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INTERESANTE COLECCIÓN “BIBLIOTECA DE PATRÍSTICA”
Editorial: Ciudad Nueva. (75 volúmenes) Director de la colección: Marcelo Merino Dirigida por Marcelo Merino en la editorial "Ciudad Nueva"
Esta colección constituye un auténtico esfuerzo de recuperación de las tradiciones cristianas, ofreciendo las principales obras de los Padres de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente (siglos II-VIII). Los textos son traducidos de sus lenguas originales por un seleccionado equipo de traductores y patrólogos, y pueden ser muy útiles para cursos universitarios y para la profundización teológica y espiritual. Además, muchos de ellos se traducen por primera vez al castellano. Cada volumen consta de una amplia introducción, texto traducido, notas e índices. Los Padres siguen constituyendo hoy en día un punto de referencia indispensable para la vida cristiana. Esta iniciativa editorial busca un “retorno a los Padres”, que trata de detectar las exigencias más vivas en las que se debate la comunidad cristiana de nuestro tiempo, para esclarecerla a la luz de los enfoques y de las soluciones que los Padres proponen a sus comunidades. Esto puede ser además una garantía de certezas en un momento en que formas de pluralismo mal entendido pueden ocasionar dudas e incertidumbres a la hora de afrontar problemas vitales.
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Documentos de interés: libros sobre san pablo Presentamos una selección de libros sobre san Pablo cuya lectura recomendamos con ocasión del Año Paulino
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Un libro de Francisco Varo en el que analiza algunos textos de San Pablo
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Un libro de DOMINGO RAMOS-LISSÓN sobre LOS PRIMEROS SIGLOS DEL CRISTIANISMO
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Por su amor a Cristo, su anuncio del Evangelio y su dedicación a la comunidad CIUDAD DEL VATICANO, domingo 28 de junio de 2009 (ZENIT.org).-
Benedicto XVI propuso a San Pablo como modelo a imitar por los sacerdotes, este domingo en la plaza de San Pedro del Vaticano, antes del rezo del Ángelus. Para el Papa, el modelo del apóstol Pablo no se encuentra tanto en las circunstancias de su extraordinaria vida, sino “en el amor por Cristo, en el celo por el anuncio del Evangelio, en la dedicación a la comunidad y en la elaboración de eficaces síntesis de teología pastoral”. “San Pablo es un ejemplo de sacerdote totalmente identificado con su ministerio –como lo será también el Santo Cura de Ars-, consciente de llevar un inestimable tesoro, que es el mensaje de la salvación, pero de llevarlo en un “recipiente de barro”, señaló. De esta manera, prosiguió, “él es fuerte y humilde al mismo tiempo y está íntimamente convencido de que todo es mérito de Dios, todo es gracia suya”. El pontífice afirmó que las palabras del apóstol de los gentiles "El amor de Cristo nos posee" “bien pueden ser el lema de cada sacerdote”. En este sentido, destacó que el Espíritu que cautiva de esta manera al sacerdote hace de él “un fiel administrador de los misterios de Dios”. “El presbítero debe ser todo de Cristo y todo de la Iglesia, a la que está llamado a dedicarse con amor indiviso, como un esposo fiel a su esposa”, dijo. Antes de rezar la oración del Ángelus, el Santo Padre invitó a agradecer a Dios “por el Año Paulino y por todos los dones espirituales que nos ha traído”. “Ha sido un verdadero tiempo de gracia en el que, mediante las peregrinaciones, las catequesis, numerosas publicaciones y diversas iniciativas, la figura de San Pablo ha sido propuesta de nuevo en toda la Iglesia”, consideró. “Su vibrante mensaje ha reavivado en todas partes, en las comunidades cristianas, la pasión por Cristo y por el Evangelio”, destacó.
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En las Vísperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo ROMA, domingo 28 de junio de 2009 (ZENIT.org).-
Aunque el Año Paulino se concluye, hay cosas que siempre formarán parte de la vida cristiana como “estar en camino junto con Pablo, con él y gracias a él conocer a Jesús, y como él ser iluminados y transformados por el Evangelio”. Así lo señaló el Papa Benedicto XVI en su homilía durante las vísperas solemnes que presidió este domingo en la basílica de San Pablo Extramuros con motivo de la clausura del Año Paulino. A las seis de la tarde, el Pontífice entró en la basílica, donde fue recibido en primer lugar por su arcipreste, el cardenal Andrea Cordero Lanza, así como por el vicario de la diócesis de Roma, el cardenal Agostino Vallini. Todos los cardenales y obispos de la Curia Romana, así como una delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla, participaron también en la ceremonia. Cientos de peregrinos que no lograron entrar a la basílica clamaban desde el exterior con consignas como “Benedetto” y “Viva el Papa”. Antes de iniciar las Vísperas, el Santo Padre descendió para orar unos minutos ante el sarcófago donde, según la tradición, yacen los restos del Apóstol de las Gentes. La tumba de San Pablo estuvo cerrada al público durante varios siglos. Con motivo de la celebración del Año Paulino, los restos fueron sometidos a un riguroso análisis de Carbono 14 que concluye que existe una alta probabilidad de que efectivamente los restos pertenezcan al apóstol. “Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente” (Rm 12, 1 –2) fue la lectura que los fieles pudieron meditar durante estas Vísperas. “¿Qué nos dice San Pablo en este pasaje?”, preguntó el Papa, y prosiguió: “En primer lugar, afirma, como algo fundamental, que con Cristo se ha iniciado un nuevo modo de venerar a Dios, un nuevo culto”. “Consiste en que el hombre viviente se convierte en adoración, "sacrificio" del propio cuerpo”, afirmó. “Ya no existen las cosas ofrecidas a Dios ; es nuestra existencia la que debe convertirse en una alabanza a Dios”, añadió. Homilía del Santo Padre
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En la catacumba romana de Santa Tecla ROMA, miércoles 1 de julio de 2009 (ZENIT.org).-
Los restauradores de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra que trabajan en la catacumba de Santa Tecla, cerca de la Vía Ostiense de Roma, han sacado a la luz el icono más antiguo de San Pablo. La imagen forma parte de unos frescos del siglo IV, ocultos bajo una espesa masa calcárea que escondía la decoración de la bóveda del cubículo de la catacumba de Santa Tecla, según informó L’Osservatore Romano. Gracias a la técnica del láser, ha sido posible hacer emerger “la característica fisionomía asignada al apóstol de las gentes en el arte paleocristiano”, explica el periódico. Esos rasgos correspondientes al ideal de pensador -grandes ojos que miran al infinito, mejillas hundidas, inicio de calvicie y barba larga acabada en punta- “no dejaban lugar a dudas en su identificación”. El descubrimiento del rostro de Pablo en una de las esquinas de la bóveda del cubículo ha llevado a los investigadores a dedicarse a desvelar las imágenes de las otras tres esquinas. Efectivamente, han aparecido las imágenes de otros dos apóstoles, uno particularmente joven y el otro, de rasgos marcados (quizás Juan y Santiago), y la de un tercero, Pedro. “Por primera vez en el arte paleocristiano, los apóstoles –y entre ellos el primero de todos y dos de los principales- ocupan una posición tan relevante”, explica el diario. “No están acompañando a difuntos, como en muchos sarcófagos del siglo IV, ni participando en el Colegio litúrgico presidido por Cristo" añade. El secretario de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra y presidente de la Academia Pontificia del Culto de los Mártires, Fabrizio Bisconti, realizó una valoración del hallazgo en un artículo publicado en L’Osservatore Romano. Concretamente afirmó que “desde el momento en que la imago clipeata representa una figura devocional elegida por las familias de los difuntos para proteger su cubículo, el busto de Pablo puede ser considerado el icono más antiguo del apóstol hallado hasta ahora, en el sentido de que del nivel evocativo se pasa al de culto”.
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Restos de un hombre del siglo I o II y una placa con su nombre CIUDAD DEL VATICANO, domingo 3 de julio de 2009 (ZENIT.org).-
Aunque los exámenes del Carbono 14 realizados recientemente en el sarcófago del apóstol San Pablo “no confirman” que efectivamente se trate de sus restos, “tampoco lo desmienten”. Lo dijo este viernes el arcipreste de la basílica San Pablo Extramuros en Roma, el cardenal Andrea Cordero Lanza Montezemolo, en una rueda de prensa celebrada en la Santa Sede. Durante veinte siglos, nadie había abierto el sarcófago, explicó, y la introducción de una pequeña sonda “ha dado resultados no sólo interesantes sino que concuerdan con lo que hemos encontrado”. Los restos, continuó, “parece que pertenecen a un sepulcro del siglo I o II”. Según el purpurado, se encontraron otros granos “que indican también un aspecto religioso”. El arcipreste aclaró que el sarcófago nunca fue abierto pero sí perforado y dijo que posiblemente en un futuro se podrá hacer un análisis más detallado. “Abrir el sarcófago para ver que hay dentro sería difícil; habría que desmontar el altar papal”, explicó. El purpurado informó que se encontraron también placas de mármol que seguramente fueron introducidas en la tumba “para protegerlo del [río] Tíber”. En una de ellas, está escrito con caracteres primitivos “Pablo apóstol y mártir”. En la conferencia de prensa, estuvo presente también el profesor Ulderico Santamaria, director del Laboratorio de diagnóstico para la conservación y restauración de los Museos Vaticanos, que participó en esta investigación científica: “El uso de una sonda ha reducido al mínimo la invasión en el sarcófago y los riesgos de deterioro en el interior, evitando el ingreso de oxígeno en la tumba”, dijo. También aseguró que los fragmentos microscópicos no hacen posible el examen del ADN “porque éste necesita más materiales”. El Papa Benedicto XVI ya había anunciado, en la homilía de clausura del Año Paulino, las investigaciones recientemente realizadas en la Basílica donde según la tradición yace la tumba del Apóstol. “Se realizó una pequeñísima perforación para introducir una sonda especial, mediante la cual se descubrieron rastros de un valioso tejido de lino teñido de púrpura, laminado con oro coronario, y de un tejido de color azul con fibras de lino”, explicó el domingo el Santo Padre. Estos vestidos sólo se hallaban en las tumbas importantes de los primeros siglos. El Papa aseguró que, durante esta investigación, los científicos constataron la presencia de granos de incienso rojo y de sustancias protéicas y calcáreas. También examinaron, por medio de la prueba del Carbono 14, pequeñísimos fragmentos óseos cuya procedencia se desconocía. Según los resultados, estos huesos pertenecen a los de una persona que vivió entre los siglos I y II. “Eso parece confirmar la tradición unánime y concorde, según la cual se trata de los restos mortales del apóstol san Pablo”, aseguró Benedicto XVI. Según la tradición, San Pablo fue decapitado donde hoy se encuentra la Abadía de las Tres Fuentes, “Abazia delle tre fontane”, en la vía Laurentina en Roma. Su cuerpo fue escondido durante varios siglos en una sarcófago familiar. Solamente después del año 313, cuando Constantino permitió la libertad de religión en el Imperio Romano, empezó el culto público, y la tumba de San Pablo podía visitarse. Entonces empezó a construirse una Iglesia constantiniana, que luego pasó a ser una basílica más grande y después un gran cementerio pagano que estaba situado en la Puerta Ostiense. Posteriormente se transformó en cementerio cristiano y allí es donde se encuentra hoy la Basílica San Pablo Extramuros.
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Las palabras y la imagen del Apóstol de las Gentes en las colecciones pontificias CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 5 de julio de 2009 (ZENIT.org).-
Los Museos Vaticanos, imán para cristianos y no cristianos, han decidido continuar con el aniversario paulino más allá del cierre del año de San Pablo. Los museos han inaugurado una nueva exposición titulada: "San Pablo en el Vaticano: Las Palabras y la Imagen del Apóstol de las Gentes en las Colecciones Pontificias", que continuará hasta el 27 de septiembre de 2009. Situada en el Museo Pío Cristiano, esta exposición presenta más de 120 obras de diversas partes de las colecciones papales, algunas provenientes de la Basílica de San Pablo Extramuros, mientras que otros objetos han sido cedidos por las universidades pontificias o la Biblioteca Vaticana. Raros manuscritos y antiguas imágenes reconstruyen tanto la figura histórica de Pablo como el legado de sus cartas a lo largo de los siglos y los continentes. La primera sección explora los descubrimientos recientes y antiguos sobre la tumba del Apóstol en la Basílica de San Pablo Extramuros. Un modelo de la antigua iglesia construida por Teodosio en el siglo V y una reproducción de la famosa losa, colocada en el sepulcro de Pablo con la inscripción de las palabras "Pablo, Apóstol, Mártir", dan testimonio de la antigüedad de la tradición del lugar donde fue enterrado Pablo. Un espectacular sarcófago posterior al año 350, llamado "Sarcófago Dogmático", ricamente tallado con la primera imagen de la Trinidad en el mundo, y encontrado enterrado junto a la tumba del Apóstol, confirma el prestigio de su tumba. Casi 30 objetos exploran el desarrollo de la iconografía de Pablo. Vívidas acuarelas de Monseñor Joseph Wilpert con imágenes de las catacumbas romanas, así como representaciones en piedra de sarcófagos, ilustran cómo el rostro y la historia de San Pablo se difundieron a través de la cultura altamente visual del mundo grecorromano. Los objetos más encantadores de esta sección son los medallones de cristal dorado, preciosos souvenirs de los primeros peregrinos, con rostros de Pedro y Pablo grabados al agua fuerte en pan de oro entre planchas de vidrio. Esta iconografía de los nuevos Rómulo y Remo, confundidores de la nueva Roma cristiana, pronto se extendió. La relación de Pedro y Pablo se analiza más a fondo en la exposición con la contemplación de las imágenes de San Pablo encontradas en la tumba de San Pedro . Desde el cimborrio del siglo XV de la Basílica, obra de Paolo Romano, que muestra la decapitación de Pablo, hasta la imagen de Pablo en las puertas de bronce que todavía adorna la iglesia, estas obras subrayan la amistad y la unidad entre el Apóstol de los Gentiles y el Príncipe de los Apóstoles. La sección final contempla el testimonio de la palabra escrita. La inscripción cristiana más antigua, el Epitafio de Albercio de finales del siglo II, describe el peregrinaje del obispo de Hierópolis, que utilizó las cartas de Pablo "como mi guía". Versiones impresas de la Biblia que van desde los manuscritos iluminados de Carlos el Calvo en el siglo IX hasta la versión más moderna de la Conferencia Episcopal Italiana dan idea del legado de la palabra escrita por San Pablo. La traducción alemana de la Biblia, de Martín Lutero, se une a los comentarios de Tomás de Aquino, y a los Evangelios eslavos, coptos, árabes, españoles, chinos y armenios ilustran la universalidad de las cartas de San Pablo. Pablo, deudor de "griegos y bárbaros; sabios e ignorantes" (Romanos 1:14), complementa perfectamente el museo. El arte de la colección pontificia atrae a personas de toda condición y fe, aunque la exposición permite a Pablo predicar de nuevo como hizo una vez en el Ágora de Atenas y en la Sinagoga de Chipre. El mayor fruto del año paulino será que la gente continúe escuchándolo.
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Al recoger la herencia espiritual dejada por san Juan Eudes En el seminario los futuros sacerdotes deben "aprender a Cristo" CASTEL GANDOLFO, miércoles, 19 de agosto de 2009 (ZENIT.org)
Benedicto XVI reconoce que la formación permanente de los sacerdotes constituye un punto decisivo para que la "nueva evangelización no se quede simplemente en un eslogan atractivo". Así lo constató este miércoles durante la intervención que pronunció durante la audiencia general, celebrada en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, dedicada a recordar la figura de san Juan Eudes (1601-1680), cuya memoria litúrgica celebraba ese día la Iglesia, y la formación del clero. Este santo francés, como recordó el Papa, comprendió que para descubrir el amor del Corazón de Jesús es decisiva la formación profunda y continua de los sacerdotes, motivo por el cual fundó la congregación de Jesús y María, actualmente extendidos por Francia, Italia, América del Norte, América Latina, el Caribe y África. "También hoy se experimenta la necesidad de que los sacerdotes testimonien la infinita misericordia de Dios con una vida totalmente "conquistada" por Cristo, y aprendan esto desde los años de su formación en los seminarios", reconoció el Papa en pleno Año Sacerdotal. En este sentido, recordó que Juan Pablo II, después del Sínodo de 1990, emanó la exhortación apostólica Pastores dabo vobis, en la que presenta la importancia de la formación de los seminaristas y sacerdotes.
"Es un verdadero punto de partida para una auténtica reforma de la vida y del apostolado de los sacerdotes, y es también el punto central para que la "nueva evangelización" no se quede en un eslogan atractivo, sino que se traduzca en realidad", añadió Benedicto XVI. En este sentido, el obispo de Roma consideró que tienen un papel decisivo los años de formación que los futuros sacerdotes viven en el seminario, en los que deben "aprender a Cristo", "dejándose configurar progresivamente por Él, único Sumo Sacerdote y Buen Pastor". "El tiempo del seminario debe ser visto, por tanto, como la actualización del momento en el que el Señor Jesús, después de haber llamado a los apóstoles y antes de enviarles a predicar, les pide que se queden con Él", aseguró. El sucesor del apóstol Pedro invitó a rezar en este año "por los sacerdotes y por quienes se preparan a recibir el don extraordinario del sacerdocio ministerial". Como consejo, a los peregrinos presentes, les dejó este pensamiento de san Juan Eudes: "Entregaos a Jesús para entrar en la inmensidad de su gran Corazón, que contiene el Corazón de su santa Madre y de todos los santos, y para perderos en este abismo de amor, de caridad, de misericordia, de humildad, de pureza, de paciencia, de sumisión y de santidad". |
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