"¡Con vosotros siento que la Iglesia es joven!"

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Discurso a los jóvenes en la catedral de Sulmona

SULMONA, lunes 5 de julio de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la transcripción realizada por Radio Vaticano del discurso del Papa Benedicto XVI a los jóvenes en la catedral de Sulmona, durante su visita apostólica a esta ciudad italiana, ayer domingo 4 de julio.

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¡Queridos jóvenes!

¡Ante todo quiero deciros que estoy muy contento de encontraros! Doy las gracias a Dios por esta posibilidad que me ofrece de permanecer unpoco con vosotros, como un padre de familia, junto con vuestro obispo y vuestros sacerdotes. ¡Os doy las gracias por el afecto que me manifestáis con tanto calor! Pero os doy las gracias también por lo que me habéis dicho, a través de vuestros dos “portavoces”, Francesca y Cristian. Me habéis hecho preguntas, con mucha franqueza, y, al mismo tiempo, habéis demostrado tener puntos firmes, convicciones. Esto es muy importante. Sois chicos y chicas que reflexionan, que se preguntan, y que tienen también el sentido de la verdad y del bien. Es decir, sabéis usar la mente y el corazón, ¡y esto no es poco! Al contrario, diría que es lo principal en este mundo: aprender a usar bien la inteligencia y la sabiduría que Dios nos ha dado. La gente de esta tierra vuestra, en el pasado, no tenía muchos medios para estudiar, ni tampoco para afirmarse en la sociedad, pero poseía lo que hace verdaderamente rico a un hombre y una mujer: la fe y los valores morales. ¡Esto es lo que construye a las personas y la convivencia civil!

  Sulmona  
 

Sulmona

De vuestras palabras surgen dos aspectos fundamentales: uno positivo y uno negativo. El aspecto positivo viene desde vuestra visión cristiana de la vida, una educación que evidentemente habéis recibido de los padres, de los abuelos, de los demás educadores: sacerdotes, profesores, catequistas. El aspecto negativo está en las sombras que oscurecen vuestro horizonte: son los problemas concretos, que hacen difícil mirar al futuro con serenidad y optimismo; pero son también los valores falsos y los modelos ilusorios, que nos vienen propuestos y que prometen llenar la vida, mientras que en cambio la vacían.

¿Qué hacer, entonces, para que estas sombras no lleguen a ser demasiado pesadas? ¡Ante todo, veo que sois jóvenes con una buena memoria! Sí, me ha impresionado el hecho de que hayáis recordado frases que pronuncié en Sydney, en Australia, durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2008. Y también habéis recordado que las JMJ nacieron hace 25 años.

Pero sobre todo habéis demostrado tener una memoria histórica ligada a vuestra tierra: me habéis hablado de un personaje nacido hace ocho siglos, san Pedro Celestino V, ¡y habéis dicho que lo consideráis aún muy actual! Véis, queridos amigos, de esta forma, tenéis, como se suele decir, “un talento de más”. Sí, la memoria histórica es verdaderamente un “talento más” en la vida, porque sin memoria no hay futuro. ¡Una vez se decía que la historia es maestra de vida! La cultura consumista actual tiende en cambio a aplanar al hombre en el presente, a hacerle perder el sentido del pasado, de la historia; pero haciendo así le priva también de la capacidad de comprenderse a sí mismo, de percibir los problemas, y de construir el mañana. Por tanto, queridos y queridas jóvenes, quiero deciros: el cristiano es uno que tiene buena memoria, que ama la historiae intenta conocerla.

Por esto os doy las gracias, porque me habláis de san Pedro del Morrone, Celestino V, y sois capaces de valorar su experiencia hoy, en un mundo tan distinto, pero percisamente por esto necesitado de redescubrir algo que valga siempre, que sea perenne, como por ejemplo la capacidad de escuchar a Dios en el silencio exterior y sobre todo interior. Hace poco me habéis preguntado: ¿cómo se puede reconocer la llamada de Dios? Y bien, el secreto de la vocación está en la capacidad y en la alegría de distinguir, escuchar y seguir su voz. Pero para hacer esto, es necesario acostumbrar nuestro corazón a reconocer al Señor, a sentirle como una Persona que está cerca de mí y me ama.

Como dije esta mañana, es importante aprender a vivir momentos de silencio interior en el día a día para ser capaces de escuchar la voz del Señor. Estad seguros de que si uno aprende a escuchar esta voz y a seguirla con generosidad, no tiene miedo de nada, sabe y siente que Dios está con él, con ella, que es Amigo, Padre y Hermano. Dicho en una palabra: el secreto de la vocación está en la relación con Dios, en la oración que crece precisamente en el silencio interior, en la capacidad de escuchar que Dios está cerca. Y esto es verdad tanto antes de la decisión, en el momento, es decir, de decidir y de partir, como después, si se quiere ser fieles y perseverar en el camino. San Pedro Celestino fue ante todo esto: un hombre de escucha, de silencio interior, un hombre de oración, un hombre de Dios. Queridos jóvenes: encontrad siempre un espacio en vuestras jornadas para Dios, ¡para escucharle y hablarle!

Y aquí, quisiera deciros una segunda cosa: la verdadera oración no es de hecho extraña a la realidad. Si rezar os alienara, os quitase de vuestra vida real, estad en guardia: ¡no sería verdadera oración! Al contrario, el dialogo con Dios es garantía de verdad, de verdad consigo mismo y con los demás, y por tanto de libertad. Estar con Dios, escuchar su Palabra, en el Evangelio, en la liturgia de la Iglesia, defiende de las fascinaciones del orgullo y de la presunción, de las modas y de los conformismos, y da la fuerza de ser verdaderamente libres, incluso de ciertas tentaciones enmascaradas de cosas buenas. Me habéis preguntado: ¿cómo podemos estar en el mundo sin ser del mundo? Os respondo: precisamente gracias a la oración, al contacto personal con Dios. No se trata de multiplicar las palabras – ya lo decía Jesús –, sino de estar en la presencia de Dios, haciendo propias, en la mente y en el corazón, las frases del “Padre Nuestro”, que abraza todos los problemas de nuestra vida, o también adorando la Eucaristía, meditando el Evangelio en nuestra habitación, o participando con recogimiento en la liturgia. Todo esto no separa de la vida, sino que ayuda a ser verdaderamente uno mismo en todo ambiente, fieles a la voz de Dios que habla a la conciencia, libres de los condicionamientos del momento.

Así fue para san Celestino V: él supo siempre actuar según su consciencia en obediencia a Dios, y por ello sin miedo y con gran valor, también en los momentos difíciles, como los relacionados con su breve Pontificado, no temiendo perder su propia dignidad, sino sabiendo que ésta consiste en estar en la verdad. Y el garante de la verdad es Dios. Quien le sigue no tiene miedo ni siquiera de renunciar a sí mismo, a su propia idea, porque “quien tiene a Dios, nada le falta”, como decía santa Teresa de Ávila.

  Acueducto de Sulmona  
 
Acueducto de Sulmona

¡Queridos amigos! La fe y la oración no resuelven los problemas, pero permiten afrontarlos con una luz y una fuerza nueva, de una forma digna del hombre, y también de forma más serena y eficaz. Si miramos a la historia de la Iglesia veremos que es rica en figuras de santos y beatos que, precisamente partiendo de un diálogo intenso y constante con Dios, iluminados por la fe, supieron encontrar soluciones creativas, siempre nuevas, para responder a las necesidades humanas concretas en todos los siglos: la salud, la instrucción, el trabajo, etc. Su arrojo estaba animado por el Espíritu Santo y por una amor fuerte y generoso por los hermanos, especialmente por los más débiles y desfavorecidos. ¡Queridos jóvenes! ¡Dejáos conquistar totalmente por Cristo! ¡Poneos también vosotros, con decisión, sobre el camino de la santidad, es decir, de estar en contacto, en conformidad con Dios – camino que está abierto a todos – porque esto os hará ser también más creativos en buscar soluciones a los problemas que encontráis, y en buscarlos juntos! He aquí otro signo distintivo del cristiano: nunca es un individualista.

Quizás me diréis: pero si miramos, por ejemplo, a san Pedro Celestino, en la elección de la vida eremítica ¿no era quizás individualismo, fuga de las responsabilidades? Cierto, esta tentación existe. Pero en las experiencias aprobadas por la Iglesia, la vida solitaria de oración y de penitencia está siempre al servicio de la comunidad, abre a los demás, nunca está en contraposición con las necesidades de la comunidad. Los eremitorios y monasterios son oasis y manantiales de vida espiritual de donde todos pueden beber. El monje no vive para sí mismo, sino para los demás, y es por el bien de la Iglesia y de la sociedad por lo que cultiva la vida contemplativa, para que la Iglesia y la sociedad puedan estar siempre regadas por energías nuevas, por la acción del Señor. ¡Queridos jóvenes! ¡Amad a vuestras comunidades cristianas, no tengáis miedo de comprometeros en vivir juntos la experiencia de fe! ¡Quered mucho a la Iglesia: os ha dado la fe, os ha hecho conocer a Cristo! Y quered mucho a vuestro obispo, a vuestros sacerdotes: con todas nuestras debilidades, los sacerdotes ¡son presencias preciosas en la vida!

El joven rico del Evangelio, después de que Jesús le propuso dejar todo y seguirle – como sabemos – se fue de allí triste, porque estaba demasiado apegado a sus bienes (cfr Mt 19,22). ¡Yo en cambio leo en vosotros la alegría! Y también este es un signo de que sois cristianos: que para vosotros Jesucristo vale mucho, aunque sea comprometido seguirle, vale más que cualquier cosa. Habéis creído que Dios es la perla preciosa que da valor a todo lo demás: en la familia, en el estudio, en el trabajo, en el amor humano... en la vida misma. Habéis comprendido que Dios no os quita nada, sino que os da el ciento por uno y hace eterna vuestra vida, porque Dios es Amor infinito: el único que sacia nuestro corazón. Me gustaría recordar la experiencia de san Agustín, un joven que buscó con gran dificultad, durante mucho tiempo, fuera de Dios, algo que saciase su sed de verdad y de felicidad. Pero al final de este camino de búsqueda ha comprendido que nuestro corazón está sin paz mientras que no encuentre a Dios, mientras no repose en Él (cfr Las Confesiones 1,1).

¡Queridos jóvenes! ¡Conservad vuestro entusiasmo, vuestra alegría, la que nace de haber encontrado al Señor, y sabed comunicarla también a vuestros amigos, a vuestros coetáneos! ¡Ahora debo irme y debo decir que siento mucho dejaros! ¡Con vosotros siento que la Iglesia es joven! Pero me voy contento, como un padre que está sereno porque ha visto que los hijos están creciendo y están creciendo bien. ¡Caminad, queridos chicos y queridas chicas! Caminad en el camino del Evangelio; amad a la Iglesia, nuestra madre; sed sencillos y puros de corazón; sed humildes y generosos. Os confío a todos a vuestros santos patronos, a san Pedro Celestino y sobre todo a la Virgen María, y con gran afecto os bendigo. Amén.

Benedicto XVI: San José, el discípulo de Cristo

 

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Discurso en la inauguración de la Fuente de San José en los Jardines vaticanos

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 5 de julio de 2010 (ZENIT.org).-

Ofrecemos a continuación el discurso pronunciado hoy en los jardines vaticanos por el Papa Benedicto XVI, al inaugurar y bendecir una fuente dedicada a san José, regalo de la Gobernación del Estado del Vaticano.

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Señores cardenales,

Venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,

Ilustres señores y señoras

Es para mí motivo de alegría inaugurar esta fuente en los Jardines Vaticanos, en un contexto natural de singular belleza. Es una obra que va a incrementar el patrimonio artístico de este encantador espacio verde de la Ciudad del Vaticano, rico de testimonios histórico-artísticosde varias épocas. De hecho, no solo los prados, las flores, los árboles, pero también las torres, las casitas, los templetes, las fuentes, las estatuas y las demás construcciones hacen de estos Jardines un unicum fascinante. Ellos fueron para mis Predecesores, y son también para mí un espacio vital, un lugar que frecuento a menudo para transcurrir un poco de tiempo en oración y en serena distensión.

  Fuente de San José  
 

Fuente de San José

Al dirigir a cada uno de vosotros mi cordial saludo, deseo manifestar vivo reconocimiento por este regalo, que me habéis ofrecido, dedicándolo a san José. ¡Gracias por este delicado y cortés pensamiento! Fue una empresa comprometida, que ha visto la colaboración de muchos.

Esta fuente está dedicada a san José, figura querida y cercana al corazón del pueblo de Dios y a mi corazón. Los seis paneles de bronce que la embellecen evocan otros tantos momentos de su vida. Deseo brevemente detenerme sobre ellos. El primer panel respresenta los desposorios entre José y María; es un episodio que reviste gran importancia. José era de la estirpe real de David y, en virtud de su matrimonio con María, conferirá al Hijo de la Virgen – al Hijo de Dios – el título legal de “hijo de David”, cumpliendo así las profecías. El desposorio de José y María es, por ello, un acontecimiento humano, pero determinante en la historia de salvación de la humanidad, en la realización de las promesas de Dios; por ello tiene también una connotación sobrenatural, que los dos protagonistas aceptan con humildad y confianza.

Bien pronto para José llega el momento de la prueba, una prueba comprometida para su fe. Prometido de María, antes de ir a vivir con ella, descubre su misteriosa maternidad y se queda turbado. El evangelista Mateo subraya que, siendo justo, no quería repudiarla, y por tanto decidió despedirla en secreto (cfr Mt 1,19). Pero en sueños – como está representado en el segundo panel – el ángel le hizo comprender que lo que sucedía en María era obra del Espíritu Santo; y José, fiándose de Dios, consiente y coopera en el plano de la salvación. Ciertamente, la intervención divina en su vida no podía no turbar su corazón. Confiarse a Dios no significa ver todo claro según nuestros criterios, no significa realizar lo que hemos proyectado; confiarse a Dios quiere decir vaciarse de sí mismos, renunciar a sí mismos, porque sólo quien acepta perderse por Dios puede ser “justo” como san José, es decir, puede conformar su propia voluntad a la de Dios y así realizarse.

El Evangelio, como sabemos, no ha conservado ninguna palabra de José, el cual lleva a cabo su actividad en el silencio. Es el estilo que le caracteriza en toda la existencia, tanto antes de encontrarse frente al misterio de la acción de Dios en su esposa, sea cuando – consciente de este misterio – está junto a María en la Natividad – representada en la tercera imagen. En esa noche santa, en Belén, con María y el Niño, está José, al que el Padre Celestial confió el cuidado cotidiano de su Hijo sobre la tierra, un cuidado llevado a cabo en la humildad y en el silencio.

El cuarto panel reproduce la escena dramática de la Fuga a Egipto para escapar a la violencia homicida de Herodes. José es obligado a dejar su tierra con su familia, de prisa: es otro momento misterioso en su vida; otra prueba en la que se le pide plena fidelidad al designio de Dios.

Después, en los Evangelios, José aparece sólo en otro episodio, cuando se dirige a Jerusalén y vive la angustia de perder al hijo Jesús. San Lucas describe la afanosa búsuqeda y la maravilla de encontrarlo en el Templo – como aparece en el quinto panel –, pero aún mayor es el estupor de escuchar las misteriosas palabras: "¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (Lc 2,49). Esta doble pregunta del Hijo de Dios nos ayuda a entender el misterio de la paternidad de José. Recordando a sus propios padres la primacía de Aquel a quien llama "Padre mío", Jesús afirma el primado de la voluntad de Dios sobre toda otra voluntad, y revela a José la verdad profunda de su papel: también él está llamado a ser discípulo de Jesús, dedicando su existencia al servicio del Hijo de Dios y de la Virgen Madre, en obediencia al Padre Celestial.

El sexto panel representa el trabajo de José en su taller de Nazaret. Junto a él trabajó Jesús. El Hijo de Dios está escondido a los hombres y sólo María y José custodian su misterio y lo viven cada día: el Verbo encarnado crece como hombre a la sombra de sus padres, pero, al mismo tiempo, éstos permanecen, a su vez, escondidos en Cristo, en su misterio, viviendo su vocación.

Queridos hermanos y hermanas, esta bella fuente dedicada a san José constituye un recuerdo simbólico de los valores de la sencillez y de la humildad al llevar a cabo día a día la voluntad de Dios, valores que distinguieron la vida silenciosa, pero preciosa del Custodio del Redentor. A su intercesión confío las esperanzas de la Iglesia y del mundo. Que él, junto a la Virgen María, su esposa, guíe siempre mi camino y el vuestro, para que podamos ser instrumentos gozosos de paz y de salvación.

Benedicto XVI pide que las Iglesias orientales se hagan eco de su herencia espiritual

 

 

 

CIUDAD DEL VATICANO, 25 JUN 2010 (VIS).-

El Papa recibió este mediodía a los participantes en la asamblea anual de la ROACO (Reunión de las Obras para la Ayuda a las Iglesias Orientales), cuyos trabajos se centraron fundamentalmente en la preparación del próximo Sínodo para Oriente Medio.

  Benedicto XVI  
 

Benedicto XVI

Al inicio de su discurso, el Papa afirmó que "todos deseamos el don de una paz estable y de una convivencia segura en Tierra Santa, Irak y Oriente Medio, que nacen del respeto de los derechos humanos, de las familias, comunidades y pueblos y de la superación de toda discriminación religiosa, cultural o social".

"Animo a los hermanos y hermanas en Oriente -continuó- (...) a perseverar en la fe, y a permanecer, a pesar de los numerosos sacrificios, en el lugar de nacimiento. Al mismo tiempo, exhorto a los emigrantes orientales a que no se olviden de sus orígenes, sobre todo religiosos. Su fidelidad y su coherencia humanas y cristianas dependen de ello".

El Santo Padre recordó de modo particular a "los cristianos que sufren violencia a causa del Evangelio", y les encomendó a Dios. "Sigo contando -dijo- con los responsables de las naciones para que garanticen realmente, sin distinción y en todas partes, la profesión pública y comunitaria de las creencias religiosas de cada uno".

Benedicto XVI manifestó su agrado porque las Iglesias orientales católicas habían participado con entusiasmo en el Año Sacerdotal recientemente concluido, y recordó que Oriente fue antiguamente cuna de grandes escuelas de espiritualidad sacerdotal. En este contexto, citó en particular a la Iglesia de Antioquia, patria de extraordinarios santos y pidió que los sacerdotes de las Iglesias orientales siguieran haciéndose eco de esa herencia espiritual.

Refiriéndose a la Asamblea Especial para Oriente Medio, que se celebrará del 10 al 24 de octubre, el pontífice expresó su satisfacción por "la amplia cooperación proporcionada por las Iglesias de Oriente y por la labor que ROACO ha hecho desde el principio y sigue haciendo en vista de este acontecimiento histórico. Este esfuerzo conjunto tendrá resultados fructíferos por la presencia de algunos de vuestros representantes en esta reunión eclesial y por vuestra relación constante con la Congregación para las Iglesias Orientales".

El Papa pidió a los participantes en la reunión que contribuyeran con sus "obras a mantener viva la "esperanza que no defrauda" entre los cristianos de Oriente. (...) ¡Nos gustaría estar siempre a su lado! Por intercesión de la Santísima Madre de Dios y de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, confío al Señor a los benefactores, amigos y colaboradores vivos y difuntos, relacionados de alguna manera con la ROACO, con un particular recuerdo de monseñor Padovese, recientemente fallecido".

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"¡Enamorémonos de la Eucaristía!", pide Benedicto XVI

 

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Dedica la catequesis de la Audiencia General a Santo Tomás de Aquino

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 23 de junio de 2010 (ZENIT.org).-

Dirigiéndose a los miles de fieles y peregrinos presentes este miércoles por la mañana en la Plaza de San Pedro para la Audiencia General, Benedicto XVI exhortó a todos a “enamorarse” de la Eucaristía.

  Santo Tomás  
 

Santo Tomás

El Papa dedicó su tercera catequesis a santo Tomás de Aquino, después de las anteriores del 2 de junio y del 16 de junio, en esta ocasión, profundizando sobre varios aspectos de su pensamiento teológico.

Para el santo, explicó el Papa, el nudo fundamental del cristianismo es la Encarnación, con la que la fe “llega a reforzarse; la esperanza se eleva más confiada, al pensamiento de que el Hijo de Dios vino entre nosotros, como uno de nosotros, para comunicar a los hombres su propia divinidad; la caridad se reaviva, porque no hay signo más evidente del amor de Dios por nosotros, como ver al Creador del universo hacerse Él mismo criatura, uno de nosotros”.

En la Summa Theologiae, obra cumbre del santo, “ escribe páginas hasta ahora no superadas sobre el Misterio de la Encarnación y de la Pasión de Jesús”, así como “un amplio tratado sobre los siete Sacramentos, porque en ellos el Verbo divino encarnado extiende los beneficios de la Encarnación para nuestra salvación”.

Hablando de los Sacramentos, Tomás reflexionó de modo particular en el Misterio de la Eucaristía, por el que tenía una grandísima devoción. Era tal esta devoción, añadió el Papa, que, según sus antiguos biógrafos, Tomás “acostumbraba a acercar su cabeza al Tabernáculo, como para oír palpitar el Corazón divino y humano de Jesús”.

"Queridos hermanos y hermanas, en la escuela de los santos, ¡enamorémonos de este Sacramento! - exhortó el Papa – ¡Participemos en la Santa Misa con recogimiento, para obtener sus frutos espirituales, alimentémonos del Cuerpo y la Sangre del Señor, para ser incesantemente alimentados por la Gracia divina!”

“¡Entretengámonos de buen grado y con frecuencia, de tú a tú, en compañía del Santísimo Sacramento!”, añadió en referencia a la adoración eucarística, una devoción muy querida también por Benedicto XVI.

Aparte de las obras más conocidas de santo Tomás, la Summa Theologiae y la Summa contra Gentiles, el Papa quiso llamar la atención sobre la predicación del Aquinate, tan rigurosa y sencilla como sus obras científicas. Especialmente, se refirió a los Opúsculos, una serie de predicaciones cuaresmales realizadas en 1273, un año antes de su muerte, en la iglesia de Santo Domingo el Mayor en Nápoles. “El contenido de la predicación del Doctor Angelicus corresponde casi del todo a la estructura del Catecismo de la Iglesia Católica.

De hecho, explicó, “en la catequesis y en la predicación, en un tiempo como el nuestro de renovado compromiso por la evangelización, no deberían faltar nunca estos argumentos fundamentales: lo que nosotros creemos, y ahí está el Símbolo de la fe; lo que nosotros rezamos, y ahí está el Padre Nuestro y el Ave María; y lo que nosotros vivimos como nos enseña la Revelación bíblica, y ahí está la ley del amor de Dios y del prójimo y los Diez Mandamientos, como explicación de este mandato del amor”.

  Santo Tomás  
 
Santo Tomás

Incluso en sus predicaciones, santo Tomás no dejaba de lado la racionalidad de la fe. El Papa quiso proponer un ejemplo “del contenido, sencillo, esencial y convincente, de la enseñanza de santo Tomás”, tomado de su Opúsculo sobre el Símbolo de los Apóstoles”. “A quien objeta que la fe es una necedad, porque hace caer en algo que no cae bajo la experiencia de los sentidos, santo Tomás ofrece una respuesta muy articulada, y recuerda que eéta es una duda inconsistente, porque la inteligencia humana es limitada y no puede conocer todo”. “Sólo en el caso en que pudiésemos conocer perfectamente todas las cosas visibles e invisibles, entonces sería una auténtica necedad aceptar las verdades por pura fe”, citó el Papa.

Además, explica Benedicto XVI con palabras del santo, “es imposible vivir sin confiar en la experiencia de los demás, allí donde no llega el conocimiento personal. Es razonable por tanto tener a Dios que se revela y en el testimonio de los Apóstoles”. Los seguidores de Jesús “eran pocos, sencillos y pobres, afligidos con motivo de la Crucifixión de su Maestro; y sin embargo muchas personas sabias, nobles y ricas se convirtieron a la escucha de su predicación”. “Se trata, en efecto, de un fenómeno históricamente prodigioso, al que difícilmente se puede dar otra respuesta razonable, si no la del encuentro de los Apóstoles con el Señor Resucitado”.

Por último, el Papa aludió a la profunda devoción mariana del Aquinate, que definió a la Virgen como Triclinium totius Trinitatis: “triclinio, es decir, lugar donde la Trinidad encuentra su reposo, porque, con motivo de la Encarnación”. “En ninguna criatura, como en Ella, las tres divinas Personas inhabitan y encuentran delicia y alegría en vivir en su alma llena de Gracia. Por su intercesión podemos obtener toda ayuda”, añadió el Papa, recordando a los fieles una oración tradicionalmente atribuida a santo Tomás. "Oh beatísima y dulcísima Virgen María, Madre de Dios..., yo confío a tu corazón misericordioso toda mi vida... Obtenme, o Dulcísima Señora mía, caridad verdadera, con la que pueda amar con todo el corazón a tu santísimo Hijo y a ti, después de él, sobre todas las cosas, y al prójimo en Dios y por Dios”, concluyó.

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Síntesis del documento de trabajo del Sínodo de los obispos para el Oriente Medio

 
 

Su Santidad el Papa entregó el pasado domingo a los prelados de las Iglesias orientales, durante la misa celebrada poco antes de concluir su viaje pastoral a Chipre, el llamado “Instrumentum laboris” o el documento que recoge todas las iniciativas en torno al próximo Sínodo especial de los Obispos dedicado a los problemas del Cercano Oriente.

 
  Benedicto XVI en Nicosia  
 
 

Benedicto XVI en Nicosia

El documento de trabajo para este próximo Sínodo que se desarrollará en Roma del 10 al 24 de octubre próximo, es el producto de un proceso de consultas que se realizó a finales del año pasado cuando se envió el documento denominado Lineamenta a las Iglesias Orientales, a las Conferencias Episcopales, a los dicasterios de la Curia Romana, a la Unión de Superiores Generales y a muchos grupos eclesiales. El documento entregado por el Papa consta de cuarenta páginas, fue publicado en árabe, francés, inglés e italiano, y servirá como base para las reflexiones durante el Sínodo. En días pasados Mons. Fuad Tual, Patriarca Latino de Jerusalén, declaró en una entrevista que al recibir el documento de trabajo sereunirán nuevamente con las comunidades para discutir sus contenidos y llevar contribuciones concretas para el Sínodo.

 

Está articulado este importante documento en tres capítulos, con una introducción y una conclusión y aborda las temáticas centrales de la vida eclesial, social, política y económica de las comunidades cristianas en el Oriente Medio. Los objetivos del próximo sínodo están planteados en la introducción y son, en primer lugar, confirmar y fortalecer a los cristianos en su identidad mediante la Palabra de Dios y los Sacramentos y, en segundo, reavivar la comunión eclesial entre las Iglesias de derecho, para que puedan ofrecer un testimonio de vida cristiana auténtica, alegre y atractiva. El lema escogido para el Sínodo es “La Iglesia Católica en Oriente Medio: Comunión y testimonio. ‘La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma’”.

 

 

Resumen del documento de trabajo

 

Por su indudable interés ofrecemos una síntesis, no oficial, de este documento que distribuyó la Santa Sede a la prensa el pasado sábado.

 

En el Prefacio, el secretario general del Sínodo de los Obispos, el arzobispo Nikola Eterović, subraya que “la situación actual de Oriente Medio es en no pocos aspectos similar a la vivida por la primitiva comunidad cristiana en Tierra Santa” en medio de dificultades y persecuciones. “Los primeros cristianos actuaban en situaciones muy adversas. Encontraban oposición y enemistad de los poderes religiosos del propio pueblo… su patria estaba ocupada, inserta dentro del potente imperio romano”. A pesar de ello “proclamaban íntegra la Palabra de Dios”, incluyendo el amor a los enemigos, llegando a testimoniar “con el martirio la fidelidad al Señor de la vida”.

 

En la Introducción se recuerda que Benedicto XVI quiso personalmente anunciar este acontecimiento el 19 de septiembre de 2009, acogiendo así “la petición de numerosos hermanos en el episcopado, que frente a la delicada situación eclesial y social actual” habían propuesto la convocatoria de una asamblea sinodal. Dos son los objetivos principales del Sínodo: ante todo, el de “confirmar y reforzar a los cristianos en su identidad mediante la Palabra de Dios y los Sacramentos”; en segundo lugar, el de “reavivar la comunión eclesial entre las Iglesias sui iuris, para que puedan ofrecer un testimonio de vida cristiana auténtica, gozosa y atrayente”. Se subrayan también con fuerza el compromiso ecuménico y el diálogo con judíos y musulmanes “por el bien de toda la sociedad” y para que “la religión, sobre todo la de cuantos profesan a un único Dios” se convierta “cada vez más en motivo de paz”.

 

 

Jerusalén en el origen de todas las Iglesias del mundo

 

El Primer capítulo trata sobre la Iglesia católica el Oriente Medio recordando que todas las Iglesias del mundo “se remontan a la Iglesia de Jerusalén”. Se afirma que las divisiones entre los cristianos (Concilios de Éfeso y Calcedonia, en el siglo quinto, y separación de Roma y Constantinopla, en el siglo undécimo) se debieron, sobre todo, a “motivos político-culturales”. Con todo, “el Espíritu opera en todas las Iglesias para acercarlas y hacer caer los obstáculos a la unidad visible querida por Cristo”. En Oriente Medio, la única Iglesia católica está presente en varias Tradiciones, en diversas Iglesias orientales católicas sui iuris. Además de la Iglesia de tradición latina, hay seis Iglesias patriarcales, cada una con su rico patrimonio espiritual, teológico, litúrgico y que el documento considera una riqueza para la Iglesia universal. Se recuerda que las Iglesias de Oriente Medio son de origen apostólico y que “sería una pérdida para la Iglesia universal si el Cristianismo se debilitase o desapareciese precisamente allí donde nació”, por lo cual existe la “grave responsabilidad” de “mantener la fe cristiana en estas tierras santas”.

 

Por desgracia, se comprueba que el “empuje evangélico parece a menudo frenado y la llama del Espíritu parece haberse debilitado” al extremo de que si la Iglesia no trabaja por las vocaciones, está destinada a desaparecer. La crisis de las vocaciones se debe a varias causas: emigración de las familias, disminución de los nacimientos, un ambiente cada vez más contrario a los valores evangélicos. Además “la falta de unidad entre los miembros del clero” constituye “un anti-testimonio” mientras que “la formación humana y espiritual de sacerdotes, religiosos y religiosas quizás deja bastante que desear”. También la vida contemplativa, pilar de toda consagración verdadera … está ausente en la mayor parte de las congregaciones.

 

 

Los cristianos, llamados a promover la laicidad positiva

 
   
 
 

Se afirma, por tanto, que los cristianos, a pesar de su “número exiguo”, “pertenecen a título pleno al tejido social y a la propia identidad” de estos países. Su desaparición representaría una pérdida para el pluralismo de Oriente Medio . Los católicos están llamados a promover el concepto de “laicidad positiva” del Estado para “aliviar el carácter teocrático del gobierno” y permitir “más igualdad entre los ciudadanos de religiones diferentes, favoreciendo así la promoción de una democracia sana, positivamente laica, que reconozca plenamente el papel de la religión, también en la vida pública, en el pleno respeto de la distinción entre los órdenes religioso y temporal”.

 

Los cristianos deben ser minorías activas, sin replegarse sobre sí mismos. Por ello, la Iglesia anima a formar familias numerosas y promueve la educación, “que sigue siendo la mayor inversión”: las escuelas y universidades católicas acogen a miles de personas de todas las religiones, así como los centros hospitalarios y los servicios sociales. Con todo, las Iglesias y las escuelas católicas “podrían ayudar más a los menos afortunados”. Es de hecho “sobre todo gracias a las actividades caritativas dirigidas no sólo a los cristianos, sino también a los musulmanes y a los judíos, que la acción de las … Iglesias a favor del bien común es particularmente tangible”. Hay también una “llamada a la transparencia en la gestión del dinero de la Iglesia, sobre todo por parte de los sacerdotes y de los obispos, para distinguir lo que se dapara uso personal de lo que pertenece a la Iglesia".

 
 

   

 

La comunidad eclesial en Oriente Medio

 

El Segundo capítulo está dedicado a la comunión eclesial. El documento constata que los fieles de Oriente Medio “son conscientes del hecho que la comunión cristiana tiene como fundamento el modelo de la vida divina en el misterio de la Santísima Trinidad. Dios es amor (cf. 1 Jn 4, 8), y las relaciones entre las personas divinas son relaciones de amor”. Así es necesario que, en el seno de cada Iglesia, cada miembro viva “la comunión misma de la Santísima Trinidad. La vida de la Iglesia y de las Iglesias de Oriente debe ser comunión de vida en el amor, sobre el modelo de la unión del Hijo con el Padre y el Espíritu. Cada uno es miembro del Cuerpo cuya cabeza es Cristo”. “Esta comunión en el seno de la Iglesia católica – se lee en el texto – se manifiesta mediante dos signos principales: el bautismo y la Eucaristía en la comunión con el Obispo de Roma, Sucesor de Pedro.

 

“Para promover la unidad en la diversidad, es necesario superar el confesionalismo en lo que puede tener de limitado o exagerado, animar el espíritu de cooperación entre las diversas comunidades, coordinar la actividad pastoral y estimular la emulación espiritual y no la rivalidad”. “La comunión entre los distintos miembros de una misma Iglesia o Patriarcado sucede según el modelo de la comunión con la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma. A nivel de la Iglesia Patriarcal, la comunión se expresa mediante el sínodo que reúne a los obispos de toda una comunidad en torno al Patriarca, Padre y cabeza de su Iglesia. A nivel de la eparquía/diócesis, es en torno al obispo donde se da la comunión del clero, de los religiosos y de las religiosas, como también de los laicos”.

 

Los cristianos son invitados a sentirse “miembros de la Iglesia católica en Oriente Medio, y no solo miembros de una Iglesia particular”. Los ministros de Cristo y los consagrados están llamados a “ser modelo y ejemplo para los demás … muchos fieles auguran, por su parte, una mayor sencillez de vida, un desapego real en relación con el dinero y las comodidades del mundo, una práctica edificante de la castidad y una pureza de costumbres transparente” (58). “El Sínodo debe animar a los fieles a asumir mayormente su papel de bautizados promoviendo iniciativas pastorales, especialmente en lo que respecta al compromiso social, en comunión con los pastores de la Iglesia” (60).

 

 

El testimonio cristiano

 

El Tercer capítulo reafirma, ante todo, la importancia de la catequesis para conocer y transmitir la fe, eliminando “el desapego a la verdad creída y a la vida vivida”. A este propósito se enumeran algunos métodos de catequesis. En lo que respecta a la liturgia el documento recoge el deseo de muchos por “un esfuerzo de renovación, que, aun permaneciendo firmemente arraigado en la tradición, tenga en cuenta la sensibilidad moderna y las necesidades espirituales y pastorales actuales”. El aspecto más relevante de la renovación litúrgica llevado a cabo hasta ahora, consiste en la traducción en lengua vernácula, principalmente en árabe, de los textos litúrgicos”.

 
  Misa de clausura del Sínodo  
 
 
 

Se reafirma la urgencia del ecumenismo, superando prejuicios y desconfianzas a través del diálogo y la colaboración: a propósito de esto “contribuirá, también, la celebración de los sacramentos de la confesión, de la Eucaristía, de la unción de los enfermos en una Iglesia distinta de la propia, en los casos previstos por los ordenamientos canónicos”. “Dos signos son de particular importancia: la unificación de las fiestas cristianas (Navidad y Pascua) y la gestión común de los lugares de Tierra Santa … en el amor y en el respeto mutuo”. Se condena decididamente el proselitismo que usa medios no conformes al Evangelio.

 

 
 

La preocupación no impide la esperanza

 

En la Conclusión, el documento muestra “la preocupación por las dificultades del momento presente, pero, al mismo tiempo, la esperanza, fundada sobre la fe cristiana”. “La historia – se lee – ha hecho que nosconvirtiésemos en un pequeño rebaño. Pero nosotros, con nuestra conducta, podemos volver a ser una presencia que cuenta. Desde hace décadas, la falta de resolución del conflicto palestino-israelí, la falta de respeto del derecho internacional y de los derechos humanos, y el egoísmo de las grandes potencias han desestabilizado el equilibrio de la región e impuesto a las poblaciones una violencia que corre el riesgo de abocarlas a la desesperación. La consecuencia de todo esto es la emigración, especialmente de los cristianos.

 

Frente a este desafío y apoyado por la comunidad cristiana universal, el cristiano de Oriente Medio está llamado a aceptar su propia vocación, al servicio de la sociedad”. La invitación a los creyentes es que “sean testigos, conscientes de que dar testimonio de la verdad puede llevar a ser perseguidos”. A los cristianos del Oriente Medio – concluye el Instrumentum Laboris – se puede repetir aún hoy: ‘No temas, pequeño rebaño’ (Lc 12, 32), tienes una misión, de ti dependerá el crecimiento de tu país y la vitalidad de tu Iglesia, y esto sucederá sólo con la paz, la justicia y la igualdad de todos sus ciudadanos.

"La misión del sacerdote, mostrar que Dios no está lejos del hombre"

Vídeo: Romereports

 

Homilía en la Clausura del Año Sacerdotal

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 11 de junio de 2010 (ZENIT.org).-

“Dios quiere que nosotros, como sacerdotes, en un pequeño punto de la historia, compartamos sus preocupaciones por los hombres”.

  Misa de clausura del Año Sacerdotal  
 

La Plaza de san Pedro durante la Misa

Así lo afirmó el Papa Benedicto XVI durante la solemne Concelebración Eucarística con más de 15.000 sacerdotes de todo el mundo, celebrada hoy en la basílica de San Pedro como conclusión del Año Sacerdotal. El Papa centró su extensa homilía, explicando la figura bíblica del Buen Pastor, en hablar sobre la misión del sacerdote, que no es otra que llevar a Dios a los hombres en un momento histórico en el que Dios parece lejano e inalcanzable. Este “alejamiento de Dios” no es nuevo en la historia del hombre: “Las religiones del mundo, por lo que podemos ver, han sabido siempre que, en último análisis, sólo hay un Dios. Pero este Dios era lejano”.

Este Dios “abandonaba aparentemente el mundo a otras potencias y fuerzas, a otras divinidades. Había que llegar a un acuerdo con éstas. El Dios único era bueno, pero lejano. No constituía un peligro, pero tampocoofrecía ayuda. Por tanto, no era necesario ocuparse de Él. Él no dominaba”, explicó el Papa. Curiosamente, “esta idea ha resurgido en la Ilustración. Se aceptaba no obstante que el mundo presupone un Creador. Este Dios, sin embargo, habría construido el mundo, para después retirarse de él”. “Ahora el mundo tiene un conjunto de leyes propias según las cuales se desarrolla, y en las cuales Dios no interviene, no puede intervenir”.

Sin embargo, explicó el Papa, el Cristianismo supone la buena noticia de que “Dios cuida personalmente de mí, de nosotros, de la humanidad. No me ha dejado solo, extraviado en el universo y en una sociedad ante la cual uno se siente cada vez más desorientado”.

“Muchos, quizás, tampoco deseaban que Dios se preocupara de ellos. No querían que Dios los molestara. Pero allí donde la cercanía del amor de Dios se percibe como molestia, el ser humano se siente mal”, pues “es bello y consolador saber que hay una persona que me quiere y cuida de mí. Pero es mucho más decisivo que exista ese Dios que me conoce, me quiere y se preocupa por mí”.

Este Dios, como buen pastor, “muestra el camino correcto a quienes le están confiados. Los precede y guía. Digámoslo de otro modo: el Señor nos muestra cómo se realiza en modo justo nuestro ser hombres. Nos enseña el arte de ser persona”.

“¿Qué debo hacer para no arruinarme, para no desperdiciar mi vida con la falta de sentido? En efecto, ésta es la pregunta que todo hombre debe plantearse y que sirve para cualquier período de la vida. ¡Cuánta oscuridad hay alrededor de esta pregunta en nuestro tiempo!”, exclamó.

En su misión de pastorear, prosiguió el Papa, la Iglesia “debe usar la vara del pastor, la vara con la que protege la fe contra los farsantes, contra las orientaciones que son, en realidad, desorientaciones”. “En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de amor. Hoy vemos que no se trata de amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal. Como tampoco se trata de amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la fe, como si nosotros inventáramos la fe autónomamente”. Al mismo tiempo, añadió, “la vara continuamente debe transformarse en el cayado del pastor, cayado que ayude a los hombres a poder caminar por senderos difíciles y seguir a Cristo”.

“Cada cristiano y cada sacerdote deberían transformarse, a partir de Cristo, en fuente que comunica vida a los demás. Deberíamos dar el agua de la vida a un mundo sediento”. “Como sacerdotes, queremos ser personas que, en comunión con su amor por los hombres, cuidemos de ellos, les hagamos experimentar en lo concreto esta atención de Dios”, concluyó el Papa.

 

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"Los cristianos somos piedras vivas del templo del Espíritu Santo"

 

El Papa cita a San Pedro en su visita a la catedral maronita de Chipre

CHIPRE, 6 JUN 2010 (VIS).-

A las 16,30 el Santo Padre llegó a la catedral maronita de Nuestra Señora de las Gracias, construida gracias a una colecta de los fieles y a la contribución del gobierno chipriota y consagrada en 1960.

  Costa de Chipre  
 

Costa de Chipre

El Papa, a quien recibió el arzobispo maronita de Chipre, Youssef Soueif, afirmó: "Con  la visita a este edificio peregrino espiritualmente a cada iglesia maronita de la isla. Os aseguro que con el afecto de un padre, me siento cercano a todos los fieles de estas comunidades tan antiguas".

"Esta Iglesia Catedral -continuó- representa por diversos aspectos la verdadera historia, larga y rica, a veces turbulenta, de la comunidad maronita en Chipre. Los maronitas llegaron a estas orillas en diversos períodos a lo largo de los siglos y a menudo sufrieron duras pruebas por permanecer fieles a su específica herencia cristiana. Sin embargo, aunque su fe ha sido acrisolada como el oro por el fuego, han perseverado en la fe de sus padres, una feque en este momento ha pasado a vosotros, Maronitas Chipriotas de hoy. Os exhorto a valorar como un tesoro esta gran herencia, este regalo precioso".

"El edificio de esta Catedral nos recuerda también una importante verdad espiritual. San Pedro afirma que los cristianos somos piedras vivas que entramos "en la construcción del templo del Espíritu formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo". Junto con todos los cristianos del mundo, somos parte de este gran templo que es el Cuerpo Místico de Cristo. Nuestro culto espiritual, ofrecido en muchas lenguas, en tantos lugares y en una hermosa variedad de liturgias, es una expresión de la única voz del Pueblo de Dios, unido en oración y en agradecimiento a él, en comunión permanente de unos con otros. Esta comunión, que tanto apreciamos, nos impulsa a llevar la Buena Noticia de nuestra nueva vida en Cristo a toda la humanidad".

"Ésta es la tarea que comparto hoy con vosotros: suplico que vuestra Iglesia, en unión con todos vuestros pastores y con el Obispo de Roma, crezca en santidad, en fidelidad al Evangelio y en amor por el Señor y por todos", concluyó el Santo Padre.

Después del saludo del Papa, Su Beatitud el cardenal Nasrallah Pierre Sfeir, Patriarca de Antioquía de los Maronitas, rezó la Oración del Perdón, según la liturgia siríaca y tras un himno de invocación a la Virgen, el Santo Padre se trasladó en automóvil al aeropuerto de Larnaca.

Los primeros cristianos se sabían "mensajeros", afirma Benedicto XVI

 

 

Palabras de la homilía del Papa en Chipre

CHIPRE, 6 JUN 2010 (VIS).-

El Papa celebró esta mañana la Santa Misa en el Palacio de Deportes Eleftherìa de Nicosia, con capacidad para 6.000 personas, con ocasión de la publicación del "Instrumentum laboris" de la Asamblea Especial para Oriente Medio.

  Benedicto XVI con Crisóstomos II  
 

El Papa con el Arzobispo ortodoxo de Chipre

Participaron en la celebración eucarística los Patriarcas y Obispos de las distintas comunidades eclesiales de Medio Oriente, así como un numeroso grupo de fieles chipriotas. Al inicio, el arzobispo maronita de Chipre, monseñor Youssef Soueif, dirigió unas breves palabras de saludo al Santo Padre.

Recordando en la homilía que hoy se celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Benedicto XVI explicó que "el nombre dado a esta fiesta en Occidente, Corpus Christi, se usa en la tradición de la Iglesia para designar tres realidades distintas: el cuerpo físico de Jesús, nacido de la Virgen María; su cuerpo eucarístico, el pan del cielo que nos nutre en este gran sacramento, y su cuerpo eclesial, la Iglesia. Al considerar los distintos aspectos del Corpus Christi, llegamos a comprender más profundamente el misterio de comunión que nos une a quienes formamos parte de la Iglesia".

"Cada uno de nosotros que formamos parte de la Iglesia necesita salir del mundo cerrado de su individualismo y aceptar la "compañía" de los que "comparten el pan" con nosotros. (...) Por eso, todos los días pedimos a "nuestro" Padre el pan "nuestro" de cada día. La condición previa para entrar en la vida divina a la que estamos llamados es derribar las barreras entre nosotros y nuestros vecinos. Necesitamos ser liberados de lo que nos aprisiona y aísla: temor y desconfianza recíproca, avidez y egoísmo, falta de voluntad para correr el riesgo de la vulnerabilidad a la que nos exponemos cuando nos abrimos al amor".

El Papa puso de relieve que "en la primera comunidad cristiana, que se alimentaban de la mesa del Señor, vemos los efectos de la acción unificadora del Espíritu Santo. Compartían sus bienes, desprendiéndose de todos los bienes materiales por amor a los hermanos. (...) Pero su amor no se limitaba al grupo de los creyentes. No se veían a sí mismos como beneficiarios exclusivos y privilegiados de los favores divinos, sino más bien como mensajeros, para llevar la buena noticia de la salvación en Cristo hasta los confines del mundo. De esta manera, el mensaje que Cristo resucitado confió a los Apóstoles se extendió con rapidez por todo el Medio Oriente, y desde allí al mundo entero".

"Estamos llamados a superar nuestras diferencias, a llevar paz y reconciliación donde exista un conflicto, a ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Estamos llamados a tender una mano a quien lo necesite, a compartir con generosidad nuestros bienes materiales con los más desafortunados. Estamos llamados a proclamar de manera incansable la muerte y la resurrección del Señor, hasta que Él vuelva".

Al final de la misa, el arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos, agradeció al Papa la convocación de la próxima Asamblea Especial para Oriente Medio, que se celebrará en el Vaticano en octubre próximo, e invitó al pontífice a entregar una copia del "Instrumentum laboris" o documento de trabajo a los miembros del Consejo Especial para el Sínodo.

  Benedicto XVI con algunos líderes musulmanes de Chipre  
 
Benedicto XVI con algunos líderes musulmanes de Chipre

Antes de rezar el Ángelus, Benedicto XVI resaltó que "Oriente Medio ocupa un lugar especial en el corazón de todos los cristianos, puesto que fue allí donde por vez primera Dios se dio a conocer a nuestros padres en la fe".         

"Es bien conocido -dijo- que algunos de vosotros soportáis grandes pruebas a causa de la situación actual de la región. La Asamblea Especial es una oportunidad para que los cristianos del resto del mundo ofrezcan su apoyo espiritual y su solidaridad a sus hermanos y hermanas de Oriente Medio".

Los cristianos de esta región "deseáis vivir en paz y en armonía con vuestros vecinos judíos y musulmanes. A menudo, actuáis como artífices de paz en el difícil proceso de reconciliación. Merecéis el reconocimiento por el papel inestimable que realizáis. Espero firmemente que todos vuestros derechos, incluido el derecho a la libertad religiosa y de culto, sean cada vez más respetados y que nunca más sufráis discriminaciones de ningún tipo".

"Ruego para que el trabajo de la Asamblea Especial ayude a dirigir la atención de la comunidad internacional sobre la difícil situación de los cristianos en Medio Oriente que sufren por sus creencias, de modo que se encuentre una solución justa y duradera a los conflictos que provocan tanto dolor. Con respecto a esta grave cuestión, reitero mi llamamiento personal a que se realice un esfuerzo internacional urgente y concertado para resolver las tensiones que persisten en Medio Oriente, especialmente en Tierra Santa, antes de que dichos conflictos lleven a un mayor derramamiento de sangre".

"Con estos deseos -terminó-, os entrego ahora el texto del "Instrumentum laboris" de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Medio Oriente".

Después del Ángelus, el Papa recordó que hoy se celebraba en Varsovia la beatificación de Jerzy Popiełuszko, sacerdote y mártir. "Envío un cordial saludo a la Iglesia en Polonia, que hoy se alegra con su elevación a los altares. Su servicio apasionado y su martirio son un signo especial del triunfo del bien sobre el mal. Que su ejemplo e intercesión alimenten la entrega de los sacerdotes e inflame la caridad de los fieles", concluyó.

Terminada la celebración eucarística, el Santo Padre se trasladó a la nunciatura apostólica de Nicosia para almorzar con los miembros de su séquito, los patriarcas y obispos del Consejo Especial del Sínodo para Oriente Medio y Su Beatitud Crisóstomos II.

 

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El Papa sigue "las huellas de los santos Pablo y Bernabé"

"Chipre ha sido bendecida con una fuerte herencia cristiana"

CIUDAD DEL VATICANO, 4 JUN 2010 (VIS).-

Benedicto XVI, el primer pontífice que visita Chipre, aterrizó esta mañana a las 14,00 (hora local) en el aeropuerto de Paphos,  dando inicio a su decimosexto viaje apostólico. A su llegada fue recibido por el presidente chipriota, Demetris Christofias y por su esposa.

  Benedicto XVI a su llegada a Chipre  
 

Benedicto XVI a su llegada a Chipre

Acogieron también al Santo Padre el nuncio apostólico en Chipre, arzobispo Antonio Franco, el arzobispo Joseph Soueif, de Chipre de los Maronitas, Su Beatitud Fouad Twal, patriarca de Jerusalén de los Latinos, padre Pierbattista Pizzaballa, Custodio de TierraSanta y Su Beatitud Crisóstomos II, arzobispo ortodoxo de Chipre.

Después de recibir el saludo del presidente de la República de Chipre, Benedicto XVI pronunció un breve discurso:

"Chipre se encuentra en un cruce de caminos de culturas y religiones -dijo el Papa-, de historias a la vez gloriosas y antiguas, pero que todavía tienen un impacto fuerte y visible en su vida. Tras su reciente entrada en la Unión Europea, la República de Chipre ha empezado a sentir el beneficio de los intercambios económicos y políticos con otros países europeos. (...) Es deseable que esta pertenencia aporte prosperidad al país y que los otros países europeos se enriquezcan a su vez gracias al patrimonio espiritual y cultural chipriota, que refleja su papel histórico, al encontrarse entre Europa, Asia y  África. Que el amor por vuestra patria y por vuestras familias y el deseo de vivir en armonía con vuestros vecinos bajo la protección misericordiosa de Dios Todopoderoso os inspiren a resolver con paciencia los problemas que todavía compartís con la comunidad internacional por el futuro de la isla".

"Siguiendo las huellas de nuestros padres comunes en la fe, los santos Pablo y Bernabé, vengo como peregrino y siervo de los siervos de Dios. Desde que los Apóstoles trajeron el mensaje cristiano a estas costas, Chipre ha sido bendecida con una fuerte herencia cristiana", prosiguió el Santo Padre, que saludó "como un hermano en esa fe" a Su Beatitud Crisóstomos, arzobispo de Nea Justiniana y de toda Chipre y manifestó el deseo de "encontrar pronto a muchos otros miembros de la Iglesia Ortodoxa de Chipre".

Benedicto XVI hizo extensivo su saludo a los demás "líderes religiosos chipriotas". "Espero -dijo- fortalecer nuestros lazos comunes y reafirmar la necesidad de consolidar la confianza mutua y la amistad duradera con todos los que adoran al único Dios".

"Como sucesor de Pedro vengo de forma especial a saludar a los católicos de Chipre para confirmarlos en la fe y animarles a ser ejemplares como cristianos y como ciudadanos, y a vivir plenamente su papel en la sociedad para el beneficio tanto de la Iglesia como del Estado", señaló el Santo Padre, agregando que durante su estancia entregará el "Instrumentum laboris" de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, que examinará "diversos aspectos de la presencia de la Iglesia en esa región y los desafíos a los que se enfrentan los católicos, a veces en circunstancias difíciles, viviendo en comunión con la Iglesia católica y ofreciendo su testimonio al servicio de la sociedad y del mundo".

"Chipre es, por lo tanto -concluyó-, un lugar apropiado para  lanzar una reflexión sobre nuestra Iglesia en el seno de la milenaria comunidad católica en Oriente Medio, nuestra solidaridad con todos los cristianos de la región y nuestra convicción de que tienen un papel insustituible para apoyar la paz y la reconciliación entre sus pueblos".

Finalizado el discurso, el Santo Padre se trasladó a la iglesia de Agia Kiriaki Chrysopolitissa, para asistir a una celebración ecuménica.

 

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