LAS MUJERES DE JESÚS

Jesús restablece para siempre la nobleza de la mujer, como nadie nunca se había atrevido a hacerlo, como nadie nunca lo hará.

 

  Juan Manuel de Prada  
   

 

 

 

 

 

Juan Manuel de Prada

 

 

 

Todo el Evangelio está regado de pasajes en los que relumbra el trato delicado y enaltecedor que Jesús brinda a las mujeres; un trato que, sin duda, hubo de resultar incómodo a sus discípulos –como en varias ocasiones queda reflejado– y escandaloso a sus contemporáneos. Incomodidad y algo de bochorno sienten los discípulos, por ejemplo, en la unción de Betania, cuando Jesús permite que María, la hermana de Lázaro, le derrame sobre los pies una libra de perfume de nardo; un gesto confiado, de una naturalidad candorosa, quea los ojos severos de un puritano de la época –de cualquier época, en realidad– podía alimentar cuchicheos y maledicencias.

  Jesús con la samaritana  
  Jesús con la samaritana

Y escándalo debieron de sentir sus contemporáneos cuando Jesús impide que la mujer adúltera sea apedreada, como exigía la ley de Moisés. En ambos gestos descubrimos una corriente de complicidad que desafía las convenciones establecidas, un desafío jovial a los usos sociales, una suerte de alegre desdén hacia todas las cortapisas y escollos que se interponen en la generosa fluencia entre dos espíritus nobles.

Porque lo que más atrae de Jesús en estos pasajes es su capacidad para descubrir nobleza en donde otros, entorpecidos por las legañas de los prejuicios, sólo descubren indecencia o pecado; una nobleza quizá aturullada, quizá arañada por debilidades y claudicaciones, pero nobleza a fin de cuentas, dispuesta a vindicarse y a recuperar su sitio.

El diálogo que Jesús mantiene con la samaritana en el pozo de Jacob llena de perplejidad a sus discípulos. Ahora ya no sólo les ofende que converse con una mujer a solas, actitud que debía de juzgarse indecorosa, sino que además esa mujer sea natural de Samaria, la región cuyos habitantes eran execrados por sus heterodoxias. En ese diálogo, Jesús no evita la ironía piadosa; y la emplea, además, en un punto en el que la samaritana estaría acostumbrada a recibir las reconvenciones más agrias y destempladas.

«Llama a tu marido», le dice; a lo que la samaritana responde que no tiene marido. «Bien has dicho –asiente Jesús–; porque maridos has tenido cinco, y el que ahora tienes no lo es.» La samaritana debió entonces de abrir los ojos como platos. ¡Aquel extraño sabía que había sido mujer de cinco maridos y, en lugar de rehuirla como a una apestada, entablaba amistoso coloquio con ella! Aquí el Evangelio no hace comentario alguno; pero siempre que leo este pasaje imagino el natural desconcierto que a la samaritana debió de producirle la "adivinación"" de Jesús; un desconcierto que tal vez terminase en sonrisa, al reparar en el rostro afable de Jesús.

  Jesús con María Magdalena  
  Jesús con María Magdalena

¿De dónde salía aquel tipo que la aceptaba sabiendo lo que era, como si su pasado no le importara, como si ese pasado hubiese sido fulminantemente borrado por el agua que le prometía? La samaritana debió de notar entonces la acción misteriosa de la gracia, que golpea sin desmayo a nuestra puerta, sin importarle demasiado nuestras debilidades; o, importándole tanto, que a todas ellas las abraza, con calidez incombustible. E, inevitablemente, tuvo que sonreír: con pudor, con gratitud, con incalculable alegría.

Pero donde la simpatía franca que Jesús emplea con las mujeres desborda la medida de lo previsible y alcanza el colmo, para hacerse subversiva, es en la jornada de su resurrección. El testimonio prestado por mujeres carecía de valor en aquella época, tanto para la ley mosaica como para el derecho romano; y, sin embargo, Jesús quiere que sean mujeres quienes anuncien el acontecimiento más importante de su paso por la tierra, el acontecimiento que justifica la fe que ha venido a fundar.

Fueron, en efecto, mujeres quienes acudieron al sepulcro vacío, cargadas de bálsamos ya inútiles; fueron mujeres las primeras que lo vieron resucitado: primero, su madre, de quien sin duda había aprendido a tratar a las mujeres con franqueza; después, la Magdalena y el grupito femenino que lo acompañaba desde Galilea. En esta elección hay, desde luego, una recompensa a la lealtad (ellas habían sido quienes permanecieron en el Gólgota, al pie de la cruz, mientras los discípulos tomaban las de Villadiego); pero hay también un corte de mangas a los prejuicios de la época.

A Jesús no se le podía escapar que nadie iba a prestar crédito al testimonio de aquellas mujeres; y que, por ello mismo, el anuncio de su resurrección iba a resultar mucho más problemático, como algunos días más tarde él mismo tendría ocasión de comprobar, camino de Emaús. En ese magnífico, grandioso, exultante corte de mangas a los prejuicios de la época, Jesús restablece para siempre la nobleza de la mujer, como nadie nunca se había atrevido a hacerlo, como nadie nunca lo hará.

Artículo de Juan Manuel de Prada en XLSemanal

El Papa propone descubrir en vacaciones lo más importante de la vida

 

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La Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra acción cotidiana

CASTEL GANDOLFO, domingo, 18 de julio de 2010 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI invitó este domingo a aprovechar las vacaciones veraniegas para descubrir lo verdaderamente importante en la vida, lo que no pasa: la Palabra de Dios. 

Al rezar a mediodía la oración mariana del Ángelus, junto a varios miles de peregrinos, ofreció una especie de "lectio divina", es decir, una lectura orante del pasaje evangélico que ese día presentaba la liturgia: la escena de Jesús en casa de Marta y María.

"Marta y María son dos hermanas --comenzó recordando el Papa, hablando desde el balcón que se asoma al patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo--; tienen también un hermano, Lázaro, que sin embargo en este caso no aparece".

El obispo de Roma siguió haciendo la composición de lugar: "Jesús pasa por su pueblo y, según dice el texto, María le recibió en su casa. Este detalle da a entender que, entre las dos, Marta es la más anciana, la que gobierna la casa". "De hecho, después de que Jesús se había instalado, María se sienta a sus pies y le escucha, mientras que Marta está totalmente ocupada por los muchos servicios, debidos ciertamente al huésped de excepción".

El Papa recreó con estas palabras la escena: "una hermana se mueve ajetreada, y la otra queda como arrobada por la presencia del Maestro y por sus palabras".

"Después de un rato --añadió el Santo Padre en su reconstitución del pasaje evangélico--, Marta, evidentemente resentida, no aguanta más y protesta, sintiendo que además tiene el derecho de criticar a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". ¡Marta querría incluso dar lecciones al Maestro!".

"Sin embargo, Jesús, con gran calma, responde -recordó el Papa--: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, omás bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada"".

"La palabra de Cristo es clarísima --fue la conclusión a la que llegó Benedicto XVI--: no desprecia la vida activa, y mucho menos la generosa hospitalidad; pero recuerda el hecho de que la única cosa verdaderamente necesaria es otra: escuchar la Palabra del Señor; ¡y el Señor en ese momento está allí, presente en la Persona de Jesús!".

Y concluyó: "Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra acción cotidiana

EXPOSICIÓN SOBRE LA VIDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS, EN EL CAMINO DE SANTIAGO

 

EN LA PARROQUIA DE SAN CAETANO DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

 

SANTIAGO DE COMPOSTELA, jueves, 29 de julio de 2010.-

La parroquia de San Caetano de Santiago inaugura hoy jueves una exposición sobre la vida de los primeros cristianos (S. I al IV), en la que se podrán comprender aquellos primeros momentos del desarrollo del Cristianismo por el Imperio Romano e incluso más allá de sus fronteras.

  Ermita de San Caetano  
 

Ermita de San Caetano

La exposición tiene varios apartados, como por ejemplo, los Padres de la Iglesia, el apostolado de uno a uno, la devoción a la Virgen, la literatura de combate, las catacumbas, los mártires, los lugares de culto etc.

Hasta el próximo 15 de agosto, la parroquia ofrece imágenes de esos mártires y santos más populares cuya devoción llega hasta nosotros como santa Eulalia de Mérida, san Blas y otros. También podrá escuchar preciosas historias como la de la mártir Blandina o la de san Pacomio el ladrón o la de un esclavo que va a la cárcel por robar la caja de la comunidad pero luego se convierte y llega a Papa y es también santo.

También hay un apartado dedicado a Santiago en donde se pueden apreciar la leyenda, la historia y los últimos descubrimientos de testimonios de estos primeros siglos encontrados recientemente en el medio oriente que confirman el fondo de verdad de estas leyendas.

La exposición termina el 15 de agosto y los horarios de visitason de 11h a 14h y de 17h a 20h. Es gratuita y siempre se dará una explicación de la misma.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN: Víctor Sánchez Lado, párroco de San Caetano,

606 437 442 - psancayetano@archicompostela.org

Primeros Cristianos en otros idiomas
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