“Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a isabel. y cuando oyó isabel el saludo de maría, el niño saltó en su seno, e isabel quedó llena del espíritu santo; y exclamando en voz alta dijo: - Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mi tanto bien, que venga la madre de mi señor a visitarme?...” (Lucas, 1, 41-43)
Ain Karem, que se traduce como "Fuente del Viñedo", es un pueblecito situado en las cercanías de Jerusalén, al oeste de la ciudad nueva y a unos 6 kilómetros de la Puerta de Jaffa. En este pueblo es donde la tradición ha venido recordando dos hechos relatados en el evangelio de San Lucas: la Visitación de María a su prima Isabel y el nacimiento de Juan Bautista. Precisamente fue la visita de la Virgen la que dio nombre a la principal iglesia de la aldea.
LA IGLESIA DE LA VISITACIÓN
San Lucas es, como ya queda dicho, el único evangelista que describe el encuentro entre las dos mujeres, en el cual María pronunció las palabras inmortales Zacarías, el esposo de Isabel, era sacerdote del Templo de Jerusalén, y fue mientras se encontraba en el servicio allí que apareció ante él el ángel Gabriel para anunciarle el embarazo de Isabel, pero Zacarías fue tan incrédulo que se quedó sin habla hasta el nacimiento de su hijo, Juan, el llamado Bautista.
Cerca de la iglesia, en el centro de la aldea, se encuentra el Manantial de Nuestra Señora María, donde se dice que la Virgen pudo descansar antes del ascenso final a la casa de su prima.
Una artística verja delimita la propiedad franciscana, articulada en torno un patio interior cuya pared derecha está totalmente cubierta por el Magnificat en numerosos idiomas. Es una forma de honrar a María y, con ella, alabar a Dios con palabras distintas, pero con los mismos sentimientos de ella, uniendo las voces de todos los pueblos de la tierra.
En este lugar hay dos iglesias superpuestas, obra del arquitecto y terciario franciscano A. Barluzzi; ambas están igualmente decoradas con frescos de Vagarini.
Desde el patio se entra directamente en la capilla inferior o cripta, detrás del pórtico oriental. Los frescos representan el encuentro de María e Isabel, Zacarías ofreciendo el incienso en el Templo y, a la derecha, Isabel protegiendo al niño Juan de la muerte decretada por Herodes. Al fondo del pequeño túnel abovedado hay una antigua cisterna.
A la izquierda de la entrada al patio hay una escalera que sube hasta la iglesia superior. Ésta está construida sobre los cimientos de la iglesia cruzada. Los frescos del muro sur representan, de adelante hacia atrás: el concilio de Éfeso, donde se proclamó la maternidad divina de María; María Refugio nuestro; María mediadora en la bodas de Caná; María Socorro de los cristianos en la batalla de Lepanto; y Duns Scoto defendiendo la inmaculada concepción de la Virgen.
Las excavaciones realizadas por el arqueólogo franciscano Bagatti en 1937 demostraron que el sitio estuvo ocupado desde el siglo XII a.C., hasta el periodo Bizantino, durante el cual se transformó en un lugar de culto cristiano. Probablemente la existencia de dos lugares de culto cristianos separados no tengan otra explicación que la de exaltar por igual el nacimiento de Juan y la visita de María a su prima.
LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA
La iglesia está construida en el lugar tradicional de la casa de Zacarías e Isabel, padres de Juan Bautista, y sobre restos de la iglesia bizantina del siglo IV. Fue levantada por los cruzados y restaurada por los franciscanos en 1675.
Bajo el pórtico puede verse, a través de una rejilla, una especie de cripta en donde se conserva un mosaico bizantino, que tiene reproducida la aclamación: ”Salud, mártires de Dios”, que podría aludir a los monjes asesinados por los samaritanos en la sublevación del siglo VI.
La iglesia es de tres naves y cúpula en el crucero. En la capilla situada al fondo de la nave norte hay una gruta que se cree fue parte de la casa de Zacarías e Isabel. Debajo del altar puede leerse una inscripción latina, que traducida dice así:”Aquí nació el Precursor de Dios”.
Los muros de la iglesia están recubiertos de azulejos de la Comunidad Valenciana, traídos durante el reinado de Isabel II. Los lienzos que decoran los muros son pintura española de distintas escuelas.
Sobresale el cuadro que representa la degollación de Juan Bautista, de Ribalta, encima de la puerta de la sacristía; la gran cantidad de obras españolas se debe a que este santuario fue propiedad de España hasta 1980, cuando el gobierno lo cedió a la Santa Sede.
Recientemente se ha descubierto una cueva que formó parte de un complejo sistema de agua del siglo VIII a.C., consistente en un gran depósito de agua, o cisterna de 20 metros de profundidad, revocado, tres piscinas al aire libre…
Se cree que se reutilizó como lugar de culto donde se bautizaba en el siglo I siguiendo un ritual; es decir, desde Juan Bautista hasta el siglo II. Más tarde, según los investigadores, se estableció allí una comunidad de monjes que perpetuó la memoria del Bautista, por lo que recibe el nombre de Cueva de Juan Bautista.
Como alusivo al Bautista se interpreta un grafito donde aparece un personaje con nimbo en torno a la cabeza, un bastón en la mano izquierda y la mano derecha alzada en ademán de proclamación. Puede considerarse un paralelo iconográfico otro grafito hallado en Nazaret, donde el personaje considerado como el de Juan Bautista, tiene en la mano un estandarte con la cruz cósmica.
En el patio exterior de la Iglesia puede verse, escrito en multitud e idiomas, el Benedictus (la oración que recitó Zacarías cuando recuperó el habla, después del nacimiento de su hijo Juan).
El clima no acompaña a orillas del río Jordán pero no hay obstáculo lo suficientemente grande para impedir esto. Hace frío y llueve pero estos peregrinos vienen desde demasiado lejos como para no renovar sus promesas bautismales en el mismo río en el que Cristo fue bautizado por Juan Bautista.
Para muchas de estas personas es una oportunidad única en la vida. Han viajado hasta los Santos Lugares para seguir las huellas de Jesús por donde Él caminó. Es también una ocasión para volver a empezar.
KEN GRAVES
“Son personas que sienten que han muerto, han sido sepultadas y han resucitado con Cristo. En el agua vemos como una tumba en la que enterrar lo viejo y hacer salir lo nuevo, como está plasmado en las Escrituras. Cristo es la criatura nueva. Todo ha pasado y ahora todas las cosas se hacen nuevas. Hemos enterrado lo viejo, lo hemos dejado atrás”.
ANDY COLLIN
“Me siento muy bien. Me siento como nuevo. Siento que he dejado cosas atrás y ahora estoy lleno de esperanza para el futuro. Aquí fue donde nuestro salvador, el mismo Jesucristo, fue bautizado hace 2000 años. Estuvo en estas aguas. No puede haber nada mejor que esto”.
Cristianos de todas las confesiones acuden a estas aguas para completar su peregrinación en Tierra Santa. Este grupo católico procede de Cebú, en Filipinas.
MONS. DANIEL ZANICO
Vicario General de Cebú, Filipinas
“Siento que todos somos hermanos y hermanas en el nombre de Jesucristo a través de este hermoso acto del bautismo. Creo que no es solo para cristianos sino para todos porque siento que Dios, en su amor y compasión, nos llama a todos a unirnos”.
MARIA PAREDES
“Es importante venir aquí porque ayuda a fortalecer la fe. Es realmente emocionante poder caminar por donde Jesús caminó y estar en los lugares donde predicó junto a sus apóstoles. Es realmente abrumador”.
Estas aguas son símbolo de una nueva vida ya desde el Antiguo Testamento. Tras la muerte de Moisés fue Josué el encargado de hacer entrar a los israelitas en la Tierra Prometida a través del río Jordán. Por eso, recibir el bautismo en este lugar se convierte en una huella imborrable en el corazón de cada peregrino y en la promesa de que un nuevo comienzo siempre es posible.
San Juan Bautista enseña que la Verdad no se negocia
El Papa Benedicto XVI afirmó que el martirio de San Juan Bautista, cuya muerte la Iglesia recuerda el 29 de agosto, enseña a los cristianos de hoy que la Verdad no se negocia y que seguir a Cristo exige el "martirio" en la fidelidad cotidiana.
El Santo Padre hizo una intensa reflexión sobre la vida de San Juan Bautista, el precursor de Jesús, en su catequesis de la audiencia general celebrada esta mañana en Castel Gandolfo ante miles de fieles de distintas partes del mundo.
Benedicto XVI explicó que «celebrar el martirio de San Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que no se puede descender a negociar con el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad. La Verdad es verdad y no hay componendas».
La vida cristiana, continuó el Papa, «exige, por decirlo de alguna manera, el ‘martirio’ de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, el valor de dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Él quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones».
Según señala la nota de Radio Vaticano, el Santo Padre precisó que todo esto es posible sólo si «en nuestra vida si la relación con Dios es sólida. La oración no es tiempo perdido, no es robar espacio a las actividades, incluso a las apostólicas, sino que es exactamente lo contrario».
«Sólo si somos capaces de una vida de oraciónfiel, constante y confiada, será el mismo Dios quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de modo feliz y sereno, para superar las dificultades y testimoniarlo con valor».
Benedicto XVI dijo además que «San Marcos nos habla de su dramática muerte, en el Evangelio de hoy. Juan el Bautista comienza su predicación en la época del emperador Tiberio, en el 27-28 d. C.».
«Y la clara invitación que dirige a las personas que acudían a escucharlo, es la de preparar el camino para acoger al Señor, allanando los senderos y nivelando los caminos desparejos de la propia vida, a través de una conversión radical de corazón».
San Juan, prosiguió el Papa, «no se limita a predicar la penitencia, sino que, reconociendo a Jesús como ‘Cordero de Dios’, que vino para quitar el pecado del mundo, tiene la profunda humildad de indicar a Jesús como verdadero Enviado de Dios, haciéndose a un lado, para que Él pueda crecer, ser escuchado y seguido».
«Como último acto, el Bautista testimonia con su sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin desmayar o dar marcha atrás, cumpliendo hasta el fondo su misión. San Beda, monje del siglo IX, en sus homilías, dice así: "Por [Cristo] dio su vida, a pesar de que no recibió la orden de renegar a Jesucristo, sino sólo la de callar la verdad. Y puesto que no calló la verdad, murió por Cristo, que es la verdad"».
El Papa resaltó que «precisamente, por amor a la verdad, no pactó y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a los que habían perdido el camino de Dios».
Sobre el origen de la "fortaleza en la pasión" de San Juan en su "resistencia contra los poderosos", Benedicto XVI dijo que esta nace de «su relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia».
Juan es el don divino que sus padres, Zacarías e Isabel habían invocado durante mucho tiempo, un gran don, humanamente inesperado, porque ambos eran de edad avanzada e Isabel era estéril, "pero es nada imposible para Dios".
El Santo Padre dijo luego que «el anuncio de este nacimiento se produce precisamente en el lugar de la oración, en el templo de Jerusalén, es más sucede cuando a Zacarías le toca el gran privilegio de entrar en el lugar más sagrado del templo para hacer la ofrenda del incienso al Señor».
«También el nacimiento del Bautista está marcado por la oración: el canto de alegría, de alabanza y de agradecimiento que Zacarías eleva al Señor y que rezamos todas las mañanas en los Laudes, el ‘Benedictus’, exalta la acción de Dios en la historia e indica proféticamente la misión del hijo Juan: preceder al Hijo de Dios hecho carne para prepararle los caminos».
El Papa resaltó también que «toda la existencia del Precursor de Jesús está alimentada por la relación con Dios, en particular, el período transcurrido en regiones desiertas, regiones desiertas que son lugar de la tentación, pero también lugar en el que el hombre siente su propia pobreza porque está privado de los apoyos y las seguridades materiales, y comprende que el único punto de referencia sólido es Dios mismo».
«Pero Juan Bautista no es sólo hombre de oración, de contacto permanente con Dios, sino también una guía hacia esta relación con Dios. El Evangelista Lucas refiriendo la oración que Jesús enseña a los discípulos, el ‘Padrenuestro’, anota que la petición es formulada con estas palabras: "Señor enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos"».
Para concluir, el Papa Benedicto XVI hizo votos para que «San Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre la primacía de Dios en nuestra vida».
Relación e influencia entre San Juan Bautista y Jesús
¿Qué influencia tuvo San Juan Bautista en Jesús?
La figura de San Juan Bautista ocupa un lugar importante en el Nuevo Testamento y concretamente en los evangelios. Ha sido comentada en la tradición cristiana más antigua y ha calado hondamente en la piedad popular, que celebra la fiesta de su nacimiento con especial solemnidad desde muy antiguo.
En los últimos años viene siendo centro de atención entre los estudiosos del Nuevo Testamento y de los orígenes del cristianismo que se plantean qué se puede conocer acerca la relación entre Juan Bautista y Jesús de Nazaret desde el punto de vista de la crítica histórica.
Dos tipos de fuentes hablan de Juan Bautista, unas cristianas y otras profanas. Las cristianas son los cuatro evangelios canónicos y el evangelio gnóstico de Tomás. La fuente profana más relevante es Flavio Josefo, que dedicó un largo apartado de su libro Antiquitates Judaicae (18,116-119) a glosar el martirio del Bautismo a manos de Herodes en la fortaleza de Maqueronte (Perea). Para valorar las eventuales influencias puede ayudar fijarse en lo que se sabe acerca de la vida, la conducta y el mensaje de ambos.
1. Nacimiento y muerte
Juan Bautista coincidió en el tiempo con Jesús, seguramente nació algún tiempo antes y comenzó su vida pública también antes.
Era de origen sacerdotal (Lc 1), aunque nunca ejerció sus funciones y se supone que se mostró opuesto al comportamiento del sacerdocio oficial, por su conducta y su permanencia lejos del Templo. Pasó tiempo en el desierto de Judea (Lc 1,80), pero no parece que tuviera relación con el grupo de Qumrán, puesto que no se muestra tan radical en el cumplimiento de las normas legales (halakhot).
Murió condenado por Herodes Antipas (Flavio Josefo, Ant. 18,118). Jesús, por su parte, pasó su primera infancia en Galilea y fue bautizado por él en el Jordán. Supo de la muerte del Bautista y siempre alabó su figura, su mensaje y su misión profética.
2. Comportamiento
De su vida y conducta Josefo señala que era “buena persona” y que muchos “acudían a él y se enardecían escuchándole”. Los evangelistas son más explícitos y mencionan el lugar donde desarrolló su vida pública, Judea y la orilla del Jordán, su conducta austera en el vestir y en el comer, su liderazgo ante sus discípulos y su función de precursor, al descubrir a Jesús de Nazaret como verdadero Mesías.
Jesús, en cambio, no se distinguió en lo externo de sus conciudadanos: no se limitó a predicar en un lugar determinado, participó en comidas de familia, vistió con naturalidad y, aun condenando la interpretación literalista de la ley que hacían los fariseos, cumplió todas las normas legales y acudió al templo con asiduidad.
3. Mensaje y bautismo
Juan Bautista, según Flavio Josefo, “exhortaba a los judíos a practicar la virtud, la justicia unos con otros y la piedad con Dios, y después a recibir el bautismo”. Los evangelios añaden que su mensaje era de penitencia, escatológico y mesiánico: exhortaba a la conversión y enseñaba que el juicio de Dios es inminente: vendrá uno “más fuerte que yo” que bautizará en espíritu santo y fuego.
Su bautismo era para Flavio Josefo “un baño del cuerpo” y señal de la limpieza del alma por la justicia. Para los evangelistas era “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Mc 1,5). Jesús no rechaza el mensaje del Bautista, más bien parte de él (Mc 1,15) para anunciar el reino y la salvación universal, y se identifica con el Mesías que Juan anunciaba, abriendo el horizonte escatológico.
Y, sobre todo, hace de su bautismo fuente de salvación (Mc 16,16) y puerta para participar de los dones otorgados a los discípulos.
En resumen, entre Juan y Jesús hubo muchos puntos de contacto, pero todos los datos conocidos hasta ahora ponen de manifiesto que Jesús de Nazaret superó el esquema veterotestamentario del Bautista (conversión, actitud ética, esperanza mesiánica) y presentó el horizonte infinito de salvación (reino de Dios, redención universal, revelación definitiva).
¿Jesús era discípulo de San Juan Bautista?
Puesto que la relación entre Juan Bautista y Jesús fue tan directa e intensa, cabría preguntarse si entre ellos hubo una relación de maestro-discípulo. Para una respuesta adecuada a esta cuestión se requieren explicar los tres datos que se han debatido sobre este tema entre los estudiosos, a saber, el discipulado de Juan, el alcance de su bautismo en el Jordán y las alabanzas de Jesús al Bautista.
1. Los discípulos de Juan
Los evangelios señalan con frecuencia que Juan tenía discípulos, entre los cuales algunos se fueron con Jesús (Jn 1,35-37). No eran, por tanto simples seguidores eventuales; le acompañaban, le seguían y seguramente compartían su misma vida (Mc 2,18) y sus mismas ideas (Jn 3,22).
Flavio Josefo distinguía dos clases de partidarios, unos que le escuchaban con atención hablar de virtud, de justicia y de piedad, y se bautizaban; otros que “se reunían en torno a él porque se exaltaban mucho al oírle hablar” (Antiquitates iudaicae 18,116-117). Entre los seguidores de Juan hubo quien llegó a plantear a su maestro si Jesús con su conducta estaba mostrándose como un rival (Jn 3,25-27), por tanto no lo consideraban como uno de los suyos.
2. El bautismo de Jesús
Los especialistas no dudan de la historicidad del hecho, entre otras cosas porque su inclusión en los evangelios planteaba ciertas dificultades: una, la posible interpretación de que el Bautista era superior al bautizado, a Jesús, y otra, que siendo un bautismo de penitencia podría pensarse que Jesús tenía conciencia de ser pecador.
Los sinópticos dejan claro en sus relatos que Juan se reconoce inferior: rehúsa bautizar a Jesús (Mt 3,13-17), la voz del cielo revela la dignidad divina de Jesús (Mc 1,9-11), y el cuarto evangelio que no relata el bautismo señala que el Bautista da testimonio de haber visto posarse la paloma sobre Jesús (Jn 1,29-34) y de su propia inferioridad (Jn 3,28).
Si embargo, no se deduce de ahí inmediatamente que Jesús fuera discípulo de Juan el Bautista. Si los evangelistas si no detallan que Jesús fue discípulo de Juan es porque no lo fue.
3. Las alabanzas de Jesús
Hay dos frases de Jesús que demuestran su estima por el Bautista. Una la recogen Mateo (Mt 11,11) y Lucas (7,28): “no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista”. Otra está en Marcos (9,13) y aplica al Bautista la profecía de Ml 3,23-24: “Elías vendrá primero y restablecerá todas las cosas (…).
Sin embargo, yo os digo —afirma Jesús— que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que querían, según está escrito de él”. No cabe duda de que la persona de Juan, su bautismo (cfr. Mt 21,13-27) y su mensaje estuvieron muy presentes en la vida de Jesús.
Sin embargo siguió un camino totalmente diferente: en su conducta, puesto que recorrió todo el país, la capital Jerusalén y el ámbito del templo; en su mensaje, pues predicó el reino de salvación universal; en sus discípulos, a quienes instruyó en el mandamiento del amor por encima de normas legales y hasta de prácticas ascéticas. Pero lo más llamativo es que Jesús abre el horizonte de salvación a todos los hombres de todas las razas y de todos los tiempos.
En resumen, en el supuesto poco probable y nada comprobado de que Jesús pasara algún tiempo junto a los seguidores del Bautista, no se puede decir que recibiera un influjo decisivo. Jesús más que discípulo fue el Mesías y Salvador anunciado por el último y mayor de los profetas, Juan el Bautista.
Bibliografía: Joachim Gnilka, Jesús de Nazaret. Mensaje e historia (Herder, Barcelona 1993); A. Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2005
Descubierto un enorme baño en la fortaleza de Maqueronte, donde Herodes decapitó a San Juan Bautista
Una misión arqueológica húngara encuentra el monumental «Mikvé» en las ruinas del palacio de Maqueronte en Jordania
En la fortaleza de Maqueronte, en Jordania, donde el rey Herodes decapitó a San Juan Bautista, arqueólogos húngaros dirigidos por Gyözö Vörös han encontrado el mayor Mikve o piscina ritual existente en la zona. Tiene 12 escalones y su arquitectura es similar a los baños rituales descubiertos en las cercanías de Qumran, al otro lado del Mar Muerto, en Israel, que hasta ahora se consideraban únicos.
Reconstrucción del baño encontrado en la fortaleza-palacio.
Los restos de paredes y columnas se han localizado tres metros por debajo el patio real y debió de estar cubierto por un techo de bóveda de piedra probablemente demolido por los romanos durante la represión de la gran revuelta judía en el año 71 que precedió a la diáspora. También se descubrieronenormes paredes de 9,2 metros de altura.
El doctor Vörös, en una de las enormes cisternas descubiertas. Fotos: misión arqueológica húngara, tomadas del diario Haaretz.
Según recuerda ABC, la fortaleza de Maqueronte fue erigida por el rey hasmoneo Alejandro Janneo (104-78 a. C.) en torno al año 90 a. C., pero Herodes I el Grande la reconstruyó para defender sus territorios y, a su muerte, pasó a manos de su hijo Herodes Antipas. Fue durante esta etapa cuando el profeta San Juan Bautista fue encarcelado por denunciar la ilícita relación de Herodes con su cuñada Herodías, quien, tras bailar ante el rey su hija Salomé y quedar Antipas encantado, le arrancó la promesa de cortar la cabeza al Precursor (cf. Mc 6, 26-28)
En primer término, Jerusalén. Al fondo, en un círculo, la fortaleza de Maqueronte, que servía de vigía para la ciudad santa. Fotos: misión arqueológica húngara, tomadas del diario Haaretz.
La fortaleza de Maqueronte fue de vital importancia para la defensa de Judea, en parte porque desde ella se divisaba Jerusalén. Cualquier ejército que quisiera acercarse a la ciudad por el este, tenía que ocupar primero Maqueronte y las señales de fuego en esta fortaleza advertían a las otras ciudadelas de la invasión enemiga. Fue destruida por los romanos al mando de Lucilio Baso durante la primera guerra romano-judía.
La amistad entre Jesús y San Juan Bautista en el cine
Por Alfonso Méndiz
De los personajes importantes que rodearon a Jesús, S. Juan Bautista es, probablemente, el que menos aparece en los Evangelios y en las películas sobre Jesucristo. Y, sin embargo, del que más se está hablando en los últimos años.
La Iglesia celebra su nacimiento porque su madre Santa Isabel estaba embarazada de seis meses cuando la Virgen recibió el anuncio del Ángel y concibió por obra del Espíritu Santo (Lc 1, 36). Como el nacimiento de Cristo se celebra el 24 de diciembre, el del Bautista quedó fijado seis meses antes de esa fecha.
A lo largo de la historia del cine, el personaje del Bautistaha sido interpretado por actores de muy diverso carisma, que han ofrecido de él un retrato también muy diverso. En “Rey de Reyes” (1961), un estirado Robert Ryan aparece en escena acartonado y solemne, haciendo muy poco creíble su personaje. Más fuerza tiene, sin duda, el encarnado por Charlon Heston en “La historia más grande jamás contada” (1965), que aflora en la pantalla con mucho mayor relieve. Aunque algo gritón y estridente en sus predicaciones, muestra una faceta más atractiva y valiente al enfrentarse a los romanos y al cantar las verdades al Gobernador adúltero; cuando los soldados van a arrestarle, se niega a aceptar la orden y hasta lucha contra los que van a sujetarle. Finalmente, en “Jesús de Nazaret”, Michael York encarnó a un Juan Bautista verdaderamente fiero e indomable; un auténtico león del desierto, fustigador incansable de las veleidades de Herodes con Herodías, que tiene en su favor un mayor tiempo de aparición en pantalla… aunque su personaje brilla con menos luz que el desarrollado por Heston.
En el Evangelio, la única escenaque los une (al margen de las afirmaciones que cada uno hace sobre el otro: todas ellas importantes) es la del Bautismo del Señor. Y hay una película que ha reflejado esa secuencia con un sabor propio, verdaderamente genuino y original. Me refiero a “El hombre que hacía milagros”. Esta película saca a flote en esta escena la vida escondida que sin duda compartieron en su infancia. Muy sutilmente alude al parentesco entre ambos, y supone una lógica relación de sus madres cuando ambos eran niños. Si ambas conocían la identidad de Jesús y la del Bautista, si ambas sabían que los destinos de sus hijos iban a estar entrelazados; y, sobre todo, si ambas eran primas que habían vivido juntas el nacimiento del Bautista, ¿cómo no suponer que ambas debieron compartir largas e intensas confidencias.
En “El hombre que hacía milagros” vemos primero al Bautista que predica con fuerza el arrepentimiento y anuncia la llegada del Mesías: “Él os bautizará con Espíritu Santo y con fuego”. También acalra su misión de precursor a quienes le preguntan si es él el Mesías: “Yo soy la voz del que clama, el que abre camino en el desierto”. Cuando, de repente, ve llegar a Jesús, reconoce inmediatamente a su primo, que es también el Hijo de Dios; y su tono cambia y se dulcifica: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Anonadado, se resiste a bautizar a Jesús en el Jordán, y Jesús tiene que recordarle con ternura: “¡Juan!, ¡¡Juan!! Cuando éramos niños jugábamos junto a este río. Nuestras madres nos llamaban y corríamos hacia ellas. Las seguíamos”. El Maestro se detiene un segundo, y enlazando esas llamadas de las voces maternas con su actual vocación divina, concluye: “Ahora oigo otra llamada: la de mi Padre del Cielo. Y debo seguirla”.
La conversión de Kimberly Hahn, esposa de Scott Hanh
De aspirante a "pastora presbiteriana" a fiel hija de la Iglesia católica
Presentamos el testimonio de conversión de Kimberly Hahn, esposa del conocidísimo teólogo y escritor norteamericano Scott Hahn.
Scott Hahn era un pastor presbiteriano. Tras su conversión al catolicismo, también su esposa Kimberly se convirtió. Juntos escribieron un libro, «Roma, dulce Hogar», en el que comparten la historia de conversión, libro que sido leído por millones de personas en todo el mundo, haciendo un bien enorme. Pero su camino hacia la Iglesia católica no fue nada fácil, de manera especial para Kimberly que, tras la conversión de su esposo, vivió momentos muy amargos.
Kimberly Hahn nació en un hogar presbiteriano en el que la fe formaba parte esencial de la vida de la familia. Su padre, Jerry Kirk, era un pastor protestante que, como ella dice: «Me alimentaron con la Palabra de Dios a la misma vez que me dieron de comer guisantes y patatas. Teníamos una vida común de oración y fe». Nunca en su vida puso en duda la fe de sus padres, pero hubo un momento en que su fe de niña sufrió una profunda transformación: «Estaba en séptimo grado cuando oí un sermón muy fuerte sobre la cruz. Decía que eran mis pecados los que habían clavado a Jesús en la cruz. Esto me tocó profundamente. Tuve una conversión profunda, una conversión del corazón». Kimberly ardía en deseos de hacer lo mismo que veía hacer a su padre: ser una «pastora» protestante: «Terminé el instituto con la intención de ir a la universidad y, después, ir al seminario para ser pastora».
En su tercer año en la universidad conoció a un chico que se llamaba Scott Hahn. Scott, con otros jóvenes protestantes, la desafiaban preguntándola: «¿Dónde dice la Biblia que la mujer puede ser ordenada?». Kimberly confiesa: «Mi padre era pastor en una denominación protestante liberal. Él estaba feliz de que yo quisiera ordenarme». Poco antes de terminar la universidad comenzó a salir con Scott. Kimberly pensaba: «Bueno, no creo que Dios me esté llamando a algo que él no permita, pero todavía puedo ser la esposa de un pastor». La joven pareja era bastante reacia con respecto de la Iglesia católica, de manera especial Scott que, formado en la fe calvinista, estaba convencido de que el Papa era el anticristo y todos los católicos unos idólatras.
Kimberly y Scott se casaron al final del verano y continuaron sus estudios en el Seminario Gordon Conway. Allí, Kimberly descubrió que la mayor parte de los métodos anticonceptivos, son abortivos. Pero, en su grupo de trabajo, un compañero afirmó que solo los católicos rechazaban los métodos preventivos, y que lo hacían por dos razones: «Primero: porque el Papa no estaba casado. Y segundo: porque su objetivo era aumentar lo más posible el número de los católicos en el mundo». A Kimberly le parecieron razones absurdas, pero su compañero respondió: «Si quieres saber lo que piensan los católicos y por qué, investígalo tú misma. A mí no me interesa para nada». Kimberly aceptó el reto: «Encontré la Humanae Vitae y un libro muy del doctor Kippley llamado “El control de la natalidad y la alianza matrimonial”. John Kippley, en su libro, daba un montón de argumentos en los que yo nunca había pensado, de porqué los anticonceptivos van en contra del matrimonio y en contra de la vida. En particular, su explicación de la ley natural —que nunca había escuchado antes— creo que es de los argumentos más fuertes que existen».
Kimberly cayó en la cuenta de que Scott y ella nunca le habían preguntado al Señor su opinión con el tema de los hijos que debían tener, y cuándo tenerlos. Consideraban un deber cristiano usar anticonceptivos. Kimberly y Scott daban al Señor todo su corazón, mente y alma. Daban el diezmo de lo que ganaban, no estudiaban los domingos para dedicarlos al servicio del Señor, querían honrar al Señor, pero «cuando se trató de nuestros cuerpos, hicimos esa cosa tan americana de: “Perdóname, Señor. Aquí mando yo”. Y pensé: “¿Dónde queda el señorío de Cristo en mi vida, cuando yo digo que mi fertilidad depende de mí? ¡Qué arrogancia no ceder a él!».
Kimberly confió a Scott su reflexión y su preocupación por no estar dándole al Señor todo, absolutamente todo. Su esposo no podía creerse donde había llegado el estudio de su esposa sobre los anticonceptivos. Kimberly descubrió que antes de 1930 ninguna denominación protestante permitía los anticonceptivos. La Conferencia Lambeth de los Anglicanos en Inglaterra fue la primera en aprobarlos en casos extremos, para salvar la vida de la madre. Pero, poco tiempo después, casi todas denominaciones protestantes pasaron a ser, no solo pro-anticonceptivos, sino pro-aborto. Y, sin embargo, Lutero, Calvino y Zwinglio habían estado absolutamente en contra de los anticonceptivos: «Caí en la cuenta de que la tradición de mi fe protestante, antiguamente, estaba abierta a la vida y en contra de los anticonceptivos».
Scott y Kimberly tomaron de decisión de dejar de usar anticonceptivos. Ella escribió en su diario: «No sé si estoy loca por Cristo o simplemente loca, pero: “Señor, te vamos a seguir”. Y cambió algo muy importante». Un día, Kimberly preguntó a su esposo: «Esta Iglesia, la Iglesia católica, que se atreve decir la verdad sobre el tema de los anticonceptivos… ¿No te hace pensar que hay algo más aquí que no estamos viendo?» Pero la respuesta de Scott fue: «Incluso un cerdo ciego puede encontrar una bellota. No hay que pensar más».
Aparentemente no pensaron más en ello, pero años más tarde, el mismo Scott reconoció: «El abrirnos a la vida y vivir en conformidad con la verdad, algo que solo la Iglesia católica enseñaba fielmente, tuvo en nosotros un impacto muy fuerte, y nos abrió el corazón». Kimberly y Scott todavía tenían un largo camino a recorrer antes de llegar a la conversión, pero ese gesto tuvo un impacto grande en ellos.
Scott fue profundizando sus estudios sobre liturgia, hasta el punto de plantearse el paso a la Iglesia episcopaliana. Kimberly lloraba. Su padre era un pastor presbiteriano, su tío era un pastor presbiteriano, su hermano estaba estudiando para llegar a ser un pastor presbiteriano, Scott mismo era un pastor presbiteriano, y ella quería seguir siendo presbiteriana. Pero fue aún peor cuando, un año después, Scott le dijo: «Tengo que decirte que, a lo mejor, nos estamos encaminando hacia la Iglesia católica». Kimberly reaccionó al momento: «Yo no estaba de broma cuando le dije: “Por favor, ¿podemos ser episcopalianos?” Porque pensé que no podría soportarlo: “¡Católicos no!” Fue tan traumático. Yo ya tenía mi master en teología, había tenido nuestro primer bebé y estaba embarazada del segundo, y él empezó a decirme que no son dos sacramentos, que son siete, y empezó a rezar el rosario, lo cual era impensable para mí». «Una noche, yo me fui a la cama temprano. Él entró y me dijo —estaba rebosando de todo lo que había descubierto en sus estudios— y me dijo: “¿Sabes que ahora mismo estamos rodeados por María y por los santos y por los ángeles?” Y lo único que pude decirle fue: “Eso no. ¡En mi habitación no!”»
Scott comenzó sus estudios de doctorado en la Universidad de Marquette. Prometió a Kimberly no hacer cambios rápidos y esperar al menos cuatro años para hacerse católico, si es que de verdad llegaba a entrar en la Iglesia católica. Pero, pocos meses después, Scott y Kimberly tuvieron una trascendental conversación: «En la siguiente Pascua, diez días antes de la Pascua, vino y me dijo: “No sé qué debo hacer, porque he empezado a asistir a la Misa, por las mañanas, en Marquette, y sé que Jesús está ahí. Sé que esa es la Eucaristía. Siento que estoy pecando contra la luz si no me hago católico”. Y me pidió: “Sé que te prometí esperar cuatro años, pero quiero que reces para ver si me puedes liberar de esa promesa”.
Entonces, entré en nuestra habitación y lloré muchísimo. Lloré delante del Señor, porque sabía que esto iba a ser un cambio gigante para nosotros. Y si él iba a ser católico —aunque yo no lo fuera— no sería nunca la esposa de un pastor. Para mí era como matar todos mis sueños, matarlos sin ninguna posibilidad de resurrección después. Pero, a la vez, creía en él, y creía que él estaba en una situación donde me necesitaba y yo tenía que dispensarle de la promesa. Entonces, salí y le dije, “Te permito hacerlo, pero quiero que sepas que me estás abandonando”. Él se fue al dormitorio y comencé a escuchar un sonido que ya era familiar: el tintineo de su rosario».
Kimberly no sabía a quién acudir. Empezaron cuatro años de mucha lucha. Quedó embarazada de su tercer hijo y comprendió que, si el cabeza de familia era católico, su hijo debía ser bautizado en la fe de su padre: «Tuvimos el bautizo. Yo no estaba preparada para una liturgia tan bonita. (…) Las oraciones eran exactamente lo que yo hubiera deseado rezar sobre mi hija… Era tan bonito que, cuando salimos de la iglesia, yo le dije al Señor en mi corazón: “Yo no sé lo que has hecho en él, pero hazlo conmigo”. Mi corazón se abrió de una manera distinta».
Curiosamente, fue su padre, el pastor presbiteriano quien le propuso hacer una oración de abandono en Dios, de entrega a su voluntad: «Y cómo era mi padre —que no quería que yo fuese católica— y no era Scott inventando otra manera de entrar (…) decidí a asumir el reto de mi padre, y pedí la gracia de poder hacer esa oración». Apenas comenzó a rezar, Kimberly experimentó una profunda liberación en su corazón: «Me di cuenta de que había estado todo ese tiempo en una jaula hecha por mí misma. Había puesto todos estos límites a Dios: no estoy dispuesta a leer, no estoy dispuesta a estudiar, no estoy dispuesta a aceptar el reto. Pero ahora comencé a estar motivada a investigar, y tenía alegría. Y había obstáculos, pero la alegría iba aumentando. Pieza por pieza, doctrina por doctrina, muy exigente».
Kimberly entró en la Iglesia católica en la vigilia pascual de 1990: «El Miércoles de Ceniza dejé a mis niños con mi hermana y me fui a Steubenville para ver casas, porque Scott iba a trabajar en la Universidad Franciscana. Me gustaba la costumbre de los católicos de abstenerse de algo durante la Cuaresma. Entonces empecé a rezar así: “Señor, ¿qué sacrificio quieres de mí? ¿No tomar dulces, alguna bebida o algo más grande?” Y no escuché una voz, pero percibí que el Señor me estaba diciendo: “¿Por qué no te rindes? ¿Por qué no te niegas a ti misma?” Y cómo no era Scott diciéndomelo —de verdad experimentaba que era el Señor— empecé a considerarlo seriamente». Al llegar a casa esa noche, la decisión estaba tomada: «Scott me llamó desde una conferencia en California (…) Le conté lo que me había sucedido durante el viaje, y le dije: “Va a ser esta Pascua.” Él aguantó las lágrimas y me dijo: “Ya había perdido la esperanza de estar unidos como una familia católica”».
Esa Cuaresma fue un tiempo muy especial, pero Kimberly tenía que contarle a sus padres la decisión que había tomado. Sabía que su entrada en la Iglesia católica iba a suponer romper la comunión con esa parte de su familia. Ella confiesa: «Nunca cuestionan si somos cristianos o no, pero es tan agridulce, es tan doloroso no poder compartir las riquezas de la fe, no poder mostrarles lo que les pertenece como cristianos: el magisterio de la iglesia y la paz que esto nos da. (…) Y la autoridad moral de la iglesia y una única enseñanza de la Iglesia, una única liturgia. ¿Sabes? Mis hermanos y mi padre pueden todos predicar un domingo y nunca coincidir en el mismo evangelio. Y podemos estar en Irlanda, y mis hijos dispersos por los distintos estados, pero escuchamos todos el mismo Evangelio y rezamos las mismas oraciones. Y la Virgen María es un don del Señor. Y puedo seguir y seguir… Y todos estos tesoros vienen a mí por medio del bautismo, son mi herencia. Yo me sentía como si hubiera pasado de vivir en un piso, en medio de una ciudad peligrosa, a vivir en una mansión en las afueras, y no sabía que antes ya era mía».
Kimberly afirma: «Ser católica me trae tanta alegría. Es una vida tan hermosa la que compartimos. Todos nuestros hijos conocen y quieren al Señor y a la Iglesia. Los tres que están casados, se casaron con unos buenos católicos y están abiertos a la vida. De momento tenemos 15 nietos. Dos de nuestros hijos están estudiando para ser sacerdotes y el último hijo, que tiene 18 años, no sé cuál es su vocación, pero sé que su corazón está centrado en el Señor. Somos una familia católica, unida y creciendo, pero nuestros parientes son nuestros hermanos separados. Y me gustaría tener la oportunidad de compartir los tesoros de nuestra fe con ellos. Solo Dios sabe».
¿Sabes quién era San Paulino de Nola? Su fiesta es el 22 de junio
Desde esta perspectiva se entiende también el sentido de la amistad cristiana, aclaró al presentar en la audiencia general del miércoles 12 diciembre de 2007 la figura de san Paulino de Nola, fallecido en el año 431, quien fue político, poeta, esposo, padre, monje, presbítero, y finalmente obispo.
Benedicto XVI explica la Iglesia como sacramento de íntima unión con Dios en la figura de San Paulino de Nola
Ilustra el sentido de la amistad cristiana
Nacido en Francia, en Burdeos, tras haber recibido una extraordinaria formación literaria, ascendió muy pronto en la carrera política, siendo nombrado gobernador de Campania, en el sur de Italia. Allí se convirtió al cristianismo.
Se casó con Teresa, una bella y noble mujer de Barcelona, con quien tuvo un hijo, cuya muerte, a los pocos días, le sacudió interiormente, llevándole junto a su mujer a entregar toda su vida a Cristo y a los pobres, a quienes entregó todos sus bienes.
En Nola (Campania) junto a su mujer, con quien a partir de entonces vivió en castidad, fundó una comunidad de vida ascética y de acogida a los pobres. San Gregorio Magno escribe que en una ocasión se ofreció como prisionero en lugar del hijo de una viuda.
Consideraba que entregar todo a los pobres no era la cumbre de la conversión, sino el inicio, pues, como sucede con el atleta, el cristiano se despoja de sus vestidos para correr con más libertad su carrera en la vida cristiana.
En la comunidad creada por el santo, recordó el Papa, «la vida discurría en pobreza, oración y totalmente sumergida en la lectio divina. La Escritura leída, meditada, asimilada, era el rayo de luz a través del cual el santo de Nola escrutaba su alma en su búsqueda de la perfección».
A los pobres, Paulino no sólo les daba limosna: «les acogía como si fueran el mismo Cristo », explicó el Papa a los miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI.
«Les reservaba un ala del monasterio y, de este modo, no tenía la impresión de dar, sino de recibir, en el intercambio de dones entre la acogida ofrecida y la gratitud hecha oración de aquellos a quienes ayudaba».
«Llamaba a los pobres sus "dueños" y, al observar que se alojaban en el piso inferior, les decía que su oración desempeñaba la función de los cimientos de su casa».
Mantuvo amistad con muchos santos: de Martín de Tours a Jerónimo, de Ambrosio a Agustín, de Delfín de Burdeos a Niceto de Remesiana, de Vitricio de Rouen a Rufino de Aquileya, de Pamaquio a Sulpicio Severo...
Explicando su visión de la amistad, a san Agustín de Hipona, le escribía: «No hay que sorprenderse si nosotros, a pesar de la lejanía, estamos juntos y sin habernos conocido nos conocemos, pues somos miembros de un solo cuerpo, tenemos una sola cabeza, hemos quedado inundados por una sola gracia, vivimos de un solo pan, caminamos por un camino único, vivimos en la misma casa».
«Como puede verse, se trata de una bellísima descripción de lo que significa ser cristianos, ser Cuerpo de Cristo, vivir en la comunión de la Iglesia», explicó el Papa.
«El testimonio de san Paulino de Nola --concluyó-- nos ayuda a experimentar la Iglesia tal y como la presenta el Concilio Vaticano II: sacramento de la íntima unión con Dios y de este modo de la unidad de todos nosotros y por último de todo el género humano».
La catequesis del Papa continúa con su serie de meditaciones sobre las grandes figuras de los orígenes de la Iglesia.
En medio de la carretera que conecta las ciudades de Jerusalén y Belén en Tierra Santa, se encuentran las ruinas “olvidadas” de una iglesia que fue construida sobre la roca donde, según la tradición, la Virgen María descansó antes de llegar al lugar donde dio a luz a Jesucristo.
La Iglesia del Kathisma fue edificada en el siglo V, por encargo de una viuda rica llamada Ikelia, debido a que los cristianos peregrinaban a ese lugar en Tierra Santa.
En declaraciones al Christian Media Center, el P. Eugenio Alliata, un sacerdote franciscano experto en arqueología cristiana, explicó que la palabra griega “kathisma” significa “el lugar en el que María se sentó”.
El también miembro del Studium Biblicum Franciscanum de la Custodia de Tierra Santa señaló que “la iglesia tiene una forma especial, octogonal. En realidad se trata de dos octógonos que se suceden. Uno más pequeño y otro más grande. Ambos se centran en torno a una roca que apenas sobresale del nivel del pavimento”.
En el siglo VIII este templo fue convertido en una mezquita y fue destruido en el siglo XI. Con el paso del tiempo se perdió la ubicación de la iglesia, aunque se sabía de su existencia gracias a unos antiguos escritos bizantinos.
Las ruinas del templo fueron descubiertas en 1992 mientras se realizaba una excavación para construir una carretera.
Tras el hallazgo, el Patriarcado Ortodoxo Griego de Jerusalén, dentro de cuyos dominios se encuentra este templo, y la Universidad de Atenas prosiguieron con los trabajos de excavación y limpieza de las ruinas con el objetivo de que este lugar vuelva a ser visitado por los peregrinos.
El P. Alliata indicó que las excavaciones arqueológicas también revelaron que alrededor del templo habían varias capillas que estaban decoradas con mosaicos. Actualmente las imágenes han sido cubiertas con arena para su protección.
Sin embargo, el presbítero, expresó que actualmente este templo “desgraciadamente es un lugar olvidado y está en un pésimo estado de conservación”.
El P. Alliata comentó que la historia está “narrada en un evangelio apócrifo, que se llama el protoevangelio de Santiago. Un texto cristiano muy famoso. Explica que María y José iban hacia Belén. Jesús estaba a punto de nacer, María iba sobre un burro y José lo llevaba”.
“María tuvo una visión: vio dos pueblos, uno de los cuales reía mientras que el otro lloraba. Los cristianos interpretaron que el pueblo que llora es el hebreo, porque no han creído; el pueblo que ríe son los cristianos que creyeron en el Mesías”, prosiguió.
Tras la visión, la Madre de Dios “se siente cansada y pide que la bajen de la cabalgadura. José la ayuda a descender y la acomoda dentro de una cueva”.
El P. Alliata destacó que la Virgen se habría sentado a descansar sobre una roca y que alrededor de esta se construyó la Iglesia del Kathisma.
El Museo Tierra Santa, ya activo en el convento de la Flagelación, muestra 2000 años del cristianismo en Jerusalén
“Es nuestro deber como religiosos cristianos ayudar a quienes se acercan a Tierra Santa a ir más allá de la curiosidad humana por lo exótico, para que puedan comprender que allí realmente sucedió algo grande, que llega al corazón y da su significado profundo a la existencia…”, expresó monseñor Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, al anunciar la constitución del Museo Tierra Santa.
Tal y como informa la agencia AICA, el proyecto “Terra Sancta Museum” nació para que el mundo conozca la historia de Jerusalén y de la presencia cristiana en Tierra Santa, un museo único en el mundo. Un instrumento de paz, que promueva el diálogo con todas las religiones y culturas a través de un encuentro moderno y dinámico.
Al visitante de este museo se le propone un recorrido cultural flexible, metodológicamente riguroso y dividido en tres momentos distintos distribuidos en la Ciudad Santa de Jerusalén: sección multimediática, sección arqueológica y sección histórica.
La sección multimediática, ya abierta y operativa en el Convento de la Flagelación, propone un recorrido de la ciudad a través de la Vía Dolorosa desde los tiempos de Herodes hasta nuestros días. Dura 15 minutos y nos lleva de la mano durante dos mil años, conjugando la dimensión histórico arqueológica con la emotiva y espiritual.
La sección arqueológica, cuyas primeras salas se inaugurarán el próximo 27 de junio, tiene su sede también en el Convento de la Flagelación, donde los ambientes mismos son vestigios de la Jerusalén antigua. Los objetos expuestos provienen de las excavaciones arqueológicas que los franciscanos del Studium Biblicum Franciscanum han hecho en los últimos 150 años. Propone un peregrinaje arqueológico virtual en los Santos Lugares que ayuda a comprender a través de los objetos, el contexto histórico del tiempo de Cristo.
La sección histórica se concentrará en la Custodia Franciscana de Tierra Santa y el gran Tesoro del Santo Sepulcro: una colección de objetos preciosos donados a la Custodia por todo el mundo en el curso de los siglos. Se prevé su apertura en el 2021 y tendrá su sede en el Convento de San Salvador. En esta parte del museo está trabajando un nuevo comité científico constituido por los directores de los más importantes museos del mundo, como los Museos Vaticanos, el Louvre, Versailles, el Getty o el Kunshistorisches museum.