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Benedicto XVI explica por qué no hay que temer al futuro El Papa presenta en la audiencia general la escatología de san Pablo "los sufrimientos del momento presente no son comparables a la gloria futurA"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 12 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).-
El cristiano no tiene miedo del futuro ni del fin del mundo, pues Cristo está a su lado, asegura Benedicto XVI. El Papa dedicó la catequesis de la audiencia general de este miércoles continuar con el ciclo sobre san Pablo, centrándose en esta ocasión en las enseñanzas paulinas sobre la escatología y la vida más allá de la muerte. Explicó que, ante el futuro y en particular ante la espera de la parusía, es decir, de la última venida del Señor, los cristianos deben tener tres actitudes: la ausencia del miedo, la esperanza y la confianza en la misericordia de Dios. Respecto a la primera actitud, el obispo de Roma afirmó que uno de los efectos esenciales de la predicación cristiana en el mundo antiguo, como también en el mundo pagano actual, de las religiones naturales era "liberar del miedo", ese "miedo a los espíritus, a los poderes nefastos que nos amenazan". "Cristo vive, ha vencido a la muerte y ha vencido a todos estos poderes. Con esta certeza, con esta libertad, con esta alegría vivimos. Este es el primer aspecto de nuestro vivir hacia el futuro", explicó. En segundo lugar, añadió, "en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, esto da también certeza de la esperanza". "Sin Cristo, también hoy para el mundo el futuro está oscuro, hay miedo al futuro, mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro". En tercer lugar, la actitud del cristiano debe ser "la responsabilidad hacia el mundo", pero "incluso trabajando y sabiendo en nuestra responsabilidad que Dios es el juez verdadero, estamos seguros también de que este juez es bueno, conocemos su rostro, el rostro de Cristo resucitado, de Cristo crucificado por nosotros. Por eso podemos estar seguros de su bondad y seguir adelante con gran valor". Esta esperanza, añadió el pontífice, "hace tolerables los sufrimientos del momento presente, que no son comparables a la gloria futura".
Comentando la primera carta a los Tesalonicenses, el sucesor del apóstol Pedro explicó que el mensaje esencial de Pablo, más allá de las imágenes con las que describe la vuelta de Cristo, es que "nuestro futuro es estar con el Señor; en cuanto creyentes, en nuestra vida nosotros ya estamos con el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado". El Papa habló también sobre la expresión ¡Maranà, thà! que literalmente significa "Señor nuestro, ¡ven!", y que a veces encuentra dificultades entre los cristianos hoy. "¿Podemos rezar también nosotros así? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que perezca este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el juez, Cristo". Sin embargo, aseveró Benedicto XVI, es necesario rezar "para que el mundo sea profundamente cambiado, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto: ¿y cómo podría suceder sin la presencia de Cristo?" El Santo Padre añadió que es necesario que Cristo venga "donde hay injusticia y violencia, a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo, donde domina la droga, entre los ricos que viven solo para sí mismos, donde Dios es desconocido". "Ven a tu mundo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestros corazones, ven y renueva nuestra vida, ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia suya. En este sentido rezamos con san Pablo: ¡Maranà, thà! "¡Ven, Señor Jesús!", concluyó. |
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Benedicto XVI supera el debate sobre la justificación por fe y obras San Pablo habla de la fe que obra por medio de la caridad "Creer es conformarse a Cristo y entrar en su amOR"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 19 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).-
Benedicto XVI dedicó la catequesis de este miércoles, dentro del ciclo sobre san Pablo, a explicar qué entendía el apóstol por justificación, una de las controversias teológicas que desde la Reforma más ha dividido a los cristianos. Precisamente, explica el Papa, Lutero se apoyaba en la carta a los Romanos para afirmar que la sola fide era la que justificaba a los hombres ante Dios, sin necesidad de las obras de la Ley. La clave de la controversia está, afirma Benedicto XVI, en comprender qué entendía san Pablo por Ley, que no debe entenderse simplemente como "ley moral" sin más, sino que se arraiga en el concepto de justificación en el pueblo judío. "Para san Pablo, como para todos sus contemporáneos, la palabra Ley significaba la Torá en su totalidad", la cual implicaba para un fariseo como Saulo "un conjunto de comportamientos que iban desde le núcleo ético hasta las observancias rituales y cultuales que determinaban sustancialmente la identidad del hombre justo". Esta observancia rigurosa se había radicalizado entre los judíos piadosos como una forma de protección frente a la cultura helenística, la cual, explica el obispo de Roma, "era una amenaza para la identidad de Israel, así como también para la preciosa heredad de la fe de sus Padres, de la fe en el único Dios y en las promesas de Dios". La observancia de la Ley, especialmente en esta época tardía, funcionaba "como un muro de distinción, un escudo de defensa que protegiera la preciosa heredad de la fe. Pablo, que había aprendido estas observancias precisamente en su función defensiva del don de Dios, veía amenazada esta identidad por la libertad de los cristianos: por esto les perseguía". En este sentido, cobra de nuevo relevancia el momento central de la vida del apóstol, sobre el que el pontífice vuelve continuamente en sus catequesis: el encuentro con Cristo en el camino de Damasco, cuando Pablo "entendió que con la resurrección de Cristo la situación había cambiado radicalmente". "La iluminación de Damasco le cambió radicalmente la existencia: comenzó a considerar todos sus méritos, logros de una carrera religiosa integrísima, como "basura" frente a la sublimidad del conocimiento de Jesucristo".
"Con Cristo, el Dios de Israel, el único Dios verdadero, se convertía en el Dios de todos los pueblos. El muro --así lo dice Carta a los Efesios-- entre Israel y los paganos ya no era necesario: es Cristo quien nos protege contra el politeísmo y todas sus desviaciones; es Cristo quien nos une con y en el único Dios; es Cristo quien garantiza nuestra verdadera identidad en la diversidad de las culturas, y es él el que nos hace justos", añade. Por tanto, sigue el Papa, la controversia ya no está entre la fe y las obras, pues "ser justo quiere decir sencillamente estar con Cristo y en Cristo. La fe es mirar a Cristo, confiarse a Cristo, unirse a Cristo, conformarse a Cristo, a su vida. Y la forma, la vida de Cristo es el amor; por tanto creer es conformarse a Cristo y entrar en su amor". En este sentido, añadió, "la expresión "sola fide" de Lutero es cierta, si no se opone la fe a la caridad, al amor", de ahí que san Pablo, cuando habla de justificación, "habla de la fe que obra por medio de la caridad". |
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LLAMADOS A VIVIR EN EL AMOR DE CRISTO POR EL PRÓJIMO El Papa habla de la relación entre fe y obras UNA FE SIN CARIDAD ES UNA FE MUERTA
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 26 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).-
Benedicto XVI dedicó de nuevo la catequesis sobre san Pablo, durante la audiencia general celebrada, a profundizar, siguiendo el tema del pasado miércoles, en la cuestión de la justificación por la fe y las obras. San Pablo, subraya el Papa, insistía en que el hombre "no es capaz de hacerse justo con sus propias acciones", sino "sólo porque Dios le confiere su justicia uniéndole a Cristo", a través de la fe. Sin embargo, según dijo el pontífice a los miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI, el punto es que esta fe "no es un pensamiento, una opinión o una idea" sino "comunión con Cristo", y por tanto "se convierte en vida, en conformidad con Él". "O con otras palabras, la fe, si es verdadera, es real, se convierte en amor, en caridad, se expresa en la caridad. Una fe sin caridad, sin este fruto, no sería verdadera fe. Sería fe muerta", añadió. La confusión entre ambos extremos, la justificación por la fe y la necesaria traducción en obras de caridad "ha causado, en el transcurso de los siglos, no pocos malentendidos en la cristiandad", explicó el Papa, a pesar de que el propio Pablo "ponga, por una parte, el acento, de forma radical, en la gratuidad de la justificación no por nuestras fuerzas, pero que, al mismo tiempo, subraye también la relación entre la fe y la caridad". De hecho, recordó, se debe al Apóstol el himno más bello sobre la caridad, en la primera Carta a los Corintios. "El amor cristiano es tan exigente porque surge del amor totalde Cristo por nosotros: este amor que nos reclama, nos acoge, nos abraza, nos sostiene, hasta atormentarnos, porque nos obliga a no vivir más para nosotros mismos", aclaró. Por ello, no hay contradicción entre las teologías de Pablo y Santiago, quien afirma que "la fe sin obras está muerta". "En realidad, mientras Pablo se preocupa ante todo en demostrar que la fe en Cristo es necesaria y suficiente, Santiago pone el acento en las relaciones de consecuencia entre la fe y las obras", explicó.
El obispo de Roma también advirtió contra la tentación, "en muchos cristianos de hoy", de pensar que "habiendo sido justificados gratuitamente en Cristo por la fe, todo les es lícito". "Las consecuencias de una fe que no se encarna en el amor son desastrosas, porque se reduce al arbitrio y al subjetivismo más nocivo para nosotros y para los hermanos". Al contrario, afirmó el sucesor de Pedro, "debemos tomar conciencia renovada del hecho que, precisamente porque hemos sido justificados en Cristo, no nos pertenecemos más a nosotros mismos, sino que nos hemos convertido en templo del Espíritu y somos llamados, por ello, a glorificar a Dios en nuestro cuerpo con toda nuestra existencia". "¿A qué se reduciría una liturgia que se dirigiera sólo al Señor y que no se convirtiera, al mismo tiempo, en servicio a los hermanos, una fe que no se expresara en la caridad?", se preguntó. En resumen, concluyó, "la ética cristiana no nace de un sistema de mandamientos, sino que es consecuencia de nuestra amistad con Cristo. Esta amistad influencia a la vida: si es verdadera, se encarna y se realiza en el amor al prójimo". anterior / siguiente |
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"Cristo nos dona el único verdadero sacrificio, que es el amor del Hijo" "Cristo nos convierte en su cuerpo"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 10 de diciembre de 2008 (VIS)
En la audiencia general de este miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, a la que asistieron 5.000 personas, el Papa habló sobre la predicación de San Pablo acerca de los sacramentos. Benedicto XVI dijo que “de San Pablo hemos aprendido que existe un nuevo inicio de la historia en Jesucristo, que es hombre y Dios. Con El, que viene de Dios, comienza una nueva historia formada por su sí al Padre, (...) por el amor y la verdad”. “¿Cómo podemos entrar -se preguntó- en este nuevo inicio, en esta nueva historia?. (...) ¿Cómo Jesús llega a mi vida, a mi ser? La respuesta fundamental de San Pablo, de todo el Nuevo Testamento, es: a través del Espíritu Santo”, que “ha creado en Pentecostés el inicio de la nueva humanidad, de la nueva comunidad, la Iglesia, el cuerpo de Cristo”. El espíritu de Cristo, dijo, “me toca interiormente y (...) se sirve de dos elementos visibles: la palabra del anuncio y los sacramentos, en particular el Bautismo y la Eucaristía. (...) La fe no viene de la lectura sino de la escucha. No es solo interior, sino una relación”. “La Palabra se ha hecho carne en Jesús para crear una nueva humanidad. Por eso, la Palabra del anuncio se convierte en sacramento. (...) Nadie puede bautizarse a sí mismo; (...) nadie puede hacerse cristiano por sí mismo. (...) Sólo podemos llegar a ser cristianos por medio de “otro” y éste nos da el don de la fe. (...) Un cristianismo autónomo es una contradicción en sí”. Este “otro” es, en primer lugar, la comunidad de creyentes, la Iglesia. (...) Sólo Cristo puede constituir la Iglesia; Cristo es el verdadero donador de los sacramentos”. El Santo Padre hizo hincapié en que ""ser cristianos es más que una operación cosmética, que embellece mi existencia, (...) es un nuevo inicio y renacimiento, muerte y resurrección. (...) No es algo puramente espiritual; implica el cuerpo, el cosmos, se extiende hacia la nueva tierra y los nuevos cielos”. Por lo que respecta a la Eucaristía, San Pablo habla de la institución de este sacramento en su primera carta a los Corintios. En este contexto, el Papa explicó que “con el don del cáliz de la nueva alianza, Cristo nos dona el verdadero sacrificio, el único verdadero sacrificio es el amor del Hijo”.
Tras recordar que el Apóstol de las Gentes dice que el cáliz que bendecimos es comunión con la sangre de Cristo y el pan que partimos es comunión con el cuerpo de Cristo, Benedicto XVI subrayó que “Cristo se une personalmente con cada uno de nosotros y con el hombre y la mujer que están junto a mí”. Refiriéndose al capítulo 10 de la primera carta a los Corintios, en la que San Pablo habla de “llegar a ser un solo cuerpo, en cuanto partícipes del único pan”, el Papa afirmó que “el realismo de la Iglesia es mucho más profundo y verdadero que el del Estado, porque realmente Cristo nos da su cuerpo y nos convierte en su cuerpo (...) y nos une a unos con otros. (...) La Iglesia no es sólo una corporación como el Estado; es un cuerpo; no es una organización, sino organismo”. Hablando del matrimonio, el Papa recordó que San Pablo define este sacramento “un misterio grande. (...) El amor matrimonial tiene como modelo el amor de Cristo por su Iglesia. (...) Un auténtico matrimonio será bien vivido si el constante crecimiento humano-afectivo está siempre unido a la eficacia de la palabra y al significado del Bautismo. (...) La participación en el Cuerpo y en la Sangre del Señor consolida y hace visible una unión que la gracia convierte en indisoluble”.
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El verdadero culto de los cristianos es su propia vida, según el Papa "Pablo exhorta a los cristianos a honrar a Dios en la existencia cotidiana" "el CULTO REAL ES LA CRUZ DE CRISTO"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 de enero de 2009 (ZENIT.org)
El Papa Benedicto XVI inauguró la primera audiencia general del año 2009 con una nueva catequesis sobre san Pablo, ciclo que se había interrumpido con motivo de las fiestas de Navidad. Ante los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI, el Papa se dedicó a hablar largamente sobre uno de los temas más importantes de la teología paulina, que es la cuestión del "nuevo culto" inaugurado con el cristianismo, frente a los rituales judíos y paganos de la época. Este "nuevo culto" se realiza en la propia vida del cristiano "cuya vida está unida a Cristo", y no supone una "espiritualización" del culto judío, como muchos han creído erróneamente, sino al contrario, "algo concreto y real" que engloba "toda la persona". Basándose en tres textos de la carta de san Pablo a los Romanos, el pontífice explicó a los presentes que el apóstol "traía una nueva visión del culto" frente a la concepción del Pueblo de Israel. En Cristo, el deseo de redención de Israel que simbolizaban los sacrificios de los animales en el templo, se cumple de forma real, explica el Papa: "con la sangre de los animales no se realiza este proceso. Era necesario un contacto más real ente la culpa humana y el amor divino. Este contacto ha tenido lugar con la cruz de Cristo". Por eso, el Papa rebate a quienes piensan que san Pablo proponía una "espiritualización" del culto judío; al contrario, el culto del templo era "un símbolo" de "la realidad", que es "el sacrificio de Cristo". "Este culto simbólico, culto de deseo, ha sido sustituido ahora por el culto real: el amor de Dios encarnado en Cristo y llevado a su plenitud en la muerte en la cruz. Por tanto, esto no es una espiritualización del culto real, sino al contrario, es el culto real, el verdadero amor divino-humano, que sustituye al culto simbólico y provisional". Por eso, la exhortación de Pablo a los cristianos de "ofrecer sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios", consiste en "honrar a Dios en la existencia cotidiana más concreta, hecha de visibilidad relacional y perceptible". "No se trata de un culto menos real, o incluso solamente metafórico, sino de un culto más concreto y realista, un culto en el que el hombre mismo en su totalidad de un ser dotado de razón, se convierte en adoración, glorificación del Dios vivo".
Sin embargo, aclaró el Papa, este nuevo culto "no debe entenderse en sentido moralista", en el que el hombre lo haría todo por sí mismo con su esfuerzo moral", porque el sacrificio de la propia vida "sólo puede darse en unión con Cristo", realizada "en la fe y en los sacramentos". "La Iglesia sabe que en la santísima Eucaristía la autodonación de Cristo, su sacrificio verdadero, se hace presente. Pero la Iglesia reza para que la comunidad celebrante esté realmente unida con Cristo, sea transformada; reza para que nosotros mismos lleguemos a ser aquello que no podemos ser con nuestras fuerzas": ofrenda "que agrada a Dios", explicó. Por último, el Papa explicó el sentido que Pablo daba a la evangelización como "sacerdocio" y "sacrificio". "San Pablo interpreta su acción misionera entre los pueblos del mundo para construir la Iglesia universal como acción sacerdotal", explicó el Papa. "El Apóstol del Evangelio es un verdadero sacerdote, hace lo que está en el centro del sacerdocio: prepara el verdadero sacrificio". "Sólo en comunión con Cristo, el Hombre ejemplar, uno con Dios, el mundo llega a ser tal y como todos lo deseamos: espejo del amor divino. Este dinamismo está presente siempre en la Escritura -este dinamismo debe inspirar y formar nuestra vida", concluyó. |
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El Papa explica que quien está en Cristo “no tiene miedo de nada ni nadie” "Cristo es superior a cualquier forma de poder que intentase humillar al hombre" "ÉL ES EL verdadero Señor del mundo"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 de enero de 2009 (ZENIT.org)
El cristiano "no tiene miedo de nada ni nadie", pues Cristo, cabeza de la Iglesia, es el Señor del cosmos, aseguró Benedicto XVI este miércoles durante la audiencia general celebrada en el Aula Pablo VI. Continuando con el ciclo sobre san Pablo, en el bimilenario de su nacimiento, el Papa explicó un aspecto de la doctrina paulina contenido en las cartas a los Colosenses y a los Efesios -dos cartas "casi gemelas", explicó- que es la consideración de Cristo como "cabeza" de la Iglesia y de todo el cosmos, y las implicaciones que esto tiene para la vida de los cristianos. Este "señorío de Cristo" sobre "las potencias celestes y el cosmos entero" constituye "un mensaje altamente positivo y fecundo" para el hombre pagano de ayer y de hoy, explicó a los más de cuatro mil peregrinos que participaron en el encuentro. "Para el mundo pagano, que creía en un mundo lleno de espíritus, en gran parte peligrosos y contra los cuales había que defenderse, aparecía como una verdadera liberación el anuncio de que Cristo era el único vencedor y de que quien estaba con Cristo no tenía que temer a nadie". El Papa añadió que "lo mismo vale también para el paganismo de hoy, porque también los actuales seguidores de estas ideologías ven el mundo lleno de poderes peligrosos. A estos es necesario anunciar que Cristo es el vencedor, así que quien está con Cristo, quien permanece unido a Él no debe temer a nada ni a nadie". Esto es importante también para los cristianos, añadió: "debemos aprender a afrontar todos los miedos, porque Él está por encima de toda dominación, es el verdadero Señor del mundo". Cristo, explicó el Papa, "no tiene que temer a ningún eventual competidor, porque es superior a cualquier forma de poder que intentase humillar al hombre. Por eso, si estamos unidos a Cristo, no debemos temer a ningún enemigo y a ninguna adversidad; ¡pero esto significa también que debemos permanecer bien unidos a Él, sin soltar la presa!". Esto tiene otra implicación importante, señaló, y es que el cosmos "tiene sentido": "no existe, por una parte, el gran mundo material y por otra esta pequeña realidad de la historia de nuestra tierra, el mundo de las personas: todo es uno en Cristo". Esta visión no sólo es "racional", sino que es incluso "la más universalista": "la Iglesia reconoce que, en cualquier modo, Cristo es más grande que ella, dado que su señorío se extiende también más allá de sus fronteras".
"Esto significa que debemos considerar positivamente las realidades terrenas, porque Cristo las recapitula en sí, y al mismo tiempo, debemos vivir en plenitud nuestra identidad específica eclesial, que es la más homogénea a la identidad del propio Cristo", añadió el Papa. De esta conciencia viene a los cristianos "la fuerza de actuar de modo recto" tanto de cara a los demás como hacia la Creación, explicó. "Estas dos Cartas son una gran catequesis, de la que podemos aprender no sólo cómo ser buenos cristianos, sino también cómo llegar a ser realmente hombres. Si empezamos a entender que el cosmos es la huella de Cristo, aprendemos nuestra relación recta con el cosmos, con todos los problemas de su conservación". Así también "aprendemos a verlos con la razón, pero con una razón movida por el amor, y con la humildad y el respeto que permiten actuar de forma correcta", añadió. Por otro lado, "si pensamos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, que Cristo se ha dado a sí mismo por ella, aprendemos cómo vivircon Cristo el amor recíproco, el amor que nos une a Dios y que nos hace ver al otro como imagen de Cristo, como Cristo mismo". Ante este "misterio de Cristo", afirmó el Papa, "las meras categorías intelectuales resultan insuficientes". "Reconociendo que muchas cosas están más allá de nuestras capacidades racionales, debemos confiar en la contemplación humilde y gozosa no sólo de la mente sino también del corazón. Los Padres de la Iglesia, por otro lado, nos dicen que el amor comprende mucho más que la sola razón", concluyó. |
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La conversión “es el camino hacia la unidad de los cristianos” Convertirse significa "creer que Jesús se ha entregado por mí"
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 25 de enero de 2009 (ZENIT.org)
La experiencia de san Pablo puede ser "un modelo para toda auténtica conversión cristiana", afirmó hoy Benedicto XVI, durante el rezo del Ángelus con los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro. Gracias a la conversión de Pablo, explicó el Papa, aludiendo a la fiesta de la Conversión de San Pablo que hoy celebra toda la Iglesia, "podemos comprender el verdadero significado de la conversión evangélica". Aunque en el caso de Pablo "algunos prefieren no utilizar la palabra "conversión", porque dicen que él ya era creyente y no tuvo que abandonar su fe para adherirse a Cristo", el Papa recuerda que la experiencia de Pablo maduró en el encuentro con Cristo resucitado". "Fue este encuentro el que le cambió radicalmente la existencia. En el camino de Damasco sucedió paraél lo que Jesús pide en el Evangelio de hoy: Saulo se convirtió porque, gracias a la luz divina, "creyó en el Evangelio"", explicó. "Su conversión y la nuestra -observó el Pontífice-, consiste en creer en Jesús muerto y resucitado y en abrirse a la iluminación de su gracia divina". En aquel momento, de hecho, "Saulo comprendió que su salvación no dependía de las obras buenas realizadas según la ley, sino del hecho de que Jesús había muerto también por él -el perseguidor- y que estaba, y está, resucitado". Según el Papa, "esta verdad, que gracias al bautismo ilumina la existencia de todo cristiano, alumbra completamente nuestra forma de vivir". Convertirse, por tanto, significa "creer que Jesús se ha entregado a sí mismo por mí, muriendo en la cruz, y que resucitado, vive conmigo y en mí". Confiando en "el poder de su perdón, explicó el Papa, podemos "salir de las arenas movedizas del orgullo y del pecado, de la mentira y de la tristeza, del egoísmo y de toda falsa seguridad, para conocer y vivir la riqueza de su amor".
El Papa afirmó que la invitación a la conversión era particularmente oportuna en este domingo, en el que coincide esta fiesta paulina con la conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que había comenzado el 18 de enero. La conversión "es la actitud espiritual adecuada que nos indica el Apóstol para poder progresar en el camino de la comunión", explicó. "Los cristianos aún no hemos conseguido la meta de la unidad plena, pero si nos dejamos convertir continuamente por el Señor Jesús, llegaremos seguramente", constató Benedicto XVI. El Papa pidió la intercesión de la Virgen para que "nos obtenga el don de una conversión verdadera, para que cuanto antes se realice el anhelo de Cristo: Ut unum sint".
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Concluye el ciclo de catequesis paulinas analizando la herencia espiritual del Apóstol "su doctrina sigue siendo fundamental hoy para la Iglesia"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 de febrero de 2009 (ZENIT.org)
Después de su muerte, la figura del Apóstol de los gentiles se ha ido engrandeciendo con el paso del tiempo, y su doctrina sigue siendo fundamental hoy para la Iglesia, y un ejemplo para los cristianos. Así lo afirmó este miércoles Benedicto XVI, durante la Audiencia General a los 4.500 peregrinos congregados en el Aula Pablo VI. Con esta catequesis, el Papa concluyó su largo ciclo dedicado a san Pablo que comenzó en el verano con la apertura del año jubilar en conmemoración del bimilenario del nacimiento del apóstol. En ella, explicó cómo su pensamiento ha influido en la teología posterior, y especialmente en los siglos XIX y XX. La figura del apóstol, afirmó, "se ha ido engrandeciendo a partir de su muerte", evento del cual se tienen noticias a través de los documentos eclesiales de los primeros siglos, que le colocan al lado de san Pedro como fundador de la Iglesia de Roma. Pablo, según los datos que se tienen, fue mandado decapitar durante la primera persecución decretada por Nerón entre el año 64 y 68. Su tumba, en la Vía Ostiense, donde se erige actualmente la basílica de San Pablo extramuros, fue venerada desde el principio del cristianismo. Más allá de los datos relativos a su martirio, Pablo "ha dejado de hecho una extraordinaria herencia espiritual", explicó el Papa. Desde el principio, sus cartas entran en la liturgia, "de forma que su pensamiento "se convierte en seguida en nutrición espiritual para los fieles de todos los tiempos". El Papa explicó cómo desde los primeros Padres de la Iglesia, empezando por Orígenes, hasta los propios san Agustín y santo Tomás de Aquino, han bebido de los escritos y de la espiritualidad de san Pablo. Sin embargo, se detuvo sobre todo a explicar su influencia en la Reforma y en el pensamiento cristiano, protestante y católico, de los últimos siglos, temas sobre los cuales ha ido hablando a lo largo de sus catequesis de los últimos meses. Precisamente, explica, fue la interpretación de la doctrina de la justificación de san Pablo por parte de Lutero, y su concepción de la libertad evangélica (momento conocido como Turmerlebnis), la que llevaron a la Reforma. "El Concilio de Trento, entre 1545 y 1563, interpretó profundamente la cuestión de la justificación y encontró en la línea de toda la tradición católica la síntesis entre ley y Evangelio, conforme al mensaje de la Sagrada Escritura leída en su totalidad y unidad", explicó. La investigación sobre el apóstol cobró nueva fuerza en el siglo XIX y XX, esta vez desde el punto de vista científico a través del método histórico-crítico, explicó el Papa. "Se subraya sobre todo como central en el pensamiento paulino el concepto de libertad: en él se ha visto el corazón del pensamiento de Pablo, como por otra parte ya había intuido Lutero. Ahora, sin embargo, el concepto de libertad era reinterpretado en el contexto del liberalismo moderno".
Otra de las consecuencias es la disociación que se ha producido entre el anuncio de san Pablo y el anuncio de Jesús, de manera que san Pablo "aparece casi como un nuevo fundador del cristianismo". Precisamente, el objeto de las catequesis del Papa ha sido mostrar cómo en el pensamiento cristológico paulino, "en la nueva centralidad de la cristología y del misterio pascual se realiza el Reino de Dios, se hace concreto, presente, operante el anuncio auténtico de Jesús". "Hemos visto en las catequesis precedentes que precisamente esta novedad paulina es la fidelidad más profunda al anuncio de Jesús", aclaró. Por otro lado, el Papa señaló cómo el progreso de la exégesis moderna, que ha conducido a un mayor conocimiento sobre san Pablo, ha permitido que crezcan "las convergencias entre las exégesis católica y protestante, realizando así un consenso notable precisamente en el punto que estaba en el origen de la mayor disensión histórica". Esto supone, confirmó, "una gran esperanza para la causa del ecumenismo, tan central para el Concilio Vaticano II". En resumen, concluyó el Papa, "permanece luminosa ante nosotros la figura de un apóstol y de un pensador cristiano extremadamente fecundo y profundo, de cuya cercanía cada uno de nosotros puedesacar provecho". "Tender hacia él, tanto a su ejemplo apostólico como a su doctrina, será por tanto un estímulo, si no una garantía, para consolidar la identidad cristiana de cada uno de nosotros y para la renovación de toda la Iglesia", añadió. anterior |
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