Consiste en el anuncio de Jesucristo

El anuncio de Jesucristo abarca la fe en Dios único, creador del mundo y del hombre, y protagonista principal de la historia de la salvación.

El mensaje cristiano anuncia que con Jesucristo se ha realizado en plenitud la revelación de Dios al hombre: “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gal 4,4-5). Jesús revela quien es Dios de una manera nueva y más profunda que la que tenía el pueblo de Israel; revela a Dios como su Padre de forma única hasta llegar a decir: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10,30). Apoyándose en las enseñanzas de los Apóstoles la Iglesia anuncia a Jesucristo como Hijo de Dios y verdadero Dios de la misma naturaleza que el Padre.

Jesús actuó durante su vida en la tierra con el poder de Dios y del Espíritu de Dios que estaba en Él (Lc 4,18-21), y además prometió enviar el Espíritu después de su resurrección y glorificación junto al Padre (Jn 14,16; et.). Cuando los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés comprendieron que Jesús había cumplido su promesa desde el cielo, y experimentaron su fuerza transformadora. El Espíritu Santo continúa vivificando a la Iglesia como su alma. El mensaje cristiano incluye por tanto al Espíritu Santo, verdadero Dios y la tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Gonzalo Aranda

 

El Papa Francisco sigue difundiendo por el mundo la alegría de la fe

Después de “Evangelii Gaudium”, “Laudato Si” y “Amoris Laetitia” llega hoy “Gaudete et Exsultate”, siempre con la alegría en el título. 

Francisco dedica la nueva Exhortación Apostólica a la santidad en nuestro mundo. El Papa anima a ir contracorriente viviendo las Bienaventuranzas (el “protocolo” y el “carnet de identidad”); alerta sobre los peligros de nuevas formas de aquel gnosticismo y pelagianismo que los primeros cristianos afrontaron y exhorta decididamente al combate, la vigilancia y el discernimiento.

En este post recogemos 25 frases que reflejan el empuje y estilo de este texto memorable, con la esperanza de que sirvan como estímulo para la lectura completa de este nuevo tesoro que Francisco entrega a la Iglesia del s. XXI.

La Gaudete et Exsultate en 15 frases que te harán pensar

  1. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada (n. 1).

  2. Lo que quisiera recordar con esta Exhortación es sobre todo el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, ese llamado que te dirige también a ti (n. 10).

  3. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales (n. 14).

  4. Las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive. ¿Cómo no reconocer entonces que necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios? (n. 29).

  5. No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó (n. 32)

  6. No tengas miedo de apuntar más alto. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos» (León Bloy) (n. 34).

  7. Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida (n. 42).

  8. La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa (n. 52).

  9. «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas (n. 63).

  10. Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades (n. 94).

  11. Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre. ¡Eso es ser cristianos! (n. 98)

  12. El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada. También el consumo de información superficial y las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor de atontamiento que se lleva todo nuestro tiempo y nos aleja de la carne sufriente de los hermanos (n. 108).

  13. No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones. Es también una lucha constante contra el diablo. Jesús mismo festeja nuestras victorias (n. 159).

  14. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento (n. 167).

  15. Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña (n. 176).

 

Más en:

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html

 

"Se debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe"

Benedicto XVI recuerda que la propia inteligencia no basta para hacer teología: Propone como modelo a san Anselmo de Canterbury, “doctor magnífico” de la Iglesia

CIUDAD DEL VATICANO

San Anselmo, nacido en 1033 (o a principios del 1034), en Aosta, en plenos Alpes italianos, explicó el Papa, "cultivó un intenso deseo de profundizar en los misterios divinos, en la plena conciencia sin embargo de que el camino de búsqueda de Dios nunca se concluye, al menos en esta tierra".

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Benedicto XVI afirmó el miércoles 23 de septiembre de 2009, durante la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano, que un verdadero teólogo "no puede contar sólo con su inteligencia, sino que debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe".

El Papa dedicó su catequesis a la figura de uno de los más grandes pensadores medievales, san Anselmo de Canterbury (o de Aosta), fundador de la teología escolástica, que ha pasado a la historia como el "doctor magnífico" en la tradición cristiana.

"Él afirma claramente que quien pretende hacer teología no puede contar sólo con su inteligencia, sino que debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe", explicó.

El Papa recordó los tres estadios de la teología propuestos por san Anselmo siguen siendo plenamente válidos hoy "para una investigación teológica sana y para quien quiera profundizar en las verdades de la fe".

Estos son: la fe, "don gratuito de Dios que hay que acoger con humildad", la experiencia"que consiste en la encarnación de la palabra de Dios en la propia existencia cotidiana" y por último "el verdadero conocimiento, que nunca es fruto de razonamientos asépticos, sino de una intuición contemplativa".

 

 

Citó las propias palabras del santo al respecto: "No pretendo, Señor, penetrar en tu profundidad, porque no puedo siquiera desde lejos confrontar con ella mi intelecto; pero deseo entender, al menos hasta cierto punto, tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco entender para creer, sino que creo para entender".

El Papa auguró que "el amor por la verdad y la sed constante de Dios, que han marcado la existencia entera de san Anselmo, sean un estímulo para todo cristianopara buscar sin cansarse nunca una unión cada vez más íntima con Cristo".

El Papa destacó también la valentía de Anselmo, que como arzobispo de Canterbury debió enfrentarse a Guillermo el Rojo y a Enrique I de Inglaterra para defender la libertad de la Iglesia, a costa de sufrir el destierro.

En este sentido, animó a los obispos, a los consagrados y a los laicos, a que tomen por guía "el celo lleno de valentía que distinguió la acción pastoral" del santo, la cual "le procuró entonces incomprensiones, amargura y finalmente el exilio",

"Que sea un ánimo para todos los fieles a amar a la Iglesia de Cristo, a rezar, a trabajar y a sufrir por ella, sin abandonarla nunca o traicionarla", auguró el Papa.

Insigne teólogo y educador

Destacó también su faceta de educador, especialmente de los jóvenes, a quienes prefería persuadir antes que imponer su autoridad.

"Monje de intensa vida espiritual, excelente educador de jóvenes, teólogo con una extraordinaria capacidad especulativa, sabio hombre de gobierno e intransigente defensor de la libertas Ecclesiae, de la libertad de de la Iglesia".

"Es una de las personalidades eminentes de la Edad Media, que supo armonizar todas estas cualidades gracias a una profunda experiencia mística que guió siempre su pensamiento y su acción", añadió.

El santo doctor de la Iglesia, conocido como Anselmo de Aosta, de Bec y de Canterbury, fue educado por los benedictinos, a los que quiso pertenecer ya a los 15 años, lo que impidió a toda costa su padre.

Tras una juventud disipada, entró en el monasterio de Bec (Francia), atraído por la sabiduría de su abad, Lanfranco de Pavía, a quien sustituyó tres años después. Allí se dedicó fundamentalmente a enseñar en la escuela claustral.

De allí, a petición de Lanfranco, que había sido nombrado arzobispo de Canterbury, pasó a Inglaterra, donde se dedicó también a enseñar. A la muerte de éste, fue elegido como nuevo arzobispo, en 1093.

Desde ese momento, tuvo que sostener una fuerte lucha con los reyes ingleses, Guillermo el Rojo (o el Conquistador) y Enrique I, por la cuestión de las investiduras y la custodia de los bienes de la Iglesia. Esta actitud le costó un exilio de tres años, hasta que la situación se resolvió. Vuelto a Canterbury en 1106, dedicó sus últimos años al quehacer teológico, hasta su muerte, el 21 de abril de 1109.

 

TESOROS DE ROMA  -  EL COLISEO

ANFITEATRO FLAVIO

«Trágico y glorioso monumento de la Roma imperial, testigo mudo del poder y del dominio, memorial mudo de vida y de muerte, donde parecen resonar, casi como un eco interminable, gritos de sangre (cfr. Jn 4,10) y palabras que imploran concordia y perdón» (Juan Pablo II).


Grandiosidad y crueldad

El Anfiteatro Flavio, que era su nombre original, refleja a la perfección el genio romano, capaz de acometer empresas de gran envergadura cuidando a la vez hasta los menores detalles prácticos.

Todo en esta construcción estaba pensado para que sus enormes dimensiones y su solidez no fuesen en detrimento ni de la belleza ni de la funcionalidad. El equilibrio arquitectónico se logró gracias a los tres pisos de arcadas, en los que se distribuyeron sabiamente los espacios para dar sensación de ligereza.

El sentido práctico estaba presente en multitud de aspectos: en los accesos, con más de ochenta puertas que permitían llenar y vaciar el anfiteatro en pocos minutos; en la distribución de los asientos, calculada para que desde cada uno de los cincuenta mil puestos pudiera verse perfectamente la arena; en el sistema de toldos que protegían a la multitud del sol y de la lluvia, y que eran extendidos por un equipo de cien soldados de la marina; en la compleja red de subterráneos, donde había ascensores de poleas para izar a los combatientes y a las fieras...

Se tardó ocho años en levantar este grandioso edificio, empleando en el trabajo a unos doce mil esclavos; en su mayoría eran hebreos, hechos prisioneros por Tito después de la destrucción de Jerusalén, en el año 70. Elnuevo Amphitheatrum fue inaugurado en el año 80, con un programa de espectáculos y festejos que duró cien días: fallecieron en la arena centenares de gladiadores, y murieron unos cinco mil animales salvajes. También por entonces se celebraron las primeras naumachiae, combates navales que se realizaban inundando el interior y que, por su novedad, debieron de impresionar vivamente a los romanos.

Los sucesivos emperadores compitieron para ofrecer al pueblo espectáculos cada año más aparatosos. Séneca ya se había lamentado en el pasado de la espiral de violencia e inhumanidad a la que conducía este tipo de entretenimientos. El pueblo pedía sensaciones cada vez más fuertes, porque sólo le interesaba la sangre, el puro homicidio y las matanzas, cuanto más crueles y sofisticadas mejor.

En ese contexto, las ejecuciones de los condenados no resultaban demasiado interesantes para el público, ya que los indefensos reos apenas presentaban resistencia a los verdugos o las fieras. Por eso se llevaban a cabo a última hora de la mañana, como intermedio entre las luchas de gladiadores que se habían visto hasta ese momento y las que se tendrían por la tarde. Muchos de esos condenados, que perdían su vida ante espectadores embrutecidos y con frecuencia indiferentes, eran cristianos.

Aunque también el Circo Máximo, el Circo de Nerón y otros lugares de la Urbe fueron escenario de la muerte de muchos cristianos, en 1749 el Papa Benedicto XIV consagró el Coliseo como lugar santo en memoria de la Pasión de Cristo y de los sufrimientos de los mártires. Ese mismo año, hizo colocar alrededor de la arena las estaciones del Vía Crucis.

Un martirio insigne inAmphitheatrum

 

Un ejemplo conmovedor de cómo afrontaban el martirio los primeros cristianos nos lo ha dejado San Ignacio de Antioquía, muerto en tiempos del emperador Trajano. Convertido del paganismo, Ignacio fue el segundo sucesor de San Pedro en la sede episcopal de Antioquía. El año 107 fue detenido, condenado adbelvas -a las fieras- y enviado a Roma bajo custodia militar para cumplir allí su pena.

Del largo viaje desde Siria a la capital del Imperio conocemos bastantes detalles por el historiador Eusebio de Cesarea y, sobre todo, gracias a las siete cartas que el mismo San Ignacio escribió a las Iglesias de otras tantas ciudades para fortalecerles en la fe y prevenirles ante las herejías gnósticas, que por entonces empezaban a extenderse.

Todas las cartas empiezan con el saludo de Ignacio, llamado también Teoforo, portador de Dios.

Muy lleno de Dios iba San Ignacio, como refleja el tono de gozo que tienen sus cartas: cordialmente en Jesucristo y en una alegría inmaculada..., son las palabras con que saluda a los efesios; desea a los de Magnesia una sobreabundante alegría en Dios Padre y en Jesucristo; y a los filadelfios les manda un saludo en la sangre de Jesucristo, que es alegría eterna y constante...

Las razones de su felicidad eran totalmente sobrenaturales, ya que el futuro mártir conocía lo que le aguardaba; y los esbirros que le conducían no destacaban precisamente porsu delicadeza: desde Siria hasta Roma, escribe, voy luchando con las fieras, por tierra y mar, de día y de noche, encadenado a diez leopardos, esto es, a un pelotón de soldados. Éstos, a pesar del bien quereciben, se hacen peores. Con sus malos tratos voy siendo más discípulo [de Cristo].

 

 

San Ignacio se gozaba de compartir la Cruz de Jesús, y tenía el deseo ardiente de que su identificación con Nuestro Señor se completase con el martirio. Por eso, ruega a los cristianos que no intercedan por él ante las autoridades y expresa su deseo de que las fieras se lancen a devorarle rápidamente: no me vaya a suceder, dice, como algunos a los que, acobardadas, no tocaron. Eran famosos algunos casos en que los animales hambrientos no habían atacado a los cristianos o incluso se habían echado mansamente a sus pies, ante el asombro de los espectadores. Según antiguas tradiciones, así sucedió a Santa Martina, San Alejandro y San Marino, entre otros santos.

El obispo de Antioquía fue arrojado a los leones in Amphitheatrum. Así vio cumplido su anhelo: Soy trigo de Dios, y es preciso que sea molido por los dientes de las fieras, para convertirme en pan inmaculado de Cristo.

Después del horrible espectáculo, los cristianos lograron rescatar algunos huesos del mártir, los custodiaron con veneración y más tarde los enviaron a Antioquía: vosotros habéis gozado de su episcopado -decía San Juan Crisóstomo a los fieles de la ciudad siria- y los romanos han admirado su martirio. El Señor os ha quitado por poco tiempo este precioso tesoro para mostrarlo a los romanos, y os lo ha devuelto con gloria mayor.

En el siglo VII, sin embargo, a causa de las invasiones sarracenas, las reliquias fueron trasladadas de nuevo a Roma, y hoy reposan en la iglesia de San Clemente. Allí se puede acudir ahora para, siguiendo un consejo del Crisóstomo, sacar frutos espirituales de estos sagrados restos, ya que son como un tesoro del que se puede tomar parte sin que nunca se agote.

 

SAN SOTERO Papa y mártir

(? 175)  -  22 de abril

Muy pocas noticias conocemos sobre la vida y el pontificado del papa San Sotero (166-175). Las principales son las contenidas en el Liber Pontificalis y en la Historia Eclesiástica, de Eusebio. Pero lo poco que conocemos, unido al fondo de la situación eclesiástica de aquel tiempo, nos permite reconocer en este Papa a uno de los más típicos representantes del siglo II.

Era originario de Fondi, en la Campania, e hijo de Concordio. A la muerte del papa Aniceto, el año 165, le sucedió en el trono pontificio, en un tiempo en que la Iglesia se debatía contra diversas clases de enemigos. El Liber Pontificalis nos da de él dos noticias en particular: en la primera nos comunica que prohibió a las mujeres tocar los sagrados corporales y quemar incienso en las congregaciones de los fieles. La segunda nos refiere su actividad, que podemos llamar jerárquica, con la ordenación de un buen número de sacerdotes y diáconos y once obispos, destinados a diversos territorios. Por lo que a esto último se refiere, se deduce claramente de aquí la actividad de este Papa en el desarrollo creciente de la Iglesia. Lo primero nos presenta un lado muy característico de este pontificado, que es su decidida intervención frente a las herejías del tiempo, pues claramente se ve que, por la limitación de la intervención de las mujeres en los ministerios litúrgicos, trataba de oponerse al montanismo, entonces en su apogeo, que daba a las mujeres excesiva participación en las cosas de la Iglesia.

Efectivamente, durante el pontificado de San Sotero tuvo en el Oriente mucha resonancia el movimiento herético promovido por Montano, quien anunciaba como próximo el fin del mundo. En consecuencia, debían todos prepararse con una vida perfecta y con rigurosa penitencia. Para ello prescribía una serie de ayunos y proclamaba algunos principios extremadamente rigoristas, sobre todo que debían vivir una vida pura y sin pecado, pues si cometían alguno, sobre todo de los más graves, no podrían obtener el perdón, ya que los pecados más graves son imperdonables, pues la Iglesia no tiene poder para perdonarlos. Esto es lo que constituye la base de aquel rigorismo exagerado, defendido poco después por Tertuliano y sobre todo por Novaciano.

Ahora bien, para la propaganda de esta ideología rigorista utilizó Montano la colaboración de dos mujeres muy influyentes, Maximila y Priscila, y en general, siendo las mujeres más asequibles a este género de predicación, les dio una intensa participación en las cosas de la liturgia, en franca oposición con las antiguas enseñanzas y prácticas de la Iglesia.
Frente a toda esta tendencia rigorista, que sembraba la confusión, el pesimismo y la angustia entre los fieles y estaba en franca oposición con la doctrina del Evangelio y de la Iglesia, que no ponen limitación ninguna al poder de perdonar los pecados, procedieron con energía los Romanos Pontífices. El papa San Sotero fue el primero que tuvo que hacer frente a esta ideología. Así, por lo que se refiere al rigorismo exagerado y al principio de la imperdonabilidad de los pecados graves, insistió en la doctrina tradicional de la Iglesia. Y en lo tocante a la excesiva intervención de las mujeres en la liturgia, publicó las prescripciones indicadas por el Liber Pontificalis.

Todo esto es claro indicio del espíritu eclesiástico de nuestro Santo y de su empeño en defender con toda energía el tesoro de la doctrina católica que la Providencia le había encomendado, El historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesarea, nos expone otro lado muy característico de la actividad del papa Sotero. Es su espíritu de caridad para con los pobres y necesitados, y los esfuerzos que puso durante su gobierno en socorrerlos y ayudarlos por todos los medios posibles. En esto no hizo otra cosa que continuar la tradición de la primera Iglesia del tiempo de los apóstoles, en la que sabemos que reinaba la más pura caridad y unión de unos con otros, y se pudo decir, por una parte, que todos eran "un corazón y un alma", y, por otra, que "todas las cosas era comunes", y, en consecuencia, que ponían sus cosas a los pies de los apóstoles, para que se distribuyeran entre los necesitados.

Siguiendo, pues, tan preciosos ejemplos San Sotero se distinguió por este espíritu de caridad. De ello es testimonio fidedigno un fragmento de una carta a los romanos escrita por el obispo de Corinto, Dionisio, y transmitido por Eusebio en su Historia. "Desde los principios ?dice- de la religión vosotros introdujisteis la costumbre de llenar de varios beneficios a vuestros hermanos y de enviar los necesarios socorros y medios de vida a muchas iglesias establecidas en cada ciudad. Así vosotros remediáis la pobreza de los necesitados y suministráis lo necesario a los hermanos que trabajan en las minas, conservando, como buenos romanos, las costumbres romanas de vuestros mayores. Y vuestro obispo Sotero no sólo conservó esta costumbre, sino que aún la mejoró, suministrando abundantes limosnas, así como consolando a los infelices hermanos con santas palabras y tratándolos como un padre trata a sus hijos."

No conocemos cómo respondió Sotero a esta cariñosa carta del obispo de Corinto a los romanos. En cambio, sabemos que esta respuesta fue leída con particular respeto y veneración en la iglesia de Corinto, según testifica el mismo Dionisio, es decir, "como lo han hecho con la carta de Clemente". Precioso testimonio de cómo en este tiempo era respetado en las iglesias particulares el obispo de Roma y cómo el Primado Romano estaba en pleno ejercicio. "De este modo ?termina el obispo de Corinto? haremos acopio de las mejores lecciones."

Por otro lado, como el gobierno de San Sotero cae de lleno dentro del reinado de Marco Aurelio (161-180), él fue testigo de los diversos chispazos de persecución de este tiempo, que dieron ocasión a algunos insignes martirios. A ellos pertenecen, entre otros, el martirio del gran apologeta San Justino, denominado el Filósofo, y sobre todo el de los mártires de Lyon y Vienne, el obispo San Potino, los diáconos Santo y Atalo, la esclava Blandina, que, haciendo escarnio a su nombre, fue un ejemplo sublime de fortaleza; el niño Póntico y otros cuarenta. También Sotero, según refiere la tradición, fue víctima de esta persecución, aunque no se conoce ningún detalle de su martirio. Los martirológios más antiguos incluyen su nombre entre los mártires, el día 22 de abril. Semejante oscuridad reina respecto del lugar de su sepultura.

Algunos le suponen autor de una carta sobre la Encarnación. Pero la crítica no la reconoce como auténtica. Menos consistencia tiene todavía la noticia que le hace autor de un Tratado contra Montano. En cambio, todos están conformes en ponderar su entereza y energía en la defensa de la verdad y de la tradición católica, su eximia caridad con los necesitados y la extraordinaria santidad de su vida.

BERNARDINO LLORCA, S. I.

Cristianos: Así fueron ejecutados en Roma por su fe

Un ensayo ahonda en las terribles persecuciones que sufrieron los adeptos a la fe de Cristo bajo el imperio romano. Un episodio histórico que ha dado lugar a leyendas y que ahora describe cómo fue realmente más allá del cine

La sangre [de los mártires] –escribía Tertuliano en el año 197 (Apol. 50)– es semilla de los cristianos». Y, en efecto, las persecuciones decretadas por diversos emperadores romanos, desde Nerón a Galerio, tuvieron un efecto contraproducente para el Imperio, que pretendía erradicar lo que entendía como una superstición dañina para el estado. Fue más bien el uso propagandístico de las persecuciones, sobre las que hay una encendida discusión historiográfica desde hace decenios, la que más contribuyó a capitalizar el martirio. Aunque no cabe dudar que lo hubo, conviene estudiar ante todo las fuentes jurídicas e históricas que permiten comprender sus dimensiones, más allá de la avalancha de literatura hagiográfica posterior, con muchas leyendas –como la de Sta. Catalina de Alejandría, por ejemplo– totalmente ahistóricas. Hay que tratar de relativizar los lugares comunes que los apologetas difundieron y establecieron como verdades incuestionables sobre la irracional crueldad del Imperio romano y sobre la muerte de decenas de miles de cristianos hasta la «conversión» y el famoso Edicto de 313 –otros tópicos muy disputados– de Constantino. Un ejemplo de este debate es el libro de R. González Salinero, «Las persecuciones contra los cristianos en el Imperio Romano» (Signifer, Madrid), que pone en tela de juicio a fuentes como el citado Tertuliano o Eusebio de Cesarea y duda sobre los tópicos. Acaso el número total de martirizados sea mucho menor de lo estimado, según los expertos, y se reduzca a unas mil o dos mil personas.

Seguramente muchos cristianos se apartaron de la fe con tal de conservar su vida y sus bienes y el Estado romano no se ensañó por motivos religiosos y fanáticos, sino por temas de orden político y social: los cristianos eran un peligro para la religión de estado. Como muestran recientes debates sobre un posible fundamentalismo romano (el libro editado por Pedro Barceló, «Religiöser Fundamentalismus in der römischen Kaiserzeit»), el estado romano solo legisló agresivamente contra grupos religiosos que, como los maniqueos o los cristianos en época imperial –o los tíasos dionisíacos en época republicana–, suponían un peligro sociopolítico.

Crueldad y ejecuciones

Pero no cabe dudar sobre la realidad histórica de las persecuciones en aquellos primeros siglos del cristianismo que fueron glosados por los historiadores eclesiásticos, como Lactancio, Eusebio o Sócrates. Pese al uso que se haría luego en leyendas áureas de muy dudosa historicidad y que, como el comercio de reliquias, se desarrollaron sobre todo a partir del establecimiento del cristianismo en religión oficial del Imperio, sobre todo a partir del siglo IV con Teodosio, puede afirmarse que la extrema crueldad de suplicios y ejecuciones dejaron una huella muy profunda en la historia antigua de las mentalidades. Es la época en la que, merced al cristianismo, el prestigio social de la santidad, de los pobres y los mártires había desplazado al de los grandes generales y también al de los oradores y filósofos. Con todo, la historia de las persecuciones es todo menos unívoca y ha de ser estudiada de forma muy matizada.

A ello viene a contribuir ahora una excelente monografía titulada «La ejecución de los Mártires cristianos en el Imperio Romano» (CEPOAT, Murcia).

Su autora es M.ª Amparo Mateo Donet, profesora de Historia Antigua en la Universidad de Valencia. Ella ha realizado una magnífica síntesis histórica y jurídica de los diversos castigos, suplicios y ejecuciones que se llevaron a cabo contra los cristianos. Comienza por estudiar con detalle la tradición de la pena capital en la prolija legislación romana, con especial énfasis en los procedimientos de ejecuciones comunes: la cruz, la cremación y la «damnatio ad bestias». El estudio de la muerte por crucifixión, que implicaba una brutal agonía, permite entender bien todo el profundo simbolismo que para los cristianos tuvo la «muerte de cruz» que sufrió el propio Cristo y en la que se resume gran parte de la teología del Dios hecho hombre para sufrir por los hombres.

Las ejecuciones usuales para los criminales condenados a muerte se utilizaron contra los cristianos por el mero hecho de serlo y no renegar de su fe, pero incluso en esta situación se notaba la fuerte estratificación social, en dos pirámides sociales y en «ordines» de la sociedad romana, pues, como se estudia también en el libro, los privilegiados tenían derecho legalmente a suplicios y ejecuciones especiales, muy notablemente la decapitación, que permitía ahorrar muchos sufrimientos, como es comprensible, o el exilio, entre otros castigos a quienes pertenecían al estamento militar.

A continuación se analizan las condenas con muerte indirecta y las ordalías, que dieron lugar a historias de santidad y martirio en la literatura hagiográfica. Había condenas a trabajos forzados, entre las primeras, a las minas o las galeras, que a menudo implicaban una muerte cierta, y otro tipo de castigos por precipitación, inmersión o por enterramiento en vida, entre otras muchos sofisticados suplicios que pretendían provocar la falta de fe de otros creyentes al ver que el Dios cristiano era incapaz de salvar a sus adeptos. El libro contiene unas buenas vistas a todo lo que se refiere a los aspectos legales de las ejecuciones de los cristianos, desde las medidas auxiliares en el desarrollo de los juicios a las penas complementarias, con un útil resumen de los puntos esenciales que el derecho romano establecía para los procesos a los mártires cristianos. Todo ello convierte a esta obra en un tratamiento completo y exhaustivo que, proporcionando un panorama de la investigación, viene casi a agotar la cuestión.

Una herramienta poderosa

Al final queda pendiente una pregunta, la esencial y la que se hacen casi todos cuando sale este tema: ¿lograron estas persecuciones su propósito o, como decía Tertuliano, fomentaron la difusión de la «semilla» del cristianismo? Como apunta a lo largo de su ensayoesta investigadora, el resultado fue bastante ambivalente: «El martirio proporcionó a los cristianos una poderosa herramienta ideológica desde el momento en que el proceso genera una propaganda que crece y se difunde entre los creyentes y los posibles futuros creyentes, que impacta en la sociedad y ofrece un modelo de comportamiento. […]. ¿Consiguieron los Emperadores que el mensaje que intentaban transmitir calara en la población? Probablemente no, porque los martirios continuaron y el cristianismo se extendió. No obstante, en parte debió servirles para algo, puesto que también hubo muchos casos de apostasía y de ocultación» (pág. 243).

Así, puede entenderse que, con el pasar del tiempo, pese a los esfuerzos del estado romano en suprimir a lo que en principio fue un grupo minoritario, finalmente el cambio de las mentalidades y las transformaciones del final de la antigüedad conllevaran el definitivo triunfo del cristianismo.

Como Tertuliano, ya lo advertía la estupenda Epístola a Diogneto, una carta apologética del siglo II dirigida a un pagano, cuando el anónimo autor le pregunta: «¿No ves cómo los cristianos son arrojados a las fieras para obligarlos a renegar, y no son vencidos? ¿No ves que, cuanto más se los castiga, en mayor cantidad aparecen otros?» (7, 7-8). El cambio histórico acaso más radical de la antigüedad se estaba produciendo irremediablemente.

https://www.larazon.es

¿Sabes quién era San Apolo? - Su fiesta se celebra el 21 de abril

“Fue muy útil a aquellos que por obra de la gracia se convirtieron en creyentes”. (San Lucas).

Apolo (en griego Απόλλων) es una divinidad de la antigua religión griega, dios de la medicina, de la música y de la profecía, que también fue venerado en la religión romana. Cuando se piensa en este nombre, hoy en desuso en la anagrafía, se piensa en el dios grecorromano. La tradición cristiana recuerda algunos Santos de nombre Apolo, entre los cuales está el gran colaborador de San Pablo.

Escuchemos la catequesis de SS. Benedicto XVI en la cual, el 31 de enero de 2007, presentaba a la audiencia general del miércoles algunos colaboradores de San Pablo: Bernabé, Silvano y Apolo: “Queridos hermanos y hermanas: siguiendo con nuestro viaje entre los protagonistas de los orígenes cristianos, dedicamos hoy nuestra atención a algunos otros colaboradores de San Pablo. Debemos reconocer que el Apóstol es un ejemplo elocuente de hombre abierto a la colaboración: en la Iglesia él no quiso hacerlo todo solo, sino que tuvo muchos y diversos colegas. No podemos referirnos a todos estos preciosos ayudantes, porque son muchos. Basta recordar, entre otros, a Epafras (cfr Col 1,7; 4,12; Fm 23), Epafrodito (cfr Fil 2,25; 4,18), Tíquico (cfr At 20,4; Ef 6,21; Col 4,7; 2 Tm 4,12; Tt 3,12), Urbano (cfr Rm 16,9), Cayo y Aristarco (cfr At 19,29; 20,4; 27,2; Col 4,10). Y mujeres como Febe (cfr Rm 16, 1), Trifena y Trifosa (cfr Rm 16, 12), Pérside, la madre de Rufo — del la cual San Pablo dice: “También es mi madre” (cfr Rm 16, 12-13) — y no olvidemos a cónyugues como Prisca y Aquila (cfr Rm 16, 3; 1Cor 16, 19; 2Tm 4, 19). Hoy, entre esta gran lista de colaboradores y colaboradoras de San Pablo, dirigimos nuestro interés a tres de estas personas, que han desarrollado un papel particularmente significativo en la evangelización de los orígenes: Bernabé, Silvano y Apolo.

Apolo, "hombre culto" y "gran conocedor de las Escrituras" predicó en Efeso y Corinto, pero su éxito en esa ciudad tuvo "una faceta problemática, ya que en su nombre  algunos miembros de esa Iglesia, fascinados por su forma de hablar se oponían a los demás".

"Pablo (...) expresa aprecio por la obra de Apolo pero reprocha a los corintios (...)su división" y "aprende una enseñanza importante de todo el caso. Tanto yo como Apolo, escribe, no somos más que (...) simples ministros, a través de los cuales habéis llegado a la fe (...) Cada uno tiene una tarea diferente en el campo del Señor".

"También hoy estas palabras son válidas para todos tanto para el Papa como para los cardenales, los obispos, los sacerdotes y los laicos, somos solamente humildes ministros de Jesús  servimos al Evangelio como podemos, es decir, según nuestros dones y rezamos para que haga crecer su Evangelio, su Iglesia".

 

El viejo continente necesita recuperar la savia cristiana de sus raíces

Europa, tierra de misión

Artículo de Salvador Bernal

Comencé a escribir estas líneas en la fiesta de santa Brígida de Suecia, una mujer de características singulares y de enorme actualidad por la conexión que realizó desde la periferia, el norte de Europa, con Roma, en pleno y agitado siglo XIV, con los Papas aún en Avignon. Se comprende que Juan Pablo II la nombrara copatrona de Europa, con santa Catalina de Siena y santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein).

Bien necesita el viejo continente recuperar la savia cristiana de sus raíces después de siglos de creciente deterioro. Me parece recordar —cito de memoria que Alain Touraine dictó la conferencia de apertura del Congreso Mundial de Sociología que se celebró en Madrid hace veinte años. Hablaba de tradición y modernidad, pero venía a decir que la reiterada contraposición entre Ilustración y tradición celaba en el fondo la animadversión del racionalismo hacia la religión.

Se prometía que la liberación del dogmatismo religioso daría paso a una nueva época de prosperidad, progreso y paz, siempre con base en la ciencia y en la libertad. Pero el siglo XX se encargó de alumbrar los dos absolutismos quizá más letales de la historia: el comunismo y el nazismo. Se comprende el posterior desencanto que llevó hacia el pensamiento débil de la cultura postmoderna, que debía arrumbar al fin los absolutos.

Pero fue penetrando poco a poco, como señaló claramente en su día Allan Bloom, la dictadura de lo políticamente correcto, que es cada vez más lo socialmente impuesto. Se entremezcló pronto con los fundamentalismos, tanto el laicista heredero de la modernidad, como el más peligroso del islamismo. En ese contexto, Europa comenzó cierto declive intelectual del que no se ha recuperado.

Hace falta, por tanto, una renovación del pensamiento, mucho más allá de exabruptos a lo Oriana Fallaci, comprensibles, pero imposibles de compartir. En cambio, el magisterio de Gaudium et Spes, convenientemente desarrollado por Juan Pablo II y Benedicto XVI, ofrece inspiraciones abundantes y profundas para reanudar el camino con bases más firmes.

Me parece que ese es el contexto del importante anuncio que hizo el 28 de junio de 2012 el Papa Benedicto XVI, en la Basílica de San Pablo Extramuros, durante las vísperas de los santos Pedro y Pablo: "he decidido crear un nuevo organismo, en la forma de "Consejo Pontificio", con la tarea principal de promover una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe y están presentes Iglesias de antigua fundación, pero que están viviendo una progresiva secularización de la sociedad y una especie de "eclipse del sentido de Dios", que constituyen un desafío a encontrar los medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo".

Como repetía Benedicto XVI, "el hombre del tercer milenio desea una vida auténtica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. También en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed de Dios, del Dios vivo". De ahí la responsabilidad de los creyentes, cada uno desde su sitio, de aportar luces nuevas, en la estela de los primeros cristianos.

La novedad, según reitera el Papa, no está tanto en los contenidos, como en el impulso interior, abierto a la gracia del Espíritu Santo. No deberíamos olvidar que lo cansino está del lado de las fuerzas del mal, que se repiten hasta el aburrimiento. En cambio, el Espíritu, como invoca una oración clásica, renueva todas las cosas, también la vida de los cristianos. Les hace capaces de encontrar modalidades que "sean adecuadas a los tiempos y a las situaciones".

No deja de ser significativo que Benedicto XVI anunciara esa decisión en la misma fecha en que Juan Pablo II firmó su Exhortación Apostólica "Ecclesia in Europa", que era un llamamiento, después del anterior Sínodo de Obispos celebrado en Roma, para dar testimonio de Cristo en los países del viejo continente, y ayudar a sus habitantes a recuperar la fe en sus más profundas raíces.

Descubren fresco de Aquiles en la Domus Aurea, el palacio del Emperador Nerón

Hace casi dos mil años estas paredes estaban cubiertas de oro y piedras preciosas. La Domus Aurea, en latín “casa dorada”, era el palacio del Emperador Nerón. Ocupaba 16 mil metros cuadrados y tenía hasta 155 habitaciones. 

ALFONSINA RUSSO
Directora, Parque Arqueológico del Coliseo
“Estaba completamente cubierta de oro, perlas y piedras preciosas. De ahí también su nombre, por la luz que había en ella. Nosotros hoy la vemos oscura pero en los tiempos de Nerón era una domus llena de luz porque la luz que entraba de las ventanas y las puertas hacía reflejo con las piedras, entonces parecía que era dorada”.

Poco a poco los secretos de cada estancia se van desvelando. Esta vez, la elegida ha sido la sala con frescos de Aquiles, uno de los guerreros más importantes de la Ilíada de Homero. Estas obras de arte han resistido el tiempo y regresan al presente.

ALFONSINA RUSSO
Directora, Parque Arqueológico del Coliseo
“Esta intervención ha logrado sacar a la luz las particulares técnicas que se usaron para decorar la bóveda de la sala de Aquiles en Esciro. Una bóveda preciosa en la que se encuentra el episodio de la Ilíada en el que Aquiles se esconde en Esciro gracias a su madre, Teti, para evitar su propia muerte en la guerra de Troya. Ha sido posible individuar papel de oro y un azul usado por los egipcios. Particularidades únicas de la decoración en la que no faltaban las piedras preciosas”.

Entre estas paredes, Nerón celebraba grandes fiestas llenas de lujo y personalidades importantes de la época. Fue construida en el 64 d.c. tras el gran incendio de Roma, en tan solo 4 años.

Tras la muerte del Emperador, se edificó sobre la Domus y no fue hasta 1480, en pleno Renacimiento, cuando fue descubierta.

ALFONSINA RUSSO
Directora, Parque Arqueológico del Coliseo
“La Domus Aurea fue descubierta en el Renacimiento. Cuando esto ocurrió, entraron aquí grandes pintores como Pinturicchio o Rafael. Ellos tomaron inspiración de lo que encontraron aquí, muchos otros pintores lo hicieron. Grandes edificios y monumentos del Renacimiento se inspiraron en la Domus Aurea”.

Este palacio imperial fue tomado como modelo de arquitectura y arte para el futuro. En la misma Capilla Sixtina de los Museos Vaticanos y en Castel Sant'Angelo hay imágenes exactamente iguales a las que se encontraron en la Domus.

Y es que la Ciudad Eterna no recibe este nombre en vano. Aunque parezca que hayan quedado atrás, los secretos de la historia y del arte de Roma demuestran, de nuevo, que se resisten a ser enterrados en el olvido.

Reza con&por ellos: "Bajo tu amparo" en árabe

Emocionante video en el que escuchamos la antiquísima oración «Bajo tu amparo», rezada desde los primeros siglos del cristianismo para pedir a la Teothokos, a la Madre de Dios, su amparo y protección.

La Hna. María de Guadalupe Rodrigo, llamada por los cristianos perseguidos de Siria «su embajadora», canta en árabe este conmovedora oración.  Las imágenes que acompañan al canto corresponden a la consagración al Inmaculado Corazón de María de la castigada ciudad de Alepo (Siria), que tuvo lugar el pasado 13 de mayo de 2017.

"Proyecto Despierta" te invita a rezar con y por los cristianos perseguidos, en sus idiomas de origen.
Pidamos por todos los cristianos perseguidos, para que, mirando a Santa María, perseveren firmes en la defensa de su fe en Cristo.

https://www.eukmamie.org

Primeros Cristianos en otros idiomas
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