Aquí se encontraba originalmente, según la tradición, la casa de san Marcos. En este lugar también tuvo lugar la última Cena, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstolesy la Virgen, y es el sitio desde dónde, según dice la tradición, Nuestra Madre la Virgen María marchó al cielo mientras estaba acompañada de los discípulos.
Cuando Adriano visitó Jerusalén en el año 130 afirmó que la única parte de la ciudad que no estaba en ruinas consistía en algunas casas y una pequeña iglesia en Sión. Con Epifanio esta pequeña iglesia fue reemplazada por un largo edificio. Eso debió suceder después del año 336, pues no aparece en el plan de construcciones del emperador Constantino.
Otra fuente atribuye el alargamiento de esta iglesia en el monte Sión al emperador Teodosio (379-385). La famosa peregrina Egeria afirma haberla visto alrededor del año 384. Se volvió a reedificar posteriormente por el obispo Juan de Jerusalén, entre el 387 y el 417. Se consideraba un gran templo, la madre de todas las iglesias. Una tradición del siglo V y VI dice que en esta casa vivió la Virgen con el apóstol Juan hasta que María terminó su vida terrena. Esta iglesia fue quemada por los persas en el 614.
En cuanto pasaron los persas el Abad Modestus la restauró. Tenía forma rectangular y en ella se podían señalar varias partes: en el lado noroeste la columna de la flagelación, en el sudeste el lugar de la última Cena, en el sudoeste el lugar de la venida del Espíritu Santo, y en el noreste el lugar donde la Virgen murió. San Willibald, que visitó la iglesia en el año 724 o 725, dice que vio el lugar desde donde la Virgen partió de esta vida.
También pudo ver una columna que estaba enfrente de la puerta que conduce a Siloan, que marcaba el lugar donde los judíos intentaron hacerse con su cuerpo mientras los apóstoles la trasladaban para ser enterrada en el valle de Josafat. Epifanio, que vivió entre el 639 y 689, también asegura que esa habitación alta era el lugar desde donde los apóstoles trasladaron el cuerpo sin vida de la Virgen María.
Los arqueólogos piensan que esta fue la casa donde vivió el emperador Trajano antes de acceder al trono.
Las estancias todavía no son accesibles al público, pero la capital italiana lleva años estudiando las huellas del genial emperador en obras como esta... o esta otra: un acueducto de 57 kilómetros hecho por Trajano. Transportaba el agua desde el lago de Bracciano a la zona de Trastévere.
Trajano no solo expandió los límites del Imperio sino que también hizo grandes obras civiles por todo su territorio. En ocasiones para borrar el rastro de predecesores suyos como Nerón. Esta gran cisterna de donde provenía el agua de las termas la hizo construir sobre su famosa Casa de Oro. Trajano la había reducido a escombros.
Estos vídeos se pueden ver en la exposición “Trajano. Construir el Imperio, crear Europa”, organizada con motivo del 1.900 aniversario de su muerte.
Está en pleno centro de la Ciudad Eterna y permanecerá abierta hasta septiembre de 2018. Allí se muestran retratos suyos, estatuas y objetos de época que hasta ahora no habían salido a la luz. El objetivo es dar a conocer a la figura que marcó el inicio de la Edad de Oro del Imperio.
Trajano llegó al poder en el año 98. Fue el primer emperador no romano. Lo consideraron más que un gran militar y gobernante. Fue considerado el mejor. Tanto es así que para desear prosperidad a los nuevos emperadores se decía: “Que puedas ser mejor que Trajano”.
Por lo general, se acepta que en el momento de la muerte de Jesús su padre adoptivo José ya había fallecido. Esto dejaría a Jesús como el único familiar principal al cargo de su madre ya mayor.
Cuando estaba a punto de morir en la cruz, Jesús designó a uno de sus discípulos para cuidar de ella.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (Juan 19,26-27)
La mayoría de expertos en la Escritura coincide con una tradición que dice que el “discípulo a quien él amaba” era san Juan el Evangelista.
En principio, parece que Juan cuidó de María en Jerusalén, tal y como se menciona en el libro de Hechos.
Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (Hechos 1,12-14)
Esto implica que, al menos tras la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, María vivió con los apóstoles en Jerusalén. Según mantiene una tradición, aquí vivió María el resto de su vida, andando el “camino de la cruz” todos los días, rememorando los pasos de su hijo. En esta tradición, la asunción de María tuvo lugar en Jerusalén y los apóstoles fueron testigos del hecho.
En la actualidad existe una iglesia construida cerca del Monte de los Olivos que se dice fue el lugar de enterramiento de María y es venerado por la Iglesia ortodoxa oriental. También hay otra ubicación en Jerusalén, la iglesia de la Dormición, conservada por monjes benedictinos. Ambos lugares aseguran ser el lugar de la asunción de María al Paraíso.
Por otro lado, existe una tradición que ubica a Juan el Evangelista en la ciudad de Éfeso. Muchos creen que, puesto que Juan vivía en esta ciudad, la Virgen María vivió con él y que su asunción tuvo lugar allí también. Este relato se vio reforzado más tarde por ciertas revelaciones privadas de la beata Ana Catalina Emmerick en el siglo XIX, que localizaban la casa de María en Éfeso.
En 1891, la hermana Marie de Mandat-Grancey descubrió en Éfeso una casa del siglo I, junto con las ruinas de una iglesia construida sobre ella en el siglo IV. El
lugar ha sido un destino popular de peregrinación para muchas personas, incluyendo varios papas del siglo anterior.
Abadía de la Dormición en el monte Sión
En definitiva, fuera donde fuera que viviera María durante aquellos días finales de su vida, cuando fue asumida al Cielo se convirtió en nuestra madre y sigue siendo la Madre de la Iglesia, siempre intercediendo por nosotros ante su Hijo.
Un bonito y particular mosaico de época romana con casi dos milenios de antigüedad fue descubierto por la Autoridad de Antigüedades de Israel en una campaña de excavación en un yacimiento del Parque Nacional de Cesarea, una antigua ciudad junto al Mediterráneo de gran importancia en la antigüedad.
El mosaico, donde aparece una inscripción en griego antiguo y en el que se representan tres hombres con toga, está fechado entre el siglo II y III d.C. «Este mosaico colorido, con una dimensión de más de 3,5 por 8 metros, es de una alta calidad excepcional», indicaron Peter Gendelman y Uzi Ad, directores de la excavación.
«Las figuras, todos hombres, visten togas y aparentemente pertenecerían a la clase alta», añadieron los arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades israelí. «¿Quiénes eran?», se preguntaron los especialistas. Para saberlo, tienen que averiguar para qué se usaba el edificio donde el mosaico fue encontrado.
«Si el mosaico era parte de una casa, las figuras podrían haber sido los dueños. Si era un edificio público, podrían haber representado a los donantes del mosaico o a miembros del consejo municipal de la ciudad», agregaron los expertos.
El hallazgo, que se produjo bajo unas estructuras de época bizantina, sorprendió a los arqueólogos, que trabajaban en la reconstrucción de un puente del tiempo de los cruzados y se toparon con esta obra de arte que corresponde al período de la Roma Imperial.
De la nada, hasta la cúspide del poder. A día de hoy, las películas nos muestran a los pretorianos como unos guerreros de élite encargados de proteger a los grandes dignatarios de sus enemigos. Llevan razón a medias. O más bien se olvidan del origen de estos combatientes.

Y es que, durante la República no eran más que una pequeña escolta dedicada a la salvaguarda de un líder de medio pelo. Sin embargo, todo cambió con la llegada con una reforma motivada por el primer emperador de Roma,César Augusto. Fue este personaje quien moldeó (allá por el año 27 a.C.) un nuevo cuerpo permanente formado por un mínimo de 4.500 hombres al que encomendó su vida. Así nació la Guardia Pretoriana que todos conocemos en la actualidad.
Poco a poco, su eficiencia llevó a la Guardia Pretoriana a convertirse en una unidad capaz de alzar hasta la poltrona a emperadores. Pero también a arrebatarles esta silla. No en vano, sus miembros asesinaron a Calígula después de haber sido humillados por él y, posteriormente (allá por el año 41) le entregaron el poder a Claudio (quien les compró ofreciéndoles la nada desdeñable suma por entonces de 15.000 sestericos por hombre). Un siglo después, estos militares acabaron también con la vida de Pertinax, agraviados por la falta de monedas. Sin embargo, tan real como esto es que sus miembros eran unos verdaderos carros de combate y causaban pavor a los enemigos de Roma.
Así lo confirma Stephen Dando-Collins en su obra «La maldición de los césares: la crónica fascinante de una época convulsa»: «Con el Imperio, devino una fuerza especial policial integrada por efectivos de élite. Reclutados exclusivamente en Italia, los pretorianos estaban mejor retribuidos que los legionarios, servían durante un período más breve (dieciséis años desde las postrimerías del reinado de Augusto) y recibían una paga mayor al licenciarse (20.000 sestercios en oposición a los 12.000 que percibía un legionario).
De la misma opinión es Roger Collins en su libro «La Europa de la Alta Edad Media», donde los define como una «fuerza de élite» que estaba estacionada habitualmente en Roma y que, «cuando el emperador tenía una personalidad débil o era poco capaz, podían controlar el régimen».
Más allá de sus venturas y desventuras, está claro que ser un miembros de la Guardia Pretoriana no era sencillo. De hecho, y a pesar de la reforma de Severo (quien ordenó que «cualquier vacante en los pretorianos fuese cubierta con hombres de todas las legiones» debido a que conocían mucho mejor el oficio del soldado) el entrenamiento al que debían someterse para convertirse en verdaderas máquinas de matar era estricto.
De hecho, no estaban exentos de prepararse para la contienda mediante ejercicios llevados a cabo con espadas de madera o, incluso, haciendo uso del boxeo.
Esta última práctica, curiosamente, se encuentra estos días de actualidad después de que se haya informado de que un par de guantes de boxeo hallados en 2017 en las cercanías del Muro de Adriano (Reino Unido) serán expuestos en el Museo de Vindolanda a partir del 20 de febrero de este año.
Estos guantes, definidos por los expertos del museo como «probablemente los únicos que se conozcan del Imperio romano», estaban elaborados en cuero y estaban diseñados para proteger del impacto únicamente los nudillos. A su vez, se rellenaban con todo tipo de materiales naturales que los acolchaban y evitaban que el golpe fuese excesivo. Y es que, al fin y al cabo, habían sido ideados para mejorar las capacidades marciales de los legionarios romanos.
«He visto guantes de boxeo romanos representados en estatuas de bronce, pinturas y esculturas, pero tener el privilegio de encontrar dos guantes de cuero reales es algo verdaderamente especial», ha señalado Andrew Birley, director de la excavación.
En la obra «Pretorianos, la élite del ejército romano», de Arturo Sánchez Sanz, se ahonda en el entrenamiento de esta unidad. Unos ejercicios que el autor compara con los que llevaban a cabo los espartanos (y que les convirtieron en unos de los mejores combatientes de la Antigüedad). «Aunque con un planteamiento totalmente distinto, los propios pretorianos no quedaban a la zaga de tales hazañas. En combate siempre cumplieron sobradamente lo que se esperaba de ellos y, si eso era posible aun teniendo que actuar en campaña solo esporádicamente, se debía tanto a una selección estricta de los aspirantes como al entrenamiento diario que realizaban», explica el experto en el mencionado libro.
Para evitar que el alto sueldo de los pretorianos les llevase a destrozar su cuerpo a base de bebida, comida y prostitutas, se construyó un «campus». Un complejo formado por un templo, unas termas y unas letrinas en el que se preparaban para el combate. «Allí se escuchaban a diario las voces de los soldados expertos que dirigían el entrenamiento y la instrucción en técnicas de combate. Tal era su importancia que existían adiestradores tan capacitados que su labor era, exclusivamente, preparar a los propios entrenadores», añade el autor.
Así pues, cada experto entrenaba una capacidad de los combatientes, como detalla Raúl Méndez Argüín en su documentado dossier «La guardia pretoriana en combate»:
1-Los «armatura» entrenaban a los combatientes en el arte de la esgrima. Su labor era tan importante que recibían formación de los «discens armaturarum», unos maestros de maestros que se encargaban de que no erraran a la hora de explicar a sus alumnos los secretos de las espadas.
2-«Los “evocati” (soldados reenganchados tras cumplir su servicio básico) de infantería tenían un preparador específico, el “exercitator armatutarum”, y los “exrcitatores equitum praetorianum" se dedicaban a los jinetes», explica, en este caso, Sánchez Sanz.
3-El «doctor cohortis», asistido por un «optio compi» supervisaba el entrenamiento por cohortes. «Eran puestos muy apreciados en las cohortes y codiciados para seguir ascendiendo en el escalafón. Formalmente se trataba de experimentados “evocati” que habían servido como “equites praetorianos”, o ya antes como adiestradores», añade.
Los instructores no tenían piedad. Así pues, daban la mitad de la ración a aquellos combatientes que no progresaran todo lo rápido que ellos querían.
Con todo, Sanz es partidario de que, más allá de esta estructura, se conoce poco de la rutina diaria de los pretorianos. Por ello, supone que el entrenamiento podría ser parecido al de los legionarios. «Prioritariamente debían manejar las armas de combate, pues de ello dependerían sus vidas y, en parte, no solo las de sus compañeros sino la victoria en la batalla», explica.
A su vez, debían aprender a formar y marchar marcialmente.«Lograrlo correctamente requería práctica diaria hasta la extenuación. La marcha regular y el paso ligero se entrenaban inicialmente sin carga, hasta realizarlas con todo el equipo de combate en perfecta sincronización», completa. Aquello era básico, pues en pleno combate debían saber mantenerse recios y en formación ante el empuje enemigo.
«Para alcanzar tal destreza, los adiestradores inicialmente organizaban marchas diarias de 20 millas romanas en cinco horas (29.620 kilóemtros), o 40 millas en doce horas, y, más tarde, 24 millas en cinco horas a paso ligero», destaca el experto. Estos ejercicios eran habituales entre los reclutas que, a continuación, repetían estas distancias portando su equipo completo.
Tampoco estaban exentos los combatientes de entrenar el salto. Al fin y al cabo, debían estar preparados para poder sortear cualquier obstáculo colocado por el enemigo. «Para ello utilizaban un potro de salto, inicialmente superándolo libres de trabas y, después, con todo el equipo de un salto, portando el gladius y el pilum en cada mano», añade el autor de la obra.
Incluso eran instruidos en la respuesta inmediata que debían dar ante las señales para que las órdenes fuesen llevadas a cabo de la forma más rápida posible.
«Los ejercicios de fuerza no eran menos vitales para un soldado. Debían aprender a resistir las marchas, ejecutar obras de ingeniería, levantar campamentos, así como cargar y utilizar sus armas durante contínuos atauqes. Un brazo cansado tras asestar numerosos golpes o repelerlos podían rendirse antes de lo esperado», señala. La natación y la equitación también eran asignaturas básicas.
Finalmente, y como es obvio, el entrenamiento con armas era básico. Así pues, los militares entrenaban para atacar las tres partes clave del cuerpo del enemigo: cabeza, torso y piernas.
Prácticamente se han finalizado ya los trabajos de reconstrucción y restauración que han procurado limpiar lo más posible el grave daño provocado a este lugar de culto en el periodo comprendido entre septiembre de 2013 y marzo de 2014, cuando el pueblo Maalula estuvo ocupado por extremistas islámicos anti-Assad durante una de las fases más intensas del conflicto sirio.

Como recogió la Agencia Fides la Asociación de veteranos rusos “Boevoe Bratstvo” (Hermandad militar) destinó una importante contribución a la reconstrucción de Santa Tecla. Los medios de comunicación rusos aseguran que las monjas ya hayan regresado al monasterio, reconstruido al 90%, y que las tareas de restauración se completarán en las próximas semanas.
Maalula, a 55 kilómetros al noreste de Damasco, es conocida en todo el mundo como uno de los lugares donde aún se habla arameo, el idioma de Jesús. Alberga el monasterio de Santa Tecla y el santuario dedicado a los santos Sergio y Baco. El 3 de diciembre de 2013, 13 monjas ortodoxas griegas de Santa Tecla fueron raptadas en el monasterio junto a tres de sus colaboradores. El secuestro terminó el domingo 9 de marzo de 2014, cuando las hermanas y los tres empleados fueron liberados en territorio libanés. Un final feliz que también se debió a la mediación del aparato de inteligencia libanés y qatarí y tuvo como contraparte la liberación de 153 mujeres encarceladas en las cárceles sirias.
(GV) (Agencia Fides 10/8/2018).
Debió de llegar a Roma durante el pontificado de Ceferino (199-217) y perteneció como presbítero a la iglesia local romana. Si, como afirma Focio, fue discípulo de S. Ireneo, habría participado del celo de su maestro por la defensa de la tradición contra las herejías. Atacó vigorosamente el modalismo trinitario de Noeto y Sabelio, extremando su postura hasta acercarse a un subordinacianismo diteísta.

Por causa de esto se enfrentó con el papa S. Calixto I (217-222), que mantenía una postura media entre el modalismo sabeliano, que condenó, y el subordinacianismo de Hipólito. Pero, sobre todo, su actitud rigorista en la disciplina penitencial le convirtió en enemigo acérrimo de Calixto y le llevó a constituirse en cabeza de un grupo disidente. Parece que fue elegido obispo de Roma por un reducido círculo, llegando así a ser el primer antipapa. Continuó en su postura cismática durante los pontificados de Urbano I (222-230) y Ponciano (230-235).
Durante la persecución de Maximino Tracio fue desterrado junto con Ponciano a Cerdeña, y parece que en el destierro se reconcilió con la Iglesia, muriendo mártir ca. 235. El papa Fabián (236-250) hizo trasladar los cuerpos de ambos a Roma, enterrando a Ponciano en la cripta papal de S. Calixto y a H. en el cementerio de la vía Tiburtina, que aún lleva su nombre. La Iglesia celebra la fiesta de los dos mártires el 13 de agosto.
La Orden de los Agustinos ha publicado este documental “Cari y Esther, Mártires de Vida”. Reconstruye con testimonios el asesinato de estas dos religiosas y sus consecuencias.
Esther se fue a Argelia como enfermera y Cari servía a la gente de la calle y a los más necesitados. A ambas les movió su fe y todos las conocían por su gran sencillez.
MARÍA PAZ MARTÍN
Agustina misionera
“Es maravilloso porque son dos historias que valen la pena, nos aproximan mucho a la santidad, nos la hacen cercana. Porque mira, si buscas en la vida de Cari y Esther páginas heroicas, no aparecen, porque eran la sencillez personificada”.
María Jesús estaba con ellas en Argel aquel 23 de octubre. Por la mañana se despidió de Cari y Esther y se fue a dar un paseo.
MARÍA JESÚS RODRÍGUEZ
Superiora Provincial Agustinas Misioneras
“Cuando ya estábamos a escasamente 100 metros, nosotras teníamos que cruzar una esquina para llegar. Estábamos justo en el otro lado de la casa. Pues oímos dos disparos. Yo me quedé un poco sobresaltada y la pregunté a Lourdes, '¿qué es esto?'. Y ella me dijo 'tranquila, aquí disparan muchas veces al aire'. Pero sí nos sorprendió de que la gente desde las terrazas nos decían en francés y en árabe: 'hermanas regresen a casa'”.
Aquellos disparos se llevaron la vida de Cari y Esther, conmocionando a toda la comunidad agustina. El mundo tenía los ojos puestos en Argelia, donde cada día habían decenas de muertos.
MARÍA JESÚS RODRÍGUEZ
Superiora Provincial Agustinas Misioneras
“Yo cuando llegué a la embajada, es una casa muy bonita de estilo árabe, me puse sobre una columna, pensando que estaba sola y con una rabia incondicional e incontrolada dije en alto: 'Ya esta bien de tanta muerte inútil'. Y me escuchó uno de los pocos que estaba en la embajada. Se acercó a mí y me dijo: '¿Hermana qué ha dicho?'. Y yo le contesté: 'Muerte inútil la de las hermanas'. Y él me dijo esta reflexión: 'Siempre he entendido que la muerte de un cristiano nunca es inútil'”.
A pesar de la tragedia, la comunidad agustina perdonó lo ocurrido para recordar el testimonio de amor y servicio que Cari y Esther dieron a través de sus vidas.
En enero de este año, el Papa anunció la beatificación de las dos hermanas, junto a 18 mártires que también murieron asesinados en Argelia. Una oportunidad para que más personas conozcan su historia.
Rome Reports.
1. (San Clemente Romano, en el año 96, exhorta a los fieles de Corinto a amar y cumplir la voluntad de Dios en todo…)
Consideremos cuán cerca está el Señor de nosotros y cómo no se le oculta ninguno de nuestros pensamientos ni de nuestras palabras. Justo es, por tanto, que no nos apartemos nunca de su voluntad. (SAN CLEMENTE ROMANO, Carta a los Corintios, 21, 1)
2. Entreguémonos con diligencia al cumplimiento de la voluntad de Dios, pongamos todo nuestro esfuerzo en practicar el bien. (SAN CLEMENTE ROMANO, Carta a los Corintios, 33)
3. Esforcémonos en guardar sus mandamientos, para que su Voluntad sea nuestra delicia. (EPÍSTOLA DE BERNABÉ, 2)
4. Ya que sabemos que con Dios no se juega, nuestro deber es caminar de una manera digna de sus mandamientos y de su voluntad. (SAN POLICARPO DE ESMIRNA, carta a los Filipenses, 3,1-5,2)
5. (San Cipriano, obispo de Cartago del 248 al 258, nos anima a pedir a Dios la gracia para poder cumplir su voluntad, que a veces nos costará aceptar, como a Cristo en la oración en el huerto de Getsemaní antes de su Pasión…)
Pedimos a continuación: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, no en el sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo que Dios quiere. ¿Quién, en efecto, puede impedir que Dios haga lo que quiere? Pero a nosotros sí que el diablo puede impedirnos nuestra total sumisión a Dios en sentimientos y acciones; por esto pedimos que se haga en nosotros la voluntad de Dios, y para ello necesitamos de su protección y ayuda, ya que nadie puede confiar en sus propias fuerzas, sino que la seguridad nos viene de la benignidad y misericordia divinas. Además, el Señor, dando pruebas de la debilidad humana, que él había asumido, dice: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mi ese cáliz, Y, para dar ejemplo a sus discípulos de que hay que anteponer la voluntad de Dios a la propia, añade: Pero, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Del tratado sobre el Padrenuestro, 17)6. La voluntad de Dios es la que Cristo cumplió y enseñó. (…) El amar al Señor de todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en cuanto Dios; el no anteponer nada a Cristo, ya que Él nada antepuso a nosotros; el mantenernos inseparablemente unidos a su amor, el estar junto a su cruz con fortaleza y confianza; (…) Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto de Dios y la voluntad del Padre. (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Del tratado sobre el Padrenuestro, 19)
7. (A veces cuando vemos que Dios nos llama, nos resistimos y luchamos. El Señor respeta nuestra libertad y espera nuestra respuesta…)
Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando Él nos llama…! Nos resistimos y luchamos... (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Tratado sobre la muerte, 18, 24)
8. El camino del Reino de los cielos es la obediencia a la voluntad de Dios, no el repetir su nombre. (SAN HILARIO DE POITIERS, Tratado de los Misterios, 37)
9. (Loúnico que debe importarnos de verdad en esta vida es cumplir la voluntad de Dios para nosotros…)
Renunciar a la propia vida significa no buscar nunca la propia voluntad sino la voluntad de Dios, y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta. (SAN GREGORIO DE NISA, Sobre la conducta cristiana, 47)
10. (Dios siempre quiere lo mejor para nosotros, aunque nos pueda costar. ¿Lo quieres Señor? Pues, yo también lo quiero…)
En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que Tú quieres que haga». Este es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía antes del exilio, 1-3)
11. (Hablando sobre la vocación de San Mateo…)
Ya que habéis visto el poder del que llama, considerad también la obediencia del llamado. Porque Mateo no opuso ni un momento de resistencia, ni dijo, dudando: ¿Qué es esto? ¿No será una ilusión que me llame a mí, que soy un pobre hombre? Humildad, por cierto, que hubiera estado totalmente fuera de lugar. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre San Mateo, 30)
12. ¿Quiénes son los rectos de corazón? Los que quieren lo que Dios quiere [...]. No quieras torcer la voluntad de Dios para acomodarla a la tuya; corrige en cambio tu voluntad para acomodarla a la voluntad de Dios. (SAN AGUSTÍN, Comentario sobre el Salmo 93, 6)
13. Cuando decimos: Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo pedimos que el Señor nos otorgue la virtud de la obediencia, para que así cumplamos su voluntad como la cumplen sus ángeles en el cielo. (SAN AGUSTÍN, Carta a Proba, 130)
14. Tienes una tarea -nos dice san Gregorio también a nosotros-, la tarea de encontrar la verdadera luz, de encontrar la verdadera altura de tu vida. Y tu vida consiste en encontrarte con Dios, que tiene sed de nuestra sed.
(BENEDICTO XVI presenta a San Gregorio Nacianceno, 22 agosto 2007)
15. Al catecúmeno, le dice: «Caíste en las redes de la Iglesia (Cf. Mateo 13,47): con vida serás cogido; no huyas; es Jesús quien te ha echado el anzuelo… Muere a los pecados y vive para Él; hazlo desde hoy» («Procatequesis» 5). (BENEDICTO XVI, presenta a San Cirilo de Jerusalén, 20 junio 2007)