CAFARNAÚN, LA CIUDAD DE SAN PEDRO

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LA CASA DE PEDRO

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LA SINAGOGA

LA TIERRA DE JESÚS

Restos de la sinagoga de Cafarnaún

“Cuando, a los pocos días, volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la Palabra"

(MARCOS 2, 1-2)

El nombre Cafanaún es una palabra de origen semita, compuesta por kefar (pueblo) y Nahum (nombre de una persona). En la época de Jesús fue una de las ciudades más importantes situadas sobre el lago de Tiberiades.

Estatua de San Pedro en Cafarnaún

Estatua de San Pedro en Cafarnaún

Varios sucesos importantes de la vida de Jesús sucedieron aquí: la llamada de los discípulos, la curación de la suegra de Pedro, el milagro del paralítico, la curación del siervo del Centurión, la resurrección de la hija de Jairo, así como las primeras discusiones con los escribas y fariseos.

A mediados del siglo I d.C. se formó la comunidad de judeocristianos, llamados Nazarenos y conocidos en Cafarnaún como los Minim, nombre que los judíos daban a los herejes; ellos fueron los que conservaron la memoria de los lugares y tradiciones cristianas en Cafarnaún y otros lugares desde sus orígenes.

En el siglo V pasó a manos de una nueva comunidad de fieles no judíos, a quienes se debe la construcción la iglesia octogonal.

En el siglo VII tanto la sinagoga como la iglesia octogonal bizantina fueron abandonadas, lo que sugiere que Cafarnaún estuvo ocupada por musulmanes durante los dos siglos previos a su abandono total, en el siglo IX.

DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

En la investigación arqueológica se han encontrado restos de ocupación de la época en que empezó a extenderse la vida urbana, a comienzos del tercer milenio antes de Cristo. No se han encontradorestos de la Edad de Hierro, pero sí del periodo persa, helenístico, romano y bizantino, periodos de mayor expansión del poblado.

Restos de Cafarnaún. Al fondo la antigua sinagoga
Restos de Cafarnaún. Al fondo la antigua sinagoga

En 1838 comenzaron las excavaciones arqueológicas y en 1894 las ruinas de la sinagoga y parte de su entorno fueron adquiridas por la Custodia de Tierra Santa, con lo que los franciscanos evitaron el destrozo de las ruinas por parte de los beduinos.

Las investigaciones arqueológicas tomaron un nuevo impulso en la primera década del siglo XX.

En 1905 excavaron en la sinagoga los alemanes Kohl y Watzinger, labor continuada por el franciscano Wendelin von Menden; el franciscano Gaudencio Orfali comenzó a descubrir la iglesia octogonal y a reconstruir la sinagoga.

CASA DE PEDRO

Su identificación se basa en el conjunto de los datos proporcionados por las fuentes literarias y la arqueología. Fue construida a mediados del siglo I a.C. Se conserva prácticamente toda la planta, bastante amplia, con unos muros de hasta un metro de altura.

Es de construcción irregular y sencilla, rústica, pero formando un bloque cerrado con una sola puerta exterior en el noreste. Los pavimentos estaban construidos a base de un lecho de piedras cubiertas con una capa de tierra apisonada.

Esta 1ª fase subsistió hasta el siglo IV, si bien desde el siglo I d.C. experimentó ciertos cambios al convertirse en un lugar de veneración y culto de la primera comunidad cristiana, lo que se llama iglesia doméstica: el pavimento de tierra se sustituyó por un revestimiento de mortero blanco, además de la decoración de las paredes con pintura.

Restos de la casa de San Pedro. Cafarnaún

Restos de la casa de San Pedro. Cafarnaún

Durante la 2ª fase la domus-ecclesia fue ampliada y reforzada por un gran arco central y se construyó un nuevo pavimento policromado y algunos muros se pintaron de nuevo.

Todo el bloque de la antigua vivienda se aíslo del resto del poblado por un muro de 11 metros de perímetro con forma trapezoidal, con dos puertas al Norte y al Sur.

A esta fase se refiere Egeria cuando dice: “En Cafarnaún, la casa del príncipe de los apóstoles ha sido convertida en Iglesia, y sus paredes están como entonces”. Esto indica que la reforma respetó la estructura original primitiva.

En la investigación aparecieron gran cantidad de fragmentos con restos de dibujo policromo y cantidad de grafitos en griego, arameo, latín,…, que demuestran el carácter cristiano de la casa de Pedro. La 3ª fase se corresponde con la iglesia octogonal de mediados del siglo V, construida sobre la casa de Pedro.

Tenía un templete central sobre el lugar de culto de la fase anterior y un pórtico exterior abierto que la circundaba por cinco de sus lados. El extremo oriental terminaba en un arco y ábside dentro del cual pueden verse restos del baptisterio. El pavimento era de mosaico, destacando el del octógono interior, que representa un pavo real.

LA SINAGOGA

Restos de la sinagoga de Cafarnaún Restos de la sinagoga de Cafarnaún

Se hallaba construida sobre una plataforma, lo que realzaba la blancura de sus piedras calcáreas, con una decoración muy atrevida, alejada de los cánones del judaísmo, que la hacía resaltar con respecto a las casas de basalto oscuro, lo que la convertía en símbolo de la riqueza y prestigio de la ciudad.

El edificio, de estilo helenístico-romano, se componía de dos partes principales: la sala de oración, de planta rectangular y tres naves, orientada en dirección N-S, y un patio porticado al este, de planta trapezoidal.

Las naves se hallaban separadas por las filas de columnas que sostenían los muros perimetrales y una galería de las mismas dimensiones que el deambulatorio. No es ésta la sinagoga en la que predicó Jesús, como se ha afirmado muchas veces y no hay seguridad de que la sinagoga del siglo IV esté en el emplazamiento exacto de la sinagoga construida por el centurión en el siglo I.

Es discutida la funcionalidad de una pequeña sala exterior cuadrada adosada al muro, aunque parece claro que tenía una dependencia estrecha con la sinagoga. También se ha discutido sobre el origen de algunos juegos conservados en ciertas losas del patio, aunque hay motivos para pensar que son de origen árabe.

La investigación arqueológica parece haber zanjado la polémica sobre el origen de la sinagoga. La estratigrafía muestra que el edificio principal y la salita norte fueron construidos a finales del siglo IV. En cambio el patio oriental fue construido en una segunda fase, avanzado ya el siglo V. Cerca de la puerta de salida todavía pueden verse algunas piedras de la sinagoga con la Menorá o Candelabro de Siete Brazos y un militar de tiempos de Adriano.

 

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AIN KAREM, LA CIUDAD DE JUAN EL BAUTISTA

 

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LA IGLESIA DE LA VISITACIÓN
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LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA

 

 

LA TIERRA DE JESÚS

  Exterior de la iglesia de la Visitación. Ain Karem.

 

 

“Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a isabel. y cuando oyó isabel el saludo de maría, el niño saltó en su seno, e isabel quedó llena dl espíritu santo; y exclamando en voz alta dijo:

- bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de vientre. ¿de dónde a mi tanto bien, que venga la madre de mi señor a visitarme?...

(lucas, 1, 41-43).

 

 

 

 

iglesia de la visitación . ain karim

 

Ain Karem, que se traduce como "Fuente del Viñedo", es un pueblecito situado en las cercanías de Jerusalén, al oeste de la ciudad nueva y a unos 6 kilómetros de la Puerta de Jaffa. En este pueblo es donde la tradición ha venido recordando dos hechos relatados en el evangelio de San Lucas: la Visitación de María a su prima Isabel y el nacimiento de Juan Bautista. Precisamente fue la visita de la Virgen la que dio nombre a la principal iglesia de la aldea.

 

LA IGLESIA DE LA VISITACIÓN

  Frontal iglesia de la Viitación. Ain Karem  
 
Frontal iglesia de la Visitación. Ain Karem

San Lucas es, como ya queda dicho, el único evangelista que describe el encuentro entre las dos mujeres, en el cual María pronunció las palabras inmortales que conocemos como el Magnificat.

Zacarías, el esposo de Isabel, era sacerdote del Templo de Jerusalén, y fue mientras se encontraba en el servicio allí que apareció ante él el ángel Gabriel para anunciarle el embarazo de Isabel, pero Zacarías fue tan incrédulo que se quedó sin habla hasta el nacimiento de su hijo, Juan, el llamado Bautista.

Cerca de la iglesia, en el centro de la aldea, se encuentra el Manantial de Nuestra Señora María, donde se dice que la Virgen pudo descansar antes del ascenso final a la casa de su prima.

Una artística verja delimita la propiedad franciscana, articulada en torno un patio interior cuya pared derecha está totalmente cubierta por el Magnificat en numerosos idiomas. Es una forma de honrar a María y, con ella, alabar a Dios con palabras distintas, pero con los mismos sentimientos de ella, uniendo las voces de todos los pueblos de la tierra.

En este lugar hay dos iglesias superpuestas, obra del arquitecto y terciario franciscano A. Barluzzi; ambas están igualmente decoradas con frescos de Vagarini.

  Iglesia de la Visitación. Ain Karem  
  Iglesia de la Visitación. Ain Karem

Desde el patio se entra directamente en la capilla inferior o cripta, detrás del pórtico oriental.

Los frescos representan el encuentro de María e Isabel, Zacarías ofreciendo el incienso en el Templo y, a la derecha, Isabel protegiendo al niño Juan de la muerte decretada por Herodes. Al fondo del pequeño túnel abovedado hay una antigua cisterna.

A la izquierda de la entrada al patio hay una escalera que sube hasta la iglesia superior.

Ésta está construida sobre los cimientos de la iglesia cruzada.

Los frescos del muro sur representan, de adelante hacia atrás: el concilio de Éfeso, donde se proclamó la maternidad divina de María; María Refugio nuestro; María mediadora en la bodas de Caná; María Socorro de los cristianos en la batalla de Lepanto; y Duns Scoto defendiendo la inmaculada concepción de la Virgen.

Las excavaciones realizadas por el arqueólogo franciscano Bagatti en 1937 demostraron que el sitio estuvo ocupado desde el siglo XII a.C., hasta el periodo Bizantino, durante el cual se transformó en un lugar de culto cristiano.

Probablemente la existencia de dos lugares de culto cristianos separados no tengan otra explicación que la de exaltar por igual el nacimiento de Juan y la visita de María a su prima.

 

 

LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA

  Iglesia de san Juan Bautista. Ain Karem
 
Iglesia de san Juan Bautista. Ain Karem

La iglesia está construida en el lugar tradicional de la casa de Zacarías e Isabel, padres de Juan Bautista, y sobre restos de la iglesia bizantina del siglo IV.

Fue levantada por los cruzados y restaurada por los franciscanos en 1675.

Bajo el pórtico puede verse, a través de una rejilla, una especie de cripta en donde se conserva un mosaico bizantino, que tiene reproducida la aclamación: ”Salud, mártires de Dios”, que podría aludir a los monjes asesinados por los samaritanos en la sublevación del siglo VI.

La iglesia es de tres naves y cúpula en el crucero. En la capilla situada al fondo de la nave norte hay una gruta que se cree fue parte de la casa de Zacarías e Isabel. Debajo del altar puede leerse una inscripción latina, que traducida dice así:”Aquí nació el Precursor de Dios”.

Los muros de la iglesia están recubiertos de azulejos de la Comunidad Valenciana, traídos durante el reinado de Isabel II. Los lienzos que decoran los muros son pintura española de distintas escuela.

  Benedictus. Iglesia de san Juan Bautista.
 
Benedictus de Zacarías. Iglesia de san Juan Bautista

Sobresale el cuadro que representa la degollación de Juan Bautista, de Ribalta, encima de la puerta de la sacristía; la gran cantidad de obras españolas se debe a que este santuario fue propiedad de España hasta 1980, cuando el gobierno lo cedió a la Santa Sede.

Recientemente se ha descubierto una cueva que formó parte de un complejo sistema de agua del siglo VIII a.C., consistente en un gran depósito de agua, o cisterna de 20 metros de profundidad, revocado, tres piscinas al aire libre…

Se cree que se reutilizó como lugar de culto donde se bautizaba en el siglo I siguiendo un ritual; es decir, desde Juan Bautista hasta el siglo II.

Más tarde, según los investigadores, se estableció allí una comunidad de monjes que perpetuó la memoria del Bautista, por lo que recibe el nombre de Cueva de Juan Bautista.

Como alusivo al Bautista se interpreta ungrafito donde aparece un personaje con nimbo en torno a la cabeza, un bastón en la mano izquierda y la mano derecha alzada en ademán de proclamación.

Puede considerarse un paralelo iconográfico otro grafito hallado en Nazaret, donde el personaje considerado como el de Juan Bautista, tiene en la mano un estandarte con la cruz cósmica.

En el patio exterior de la Iglesia puede verse, escrito en multitud e idiomas, el Benedictus (la oración que recitó Zacarías cuando recuperó el habla, después del nacimiento de su hijo Juan).

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Presentamos un interesante vídeo-reportaje que anima a los cristianos de hoy a seguir el ejemplo de los primeros cristianos.

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Interesante vídeo-reportaje sobre los primeros cristianos.

PAMPLONA, sábado 24 de abril de 2010 (primeroscristianos.com).-

Presentamos un interesante vídeo-reportaje que anima a los cristianos de hoy a seguir el ejemplo de los primeros cristianos.

A la pregunta sobre si puede el cristianismo inspirar una cultura global, la respuesta es clara: EL CRISTIANISMO PUEDE Y DEBE INSPIRAR ESA CULTURA GLOBAL.

De hecho, ya sucedió al principio de nuestra era. Los primeros cristianos lo consiguieron. Ahora este es el "nuevo" reto de los cristianos de hoy.

"Lo que es el alma para el cuerpo, eso son los cristianos para el mundo" (Epístola a Diogneto, siglo II-III) .

En la elaboración de este video se han tomado imágenes de la serie "Los Primeros Crsitianos" de Goya Producciones :  http://www.goyaproducciones.com

LA TIERRA DE JESÚS

"Si alguna vez te olvido, Jerusalén, que me falle la diestra,
que se me pegue la lengua al paladar si no te recuerdo,
si no te pongo como cima de mi alegría"
(Salmo 137)

 

CIUDAD DE LA PAZ

Jerusalén es sin duda la ciudad hoy existente con mayor tradición y contenido religioso, a la par que con una historia larga y turbulenta, a pesar del nombre bíblico Salem, que significa "ciudad de la paz".

El nombre actual es la traducción del término hebreo Yerusalaim, que a su vez deriva del nombre cananeo Urusalim, que significa "fundación de Salem". En el libro del Génesis se menciona al cananeo Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo y rey de Salem. Fue contemporáneo de Abrán. La tradición judía posterior identificó Salem con Jerusalén.

 


Jerusalén en Google Earth

 

Durante la ocupación de los jebuseos se la llamó Jebus, pero la tradición judía lo cambió por el de ciudad de David, después de ser ocupada y convertida en capital por este rey.

El nombre Sión, de origen cananeo, tuvo en la literatura profética y en los salmos un sentido mesiánico escatológico; más tarde designó la colina norte donde Salomón edificó el Templo.

Luego los judíos dieron este nombre a la colina suroccidental donde estaba el Cenáculo y tuvo su sede la primera comunidad cristiana.

SITUACIÓN

Jerusalén está construida sobre una serie de colinas dispuestas en orden ascendente de sur a norte y de este a oeste, como peldaños de la colina noroccidental, la más alta, llamada El-Gareb.

Está rodeada por dos torrentes profundos: el Cedrón, que la separa del monte de los Olivos por el lado oriental, y el Ginón, que la rodea por el sur y el oeste. Ambos se unen al sur de la ciudad con un tercero, el torrente del Tiropeón, que cruza la ciudad antigua de norte a sur, desde la Puerta de Damasco hasta Siloé.

LA CIUDAD DE DAVID

Es el nombre que se le da a la colina baja sobre la que se asentó la ciudad primitiva, conocida como el Ofel.

A finales del tercer milenio antes de Cristo se estableció aquí el pueblo de los jebuseos, quienes fortificaron por primera vez la colina por su situación estratégica y la presencia de la fuente de Guijón.Al cabo de dos siglos de permanencia hebrea en el país, la ciudad jebusea fue finalmente conquistada por David, quien la convirtió en capital de su reino.

 


El Muro de las Lamentaciones es todo lo que queda del antiguo Templo

 

Después la fortificó y la convirtió en centro religioso de las tribus con el traslado del Arca a la ciudad. Salomón construyó el primer templo en la colina norte, que fue objeto de ataques durante los reinados de Roboam, Yoram, Amasías y Ezequías.

El templo fue destruido por Nabucodonosor el 587 y la población de Jerusalén fue deportada. A la vuelta del destierro se reconstruyó el altar de los holocaustos y se edificó un nuevo Templo (520-516).

EL TEMPLO DE JERUSALÉN

En el año 169 a. de C. Antíoco IV conquistó Jerusalén y saqueó el Templo, que fue dedicado a Zeus Olímpico; esto provocó la revuelta de los Macabeos, que recuperaron Jerusalén y restauraron el culto judío en el Templo. El 63 a de C. fue conquistada por Pompeyo, que nombró a Herodes el Grande rey vasallo de Jerusalén.

Éste se dedicó a embellecer la ciudad con nuevas construcciones: un anfiteatro y un teatro, el Palacio Real… La más importante de sus obras fue la reconstrucción del Templo iniciada el año 20 a. de C.: amplió la explanada hacia el oeste, sur y norte y la rodeó de pórticos y hacia el centro de la explanada se levantó el Santo de los Santos precedido de diferentes patios.

El Templo fue incendiado el año 70 d. C. durante el asedio de las legiones romanas y la ciudad destruida. Sofocada la segunda sublevación judía contra los romanos el emperador Adriano ordenó que sobre el lugar del Templo se levantara otro templo dedicado a la tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) y en el sitio del Gólgota y del Santo Sepulcro se construyó el templo de Venus.


Plano de Jerusalén en tiempos de Jesucristo

 

El año 326 Santa Elena visitó la ciudad junto con su hijo el emperador Constantino, el cual destruyó el templo de Venus y ordenó la construcción de la Basílica del Martyrium, junto al montículo del Gólgota. A finales del siglo IV se edificó una nueva basílica en el lugar del Cenáculo por orden del patriarca de Jerusalén, Juan.

El reinado del emperador Justiniano (527-565) fue el periodo más floreciente de la ciudad: edificó, entre otras, la Nueva Basílica de Santa María, que aparece representada en el mosaico de Mádaba.

El año 614 Jerusalén fue saqueada por los persas sasánidas, que se llevaron la Cruz de Jesús.  El emperador Heraclio la recuperó el año 628. Diez años después la ciudad fue sometida de nuevo, esta vez por los musulmanes, liderados por el califa Omar.

Los reyes Omeyas construyeron las mezquitas de la Roca y la de Al-Aqsa. El año 1099 los cruzados entraron en Jerusalén, de la que fueron expulsados por Saladino el 1187, que cambió la fisonomía de la ciudad debido a la nueva concepción del espacio: las plazas se redujeron y las calles se estrecharon y cubrieron con bóvedas y arcos.

Pero las construcciones más representativas de este periodo cruzado son la Basílica del Santo Sepulcro y la iglesia de Santa Ana.Del 1250 al 1517 Jerusalén estuvo ocupada por los mamelucos de Egipto, cuya huella todavía se conserva en la puerta del Mercado del Algodón.

Durante el periodo Otomano (1517-1917) perdió mucha importancia, si bien se reconstruyeron la muralla y alguna de sus puertas. En 1917 los ingleses expulsan a los turcos de Jerusalén, que se convierte en capital de Palestina durante el mandato británico (1920-1948). Un año antes estalló la guerra entre judíos y árabes.

Al proclamarse la independencia del Estado de Israel en 1948 Jerusalén quedó dividida: la Jerusalén Este para los palestinos y la zona occidental para los judíos, que durante la Guerra de los Seis Días conquistaron la Jerusalén Este, nombrándola capital de Israel.

La Jerusalén antigua es la parte de la ciudad de dentro de la muralla reconstruida por Solimán el Magnífico en el siglo XVI.


Puerta de Damasco

 

Hay en la muralla ocho puertas, de las cuales siete son practicables, excepto la Puerta Dorada, en el lado este.

La Puerta Nueva se halla en el extremo noroeste. La Puerta de Jaffa es única en el lado oeste. En el sur están la Puerta de Sión y la de la Basura.

El lado este tiene otra puerta, la de San Esteban (conocida como Puerta de los Leones). En el lado norte están la Puerta de Herodes y la más conocida de todas: la Puerta de Damasco, la central de las tres puertas del tramo norte de la muralla.

 by primeroscristianos.com

 

 

Audiencia del 2 de julio 2008

“Hoy quisiera comenzar un nuevo ciclo de catequesis dedicado al gran apóstol san Pablo. A él, como sabéis, está consagrado este año que va desde la fiesta litúrgica de los santos Pedro y Pablo del 29 de junio de 2008 hasta la misma fiesta del año 2009".


El
apóstol Pablo, figura excelsa, casi inimitable, pero de todos modos estimulante, se nos presenta como un ejemplo de total entrega al Señor y a su Iglesia, así como de gran apertura a la humanidad y a sus culturas. Vale la pena, por tanto, que le dediquemos un lugar particular, no sólo en nuestra veneración, sino también que nos esforcemos por comprender lo que nos puede decir también a nosotros, cristianos de hoy.

 

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28 de Enero de 2009 - UNIÓN DE ESCRITURA Y TRADICIÓN
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3 de Diciembre de 2008 - PECADO ORIGINAL Y REDENCIÓN
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10 de septiembre de 2008 - CARACTERÍSTICAS DEL APÓSTOL
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¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana la fe cristiana, que defendía postulados éticos contrarios a los que regían las relaciones entre los hombres?

¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana la fe cristiana, que defendía postulados éticos contrarios a los que regían las relaciones entre los hombres?

Artículo de Juan Manuel de Prada, desde Roma

Una revolución gigantesca

Una visita a Roma, siguiendo las huellas del cristianismo primitivo, me ha impuesto un motivo de reflexión. ¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana una fe como la cristiana, que se sustentaba sobre una visión monoteísta de la divinidad y defendía postulados éticos totalmente extraños, incluso adversos, a los que por entonces regían las relaciones entre los hombres? Basta leer la brevísima Carta de San Pablo a Filemón, en la quele propone que manumita a su esclavo Onésimo y lo acoja como si de un «hermano querido» se tratase, para que advirtamos que la conversión a la nueva fe proponía una subversión radical de los valores vigentes. La esclavitud no era tan sólo una situación plenamente reconocida por la ley; era también el cimiento de la organización económica romana. Podemos entender que un esclavo se sintiese seducido por la prédica de un cristiano que le aseguraba que ningún otro hombre podía ejercer dominio sobre él. Pero, ¿cómo un patricio que funda su fortuna sobre el derecho de propiedad que posee sobre otros hombres se aviene a amarlos «no sólo humanamente sino como hermanos en el Señor», no porque ninguna obligación legal se lo imponga, sino «por propia voluntad», como San Pablo le aconseja a Filemón que haga con Onésimo? Semejante cambio de mentalidad exige una revolución interior gigantesca.

Pongámonos en el pellejo de un patricio romano de los primeros siglos de nuestra era. Sabemos que por aquella época el culto a las divinidades del Olimpo era cada vez más laxo y protocolario. Sabemos también que los sucesivos emperadores que siguieron a Julio César se nombraron a sí mismos dioses, en un acto de arrogancia megalómana que a cualquier patricio romano con inquietudes espirituales le resultaría repugnante. Probablemente ese patricio romano al que tratamos de evocar hubiese dejado de creer en los dioses paganos, cuyas andanzas se le antojarían una superchería; pero su mentalidad seguía siendo politeísta. La creencia en un Dios único se le antojaría un desatino propio de razas híspidas y fanáticas, oriundas de geografías desérticas, ajenas a la belleza multiforme del mundo.

Pero entonces nuestro patricio romano repara en la novedad del cristianismo. Dios se ha hecho hombre: no para encumbrarse en un trono y para que los demás hombres se prosternen a su paso, como hacían los degenerados emperadores a quienes le repugnaba adorar, ni para disfrutar de tal o cual gozo mundano, como hacían los habitantes del Olimpo; sino para participar de las limitaciones humanas, para probar sus mismas penalidades, para acompañar a los hombres en su andadura terrenal. Y, al hacerse hombre, Dios hace que la vida humana, cada vida humana, se torne sagrada; a través de su encarnación, el Dios de los cristianos logra que cada ser humano,cada uno de esos «pequeñuelos» a los que se refiere el Evangelio, sea reflejo vivo, portador de divinidad. De repente, ese patricio romano siente que por fin ha hallado una fe que le permite adorar a un Dios único y seguir venerando la belleza multiforme del mundo de un modo, además, mucho más exigente, puesto que ahora esa belleza es sagrada, está poseída por ese Dios que ha querido compartir su misma naturaleza humana.

Para ese imaginario patricio romano que ahora tratamos de evocar en su proceso de conversión desde la mentalidad politeísta tuvo que desempeñar un papel decisivo el culto a los santos. En ellos debió encontrar una simbiosis perfecta entre aquella «virtus» que cultivaron sus ancestros y la nueva fe que hacía de cada hombre un portador de divinidad. Y, sobre todos ellos, la figura de María. Los dioses del Olimpo elegían a las mujeres más bellas y distinguidas para disfrutar de un plajustifyo revolcón y enseguida abandonar el lecho, con los primeros clarores del alba; el Dios de los cristianos había elegido a la mujer más humilde, una paria de Judea, casada con un carpintero zarrapastroso, para quedarse con ella, para quedarse en ella, para hacerse visible ante los hombres, para hacerse uno de ellos, a través de ella. En la sociedad romana, la mujer ocupaba un lugar vicario del hombre; al haber confiado en una mujer como depositaria de su divinidad, el Dios cristiano había encumbrado la naturaleza femenina hasta cúspides inimaginables.

De repente, nuestro patricio romano supo que Dios estaba en él, que Dios estaba dentro de cada hombre y de cada mujer. Y se dispuso a abrazar esa revolución gigantesca con un ardor hasta entonces desconocido.

Artículo de Juan Manuel de Prada  publicado en la revista XLSemanal

Éste es el vídeo de una entrevista realizada por la agencia de noticias Rome Reports a los autores de www.primeroscristianos.com. En él se explican tanto la motivación que los guía en esta iniciativa como sus objetivos: dar a conocer la vida de los primeros seguidores de Jesucristo, tomándolos como modelo para la vida ordinaria de los creyentes de nuestra época.

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REPORTAJE ACERCA DE WWW.PRIMEROSCRISTIANOS.COM REALIZADO POR LA AGENCIA DE NOTICIAS ROME REPORTS

Éste es el vídeo de una entrevista realizada por la agencia de noticias Rome Reports a los autores de www.primeroscristianos.com. En él se explican tanto la motivación que los guía en esta iniciativa como sus objetivos: dar a conocer la vida de los primeros seguidores de Jesucristo, tomándolos como modelo para la vida ordinaria de loscreyentes de nuestra época.

Las primeras menciones de Jesús en documentos literarios fuera de los escritos cristianos, se pueden encontrar en algunos historiadores helenistas y romanos que vivieron en la segunda mitad del siglo I o en la primera mitad del siglo II, por lo tanto, bastante cercanos a los acontecimientos.

El texto más antiguo donde se menciona, aunque de un modo implícito, a Jesús fue escrito por un filósofo estoico originario de Samosata en Siria, llamado Mara bar Sarapion, en torno al año 73. Se refiere a Jesús como «sabio rey» de los judíos, y de él se dice que promulgó «nuevas leyes», tal vez en alusión a las antítesis del Sermón de la Montaña (cfr. Mt 5,21-48), y que de nada sirvió a los judíos darle muerte.

La mención explícita de Jesús más antigua y célebre es la que hace el historiador Flavio Josefo (Antiquitates iudaicae XVIII, 63-64) a finales del siglo I, también conocida como el Testimonium Flavianum. Ese texto que se ha conservado en todos los manuscritos griegos de la obra de Josefo llega a insinuar que podría ser el Mesías, por lo que muchos autores opinan que fue interpolado por los copistas medievales. Hoy día, los investigadores piensan que las palabras originales de Josefo debían ser muy similares a las que se han conservado en una versión árabe de ese texto citada por Agapio, un obispo de Hierápolis, en el siglo X, donde no figuran las presumibles interpolaciones. Dice así: «Por este tiempo, un hombre sabio llamado Jesús tuvo una buena conducta y era conocido por ser virtuoso. Tuvo como discípulos a muchas personas de los judíos y de otros pueblos. Pilato lo condenó a ser crucificado y morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos no abandonaron su discipulado y contaron que se les apareció a los tres días de la crucifixión y estaba vivo, y que por eso podía ser el Mesías del que los profetas habían dicho cosas maravillosas».

Entre los escritores romanos del siglo II (Plinio el Joven, Epistolarum ad Traianum Imperatorem cum eiusdem Responsis liber X, 96; Tácito, Anales XV, 44; Suetonio, Vida de Claudio, 25,4) hay algunas alusiones a la figura de Jesús y a la acción de sus seguidores.

En las fuentes judías, particularmente en el Talmud, hay también varias alusiones a Jesús y a ciertas cosas que se decían de él que permiten corroborar algunos detalles históricos por unas fuentes que no son nada sospechosas de manipulación cristiana. Un investigador judío, Joseph Klausner, sintetiza así algunas de las conclusiones que se pueden deducir de los enunciados talmúdicos sobre Jesús: «Hay enunciados confiables en lo que respecta a que su nombre era Yeshua (Yeshu) de Nazaret, que “practicó la hechicería” (es decir, que realizó milagros como era corriente en aquellos días) y la seducción, y que conducía a Israel por mal camino; que se burló de las palabras de los sabios y comentó la Escritura de la misma manera que los fariseos; que tuvo cinco discípulos; que dijo que no había venido para abrogar nada en la Ley ni para añadirle cosa alguna; que fue colgado de un madero (crucificado) como falso maestro y seductor, en víspera de Pascua (que cayó en sábado); y que sus discípulos curaban enfermedades en su nombre» (J. Klausner, Jesús de Nazaret, p. 44). El resumen que hace, y sus incisos, aunque exigirían precisiones desde el punto de vista histórico, es suficientemente expresivo de lo que se puede deducir de esas fuentes, que no es todo, pero no es poco. Contrastando estos datos con los procedentes de los autores romanos, por tanto, es posible asegurar con certeza histórica que Jesús existió e incluso conocer algunos de los datos más importantes de su vida.

Francisco Varo

Jesús fue acusado ante la autoridad romana de promover una revuelta política (cf. Lc 23, 2). Mientras deliberaba, el procurador Pilato recibió presiones para que lo condenase a muerte por ese motivo: «¡Si sueltas a ése no eres amigo del César! ¡Todo el que se hace rey va contra el César!» (Jn 19,12). Por eso, en el titulus crucis donde se indicaba el motivo de la condena estaba escrito: «Jesús Nazareno, rey de los judíos».

Sus acusadores tomaron como pretexto la predicación que Jesús había realizado acerca del Reino de Dios, un reino de justicia, amor y paz, para presentarlo como un adversario político que podría acabar planteando problemas a Roma. Pero Jesús no participó directamente en la política ni tomó partido por ninguno de los bandos o tendencias en los que se alineaban las opiniones y la acción política de las gentes que entonces vivían en Galilea o Judea.

Esto no quiere decir que Jesús se desentendiera de las cuestiones relevantes en la vida social de su tiempo. De hecho su atención hacia los enfermos, los pobres y los necesitados no pasaron inadvertidos. Predicó la justicia y, por encima de todo, el amor al prójimo sin distinciones.

En algunas biografías recientes de Jesús se hace notar, al considerar su actitud ante la política del momento, la variedad existente entre los hombres que escoge para ser Apóstoles. Se suele citar a Simón, llamado Zelotes (cfr. Lc 6,15), que como, lo indicaría su propio apodo, sería un nacionalista radical, empeñado en la lucha por la independencia del pueblo frente a los romanos. Algunos expertos en las lenguas de la zona también apuntaros sobre Judas Iscariote que su apodo iskariot parece la trascripción popular griega de la palabra latina sicarius, y eso lo señalaría como simpatizante del grupo más extremista y violento del nacionalismo judío. En cambio, Mateo era recaudador de impuestos para la autoridad romana, «publicano», o lo que entonces se consideraba equivalente, colaboracionista con el régimen político establecido por Roma. Otros nombres, como Felipe, denotarían su procedencia del mundo helenístico que estaba muy asentado en Galilea.

Estos datos pueden tener algunos detalles discutibles o asociar a algunos de esos hombres con posturas políticas que sólo cobraron fuerza unas décadas después, pero en cualquier caso son bien ilustrativas acerca de que en el grupo de los Doce había personas muy variadas, cada uno con sus propias opiniones y posicionamientos, que habían sido llamados a una tarea, la propia de Jesús, que trascendía su filiación política y condición social.

Francisco Varo

¿Jesús quiso realmente fundar una Iglesia?

Esa intención de Jesús es que en la última cena les confió el poder de celebrar la Eucaristía que instituyó en aquel momento (véase la pregunta ¿Qué sucedió en la última cena?). De este modo, trasmitió a toda la Iglesia, en la persona de aquellos Doce que hacen cabeza en ella, la responsabilidad de ser signo e instrumento de la reunión comenzada por Él y que debía darse en los últimos tiempos.

En efecto, su entrega en la cruz, anticipada sacramentalmente en esa cena, y actualizada cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía, crea una comunidad unida en la comunión con Él mismo, llamada a ser signo e instrumento de la tarea por Él iniciada. La Iglesia nace, pues, de la donación total de Cristo por nuestra salvación, anticipada en la institución de la Eucaristía y consumada en la cruz.

También los doce apóstoles son el signo más evidente de la voluntad de Jesús sobre la existencia y la misión de su Iglesia, la garantía de que entre Cristo y la Iglesia no hay contraposición: son inseparables, a pesar de los pecados de los hombres que componen la Iglesia. Los apóstoles eran conscientes, porque así lo habían recibido de Jesús, de que su misión habría de perpetuarse. Por eso se preocuparon de encontrar sucesores con el fin de que la misión que les había sido confiada continuase tras su muerte, como lo testimonia el libro de los Hechos de los Apóstoles. Dejaron una comunidad estructurada a través del ministerio apostólico, bajo la guía de los pastores legítimos, que la edifican y la sostienen en la comunión con Cristo y el Espíritu Santo en la que todos los hombres están llamados a experimentar la salvación ofrecida por el Padre.

En las cartas de San Pablo se concibe, por tanto, a los miembros de la Iglesia como «conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús» (Ef 2,19-20).

No es posible encontrar a Jesús si se prescinde de la realidad que Él creó y en la que se comunica. Entre Jesús y su Iglesia hay una continuidad profunda, inseparable y misteriosa, en virtud de la cual Cristo se hace presente hoy en su pueblo.

 

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