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Presenta su testimonio de vida y el de su madre, santa Mónica CASTEL GANDOLFO, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).-
Benedicto XVI propuso este miércoles a los jóvenes buscar apasionadamente la verdad como lo hizo su gran maestro, san Agustín. Al concluir la audiencia general, el Papa dirigió un saludo particular a los jóvenes, enfermos y recién casados, recordando que el 28 de agosto se celebra la memoria litúrgica del obispo de Hipona que vivió entre los años 354 y 430, a quien Joseph Ratzinger dedicó su tesis doctoral. Este jueves, como él mismo también evoco, la liturgia recuerda a su madre, santa Mónica. "Que su ejemplo os lleve, jóvenes, a una búsqueda sincera y apasionada de la Verdad evangélica", deseó el Papa. Después, dirigiéndose a los enfermos que le escuchaban les exhortó a aprender del testimonio de la vida de Mónica y Agustín "el valor redentor del sufrimiento ofrecido a Dios en unión con el sacrificio de la Cruz". Por último, deseó que el ejemplo de los dos santos sirva de apoyo a los recién casados, algunos presentes en el patio de Castel Gandolfo con sus trajes de boda, "en el generoso testimonio de la gratuidad del amor de Dios". |
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Propone como modelo a un escritor muy apreciado por la Iglesia Ortodoxa "Solamente el amor divino nos hace abrir el corazón a los demás"
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 16 de septiembre de 2009 (ZENIT.org)
El conocimiento y la experiencia mística de Dios no es algo reservado a personas excepcionales, sino que es para todos los bautizados. Así lo afirmó hoy el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General, celebrada en el Aula Pablo VI. El Papa, continuando con sus catequesis sobre grandes escritores cristianos del primer milenio, habló sobre Simeón el Nuevo Teólogo (949--1022), un escritor poco conocido en Occidente pero muy querido por la Iglesia Ortodoxa. Se trata de la cuarta vez que el Papa se refiere a un santo muy apreciado por las Iglesias Orientales, tras sus catequesis sobre san Juan Damasceno, los santos Cirilo y Metodio y Germán de Constantinopla. Uno de los que en los últimos años han escrito sobre él es el arzobispo Hilarion de Volokolamsk, presidente del Departamento para las Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado de Moscú. De hecho, el sobrenombre de "Teólogo" se lo confirió la Iglesia oriental, que sólo reconoce este título a otros dos santos: san Juan Evangelista y san Gregorio Nacianceno, como recordó el Papa durante su catequesis de hoy. Este santo, explicó el Papa, "concentra su reflexión sobre la presencia del Espíritu Santo en los bautizados y sobre la conciencia que deben tener de esta realidad espiritual". "Simeón el Nuevo Teólogo insiste en el hecho de que el verdadero conocimiento de Dios no viene de los libros, sino de la experiencia espiritual, de la vida espiritual", a través de "un camino de purificación interior, que comienza con la conversión del corazón, gracias a la fuerza de la fe y del amor". "Para Simeón semejante experiencia de la gracia divina no constituye un don excepcional para algunos místicos, sino que es fruto del Bautismo en la existencia de todo fiel seriamente comprometido", subrayó el Papa. Benedicto XVI invitó a todos los bautizados a reflexionar sobre "este santo monje oriental, que nos reclama a todos una atención a la vida espiritual, a la presencia escondida de Dios en nosotros, a la sinceridad de la conciencia y a la purificación, a la conversión del corazón". "Si nos preocupamos justamente por cuidar nuestro crecimiento físico, es aún más importante no abandonar la vida el crecimiento interior, que consiste en el conocimiento de Dios", añadió.
El Papa relató una de las experiencias místicas de Simeón, quien acabó por cerciorarse de que Jesús estaba en él al advertir un amor inmenso hacia los demás, incluso sus enemigos. "Evidentemente no podía venir de él mismo semejante amor, sino que debía brotar de otra fuente. Simeón entendió que procedía de Cristo presente en él y todo se le aclaró: tuvo la prueba segura de que la fuente del amor en él era la presencia de Cristo". "Queridos amigos, esta experiencia es muy importante para nosotros, hoy, para encontrar los criterios que nos indiques si estamos realmente cerca de Dios, si Dios existe y vive en nosotros", explicó el Papa a los presentes. "Solamente el amor divino nos hace abrir el corazón a los demás y nos hace sensibles a sus necesidades, haciéndonos considerar a todos como hermanos y hermanas e invitándonos a responder con amor al odio y con el perdón a la ofensa". Simeón el Nuevo Teólogo (949-1022), nació en Galacia (Asia Menor) y murió en el monasterio de Santa Macrina. Educado para hacer carrera en la corte del emperador, en Constantinopla, sus inquietudes y experiencias místicas le llevaron a ingresar en el monasterio de Studion. Se le considera uno de los más grandes representantes del pensamiento hesicasta, tradición ascética muy fuerte en la Iglesia oriental y ortodoxa, que enlaza con los antiguos Padres del Desierto, especialmente Macario de Egipto y Diádoco de Fótice, y que insisten en la experiencia personal de Dios en la propia vida. |
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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San jerónimo(II) Benedicto XVI aconseja leer la Biblia todos los días Al sacar las lecciones dejadas por San Jerónimo CIUDAD DEL VATICANO, 14 NOV 2007 (ZENIT.org).-
Benedicto XVI ha pedido a todos los creyentes que lean todos los días la Biblia. Fue el consejo que dejó a las 25 mil personas congregadas este miércoles en la Plaza de San Pedro del Vaticano para participar en la audiencia general. En su intervención, el pontífice presentó las enseñanzas que ha dejado san Jerónimo (347-419/420), uno de los biblistas más grandes de todos los tiempos, traductor de la versión en latín de las Escrituras, cuya biografía ya había ilustrado en su anterior cita semanal con los peregrinos. Acercarse a los textos bíblicos, sobre todo al Nuevo Testamento, es esencial para el creyente, pues «ignorar la Escritura es ignorar a Cristo», explicó el Papa recordando una celebre frase de Jerónimo, citada por el Concilio Vaticano II nella Costituzione «Dei Verbum». «Enamorado» de la Palabra de Dios, Jerónimo se preguntaba: «¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer al mismo Cristo, que es la vida de los creyentes?», recordó el obispo de Roma. La Biblia, instrumento «con el que cada día Dios habla a los fieles», indicó el Papa, «se convierte de este modo en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para toda persona». El pontífice recordó que para Jerónimo «un criterio metodológico fundamental en la interpretación de las Escrituras era la sintonía con el magisterio de la Iglesia».
«Por nosotros mismos nunca podemos leer la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos en errores. La Biblia fue escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo»¸ explicó Benedicto XVI. «Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente con el “nosotros” en el núcleo de la verdad que Dios mismo nos quiere decir». «Para él una auténtica interpretación de la Biblia tenía que estar siempre en armonía con la fe de la Iglesia católica», indicó. «Dado que Jesucristo fundó su Iglesia sobre Pedro», según Jerónimo, todo cristiano «debe estar en comunión “con la Cátedra de san Pedro”», pues «“yo sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia». Por tanto el santo declaraba: «Estoy con quien esté unido a la Cátedra de san Pedro» La lectura de la Escritura lleva al santo a entregarse a los demás: es necesario, dice, «vestir a Cristo en los pobres, visitarle en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, cobijarle en los que no tienen un techo». La Palabra de Dios, concluyó el Papa sintetizando la vida y las enseñanzas de Jerónimo, «indica al hombre las sendas de la vida, y le revela los secretos de la santidad». Con su meditación, el sucesor de Pedro continuó con sus intervenciones sobre las grandes figuras de los orígenes de la Iglesia. |
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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de San Esteban “En la historia de la Iglesia nunca faltará la persecución” Advierte el Papa al recordar la figura de San Esteban CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 10 enero 2007 (ZENIT.org)
En la historia de la Iglesia nunca faltará la persecución, considera Benedicto XVI, pero ésta se convierte en fuente de misión. Esta es la lección que deja el testimonio de san Esteban, el primer mártir cristiano, explicó el Papa en la audiencia general de este miércoles, concedida en el Aula Pablo VI, dedicada a presentar esta figura decisiva de la Iglesia naciente. Esteban era uno de los primeros siete «diáconos» creados por los apóstoles, lapidado en las afueras de Jerusalén por judíos que le acusaron de blasfemia por anunciar a Jesús, «crucificado y resucitado», como «el punto de llegada de toda esta historia», según cuentan los Hechos de los Apóstoles. Recordando la narración de su martirio, del que fue testigo Saulo de Tarso, futuro san Pablo, el obispo de Roma explicó en la audiencia que el «protomártir» «nos habla sobre todo de Cristo, de Cristo crucificado y resucitado como centro de la historia y de nuestra vida». San Esteban, aclaró el Papa a los 7.000 peregrinos presentes, permite «comprender que la Cruz ocupa siempre un lugar central en la vida de la Iglesia y también en nuestra vida personal». «En la historia de la Iglesia no faltará nunca la pasión, la persecución --subrayó--. Y precisamente la persecución se convierte» en «fuente de misión para los nuevos cristianos». El sucesor del apóstol Pedro citó la famosa frase de Tertuliano (155-230): «Nosotros nos multiplicamos cada vez que somos segados por vosotros: la sangre de los cristianos es una semilla».
Ahora bien, siguió indicando, «también en nuestra vida la cruz, que no faltará nunca, se convierte en bendición». «Y aceptando la cruz, sabiendo que se convierte y es bendición, aprendemos la alegría del cristiano, incluso en momentos de dificultad», señaló. Para el pontífice, «el valor del testimonio es insustituible, pues el Evangelio lleva hacia él y de él se alimenta la Iglesia». San Esteban «nos enseña a amar la Cruz, pues es el camino por el que Cristo se hace siempre presente de nuevo entre nosotros», remachó. La catequesis papal ofreció una segunda lección al recordar que los primeros siete «diáconos», como san Esteban, fueron nombrados por voluntad de los apóstoles para asistir a los primeros cristianos que vivían en la pobreza, en especial a las viudas. Esteban, aclaró, comprendió que «no era posible disociar caridad del anuncio» de Cristo. «Con la caridad, anuncia a Cristo crucificado, hasta el punto de aceptar incluso el martirio»: «caridad y anuncio van siempre juntos. La intervención del Papa continúa con la serie de meditaciones que está ofreciendo sobre los personajes más destacados de la Iglesia naciente, después de haber analizado las figuras de los apóstoles. Pueden consultarse en nuestra sección «Catequesis de Benedicto XVI sobre los primeros cristianos». [Resumen realizado por Zenit)
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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de María Magdalena y las mujeres al servicio del Evangelio Homenaje del Papa a la contribución de las mujeres en el desarrollo del cristianismo Al repasar las figuras femeninas de la Iglesia naciente CUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 febrero 2007 (ZENIT.org)
Benedicto XVI repasó este miércoles la historia del origen de la Iglesia para constatar la contribución decisiva que han ofrecido las mujeres al desarrollo del cristianismo. «La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una», afirmó al final de la audiencia general de este miércoles celebrada en el Aula Pablo VI. La Iglesia, siguió diciendo, da gracias «por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina», recalcó citando uno de los documentos más conocidos de Juan Pablo II, la carta apostólica «Mulieris dignitatem» (15 de agosto de 1988). «Las mujeres al servicio del Evangelio» fue el tema que escogió el Papa para su catequesis en la que comenzó reviviendo la historia de quienes se convirtieron en discípulas de Jesús, prestando particular atención a su Madre, María, y a María Magdalena. Dado que ésta «no sólo estuvo presente en la Pasión, sino que se convirtió también en la primera testigo y anunciadora del Resucitado», citando a santo Tomás, el sucesor de Pedro la llamó «apóstola de los apóstoles».
Luego recorrió las numerosas figuras femeninas que tuvieron un papel decisivo en la Iglesia primitiva, mostrando cómo en sus comunidades, tuvieron un papel de responsabilidad, pues, como decía san Pablo a los Gálatas, «ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer», «ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús». «Es decir --aclaró--, unidos todos en la misma dignidad de fondo, aunque cada uno con funciones específicas». El apóstol Pablo, recordó el obispo de Roma, admitió «como algo normal el que en la comunidad cristiana la mujer pueda “profetizar”, es decir, pronunciarse abiertamente bajo la influencia del Espíritu Santo, a condición de que sea para la edificación de la comunidad y de una manera digna». «Por tanto, hay que relativizar la famosa exhortación “las mujeres cállense en las asambleas”», señaló. Citó también el caso de «Febe», mujer a la que llama el apóstol llama «diákonos» («diaconisa») de la Iglesia en Cencreas, pequeña ciudad puerto al este de Corinto. «Si bien el título, en aquel tiempo, todavía no tenía un valor ministerial específico de carácter jerárquico, expresa un auténtico ejercicio de responsabilidad por parte de esta mujer a favor de esa comunidad cristiana», reconoció Benedicto XVI. «En síntesis --concluyó--, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera dado la aportación generosa de muchas mujeres». Por este motivo, elevó su elogio «a las mujeres en al transcurso de la historia de la Iglesia», aclarando que lo hacía «en nombre de toda la comunidad eclesial». Terminó dando gracias a Dios «porque Él conduce a su Iglesia, de generación en generación, sirviéndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fecunda su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial para mayor gloria de Dios». Con esta catequesis, el Papa ponía punto final a un ciclo de meditaciones sobre los testigos del cristianismo naciente, que había realizado en las semanas anteriores. [Resumen realizado por Zenit) |
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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de Orígenes (II) El «camino privilegiado» para conocer a Dios es el amor, explica Benedicto XVI CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 mayo 2007 (ZENIT.org) El «camino privilegiado» para conocer a Dios es el amor, considera Benedicto XVI, presentando como medio para alcanzar este objetivo la lectura meditada de la Palab ra de Dios o «lectio divina». Este fue el mensaje que dejó en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo de la audiencia general del miércoles a los 30 mil peregrinos que soportaron una fuerte e inesperada lluvia. El Papa continuó la serie de sus intervenciones sobre los grandes exponentes de la Iglesia primitiva, presentando por segunda semana consecutiva a Orígenes de Alejandría, padre de la Iglesia que vivió entre el siglo II y III, fallecido después de haber sido torturado durante la persecución del emperador Decio. Según Orígenes, afirmó el Papa, «la comprensiónde las Escrituras exige, no sólo estudio, sino intimidad con Cristo y oración». «Está convencido de que el camino privilegiado para conocer a Dios es el amor, y que no existe un auténtico “conocimiento de Cristo” sin enamorarse de Él», añadió. El Santo Padre explicó, al ilustrar el pensamiento de esta figura, considerada como uno de los más grandes teólogos y exegetas de todos los tiempos, que «lo mismo sucede entre los hombres: uno sólo conoce profundamente al otro si hay amor, si se abren los corazones». Para demostrar esto, aclaró, Orígenes «se basa en un significado que en ocasiones se da al verbo “conocer” en hebreo, es decir, cuando se utiliza para expresar el acto del amor humano: “Conoció el hombre a Eva, su mujer, la cual concibió”», como dice el Génesis.
«De este modo --recalcó el obispo de Roma--, se sugiere que la unión en el amor produce el conocimiento más auténtico. Como el hombre y la mujer son “dos en una sola carne”, así Dios y el creyente se hacen “dos en un mismo espíritu”». Y para llegar a este conocimiento de Dios a través del amor, el sucesor de Pedro recomendó, como lo hizo Orígenes, la lectura orante de la Palabra de Dios, más conocida como «lectio divina». El padre de la Iglesia, explicó, tuvo un papel decisivo en la historia de la Iglesia en la difusión de esta práctica, que de él aprendería san Ambrosio de Milán (fallecido en el año 397), quien a su vez la transmitió a san Agustín de Hipona (354-430) y a través de él «a la tradición monástica sucesiva» en Occidente. «No te contentes con llamar y buscar --decía textualmente Orígenes en una Carta citada por el Papa--: para comprender los asuntos de Dios tienes absoluta necesidad de la oración. Precisamente para exhortarnos a la oración, el Salvador no sólo nos ha dicho: “buscad y hallaréis”, y “llamad y se os abrirá”, sino que ha añadido: “Pedid y recibiréis”». Durante su meditación, ante la fuerte lluvia, el Papa dejó a un lado los papeles para afirmar: «Tomemos la lluvia como una bendición. Se habla mucho de sequía, por tanto, el Señor nos da un signo de su gracia».
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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de Tertuliano «¡la sangre de los cristianos es semilla eficaz!» La no violencia, regla de vida del cristiano Explica el Papa al presentar en la audiencia general la figura de Tertuliano CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 mayo 2007 (ZENIT.org)
Benedicto XVI propuso este miércoles la «no violencia» como regla de vida para el cristiano, manifestación del triunfo del Espíritu. Llegó a esta conclusión en la audiencia general en la que presentó la figura de Tertuliano, literato, filósofo, teólogo y apologista, nacido en Cartago, actual Túnez, a mediados del siglo II. En su meditación, ofrecida a 32 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa hizo actual el pensamiento del primer literato cristiano de la historia en latín, que se había convertido a causa del testimonio de los mártires de las persecuciones romanas. Su obra, recordó el Papa, «explica y defiende las enseñanzas y las costumbres de los cristianos; presenta las diferencias entre la nueva religión y las principales corrientes filosóficas de la época; manifiesta el triunfo del Espíritu, que opone a la violencia de los perseguidores la sangre, el sufrimiento y la paciencia de los mártires». «Por más que sea refinada, vuestra crueldad no sirve de nada: es más, para nuestra comunidad constituye una invitación», escribía el autor africano. «Después de cada uno de vuestros golpes de hacha, nos hacemos más numerosos: ¡la sangre de los cristianos es semilla eficaz!», añadía con una frase que pasaría a la historia. «Al final --constató el Papa--, vencen el martirio y el sufrimiento y son más eficaces que la crueldad y la violencia de los regímenes totalitarios».
«El cristiano no puede odiar ni siquiera a sus propios enemigos», decía Tertuliano. Con esta frase, el Obispo de Roma volvió a presentar la «consecuencia moral ineludible de la opción de fe que propone la “no violencia” como regla de vida». «Y no es posible dejar de ver la dramática actualidad de esta enseñanza, a la luz del encendido debate sobre las religiones», añadió el pontífice. El Santo Padre recordó que, a causa de su rigorismo, Tertuliano se fue separando paulatinamente de la comunión de la Iglesia hasta pasar a formar parte de la secta del montanismo. Pretendía de los cristianos «en toda circunstancia, y sobre todo en las persecuciones, un comportamiento heroico». «Rígido en sus posiciones, no ahorraba duras críticas y acabó inevitablemente aislándose». «Esta gran personalidad moral e intelectual, este hombre que ha dado una contribución tan grande al pensamiento cristiano, me hace reflexionar mucho», confesó el Papa. «Se ve que al final le falta la sencillez, la humildad para integrarse en la Iglesia, para aceptar sus debilidades, para ser tolerante con los demás y consigo mismo», reconoció. «La característica esencial de un gran teólogo es la humildad para estar con la Iglesia, para aceptar sus propias debilidades, pues sólo Dios es totalmente santo. Nosotros, sin embargo, siempre tenemos necesidad de perdón», concluyó. Con esta meditación, Benedicto XVI continuó con la serie de intervenciones sobre las grandes personalidades de la Iglesia antigua, que había interrumpido a causa de su viaje apostólico en Brasil.
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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de San Atanasio de Alejandría ACERCARSE A DIOS ACERCA A LOS HOMBRES Explica el Papa al presentar la figura de san Atanasio de Alejandría CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 20 junio 2007 ( ZENIT.org)
Cuanto más se acerca una persona a Dios más se acerca a los hombres, concluyó Benedicto XVI este miércoles al presentar la figura de san Atanasio, obispo de Alejandría, padre de la Iglesia. «Quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos», aclaró al dirigirse a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI durante la semanal audiencia general. El Papa continuó sus meditaciones sobre las figuras más destacadas de la Iglesia antigua presentando en este miércoles la vida de Atanasio, nacido hacia el año 300 y fallecido en el 373, quien en vida fue descrito como «la columna de la Iglesia» por el gran teólogo y obispo de Constantinopla, Gregorio Nazianceno. Como él mismo constató, «no es casualidad, por tanto, que Gian Lorenzo Bernini colocara su estatua entre las de los cuatro santos doctores de la Iglesia oriental y occidental --Ambrosio, Juan Crisóstomo, y Agustín--, que en el maravilloso ábside de la Basílica vaticana rodean la Cátedra de san Pedro». Atanasio dedicó su ministerio episcopal a proclamar la divinidad de Jesús, que era negada por los arrianos, seguidores de un presbítero de Alejandría, Arrio, (256-336), para quien Cristo había sido creado por Dios de la nada, y que por tanto el Hijo (el «Logos») era una criatura de Dios y no era Dios mismo.
El Concilio de Nicea (convocado en el año 325), en el que participó el joven Atanasio como colaborador de su obispo, dejó clara la divinidad de Cristo. Ahora bien, tras ser elegido obispo de Alejandría, Atanasio tuvo que enfrentarse a la expansión de esta herejía, ganándose «la implacable hostilidad de los arrianos y de los filo-arrianos». «En cinco ocasiones, durante 30 años, entre 336 y 366, Atanasio se vio obligado a abandonar su ciudad, pasando 17 años en exilio y sufriendo por la fe», recordó el obispo de Roma. «La idea fundamental de toda la lucha teológica de san Atanasio era precisamente la de que Dios es accesible. No es un Dios secundario, esel verdadero Dios, y a través de nuestra comunión con Cristo, podemos unirnos realmente a Dios. Él se ha hecho realmente “Dios con nosotros”», explicó. Ahora bien, su «best seller», término literal utilizado por el Santo Padre, fue la «Vida de Antonio», es decir, la biografía de Antonio abad (251-356), fundador del movimiento eremítico en el desierto egipcio, de quien llegó a ser un gran amigo en sus años de exilio. Esta obra, traducida muy pronto en numerosas lenguas, «contribuyó decisivamente a la difusión del monaquismo, en Oriente y en Occidente», reconoció. Los santos, explica san Atanasio en la conclusión de este libro citado por Benedicto XVI, «aunque hagan sus obras en secreto y deseen permanecer en la oscuridad, el Señor los muestra públicamente como lámparas a todos los hombres, y así, los que oyen hablar de ellos, pueden darse cuenta de que los mandamientos llevan a la perfección». A causa del calor que se ha apoderado de Roma en estos días, el Papa no pudo dirigir la audiencia general al aire libre en la plaza de San Pedro. Saludó a los miles de peregrinos primero en la Basílica de San Pedro y después en el Aula Pablo VI. Ver obras de San Atanasio de Alejandría
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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de San Cirilo de Jerusalén EL PAPA INVITA A LA IGLESIA A REDESCUBRIR LA CATEQUESIS «GLOBAL» Como la que impartía san Cirilo de Jerusalén CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 junio 2007 (ZENIT.org)
Benedicto XVI está convencido de que en estos momentos la Iglesia necesita redescubrir la catequesis «global», como la que impartía en el siglo IV san Cirilo de Jerusalén. A este obispo y doctor de la Iglesia, nacido en torno al año 315 y fallecido en el 387, dedicó el pontífice la audiencia general número cien de su pontificado, en la que participaron más de siete mil peregrinos. «Se trata de una catequesis integral que implica el cuerpo, el alma y el espíritu y sigue siendo emblemática para la formación catequística de los cristianos de hoy», aclaró el Santo Padre, quien continuó con sus meditaciones sobre los grandes personajes de los inicios del cristianismo. Cirilo, en sus catequesis, dirigidas a los catecúmenos que se preparaban para recibir el Bautismo, entrelazaba tres elementos: el doctrinal, el moral y el mistagógico (éste último lleva a los fieles a adentrarse cada vez más en los misterios celebrados en la liturgia). Desde el punto de vista doctrinal, recordó Benedicto XVI, Cirilo presentaba la «relación “sinfónica” entre los dos Testamentos, hasta llegar a Cristo, centro del universo»:
La dimensión moral de la catequesis permite que «el dogma descienda progresivamente en las almas, que de este modo son alentadas a transformar los comportamientos paganos en la nueva vida en Cristo, don del Bautismo». Por último, explicó el Santo Padre, la catequesis mistagógica «llevaba a descubrir, en los ritos bautismales de la Vigilia pascual, los misterios encerrados en ellos». «El misterio que hay que comprender es el plan de Dios, que se realiza a través de las acciones salvíficas de Cristo en la Iglesia». «De este modo, la catequesis de Cirilo, en virtud de los tres elementos descritos --doctrinal, moral y, por último, mistagógico-- se convierte en una catequesis global en el espíritu», explicó el Santo Padre. «La dimensión mistagógica se convierte en síntesis de las dos primeras, orientándolas a la celebración sacramental, en la que se realiza la salvación de todo el hombre», concluyó. Ver obras de San Cirilo de Jerusalén
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