Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de san pablo

La actualidad de san Pablo en un mundo multirreligioso, según el Papa

Primera catequesis del nuevo ciclo sobre el apóstol de las gentes

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 julio 2008 (ZENIT.org).-

  San Pablo  
   

En un mundo multicultural y multirreligioso, san Pablo tiene un mensaje particularmente actual, considera Benedicto XVI.

El pontífice presentó este miércoles el ejemplo de apóstol de las gentes, en particular su capacidad para asimilar los grandes valores filosóficos de su época y de armonizarlos sin traicionar en lo más mínimo a su fe en Jesucristo.

De este modo comenzó un nuevo ciclo de catequesis en su encuentro semanal con los fieles dedicado a Pablo de Tarso con motivo del Año Paulino (de 28 de junio de 2008 a 29 de junio de 2009), que él mismo ha convocado para celebrar los dos mil años de su nacimiento.

Su primera intervención, celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, con la participación de casi diez mil peregrinos, se concentró en presentar un análisis del ambiente en el que el santo vivió, pues --como señaló-- "el contexto sociocultural de hoy no es muy diferente al de entonces".

El obispo de Roma presentó a san Pablo como "hombre de tres culturas", "teniendo en cuenta su origen judío, su idioma griego y su prerrogativa de civis romanus (ciudadano romano), como lo testimonia también el nombre de origen latino".

"La visión universalista típica de la personalidad de san Pablo, al menos del Pablo cristiano que surgió tras la caída en el camino de Damasco, debe ciertamente su impulso básico a la fe en Jesucristo, en cuanto la figura del Resucitado supera todo particularismo", reconoció el pontífice.

De hecho, "para el apóstol ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gálatas 3, 28). Ahora bien, la situación histórico-cultural de su tiempo y ambiente también influyó en sus opciones y compromiso".

En particular, el Papa mencionó cómo Pablo acogió los valores positivos de la filosofía estoica, que aunque de manera marginal, influyó en el cristianismo de los orígenes.

  Conversión de San Pablo  
 
Conversión de San Pablo

"Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta", dice el apóstol en Filipenses (4, 8).

Un filósofo como Séneca, superando todo ritualismo exterior, enseñaba que "Dios está cerca de ti, está contigo, está dentro de ti" (Cartas a Lucilio, 41,1), recordó Benedicto XVI.

Del mismo modo, cuando Pablo se dirige a un auditorio de filósofos epicúreos y estoicos en el Areópago de Atenas, dice textualmente que "Dios... no habita en santuarios fabricados por manos humanas..., pues en él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos de los Apóstoles 17,24.28).

"De este modo, se hace ciertamente eco de la fe judía en un Dios que no puede ser representado en términos antropomorfos, pero se pone también en una longitud de onda religiosa que sus oyentes conocían bien", aclaró el Papa.

Tras su repaso del ambiente cultural del siglo I de la era cristiana el Papa concluyó constatando que "no es posible comprender adecuadamente a san Pablo sin enmarcarlo en su trasfondo, tanto judío como pagano de su tiempo".

"Perotodo esto es igualmente válido para el cristianismo en general", aclaró explicando los motivos por los que ha convocado el Año Paulino: "aprender de San Pablo la fe, aprender de él quién es Cristo, aprender, en último término, el camino para una vida recta", concluyó.

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El mundo necesita nuevos apóstoles y tiene sed del Evangelio, asegura Benedicto XVI

Es necesario llevar a todos la luz de Cristo

Al presentar la biografía de san Pablo, alma "enamorada de Cristo"

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 agosto 2008 (ZENIT.org).-

  San Pablo  
   

El mundo tiene sed del Evangelio y necesita nuevos apóstoles, como lo fue san Pablo, en los orígenes del cristianismo, aseguró este miércoles Benedicto XVI.

El pontífice continuó en la audiencia general, concedida en el Aula Pablo VI del Vaticano a ocho mil peregrinos, la serie de catequesis que está ofreciendo sobre el apóstol de las gentes.

En este año paulino, que concluirá el 29 de junio, el pontífice dedicó este encuentro a presentar una breve biografía de Saulo de Tarso, en la que destacan sus incansables misioneros que permitieron que el cristianismo se abriera a los no judíos, adquiriendo un perfil universal.

"Se dedicó al anuncio del Evangelio sin ahorrar energías, afrontando una serie de duras pruebas", recordó el pontífice

"Su compromiso sólo se explica con un alma verdaderamente fascinada por la luz del Evangelio, enamorada de Cristo, un alma basada en una convicción profunda: es necesario llevar al mundo la luz de Cristo, anunciar el Evangelio a todos", aclaró.

El obispo de Roma analizó las peripecias del perseguidor de cristianos que se convertiría en el apóstol de Jesús en el mundo entonces conocido, con este objetivo: "ver su pasión por el Evangelio, intuir así la grandeza, la hermosura, es más, la necesidad profunda del Evangelio para todos nosotros".

Pidió las oraciones de los creyentes para que "el Señor, que hizo ver su luz a Pablo, que le hizo escuchar su Palabra, que tocó su corazón íntimamente, nos haga ver también a nosotros su luz, para que también nuestro corazón quede tocado por su Palabra y también nosotros podamos dar al mundo de hoy, que tiene sed, la luz del Evangelio y la verdad de Cristo".

Tras la audiencia general, el Santo Padre regresó en helicóptero a la residencia pontificia de Castel Gandolfo, donde cumple con sus actividades ordinarias en estos días de verano.

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El cristianismo no es una filosofía ni una moral, es un encuentro; aclara el Papa

La actualidad de san Pablo en un mundo multirreligioso, según el Papa

Al rememorar la "conversión" de san Pablo

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 3 de septiembre, 2008 (ZENIT.org).-

  San Pablo  
   

El cristianismo no es una filosofía o una moral, es un encuentro con Cristo; explicó Benedicto XVI este miércoles al ilustrar el momento central de la vida de san Pablo: su encuentro con Jesús en el camino de Damasco.

Continuando con la serie de catequesis sobre el apóstol de las gentes, en el Año Paulino que dura hasta el próximo mes de junio, el Papa revivió junto a miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI el momento central de la vida de Saulo de Tarso.

Fue un auténtico giro en su vida, aclaró, "el Cristo resucitado aparece como una luz espléndida y habla a Saulo, transforma su pensamiento y su misma vida".

Sin embargo, señaló el obispo de Roma, "Pablo no interpreta nunca este momento como un hecho de conversión", pues "este giro de su vida, esta transformación de todo su ser no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o evolución intelectual y moral, sino que vino desde fuera: no fue el fruto de su pensamiento, sino del encuentro con Jesucristo".

"No fue sencillamente una conversión, una maduración de su "yo", sino que fue muerte y resurrección para él mismo: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo Resucitado. De ninguna otra forma se puede explicar esta renovación de Pablo".

"Todos los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Solo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la llave para entender qué había sucedido: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquél que se había revelado y había hablado con él", añadió el Papa.

Esto significa que para los creyentes, "el cristianismo no es una filosofía nueva o una nueva moral. Sólo somos cristianos si encontramos a Cristo", explicó el pontífice.

El Papa explicó que este encuentro personal se realiza hoy "en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia".

Sólo en este encuentro "podemos tocar el corazón de Cristo y sentir que Él toca el nuestro. Sólo en esta relación personal con Cristo, sólo en este encuentro con el Resucitado nos convertimos realmente en cristianos".

 

Muerte y resurrección

El Papa, tomando las dos fuentes del Nuevo Testamento que ilustran este acontecimiento (los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de San Pablo), explicó a los peregrinos la centralidad del encuentro con Cristo en la vida del Apóstol.

Más allá de los detalles del relato del Camino de Damasco, Benedicto XVI explicó que la llave es la aparición real del Resucitado.

"El esplendor del Resucitado le deja ciego: aparece también exteriormente lo que era la realidad interior, su ceguera respecto de la verdad, de la luz que es Cristo. Y después su definitivo "sí" a Cristo en el bautismo reabre de nuevo sus ojos, le hace ver realmente".

"Todos los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Solo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la llave para entender qué había sucedido: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquel que se había revelado y había hablado con él".

Pablo se siente siempre "elegido y enviado por el mismo Cristo, sin intermediarios", explica el Papa, pero siempre en comunión con toda la Iglesia.

"Pablo aprendió que, a pesar de la inmediatez de su relación con el Resucitado, debe entrar en la comunión de la Iglesia, debe hacerse bautizar, debe vivir en sintonía con los demás apóstoles. Sólo en esta comunión con todos él podrá ser un verdadero apóstol", añade.

Por último, el Papa explicó que esta experiencia del apóstol es la que le permitió integrar su tradición judía con el pensamiento y la filosofía pagana.

"Esto engrandeció su corazón, lo abrió a todos. En este momento no perdió cuanto había de bueno y de verdadero en su vida, en su heredad, sino que comprendió de forma nueva la sabiduría, la verdad, la profundidad de la ley y de los profetas, se apropió de ellos de modo nuevo".

"Al mismo tiempo, su razón se abrió a la sabiduría de los paganos; habiéndose abierto a Cristo con todo su corazón, fue capaz de entablar un diálogo amplio con todos, pudo hacerse todo con todos. Así realmente podía ser el apóstol de los paganos", concluyó Benedicto XVI.

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Benedicto XVI: san Pablo estaba en comunión con el resto de los Apóstoles

La actualidad de san Pablo en un mundo multirreligioso

El Papa rebate a quienes afirman que san Pablo inventó el cristianismo

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 24 de septiembre, 2008 (ZENIT.org).-

  San Pablo  
  San Pablo y san Pedro (EL Greco)

La importancia que concede en sus cartas a la Tradición viva de la Iglesia "demuestra cuán equivocada está la visión de quienes atribuyen a Pablo el invento del cristianismo", explicó este miércoles Benedicto XVI durante la audiencia general.

El Papa dedicó la catequesis por quinta vez a la figura del apóstol san Pablo, en esta ocasión, en relación con los Doce y con la Iglesia de Jerusalén. La audiencia tuvo lugar en la Plaza de San Pedro, y en ella participaron cerca de 15.000 peregrinos de los cinco continentes, entre ellos varios grupos procedentes de Europa del Este y de Oceanía.

Según explicó Benedicto XVI, la relación entre Pablo y el resto de los apóstoles "estuvieron siempre marcadas por un profundo respeto y por la franqueza que en Pablo derivaba de la defensa de la verdad del Evangelio".

Destacó especialmente la relación con Pedro, a quien consultó durante quince días sobre la vida terrena de Jesús.

Según el Papa, Pablo transmite fielmente en sus Cartas las dos fórmulas fundamentales de la tradición viva de la Iglesia, que son el anuncio de la Resurrección y la Eucaristía.

Estas fórmulas, que contienen las palabras de Jesús en la Última Cena y la enumeración de las apariciones del Resucitado, "son elementos constitutivos y conciernen a la Eucaristía y a la Resurrección; se trata de textos ya formulados en los años treinta".

"Él los transmite verbalmente, tal y como los ha recibido, con una fórmula muy solemne: "Os transmito cuanto he recibido". Insiste por tanto en la fidelidad a cuanto él mismo ha recibido y fielmente transmite a los nuevos cristianos", añadió el Papa.

Además, ambas fórmulas constituyen también el nudo de la teología paulina, explicó, pues las palabras de Jesús en la Última Cena "son realmente para Pablo centro de la vida de la Iglesia".

 
San Pablo
 
San Pablo y san Pedro (Icono)

"De este centro eucarístico, del que nace siempre de nuevo la Iglesia -también para toda la teología de Pablo, para todo su pensamiento- estas palabras tienen un notable impacto sobre la relación personal de Pablo con Jesús".

El otro texto, sobre la Resurrección, nos transmite de nueva la misma fórmula de fidelidad. San Pablo escribe: "Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce".

Al incluir su propia experiencia en el camino de Damasco, Pablo "subraya la identidad y la unicidad del anuncio del Evangelio: tanto ellos como yo predicamos la misma fe, el mismo Evangelio de Jesucristo muerto y resucitado que se entrega en la Santísima Eucaristía", añadió el Papa.

Por tanto, explicó, la importancia que Pablo confiere a la Tradición viva de la Iglesia "demuestra cuán equivocada está la visión de quienes atribuyen a Pablo el invento del cristianismo: antes de proclamar el evangelio de Jesucristo, le ha encontrado en el camino de Damasco y lo ha conocido en la Iglesia".

"Cuanto más intentamos seguir las huellas de Jesús de Nazaret por los caminos de Galilea, tanto más podemos comprender que él ha tomado a cargo nuestra humanidad, compartiéndola en todo excepto en el pecado. Nuestra fe no nace de un mito, ni de una idea, sino del encuentro con el Resucitado, en la vida de la Iglesia", concluyó el Papa.

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BENEDICTO XVI ASEGURA QUE "LOS HECHOS Y LAS PALABRAS DE JESÚS SE REFLEJAN FIELMENTE EN LOS ESCRITOS PAULINOS"

El Papa comenta los textos del Apóstol de las Gentes

destaca que, para san pablo, jesucristo no es una figura del pasado

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 8 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-

  San Pablo  
  San Pablo

El Papa Benedicto XVI dedicó hoy de nuevo la tradicional catequesis de la audiencia general a la figura del Apóstol san Pablo, a los cerca de 25.000 peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

En esta ocasión, el Papa se centró en mostrar cómo los hechos y las palabras de Jesús se reflejan fielmente en los escritos paulinos, a pesar de que históricamente nunca llegara a conocerle en persona.

“El mismo san Pablo distingue dos maneras de conocer a Jesús”, explicó, “según la carne, es decir, externamente, o con el corazón, es decir, el núcleo de la persona”. Pablo conocía a Jesús de esta forma, aunque también sabía los detalles de su vida.

“Solo con el corazón se conoce verdaderamente a una persona”, reiteró el Papa. “Hay personas doctas que conocen a Jesús en muchos de sus detalles y personas sencillas que no conocen estos detalles, pero que lo conocen en su verdad”.

Seguidamente, el Papa explicó que, por los escritos paulinos, se deduce que Pablo conocía perfectamente muchos detalles personales y muchas palabras y hechos de Jesús, por tres tipos de referencia: explícita, por alusiones a pasajes evangélicos, y por la transposición de muchas enseñanzas de Jesús.

En una serie de pasajes, entre ellos por ejemplo sobre la indisolubilidad del matrimonio o sobre la Última Cena, Pablo muestra que conocía exactamente palabras pronunciadas por Jesús.

En otros, como la figura del ladrón en la noche, Pablo hacía referencia claramente a un pasaje evangélico que no tiene correspondencia en el Antiguo Testamento.

Pablo, explica el Papa, “conoce la pasión de Jesús, su cruz, el modo en que vivió los últimos momentos de su vida. La cruz de Jesús y la tradición sobre este hecho de la cruz está en el centro del kerygma paulino”.

“Otro pilar de la vida de Jesús conocido por san Pablo era el Discurso de la Montaña, del que cita algunos elementos casi literalmente, cuando escribe a los Romanos: "Amaos unos a otros... Bendecid a los que os persiguen... vivid en paz con todos... Venced al mal con el bien..." ”.

El Papa puso varios ejemplos de correspondencia de la doctrina paulina con la vida de Jesús, entre ellos la utilización de la palabra “Abbà” (“papá”) utilizada por Jesús para referirse a Dios en el Monte de los Olivos, y que por su extrema familiaridad era impensable en boca de un hebreo.

  San Pablo  
 
San Pablo

“En las Cartas de san Pablo a los Romanos y a los Gálatas sorprendentemente esta palabra "Abbà", que expresa la exclusividad de la filiación de Jesús, aparece en la boca de los bautizados, porque han recibido el Espíritu del Hijo”, continúa el Papa.

El Papa prosiguió con varios ejemplos, que muestran la fidelidad de Pablo al Jesús de los Evangelios. Sin embargo, añadió, “san Pablo no pensaba en Jesús como algo histórico, como una persona del pasado. Conoce ciertamente la gran tradición sobre la vida, las palabras, la muerte y la resurrección de Jesús, pero no los trata como algo del pasado; lo propone como realidad del Jesús vivo”. “Esta es la verdadera forma de conocer a Jesús y de acoger la tradición sobre él”, añadió.

Finalmente, el Papa exhortó a los fieles a “aprender a conocer a Jesús, no según la carne, como una persona del pasado, sino como nuestro Señor y Hermano, que hoy está con nosotros y nos muestra cómo vivir y como morir”.

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LA IGLESIA, ASAMBLEA CONVOCADA POR DIOS EN EL MUNDO

El Papa habló sobre las enseñanzas de san Pablo acerca de la Iglesia

EL APÓSTOL presenta a la única Iglesia de Dios como “esposa de Cristo” en el amor

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 15 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa continuó con las catequesis sobre San Pablo y hoy habló acerca de la enseñanza del Apóstol sobre la Iglesia.

El Santo Padre recordó que "la palabra Iglesia, "Ekklesía" en griego, viene del Antiguo Testamento y significa la asamblea del pueblo de Israel convocada por Dios". La palabra Iglesia aparece por primera vez en la Carta de San Pablo a los Tesalonicenses y en otras ocasiones habla de la Iglesia de Dios que está en Corinto, en Galacia, etc, "pero también dice que ha perseguido a “la Iglesia de Dios", no una determinada comunidad local sino “la Iglesia de Dios".

"La Iglesia posee un significado pluridimensional: por una parte indica las asambleas de Dios en determinados lugares, en una ciudad, un país, una casa, pero también significa toda la Iglesia en su conjunto. De este modo vemos que “la Iglesia de Dios” no es una asociación de iglesias locales, sino que estas son a su vez realizaciones de la única Iglesia de Dios".

Benedicto XVI puso de relieve que "la palabra “Iglesia” aparece casi siempre con el añadido “de Dios”: no es una asociación humana nacida de ideas o intereses comunes, sino una convocación realizada por Dios. El la ha convocado y por tanto es una entodas sus realizaciones. La unidad de Dios crea la unidad de la Iglesia en todos los lugares donde se encuentra".

En la Carta a los Efesios, continuó, San Pablo "elabora el concepto de unidad de la Iglesia en continuidad con el concepto de Pueblo de Dios, Israel. (...) Pablo presenta a la única Iglesia de Dios como “esposa de Cristo” en el amor, un solo cuerpo y un solo espíritu con el mismo Cristo".

"Pablo tenía clara una cosa: el valor fundamental y fundacional de Cristo y de la "palabra" que lo anunciaba. Sabía que no solo no se llega a ser cristianos a la fuerza, sino que en la configuración interna de la nueva comunidad la componente institucional estaba inevitablemente ligada a la "palabra" viva", al anuncio de Cristo vivo”.

El Santo Padre subrayó que "la obra evangelizadora de Pablo tenía como fin implantar una comunidad de creyentes en Cristo. Esta idea se encuentra en la etimología misma de la palabra "ekklesía", (...) que implica directamente una llamada "ab extra", y no solo la idea de reunirse juntos; los creyentes están llamados por Dios, que les reúne en una comunidad, su Iglesia".

Refiriéndose al concepto paulino de Iglesia como "cuerpo de Cristo", el Papa afirmó que había que “tener presentes las dos dimensiones de este concepto: una de carácter sociológico, según la cual el cuerpo es constituido por sus miembros y sin ellos no podría existir. (...) San Pablo también dice que la Iglesia no es solo un organismo, sino que es cuerpo de Cristo realmente en el sacramento de la Eucaristía, donde todos, recibiendo su Cuerpo, llegamos a ser realmente un mismo cuerpo (...) y un mismo espíritu en Cristo".

  San Pedro y San Pablo  
 
San Pedro y San Pablo

"Pablo sabe y nos hace entender a todos que la Iglesia no es suya ni nuestra; es "cuerpo de Cristo", "Iglesia de Dios", "campo de Dios", "edificación de Dios". Esta última designación (...) atribuye a un tejido de relaciones interpersonales un término que servía comúnmente para indicar un lugar físico considerado sacro. La relación entre Iglesia y templo asume dos dimensiones complementarias: por una parte se atribuyen a la comunidad eclesial las características de pureza y separación propias del edificio sagrado, y al mismo tiempo se supera el concepto de un espacio material de presencia divina, que se aplica a la realidad de una comunidad viva de fe".

El Papa comentó a continuación el concepto de "pueblo de Dios" "que en San Pablo se aplica sustancialmente al pueblo del Antiguo Testamento, y después los paganos (...) se convierten también en Pueblo de Dios gracias a su incorporación en Cristo mediante la palabra y el sacramento".

En la Carta a Timoteo, dijo el Santo Padre, "la Iglesia es considerada como "casa de Dios", que se refiere a la Iglesia como estructura comunitaria de afectuosas relaciones interpersonales de carácter familiar".

"El Apóstol nos ayuda a comprender cada vez en mayor profundidad -terminó- el misterio de la Iglesia en sus distintas dimensiones de asamblea de Dios en el mundo. Esta es la grandeza de la Iglesia y la grandeza de nuestra llamada".

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el papa prepara una encíclica dedicada a la esperanza

ROMA, 7 OCTUBRE 2007

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

Benedicto XVI está preparando una tercera encíclica, esta vez dedicada al tema de la esperanza, que podría salir incluso antes de la ya preanunciada este verano y que estaría dedicada a los temas sociales, según avanzó ayer el diario italiano Il Messaggero, recoge Ep.

El rotativo señala que el Papa empezó a trabajar en una encíclica sobre la esperanza durante el periodo de vacaciones que pasó este verano en los Alpes italianos.

Con este documento, el Sumo Pontífice se habría propuesto recordar a los cristianos que su máxima aspiración debe ser vivir para la vida eterna.

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

Su idea sería “hablar al corazón de los cristianos e invitarlos a tener esperanza a ver el futuro, a superar los miedos de la muerte”, convirtiéndose así en “testimonios de la esperanza”, permaneciendo “siempre jóvenes” y sin caer en el “pesimismo”, detalla el periódico italiano.

“Ante este horizonte”, prosigue, “Benedicto XVI parece referirse en los grandes debates ligados a las dudas y los desafíos de la humanidad, de las fronteras científicas, de la bioética, de la defensa de la vida”.

Con todo, la postura que defendería el Papa sería contraria al nihilismo, que describe la esperanza como “la virtud de los débiles”, convirtiendo a los cristianos en “inútiles y extraños al progreso del mundo”.

Asimismo, Il Messaggero destaca que podría salir dentro de poco e incluso antes que el otro documento dedicado a los temas sociales y de cuyo proyecto se habló en verano.

Por el momento, el Papa sólo ha publicado una encíclica, a principios del año pasado, dedicada al Amor de Dios y titulada Deus Caritas est. Las encíclicas son las cartas que el Romano Pontífice dirige a toda la Iglesia con el objetivo de difundir sus enseñanzas en el terreno moral, doctrinal o social.

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Benedicto XVI señala que "la humildad de Cristo es expresión del amor divino"

CRISTO VIVO ES PARA EL APÓSTOL LA GRAN PASIÓN QUE SOSTIENE SUS PASOS

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 22 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-

  mosaico San Pablo  
  Mosaico de San Pablo en San Vitale (Rávena)

Ante los peregrinos reunidos este miércoles en la Plaza de San Pedro para la Audiencia General, Benedicto XVI volvió a retomar el ciclo de catequesis sobre san Pablo, centrándose en esta ocasión en la centralidad de la divinidad de Cristo, crucificado y resucitado, en sus enseñanzas.

Pablo, explica el Papa, centraba su enseñanza a las comunidades en “el anuncio de Jesucristo como "Señor", vivo ahora y presente en medio de los suyos”, hasta el punto de que “Jesucristo resucitado, "exaltado sobre todo nombre", está en el centro de todas sus reflexiones”.

“De ahí la esencialidad característica de la cristología paulina, que desarrolla las profundidades del misterio con una preocupación constante y precisa: anunciar, ciertamente, a Jesús, su enseñanza, pero anunciar sobre todo la realidad central de su muerte y resurrección”, subraya.

Esta experiencia de Cristo vivo, que Pablo tuvo en el camino de Damasco, es la que intenta transmitir, explica el obispo de Roma: “Cristo es para el Apóstol el criterio de valoración de los acontecimientos y de las cosas, el fin de todo esfuerzo que él hace para anunciar el Evangelio, la gran pasión que sostiene sus pasos por los caminos del mundo”.

Este Cristo es “un Cristo vivo, concreto”, es “esta persona que me ama, con la que puedo hablar, que me escucha y me responde, éste es realmente el principio para entender al mundo y para encontrar el camino en la historia”. La cristología paulina apunta a la divinidad de Cristo, a quien identifica con la Sabiduría del Antiguo Testamento.

Efectivamente, explica el Papa, los Libros sapienciales muestran una Sabiduría que existía antes de la creación del mundo, y que descendió para establecerse entre los hombres, como se recuerda en el prólogo del evangelio de Juan.

“San Pablo, desarrollando su cristología, se refiere precisamente a esta perspectiva sapiencial: reconoce a Jesús la sabiduría eterna existente desde siempre, la sabiduría que desciende y se crea una tienda entre nosotros”, añade.

Sin embargo, este reconocimiento de la divinidad de Cristo no es una “invención paulina”, explica el Papa, pues uno de los textos más significativos, el himno a la humildad de Cristo contenido en la carta a los Filipenses, es, según los exégetas, una composición precedente.

  Cristo de Velázquez  
  Cristo de Velázquez

“Este es un dato de gran importancia, porque significa que el judeo-cristianismo, antes de san Pablo, creía en la divinidad de Jesús. En otras palabras, la fe en la divinidad de Jesús no es un invento helenístico, surgido después de la vida terrena de Jesús”, explica el Papa, sino que “el primer judeo-cristianismo creía en la divinidad de Jesús, es más, podemos decir que los mismos Apóstoles, en los grandes momentos de la vida de su Maestro, han entendido que Él era el Hijo de Dios”.

Otro de los aspectos que la cristología de Pablo pone de manifiesto, afirma el Papa, es la realización del plan divino de la salvación, que contrasta “con la pretensión de Adán que quería hacerse Dios, y contrasta también con el gesto de los constructores de la torre de Babel que querían edificar por sí solos el puente hasta el cielo y hacerse ellos mismos divinidad”.

“Esta iniciativa de la soberbia acabó con la autodestrucción: así no se llega al cielo, a la verdadera felicidad, a Dios. El gesto del Hijo de Dios es exactamente lo contrario: no la soberbia, sino la humildad, que es la realización del amor, y el amor es divino”.

Esta humildad de Cristo, “con la que contrasta la soberbia humana”, explica el Papa, “es realmente expresión del amor divino; a ella le sigue esa elevación al cielo a la que Dios nos atrae con su amor”.

Precisamente, Cristo invita a los hombres a “participar en su humildad, es decir, a su amor hacia el prójimo, para ser así partícipes de su glorificación, convirtiéndonos con él en hijos en el Hijo”, concluye el Papa.

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El Papa recuerda que la Cruz sigue siendo el centro del mensaje cristiano

"El anuncio de Cristo crucificado era la razón de la vida de san Pablo"

EL CRUCIFICADO ES SABIDURÍA, PORQUE MANIFIESTA DE VERDAD QUIEN ES DIOS

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 29 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-

  icono San Pablo  
  Icono de San Pablo.

Benedicto XVI explicó este miércoles a los 20 mil fieles congregados en la Plaza de San Pedro que la Cruz sigue siendo el punto clave y primordial del mensaje cristiano, como lo fue para san Pablo.

El Papa siguió con su ciclo de catequesis con motivo del Año Paulino, y esta vez se centró en el contenido de la predicación del Apóstol, que era la experiencia del amor de Cristo en la Cruz, un anuncio -el de Dios encarnado en Cristo muerto y resucitado- que, afirma el Papa, "en lacultura antigua no parecía tener espacio".

"La Cruz, por todo lo que representa y también por el mensaje teológico que contiene, es escándalo y necedad", afirmó el Papa.

"Si para los judíos el motivo de rechazo de la Cruz se encuentra en la Revelación, es decir, en la fidelidad al Dios de sus padres, para los griegos, es decir, los paganos, el".

Para los judíos, la Cruz era un "escándalo", es decir, "trampa o piedra de tropiezo: parece obstaculizar la fe del pío israelita", mientras que para los griegos "ya era inaceptable que Dios se hiciera hombre, sumergiéndose en todos los límites del espacio y del tiempo.¡Por tanto era decididamente inconcebible creer que un Dios pudiera acabar en una Cruz!".

Esta mentalidad "no es muy distinta del mundo actual", pero sin embargo, "a siglos de distancia de Pablo, vemos que ha vencido la Cruz y no la sabiduría que se opone a Cruz".

"El "escándalo" y la "necedad" de la Cruz están precisamente en el hecho que ahí donde parece haber solo fracaso, dolor, derrota, precisamente allí está todo el poder del Amor ilimitado de Dios, porque la Cruz es expresión de amor y el amor es el verdadero poder que se revela precisamente en esta aparente debilidad", añadió el obispo de Roma.

Al haber experimentado este amor en su propia persona, la Cruz pasó a ser para Pablo "la razón de su vida y el motivo de su predicación", explicó el pontífice.

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

El "evangelio de la gracia" se convirtió así, añadió, "en la única forma de entender la Cruz, el criterio no sólo de su nueva existencia, sino también la respuesta a sus interlocutores".

Para san Pablo, reveló el Papa, "la Cruz tiene un primado fundamental en la historia de la humanidad; representa el punto principal de su teología, porque decir Cruz quiere decir salvación como gracia dada a toda criatura".

Este anuncio paulino, concluyó Benedicto XVI , el "relevante" para los cristianos hoy.

"También nosotros debemos entrar en este "ministerio de la reconciliación", que supone siempre la renuncia a la propia superioridad y la elección de la necedad del amor".

"San Pablo ha renunciado a su propia vida dándose totalmente a sí mismo para el ministerio de la reconciliación, de la Cruz que es salvación para todos nosotros.

Y esto debemos saber hacer también nosotros", añadió.

"Debemos formar nuestra vida sobre esta verdadera sabiduría: no vivir para nosotrosmismos, sino vivir en la fe en ese Dios del que todos podemos decir: "Me ha amado y se ha dado a sí mismo por mí"".

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“Si Cristo no ha resucitado, el cristianismo es absurdo”, afirma el Papa

Benedicto XVI propone al Apóstol san Pablo como ejemplo de teólogo

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO ES LA SÍNTESIS DEL ANUNCIO EVANGÉLICO

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).-

  San Pablo  
  San Pablo

"Por sí sola la Cruz no podría explicar la fe cristiana, al contrario, sería una tragedia, señal de la absurdidad del ser. Para Pablo, la resurrección es el dato fundamental".

Así explicó Benedicto XVI el contenido del anuncio evangélico -kerigma- paulino, que "hoy después de dos mil años, es también determinante para nosotros". "Sin el hecho de la resurrección, la vida cristiana sería simplemente absurda", aseveró el Papa durante la audiencia general de este miércoles celebrada en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Benedicto XVI continuó el ciclo de catequesis sobre la figura del apóstol Pablo, centrándose en este caso en el kerigma que él predicaba, proponiéndolo como modelo de predicación y de saber hacer teológico también hoy.

En la muerte y resurrección de Cristo, explicó el pontífice, está el "centro gravitacional" de toda la enseñanza de san Pablo: "Aquel que ha sido crucificado, y que ha manifestado así el inmenso amor de Dios por el hombre, ha resucitado y está vivo en medio de nosotros".

Este anuncio, por otro lado, aunque enriquecido y reelaborado por el Apóstol, pertenecía a la tradición apostólica anterior a él, subrayó, quien en esta catequesis, como en otras anteriores, puso de relieve la fidelidad de Pablo a la tradición y la comunión con el resto de la Iglesia.

Así, añadió, "san Pablo ofrece un modelo para todos los tiempos sobre cómo hacer teología y cómo predicar. El teólogo, el predicador no crean nuevas visiones del mundo y de la vida, sino que están al servicio de la verdad transmitida, al servicio del hecho real de Cristo, de la Cruz, de la resurrección".

Por otro lado, este anuncio de la muerte y resurrección de Cristo "sigue siendo central y determinante" para los cristianos hoy. "Todo esto está cargado de importantes consecuencias para nuestra vida de fe: estamos llamados a participar hasta en lo más profundo de nuestro ser en todo el acontecimiento de la muerte y resurrección de Cristo".

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

"La primera consecuencia, o el primer modo de expresar este testimonio, es predicar la resurrección de Cristo como síntesis del anuncio evangélico y como punto culminante de un itinerario salvífico", explicó el Papa.

Otra consecuencia es que con la elevación de Cristo por la resurrección "comienza el anuncio del Evangelio de Cristo a todos los pueblos - comienza el reinado de Cristo, este nuevo reino que no conoce otro poder que el de la verdad y del amor".

Por tanto, añadió, "la teología de la Cruz no es una teoría - es la realidad de la vida cristiana. Vivir en la fe en Jesucristo, vivir la verdad y el amor implica renuncias todos los días, implica sufrimientos. El cristianismo no es el camino de la comodidad, es más bien una escalada exigente, pero iluminada por la luz de Cristo y por la gran esperanza que nace de Él".

El obispo de Roma, citando a san Agustín, afirmó que a los cristianos "no se les ahorra el sufrimiento, al contrario, a ellos les toca un poco más, porque vivir la fe expresa el valor de afrontar la vida y la historia más en profundidad".

"Con todo sólo así, experimentando el sufrimiento, conocemos la vida en su profundidad, en su belleza, en la gran esperanza suscitada por Cristo crucificado y resucitado".

Además, concluyó, "no basta llevar en el corazón la fe, debemos confesarla y testimoniarla con la boca, con nuestra vida, haciendo así presente la verdad de la cruz y de la resurrección en nuestra historia".

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