En Siria, los seguidores de Cristo se denominaron cristianos por primera vez

Entre el siglo primero y el siglo sexto, es decir antes de la llegada del Islam, la zona de la actual Siria, Turquía y partes de Mesopotamia se conocía como Antioquia. Bautizada por San Pablo apóstol, fue uno de los primeros y más importantes patriarcados cristianos del mundo. En Siria, los seguidores de Cristo se denominaron cristianos por primera vez.

Esta zona conoció la cultura aramea y sus pueblos hablaban la lengua aramea que también hablaba Cristo. Más tarde esta lengua evolucionó en un dialecto llamado el siriaco y llegó a ser la lengua oficial de varias iglesias orientales, trasmitiendo la cultura siriaca a través de Asia, alcanzando la India e incluso la zona oriental de China.

Los pueblos de estas zonas hablaban en siriaco, escribían en griego y más tarde, según varios historiadores, usaban el árabe como una de las lenguas del comercio solamente a un nivel oral. Con la llegada del Islam, todos los países conquistados empezaron a usar el árabe como lengua oficial, aunque en los primeros siglos del Islam, los asuntos administrativos del Califato seguían tendiendo textos en griego y arameo. El árabe reemplazó al siríaco como lengua de cultura en la zona a partir del siglo VIII.

Los cristianos de estas regiones, que actualmente hablan el árabe como lengua materna, se pueden considerar como arabo-hablantes y no como árabes, porque no son árabes de descendencia, sino arameos. Aunque es muy difícil saber después de tantos siglos quien es de raza pura que sea árabe o aramea, pero las familias han podido conservar su historia e orígenes a través de un árbol genealógico contado de generación en generación.

Hoy día la lengua siriaca se usa dentro del mundo árabe en algunas iglesias orientales principalmente en Siria, Líbano e Irak y en unos pueblos como Maaloula en Siria. La mayoría de los cristianos de estas zonas siguen usando la lengua en sus casas, no solamente en la liturgia, entre ellos los caldeos de Irak, los maronitas del Líbano, los asirio-ortodoxos y los sirios católicos y ortodoxos.

En 435, poco después del Concilio de Éfeso, se dividió la Iglesia en Oriente en tres grupos principales: los Nestorianos, los Jacobitas y los Melkitas. Las iglesias siriacas seguían las dos primeras ramas y se declaraban monofisitas. Actualmente estas iglesias están reconocidas por Roma entrando en comunión con el resto de las iglesias católicas como Unitatis reconocidas por su   ̈patrimonio litúrgico, teológico, espiritual y disciplinario” (can 28§I).

Existe un debate entre los cristianos de cultura siriaca sobre su etnia, raza y/o lengua ¿son caldeos, arameos, asirios o babilonios? Varios escritores basan su respuesta en una lectura histórica que comienza con la Biblia y termina en libros de historiadores griegos y siriacos, investigando el origen de los pueblos arameos y su relación con los acadios, babilónicos y asirios. Pero se puede decir que las divisiones actuales se basan en un conflicto político entre los diferentes grupos cristianos, sobre todo después de la guerra en Irak en 2003, donde la persecución de los cristianos creó un miedo que resultó en una lucha para sobrevivir.

Los cristianos de Antioquia se dividen en los sirios (siriacos) y son generalmente los cristianos de Siria y los asirios que son los cristianos de Irak y Mesopotamia. Los caldeos de Irak pertenecen al segundo grupo pero se definen como caldeos y estos son católicos. La diferencia en la lengua es mínima y se basa en gran parte en la pronunciación; los sirios hablan el siriaco occidental y los asirios el siriaco oriental. En los primeros siglos, estos pueblos se llamaban siriacos por la siria cristiana, es decir que este nombramiento se refería a su religión cristiana que venía de siria y no a su etnia.

Tanto la lengua como la cultura siriaca han tenido un papel muy importante dentro de la historia de Oriente antes, durante y después del Islam. Antioquia era uno de varios centros culturales de la zona donde se enseñaba filosofía, medicina, ciencia…etc. en ciudades como Edesa. A partir del siglo V y sobre todo en los siglos VI y VII nació un movimiento grande de copiar las obras griegas al siríaco. Así se multiplicaron las escuelas de enseñanza de medicina, matemática, filosofía y teología y en Oriente estas escuelas enseñaban en siríaco.

En la época islámica, entre los siglos VIII y IX, comenzó un movimiento que consistía en copiar las obras al árabe, a veces del griego y a veces del siríaco, con la ayuda de los cristianos de la zona de siria (Antioquia) que dominaban el siriaco, el griego y el árabe. En el tercer cuarto del siglo IX, se terminó el trabajo de copiar el legado helenista al árabe.

Jerusalén es la ciudad tres veces santa. No importa la época del año que sea ni tampoco si el frío o el calor hacen acto de presencia. Desde hace siglos atrae a multitudes que la consideran la cuna espiritual de su fe. Y así ha visto pasar el tiempo, las civilizaciones, las guerras y las tensiones políticas que hasta el día de hoy han intentado dividirla o apoderarse de ella.

Desde el Monte de los Olivos hasta el Santo Sepulcro, sus calles están llenas de peregrinos. Es un lugar en el que conviven tres grandes culturas y donde cada uno de sus visitantes logra encontrar lo que está buscando.

MONS. RAMÓN ARGÜELLES
Arz. Emérito de Batangas (Filipinas)
“Cuando vienes aquí... crece tu fe”.

MARINA SORIANO
Peregrina
“Es indescriptible para mí estar aquí. Es un sueño hecho realidad. Siempre soñé con venir y caminar por donde Jesús caminó porque siento muy cercanos a Jesús y a la Virgen María. Así que quería realmente vivir esta experiencia de vivir donde Jesús y María vivieron”.

JOY GOEL
Peregrina
“Me siento tan bendecida. Tuve cáncer de mama el año pasado y recibí tratamiento pero quería venir aquí, a la tierra de nuestro Señor. Todavía rezo para curarme por completo. Siento su presencia y la presencia de la Virgen aquí y estoy muy agradecida por estar aquí”.

Peregrinos y locales aseguran que Jerusalén es una ciudad segura en la que todos caben y que no cierra las puertas a nadie.

MARÍA LAURA DOMÍNGUEZ
Peregrina
“No he tenido ninguna sensación de peligro. Todo lo contrario. Acá me he sentido cómoda, segura, mucho más segura que en Argentina”.

JONATAN SCHANAPP
Guía turístico
“Lo absurdo es que este lugar tendría que ser el centro de la paz y no el centro de la guerra. Es un lugar tan importante para todas las religiones y todos podemos convivir. En realidad la gente convive. La política es lo que crea los conflictos”.

Para los comerciantes, -cristianos, judíos y musulmanes-, es de vital importancia que sigan llegando peregrinaciones. Así podrán labrarse un futuro en su propia tierra.

BAZEL
Comerciante
“Tienen que venir muchos peregrinos porque es un lugar muy importante y también es importante por todo el país porque el turismo es una parte muy importante de la economía del país”.

Un país al que cada vez están llegando más inmigrantes. Sobre todo en la zona de la costa como Yafo, junto a Tel Aviv. Su presencia se suma al ya de por sí difícil desafío de hacer que la tierra de Jesús sea realmente la tierra de todos.

El padre Apolinary es polaco y desde hace 26 años vive en Tierra Santa. Lejos de perder cualquier esperanza, su experiencia es que la paz es posible.

P. APOLINARY SZWED
“Creo que podemos vivir todos juntos en paz. Hace falta dar pequeños pasos. Yo, por ejemplo, puedo hacerlo con mi vecino, no con todos porque no puedo llegar a todos. Creo que la experiencia de cada uno de nosotros aquí nos dice que es posible. Si puedo ser cercano a uno significa que los demás también pueden hacer lo mismo, pero es necesario hacerlo”.

Solo de esta forma será posible un futuro de paz y convivencia para la Ciudad Santa que incluya a todos sus habitantes y a los que peregrinan hasta ella buscando las raíces de su fe.

Profecías de Isaías sobre la Pasión de Cristo

El lector tiene la impresión de que el profeta Isaías escribía al propio pie del Gólgota, aunque sabemos con seguridad que el profeta vivió siete siglos antes de Cristo.

Los sacrificios de purificación ocupaban la posición central en la vida religiosa del pueblo judío. Cada devoto judío ya sabía desde su niñez que el pecado sólo podría borrarse por medio de un sacrificio cruento. Todas las grandes fiestas y acontecimientos familiares se acompañaban de sacrificios.

Los profetas no explicaban en que consistía el poder purificador de los sacrificios. Sin embargo, sus profecías relacionadas con la Pasión demuestran que los sacrificios del Antiguo Testamento anticipaban el gran sacrificio redentor del Mesías, el cual Él tuvo que ofrecer para la purificación de los pecados del mundo entero. De este gran sacrificio tomaban fuerzas y trascendencia las ofrendas del Antiguo Testamento.

La relación íntima entre el pecado y los subsiguientes sufrimientos, al igual que entre los padecimientos voluntarios y la subsiguiente salvación del hombre, no está bien comprendida aún hasta hoy día. No vamos a tratar de explicar esta relación interior, sino sólo nos detendremos aquí sobre las propias profecías referentes a la prevista Pasión redentora del Mesías.

La más sobresaliente y detallada profecía relacionada con venideros sufrimientos del Mesías es la de Isaías que ocupa un capítulo y medio de su libro (cap. 52-53). Esta profecía incluye tantos pormenores sobre los padecimientos de Cristo que el lector tiene la impresión de que el profeta Isaías escribía al propio pie del Gólgota, aunque sabemos con seguridad que el profeta vivió siete siglos antes de Cristo. A continuación presentamos la profecía en cuestión:

Resultado de imagen de sacrificios jerusalén. Sacrificio del mesias en Tierra Santa

"¿Quién creyó nuestro anuncio?; ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron"."Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién se preocupará de su estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores".
La frase introductora de esta profecía: "¿Quién creyó nuestro anuncio?" atestigua acerca del carácter excepcional de los acontecimientos descritos, los cuales exigen un esfuerzo de voluntad de parte del lector para creerlos. En efecto, las profecías anteriores de Isaías hablan de la magnificencia y gloria del Mesías, mientras que la presente expone Su voluntaria humillación, padecimientos y muerte. El Mesías, estando completamente limpio de pecados personales y santísimo, soporta todos estos sufrimientos con el fin de purificar al género humano de sus iniquidades.
http://unsacerdoteentierrasanta.blogspot.com.es

El Espíritu Santo en forma de paloma

La respuesta está en el Evangelio. En el de San Mateo, dentro de la narración del bautismo de Jesús, se lee la siguiente frase: Jesús salió del agua; y entonces se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre Él (3, 16).

Con muy parecidas palabras se narra lo mismo en los evangelios de San Marcos (1, 10) y San Lucas (3, 21-22). El de San Juan lo pone en boca de Juan Bautista, como signo de reconocimiento de quién era Jesús: He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre Él(1. 32).

Cuando se quiere representar en imágenes a la Santísima Trinidad, no es igual de fácil la representación de cada una. Lo más sencillo, evidentemente, es representar al Hijo, la segunda persona, puesto que se encarnó. Y le corresponde propiamente la forma humana, pues además de ser Dios es verdadero hombre.

En segundo lugar figura la persona del Padre. No se ha encarnado, pero se recurre a la figura de un padre humano de Jesús, con bastante lógica. Pero ¿y el Espíritu Santo? Un espíritu es irrepresentable como tal por definición. Quedaba como única solución razonable rastrear las Escrituras, sobre todo el Nuevo Testamento, en busca de figuras con las cuales se ha hecho presente visiblemente su persona o su acción.

De este rastreo salen dos figuras: la paloma, que aparece en el bautismo del Señor en el Jordán; y las lenguas de fuego, que se posan sobre los apóstoles en Pentecostés. La imaginería cristiana ha utilizado las dos. Si ha utilizado con más frecuencia la paloma probablemente se debe a que es una imagen más cercana a lo personal que una lengua de fuego.

¿Y por qué quiso adoptar la forma de paloma?

No se puede contestar a ciencia cierta, pero se puede especular un poco al respecto.

Hoy día simboliza sobre todo la paz, y eso tiene también un origen bíblico, pues hace referencia a la paloma que soltó por tres veces Noé del arca, volviendo la segunda vez con una rama de olivo en el pico (la tercera ya no volvió; cfr Gen 8, 8-12), lo cual quería decir que había vuelto la paz y la normalidad al mundo. De todas formas, no parece que haya aquí una relación directa entre los dos símbolos.

Es más probable que acertemos si la pregunta no es qué simboliza ahora, sino qué simbolizaba entonces. En el Cantar de los cantares se lee lo siguiente, como parte de un poema en boca del amado: ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, mi paloma, mi preciosa! (5, 2). En el Talmud judío hay alguna referencia a que la paloma era un signo de castidad (cfr. Eruvim, 100b).

En el evangelio figura la recomendación de que sus discípulos sean sagaces como las serpientes y sencillos como las palomas (Mt 10, 16). Todo esto apunta a que en la simbología de Israel en tiempos de Jesucristo la paloma era figura de un amor sencillo y limpio.

Y esto encaja bastante bien con la persona del Espíritu Santo, procedente del amor mutuo del Padre y del Hijo, y enviado a los hombres como Don que les conduce hacia la plenitud del amor de Dios.

 

El aceite, artículo multiusos de los romanos

En la antigua Roma, el aceite de oliva se utilizaba para aliñar los platos, iluminar las casas o cuidarse la piel en las termas

“Hay dos líquidos que son especialmente agradables para el cuerpo humano: el vino por dentro y el aceite por fuera. Ambos son los productos más excelentes de los árboles, pero el aceite es una necesidad absoluta, y no ha errado el hombre en dedicar sus esfuerzos a obtenerlo”. No erraba Plinio el Viejo al expresarse de este modo en su Historia natural: el aceite de oliva fue un producto indispensable para la vida diaria de los antiguos romanos, que no sólo lo usaban como ingrediente en la cocina, sino también como combustible para la iluminación y como un higiénico ungüento en las termas. No es extraño que en torno a él se desarrollara toda una industria de producción, comercialización y transporte.

La elaboración de aceite en la antigua Roma vino de la mano de fenicios y griegos, aunque fueron los romanos quienes lo produjeron a gran escala y lo convirtieron en algo consumido habitualmente por todas las clases sociales. El aceite se obtenía en las villas, explotaciones agrícolas de carácter rural que también solían cultivar cereal y elaborar vino.

Producción y categorías

Tras su recolección, la aceituna se almacenaba en el tabulatum, una estancia con un suelo impermeabilizado y ligeramente inclinado sobre el que se depositaba la aceituna para que soltara el alpechín. Este líquido oscuro y maloliente, según nos narra el mismo Plinio, podía ser empleado como insecticida, herbicida y fungicida.

Una factoría aceitera romana. El método de extracción del aceite de oliva era totalmente manual e implicaba un enorme esfuerzo físico. En este dibujo se muestran los diversos sistemas de molienda de la aceituna para la obtención del aceite, en los que participaba mano de obra esclava, en algunos casos ayudada por animales de carga. Ilustración: Inklink Musei – Sovrintendenza Archeologica di Firenze

 

Tras este paso, se procedía a la molienda. Los distintos mecanismos que se empleaban molían las aceitunas sin romper el hueso, puesto que se consideraba que éste daba mal sabor al aceite. El sistema de molienda más común era el trapetum. Este gran molino se componía de una zona fija denominada mortarium y de dos piedras semiesféricas llamadas orbis, que dos hombres hacían girar sobre el mortarium empujando un eje horizontal. Así se obtenía una pasta de aceitunas que se sometía al prensado en una habitación conocida como torcularium. En este espacio se encontraba la prensa (llamada también, por extensión, torcularium), un complejo mecanismo capaz de someter la pasta a una gran presión. El aceite así obtenido se decantaba en grandes vasijas globulares de cerámica llamadas dolia, que solían estar semienterradas, y luego se almacenaba en ánforas en la llamada cella olearia.

El oleum omphacium, el de mejor calidad, se extraía de las aceitunas aún verdes y se elaboraba en septiembre

Según su calidad, el aceite se dividía en tres tipos. El oleum omphacium, el de mejor calidad, se extraía de las aceitunas aún verdes y se elaboraba en septiembre. Se destinaba principalmente a las ofrendas religiosas y la fabricación de perfumes que, siglos antes de la incorporación del alcohol, utilizaban el aceite como base. En palabras de Plinio, “el mejor [aceite] de todos lo da la aceituna verde y que aún no ha empezado a madurar; éste es de un sabor excelente. Cuanto más madura es la aceituna tanto más grasiento y menos agradable es el jugo”. El oleum viride se elaboraba en diciembre, con aceitunas que variaban entre el verde y el negro. Era un aceite más suave y afrutado. Por último, el oleum acerbum se fabricaba con las aceitunas que habían caído al suelo y por este motivo era de inferior calidad.

La categoría intermedia, es decir, el oleum viride, que era el más empleado en gastronomía, podía dividirse a su vez en tres variedades según su calidad: el oleum flos era el aceite virgen obtenido con la primera presión, que podríamos equiparar a nuestro aceite virgen extra; el oleum sequens era un aceite de calidad inferior, ya que se obtenía con una segunda presión, más intensa, y por último, el oleum cibarium, el más ordinario de los tres, provenía de las siguientes prensadas.

Aceite en todos los platos

Como ocurre hoy en día en la denominada “dieta mediterránea”, el aceite era un elemento fundamental de la alimentación romana. Apicio, en su célebre recetario De re coquinaria, nombra el aceite en más de trescientas recetas. Podía usarse tanto para aliñar como para condimentar, cocinar y freír. Además era un ingrediente básico en la preparación de salsas; aunque éstas variaban según el tipo de alimento al que acompañaban, todas tenían en común el aceite. Por ejemplo, para la carne hervida Apicio recomienda una salsa blanca compuesta de “pimienta, garum, vino, ruda, cebolla, piñones, vino aromático, un poco de pan macerado para espesar y aceite”. Además, antes de servir un plato en la mesa, fuera a base de pescado, carnes, verduras o legumbres, era frecuente rociarlo con unas gotas de aceite. Éste tenía igualmente cabida en la repostería. Apicio nos da la fórmula de un “plato que puede usarse como dulce”: “Tostar piñones, nueces peladas; mezclar con miel, pimienta, garum, leche, huevos, un poco de vino puro y aceite”.

Una receta dulce de Apicio decía: “Tostar piñones, nueces peladas; mezclar con miel, pimienta, garum, leche, huevos, un poco de vino puro y aceite”

Un indicativo de la importancia del aceite en la dieta romana es que Julio César lo incorporó a la annona, abastecimiento gratuito de grano que se entregaba al ejército para su manutención. A partir de entonces, la demanda de aceite se incrementó en gran manera. La presencia de este producto entre los soldados acantonados en la frontera norte del Imperio indica que los pueblos del centro y norte de Europa lo fueron incorporando a su dieta.

Ungüentos y perfumes

El aceite tenía otras utilidades fundamentales en la vida cotidiana de los romanos. Por un lado, se empleaba como combustible para la iluminación. Los romanos utilizaban lucernas fabricadas a molde y huecas que se llenaban con el aceite de oliva de peor calidad. Éste empapaba una mecha de fibras vegetales, como lino hilado o papiro, que de este modo podía mantenerse largo tiempo encendida.

 

Factoría de producción de aceite de oliva en el norte de África. En el espacio central, o “torcularium”, se encuentran las prensas para elaborarlo. La provincia de la Bética, la actual Andalucía, se convirtió durante el Alto Imperio en el centro más importante de producción de aceite. Según Plinio, sólo el procedente de Histria (actual Croacia) y el aceite licinio, originario de la Campania italiana, superaban en calidad al aceite andaluz. Desde las ciudades béticas se exportaba a todo el Imperio, tanto para abastecer al ejército como a la propia Roma. A partir de Augusto, el emperador pasó a controlar la producción del aceite bético, marcando asimismo el precio de mercado. Era un comercio que iba de la mano de las salazones de pescado,  que también contaban en la zona andaluza con un importante foco de producción. Durante el Bajo Imperio, África se erigió como otro importante centro de producción de aceite, compitiendo directamente con la Bética. Foto: Acuarela de Jean-Claude Golvin. Musée départemental Arles antique. © éditions errance

 

El aceite se utilizaba también como ungüento; de ahí justamente la frase de Plinio “el vino por dentro y el aceite por fuera”. Los que practicaban ejercicio físico en las termas se ungían el cuerpo con aceite antes de entrenarse en la palestra o gimansio. De esta forma protegían su piel del sol y la hidrataban. Tras el entrenamiento se limpiaban el cuerpo con un estrígilo, una herramienta curvada de bronce que les permitía quitarse la capa de aceite, polvo y sudor acumulada. Aunque cueste creerlo, esta mezcla era muy cotizada y los directores de los gimnasios la vendían para usos medicinales. Como explicaba Plinio, “es conocido que los magistrados que estaban a su cargo [de la palestra] llegaron a vender las raspaduras del aceite a ochenta mil sestercios”. El equipo del deportista incluía, por tanto, uno o varios estrígilos y un pequeño frasco, también de bronce o vidrio, donde guardar el aceite.

No sólo los deportistas lo utilizaban; el aceite también se aplicaba como un hidratante corporal y como ungüento para curar heridas. En medicina podía usarse solo o como excipiente, y se prescribía para tratar úlceras, calmar los cólicos o bajar la fiebre. Los unguenta, modalidad de aceite perfumado asociado con la cosmética y la perfumería, se extendieron entre la sociedad romana a partir del siglo II a.C. No sólo tenían como base el aceite de oliva, sino que también podían emplear otras modalidades como el aceite de almendra, de laurel, de nueces o de rosas. A los difuntos también se los ungía con estos aceites perfumados, de ahí que los pequeños ungüentarios de vidrio fueran un objeto habitual en los ajuares funerarios.

 

Recogida de la aceituna. Museo Arqueológico, Córdoba. Dieta de olivas. Las aceitunas eran un alimento muy difundido en Roma. En su tratado sobre las labores agrícolas, Catón el Viejo recomendaba a los terratenientes conservar las olivas que caían espontáneamente del árbol y usarlas como alimento de los esclavos. Foto: Prisma / Album

 

Ánforas especiales. Para comercializar y transportar el aceite se usaban ánforas. En el caso de la Bética, se empleaba un tipo de ánfora olearia llamada Dressel 20 (como la de la imagen), caracterizada por su forma globular y cuello corto, menos estilizada que las usadas para el vino o las salazones de pescado. Se han localizado cerca de un centenar de alfares a orillas del Genil y Guadalquivir. Foto: Prisma archivo

 

Mosaico del siglo III. Dos esclavos manejan una  prensa para machacar las aceitunas. Museo de Saint-Romain-en-Laye. Foto: Dea / Scala, Firenze

 

Bronce del siglo I. Lucerna en forma de máscara de comedia. Las lucernas eran huecas y se llenaban con aceite de mala calidad que empapaba una mecha. Museo de Rabat. Foto: Dea / Album

 

NATIONAL GEOGRAPHIC

SEXTO DÍA DEL DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!:
ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos:
fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo:
inflama mi voluntad…
He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo:
después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!,
no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo,
Espíritu de gozo y de paz!:
quiero lo que quieras, quiero porque quieres,
quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este 6º día

Dar a conocer el camino de la correspondencia a la acción del Espíritu Santo

Veo todas las incidencias de la vida —las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de las historia— como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras y con nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos.

Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio.

No es verdad que toda la gente de hoy —así, en general y en bloque— esté cerrada, o permanezca indiferente, a lo que la fe cristiana enseña sobre el destino y el ser del hombre; no es cierto que los hombres de estos tiempos se ocupen sólo de las cosas de la tierra, y se desinteresen de mirar al cielo.

Aunque no faltan ideologías —y personas que las sustentan— que están cerradas, hay en nuestra época anhelos grandes y actitudes rastreras, heroísmos y cobardías, ilusiones y desengaños; criaturas que sueñan con un mundo nuevo más justo y más humano, y otras que, quizá decepcionadas ante el fracaso de sus primitivos ideales, se refugian en el egoísmo de buscar sólo la propia tranquilidad, o en permanecer inmersas en el error.

A todos esos hombres y a todas esas mujeres, estén donde estén, en sus momentos de exaltación o en sus crisis y derrotas, les hemos de hacer llegar el anuncio solemne y tajante de San Pedro, durante los días que siguieron a la Pentecostés: Jesús es la piedra angular, el Redentor, el todo de nuestra vida, porque fuera de Él no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo,por el cual podamos ser salvos.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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QUINTO DÍA DEL DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte. ¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

 

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte. ¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este día

El Espíritu Santo está en medio de nosotros

Los cristianos llevamos los grandes tesoros de la gracia en vasos de barro; Dios ha confiado sus dones a la frágil y débil libertad humana y, aunque la fuerza del Señor ciertamente nos asiste, nuestra concupiscencia, nuestra comodidad y nuestro orgullo la rechazan a veces y nos llevan a caer en pecado. En muchas ocasiones, desde hace más de un cuarto de siglo, al recitar el Credo y afirmar mi fe en la divinidad de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, añado a pesar de los pesares. Cuando he comentado esa costumbre mía y alguno me pregunta a qué quiero referirme, respondo: a tus pecados y a los míos.

Todo eso es cierto, pero no autoriza en modo alguno a juzgar a la Iglesia de manera humana, sin fe teologal, fijándose únicamente en la mayor o menor cualidad de determinados eclesiásticos o de ciertoscristianos. Proceder así, es quedarse en la superficie. Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria.

Podemos llegar a desconfiar de los hombres, y cada uno está obligado a desconfiar personalmente de sí mismo y a coronar sus jornadas con un mea culpa, con un acto de contrición hondo y sincero. Pero no tenemos derecho a dudar de Dios. Y dudar de la Iglesia, de su origen divino, de la eficacia salvadora de su predicación y de sus sacramentos, es dudar de Dios mismo, es no creer plenamente en la realidad de la venida del Espíritu Santo. Antes de que Cristo fuera crucificado —escribe San Juan Crisóstomo— no había ninguna reconciliación. Y, mientras no hubo reconciliación, no fue enviado el Espíritu Santo… La ausencia del Espíritu Santo era signo de la ira divina. Ahora que lo ves enviado en plenitud, no dudes de la reconciliación. Pero si preguntaron: ¿dóndeestá ahora el Espíritu Santo? Se podía hablar de su presencia cuando ocurrían milagros, cuando eran resucitados los muertos y curados los leprosos. ¿Cómo saber ahora que está de veras presente? No os preocupéis. Os demostraré que el Espíritu Santo está también ahora entre nosotros…

Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos decir: Señor, Jesús, pues nadie puede invocar a Jesús como Señor, si no es en el Espíritu Santo (1 Corintios XII, 3). Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos orar con confianza. Al rezar, en efecto, decimos: Padre nuestro que estás en los cielos (Mateo VI, 9). Si no existiera el Espíritu Santo no podríamos llamar Padre a Dios. ¿Cómo sabemos eso? Porque el apóstol nos enseña: Y, por ser hijos, envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abba, Padre (Gálatas IV, 6).

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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CUARTO DÍA DEL DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte. ¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este día

Nuestra fe en el Espíritu Santo debe ser absoluta

Non est abbreviata manus Domini, no se ha hecho más corta la mano de Dios: no es menos poderoso Dios hoy que en otras épocas, ni menos verdadero su amor por los hombres. Nuestra fe nos enseña que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena.

La acción del Espíritu Santo puede pasarnos inadvertida, porque Dios no nos da a conocer sus planes y porque el pecado del hombre enturbia y obscurece los dones divinos. Pero la fe nos recuerda que el Señor obra constantemente: es Él quien nos ha creado y nos mantiene en el ser; quien, con su gracia, conduce la creación entera hacia la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Por eso, la tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad. Ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos: a los carismas que distribuye, a los movimientos e instituciones que suscita, a los afectos y decisiones que hace nacer en nuestro corazón.

El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es —como dice el himno litúrgico— dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es Él quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno.

Pero esta fe nuestra en el Espíritu Santo ha de ser plena y completa: no es una creencia vaga en su presencia en el mundo, es una aceptación agradecida de los signos y realidades a los que, de una manera especial, ha querido vincular su fuerza. Cuando venga el Espíritu de verdad —anunció Jesús—, me glorificará porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará. El Espíritu Santo es el Espíritu enviado por Cristo, para obrar en nosotros la santificación que Él nos mereció en la tierra.

No puede haber por eso fe en el Espíritu Santo, si no hay fe en Cristo, en la doctrina de Cristo, en los sacramentos de Cristo, en la Iglesia de Cristo. No es coherente con la fe cristiana, no cree verdaderamente en el Espíritu Santo quien no ama a la Iglesia, quien no tiene confianza en ella, quien se complace sólo en señalar las deficiencias y las limitaciones de los que la representan, quien la juzga desde fuera y es incapaz de sentirse hijo suyo.

Me viene a la mente considerar hasta qué punto será extraordinariamente importante y abundantísima la acción del Divino Paráclito, mientras el sacerdote renueva el sacrificio del Calvario, al celebrar la Santa Misa en nuestros altares.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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¿Ha marcado Fátima la historia del siglo XX?

Esta es la pregunta a la que, de algún modo, intenta responder “Fátima. El último misterio”, un documental de Goya Producciones que se ha proyectado recientemente en varias ciudades españolas para favorecer su visibilidad, porque desde el 15 de mayo se puede adquirir en formato DVD

Con este nuevo y meritorio trabajo realizado en tiempo récord, la productora de “Poveda” y de “Luz de Soledad” ha querido sumarse a la celebración del Centenario de la primera aparición de la Virgen en Fátima el 13 de mayo de 1917. Para eludir la convencionalidad que suele imponer el estilo documental, el guión plantea una leve trama situada en la época actual: Mónica (Eva Higueras), una especialista en montaje audiovisual, recibe la oferta de editar un documental sobre las apariciones de la Virgen en Fátima. Aunque su agnosticismo le retrae inicialmente, sus agobios económicos acaban convenciéndola. Mientras va montando las imágenes, no puede evitar el progresivo impacto interior que experimenta. Una influencia que no solo tendrá repercusiones en su propia vida sino también en la su hijo Daniel (Enric Chenoll).

A través de recreaciones, imágenes de archivo y un buen puñado de testimonios, el espectador va conociendo las “extrañas” coincidencias que relacionan Fátima con Rusia, con Polonia y con el Vaticano, en un siglo XX lleno de oscuras sombras: el genocidio armenio, las dos guerras mundiales, las purgas de Stalin, el Holocausto… Los entrevistados –profesores de Historia, mariólogos, periodistas…– opinan sin complejos y con gran libertad; y, desde la perspectiva de la fe, nos van descubriendo las luces que desde Fátima han iluminado estos últimos 100 años.

¿Podría el mensaje de Fátima darnos claves sobre nuestro futuro? ¿Será un futuro de paz? “Lo único que repitió siempre la Virgen en cada una de las seis apariciones fue: rezad el Rosario todos los días”, recuerda uno de los expertos. “Cuando rezamos cambiamos el curso de la historia, y lo que podría parecer un desastre seguro se convierte en un tiempo de paz”, declara otro. Y el recuerdo se nos va enseguida a aquellos tres sencillos pastorcillos de Fátima: dos de ellos, Jacinta y Francisco, fueron  canonizados por el Papa Francisco el 13 de mayo: el día del Centenario de Fátima.

 

Más información del Centenario en fatima17.com

Jesucristo en el cine

TERCER DIA DEL DECENARIO

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte. ¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este día

La Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo, es el Cuerpo Místico de Cristo

Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este o oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso de Cristo. Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran.

Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por Él realizada, es suficiente y sobreabundante.

Dios no quiere esclavos, sino hijos, y respeta nuestra libertad. La salvación continúa y nosotros participamos en ella: es voluntad de Cristo que —según las palabras fuertes de San Pablo— cumplamos en nuestra carne, en nuestra vida, aquello que falta a su pasión, pro Corpore eius, quod est Ecclesia, en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia.

Vale la pena jugarse la vida, entregarse por entero, para corresponder al amor y a la confianza que Dios deposita en nosotros. Vale la pena, ante todo, que nos decidamos a tomar en serio nuestra fe cristiana. Al recitar el Credo, profesamos creer en Dios Padre todopoderoso, en su Hijo Jesucristo que murió y fue resucitado, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Confesamos que la Iglesia, una santa, católica y apostólica, es el cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Nos alegramos ante la remisión de los pecados, y ante la esperanza de la resurrección futura. Pero, esas verdades ¿penetran hasta lo hondo del corazón o se quedan quizá en los labios? El mensaje divino de victoria, de alegría y de paz de la Pentecostés debe ser el fundamento inquebrantable en el modo de pensar, de reaccionar y de vivir de todo cristiano.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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REFERENCIAS:
(1) Oración de San Josemaría Escrivá al Espíritu
Santo.
(2) Extracto de la homilía “El Gran Desconocido” de
San Josemaría Escrivá.
(3) Secuencia de la Misa de Pentecostés

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