la guerra, no he querido abandonar mis estudios. Vine con mis padres y mi hermano al Valle de los Cristianos huyendo de Homs, aún así he seguido yendo a la universidad desde aquí para poder graduarme. Todos los días hago una hora de viaje de ida y otra de vuelta hasta Homs, incluso en los peores momentos de la guerra he ido a clase. Ahora tengo que hacer las prácticas, he elegido de destino un hospital de Damasco. Cuando termine la carrera quiero quedarme en mi país y ayudar a las personas a tener una vida mejor en Siria”.

El testimonio de estos chicos y chicas es inspirador para la comunidad cristiana de Siria, una minoría que se ha visto muy vulnerable en el conflicto sirio. Según cifras de la Iglesia siria, antes de la guerra había 1,5 millones de cristianos en el país y actualmente quedan unos 500.000. La falta de seguridad, la violencia y las amenazas reales de grupos yihadistas como el Daesh han provocado un éxodo sin precedentes en un país que era bastante tolerable con la fe cristiana.

De Marmarita, pasamos a Homs, la tercera ciudad del país, donde aún se mantiene una importante presencia cristiana, concentrada en el Viejo Homs, el barrio más antiguo de la ciudad, a los pies de la ciudadela milenaria que corona la localidad. Allí, unos 300 estudiantes universitarios se han reunido en la recién reconstruida catedral melquita de Nuestra Señora de la Paz, para celebrar la Eucaristía juntos. Cada uno de ellos es de distinto rito católico, unos sirio-católicos, otros latinos, otros greco-católicos, incluso hay algunos ortodoxos. Todos celebran unidos, cantando junto al coro “Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida”.

Entre todos está Pascal Napki, que cursa Economía: “No conozco en persona al Papa Francisco pero me parece una persona humilde, por sus palabras y acciones. Siempre que le escuchamos, pensamos que hay esperanza para la paz en Siria. Especialmente cada vez que ha pedido oraciones por nuestro país”. Halil, estudiante de Farmacia, asiente a su lado: “¿Qué le pido yo a la Iglesia? Que nos entienda y nos de la oportunidad de creer también en nosotros. Sé que no es fácil, pero eso es caminar juntos, confiar unos en otros y apoyarnos mutuamente”.

Concluye el encuentro y un grupo sale de paseo por las estrechas calles del barrio, alrededor hay muchos edificios antiguos, construidos en la piedra gris característica de la arquitectura popular de Homs. “Pienso que con lo que hemos sufrido, algunos se han alejado de Dios, así que lo primero que debemos hacer como Iglesia es animar a los jóvenes a estar cerca de Dios”, reconoce Anaghem Tannous. Y predican con el ejemplo, pasan a hacer una oración juntos a una iglesia cercana, en este caso la Iglesia del Sagrado Cinturón de María, perteneciente a la Iglesia sirio-ortodoxa. “Aquí convivimos católicos y ortodoxos con normalidad, somos muy cercanos, es parte de nuestra cultura”.

Comentan varias anécdotas de los años de guerra, las bombas pasaron de largo hace tiempo, aunque la ciudad sigue en ruinas y barrios enteros están acordonados porque todos los edificios están destruidos. “Recuerdo que en la entrada de esta misma iglesia cayeron varias bombas. Parte del edificio del obispo ortodoxo se vino abajo, un milagro que no muriese nadie aquella vez”-afirma Halil– “Todos conocíamos al padre Frans van der Lugt, un misionero jesuita holandés que permaneció en Homs incluso en el peor momento de la guerra, en el año 2013. Solo quedaron él y unos 40 cristianos más del Viejo Homs, eran la última presencia cristiana aquí entre los grupos rebeldes. El padre Frans fue asesinado, pero su testimonio y su enseñanza hacia los jóvenes de Homs siguen vivos. Él no decía: hay que seguir adelante, con Jesús y trabajando por la paz”.

Por último, Wissam se despide antes de pasar al templo: “rezamos por el Papa y por la Iglesia en todo el mundo. Aquí la fe es fundamental porque forma parte de lo que somos. Y además estos últimos años todos hemos experimentado que hemos salido adelante de muchas dificultades, en nuestras familias, en nuestros estudios y trabajos, gracias a no perder la fe y la esperanza”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Corea: ¿Una cumbre para el Papa Francisco y Kim Jong-un?

 En octubre del año pasado el mundo entero se hizo eco de un tuit del presidente estadounidense Donald Trump: “Ser amable con el hombre cohete no ha funcionado en 25 años. ¿Por qué iba a funcionar ahora?”. Pocos meses antes había llamado al líder norcoreano Kim Jong-un “pequeño hombre cohete” y le había amenazado con “un fuego y una furia que el mundo no ha visto jamás”.

Un año más tarde, el clima cambió totalmente en la península coreana. Los dos líderes coreanos, norte y sur, se reunieron tres veces en un clima distendido y pacífico antes y durante los Juegos Olímpicos de Invierno, allanando el camino para cumbres, encuentros de familias y una cantidad considerable de intercambios políticos y culturales. También Donald Trump celebró un encuentro con Kim Jong-un, y en dicha ocasión elogió su personalidad calificándolo de “muy talentoso” e “inteligente”, y manifestó el deseo de volver a verlo tras las elecciones.
Lo último en este espectáculo casi teatrero es la manifestación de Kim Yong-un de que le “entusiasmaría” dar la bienvenida al Santo Padre si este estuviera dispuesto a viajar a Pyongyang. El presidente surcoreano Moon Jae-in visitará el Vaticano esta semana y llevará en su cartera una invitación para el Pontífice.Todo ello son motivos para emocionarse, pero no todo el mundo en Corea del Sur aplaude con entusiasmo estos hechos.Aunque una mayoría de los coreanos y sobre todo la generación más joven, haya reaccionado con euforia ante esta perspectiva, también hay personas que no verían con agrado la visita del Santo Padre al Norte. Muchos cuestionan los verdaderos motivos y la voluntad del “joven mariscal” de romper con la política de su padre y su abuelo, y dudan de que vaya a renunciar al arsenal nuclear para dirigir su país hacia la paz y la reconciliación. Para ellos, una visita pontificia a Pyongyang podría incitar a pensar que la Iglesia Católica perdona los crímenes contra la humanidad, así como la persecución de cristianos incluso antes de que los criminales sean llevados ante la justicia.
No cabe duda de que se han cometido crímenes durante la brutal dictadura en el pasado, y la Iglesia Católica -en opinión de los más críticos- debería ser la defensora de las víctimas del régimen y denunciar sus crímenes, en lugar de ayudar a Kim Jong-un a limpiar su imagen y ofrecerle así la oportunidad de subir un peldaño en pos de los palacios presidenciales de la comunidad internacional.Pero de momento no ha ocurrido nada sustancial: el Vaticano no ha aceptado la invitación que, por cierto, no es la primera proveniente de Pyongyang. Durante el periodo de acercamiento político y la llamada “política del sol” del anterior presidente, Kim Dae-jung, a principios del nuevo milenio, el Papa Juan Pablo II también fue invitado por Corea del Norte, pero el Santo Padre no aceptó.
Si el Papa Francisco tomara la decisión de viajar a Pyongyang, seguramente no lo haría sin más, sino que pediría a cambio concesiones como por ejemplo, la aceptación de una presencia permanente de sacerdotes en Corea del Norte, o prometería visitar el país tras un progreso “verificable e irreversible” en otros ámbitos.Si aceptara la invitación, no lo haría sin previamente celebrar una serie de encuentros y negociaciones no oficiales. El presidente de la Conferencia Episcopal Coreana y otros líderes religiosos también formaron parte de la delegación que se reunió el mes pasado con Kim Jong-un. El Arzobispo Hyginus Kim Hee-jong ya viajó hace algunos años a Pyongyang con una delegación de obispos y sacerdotes surcoreanos y fue nombrado “enviado especial del presidente ante el Vaticano” por el presidente surcoreano Moon Jae-in, él mismo un católico devoto. Por tanto, todos los críticos pueden estar seguros de que el Santo Padre tomará una decisión fundada y conocedora de todas las circunstancias.El arzobispo de Seúl y presidente de Ayuda a la Iglesia Necesitada en Corea del Sur, Cardenal Andrew Yeom Soo-jung, que es también el Administrador Apostólico de Pyongyang, ha declarado recientemente que “está esperando el día” en que pueda enviar a misioneros, sacerdotes y religiosos a Corea del Norte para poder celebrar los sacramentos con ellos. Y ha añadido: “Sé que el Papa Francisco se preocupa mucho por la paz en la península coreana y que ha rezado en varias ocasiones por nosotros. Por ello, quiero que todos estos esfuerzos sean como el interruptor que pone en marcha una “bomba centrífuga” por la paz en la península coreana”.
“Cuando el trabajo de base esté hecho, el Padre podrá ir”, ha dicho Mons. Lazarus You Heung-sik, otro Obispo cercano al Santo Padre. La visita del Santo Padre sería, según ha dicho, “un paso gigantesco, un paso cualitativo para la península coreana y para su pacificación”.
Los católicos, independientemente de sus opiniones políticas, siempre deberían confiar en que también nuestro Señor vigila de cerca la situación. Recemos para que en el caso de una visita histórica a Pyongyang por parte del Papa Francisco, las conversaciones no sean solo bilaterales con Kim Yong-un, sino que se celebre una cumbre trilateral guiada por el Espíritu Santo. Y recemos porque el Espíritu Santo muestre el camino a la paz y la estabilidad en Corea y más allá de Corea.

Hallada una cueva funeraria romana durante unas obras en Tiberíades (Israel)

La cueva, probablemente saqueada hace siglos, contiene inscripciones griegas y debió de pertenecer a una familia poderosa que vivió en la zona en época romana.

Fuente: Alec Forssmann  |  National Geographic
11 de junio de 2018

La construcción de un nuevo barrio en la parte norte de Tiberíades, una ciudad en la orilla occidental del mar de Galilea, en el norte de Israel, ha sacado a la luz un complejo funerario de época romana, de unos 2.000 años de antigüedad, oculto en el interior de una cueva, según informó ayer la Autoridad de Antigüedades de Israel. Una pala mecánica dejó al descubierto la entrada de una cueva tallada en la roca, cuyo acceso está decorado con un revoque coloreado. A continuación se abre un espacio central con varios nichos tallados en la roca, con cerámica decorada y osarios de piedra, y al fondo hay una pequeña cámara funeraria. La cueva probablemente fue saqueada en época antigua.

Los arqueólogos han encontrado puertas de piedra en las entradas de las habitaciones y, en una de ellas, inscripciones griegas grabadas en la piedra con los nombres de los difuntos, que serán estudiadas por los especialistas. Yair Amitsur, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, ha explicado que “la cueva debió de funcionar como un complejo funerario para una familia que vivió en la ciudad de Tiberíades o en uno de los poblados adyacentes”. Tiberíades fue establecida en el 18 d.C. por Herodes Antipas, el hijo de Herodes el Grande, en honor del emperador romano Tiberio.

Tiberíades fue establecida en el 18 d.C., en honor del emperador Tiberio

“Esta cueva funeraria es fascinante porque es un hallazgo único en la zona. El tallado de la roca de alta calidad, la complejidad de la cueva, las decoraciones y las inscripciones en griego apuntan a que perteneció a una familia poderosa que vivió en la zona en época romana“, sostiene Amitsur. La cueva ha sido bloqueada con el fin de protegerla y será investigada por expertos de la Autoridad de Antigüedades de Israel.

Entrada de la cueva
Una pala mecánica dejó al descubierto la entrada de la cueva, tallada en la roca y situada en la parte norte de la ciudad de Tiberíades.

Foto: Miki Peleg, IAA

¡Saqueada!
La cueva, de unos 2.000 años de antigüedad, probablemente fue saqueada en época antigua, pero no queda claro cuándo.

Foto: Miki Peleg, IAA

Osario de piedra
Un osario de piedra y fragmentos de cerámica.

Foto: Miki Peleg, IAA

Complejo funerario
Interior del complejo funerario de época romana, que incluye varios nichos tallados en la roca, cerámica decorada y osarios de piedra.

Foto: Miki Peleg, IAA

Tumba familiar
Yair Amitsur, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, ha explicado que “la cueva debió de funcionar como un complejo funerario para una familia que vivió en la ciudad de Tiberíades o en uno de los poblados adyacentes”.

Foto: Miki Peleg, IAA

Restos de la persecución a los cristianos en Oriente

Dispararon al menos 6 veces para intentar destrozar el cuerpo de Cristo. Es la puerta de un sagrario de una parroquia de la ciudad siria de Kessab. La filial de AlQaeda en Siria, al-Nusra, y otros grupos yihadistas ocuparon esa ciudad durante meses.

Esta cruz, destrozada por el ISIS, pertenece a una parroquia de Batnaya, en Irak.

En otro templo, los terroristas tirotearon esta estatua de la Virgen María.

Tampoco se libró de la profanación perpetrada por los yihadistas este otro Cristo decapitado.

Tenían un objetivo claro: eliminar la presencia cristiana de Irak y de Siria, sus gentes, sus objetos litúrgicos y sus raíces.

Estos restos, que testimonian una auténtica limpieza étnica, han sido expuestos muy cerca del Vaticano. El gobierno húngaro los ha recopilado en esta exposición que, tras visitar Budapest, Nueva York y Washington, ha recalado en Roma.

MÁRK ÉRSZEGI
Embajada de Hungría ante la Santa Sede
“Hay personas, no tan lejos de nosotros, que, en algunas ocasiones, deben de dar su propia vida o sufrir discriminaciones diarias a causa de su fe en Jesucristo. Está bien que estos objetos, estas fotos y sus voces lleguen a nosotros, lleguen a Roma, especialmente ahora que se habla de los jóvenes, para que nos demos cuenta de lo importante que es nuestra fe y de cuánto le debemos”.

Cuando no usaron las balas, emplearon el fuego para acabar con los libros de oraciones y las Biblias. En algunas iglesias, no dejaron ni rastro. Y muchas de las que dejaron en pie las emplearon como campo de tiro.

No solo en Siria e Irak. También hasta Egipto se ha extendido el extremismo como una mancha de aceite. Estos son los rostros y las historias de los 21 cristianos coptos decapitados por el ISIS en una playa libia.

Su delito fue ser cristianos, nazarenos. Por eso, marcaban con esta letra, la “n” en árabe, las casas de los infieles. Nada más autoproclamar su estado del terror, el ISIS envió esta misiva a los cristianos con un ultimátum: convertirse, morir o pagar la jizya, un impuesto para los no musulmanes. Incluso, los yihadistas acuñaron su propia moneda, estos dinares de oro.

El mapa de Oriente Medio está lleno de heridas, sangre derramada de los cristianos que no han querido marcharse de su tierra o renegar de su fe.

O simplemente, como hizo el padre Ragheed Ghani, no cerrar las puertas de su iglesia. Este sacerdote iraquí fue asesinado por unos extremistas en Mosul en el año 2007, después de la misa dominical. En 2014 su tumba, que se encuentra en Karamlesh, fue profanada de esta forma por los milicianos del ISIS.

RomeReports

Informe Fides: 447 misioneros católicos han sido asesinados entre los años 2000 y 2017

En Irán también hay persecución -extrema- a los cristianos, promovida por el gobierno.

La agencia vaticana Fides publicó un extenso informe en el que señala que, entre los años 2000 y 2017, han sido asesinados 447 misioneros católicos en todo el mundo.

En el informe titulado ‘Jóvenes misioneros testigos de Cristo hasta dar la vida’, dado a conocer por la Oficina de Prensa del Vaticano, se detalla que “en el periodo comprendido entre el 2000 y el 2017 fueron asesinados violentamente 447 misioneros y misioneras: 5 Obispos, 313 sacerdotes, 3 diáconos, 10 religiosos, 51 religiosas, 16 seminaristas, 3 miembros de institutos de vida consagrada, 42 laicos, 4 voluntarios”.

 

 

Sin embargo, precisa el informe, “esta cifra es menor de la real porque se refiere solo a los casos confirmados, de los cuales se ha tenido noticia”.

En una entrevista concedida a Fides con motivo de la ‘Jornada de oración y ayuno en memoria de los misioneros mártires’, el Arzobispo Giovanni Pietro Dal Toso, Secretario Adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP), señaló que “en la iglesia antigua hubo muchos jóvenes mártires. Pensando en ellos, podemos decir que el testimonio de fe, y también de sangre, no conoce límites”.

“La llamada al don de la vida toca a cada persona bautizada, y los jóvenes pueden dar un ejemplo precioso. Cuando se es joven, se posee un gran impulso y disposición para dar la propia vida”.

El Prelado dijo además que “hay mucha generosidad en los corazones de los jóvenes. No creo que los jóvenes de hoy sean menos generosos que las generaciones del pasado. La juventud, como las otras etapas de la vida, tienen debilidades endémicas, pero los millennials, los jóvenes de hoy, también muestran generosidad: solo hay que pensar en las experiencias de los jóvenes y voluntarios que viajan a los países de misión”.

En Irán también hay persecución a los cristianos, promovida por su Gobierno

En un discurso ante las Naciones Unidas el 20 de septiembre de 2017, el presidente iraní Hassan Rouhani retrató repetidamente a su gobierno como dedicado a la “moderación y respeto por los derechos humanos”. “En Irán nos esforzamos por construir la paz y promover los derechos humanos de los pueblos y las naciones. Nunca toleramos la tiranía y siempre defendemos a los que no tienen voz. Nunca amenazamos a nadie …”, recoge Israel Noticias.

Sin embargo, Rouhani miente, pues la Lista Mundial de Vigilancia de 2018, compilada por Open Doors, una organización de derechos humanos que destaca la persecución mundial de los cristianos, lo deja claro. Irán se encuentra entre las diez peores naciones donde los cristianos experimentan una “persecución extrema”.

Mientras que la mayoría de la persecución de los cristianos en la región del golfo árabe proviene de la sociedad o de grupos islámicos radicales, la principal amenaza para los creyentes en Irán proviene del propio gobierno. El régimen iraní declara que el país es un Estado islámico chiíta y está expandiendo constantemente su influencia. Los intransigentes dentro del régimen se oponen vehementemente al cristianismo y crean graves problemas para los cristianos, particularmente los conversos del Islam. Cristianos y otras minorías son vistos como amenazas para este fin, y son perseguidos como resultado. La sociedad iraní en su conjunto es más tolerante que su liderazgo, gracias en parte a la influencia del islam Sufi moderado y místico.

La mayor parte de la persecución del régimen iraní parece dirigida contra cristianos protestantes y musulmanes convertidos a ramas del cristianismo, como las cepas evangélica, bautista y pentecostal. Debido a que se les niega el derecho a construir iglesias, los cristianos a menudo recurren a reunirse y adorar en secreto. Los informes de que las autoridades iraníes irrumpen en tales reuniones de iglesias en casas, arrestan y arrastran a muchos, si no todos, los cristianos actuales se han vuelto cada vez más comunes.

Los cris­tia­nos de la In­dia re­zan por el fin de las per­se­cu­cio­nes

Algo similar a lo que ocurre en Irán acontece en la India, donde, si los cristianos no se con­vier­ten al hin­duis­mo, “de­ben irse de aquí”, que es una de las ha­bi­tua­les ame­na­zas que re­ci­be la co­mu­ni­dad cris­tia­na. La vio­len­cia en la In­dia con­tra los cris­tia­nos es cada vez más ex­plí­ci­ta y ra­di­cal, informa la agencia Asic.

En los pri­me­ros 5 me­ses de 2018 fue­ron re­gis­tra­dos 101 epi­so­dios de vio­len­cia con­tra la co­mu­ni­dad cris­tia­na, así como ame­na­zas e in­ti­mi­da­cio­nes. Tam­bién, se ma­ni­fes­ta­ron ata­ques y agre­sio­nes con­tra en­cuen­tros pa­cí­fi­cos de cris­tia­nos reuni­dos en ora­ción, que afec­tan es­pe­cial­men­te a mu­je­res y ni­ños.

Per­se­cu­tion Re­lief ha lle­ga­do a con­tar más de 1.200 en los úl­ti­mos dos años; de los cua­les cer­ca de 60 fue­ron re­gis­tra­dos en sólo nue­ve me­ses en Ut­tar Pra­desh, el Es­ta­do go­ber­na­do por un santón hin­dú, fa­mo­so por su hos­ti­li­dad ha­cia los que creen en Cris­to.

Se­gún in­for­mó Asia­News, el pas­tor Shi­bu Tho­mas, fun­da­dor de ‘Per­se­cu­tion Re­lief’, afir­mó que cien­tos de mi­les de per­so­nas han par­ti­ci­pa­do en una semana de oración pi­dien­do la li­be­ra­ción de apro­xi­ma­da­men­te 100 pas­to­res y fie­les que se en­cuen­tran re­clui­dos en cár­ce­les, acu­sa­dos fal­sa­men­te de rea­li­zar con­ver­sio­nes for­za­das.

Esta si­tua­ción en In­dia, es en de­fi­ni­ti­va el re­la­to so­bre el su­fri­mien­to de vein­ti­cin­co mi­llo­nes de cris­tia­nos en un país de mil dos­cien­tos mi­llo­nes de ha­bi­tan­tes, don­de la re­li­gión ins­ti­tu­cio­nal es la hin­dú.

Y en este con­tex­to, re­sue­nan las pa­la­bras del Papa Fran­cis­co de­nun­cian­do el dra­ma de la per­se­cu­ción de los cris­tia­nos, como lo hizo el 26 de di­ciem­bre de 2016, a la hora del rezo del Ánge­lus en la pla­za de San Pe­dro.Establecer como imagen destacada 2

“Los már­ti­res de hoy son más que los de los pri­me­ros si­glos. No lo ol­vi­de­mos. El mar­ti­rio cris­tiano con­ti­núa en la his­to­ria de la Igle­sia has­ta nues­tros días. El mun­do odia a los cris­tia­nos por la mis­ma ra­zón que odia­ban a Je­sús por­que ha lle­va­do la luz de Dios a un mun­do que pre­fie­re las ti­nie­blas para es­con­der sus obras mal­va­das. Por esto, hay opo­si­ción en­tre la men­ta­li­dad del Evan­ge­lio y la mun­da­na”, dijo el San­to Pa­dre des­ta­can­do que tam­bién la Igle­sia para dar su tes­ti­mo­nio de la luz y la ver­dad, “ex­pe­ri­men­ta en va­rios lu­ga­res du­ras per­se­cu­cio­nes, has­ta la su­pre­ma prue­ba del mar­ti­rio”.

 

Etiopía: las increíbles iglesias de la “Jerusalén Negra”

Construidas alrededor del siglo XIII, las iglesias rupestres de la ciudad de Lalibela son espectaculares. Salidas directamente de la roca, siguen fascinando a los peregrinos de hoy, que las consideran como una de las maravillas del mundo

Biet Ghiorgis, Iglesia de San Jorge

Etiopía es uno de los estados cristianizados más antiguos del mundo. El país adoptó la religión cristiana en el siglo IV gracias al rey Ezana de Aksum, convertido, según la leyenda, por san Frumencio de Tiro, primer obispo de Aksum en Etiopía. En el siglo XIII, cuando la expansión musulmana dificultó las peregrinaciones a Tierra Santa para los cristianos en Etiopía, el rey Gebre Mesqel Lalibela decidió construir una “nueva Jerusalén”, popularmente conocida hoy como la “Jerusalén negra”. Para su construcción escogió un lugar en la región montañosa del norte del país.

“En el mundo no hay nada parecido”

Durante siglos, peregrinos y visitantes han venido a admirar este espectacular conjunto situado a una altitud de 2.630 metros. Once iglesias, talladas en un solo bloque de piedra. En 1520, uno de los primeros europeos que visitó Etiopía, el sacerdote portugués Francisco Álvares, las describió. Cuenta que le deslumbraron estos majestuosos bloques en forma de cruz: “En mi opinión, en el mundo no hay nada parecido, iglesias talladas con arte en la roca viva. Tengo que dejar de hablar de estos impresionantes edificios, porque estoy seguro de que muchos no me creerán y pensarán que exageré”.

Un alto lugar espiritual protegido

Este extraordinario conjunto, excavado en la toba volcánica roja a 12 metros de profundidad, presenta dos tipos de iglesias: las monolíticas, talladas por completo en la roca, con las fachadas al aire libre, y las hipogeas, que se adentran en la cara de una pared o acantilado.

Sin embargo, las iglesias, que en la actualidad constituyen una importante atracción turística, siguen desempeñando un papel importante en el cristianismo etíope. Todavía acogen celebraciones religiosas y los peregrinos acuden en masa durante las grandes fiestas. Para el festival anual del Timget, que conmemora el bautismo de Jesús y la Epifanía, los fieles se reúnen alrededor de la iglesia de piedra Bete Giyorgis. Una comunidad religiosa vive allí durante todo el año para acoger a los peregrinos.

 

+ info - San Frumencio de Etiopía

 

¿Cómo reaccionaron los primeros cristianos ante el mundo que les rodeaba?

A veces, aparece la tentación de atribuir la expansión del Evangelio a prodigios y milagros. Sin embargo, la fe fue el prodigio que arrastró a hombres de toda clase, condición y cultura. La fe, y el amor hacia Cristo.

Las preguntas del filósofo Justino

Aún faltan unas horas para que amanezca. Un hombre pasea por la orilla de una playa, contemplando el mar. Es famoso en muchos círculos intelectuales. No tarda en descubrir a otra persona en este lugar ahora desierto: es un anciano. El intelectual se pregunta qué puede hacer aquí a estas horas, pero no dice nada. Sólo lo mira, sorprendido. El anciano percibe su desconcierto y se dirige a él. Le explica que espera a unos familiares, que están navegando. La conversación prosigue. El intelectual opina sobre cualquier tema: cultura, política, religión. Le gusta hablar. El anciano sabe escuchar y he aquí que, cuando interviene, lo hace con sentido cristiano. Tal vez, en otra ocasión, el intelectual hubiera ironizado o dado por terminado el diálogo. Sin embargo, la sencillez del anciano le desarma. El intelectual puede no compartir sus ideas, pero reconoce que tienen mucho en común. Mira con simpatía la fe inocente del anciano. Pasan las horas. Se despiden. Nunca se volverán a ver.

El intelectual no olvidará este encuentro. Meses después, comprenderá que sólo las palabras del anciano parecen dar razón de sus ansias de verdad. Un encuentro fortuito le ha acercado a la fe, abriéndole un horizonte más amplio del que le presentaban todas sus ideas anteriores. Al poco tiempo, Justino, el filósofo, recibirá el bautismo y se convertirá en uno de los más grandes apologetas cristianos

Tal vez un suceso similar se ha producido en amigos nuestros, o en nosotros mismos. La historia de San Justino es actual porque las respuestas a las preguntas que el hombre no puede dejar de hacerse –el sentido de la vida, la posibilidad de la felicidad, el modo de lograrla, la existencia del sufrimiento– sólo se encuentran en Cristo. Sin embargo, no es evidente que en la Cruz esté la felicidad y la plenitud de la vida. Tal vez por eso, en ocasiones desviamos nuestra atención del problema. Buscamos huir del dolor a cualquier precio; pero el dolor es inevitable. Dirigimos la vida hacia el éxito, la seguridad del dinero, el placer; pero son fundamentos que se demuestran falsos, que acaban saturando y fallando. Al final sólo queda la soledad que sintió el hijo pródigo, el desamparo del hombre que ha intentado construir su vida sin Dios

Al leer las Confesiones de San Agustín o las vidas de los primeros conversos, descubrimos que sus inquietudes esenciales son las mismas que las del hombre de hoy. Las mismas ansiedades, las mismas soluciones, los mismos sucedáneos, la misma única respuesta real: Cristo. Hay quien intenta negar esta realidad, presentando a los hombres del siglo I como incapaces de diferenciar realidad y ficción. Se presenta la creencia en Dios como imposible a la luz del progreso actual, incompatible con el sentido moderno de la libertad. Tal modo de considerar a los primeros cristianos –¡y a sus coetáneos!– les hace poca justicia: también en la antigua Roma abundaban modernos que aprovechaban el progreso para su mayor placer y defendían en nombre de la libertad los propios egoísmos.

Los primeros cristianos supieron afrontar las mismas dificultades que nosotros, correspondiendo a la gracia. Incluso puede que sus dificultades fueran objetivamente mayores, pues vivieron en un mundo ajeno a las ideas del cristianismo. Un mundo en el que, junto a un nivel técnico y cultural nunca antes conocido, palabras como “justicia” o “igualdad” estaban reservadas a unos pocos; donde los crímenes contra la vida eran moneda común; donde la diversión incluía contemplar la muerte de otros. A veces se habla del mundo moderno como post-cristiano, con un tono negativo. Tal consideración olvida que incluso quienes buscan negar el mensaje de Cristo, no pueden –ni quieren– prescindir de sus valores humanos. El terreno común es patente a los hombres de buena voluntad, que nunca faltan. De algún modo, la realidad, después de Cristo, es cristiana.

La piedad de los primeros cristianos

¿Cómo reaccionaron los primeros cristianos ante el mundo que les rodeaba? A veces, aparece la tentación de atribuir la expansión del Evangelio a prodigios y milagros. Cabe el error de pensar que, disminuidos éstos, sólo queda resignarse a los errores que nos circundan. Olvidamos entonces que Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, que no se ha acortado su mano. Y olvidamos también que la mayoría de las primeras comunidades cristianas no vio ningún signo extraordinario. La fe fue el prodigio que arrastró a hombres de toda clase, condición y cultura. La fe, y el amor hacia Cristo.

Los primeros cristianos eran conscientes de poseer una nueva vida. El hecho, sencillo y sublime, del Bautismo les había dado una nueva realidad: nada podía ser igual. Eran depositarios y participaban del amor de Jesús por todos los hombres. Dios habitaba en ellos, y por eso los primeros cristianos intentaban buscar la voluntad divina en cada momento; actuar manifestando la misma docilidad del Hijo a los planes del Padre. Así, a través de su vida diaria, de su coherencia heroica –a menudo heroica sólo por su constancia–, Cristo vivificó el ambiente que les rodeaba. Pudieron ser instrumentos de Dios porque quisieron actuar siempre como Jesús mismo. San Justino reconocerá en el anciano de la playa al hombre que le llevó a la fe, a pesar de que su conversión fue posterior. Priscila y Aquila descubrieron las potencialidades de Apolo. Hoy vemos que las consecuencias de tales encuentros son incalculables. No cabe pensar en los apologistas sin Justino; en la expansión del cristianismo sin Apolo. Y todo dependió de un instante: ¿qué hubiera pasado si el anciano no hubiera tomado la iniciativa y preguntado a Justino si se conocían?; ¿si Aquila o Priscila hubieran admirado la oratoria de Apolo y hubieran seguido su camino? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que correspondieron a la moción del Espíritu que les llevó a descubrir esa ocasión, y Dios llenó de frutos su docilidad. En ellos se cumplió lo que San Josemaría quería de sus hijos, y de todos los cristianos: Cada uno de vosotros ha de procurar ser un apóstol de apóstoles.

Si ellos podían responder a las mociones del Espíritu en su alma era, en primer lugar, porque cultivaban una profunda vida de piedad. Sabían reservar varios momentos de su día para tratar más al Señor. No los dejaban al azar. Consideraban que de esos momentos de trato más íntimo dependía encontrar también al Señor durante el resto de la jornada.

Numerosos textos de los primeros siglos permiten acercarse al modo en que los cristianos de entonces vivían su fe. Al levantarse, daban gracias a Dios puestos de rodillas. En tres momentos del día oraban con el Padrenuestro, sin reducirlo a una repetición de palabras: los comentarios de los Padres y de los primeros escritores eclesiásticos muestran cómo lo relacionaban con la actividad ordinaria. Entre otras consideraciones, esta oración les ponía frente a su filiación divina, que no quedaba en una realidad abstracta. Al pedir por sus enemigos, se preguntaban por el modo en que podían manifestarles el amor de Dios. En el momento de pedir el pan encontraban una relación con la Eucaristía, agradeciendo tal don; en la misma petición descubrían la necesidad de estar desprendidos de los bienes terrenos, no queriendo más de lo necesario ni preocupándose en exceso por las carencias. El Padrenuestro se convertía en la síntesis de todo el Evangelio y en la norma de la vida cristiana. Los mismos momentos elegidos para este tipo de oración les recordaban los misterios de la fe y la necesidad de identificarse con Jesús a lo largo del día, hora a hora: «Ciertamente, a la hora de tercia descendió el Espíritu Santo sobre los apóstoles (...). El Señor fue crucificado a la hora de sexta, a la de nona lavó con su sangre nuestros pecados». La catequesis, la formación que recibían, nunca separaba el misterio cristiano de la vida.

Muchos fieles cristianos practicaban el ayuno los miércoles y los viernes, los dies stationis. El trabajo continuaba; pero toda la jornada se teñía de un firme deseo de vigilancia, concretada en la petición por los demás hombres. Como soldados de guardia, quienes seguían esta costumbre se veían a sí mismos velando en la presencia de su Señor. Y esta práctica de piedad tenía consecuencias en el ambiente que les rodeaba: «de la comida que ibas a tomar calcularás la cantidad de gasto que correspondería a aquel día y lo entregarás a una viuda, a un huérfano o a un necesitado». Es conmovedor este vínculo que, a lo largo de siglos de cristianismo, une la verdadera piedad con la caridad.

La Eucaristía ocupaba un lugar privilegiado. La asiduidad a la palabra de Dios, las oraciones y la fracción del pan no se reducía a los domingos. Algunos textos de los primeros escritores cristianos permiten ver a unos hombres que frecuentaban la Sagrada Comunión entre semana, a veces a costa de incomodidades para no romper los ayunos voluntarios. Cualquier pequeño sacrificio era nada con tal de fortalecer la unión con Jesús. Hombres y mujeres sabían que, cuanto más unidos estuvieran a Cristo, más fácilmente podrían descubrir lo que Dios esperaba de ellos, las ocasiones que Él tenía preparadas para hacer llegar la felicidad plena a tantos hombres.

No se consideraban estas practicas de piedad como imposiciones obligatorias de la fe. Eran el modo lógico de corresponder al don recibido. Dios se había dado, ¿cómo los hombres no iban a tratarle, a buscarle? Por eso no se conformaban con mínimos, y se servían de todo lo que honra a Dios para tratarle. De estas normas de piedad –así podríamos llamarlas–, tomaban las fuerzas para mostrar a Cristo en sus obras; para vivir de modo contemplativo, comprendiendo que Él quería servirse de cada una de sus acciones para anunciar el Reino de Dios. No olvidaban que dependían muchas cosas grandes de que se comportaran como Dios quería.

 

Con la fuerza de la caridad

Por eso, la vida de piedad era inseparable de un profundo apostolado. En algunos casos, los amigos de los primeros cristianos percibirían cambios en su modo de vida: la dignidad de la condición cristiana es incompatible con muchas acciones consideradas entonces, como ahora, normales. Los cristianos aprovechaban este contraste para explicar la razón de su esperanza y de su nueva actitud.

Destacaban cómo su postura era más acorde a la dignidad del hombre, y que su fe no les hacía negar lo bueno del mundo: «no me baño durante las saturnales para no perder el día y la noche, pero sí a la hora conveniente que me conserve el calor y la salud (...). No como en la calle, en las fiestas del Liber; pero allí donde ceno, lo que tú ceno». Explicaban que su actitud permitía guardar el propio corazón para Dios y los demás, porque «si huimos de los pensamientos, mucho más rechazaremos las obras». Rompían así el sofisma de una moral puramente exterior, pues lo que procede del corazón es lo que hace impuro al hombre.

 

Alguna vez la conversión al cristianismo no se notaría exteriormente, al menos en un primer momento. Abundaba gente que, antes de su bautismo, era conocida por su rectitud: San Justino, el cónsul Sergio Pablo, Pomponia Grecina, el senador Apolonio, los Flavios y muchos otros pueden servir de ejemplo. Los historiadores romanos recogieron algunos nombres ilustres; pero la mayor parte de los primeros cristianos eran personas corrientes que reconocieron la verdad en el mensaje del Señor, movidos por la gracia. El hecho de encontrar la fe en edad adulta hizo que su profesión y sus relaciones sociales adquirieran aún más valor: formaban el ambiente donde Cristo iba a actuar en y a través de ellos.

En ningún caso decidieron autoexcluirse o aceptar que se les separara de la sociedad en la que habían crecido y a la que amaban. Ciertamente no transigían con lo que ofendía a Dios, pero buscaban excederse en el cumplimiento de sus deberes y sabían que su acción contribuiría a un mundo más justo. Los testimonios son innumerables, pero tal vez la mejor prueba de su actitud sea la incisividad apostólica de los primeros cristianos. Detrás de la historia de cada conversión, encontramos a alguien que mostró con obras que había hecho una elección buena y verdadera. Un hombre, o una mujer, que afrontaba la vida con empuje y alegría.

A la hora de actuar, los cristianos no se planteaban falsas disyuntivas entre lo público y lo privado. Vivían su vida, la misma vida de Cristo. Esto chocaba con la mentalidad de la época, en la que muchos entendían la religión como un instrumento para la cohesión del estado. Tal desconcierto se ve, por ejemplo, en el acta martirial de San Justino. El prefecto Rústico no era capaz de aceptar o comprender las palabras de responsabilidad e iniciativa personal del mártir: «cada uno se reúne donde puede y prefiere. Sin duda imaginas que nos juntamos en un mismo lugar, pero no es así (...). Yo vivo junto a cierto Martín, en el baño de Timiotino (...). Si alguien quería venir a verme, allí le comunicaba las palabras de la verdad». Su acción apostólica era el resultado de la plena libertad e iniciativa de los hijos de Dios. El gran cambio social que propiciaron fue siempre el resultado de numerosísimos cambios personales.

Las incomprensiones eran para los primeros cristianos un acicate para mostrar su fe por las obras. El amor a Dios se mostraba en el martirio. Éste se entendía como testimonio: pero si sufrir martirio físico era el testimonio supremo, la mayoría de los cristianos advertían que debían reflejar un martirio espiritual, mostrando en su vida el mismo amor que movía a los mártires. Durante siglos, “mártir” y “testigo” fueron términos intercambiables, pues correspondían a un único concepto.

Nuestros antepasados en la fe sabían que actuar cristianamente facilitaría la comprensión del Evangelio y que la incoherencia llevaría al escándalo, «porque los gentiles, cuando oyen de nuestra boca las palabras de Dios, se maravillan de su hermosura y grandeza; pero cuando descubren que nuestras obras no son dignas de las palabras que decimos, inmediatamente empiezan a blasfemar, diciendo que es un cuento falaz y un engaño». Benedicto XVI ha recordado la necesidad de mostrar así la caridad de Cristo: «El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel».

¡Qué tarea más apasionante hacer presente aquí y ahora el amor que el hombre siempre necesita! Amor que los primeros cristianos manifestaron con su preocupación social, su honradez profesional, su vida limpia y su sentido de la amistad y de la lealtad. En definitiva, con su coherencia. «Nosotros somos siempre y en todo consecuentes y acordes con nosotros mismos, pues obedecemos a la razón y no le hacemos violencia».

A la luz de estas consideraciones, es fácil comprender por qué San Josemaría animó a sus hijas e hijos a imitar a los primeros cristianos. Apasiona vivir como vivieron ellos: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristía, el diálogo personal –la oración sin anonimato– cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta [22]. De este modo nuestro trabajo, nuestra vida corriente, manifestarán lo que somos: ciudadanos cristianos que queremos responder alegremente a las estupendas exigencias de nuestra fe en su plenitud.

Experimentaremos el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo, pudiendo decir con ellos: “¡Influimos tanto en el ambiente!” .

 

 

Primeros Cristianos en otros idiomas
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