“Se percibe un interés creciente por la vida de los primeros cristianos”

ENTREVISTA A FRANCISCO MARTÍ GILABERT ,  TEÓLOGO E HISTORIADOR.

El Papa Benedicto XVI , una vez concluida su catequesis sobre algunos testigos del cristianismo naciente mencionados en los escritos del Nuevo Testamento, ha comenzado a presentar a los a los padres apostólicos, es decir, a la primera y segunda generación de la Iglesia, después de los apóstoles.

Con este motivo Francisco Martí Gilabert, sacerdote, historiador y colaborador de www.primeroscristianos.com, hace balance de lo que han supuesto estas intervenciones del Pontífice y su repercusión.

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

¿Por qué esta catequesis de Benedicto XVI?

Da la impresión de que el Papa tiene interés en recordar públicamente la vida de los primeros seguidores de Cristo, con el fin de que sean faro y referencia para los cristianos de hoy.

En algunos aspectos, las circunstancias de algunas sociedades del siglo XXI se parecen a las que encontraron los primeros cristianos. Me refiero, por ejemplo, a la dificultad para entender conceptos como servicio y sacrificio, a la tendencia a la frivolidad o la búsqueda del placer como fin en sí mismo.

Entonces y ahora, el mensaje de la Cruz es escándalo y locura. Pienso que Benedicto XVI quiere poner ante nuestro ojos el estupendo ejemplo de compromiso con la fe y con la sociedad de aquellos primeros cristianos. Es un estímulo para vivir de forma más coherente la fe en nuestros días.

¿Fueron realmente personas tan heroicas?

Basta pensar en los mártires, para entender el nivel de su heroísmo.

De todos modos, pienso que no es adecuado atribuir la expansión del Evangelio a prodigios y milagros. No podemos olvidar que la mayoría de las primeras comunidades cristianas no vio ningún signo extraordinario. La fe fue el prodigio que arrastró a hombres de toda clase, condición y cultura. La fe y la alegría con que expresaban su amor a Cristo.

También hoy se producen milagros,desde luego. Y uno de ellos es el milagro del apostolado: la fuerza transformadora del testimonio cristiano. Benedicto XVI nos está diciendo que, ante el deterioro del ambiente moral no hemos de reaccionar con resignación y tristeza, sino con esperanza y caridad.

¿Qué balance haría de estas intervenciones del Santo Padre?

Esta catequesis del Papa hace que en la Iglesia resurja el interés por volver a las raíces, beber en las fuentes de nuestra propia identidad. Saber de dónde venimos nos ayuda a saber quiénes somos.

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¿De qué fibra estaría hecho aquel hombre que trastornó para siempre el curso de la Historia?
Artículo de juan Manuel de Prada, desde Roma,  sobre San Pablo

La vida nueva

POR JUAN MANUEL DE PRADA

   
 
San Pablo Extramuros

Mi primera estación en esta nueva visita estival a Roma ha sido la Basílica de San Pablo Extramuros, donde descansan los restos del Apóstol de los gentiles. Siempre he sentido una fascinación especial por la figura de Paulo de Tarso, a quien sin intención hiperbólica podríamos definir como fundador del cristianismo. Hasta que San Pablo inicia su epopeya evangelizadora, sospecho que los seguidores de Jesús ni siquiera tenían conciencia de la misión que les había sido asignada.

Es San Pablo, ciudadano romano, quien, mediante una iluminación genial, entiende que la nueva religión ha de ser universal; y, para serlo, necesita introducirse en las estructuras del Imperio que por entonces se enseñoreaba del mundo. Introducirse para destruir desde dentro su vocación de paganismo; introducirse también para hacer propio todo lo que ese Imperio tenía de conquista cultural.

El cristianismo no hubiese llegado a ser lo que en efecto fue si no hubiese asumido como propias las lenguas oficiales de Roma; tampoco si no hubiese adoptado sus leyes, para después transformarlas en un Derecho más humano, penetrado por la novedosa idea de redención personal que aporta el Evangelio.

Para los primeros cristianos hubiese resultado sin duda mucho menos aflictivo permanecer en los márgenes de Roma, como desclasados o apátridas que se conforman con alimentar sus ritos en la clandestinidad. Al penetrar en la boca del lobo, armados tan sólo con la antorcha de la fe, se arriesgaban a perecer entre sus fauces; pero iban a ocasionar un incendio más perdurable que las piedras de Roma.

Pienso en esta misión clarividente arrostrada por San Pablo mientras rezo ante su tumba. ¿De qué fibra estaría hecho aquel hombre que trastornó para siempre el curso de la Historia? Sabemos que poseía una frondosa cultura clásica.

   
 
Cárcel Mamertina

Sabemos también que era un hombre de vitalidad infatigable, viajero hasta los confines del mundo conocido, capaz de desplegar una actividad que ningún otro hombre hubiese resistido.

Su epopeya sólo resulta inteligible si aceptamos que lo animaba una fuerza sobrehumana, la fuerza que le imbuye su encuentro con el Nazareno, camino de Damasco. Benedicto XVI recordaba su figura en la alocución que dirigió a los jóvenes de las diócesis de la circunscripción eclesiástica de Madrid que fueron a visitarlo a Castel Gandolfo el pasado jueves: «Visitando los lugares donde Pedro y Pablo anunciaron el Evangelio, donde dieron su vida por el Señor y donde muchos otros fueron también perseguidos y martirizados en los albores de la Iglesia, habréis podido entender mejor por qué la fe en Jesucristo, al abrir horizontes de una vida nueva, de auténtica libertad y de una esperanza sin límites, necesita la misión, el empuje que nace de un corazón entregado generosamente a Dios (...).

Así ocurrió aquí, enRoma, hace muchos siglos, en medio de un ambiente que desconocía a Cristo (...); así ha ocurrido siempre, y ocurre también hoy, cuando avuestro alrededor veis a muchos que lo han olvidado o que se desentienden de Él, cegados por tantos sueños pasajeros que prometen mucho pero que dejan el corazón vacío».

Concluyo mi visita a los foros romanos en la cárcel Mamertita, donde San Pedro y San Pablo consumieron las últimas horas de su existencia terrenal, antes de ser conducidos al martirio. Es un pozo lóbrego, rezumante de humedad, donde los pulmones apenas encuentran aire para respirar. De una columna que todavía se conserva, empotrada en el muro de mampostería, afloró un manantial de agua con el que los prisioneros bautizaron a sus guardianes, según nos cuenta la Tradición.

Imagino la escena alumbrada por unas débiles antorchas que a duras penas lograrían exorcizar el imperio de las tinieblas, sofocadas casi por la falta de aire; quizá las sostuviesen los propios guardianes, mientras inclinaban la cabeza para recibir el agua bautismal, el agua que les iba a borrar tantos sueños pasajeros, para despertarlos a una vida nueva.

Imagino a esos guardianes ascendiendo la angosta escalera de la cárcel Mamertita, dispuestos a entregar la vida por la fe que acaban de abrazar, portadores de las antochas que cobran mayor brío, a medida que se asoman al aire de la calle. Con esas antorchas van a incendiar el mundo; y no les importa perecer entre sus fauces.

Artículo de Juan Manuel de Prada  publicado en el diario ABC;  11.08.07

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“La solidaridad es el gran desafío global”  asegura Benedicto XVI

Pide compartir no sólo los recursos, sino también el saber

Con ocasión de la fiesta de San Martín de Tours

  San Martín de Tours  
  San Martín de Tours

 

CIUDAD DEL VATICANO,
jueves, 11 noviembre 2007 (ZENIT.org).-

 

 

Publicamos la intervención
de Benedicto XVI antes y
después de rezar la oración
mariana del Ángelus junto a
varios miles de peregrinos
congregados en la plaza de
San Pedro del Vaticano.

 

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Iglesia recuerda a san Martín, obispo de Tours, uno de los santos más celebrados y venerados de Europa. Nacido de padres paganos en Panonia, actual Hungría, en torno al año 316, su padre le orientó hacia la carrera militar. Cuando todavía era adolescente, Martín encontró el cristianismo y, superando muchas dificultades, se inscribió entre los catecúmenos para prepararse al Bautismo.

Recibió el sacramento en torno a los veinte años, pero tuvo que permanecer todavía durante mucho tiempo en el ejército, donde dio testimonio de su nuevo estilo de vida: respetuoso y comprensivo con todos, trataba a su servidor como a un hermano, y evitaba las diversiones vulgares.

Tras dejar el servicio militar, se fue a vivir a Poitiers, en Francia, junto al santo obispo Hilario. Éste le ordenó diácono y presbítero, optó por la vida monástica y fundó, con algunos discípulos, el monasterio más antiguo conocido en Europa, en Ligugé.

  San Martín de Tours parte su túnica (El Greco)  
 
San Martín de Tours parte su túnica (El Greco)

Unos diez años después, los cristianos de Tours, al quedarse sin pastor, le aclamaron como obispo. Desde entonces, Martín se dedicó con celo ardiente a la evangelización de las zonas rurales y a la formación del clero.

Si bien se le atribuyen muchos milagros, san Martín es famoso sobre todo por un acto de caridad fraterna.

Cuando todavía era un joven soldado, se encontró en el camino a un pobre aterido temblando de frío. Tomó su capa y, cortándola en dos con la espada, le dio una de las partes. En la noche se le apareció Jesús en sueños, sonriente, envuelto en esa misma capa.

Queridos hermanos y hermanas: el gesto de caridad de san Martín se enmarca en la misma lógica que llevó a Jesús a multiplicar los panes a las muchedumbres hambrientas, pero sobre todo a darse a sí mismo como alimento para la humanidad en la Eucaristía, signo supremo del amor de Dios, «Sacramentum caritatis».

Con la lógica del compartir se expresa de manera auténtica el amor al prójimo. Que san Martín nos ayude a comprender que sólo a través deun compromiso común por compartir es posible responder al gran desafío de nuestro tiempo: construir un mundo de paz y de justicia en el que cada persona pueda vivir con dignidad.

Esto puede tener lugar si prevalece el modelo mundial de auténtica solidaridad, capaz de asegurar a todos los habitantes del planeta comida, agua, los tratamientos médicos necesarios, el trabajo y los recursos energéticos, así como los bienes culturales, el saber científico y tecnológico.

Nos dirigimos ahora a la Virgen María para que ayude a todos los cristianos a ser, como san Martín, testigos generosos del Evangelio de la caridad, e incansables constructores de la solidaridad.

 

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san pedro(II)

El Papa presenta la aventura espiritual de san Pedro como lección y consuelo

Como el apóstol, dice, «tenemos que seguir a Jesús y no precederle»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 17 mayo 2006 (ZENIT.org).-

  San Pedro  
  San Pedro

Benedicto XVI revivió este miércoles la aventura espiritual de san Pedro, el pescador de Galilea, para sacar una lección: seguir los proyectos de Dios y no transformarlos con nuestros deseos humanos.

Repasando la llamada de Cristo a Simón y sus primeros pasos tras el Señor, el Papa constató que Pedro quería, en un primer momento, «un Mesías "hombre divino", que responda a las expectativas de la gente, imponiendo a todos su potencia».

«Nosotros también deseamos que el Señor imponga su potencia y transforme inmediatamente el mundo», reconoció.

Sin embargo, siguió aclarando, «Jesús se presenta como el "Dios humano", el siervo de Dios, que trastorna las expectativas de la muchedumbre, abrazando un camino de humildad y de sufrimiento».

Escucharon en esta ocasión la catequesis del Papa más de 45.000 peregrinos, en una soleada mañana. Continuaba así con la serie de reflexiones sobre la Iglesia. Tras haber explicado que Cristo la confió a sus apóstoles, en las próximas semanas recorrerá, uno a uno, estos personajes.

Y el Papa comenzó por su predecesor presentando dos escenas decisivas de su vida.

Comenzó perfilando el carácter del personaje: «era un judío creyente y observante, confiado en la presencia activa de Dios en la historia de su pueblo».

Presentó también su «carácter decidido e impulsivo», «dispuesto a hacer prevalecer sus razones, incluso con la fuerza», como cuando sacó la espada cortando la oreja de una persona en el Huerto de los Olivos para defender a Jesús.

«Al mismo tiempo, a veces es también ingenuo y temeroso, así como honesto, hasta llegar al arrepentimiento más sincero».

La primera escena que presentó del «itinerario espiritual» de Pedro, fue la llamada de Jesús, cuando tras dirigirse a la muchedumbre desde su barca, tuvo lugar la pesca milagrosa.

Ante las redes llenas, el pescador experto reaccionó con «asombro y estremecimiento»: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador».

Jesús le respondió invitándole a ser «pescador de hombres» y el Papa añadió hablando en la plaza levantada en el mismo lugar de su martirio: «Pedro no se podía imaginar todavía que un día llegaría a Roma y que aquí sería "pescador de hombres" para el Señor».

Y a pesar de que Pedro respondió con generosidad a esta llamada, en realidad «el Mesías al que está siguiendo en sus sueños es muy diferente al auténtico proyecto de Dios». Por eso, «ante el anuncio de la pasión, se escandaliza y protesta».

Y Jesús le dice: «¡quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». O con otras palabras, como aclaró Benedicto XVI, «no me indiques tú el camino, yo sigo mi camino y tú ponte detrás de mí».

  San Pedro  
   

Cristo entonces le explicó en que consiste seguirle. Se trata, en realidad, de una segunda llamada: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame...». Al aceptar estas palabras, el apóstol vivió su segunda «conversión».

«Estas diferentes conversiones desan Pedro y toda su figura son motivo de gran consuelo y una gran enseñanza para nosotros», dijo el Papa al sacar lecciones para la vida de cualquier cristiano.

«También nosotros deseamos a Dios, también queremos ser generosos, pero también nosotros nos esperamos que Dios sea fuerte en el mundo y transforme inmediatamente el mundo, según nuestras ideas, según las necesidades que vemos», constató.

«Dios opta por otro camino. Dios escoge el camino de la transformación de los corazones en el sufrimiento y en la humildad. Y nosotros, como Pedro, siempre tenemos que convertirnos de nuevo», propuso.

«Tenemos que seguir a Jesús y no precederle: Él nos muestra el camino», recalcó.

«Pedro nos dice --aseguró--: tú piensas que tienes la receta y que tienes que transformar el cristianismo, pero quien conoce el camino es el Señor. Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti: "¡sígueme!"».

«Y tenemos que tener la valentía y la humildad para seguir a Jesús, pues Él es el Camino, la Verdad y la Vida», concluyó.

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san pedro

«La fe no es una marcha triunfal», explica Benedicto XVI

Muestra cómo Pedro, «el pescador», se convirtió en «el apóstol»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 24 mayo 2006 (ZENIT.org).-

  San Pedro  
   

«La fe no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor», explicó Benedicto XVI este miércoles en la audiencia general.

Dedicó su intervención ante más de 35.000 peregrinos, congregados en la plaza de San Pedro, a explicar la manera en que el primer Papa, san Pedro, pasó de ser «el pescador» de Galilea a convertirse en «el apóstol».

«También Pedro tiene que aprender que es débil y que necesita perdón», explicó recordando el pasaje en el que, antes de la crucifixión, renegó de Jesús.

«Cuando finalmente se le cae la máscara y entiende la verdad de su corazón débil de pecador creyente, estalla en un llanto de arrepentimiento liberador. Tras este llanto ya está listo para su misión», aclaró el Papa.

La meditación se centró en dos momentos decisivos del apóstol que llegaría a ser el primer obispo de Roma: la multiplicación de los panes y el momento, en el que tras la resurrección, Jesús le llama a ser pastor de la Iglesia universal.

«La generosidad impetuosa de Pedro no le libra, sin embargo, de los peligros ligados a la debilidad humana. Es lo que también nosotros podemos reconocer basándonos en nuestra vida», indicó el Santo Padre.

Antes de la cruz, «también él cede al miedo y cae: traiciona al Maestro», evocó. «La escuela de la fe no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor, de pruebas y fidelidad que hay que renovar todos los días».

«Pedro, que había prometido fe absoluta, experimenta la amargura y la humillación del que reniega: el orgulloso aprende, a costa suya, la humildad», indicó, mostrando la clave que hizo de Pedro un apóstol.

Fe así, como «en una mañana de primavera», a orillas del Lago de Tiberíades, Jesús, tras la resurrección, le confió esa misión. Benedicto XVI revivió el diálogo de las tres preguntas de Jesús a Pedro, «¿me amas más que éstos».

  San Pedro  
   

El pescador ha dejado atrás la vehemencia que le caracterizaba y ahora reconoce sus límites. Explicando el juego de palabras que se esconde tras los verbos originales griegos, el Papa llegó a la última respuesta: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero».

«¡Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptará a Jesús! Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo, que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad».

«De aquí nace la confianza, que le hace ser capaz de seguirle hasta el final», incluida la muerte en la ciudad eterna, dijo por último.

«De los ingenuos entusiasmos de la adhesión inicial, pasando a través de la experiencia dolorosa de la negación y del llanto de la conversión, Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor».

«Y nos muestra también a nosotros el camino, a pesar de toda nuestra debilidad. Sabemos que Jesús se adapta a esta debilidad nuestra. Nosotros le seguimos, con nuestra pobre capacidad de amor y sabemos que Jesús es bueno y nos acepta», concluyó el Santo Padre.

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san pedro(III)

Benedicto XVI explica el primado de Pedro según el Nuevo Testamento

Recorre los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles para ilustrar en qué consiste

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 junio 2006 (ZENIT.org).-

  San Pedro  
  San Pedro

Benedicto XVI mostró este miércoles en la audiencia general cómo Cristo en los Evangelios confío a Pedro un papel preeminente entre los apóstoles que consiste en garantizar la unidad en la Iglesia.

Al dirigirse a unas 50.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro, el pontífice dedicó su tercera intervención a la figura del pescador de Galilea --después de las catequesis del 15 y del 24 de mayo--, presentando en esta ocasión a Pedro como «la roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia».

«Recemos para que el primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, sea siempre ejercido en este sentido original deseado por el Señor y para que lo puedan reconocer cada vez más en su significado verdadero los hermanos que todavía no están en comunión con nosotros», dijo el Papa al concluir.

Su meditación se convirtió en un repaso de las páginas del Evangelio y en parte de los Hechos de los Apóstoles en los que «se manifiesta la voluntad de Cristo de atribuir a Pedro un especial relieve dentro del colegio apostólico con numerosos indicios».

Él es, por ejemplo, el único apóstol a quien Jesús le asigna un nuevo nombre, Cefas, que quiere decir «Piedra», nombre que acabará sustituyendo al original, Simón.

Pedro es el único que es nombrado en numerosas ocasiones por su nombre, mencionándose al resto de los apóstoles en grupo, y siempre es recordado como el primero del grupo en los Evangelios.

«Fue el primero a quien lavó los pies en la última Cena --recordó el Santo Padre-- y sólo reza por él para que no desfallezca en la fe y pueda confirmar después en ella a los demás discípulos».

Por otra parte, «el mismo Pedro es consciente de esta posición particular que tiene --siguió diciendo--: es él quién habla a menudo, en nombre de los demás, pidiendo explicaciones ante una parábola difícil, o para preguntar el sentido exacto de un precepto o la promesa formal de una recompensa».

En el capítulo 16 de Mateo (versículos 18 a 19) Jesús pronuncia «la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia», siguió aclarando el pontífice: «tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos»

«Las tres metáforas a las que recurre Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que basará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del Reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca justo; por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá establecer o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y seguirá siendo de Cristo».

  San Pedro  
   

«Es siempre la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Describe con imágenes plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término "primado de jurisdicción"», subrayó.

Y esta posición preeminente que Jesús quiso entregar a Pedro «se constata también después de la resurrección», ilustró su sucesor den la sede de Roma, en el nacimiento de la primera comunidad cristiana.

«En el así llamado Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva, y precisamentepor el hecho de ser el testigo de la fe auténtica, el mismo Pablo reconocerá en él un papel de "primero" ».

«Además, el hecho de que varios de los textos claves referidos a Pedro puedan ser enmarcados en el contextode la Última Cena, en la que Cristo confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos, muestra cómo la Iglesia, que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía, tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos», siguió aclarando.

Este contexto del Primado de Pedro en la Última Cena, explica la esencia del primado, dijo por último: «Pedro tiene que ser el custodio de la comunión con Cristo; tiene que guiar en la comunión con Cristo de modo que la red no se rompa, sino que sostenga la gran comunión universal».

«Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro consiste en garantizar así la comunión con Cristo con la caridad de Cristo, guiando a la realización de esta caridad en la vida de todos los días», concluyó.

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san andrés

Benedicto XVI presenta las perennes lecciones de san Andrés apóstol

En la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 junio 2006 (ZENIT.org).-

  San Andrés  
  San Andrés

Benedicto XVI dedicó este miércoles la audiencia general a presentar las lecciones que ha dejado a los creyentes de todas las épocas el apóstol san Andrés.

Al dirigirse a 30.000 peregrinos congregadosen la Plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice continuó así con la serie de catequesis sobre la Iglesia, en la que presentará la figura de los doce apóstoles.

Tras haber dedicado tres catequesis a san Pedro, primer obispo de Roma, en esta ocasión evocó la figura de su hermano, Andrés, discípulo de Juan Bautista, evangelizador de los griegos, patrono del patriarcado ecuménico ortodoxo de Constantinopla.

Andrés, como recordó Benedicto XVI, fue el primer apóstol que recibió la llamada de Jesús a seguirle, motivo por el que la liturgia de la Iglesia bizantina le honra con el apelativo de «Protóklitos», que significa el «primer llamado».

«Por la relación fraterna entre Pedro y Andrés, la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla se sienten de manera especial como Iglesias hermanas entre sí», recordó Benedicto XVI.

Papa Pablo VI, en 1964, «restituyó la insigne reliquia de san Andrés, hasta entonces custodiada en la Basílica vaticana, al obispo metropolita ortodoxo de la ciudad de Patrás, en Grecia, donde según la tradición, el apóstol fue crucificado».

También de acuerdo con la tradición, Andrés, como su hermano Pedro, pidió ser colocado en una cruz diferente a la de Jesús. En su caso, se trató de una cruz en forma de aspa.

Andrés --indicó el Papa-- enseña que «la Cruz, más que un instrumento de tortura», es «el medio incomparable de una asimilación plena con el Redentor, con el Grano de trigo caído en la tierra».

«Tenemos que aprender una lección muy importante --advirtió--: nuestras cruces alcanzan valor si son consideradas y acogidas como parte de la cruz de Cristo, si son tocadas por el reflejo de su luz».

«Sólo por esa Cruz también nuestros sufrimientos quedan ennoblecidos y alcanzan su verdadero sentido», reconoció el Papa.

  Martirio de San Andrés  
   
Para subrayar esta relación --siguió diciendo-- el

«Que el apóstol Andrés nos enseñe a seguir a Jesús con prontitud (Mateo 4, 20; Marcos 1, 18), a hablar con entusiasmo de Él a todos aquellos con los que nos encontramos, y sobre todo a cultivar con Él una relación de auténtica familiaridad, conscientes de que sólo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte», concluyó.

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de santiago, el menor

Una relación inseparable une al cristianismo con la religión judía, constata Benedicto XVI

Al meditar en la audiencia general sobre el apóstol Santiago el Menor

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 28 junio 2006 (ZENIT.org).-

  Santiago el Menor  
   

Benedicto XVI constató la relación inseparable que une al cristianismo con el judaísmo durante su intervención en la audiencia general de este miércoles, en la que reflexionó sobre la figura del apóstol Santiago el Menor.

Ante unos 25.000 peregrinos, que tuvieron que soportar un tremendo calor en la plaza de San Pedro, el pontífice continuó con la serie de meditaciones semanales en las que está profundizando en la figura de los doce apóstoles para ilustrar el origen e identidad de la Iglesia.

Autor de una de las cartas del Nuevo Testamento, Santiago el Menor, como reconoció el Papa, ha pasado a la historia por su intervención en el Concilio de Jerusalén, en pleno debate entre los apóstoles sobre si los gentiles (no judíos) debían someterse a la ley de Moisés para seguir a Cristo.

Según la propuesta, aceptada por todos los apóstoles presentes, que ha quedado recogida en el libro de los Hechos de los Apóstoles, no era necesario someter a la circuncisión a los gentiles que creyeran en Jesucristo, sólo se les debería pedir que se abstuvieran de la costumbre idolátrica de comer carne de animales ofrecidos en sacrificio a los dioses, y de la «impureza», término que probablemente aludía a las uniones matrimoniales no permitidas.

«En la práctica, se trataba de aceptar sólo pocas prohibiciones de la legislación de Moisés, consideradas importantes», explicó el Papa.

De este modo, según siguió diciendo, «se alcanzaron dos resultados significativos y complementarios, ambos todavía hoy válidos».

  Martirio Santiago el Menor  
   

Por una parte, aclaró, «se reconoce la relación inseparable que une al cristianismo con la religión judía, como su matriz perennemente viva y válida; por otra, se permitió a los cristianos de origen pagano conservar la propia identidad sociológica, que hubieran perdido si hubieran sido obligados a observar los llamados "preceptos ceremoniales" de Moisés».

«En definitiva --constató--, comenzaba una práctica de recíproca estima y de respeto, que, a pesar de las dolorosas incomprensiones posteriores, buscaba por su propia naturaleza salvaguardar lo que era característico de cada una de las dos partes».

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