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PROPUESTA DE OBRA ROMANA DE PEREGRINACIONES CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 5 junio 2008 (ZENIT.org).-
Un recorrido romano en nueve etapas para conocer a san Pablo, redescubrir su figura y revivir su experiencia de fe: es la propuesta de Obra Romana de Peregrinaciones (ORP) para el Año convocado por el Papa -del 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009-- para celebrar el bimilenario del nacimiento del Apóstol de las gentes. Acogiendo la invitación del arcipreste de la basílica de San Pablo Extramuros, el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, ORP (actividad del Vicariato de Roma, órgano de la Santa Sede) ha preparado y presentado este jueves, en Roma, el itinerario por lugares, más o menos conocidos, ligados al paso del Apóstol por la ciudad eterna, así como las facilidades de las que disfrutarán los peregrinos. Y es que ORP -como explicó su vicepresidente, monseñor Liberio Andreatta- tiene vocación de acoger a los fieles y de hacerles vivir la experiencia del camino de peregrinación. Y todo ello a ejemplo de Pablo --añadió--, "el primer apóstol que usó el instrumento del viaje, del encuentro con las diversas comunidades, él que es judío, ciudadano romano, y la personificación del apóstol moderno" "porque se ha movido en la pluralidad de culturas". 4 + "Paolina" + 5 "En camino con san Pablo en Roma" comprende cuatro etapas fundamentales para acercarse al Apóstol y a su anuncio: la basílica papal de San Pablo Extramuros -donde reposa el cuerpo del santo--, la Abadía de las Tres Fuentes -donde fue martirizado--, la basílica de San Pedro -centro de la cristiandad y sede de los sucesores de Pedro- y la basílica de San Juan de Letrán -madre de todas las iglesias de Occidente, que conserva las reliquias de Pedro y Pablo--. Todos los peregrinos que realicen este itinerario fundamental tendrán una especie de credencial, la "Paolina", siguiendo la tradición de contar con un "testimonio" cuando se realizan los Caminos de Europa. En este caso la "Paolina" será el recuerdo del "Camino a Roma tras las huellas de Pablo". Cinco etapas más propone el itinerario paulino: dos puntos de residencia de Pablo en Roma -las iglesias de San Paolo alla Regola y de Santa Maria in Via Lata--, la cárcel mamertina -cerca del Foro romano, lugar de la última prisión antes del martirio--, la basílica y las catacumbas de San Sebastián en la Via Appia -donde fueron trasladados los cuerpos de Pedro y Pablo por algunas décadas- y la iglesia de Santa Prisca en Aventino, residencia de los santos Aquila y Priscila, quienes sostuvieron a Pablo y le acompañaron en su misión en Grecia y Asia Menor.
Uno o tres días es el tiempo previsto de recorrido, según el paquete que ha preparado ORP para todos los peregrinos y visitantes, individualmente o en grupo. Incluye transporte en los autobuses abiertos de "Roma Cristiana" y en transporte público -con la "tarjeta del peregrino", un billete electrónico integrado gracias al acuerdo con las autoridades municipales de movilidad--, visitas y asistencia en todos los lugares paulinos y de interés en la Roma cristiana, manual y otros servicios de acogida. La ORP "promueve la cultura de la acogida, que es parte de la misión intrínseca de la Iglesia en Roma, con una caridad operativa -subrayó el padre Cesare Atuire, administrador delegado de este órgano--. Por eso nos tenemos que esforzar por dar acogida a los peregrinos a fin de que vivan una bella experiencia". Pablo y ecumenismo Benedicto XVI indicó al arcipreste de San Pablo Extramuros dos tareas fundamentales en el Año Paulino. En primer lugar, "permitir que se conozca mejor el gigantesco valor de la riqueza de la enseñanza de Pablo, que es poco conocido por los católicos y los cristianos en general", señaló el purpurado; "Pablo es un divulgador, un instrumento elegido por Dios para ser el más profundo divulgaron de la Buena Nueva", "de la acción renovadora que Cristo realizó". La segunda motivación que el Papa ha atribuido al Año Paulino es el ecumenismo. "Ya de por sí la basílica de San Pablo tenía y tiene una función especial de actividad ecuménica"; se trata de "orar y actuar" por la unidad de los cristianos, añadió el cardenal Cordero Lanza di Montezemolo. De hecho, el día de la apertura del Año Paulino "el Papa vendrá a la basílica -recalcó su arcipreste-- y celebrará las primeras vísperas junto a diversos representantes de Iglesias cristianas no católicas: el Patriarca ecuménico de Constantinopla ha ya aceptado venir"; estará al lado del Santo Padre. Impedido por serios compromisos, el arzobispo de Caterbury enviará un alto representante. "El Santo Padre encenderá una llama paulina y la entregará a los monjes de la basílica" para que así la mantengan todo el año, "a fin de demostrar esta vivacidad de fe, de acción y de celebración paulina", siguió el purpurado italiano. A continuación, Benedicto XVI abrirá la puerta paulina, dando paso a la procesión y a la celebración de vísperas. Despliegue En camino tras las huellas de Pablo a Roma", rutas en Turquía -donde nació--, Siria -donde vivió su conversión--, Malta -donde naufragó mientras se dirigía a Roma--, Grecia -donde fundo muchas comunidades-- y Chipre -donde llevó a cabo su primer viaje misionero-- en este Año Jubilar.
Y es que "es importante subrayar cómo Pablo logró, en aquel tiempo, difundir el mensaje del Evangelio en Europa a través de Asia Menor -especifica el padre Atuire--. Su figura es emblema de esperanza para el diálogo entre las Iglesias occidentales y orientales, e igualmente es una invitación al diálogo entre culturas diversas". Como apuntó posteriormente el cardenal arcipreste de San Pablo Extramuros a Zenit, ningún peregrino debe perderse todos los aspectos de organización que se están poniendo en marcha, "espirituales, culturales, técnicos", la diversidad de actividades en basílicas, el material on line, el calendario de eventos y la posibilidad de reservas de grupos para tener capillas disponibles para celebraciones especiales. Evidencia un despliegue de actividad y un gran esfuerzo "para facilitar que las peregrinaciones se desarrollen bien", concluye. Detalles y reservas del "Paquete Año Paulino": a través de www.josp.com , en los Open Bus "Roma Cristiana" o en las propias oficinas de ORP frente a la plaza de San Pedro: OPERA ROMANA PELLEGRINAGGI Páginas de información adicional: http://www.orpnet.org/ http://www.annopaolino.org/ http://www.josp.com/ Por Marta Lago
ORP también prevé, "
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Para conmemorar el 1750 aniversario del martirio de san lorenzo HUESCA, domingo 24, agosto de 2008 (ZENIT.org)
Coincidiendo con el 1750 aniversario del martirio de San Lorenzo, comenzó el pasado 10 de agosto el año jubilar laurentino, concedido por el Papa Benedicto XVI, a través de un decreto de la Penitenciaría Apostólica, de fecha2 de agosto de 2008. San Lorenzo, que muriò martirizado en Roma, era natural de Huesca, España. El obispo de Huesca presidió los ritos de apertura del año jubilar -informa a Zenit la Diócesis de Huesca-. A las 10,30 horas, cuando la procesión, con los típicos danzantes, que baja de la catedral llegó a la Basílica de San Lorenzo, la puerta principal de la misma se encontraba cerrada; monseñor Jesús Sanz Montes recitó las oraciones y llamó por tres veces con un martillo especial. Se abrió la puerta y, con ella, el año jubilar laurentino. En ese momento, las personas que seguían el rito comenzaron a aplaudir espontáneamente. Una vez en el templo se leyó el decreto de la concesión del año jubilar. En la homilía, monseñor Jesús Sanz Montes saludó al obispo emérito de Tenerife monseñor Damian Iguacén, a los demás concelebrantes, religiosos, autoridades locales y a las procedentes de Tarbes (Francia), ciudad con la que está hermanada Huesca y que comparten a San Lorenzo como patrono. El obispo subrayó que "San Lorenzo fue ese grano de trigo que se dejó enterrar en el tiempo de su época no para ir al vacío sino para dar el fruto que regala la bendición de Dios a todos los pobres de todas las pobrezas. San Lorenzo, que murió mártir en el siglo III, en este año celebramos el 1750 aniversario de su entrega martirial por amor". El prelado señaló que este año jubilar "será un año especial, en el que viniendo a esta Basílica podremos beneficiarnos de la gracia indulgente del buen Dios, que debidamente preparados nos abrazará como somos para convertirnos un poco más en el como deberíamos ser según está escrito en su Corazón. Será un momento propicio este año poder peregrinar como diócesis a Roma, saludar al Santo Padre y visitar la Basílica que guarda los restos de nuestro mártir patrón". Al final de la Eucaristía el obispo impartió a los asistentes la Bendición Papal.
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LA VIDA INTERIOR, COMO SUCEDIÓ CON SAN OdÓN Creer con nueva fuerza en la verdad de la presencia del Señor
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 de septiembre de 2009 (ZENIT.org)
Benedicto XVI explicó estemiércoles el secreto con el que el cristiano puede abrir al mundo a la luz de Dios: una "vida interior" abierta a los demás. Fue la conclusión a la que llegó en la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI, en la que presentó la figura de san Odón, abad del monasterio de Cluny,retomando así sus catequesis sobre grandes autores cristianos del primer milenio. Al evocar la vida y espiritualidad de este "reformador bondadoso" francés del siglo IX, reconoció que su "visión del mundo puede parecer bastante alejada de la nuestra, y sin embargo la de Odón es una concepción que, viendo la fragilidad del mundo, valora la vida interior abierta al otro, al amor por el prójimo, y precisamente así transforma la existencia y abre el mundo a la luz de Dios". Benedicto XVI acudió a su cita semanal con los fieles, trasladándose en helicóptero desde la residencia pontificia de Castel Gandolfo, a donde volvió una vez terminada la audiencia. El Papa destacó de Odón no sólo su influencia espiritual, en la época de esplendor del monasterio de Cluny y del monaquismo benedictino en toda Europa, sino sobre todo su rica vida interior, su bondad y su alegría. Odón nació alrededor del año 880 en el centro de Francia, cerca de Tours, a cuyo santo obispo Martín le consagró su padre desde niño. Fascinado por la Regla de san Benito, Odón ingresó en el monasterio benedictino de Baume, para pasar de ahí al de Cluny, del que fue abad entre los años 927 y 942. Su biógrafo, el monje Juan el Italiano, destacaba de él la virtud "de la paciencia, el desprecio del mundo, el celo por las almas, el compromiso por la paz de las Iglesias", citó el Papa. "Grandes aspiraciones del abad Odón eran la concordia entre el rey y los príncipes, la observancia de los mandamientos, la atención a los pobres, la corrección a los jóvenes, el respeto a los viejos". Ese amor a la interioridad, esa visión del mundo "como realidad frágil y precaria de la que desarraigarse, una constante inclinación al desapego de las cosas consideradas como fuente de inquietud, una aguda sensibilidad por la presencia del mal en las diversas categorías de hombres, una íntima aspiración escatológica", está "bastante alejada de la nuestra".
El secreto de Odón, explica, es que "amaba la celdita donde residía, alejado de los ojos de todos, preocupado por agradar sólo a Dios". "En un sólo monje, comenta su biógrafo, se encontraban unidas las distintas virtudes existentes de forma desperdigada en los demás monasterios", afirma el Papa. Sin embargo, subrayó ante todo su alegría y la gran bondad de su alma, "una característica del santo abad a primera vista casi escondida bajo el rigor de su austeridad de reformador". "Era austero, pero sobre todo era bueno, un hombre de gran bondad, una bondad que proviene del contacto con la bondad divina. Odón, así dicen sus coetáneos, difundía alrededor suyo la alegría de la que estaba colmado". También destacó su "devoción al Cuerpo y a la Sangre de Cristo que Odón, frente a una extendido abandono, vivamente deplorada por él". "Por desgracia, anota nuestro abad, este sacrosanto misterio del Cuerpo del Señor, en el que consiste toda la salvación del mundo, es celebrado con negligencia", prosiguió. "Todo esto nos invita a creer con nueva fuerza y profundidad en la verdad de la presencia del Señor. La presencia del Creador entre nosotros, que se entrega en nuestras manos y nos transforma como transforma el pan y el vino, transforma así el mundo". |
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contribuyó eficazmente a la construcción de una Europa cristiana Un santo erudito de finales del siglo VII
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 18 de febrero de 2009 (VIS).-
Benedicto XVI dedicó a San Beda el Venerable la catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro y a la que asistieron más de 15.000 personas. San Beda nació alrededor del 672, en la región inglesa de Northumbria. Cuando tenía siete años sus parientes lo confiaron al abad de un cercano monasterio benedictino para su educación. Se le considera, como explicó el Santo Padre, "uno de los más insignes eruditos de la Alta Edad Media" y " la enseñanza y la fama de sus escritos le hicieron acreedor de muchas amistades con las personalidades principales de su época, que lo alentaron a proseguir en su labor que beneficiaba a tantas personas". "Las Sagradas Escrituras son la fuente constante de la reflexión teológica de Beda", que lee "los hechos del Antiguo y Nuevo Testamento" juntos, como "camino hacia Cristo, aunque se expresen en signos e instituciones diversas". Citando concretamente la construcción del antiguo templo de Jerusalén, "a cuya construcción contribuyeron también paganos poniendo a disposición materiales preciosos y la experiencia técnica de sus maestros de obra, también en la edificación de la Iglesia -dijo el Papa- contribuyen apóstoles y maestros procedentes no solo de las antiguas estirpes judía, griega y latina, sino también de los nuevos pueblos, entre los que Beda se complace de enumerar a los Celtas irlandeses y a los Anglosajones". El Papa recordó algunas de las obras del santo, como la "Chronica Maiora, donde traza una cronología que pasará a ser la base del calendario universal "ab incarnatione Domine", o la "Historia eclesiástica de los pueblos anglos", por la que se le reconoce como el padre de la historiografía inglesa". "Los rasgos característicos de la Iglesia que Beda ama evidenciar son la catolicidad como fidelidad a la tradición y al mismo tiempo apertura a la historia y como búsqueda de la "unidad en la diversidad" y "la apostolicidad y el carácter romano". En este sentido piensa que es de importancia capital convencer a todas las iglesias célticas irlandesas y de los pictos para que celebren la Pascua según el calendario romano". Beda "también fue un insigne maestro de teología litúrgica, (...) educando a los fieles a celebrar con alegría los misterios de la fe y a reproducirlos coherentemente en la vida, a la espera de su plena manifestación al regreso de Cristo". "Gracias a su manera de hacer teología, entrelazando Biblia, liturgia e historia, Beda tiene un mensaje actual para los diversos estados de vida del cristiano. A los intelectuales (...) les recuerda dos tareas esenciales: escrutar las maravillas de la Palabra de Dios para presentarlas de forma atractiva a los fieles; exponer las verdades dogmáticas evitando las complicaciones heréticas y ateniéndose a la "sencillez católica" con la actitud de los pequeños y humildes a los que Dios se complace en revelar los misterios del Reino".
Por su parte, los pastores "deben dar la prioridad a la predicación, no solo mediante el lenguaje verbal o hagiográfico, sino valorizando las imágenes, las procesiones y las peregrinaciones. (...) A las personas consagradas les recomienda prestar atención al apostolado, (...) colaborando con los obispos en actividades pastorales de diverso tipo en favor de las jóvenes comunidades cristianas y haciéndose disponibles a la misión evangelizadora".
El santo erudito afirma que "Cristo quiere una Iglesia industriosa (...) que excave en otros campos (...), es decir, dispuesta a insertar el Evangelio en el tejido social y en las instituciones culturales" y "exhorta a los fieles laicos a ser asiduos en la instrucción religiosa, (...) enseñándoles cómo rezar continuamente, (...) ofreciendo todas las acciones como sacrificio espiritual en unión con Cristo". Beda el Venerable murió en mayo del año 735. "Es un hecho que con sus obras -concluyó el Papa- contribuyó eficazmente a la construcción de una Europa cristiana".
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Dedicó la catequesis a hablar de San Bonifacio, obispo y mártir En él destacan la centralidad de la Escritura, la comunión con Roma y la síntesis entre fe y cultura
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 11 de marzo de 2009 (ZENIT.org)
Benedicto XVI dedicó la catequesis de este miércoles, ante los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para la audiencia general, a san Bonifacio, "patrón de los germanos", explicando cómo fue la primera evangelización de su país, y proponiéndola como modelo para la actualidad. Dentro del ciclo de catequesis que el Papa dedica en estas semanas a los grandes santos de la Iglesia del primer milenio, se detuvo hoy en la figura de san Bonifacio, primer obispo alemán muerto a manos de los paganos en el siglo VIII. El pontífice repasó la historia de este monje inglés, primer evangelizador de las tribus germánicas, y destacó deél tres elementos que "a distancia de siglos, podemos recoger de su enseñanza": la centralidad de la Escritura, la comunión con Roma y la síntesis entre fe y cultura. Respecto a la importancia de la Palabra de Dios, destacó que Bonifacio "la vivió, predicó, testimonió hasta el don supremo de sí mismo en el martirio. Estaba tan apasionado de la Palabra de Dios que sentía la urgencia y el deber de llevarla a los demás, incluso con riesgo personal suyo". Sobre la comunión con Pedro, el Papa destacó que "fruto de este empeño fue el firme espíritu de cohesión en torno al Sucesor de Pedro que Bonifacio transmitió a las Iglesias en su territorio de misión, uniendo con Roma a Inglaterra, Alemania, Francia y contribuyendo de modo tan determinante a poner las raíces cristianas de Europa que habrían producido frutos fecundos en los siglos sucesivos". En tercer lugar, Benedicto XVI explicó cómo el santo "promovió el encuentro entre la cultura romano-cristiana y la cultura germánica. Sabía de hecho que humanizar y evangelizar la cultura era parte integrante de su misión de obispo". "Transmitiendo el antiguo patrimonio de valores cristianos, él implantó en las poblaciones germánicas un nuevo estilo de vida más humano, gracias al cual se respetaban mejor los derechos inalienables de la persona", añadió. El Papa afirma que este "valiente testimonio" supone "una invitación para todos nosotros a acoger en nuestra vida la Palabra de Dios como punto de referencia esencial, a amar apasionadamente la Iglesia, a sentirnos corresponsables de su futuro, a buscar la unidad en torno al Sucesor de Pedro".
Por otro lado, "nos recuerda que el cristianismo, favoreciendo la difusión de la cultura, promueve el progreso del hombre. Está en nosotros, entonces, estar a la altura de un patrimonio tan prestigioso y hacerlo fructificar para bien de las generaciones que vendrán". "Comparando esta fe suya ardiente, este celo por el Evangelio, a nuestra fe tan a menudo tibia y burocratizada, vemos qué hemos de hacer y cómo renovar nuestra fe, para dar como don a nuestro tiempo la perla preciosa del Evangelio", añadió. Bonifacio nació en Wessex (Inglaterra) alrededor del 675 y entró muy joven en un monasterio. El Papa destaca de él que hubiera sido un hombre estudioso dedicado "a una tranquila y brillante carrera". Sin embargo, a los cuarenta años se sintió llamado a la evangelización entre los paganos. Tras el fracaso de su primera misión en Frisia (actual Holanda), Bonifacio se dirigió a Roma para hablar con el Papa y recibir sus instrucciones. El papa Gregorio II le confió la evangelización de los pueblos germanos y la organización de la Iglesia en ese territorio, cosa que el santo hizo "con gran prudencia y valentía", primero como simple monje y luego como primer obispo alemán. En su catequesis, Benedicto XVI destacó también la labor de promoción cultural y humana realizada por Bonifacio, a través de la fundación de monasterios, "para que fuesen como un faro para irradiar la fe y la cultura humana y cristiana en el territorio". El mismo Bonifacio dejó un amplio legado a través de sus escritos y composiciones poéticas. Al final de su vida, el santo obispo se dirigió a Frisia, donde había fracasado su primera misión. Allí fue asaltado y asesinadopor un grupo de paganos, mientras celebraba la misa. Fue enterrado en el monasterio de Fulda; su fiesta se celebra el 5 de junio para los católicos, y el 19 de diciembre para los ortodoxos. |
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Siguiendo la vida y obra de Ambrosio Auperto, monje del siglo VIII Supo descubrir el "misterio de la Iglesia", reflejado en la Virgen María.
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 22 de abril de 2009 (ZENIT.org)
El Papa explicó este miércoles, durante la audiencia general con los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, que la actual crisis económica mundial "ha nacido de la raíz de la codicia". El Papa quiso mostrar así la actualidad del mensaje del monje y escritor cristiano Ambrosio Auperto, que vivió en el siglo VIII y que escribió un tratado sobre la codicia, en el que muestra que ésta está a la base de todos los vicios que combaten en el alma humana. A la codicia, Auperto "oponía el desprecio del mundo", que "no es un desprecio de la creación, de la belleza y de la bondad de la creación y del Creador, sino un desprecio de la falsa visión del mundo presentada e insinuada por la codicia", explicó el Papa a los presentes. "Ésta insinúa que el tener sería el sumo valor de nuestro ser, de nuestro vivir en el mundo pareciendo importantes. Y así falsifica la creación del mundo y destruye el mundo", añadió. El pontífice advirtió que estas palabras, "a la luz de la presente crisis económica mundial, revelan toda su actualidad. Vemos que precisamente desde esta raíz de la codicia ha nacido esta crisis". "También para el hombre de este mundo, también para el rico vale el deber de combatir contra la codicia, contra el deseo de poseer, de aparecer, contra el falso concepto de libertad como facultad de disponer de todo según el propio arbitrio. También el rico debe encontrar el auténtico camino de la verdad, del amor y así de la vida recta", añadió el Papa, resumiendo el mensaje de este monje medieval. Siguiendo con su largo ciclo de catequesis sobre escritores cristianos del primer milenio de la historia de la Iglesia, el Papa se detuvo hoy en este poco conocido monje de origen provenzal, de quien afirmó que supo descubrir el "verdadero rostro de la Iglesia". "La Iglesia vive en las personas, y quien quiere conocer a la Iglesia, comprender su misterio, debe considerar a las personas que han vivido y viven su mensaje, su misterio. Por ello hablo desde hace tanto tiempo en las catequesis del miércoles de personas de las que podemos aprender qué es la Iglesia", explicó. El Papa explicó brevemente la vida de este monje, que vivió como seglar en la corte carolingia como preceptor de Carlomagno, y que ingresó en el monasterio benedictino de San Vicente de Volturno (cerca de Nápoles). Auperto fue un escritor prolífico, cuyas obras se han atribuido a otros grandesescritores, entre ellos san Ambrosio de Milán o san Ildefonso. Las intrigas de su tiempo y los partidos políticos en que se dividía la propia comunidad monacal fueron la causa de su salida y seguramente de su muerte repentina, probablemente asesinado, mientras acudía a Roma llamado por el Papa para actuar como testigo en un proceso contra el abad de la comunidad, el longobardo Poton. "Ambrosio Auperto fue monje y abad en una época marcada por fuertes tensiones políticas, que repercutían también en la vida interna de los monasterios", explicó el Papa. Sin embargo, supo descubrir el "misterio de la Iglesia", reflejado en la Virgen María.
Basándose en su obra principal, el comentario al Apocalipsis, "primer comentario amplio en el mundo latino al último libro de la Sagrada Escritura", Benedicto XVI explicó que Ambrosio Auperto "no se interesa tanto por la segunda venida de Cristo al final de los tiempos, sino a las consecuencias que se derivan de su primera venida para la Iglesia del presente, la encarnación en el seno de la Virgen María". "En el contexto de la dimensión mística que pertenece a todo cristiano, él mira a María como modelo de la Iglesia, modelo para todos nosotros, porque también en nosotros y entre nosotros debe nacer Cristo". "Su gran veneración y su profundo amor por la Madre de Dios le inspiran a veces formulaciones que de alguna forma anticipan las de san Bernardo y de la mística franciscana, sin desviarse sin embargo a formas discutibles de sentimentalismo, porque él no separa nunca a María del misterio de la Iglesia", añadió el Papa, calificando a Ambrosio Auperto como "el primer gran mariólogo de Occidente". Benedicto XVI concluyó su catequesis proponiendo el ejemplo de este monje, que vivió "en un tiempo de fuerte instrumentalización política de la Iglesia, en la que el nacionalismo y el tribalismo habían desfigurado el rostro de la Iglesia". A pesar de ello, "él, en medio de todas estas dificultades que conocemos también nosotros, supo descubrir el verdadero rostro de la Iglesia en María, en los Santos. Y supo así entender qué quiere decir ser católico, ser cristiano, vivir de la Palabra de Dios, entrar en este abismo y así vivir el misterio de la Madre de Dios: dar de nuevo vida a la Palabra de Dios, ofrecer a la Palabra de Dios la propia carne en el tiempo presente", añadió. |
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El Papa recuerda que la creación y la carne “no son despreciables” para Dios Dedica la catequesis a san Juan Damasceno, TEÓLOGO ORIENTAL A causa de la Encarnación, la materia es vista como morada de Dios
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 6 de mayo de 2009 (ZENIT.org)
Según Benedicto XVI, el pensamiento cristiano, a diferencia de otras religiones o filosofías no considera que la creación y que la materia, la carne, sean despreciables aunque estén heridas por el pecado, sino que la Encarnación de Dios les ha conferido un gran valor. Así lo explicó este miércoles durante la Audiencia General a los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, continuando su ciclo de catequesis sobre pensadores cristianos del primer milenio, y que hoy centró en la figura de san Juan Damasceno. Por segunda vez consecutiva, el Papa ha tomado a un teólogo de la Iglesia oriental (la semana pasada fue al Patriarca Germán de Constantinopla) para hablar sobre la trascendencia que la veneración de las imágenes sagradas, que se apoya en la doctrina de la Encarnación, tiene para la fe cristiana. De nuevo el pontífice se refirió a la tensión iconoclasta que vivió la Iglesia de Oriente, que afectó también a la vida y al pensamiento de san Juan Damasceno (siglo VIII), uno de los teólogos más grandes de la Iglesia bizantina y al que León XIII proclamó doctor de la Iglesia en 1890. En el pensamiento de este santo se encuentran "los primeros intentos teológicos importantes de legitimación de la veneración de las imágenes sagradas, uniendo a éstas al misterio de la Encarnación". Al permitir la veneración de las imágenes, el cristianismo ha respondido no sólo al judaísmo, sino también al Islam, que prohíben el uso cultual de la imagen. Citando al Damasceno, el obispo de Roma explicó que "dado que ahora Dios ha sido visto en la carne y ha vivido entre los hombres, se puede representar lo que es visible en Dios. Yo no venero la materia, sino al creador de la materia, que se ha hecho materia por mí y se ha dignado habitar en la materia y obrar mi salvación a través de la materia". "A causa de la Encarnación, la materia aparece como divinizada, es vista como morada de Dios. Se trata de una nueva visión del mundo y de las realidades materiales. Dios se ha hecho carne y la carne se ha convertido realmente en morada de Dios, cuya gloria resplandece en el rostro humano de Cristo", añadió.
En este sentido, añadió el Papa, esta doctrina es "de extrema actualidad, considerando la grandísima dignidad que la materia ha recibido en la Encarnación, pudiendo llegar a ser, en la fe, signo y sacramento eficaz del encuentro del hombre con Dios". De esta misma base procede la veneración en la Iglesia a las reliquias de los santos, algo también propio del cristianismo, explicó el Papa, pues "los santos cristianos, habiendo sido hechos partícipes de la resurrección de Cristo, no pueden ser considerados simplemente como "muertos"", sino "aquellos en quienes Dios ha habitado". "El optimismo de la contemplación natural, de este ver en la creación visible lo bueno, lo bello y lo verdadero, este optimismo cristiano no es un optimismo ingenuo", añadió, sino que "tiene en cuenta la herida infligida a la naturaleza humana por una libertad de elección querida por Dios y utilizada inapropiadamente por el hombre". "Vemos, por una parte, la belleza de la creación y por otra, la destrucción causada por la culpa humana. Pero vemos en el Hijo de Dios, que desciende para renovar la naturaleza, el mar del amor de Dios por el hombre", añadió el Papa. El Papa concluyó pidiendo a los presentes acoger esta doctrina "con los mismos sentimientos de los cristianos de entonces". "Dios quiere descansar en nosotros, quiere renovar la naturaleza también a través de nuestra conversión, quiere hacernos partícipes de su divinidad. Que el Señor nos ayude a hacer estas palabras sustancia de nuestra vida". |
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Al ilustrar la figura de san Teodoro el Estudita La pobreza, la castidad como dominio de sí mismo, y la obediencia
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 de mayo de 2009 (ZENIT.org)
Benedicto XVI está convencido de que la pobreza, la castidad como dominio de sí mismo, y la obediencia constituyen un camino para encontrar la verdadera vida no sólo para los monjes, sino también para cualquier persona. A esta conclusión llegó en la audiencia general de este miércoles en la que, continuando con la presentación de grandes figuras de la historia de la Iglesia, habló de san Teodoro el Estudita. Este santo imprimió entre los siglos VIII y IX una profunda renovación en la vida monástica, a través de su comunidad de Studios, cuyos religiosos eran conocidos con el nombre de "estuditas". Teodoro también pasó a la historia, en plena época iconoclasta, como uno de los grandes defensores de los iconos, pues éstos, según decía, por la encarnación "nos unen con la Persona de Cristo, con sus santos y, a través de ellos, con el Padre celeste, y testimonian la entrada en la realidad divina de nuestro cosmos visible y material". Hablando del camino de santidad que Teodoro presentaba a los monjes, Benedicto XVI, en su encuentro con miles de fieles en la plaza de San Pedro, explicó que también puede aplicarse a los seglares, aunque obviamente de una manera menos radical, adaptada a su estado de vida. "La renuncia a la propiedad privada, la libertad de las cosas materiales, así como la sobriedad y la sencillez, sólo son válidas de forma radical para los monjes, pero el espíritu de esta renuncia es igual para todos", explicó el Papa. "De hecho, no debemos depender de la propiedad material; debemos aprender la renuncia, la sencillez, la austeridad y la sobriedad", añadió. "De este modo puede crecer una sociedad solidaria y se puede superar el gran problema de la pobreza de este mundo", aseguró.
Por tanto, aclaró, "en este sentido, el signo radical de los monjes pobres indica esencialmente también un camino para todos nosotros". Hablando de las tentaciones contra la castidad, dijo al recoger las enseñanzas de Teodoro, "demuestra el camino de lucha interior para encontrar el dominio de sí mismo y de este modo el respeto del propio cuerpo y del cuerpo del otro como templo de Dios". A la luz de este testimonio de vida cristiana el Papa ilustró con estas palabras el camino de la verdadera vida. Ante todo, dijo, es "amor por el Señor encarnado y por su visibilidad en la liturgia y en los iconos". "Fidelidad al bautismo y compromiso por vivir en la comunión del Cuerpo de Cristo, entendida también como comunión de los cristianos entre sí", añadió. "Espíritu de pobreza, de sobriedad, de renuncia --recalcó--; castidad, dominio de sí mismo, humildad y obediencia contra la primacía de la propia voluntad, que destruye el tejido social y la paz de las almas". "Amor por el trabajo material y espiritual. Amistad espiritual nacida en la purificación de la propia conciencia, de la propia alma, de la propia vida", concluyó al ilustrar la esencia de la verdadera vida. |
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EXPRESAR LO INEFABLE DE DIOS DESDE EL VERBO ENCARNADO el Papa habla de juan escoto eriÚgena La palabra de la Sagrada Escritura purifica nuestra razón un poco ciega
CIUDAD DEL VATICANO, 10 de junio de 2009 (VIS).
En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa habló sobre Juan Escoto Eriúgena, "un destacado filósofo del Occidente cristiano", nacido en Irlanda en los inicios del 800 y fallecido alrededor del 870. El Santo Padre explicó que Escoto se estableció en la corte del rey francés Carlos el Calvo. "Tenía una cultura patrística, tanto griega como latina, de primera mano. (...) Demostró una atención muy particular a San Máximo el Confesor y, sobre todo, a Dionisio el Areopagita, (...) al que calificaba como el "autor divino" por excelencia y por eso sus escritos fueron una fuente eminente de su pensamiento. Tradujo sus obras al latín y grandes teólogos de la Edad Media como San Buenaventura las conocieron gracias a esa versión. Se dedicó toda su vida a profundizar y desarrollar su pensamiento". "En realidad, el trabajo teológico de Juan Escoto no tuvo mucha suerte. No solo el final de la era carolingia hacía olvidar sus obras, sino también una censura de la autoridad eclesiástica ensombrecía su figura. En realidad, Escoto representa un platonismo radical que a veces parece acercarse a una visión panteísta, aunque sus intenciones personales y subjetivas eran siempre ortodoxas". Entre las obras del teólogo irlandés, continuó, "vale la pena recordar en particular el tratado "sobre la división de la naturaleza" y "las exposiciones sobre la jerarquía celeste de San Dionisio". Benedicto XVI señaló que Escoto "desarrolla reflexiones teológicas y espirituales estimulantes, que podrían sugerir interesantes estudios también a los teólogos contemporáneos". En este sentido se refirió a sus escritos "sobre el deber de ejercer un discernimiento apropiado acerca de lo que se presenta como "auctoritas vera", o del compromiso de seguir buscando la verdad hasta alcanzar alguna experiencia en la adoración silenciosa de Dios". La Escritura, según el teólogo irlandés, "fue dada por Dios (...) para que el ser humano pudiera recordar todo lo que le había sido grabado en el corazón desde el momento de su creación"a imagen y semejanza de Dios" y que la caída original le había hecho olvidar. (...) Gracias a la Escritura -escribe Escoto-, nuestra naturaleza racional puede ser introducida en los secretos de la auténtica y pura contemplación de Dios".
"La palabra de la Sagrada Escritura -añadió el pontífice- purifica nuestra razón un poco ciega y nos ayuda a volver al recuerdo de lo que nosotros, como imagen de Dios, llevamos en nuestro corazón herido por el pecado". El Papa subrayó que de estas ideas "derivan algunas consecuencias hermenéuticas que pueden indicar también hoy el camino justo para una correcta interpretación de las Escrituras. Se trata de descubrir el sentido escondido en el texto sagrado y esto supone un ejercicio interior particular, gracias al cual la razón se abre el camino seguro a la verdad. Este ejercicio consiste en cultivar una disponibilidad constante a la conversión". "El reconocimiento adorante y silencioso del Misterio divino -dijo- (...) es el único camino para una relación con la verdad, que sea la más íntima posible y la más escrupulosamente respetuosa de la alteridad". El Santo Padre terminó la catequesis poniendo de relieve que "todo el pensamiento teológico de Juan Escoto es la demostración más clara del intento de expresar lo inefable de Dios, basándose únicamente en el misterio del Verbo hecho carne en Jesús de Nazaret". |
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