LOS PRIMEROS CRISTIANOS "SE HICIERON CARGO DE LAS NECESIDADES DE LOS HOMBRES"

Durante la presentación del mensaje del Papa para la cuaresma de 2010

 

  El cardenal Josef Cordes  
  El cardenal Josef Cordes

 

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 4 de febrero de 2010 (ZENIT.org)-

El presidente del Pontificio Consejo Cuor Unum, cardenal Josef Cordes destacó cómo los primeros cristianos, siguiendo el ejemplo de Jesús "se hicieron cargo de las necesidades del hombre".

El purpurado, presidente del dicasterio que se encarga de orientar e inspirar la labor caritativa de la Iglesia, intervino esta mañana en una rueda de prensa realizada la Santa Sede, con motivo de la presentación del mensaje del Papa Benedicto XVI para la cuaresma de 2010.

La justicia en la historia

Recordó cómo el Papa Calixto I, muerto en el año 222 "instituyó una serie de banco de los pobres", donde buscaba que tanto las viudas como los pobres estuvieran fuera del peligro de sufrir la esclavitud.

Señaló también cómo Basilio de Cesarea, muerto en el año 379 "fue el primero en fundar hospitales" y se convirtió en un abogado "de tantos oprimidos frente a los poderosos".

  San Basilio Magno  
  San Basilio Magno
El cardenal recordó cómo durante la Edad Media, a pesar de ser tildada por muchos historiadores como una "época oscura", se desarrolló la llamada Tregua Dei. "Los hombres de Iglesia ponían sus bienes al servicio de la gente sencilla" y promovían también "el deseo entusiasta de una convivencia pacífica". La Tregua Dei se originó en Francia, y luego se extendió a España, Italia y Alemania.

Señaló cómo en la modernidad, cuando algunos países europeos tuvieron tantas colonias en otros lugares, no pocas veces los hombres estaban expuestos a una cruel exploración. Allí "misioneros y religiosas cristianas no sólo llevaron la fe a los habitantes de aquellas tierras, sino que les enseñaban a menudo un nuevo estilo y calidad de vida".

Reconoció que muchos gobiernos han aprendido a hacer buenos actos al buscar maneras de combatir la miseria, especialmente en países lejanos.

"En el pasado los cristianos eran los primeros en hacerse promotores de una mayor justicia", aseguró el purpurado. "En su compromiso a favor de la paz no tienen nada que envidiar a la eficacia del trabajo de las instancias estatales".

Justicia divina

Por ello afirmó que el problema de la justicia "no puede ser resuelto con intervenciones mundanas", sino que "va más allá de las categorías políticas". Y se refirió al mensaje de Benedicto XVI para esta Cuaresma, asegurando que éste "supera el horizonte meramente mundano en la reivindicación de la justicia". "La experiencia del mal nos enseña que sería ingenuo confiarse solamente en la justicia humana que interviene sobre las estructuras y sobre los comportamientos desde el exterior", dijo el cardenal, argumentando que el corazón del hombre "necesita ser sanado".

Señaló el purpurado que las palabras del Papa resultan "un reto para nuestra voluntad a confiaren Dios y a creer en Él". Y advirtió que este mensaje "puede parecer irritante, debido a que experimentamos continuamente que sólo lo que hemos ganado con nuestras fuerzas nos pertenece y que nada nos es regalado; debido a que somos ignorados si no alzamos la voz para revindicar lo que es nuestro".

El cardenal Josef Cordes concluyó su intervención recordando cómo en la vida ordinaria, Dios es dejado de lado y por ello la visión de la justicia resulta no pocas veces tan terrenal. "Una vez más descubrimos que el Evangelio no se encuentra en sintonía con el buen sentido burgués y debe por ello ser proclamado siempre de nuevo".

El Papa previene contra la tentación de “hacer carrera” en la Iglesia

 

 Al recordar a santo Domingo de Guzmán

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 3 de febrero de 2010 (ZENIT.org).-

 

  Santo Domingo de Guzmán  
  Santo Domingo de Guzmán

 

Siguiendo con su ciclo de catequesis sobre la historia de la teología en la Iglesia en la Edad Media, tras la catequesis sobre san Francisco de Asís, el Papa Benedicto XVI dedicó hoy su intervención a hablar sobre el otro gran fundador del siglo XIII, santo Domingo de Guzmán.

El Papa, explicando la historia del insigne fundador de la Orden de los Frailes Predicadores, le propuso como modelo de pobreza y consagración a la evangelización, alejado de los prestigios eclesiásticos.

 

“Este gran santo nos recuerda que en el corazón de la Iglesia debe arder siempre un fuego misionero, que empuja incesantemente a llevar el primer anuncio del Evangelio y, donde sea necesario, a una nueva evangelización”, explicó.

 

“¡Es Cristo, de hecho, el bien más precioso que los hombres y las mujeres de todo tiempo y de todo lugar tienen el derecho de conocer y amar!”

 

En este sentido, mostró su satisfacción por los “pastores y fieles laicos, miembros de antiguas órdenes religiosas y de nuevos movimientos eclesiales”, que “con alegría gastan su vida por este ideal supremo: anunciar y dar testimonio del Evangelio”, también en la Iglesia actual.

 

También destacó de santo Domingo su renuncia a los privilegios personales que podría haber conseguido de una prometedora carrera eclesiástica, sino más bien su dedicación humilde a las tareas que le fueron confiadas.

 

“¿No es quizás una tentación la de la carrera, del poder, una tentación de la que ni siquiera están inmunes aquellos que tienen un papel de animación y de gobierno en la Iglesia?”, afirmó el Papa, recordando sus propias palabras del pasado mes de septiembre, durante una consagración episcopal.

 

No buscamos poder, prestigio, estima para nosotros mismos. Sabemos cómo las cosas en la sociedad civil, y no pocas veces en la Iglesia, sufren por el hecho de que muchos de aquellos a los que se les ha conferido una responsabilidad trabajan para sí mismos y no para la comunidad", decía en aquella ocasión.

 
 

Tras fundar la Orden de Predicadores, que se distinguía por no tener bienes que administrar sino vivir mendigando, Domingo, “con un gesto valiente, quiso que sus seguidores adquiriesen una sólida formación teológica, y no dudó en enviarles a las universidades de la época”, explicó el Papa.

 
  Santo Domingo de Guzmán  
  Santo Domingo de Guzmán con el Papa

Precisamente la dedicación al estudio “como preparación al apostolado” es uno de los elementos que distingue a los dominicos: “Domingo quiso que sus frailes se dedicasen a él sin reserva, con diligencia y piedad”.

 

Se trata, añadió el Papa, de “un estudio fundado en el alma de cada saber teológico, es decir, en la Sagrada Escritura, y respetuoso con las preguntas planteadas por la razón”.

 

En este sentido, exhortó a los católicos, y especialmente a los sacerdotes, a cultivar esta "dimensión cultural" de la fe, “para que la belleza de la vida cristiana pueda ser mejor comprendida y la fe pueda ser verdaderamente nutrida, reforzada y también defendida”.

 

“El desarrollo de la cultura impone a aquellos que realizan el ministerio de la Palabra, a los distintos niveles, estar bien preparados”, añadió, dirigiéndose en especial a sacerdotes y seminaristas, con motivo del Año Sacerdotal.

 

“Los sacerdotes, los consagrados y también todos los fieles pueden encontrar una profunda "alegría interior" al contemplar la belleza de la verdad que viene de Dios, verdad siempre actual y siempre viva. El lema de los Frailes Predicadores – contemplata aliis tradere – nos ayuda a descubrir, además, un anhelo pastoral en el estudio contemplativo de estas verdades, por la exigencia de comunicar a los demás el fruto de la propia contemplación”, concluyó.

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Descubierta por primera vez una casa de tiempos de Jesús en Nazaret

El hallazgo permite descubrir cómo era el estilo de vida en la localidad

NAZARET, domingo 30 de enero de 2010 (ZENIT.org).-

Por primera vez se ha descubierto una casa de tiempos de Jesús junto a la Basílica de la Anunciación de Nazaret, un acontecimiento arqueológico sin precedentes que permite comprender el estilo de vida de esa época en la localidad.

  Casa descubierta en Nazaret  
  Restos de la casa descubierta en Nazaret
 

Los restos de la casa están a ambos lados de una larga muralla que data del siglo XV, de la época mameluca, que ha sido desenterrada en las excavaciones, efectuadas por la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI).

El jefe de la AAI en el distrito norte, Dror Barashad, destacó la importancia del lugar, sobre todo por su proximidad a la gruta donde la tradición sitúa la visita del Arcángel Gabriel a la Virgen María, y que está al otro lado de la calle. "Un túnel bien pudo conectar la gruta de la Anunciación con el lugar donde se ha descubierto la casa", indicó.

Los vestigios han aparecido durante las investigaciones arqueológicas realizadas por la Autoridad de Antigüedades de Israel con motivo de la construcción del Centro Internacional María de Nazaret, situado en el sector en el que según la tradición vivió Cristo.

 

   

 

Según explica un comunicado de prensa de la Autoridad de Antigüedades de Israel, "restos de una habitación que se remontan al período romano han sido descubiertos por primera vez en las excavaciones realizadas con motivo de la construcción del Centro Internacional María de Nazaret, junto a la basílica de la Anunciación".

 

 
 

"Jesús seguramente conoció este lugar y quizá esta casa", añade en un comunicado la Asociación María de Nazaret, institución que promueve la construcción del centro. El centro surge en frente de la Basílica de la Anunciación, situada en el lugar en el que, según la tradición católica, se encontraba la casa de la Virgen María.

 

Según Yardenna Alexandre, directora de las excavaciones en nombre de la Autoridad de Antigüedades de Israel, "el hallazgo tiene una importancia capital, pues descubre por primera vez una casa del pueblo judío de Nazaret y permite sacar a la luz el estilo de vida en tiempos de Jesús". 

 

 

"El edificio que hemos encontrado es pequeño y modesto --añade la arqueóloga-- y casi seguramente es típico de las casas de Nazaret de aquella época. Según las raras fuentes escritas que existen, sabemos que en el primer siglo de nuestra era Nazaret era un pequeño pueblo judío, situado en un valle. Hastaahora, un cierto número de tumbas de la época de Jesús de Nazaret habían sido encontradas, pero no se había descubierto ningún vestigio que pudiera ser atribuido a este período".

 

 

  Vista aérea  
  Vista aérea de los restos de la casa descubierta en Nazaret
 
En la casa, según explica la Autoridad de Antigüedades de Israel se han encontrado algunos objetos, en su mayoría fragmentos de cerámica de la época romana (de los siglos I y II), en particular, objetos "utilizados sólo por judíos en este período, pues estos recipientes no son susceptibles de convertirse ritualmente en impuros". Todos los utensilios hallados responden a lo que sería una familia modesta, no hay joyas ni cristales", precisó Alexandre, que subrayó además que "no han hallado nada por encima del estrato del primer y segundo siglo por lo que es probable que la estructura dejara de utilizarse por entonces".

 

 

 

La arqueóloga Alexandre revela que en la casa ha encontrado una fosa que fue realizada probablemente en el marco de los preparativos realizados por los judíos para protegerse de la gran revuelta contra los romanos, en el año 67 d.C. 

 

Según la Autoridad de Antigüedades de Israel hasta ahora en Nazaret sólo se habían encontrado tumbas del Antiguo Imperio Romano, pero todavía no se había encontrado un testimonio histórico de este valor.

 

La actual Basílica de Nazaret, construida en 1969, se eleva sobre los vestigios de tres iglesias anteriores de las cuales, la más antigua, se remonta al período bizantino (siglo IV). En este lugar, se encuentra una gruta que, como recuerda la autoridad israelí, "ha sido atribuida en la Antigüedad a la casa de la familia de Jesús".

"Amó la pobreza para seguir a Cristo con dedicación y libertad total"

 

 

 

CIUDAD DEL VATICANO, 27 de enero de 2010 (VIS).-

  San Francisco de Asís  
  San Francisco de Asís

Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, a San Francisco de Asís (1181/82-1226), un"auténtico gigante de la santidad que sigue fascinando a tanta gente de toda edad y de diferentes credos religiosos".

 
 

Francisco, explicó el Papa, pertenecía a una rica familia y transcurrió una juventud azarosa. A los veinte años tomó parte en una campaña militar y fue hecho prisionero. A su regreso a Asís comenzó un proceso de conversión espiritual que le llevó a abandonar gradualmente su estilo de vida mundano. En la ermita de San Damiano, Francisco tuvo una visión en la que Cristo, desde el crucifijo, le hablaba invitándole a reparar su Iglesia.

 
 

Esa invitación "reviste un simbolismo profundo" porque el estado ruinoso de la ermita, representa también "la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquella época, con una fe superficial que no forma ni transforma la vida, un clero poco entregado a su tarea. (...) Una descomposición interior de la Iglesia, de su unidad, debido al auge de movimientos heréticos. Y sin embargo, en el centro de esta Iglesia en ruinas está el Crucifijo que habla y llama a la renovación, llama a Francisco".

 
 

El Santo Padre habló también de la coincidencia entre ese acontecimiento y el sueño del Papa Inocencio III en el mismo año, 1207, cuando el pontífice soñó cómo se derrumbaba la basílica de San Juan de Letrán, y un fraile "pequeño y miserable" la apuntalaba para impedir su caída. El Papa reconocerá en el fraile a San Francisco, que fue a verlo a Roma dos años más tarde.

 
 

"Inocencio III -comentó Benedicto XVI- era un Papa potente, de gran cultura teológica y también de poder político, pero no es él quien renueva la Iglesia. Es el fraile "pequeño y miserable", es Francisco, llamado por Dios. Pero, por otra parte, es importante saber que Francisco no renueva la Iglesia sin o contra el Papa, sino en comunión con el Papa. Las dos realidades van juntas: el sucesor de Pedro, los obispos y la Iglesia fundada en la sucesión de los apóstoles y el carisma nuevo que el Espíritu crea en aquel momento para renovar la Iglesia".

 
 

Después de renunciar a la herencia paterna en 1208, el santo decidió vivir en la pobreza y dedicarse a la predicación, y un año más tarde, acompañado de sus primeros seguidores, viajó a Roma para someter al Papa Inocencio III el proyecto de una nueva forma de vida cristiana.

 
 

Hablando de la diatriba entre el Francisco de la tradición y el Francisco que algunos definen histórico, el Papa subrayó que es cierto que el santo "quería seguir la Palabra de Cristo, sin glosa, (...) en toda su radicalidad y verdad", pero "también es verdad que sabía que Cristo no es nunca solo mío sino siempre nuestro, (...) que yo no puedo reconstruir Su voluntad y Su Palabra contra la Iglesia".

 
 

Asimismo es  verdad que Francisco, al principio "no quería crear una nueva orden", con los procedimientos canónicos necesarios, pero "entendió con sufrimiento y dolor que todo debe tener su orden y que el derecho de la Iglesia es necesario para dar forma a la renovación, y así se insertó (...) de todo corazón en la comunión de la Iglesia con el Papa y los obispos".

 
 
 

Tras mencionar la incorporación de Santa Clara a la escuela de Francisco y elogiar los frutos que la Segunda Orden franciscana, la de las Clarisas, ha dado a la Iglesia, Benedicto XVI habló del viaje del santo en 1219 a Egipto para entrevistarse con el sultán Melek-el Kamel y poder predicar allí también el Evangelio de Jesús. "En una época caracterizada por un fuerte enfrentamiento entre Cristianismo e Islam -dijo- Francisco, armado sólo de su fe y de su mansedumbre, recorrió con eficacia los caminos del diálogo. (...) Es un modelo en que tendrían que inspirarse hoy también las relaciones entre cristianos y musulmanes: promover un diálogo en la verdad, en el respeto recíproco y en la comprensión mutua".

 
  San Francisco de Asís  
  San Francisco de Asís

También se refirió el Papa a la posible estancia de Francisco en Tierra Santa, y subrayó que sus hijos espirituales hicieron de los Santos Lugares un ámbito privilegiado de su misión. "Pienso con gratitud -añadió- en los grandes méritos de la Custodia franciscana de Tierra Santa".

 
 

Francisco, que murió en 1226, "tendido en la tierra desnuda" de la Porciúncula,  "representa un "alter Christus" porque "efectivamente su ideal era ser como Jesús, (...) imitar sus virtudes. En particular, quiso dar un valor fundamental a la pobreza interior y exterior enseñándola también a sus hijos espirituales. (...) El testimonio de Francisco, que amó la pobreza para seguir a Cristo con dedicación y libertad total, sigue siendo también para nosotros una invitación a cultivar la pobreza interior, para crecer en la confianza en Dios, uniendo asimismo un estilo de vida sobrio y un despego de los bienes materiales".

 
 

El Santo Padre subrayó que en el Pobrecillo de Asís, "el amor por Cristo se expresó especialmente en la adoración al Santísimo Sacramento", y recordó que el santo admiraba a los sacerdotes "porque habían recibido el don de consagrar la Eucaristía".  "No olvidemos nunca esta enseñanza -dijo el Papa dirigiéndose a sus hermanos en el sacerdocio-. La santidad de la Eucaristía nos exige ser puros y vivir de forma coherente con el Misterio que celebramos".

 
 

Otra característica de la espiritualidad del santo es "el sentido de la fraternidad universal y el amor por la creación que le inspiró el célebre "Cántico de las Criaturas". Un mensaje muy actual porque (...) sólo es sostenible un desarrollo que respete la creación y no perjudique el ambiente" y "también la construcción de una paz sólida está ligada al respeto de lo creado. Francisco nos recuerda que en la creación se despliega la sabiduría y la benevolencia del Creador".

 
 

El Santo Padre concluyó recordando que Francisco fue "un gran santo y un hombre alegre. (...) Efectivamente, entre la santidad y la alegría hay una relación íntima e indisoluble. Un escritor francés dijo que en el mundo sólo hay una tristeza: la de no ser santos".

 

"Amó la pobreza para seguir a Cristo con dedicación y libertad total"

CIUDAD DEL VATICANO, 27 de enero de 2010 (VIS).-

  San Francisco de Asís  
  San Francisco de Asís

Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, a San Francisco de Asís (1181/82-1226), un "auténtico gigante de la santidad que sigue fascinando a tanta gente de toda edad y de diferentes credos religiosos".

Francisco, explicó el Papa, pertenecía a una rica familia y transcurrió una juventud azarosa. A los veinte años tomó parte en una campaña militar y fue hecho prisionero. A su regreso a Asís comenzó un proceso de conversión espiritual que le llevó a abandonar gradualmente su estilo de vida mundano. En la ermita de San Damiano, Francisco tuvo una visión en la que Cristo, desde el crucifijo, le hablaba invitándole a reparar su Iglesia.

Esa invitación "reviste un simbolismo profundo" porque el estado ruinoso de la ermita, representa también "la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquella época, con una fe superficial que no forma ni transforma la vida, un clero poco entregado a su tarea. (...) Una descomposición interior de la Iglesia, de su unidad, debido al auge de movimientos heréticos. Y sin embargo, en el centro de esta Iglesia en ruinas está el Crucifijo que habla y llama a la renovación, llama a Francisco".

El Santo Padre habló también de la coincidencia entre ese acontecimiento y el sueño del Papa Inocencio III en el mismo año, 1207, cuando el pontífice soñó cómo se derrumbaba la basílica de San Juan de Letrán, y un fraile "pequeño y miserable" la apuntalaba para impedir su caída. El Papa reconocerá en el fraile a San Francisco, que fue a verlo a Roma dos años más tarde.

"Inocencio III -comentó Benedicto XVI- era un Papa potente, de gran cultura teológica y también de poder político, pero no es él quien renueva la Iglesia. Es el fraile "pequeño y miserable", es Francisco, llamado por Dios. Pero, por otra parte, es importante saber que Francisco no renueva la Iglesia sin o contra el Papa, sino en comunión con el Papa. Las dos realidades van juntas: el sucesor de Pedro, los obispos y la Iglesia fundada en la sucesión de los apóstoles y el carisma nuevo que el Espíritu crea en aquel momento para renovar la Iglesia".

Después de renunciar a la herencia paterna en 1208, el santo decidió vivir en la pobreza y dedicarse a la predicación, y un año más tarde, acompañado de sus primeros seguidores, viajó a Roma para someter al Papa Inocencio III el proyecto de una nueva forma de vida cristiana.

Hablando de la diatriba entre el Francisco de la tradición y el Francisco que algunos definen histórico, el Papa subrayó que es cierto que el santo "quería seguir la Palabra de Cristo, sin glosa, (...) en toda su radicalidad y verdad", pero "también es verdad que sabía que Cristo no es nunca solo mío sino siempre nuestro, (...) que yo no puedo reconstruir Su voluntad y Su Palabra contra la Iglesia".

Asimismo es  verdad que Francisco, al principio "no quería crear una nueva orden", con los procedimientos canónicos necesarios, pero "entendió con sufrimiento y dolor que todo debe tener su orden y que el derecho de la Iglesia esnecesario para dar forma a la renovación, y así se insertó (...) de todo corazón en la comunión de la Iglesia con el Papa y los obispos".

Tras mencionar la incorporación de Santa Clara a la escuela de Francisco y elogiar los frutos que la Segunda Orden franciscana, la de las Clarisas, ha dado a la Iglesia, Benedicto XVI habló del viaje del santo en 1219 a Egipto para entrevistarse con el sultán Melek-el Kamel y poder predicar allí también el Evangelio de Jesús. "En una época caracterizada por un fuerte enfrentamiento entre Cristianismo e Islam -dijo- Francisco, armado sólo de su fe y de su mansedumbre, recorrió con eficacia los caminos del diálogo. (...) Es un modelo en que tendrían que inspirarse hoy también las relaciones entre cristianos y musulmanes: promover un diálogo en la verdad, en el respeto recíproco y en la comprensión mutua".

  San Francisco de Asís  
  San Francisco de Asís

También se refirió el Papa a la posible estancia de Francisco en Tierra Santa, y subrayó que sus hijos espirituales hicieron de los Santos Lugares un ámbito privilegiado de su misión. "Pienso con gratitud -añadió- en los grandes méritos de la Custodia franciscana de Tierra Santa".

Francisco, que murió en 1226, "tendido en la tierra desnuda" de la Porciúncula,  "representa un "alter Christus" porque "efectivamente su ideal era ser como Jesús, (...) imitar sus virtudes. En particular, quiso dar un valor fundamental a la pobreza interior y exterior enseñándola también a sus hijos espirituales. (...) El testimonio de Francisco, que amó la pobreza para seguir a Cristo con dedicación y libertad total, sigue siendo también para nosotros una invitación a cultivar la pobreza interior, para crecer en la confianza en Dios, uniendo asimismo un estilo de vida sobrio y un despego de los bienes materiales".

El Santo Padre subrayó que en el Pobrecillo de Asís, "el amor por Cristo se expresó especialmente en la adoración al Santísimo Sacramento", y recordó que el santo admiraba a los sacerdotes "porque habían recibido el don de consagrar la Eucaristía".  "No olvidemos nunca esta enseñanza -dijo el Papa dirigiéndose a sus hermanos en el sacerdocio-. La santidad de la Eucaristía nos exige ser puros y vivir de forma coherente con el Misterio que celebramos".

Otra característica de la espiritualidad del santo es "el sentido de la fraternidad universal y el amor por la creación que le inspiró el célebre "Cántico de las Criaturas". Un mensaje muy actualporque (...) sólo es sostenible un desarrollo que respete la creación y no perjudique el ambiente" y "también la construcción de una paz sólida está ligada al respeto de lo creado. Francisco nos recuerda que en la creación se despliega la sabiduría y la benevolencia del Creador".

El Santo Padre concluyó recordando que Francisco fue "un gran santo y un hombre alegre. (...) Efectivamente, entre la santidad y la alegría hay una relación íntima e indisoluble. Un escritor francés dijo que en el mundo sólo hay una tristeza: la de no ser santos".

 

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"Predicaron y trataron temas muy cercanos a la vida de la gente"

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 13 de enero de 2010 (VIS).-

 
  San Francisco de Asís  
San Francisco de Asís

Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, a las órdenes mendicantes, surgidas en el siglo XIII, centrándose en las más conocidas, los franciscanos y los dominicos, fundadas respectivamente por el italiano Francisco de Asís y el español Domingo de Guzmán.

"Son los santos, guiados por la luz de Dios, los auténticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, promueven una renovación eclesial estable y profunda", explicó el Papa.

Santos como Francisco de Asís y Domingo de Guzmán "fueron capaces de leer con inteligencia los signos de los tiempos, intuyendo los retos con los que tenía que enfrentarse la Iglesia en su época".

Uno de estos desafíos era "la expansión de varios grupos y movimientos de fieles que, aunque inspirados por un deseo legítimo de vida cristiana auténtica, se colocaban a menudo fuera de la comunión eclesial". Entre estos grupos estaban los cataros o albigenses, que repropusieron antiguas herejías como "el desprecio del mundo material, (...) la negación de la libre voluntad y la existencia de un (...) principio del mal equiparable a Dios".

Movimientos como aquellos tuvieron éxito, "no solo por su sólida organización, sino también porque denunciaban un desorden real en la Iglesia, causado por el comportamiento poco ejemplar de diversos representantes del clero".

Sin embargo, los franciscanos y los dominicos "demostraron que era posible vivir la pobreza evangélica sin separarse de la Iglesia", renunciando no solamente a la posesión de bienes materiales, sino también rechazando que la comunidad fuera propietaria de terrenos y bienes inmuebles, testimoniando así "una vida extremadamente sobria para ser solidarios con los pobres y confiar solo en la Providencia".

El estilo personal y comunitario de las Ordenes Mendicantes, "unido a la adhesión total a la enseñanza de la Iglesia y a su autoridad fue muy apreciado por los pontífices de la época, (...) que ofrecieron su pleno apoyo a esas nuevas experiencias eclesiales, reconociendo en ellas la voz del Espíritu".

"También hoy, incluso viviendo en una sociedad en la que prevalece el tener sobre el ser, somos muy sensibles a los ejemplos de pobreza y solidaridad", observó Benedicto XVI, recordando que Pablo VI afirmaba que "el mundo escucha de buen grado a los maestros cuando también hay testigos. Esta es una lección que no hay que olvidar nunca en la obra de difusión del Evangelio: vivir en primera persona lo que se anuncia, ser espejo de la caridad divina".

Asimismo, las Órdenes respondieron a la exigencia muy difundida en su época de la instrucción religiosa, predicando y tratando "temas muy cercanos a la vida de la gente, sobre todo la práctica de las virtudes teologales y morales, con ejemplos concretos, fácilmente comprensibles".

  Santo Domingo de Guzmán  
  Santo Domingo de Guzmán

Dada la importancia que asumieron las Órdenes Mendicantes, instituciones laicas como los gremios o las autoridades civiles las consultaban a menudo. Los franciscanos y dominicos fueron así "los animadores espirituales de la ciudad medieval" y "pusieron en marcha una estrategia pastoral adecuada a las transformaciones de la sociedad".

En un tiempo en que las ciudades crecían, construyeron sus conventos en zonas urbanas y viajaron de un lugar a otro, "abandonando el principio de estabilidad que había caracterizado la vida monástica durante siglos".

Adoptaron para ello una organización diversa, "reservando mayor importancia a la Orden en cuanto tal y al Superior General" frente a la autonomía de la que hasta entonces gozaba cada monasterio. "Así, estaban más disponibles para las exigencias de la Iglesia Universal", comentó el Santo Padre.

Otro gran reto eran "las transformaciones culturales", que hacían muy vivaz la discusión en las universidades. De ahí que los frailes "entrasen en los ateneos más famosos como estudiantes y profesores, erigieran centros de estudio (...) e incidieran significativamente en el desarrollo del pensamiento".

"Hoy también hay una "caridad de la verdad y en la verdad", concluyó el Papa. "Una "caridad intelectual" para iluminar las inteligencias y conjugar la fe con la cultura. La tarea de los franciscanos y dominicos en las universidades medievales es una invitación a estar presentes en los lugares de elaboración del saber para proponer, con respeto y convicción, la luz del Evangelio sobre las cuestiones fundamentales que atañen al ser humano, a su dignidad y a su destino eterno".

BENEDICTO XVI: "DESAPEGO PREOCUPANTE" ENTRE RAZÓN Y LIBERTAD

 

Son equitativas las leyes que respetan la vida y promueven la solidaridad

"Sigue siendo urgente la necesidad de comunicar mensajes dotados de sabiduría"

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 16 de diciembre de 2009 (ZENIT.org)

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

En muchos países se asiste hoy a un “desapego preocupante” entre razón y libertad que puede llevar a una dictadura del relativismo.

Así lo observó este miércoles Benedicto XVI con ocasión de la Audiencia general, reflexionando sobre el pensamiento del teólogo inglés Juan de Salisbury.

Hablando a las alrededor de nueve mil personas presentes en el aula Pablo VI , el Pontífice explicó que este pensador del Medioevo, que vivió entre 1100 y 1180, y que fue obispo de Chartres, sostenía que las leyes humanas y la actuación política deberían siempre conformarse a la ley natural.

Para Juan de Salisbury, prosiguió el Papa, existe “una verdad objetiva e inmutable, cuyo origen es Dios, accesible a la razón humana y que se refiere a la actuación práctica y social.

Se trata de un derecho natural, al cual las leyes humanas y las autoridades políticas y religiosas deben inspirarse, para que puedan promover el bien común”.

Contrariamente en nuestro tiempo, observó el Pontífice, “sobre todo en algunos países, asistimos a un desapego preocupante entre la razón, que tiene la tarea de descubrir los valores éticos ligados a la dignidad de la persona humana, y la libertad, que tiene la responsabilidad de acogerlos y promoverlos”.

“Quizás – prosiguió – Juan de Salisbury nos recordaría hoy que son conformes a la equidad sólo las leyes que tutelan la sacralidad de la vida humana y rechazan la licitación del aborto, de la eutanasia, y de las experimentaciones genéticas sin trabas, las leyes que respetan la dignidad del matrimonio entre el hombre y la mujer, que se inspiran en una correcta laicidad del Estado – laicidad que comporta siempre la salvaguarda de la libertad religiosa – y que persiguen la subsidiariedad y la solidaridad a nivel nacional e internacional”.

“De lo contrario – prosiguió – acabaría por instaurarse la que Juan de Salisbury define la ‘tiranía del príncipe’ o, diríamos nosotros, la "dictadura del relativismo": un relativismo que, como recordaba hace unos años, no reconoce nada como definitivo y deja como última medida sólo al propio yo y sus antojos”. Un tipo de relativismo ético, el que subraya el Papa, que “a menudo se extiende por los mass media”.

  Benedicto XVI  
 
Benedicto XVI

“Hoy – afirmó –, la que Juan definía ‘elocuencia’, es decir, la posibilidad de comunicar con instrumentos cada vez más elaborados y difundidos, se ha multiplicado enormemente.

Con todo, sigue siendo urgente la necesidad de comunicar mensajes dotados de "sabiduría’, inspirados en laverdad, la bondad y la belleza”.

“Esta es una gran responsabilidad – añadió –, que interpela en particular a las personas que trabajan en el ámbito multiforme y complejo de la cultura, de la comunicación, de los medios”.

“Fuente última” de esta verdad, dijo el Santo Padre, que debe guiar cada esfera de la actuación humana, es Dios: “Este principio es muy importante para la sociedad y para el desarrollo, en cuanto que ni una ni otro pueden ser sólo productos humanos”.

“La misma vocación al desarrollo de las personas y de los pueblos no se funda en una simple deliberación humana, sino que está inscrita en un plan que nos precede, y que constituye para nosotros un deber que debe ser libremente acogido para que nazca la justicia”.

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