¿De qué fibra estaría hecho aquel hombre que trastornó para siempre el curso de la Historia?
Artículo de juan Manuel de Prada, desde Roma,  sobre San Pablo

La vida nueva

POR JUAN MANUEL DE PRADA

   
 
San Pablo Extramuros

Mi primera estación en esta nueva visita estival a Roma ha sido la Basílica de San Pablo Extramuros, donde descansan los restos del Apóstol de los gentiles. Siempre he sentidouna fascinación especial por la figura de Paulo de Tarso, a quien sin intención hiperbólica podríamos definir como fundador del cristianismo. Hasta que San Pablo inicia su epopeya evangelizadora, sospecho que los seguidores de Jesús ni siquiera tenían conciencia de la misión que les había sido asignada.

Es San Pablo, ciudadano romano, quien, mediante una iluminación genial, entiende que la nueva religión ha de ser universal; y, para serlo, necesita introducirse en las estructuras del Imperio que por entonces se enseñoreaba del mundo. Introducirse para destruir desde dentro su vocación de paganismo; introducirse también para hacer propio todo lo que ese Imperio tenía de conquista cultural.

El cristianismo no hubiese llegado a ser lo que en efecto fue si no hubiese asumido como propias las lenguas oficiales de Roma; tampoco si no hubiese adoptado sus leyes, para después transformarlas en un Derecho más humano, penetrado por la novedosa idea de redención personal que aporta el Evangelio.

Para los primeros cristianos hubiese resultado sin duda mucho menos aflictivo permanecer en los márgenes de Roma, como desclasados o apátridas que se conforman con alimentar sus ritos en la clandestinidad. Al penetrar en la boca del lobo, armados tan sólo con la antorcha de la fe, se arriesgaban a perecer entre sus fauces; pero iban a ocasionar un incendio más perdurable que las piedras de Roma.

Pienso en esta misión clarividente arrostrada por San Pablo mientras rezo ante su tumba. ¿De qué fibra estaría hecho aquel hombre que trastornó para siempre el curso de la Historia? Sabemos que poseía una frondosa cultura clásica.

   
 
Cárcel Mamertina

Sabemos también que era un hombre de vitalidad infatigable, viajero hasta los confines del mundo conocido, capaz de desplegar una actividad que ningún otro hombre hubiese resistido.

Su epopeya sólo resulta inteligible si aceptamos que lo animaba una fuerza sobrehumana, la fuerza que le imbuye su encuentro con el Nazareno, camino de Damasco. Benedicto XVI recordaba su figura en la alocución que dirigió a los jóvenes de las diócesis de la circunscripción eclesiástica de Madrid que fueron a visitarlo a Castel Gandolfo el pasado jueves: «Visitando los lugares donde Pedro y Pablo anunciaron el Evangelio, donde dieron su vida por el Señor y donde muchos otros fueron también perseguidos y martirizados en los albores de la Iglesia, habréis podido entender mejor por qué la fe en Jesucristo, al abrir horizontes de una vida nueva, de auténtica libertad y de una esperanza sin límites, necesita la misión, el empuje que nace de un corazón entregado generosamente a Dios (...).

Así ocurrió aquí, en Roma, hace muchos siglos, en medio de un ambiente que desconocía a Cristo (...); así ha ocurrido siempre, y ocurre también hoy, cuando a vuestro alrededor veis a muchos que lohan olvidado o que se desentienden de Él, cegados por tantos sueños pasajeros que prometen mucho pero que dejan el corazón vacío».

Concluyo mi visita a los foros romanos en la cárcel Mamertita, donde San Pedro y San Pablo consumieron las últimas horas de su existencia terrenal, antes de ser conducidos al martirio. Es un pozo lóbrego, rezumante de humedad, donde los pulmones apenas encuentran aire para respirar. De una columna que todavía se conserva, empotrada en el muro de mampostería, afloró un manantial de agua con el que los prisioneros bautizaron a sus guardianes, según nos cuenta la Tradición.

Imagino la escena alumbrada por unas débiles antorchas que a duras penas lograrían exorcizar el imperio de las tinieblas, sofocadas casi por la falta de aire; quizá las sostuviesen los propios guardianes, mientras inclinaban la cabeza para recibir el agua bautismal, el agua que les iba a borrar tantos sueños pasajeros, para despertarlos a una vida nueva.

Imagino a esos guardianes ascendiendo la angosta escalera de la cárcel Mamertita, dispuestos a entregar la vida por la fe que acaban de abrazar, portadores de las antochas que cobran mayor brío, a medida que se asoman al aire de la calle. Con esas antorchas van a incendiar el mundo; y no les importa perecer entre sus fauces.

Artículo de Juan Manuel de Prada  publicado en el diario ABC;  11.08.07

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“La solidaridad es el gran desafío global”  asegura Benedicto XVI

Pide compartir no sólo los recursos, sino también el saber

Con ocasión de la fiesta de San Martín de Tours

  San Martín de Tours  
  San Martín de Tours

 

CIUDAD DEL VATICANO,
jueves, 11 noviembre 2007 (ZENIT.org).-

 

 

Publicamos la intervención
de Benedicto XVI antes y
después de rezar la oración
mariana del Ángelus junto a
varios miles de peregrinos
congregados en la plaza de
San Pedro del Vaticano.

 

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Iglesia recuerda a san Martín, obispo de Tours, uno de los santos más celebrados y venerados de Europa. Nacido de padres paganos en Panonia, actual Hungría, en torno al año 316, su padre le orientó hacia la carrera militar. Cuando todavía era adolescente, Martín encontró el cristianismo y, superando muchas dificultades, se inscribió entre los catecúmenos para prepararse al Bautismo.

Recibió el sacramento entorno a los veinte años, pero tuvo que permanecer todavía durante mucho tiempo en el ejército, donde dio testimonio de su nuevo estilo de vida: respetuoso y comprensivo con todos, trataba a su servidor como a un hermano, y evitaba las diversiones vulgares.

Tras dejar el servicio militar, se fue a vivir a Poitiers, en Francia, junto al santo obispo Hilario. Éste le ordenó diácono y presbítero, optó por la vida monástica y fundó, con algunos discípulos, el monasterio más antiguo conocido en Europa, en Ligugé.

  San Martín de Tours parte su túnica (El Greco)  
 
San Martín de Tours parte su túnica (El Greco)

Unos diez años después, los cristianos de Tours, al quedarse sin pastor, le aclamaron como obispo. Desde entonces, Martín se dedicó con celo ardiente a la evangelización de las zonas rurales y a la formación del clero.

Si bien se le atribuyen muchos milagros, san Martín es famoso sobre todo por un acto de caridad fraterna.

Cuando todavía era un joven soldado, se encontró en el camino a un pobre aterido temblando de frío. Tomó su capa y, cortándola en dos con la espada, le dio una de las partes. En la noche se le apareció Jesús en sueños, sonriente, envuelto en esa misma capa.

Queridos hermanos y hermanas: el gesto de caridad de san Martín se enmarca en la misma lógica que llevó a Jesús a multiplicar los panes a las muchedumbres hambrientas, pero sobre todo a darse a sí mismo como alimento para la humanidad en la Eucaristía, signo supremo del amor de Dios, «Sacramentum caritatis».

Con la lógica del compartir se expresa de manera auténtica el amor al prójimo. Que san Martín nos ayude a comprender que sólo a través de un compromiso común por compartir es posible responder al gran desafío de nuestro tiempo: construir un mundo de paz y de justicia en el que cada persona pueda vivir con dignidad.

Esto puede tener lugar si prevalece el modelo mundial de auténtica solidaridad, capaz de asegurar a todos los habitantes del planeta comida, agua, los tratamientos médicos necesarios, el trabajo y los recursos energéticos, así como los bienes culturales, el saber científico y tecnológico.

Nos dirigimos ahora a la Virgen María para que ayude a todos los cristianos a ser, como san Martín, testigos generosos del Evangelio de la caridad, e incansables constructores de la solidaridad.

 

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"Vivir como los primeros cristianos"


LIBRO DE SAN PEDRO POVEDA

Narcea, 2003, 117 pag.  Precio: 4 €

 

                    

 

Pedro Poveda (1874-1936), promovió un amplio movimiento de espiritualidad seglar, cuyo centro está hoy constituido por la Institución Teresiana, asociación por él fundada.
Este libro de formato pequeño, recoge un aspecto esencial de su pensamiento: la vuelta a la vocación arrolladora de hombres y mujeres de la primitiva Iglesia, capaces de cambiar la historia con el testimonio de su fe vivida en la entraña del mundo, hecha levadura, sal, misteriosamente libre y operante, transformadora.  Santo, gran pedagogo, muere mártir al principio de la guerra civil española.

 

 

SAN PEDRO POVEDA Y LOS PRIMEROS CRISTIANOS

 
 

  Santa Brígida de Suecia 

 
Nace el 3 de diciembre de 1874 en Linares Jaén.Desde muy joven decide ser sacerdote y entra en el seminario, donde se forma en un ambiente sencillo de oración, estudio y alegría, que siempre recordará. En Jaén oye hablar del Padre Manjón y admira la labor socioeducativa que realiza en las cuevas del Sacromonte, en Granada. El seminarista Poveda se aficiona a enseñar la Doctrina a los niños más pobres que "le seguían".En 1905 se traslada a Covadonga donde reflexiona sobre la importancia de la educación y la necesidad de no separar la fe y la ciencia. Consciente de la importancia del Estado en la educación, insiste en el protagonismo del maestro y la necesidad de cristianos en la escuela. Publica diversos escritos sobre la problemática educativa y la formación del profesorado, por lo que ha sido calificado de "Educador de educadores" y pedagogo.
 

Funda la Institución Teresiana, aprobada por el Papa Pío XI como Pía Unión de Fieles a nivel internacional para que hombres y mujeres, desde sus diversas profesiones y especialmente en el ámbito de la educación y la cultura, trabajen por la transformación humana y social, según el Evangelio con el espíritu de los primeros discípulos de Cristo: "hay que amar mucho a la Iglesia, hay que vivir la vida de los primeros cristianos", decía.

 

Pocos días antes de morir, en julio de 1936 escribía: “Nunca como ahora debemos estudiar la vida de los primeros cristianos para aprender de ellos a conducirnos en tiempo de persecución. ¡Cómo obedecían a la Iglesia, cómo confesaban a Jesucristo, cómo se preparaban para el martirio, cómo oraban por sus perseguidores, cómo perdonaban, cómo amaban, cómo bendecían al Señor, cómo alentaban a sus hermanos!”.

 

El 28 de julio, coincidiendo con los primeros días de la Guerra Civil española, Pedro Poveda, confesándose "sacerdote de Jesucristo", muere como mártir de la fe. Fue canonizado por Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003, en la visita del Papa a España.

 
 

 

"Vivir como los primeros cristianos"


LIBRO DE SAN PEDRO POVEDA

Narcea, 2003, 117 pag.  Precio: 4 €

 

                    

 

Pedro Poveda (1874-1936), promovió un amplio movimiento de espiritualidad seglar, cuyo centro está hoy constituido por la Institución Teresiana, asociación por él fundada.
Este libro de formato pequeño, recoge un aspecto esencial de su pensamiento: la vuelta a la vocación arrolladora de hombres y mujeres de la primitiva Iglesia, capaces de cambiar la historia con el testimonio de su fe vivida en la entraña del mundo, hecha levadura, sal, misteriosamente libre y operante, transformadora.  Santo, gran pedagogo, muere mártir al principio de la guerra civil española.

 

 

SAN PEDRO POVEDA Y LOS PRIMEROS CRISTIANOS

 
 

  Santa Brígida de Suecia 

 
Nace el 3 de diciembre de 1874 en Linares Jaén.Desde muy joven decide ser sacerdote y entra en el seminario, donde se forma en un ambiente sencillo de oración, estudio y alegría, que siempre recordará. En Jaén oye hablar del Padre Manjón y admira la labor socioeducativa que realiza en las cuevas del Sacromonte, en Granada. El seminarista Poveda se aficiona a enseñar la Doctrina a los niños más pobres que "le seguían".En 1905 se traslada a Covadonga donde reflexiona sobre la importancia de la educación y la necesidad de no separar la fe y la ciencia. Consciente de la importancia del Estado en la educación, insiste en el protagonismo del maestro y la necesidad de cristianos en la escuela. Publica diversos escritos sobre la problemática educativa y la formación del profesorado, por lo que ha sido calificado de "Educador de educadores" y pedagogo.
 

Funda la Institución Teresiana, aprobada por el Papa Pío XI como Pía Unión de Fieles a nivel internacional para que hombres y mujeres, desde sus diversas profesiones y especialmente en el ámbito de la educación y la cultura, trabajen por la transformación humana y social, según el Evangelio con el espíritu de los primeros discípulos de Cristo: "hay que amar mucho a la Iglesia, hay que vivir la vida de los primeros cristianos", decía.

 

Pocos días antes de morir, en julio de 1936 escribía: “Nunca como ahora debemos estudiar la vida de los primeros cristianos para aprender de ellos a conducirnos en tiempo de persecución. ¡Cómo obedecían a la Iglesia, cómo confesaban a Jesucristo, cómo se preparaban para el martirio, cómo oraban por sus perseguidores, cómo perdonaban, cómo amaban, cómo bendecían al Señor, cómo alentaban a sus hermanos!”.

 

El 28 de julio, coincidiendo con los primeros días de la Guerra Civil española, Pedro Poveda, confesándose "sacerdote de Jesucristo", muere como mártir de la fe. Fue canonizado por Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003, en la visita del Papa a España.

 
 

 

Jutta Burggraf: “Quien quiera influir en el mundo actual tiene que amarlo”

  Jutta Burggraf  
 

Jutta Burggraf

¿Cómo transmitir el mensaje cristiano en una sociedad postmoderna, caracterizada por una pluralidad de visiones del mundo y unacreciente ignorancia religiosa? Para Jutta Burggraf, profesora de Teología Dogmática en la Universidad de Navarra, es preciso hacerse cargo de las necesidades y las esperanzas de los hombres y mujeres contemporáneos.

 

 

 

 

 

Firmado por Juan Meseguer (ACEPRENSA), 7 Junio 2010.-

Como tantos otros pensadores actuales, Burggraf considera que estamos en una época de cambio. La expresión “sociedad postmoderna” indica el final de una etapa –la modernidad– y el comienzo de otra que todavía no conocemos.

En esta situación de cambio, de poco sirve moverse con la mentalidad propia de tiempos pasados. “Hoy en día, una persona percibe los diversos acontecimientos del mundo de otra forma que las generaciones anteriores, y también reacciona afectivamente de otra manera”, dice Burggraf.

Esto exige, a su juicio, descubrir un nuevo modo de hablar y de actuar que haga más hincapié en la autenticidad. Un cristiano se convierte en un testigo creíble cuando vive su fe con alegría y, al mismo tiempo, comparte con los demás las dificultades que encuentra en su camino.

Por otra parte, añade Burggraf, el cambio cultural al que asistimos no puede llevar a los cristianos a lamentarse o a encerrarse en un gueto. “Quien quiere influir en el presente, tiene que amar el mundo en que vive. No debe mirar al pasado con nostalgia y resignación, sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto”. 

 

Identidad y diálogo

En un congreso celebrado hace poco en Roma se defendía la idea de que afirmar la propia identidad cristiana enriquece el diálogo, en la medida en que contribuye a esclarecer las diversas posiciones. Pero también cabe otra lectura menos optimista: si yo reafirmo demasiado mis convicciones, ¿no existe el riesgo de que me cierre a los demás o, por lo menos, de que les escuche con menos interés?

– Sí, este riesgo existe. Pero entonces no sería una auténtica identidad cristiana. Cuanto más cristianos somos, más nos abrimos a los demás. Esta es la dinámica del cristianismo: salir de uno mismo para entregarse al otro. La identidad cristiana nos lleva a dialogar con todos, estén o no de acuerdo con nuestra manera de pensar o nuestro estilo de vida. En ese diálogo, el cristiano puede enriquecerse con la parte de verdad que viene del otro, y aprender a integrarla armónicamente en su visión del mundo.

Ahora bien: esta actitud de apertura a los demás exige tener muy clara la propia identidad cristiana. Porque si no, puedo quedar expuesta a las modas y terminar buscando no lo verdadero sino lo apetecible; lo que me gusta y me va bien. Por otra parte, sin esa sólida identidad cristiana haríamos un flaco favor a los demás: nos quedaríamos sin respuestas para sus interrogantes, y no podríamos darles algo de la luz delcristianismo.

 

 

El lenguaje no verbal importa

¿Qué características debería tener el diálogo entre dos personas con distintas visiones del mundo, para no caer en la indiferencia olímpica?

 

  Jutta Burggraf  
 
Jutta Burggraf
– Me parece fundamental escuchar al otro con una actitud abierta y, al mismo tiempo, con mucha actividad interior. Escuchar a los demás no es tan sencillo: requiere ponerse en el lugar del otro e intentar ver el mundo con sus ojos. Si ambos actúan así, nunca habrá un vencedor y un vencido, sino dos (con)vencidos por la verdad.

Lógicamente, esto sólo es posible en un clima de amistad y de benevolencia. Cada uno ha de ver lo bueno que hay en el otro, como aconseja el refrán popular: “Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fueran”. Donde reina el amor, no hace falta cerrarse por miedo a ser herido. Por eso es tan importante mostrar simpatía y cariño al hablar con los demás.

Existe un lenguaje no verbal, que sustituye o acompaña nuestras palabras. Es el clima que creamos a nuestro alrededor, ordinariamente a través de cosas muy pequeñas como, por ejemplo, una sonrisa cordial o una mirada de aprecio.

Pero el cariño ha de ser real. No basta con sonreír y tener una apariencia agradable. Si queremos tocar el corazón de los otros, tenemos que cambiar primero nuestro propio corazón. Uno percibe cuando no es querido, por mucho que le sonrían.

 

El ambiente actual

Los sociólogos Alain Touraine y Zygmunt Bauman, recientemente galardonados con el premio Príncipe de Asturias, llevan tiempo hablando sobre el fin de la modernidad. ¿Qué es lo que ha cambiado en el modo de pensar y de sentir del hombre de hoy?

– La modernidad daba por hecho que la vida es un progreso continuo. Hoy, tras el eclipse de los grandes relatos políticos y sociales del siglo XX, somos más escépticos. Caminamos sin rumbo fijo. A esta falta de orientación se añade muchas veces la soledad. Por eso no es extraño que se quiera alcanzar la felicidad en el placer inmediato, o quizá en el aplauso. Si alguien no es amado, por lo menos quiere ser alabado.

A la vez, podemos descubrir una verdadera “sed de interioridad”, tanto en la literatura como en el arte, la música o el cine. Cada vez más personas buscan una experiencia de silencio y de contemplación.

Otro aspecto característico de la modernidad era la confianza excesiva en la razón. Hoy, en cambio, sabemos que el racionalismo cerrado nos lleva a planteamientos erróneos. El problema es que ahora nos hemos pasado al extremocontrario: la sobrestima de la afectividad, el sentimentalismo. El reto actual es llegar a una visión más armónica del hombre, que integre la razón, la voluntad y los sentimientos.

 

Ir a lo esencial

¿Cómo hablar de Dios a la gente en este contexto menos racionalista y más emotivo que usted ha descrito?

– Creo que la transmisión de la fe en la sociedad actual es posible si los cristianos vivimos como testigos antes que como maestros, o bien como maestros-testigos. Esto requiere utilizar un lenguaje personal, más persuasivo. Se trata de interiorizar esa gran verdad que nos está repitiendo constantemente Benedicto XVI: “Dios es amor”.

Quizá en otras épocas, esta idea pudo sonarnos demasiado romántica. Pero hoy hemos de redescubrirla y entender qué significa, porque todo el mensaje cristiano tiene que ver con el amor. El Papa nos está enseñando a centrarnos en lo esencial: descubrir la belleza y la profundidad de la fe.

No podemos quedarnos atrapados en las controversias que continuamente plantea la opinión pública. Claro que las cuestiones morales son importantes, pero si no se entiende bien el fundamento –Dios es amor– tampoco se comprenderá la respuesta de la Iglesia a ciertos problemas morales.

Antes de enredarnos en cuestiones controvertidas, debemos mostrar a la gente el atractivo de las verdades cristianas (la revelación de Dios, la salvación, la libertad de la fe…) y, sólo después, podremos plantearles un cambio de comportamiento.

 

Una fe más acogedora

En sociedades pluralistas como la nuestra, ya no se acepta que alguien pueda estar en posesión de la verdad. ¿Significa esto que la firmeza de convicciones conduce necesariamente a la arrogancia extrema?

 

   
 

La firmeza de convicciones no está reñida con la humildad ni con la apertura de mente, necesarias para un auténtico diálogo con los demás. Aunque podemos afirmar que la Iglesia católica tiene la plenitud de la verdad, yo –como creyente– personalmente no la tengo. O, mejor dicho, la tengo de forma implícita cuando hago un acto de fe y participo de la plenitud de la Iglesia.

Pero, como en mi vida cotidiana no he llegado a esa plenitud, los demás siempre pueden enseñarme algo. Puedo aprender de todos –creyentes o no–, sin perder mi propia identidad. Además, conocer los puntos de vista ajenos puede servirme para revisar algunas ideas propias que quizá se han vuelto demasiado rígidas.

Hay personas que tienen una fuerte identidad cristiana y, sin embargo, no convencen a nadie. Cuando alguien se muestra demasiado seguro, en general suele despertar rechazo. Ya no se acepta que alguien hable “desde arriba” al común de los mortales, como si él fuera el único portador de la verdad.

Lo que atrae más en nuestros días no es la seguridad, sino la sinceridad: explicar a los demás las razones que nos llevan a creer y, al mismo tiempo, hablarles también de nuestras dudas e incertidumbres. Se trata de ponerse al lado del otro y buscar la verdad junto con él. Ciertamente, yo puedo darle mucho si tengo fe; pero los otros también pueden enseñarme mucho.

¿Cómo puede alguien comprender y consolar a los demás si nunca ha sido destrozado por la tristeza? Hay personas que, después de sufrir mucho, se han vuelto comprensivas, cordiales y sensibles al dolor ajeno. En una palabra, han aprendido a amar. De esta forma, la fe se hace más acogedora.

 

 

La Domus Aurea y las Catacumbas de Santa Domitila

ARTÍCULO DE JUAN MANUEL DE PRADA, DESDE ROMA

Un combate subterráneo

POR JUAN MANUEL DE PRADA

  Domus Aurea  
 
Domus Aurea

He visitado las excavaciones arqueológicas que se están realizando en la Domus Aurea, el palacio que el emperador Nerón ordenó erigir sobre la zona de Roma devastada por el incendio que quizá él mismo provocó.

Poseído por un rapto de soberbia, Nerón llegó a creerse el fundador de una nueva era: como tantos otros gobernantes fatuos que en el mundo han sido (y siguen siendo), concibió la idea demencial de que la historia volvía a fundarse con él.

En su quimérico empeño, ordenó a sus arquitectos remozar por completo el aspecto de Roma, pues abominaba de una ciudad que se le antojaba cochambrosa y maloliente.

Quiso que las paredes de su palacio relumbraran como el mismo sol, de tal modo que sus huéspedes, al penetrar en sus estancias, quedasen anonadados, como si se hallasen en presencia de Dios. Para ello, sus arquitectos diseñaron vastos patios de amplios ventanales por los que irrumpía la luz que luego, al reflejarse sobre las paredes recubiertas de oro, producía un efecto cegador. Así, en medio de tanto esplendor, aparecía el inquilino del palacio sentado en su trono, provocando el arrobo de sus huéspedes, a quienes obligaba a arrodillarse ante él.

Nada queda apenas de aquella edificación megalómana. Los emperadores que sucedieron a Nerón se esforzaron por borrar la memoria de aquel déspota desquiciado, reduciendo a escombros sus delirios arquitectónicos. Adriano sepultó bajo tierra la Domus Aurea, no sin antes despojarla de todos aquellos elementos ornamentales -mármoles y mosaicos, sobre todo- que pudieran ser útiles en la construcción de las termas que mandó erigir sobre el palacio inhumado.

La visita subterránea a la Domus Aurea apenas nos brinda una pálida visión de lo que debió de ser aquel recinto fastuoso: las paredes desnudas, desmigajadas por la humedad, nos evocan el sueño presuntuoso -vanitas vanitatis- y demencial de un degenerado que se creyó Dios. Tal vez todavía vague por estos corredores que amenazan derrumbamiento su espíritu, como un demonio presto a lanzar su dentellada.

A unos pocos kilómetros de allí, el viajero puede completar su visita a la Roma subterránea recorriendo las catacumbas de Domitila, designadas así en memoria de Flavia Domitila, una patricia martirizada durante el mandato de Domiciano.

La imaginación romántica quiso convertir estas galerías laberínticas en escondrijos donde las primitivas comunidades cristianas se refugiaban de las persecuciones decretadas por los emperadores romanos; la verdad, mucho más prosaica, es que las catacumbas fueron meros cementerios donde los cristianos enterraban a sus difuntos, casi siempre en modestos lóculos (concavidades excavadas horizontalmente en las paredes de las galerías que luego se sellaban con tejas) o (si la familia del difunto era más adinerada) en arcosolios, tumbas en forma de sarcófago protegidas por un arco enlucido de estuco y ornamentado con pinturas murales.

 
  Catacumba de Santa Domitila  
 
Catacumba de Santa Domitila
 

Algunos de estos arcosolios conservan todavía su decoración originaria, en la que se repiten los símbolos empleados por los primitivos cristianos: así, por ejemplo, las palomas que picotean grano, que no son símbolo (como los guías atiborrados de memeces contemporáneas sostienen) de la paz, sino de las almas que se alimentan de los frutos de la Redención; o que -como aquella que Noé envió de emisaria tras el diluvio- sostienen en el pico una rama, símbolo de la proximidad del Paraíso.

Después de visitar la subterránea Domus Aurea de Nerón, el paseo por las catacumbas adquiere también una resonancia simbólica: es algo así como un descenso ad inferos, como si la fe que entonces empezaba a propagarse hubiese querido triunfar primero allá donde las culturas antiguas situaban el Averno.

Chesterton nos propone en El hombre eterno que Jesús nació en una cueva para significar que había venido a la tierra para mantener un combate sin tregua contra el inquilino subterráneo; ese combate se prolonga simbólicamente en el subsuelo de Roma, encarnados sus contendientes en la Domus Aurea deNerón y en las catacumbas paleocristianas. Es un combate encarnizado que se seguirá sosteniendo mientras dure el mundo: la luz nueva invadiendo intrépidamente los dominios del Averno, exponiéndose a recibir sus dentelladas, una y otra vez herida de muerte pero nunca derrotada.

Artículo de Juan Manuel de Prada publicado en el periódico ABC

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Benedicto XVI vuelve a hablar de Santa Hildegarda de Bingen

 

  Vídeo: Romereports

 

Mística, teóloga y música alemana de la Edad Media

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).-  

  Santa Hildegarda  
 

Santa Hildegarda

Benedicto XVI constató este miércoles que la Iglesia necesita en estos momentos mujeres santas, así como la contribución de teólogas, al recordar la figura de santa Hildegarda de Bingen, mística, teóloga, y música alemana de la Edad Media.

Continuando en la audiencia general por segunda semana consecutiva con el recuerdo de esa mujer excepcional, que se convirtió en consejera espiritual de los grandes de su época y de comunidades religiosas , el pontífice alentó a las teólogas a ofrecer a la Iglesia la contribución propia de su sensibilidad.

"Invoquemos siempre al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia mujeres santas y valientes, como santa Hildegarda de Bingen, que apreciando los dones recibidos de Dios, aporten su preciosa y peculiar contribución para el crecimiento espiritual de nuestras comunidades y de la Iglesia en nuestro tiempo", deseó el pontífice en el encuentro con los peregrinos.

Al dirigirse a los miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI, en el segundo episodio de una nueva serie de catequesis que ofrecerá sobre grandes mujeres de la historia de la Iglesia, el Santo Padre hizo un repaso de las visiones místicas de esa abadesa y escritora, fallecida en 1179.

  Santa Hildegarda  
 
Santa Hildegarda
"Con los rasgos característicos de la sensibilidad femenina, Hildegarda, en la parte central de su obra, desarrolla el tema del matrimonio místico entre Dios y la humanidad realizado en la Encarnación. En el árbol de la Cruz se realizan las bodas del Hijo de Dios con la Iglesia, su esposa, llena de gracias y que ha recibido la gracia de ser capaz de dar a Dios nuevos hijos, en el amor del Espíritu Santo", evocó.

"Vemos ya cómo también la teología puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su inteligencia y sensibilidad propias", aseguró el Papa teólogo.

Y añadió: "Aliento por este motivo a todas aquellas que desempeñan este servicio a realizarlo con profundo espíritu eclesial, alimentando la propia reflexión con la oración y teniendo en cuenta la gran riqueza, aún en parte inexplorada, de la tradición mística medieval, sobre todo la representada por modelos luminosos, como Hildegarda de Bingen".

Por último, el Papa recordó la labor de Hildegarda ante la corriente herética de los cátaros, su nombre quería decir "puros", que "propugnaban una reforma radical de la Iglesia, sobre todo para combatir los abusos del clero".

"Ella les reprendió con fuerza por querer subvertir la naturaleza misma de la Iglesia, recordándoles que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se consigue tanto con el cambio de las estructuras, como con un sincero espíritu de penitencia y un camino de conversión. Este es un mensaje que nunca debemos olvidar", remachó.

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El Papa vuelve a hablar de Agustín, su santo preferido

 

  Vídeo: Romereports

 

“No encontró la Verdad, sino que fue encontrado por ella”

CASTEL GANDOLFO, miércoles 25 de agosto de 2010 (ZENIT.org).-

El Papa reconoció ante los peregrinos, muchos de los cuales no pudieron acceder al patio interior por falta de espacio, su predilección por el santo obispo de Hipona, junto con san José y san Benito, de quienes lleva el nombre: “San Agustín, a quien tuve el gran don de conocer, por así decirlo, de cerca a través del estudio y la oración”, afirmó, “se ha convertido en un buen "compañero de viaje" en mi vida y en mi ministerio”.

  San Agustín y Santa Mónica  
 

San Agustín y Santa Mónica

Este santo “fue un hombre que nunca vivió con superficialidad”, una lección de vida “actual también en nuestra época, en la que parece que el relativismo sea, paradójicamente, la "verdad" que debe guiar el pensamiento, las decisiones, los comportamientos”.

“En nuestro tiempo se tiene una especie de miedo al silencio, del recogimiento, de pensar en los propios actos, en el sentido profundo de la propia vida, a menudo se prefiere vivir solo el momento fugaz, esperando que traiga felicidad duradera; se prefiere vivir, porque parece más fácil, con superficialidad, sin pensar; se tiene miedo de buscar la Verdad, o quizás se tiene miedo de que la Verdad nos encuentre, nos aferre y nos cambie la vida, como le sucedió a san Agustín”.

El camino vital de Agustín, recordó el Papa, “no fue fácil: creyó encontrar la Verdad en el prestigio, en la carrera, en la posesión de las cosas, en las voces que le prometían la felicidad inmediata”. Agustín “cometió errores, atravesó tristezas, afrontó fracasos, pero nunca se detuvo, nunca se acontentó con lo que le daba solamente un incidio de luz; supo mirar en lo íntimo de sí mismo y se dio cuenta, como escribe en sus Confesiones, de que esa Verdad, ese Dios que buscaba con sus fuerzas era más íntimo a él que él mismo”.

Benedicto XVI recordó su propio comentario durante la presentación, el año pasado, de un reciente film sobre la vida de san Agustín: éste “comprendió, en su inquieta búsqueda, que no era él quien había encontrado la Verdad, sino que la propia Verdad, que es Dios, le persiguió y le encontró”.

  San Agustín  
 
San Agustín

Siguiendo la estela de san Agustín, el Papa invitó a todos, “también a quien está en un momento de dificultad en su camino de fe, a quien participa poco en la vida de la Iglesia o a quien vive como si Dios no existiese, que no tengan miedo de la Verdad, que no interrumpan nunca el camino hacia ella, que no cesen nunca de buscar la verdad profunda sobre sí mismos y sobre las cosas con los ojos internos del corazón”.

“Dios no dejará de dar Luz para hacer ver y Calor para hacer sentir al corazón que nos ama y que desea ser amado”, añadió.

Por otro lado, de la misma forma que san Agustín le ha acompañado en su vida personal, el Papa propuso a los presentes que encuentren a su “santo compañero” en el viaje de la vida. “Cada uno debería tener algún santo que le fuese familiar, para sentirle cercano con la oración y la intercesión, pero también para imitarlo”, sugirió.

“Quisiera invitaros, por tanto, a conocer más a los santos, empezando por aquel cuyo nombre lleváis, leyendo su vida, sus escritos. Estad seguros de que se convertirán en buenos guías para amar cada vez más al Señor y ayudas válidas para vuestro crecimiento humano y cristiano”.

Al saludar a los peregrinos españoles, volvió a insistir en su invitación a familiarizarse “con la vida y los escritos de los Santos, pues os ayudarán a amar cada vez más al Señor y a crecer como personas y como cristianos”.

"Quien reza nunca reza solo”, asegura Benedicto XVI

 

 

Al meditar sobre el pasaje evangélico del Padrenuestro

CASTEL GANDOLFO, domingo, 25 de julio de 2010 (ZENIT.org).-

"Quien reza nunca reza solo", aseguró este domingo Benedicto XVI, aclarando que la oración de cada creyente se une a la oración de la Iglesia.

  Ángelus en Castel Gandolfo  
 

Ángelus en Castel Gandolfo

El pontífice meditó este domingo junto a los peregrinos congregados en la residencia pontificia de Castel Gandolfo en el pasaje evangélico de la liturgia de este día, solemnidad del apóstol Santiago, en el que el evangelista Lucas presenta cómo Jesús enseñó el Padrenuestro.

"Nos encontramos ante las primeras palabras de la Sagrada Escritura que aprendemos desde niños. Se imprimen en la memoria, plasmando nuestra vida, nos acompañan hasta la última respiración", constató el Papa. "Cada vez que rezamos el Padrenuestro, nuestra voz se entrecruza con la de la Iglesia, pues quien reza nunca reza solo", aseguró el pontífice.

Por eso, dijo citando la Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana  que publicó en 1989 la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuando el cardenal Joseph Ratzinger era su prefecto: "Todo fiel tendrá que buscar y podrá encontrar en la verdad y riqueza de la oración cristiana, enseñada por la Iglesia, su propio camino, su propia manera de oración... se dejará por tanto conducir... por el Espíritu Santo, que le guía, a través de Cristo al Padre".

El obispo de Roma también citó a santa Teresa de Ávila, cuando invitaba a sus hermanas a suplicar a Dios "que nos libere de todo peligro para siempre y que nos aleje de todo mal. Y por más imperfecto que sea nuestro deseo, esforcémonos por insistir en nuestra petición. ¿Qué nos cuesta pedir mucho, dado que nos dirigimos al Todopoderoso?".

El Santo Padre aclaró que cuando uno reza no está elevando una petición "para satisfacer los propios gustos, sino más bien para mantener la amistad con Dios, quien, como dice el Evangelio, "dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan"". "Lo han experimentado los antiguos "padres del desierto" y loscontemplativos de todos los tiempos, convertidos, por la oración, en amigos de Dios".

Al final del Ángelus, dirigiéndose a los fieles polacos, les recordó que en la oración "se manifiesta nuestra fe y nuestra confianza en la Divina Providencia. Acordémonos de la oración, ya sea durante el cansancio de nuestro trabajo cotidiano,ya sea en los momentos de descanso de nuestras vacaciones".

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Juana de Arco, modelo de santidad para políticos

Benedicto XVI invita a tener plena confianza en cumplir la voluntad de Dios con esta santa francesa

VATICANO, 26 Ene. 11 (ACI).-En la Audiencia General de este miércoles, el Papa Benedicto XVI resaltó que Santa Juana de Arco condenada a morir en la hoguera en 1431 por jueces "incapaces de ver la belleza de su alma, constituye "un ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles".

En el Aula Pablo VI el Papa destacó que Juana de Arco es una de "las mujeres fuertes que al final de la Edad Media, llevaron sin miedo la gran luz del Evangelio en las complejas peripecias de la historia".

El Papa en la AudienciaHija de campesinos acomodados, su vida se enmarca en el conflicto bélico que se conoce como la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra. A los 13 años, Juana sintió a través de la "voz" de San Miguel Arcángel "la llamada del Señor a intensificar su vida cristiana, y también a comprometerse en primera persona por la liberación de su pueblo".

Juana hace voto de virginidad y redobla sus oraciones, participando con un nuevo empeño en la vida sacramental. "La compasión y el compromiso de la joven campesina francesa ante los sufrimientos de su pueblo son todavía más intensos gracias a su relación mística con Dios. Uno de los aspectos más originales de la santidad de esta joven es este lazo entre experiencia mística y pasión política".

Al principio de 1429 Juana comienza su acción y superando todos los obstáculos encuentra al delfín de Francia, el futuro rey Carlos VII, que en Poitiers la somete a un examen por parte de algunos teólogos que "expresan un juicio positivo; en ella no hay nada malo, es una buena cristiana".

El 22 de marzo deese mismo año Juana dicta una carta al Rey de Inglaterra y a sus hombres que asedian la ciudad de Orleáns. "su propuesta es de verdadera paz en la justicia entre dos pueblos cristianos, invocando los nombres de Jesús y María", dijo el Papa. Pero es rechazada y Juana debe luchar por la liberación de la ciudad. Otro momento importante es la coronación del Rey Carlos en Reims el 17 de julio de 1429.

El Papa Benedicto recuerda luego que la pasión de Juana comienza el 23 de mayo de 1430 cuando cae prisionera de sus enemigos en Compiegne y es conducida a la ciudad de Rouen, donde tendrá lugar su largo y dramático proceso que concluye con la condena a muerte.

El Santo Padre indica que al frente del proceso estuvieron dos importantes jueces eclesiásticos: el Obispo Pierre Cauchon y el inquisidor Jean le Maistre, pero en realidad lo conducen un grupo de teólogos de la Universidad de París, "eclesiásticos franceses que pertenecen al grupo político opuesto al de Juana y que tienen a priori un juicio negativo sobre su persona y su misión".

"Este proceso es una página terrible en la historia de la santidad y también una página que ilumina el misterio de la Iglesia, que al mismo tiempo es siempre santa y siempre necesitada de purificación".Estatua ecuestre en Orleans de Juana de Arco

"A diferencia de los santos teólogos que habían iluminado la Universidad de París, como Buenaventura, Tomás de Aquino o Duns Escoto, estos jueces son teólogos que carecen de caridad y humildad para ver en esta joven la acción de Dios" y no ven "que los misterios de Dios son revelados en el corazón de los pequeños mientras permanecen ocultos a los sabios y doctos. Los jueces de Juana son radicalmente incapaces de comprenderla, de ver la belleza de su alma".

Juana muere en la hoguera el 30 de mayo de 1431, con un crucifijo en las manos e invocando el nombre de Jesús. Veinticinco años después, el Proceso de Anulación abierto por Calixto III "concluye con una sentencia solemne que declara nula la condena y resalta la inocencia de Juana y su perfecta fidelidad a la Iglesia. Juana de Arco será canonizada en 1920 por Benedicto XV".

"El Nombre de Jesús que la Santa invocó hasta en los últimos instantes de su vida terrenal era como el continuo respiro de su alma, el centro de su vida. Esta Santa había entendido que el Amor abraza toda la realidad de Dios y del ser humano, del cielo y de la tierra, de la Iglesia y del mundo".

"La liberación de su pueblo es una obra de justicia humana que cumple en caridad, por amor de Jesús. El suyo es un hermoso ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles".

"En Jesús prosiguió el Papa Juana contempla también toda la Iglesia, la Iglesia triunfante del cielo, como la Iglesia militante en la tierra. Según sus palabras, "es todo uno Nuestro Señor y la Iglesia". Esta afirmación tiene un carácter realmente heroico en el contexto del proceso de condena, frente a sus jueces, hombres de iglesia que la persiguieron y condenaron".
 
Finalmente el Santo Padre señaló que "con su luminoso testimonio Juana nos invita a una medida alta de la vida cristiana: hacer de la oración el hilo conductor de nuestras jornadas; tener plena confianza en cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que sea, vivir la caridad sin favoritismos, sin limites y sacar fuerzas del amor a Jesús para amar profundamente a su Iglesia".

En su saludo en español el Papa se dirigió de manera particular a "los fieles de la Parroquia de Santa Fe, a los Hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta, de Morón de la Frontera, a los profesores venidos de Chile, así como a los demás grupos procedentes de España, México y otros países latinoamericanos".

"Que a ejemplo de Santa Juana de Arco encontréis en el amor a Jesucristo la fuerza para amar y servir a la Iglesia de todo corazón. Muchas gracias".

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