Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de san basilio

San Basilio, maestro de vida para los cristianos de hoy

El Papa presenta la herencia del gran padre de la Iglesia

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 julio 2007 (ZENIT.org).-

  San Basilio  
  San Basilio

Si bien san Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, en la actual Turquía, falleció en el año 379, sigue siendo hoy un maestro de vida cristiana, considera Benedicto XVI.

A este gran padre de la Iglesia dedicó su intervención durante la semanal audiencia general, en la que participaron doce mil peregrinos, primero en la Basílica de San Pedro del Vaticano y luego en el Aula Pablo VI.

«Fue un hombre que vivió verdaderamente con la mirada puesta en Cristo, un hombre del amor por el prójimo», dijo el Papa al concluir su meditación.

«Lleno de la esperanza y de la alegría de la fe, Basilio nos muestra cómo ser realmente cristianos», añadió.

El obispo de Roma releyó el programa de vida que el mismo Basilio había adoptado: «apóstol y ministro de Cristo, dispensador de los misterios de Dios, heraldo del reino, modelo y regla de piedad, ojo del cuerpo de la Iglesia, pastor de las ovejas de Cristo, médico piadoso, padre y nodriza, cooperador de Dios, agricultor de Dios, constructor del templo de Dios».

«Este es el programa que el santo obispo entrega a los heraldos de la Palabra, tanto ayer como hoy, un programa que él mismo se comprometió por vivir generosamente».

  San Basilio  
   

Basilio nació en torno al año 330 en el seno de una familia de santos (tres de sus nueve hermanos son santos). Antes de ser elegido obispo abrazó la vida monacal, creando « un monaquismo muy particular: no estaba cerrado a la comunidad de la Iglesia local, sino abierto a ella».

«Sus monjes formaban parte de la Iglesia local, eran su núcleo animador que, precediendo a los demás fieles en el seguimiento de Cristo y no sólo de la fe, mostraba su firme adhesión a Él, el amor por Él, sobre todo en las obras de caridad».

«Estos monjes, que tenían escuelas y hospitales, estaban al servicio de los pobres y de este modo mostraron la vida cristiana de una manera completa», explicó Benedicto XVI.

«Como obispo y pastor de su extendida diócesis --siguió recordando--, Basilio se preocupó constantemente por las difíciles condiciones materiales en las que vivían los fieles; denunció con firmeza el mal; se comprometió con los pobres y los marginados; intervino ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población, sobre todo en momentos de calamidad; veló por la libertad de la Iglesia, enfrentándose a los potentes para defender el derecho de profesar la verdadera fe».

  San Basilio  
  San Basilio

 

«Dio testimonio de Dios, que es amor y caridad, con la construcción de varios hospicios para necesitados, una especie de ciudad de la misericordia, que tomó su nombre “Basiliade”. En ella hunden sus raíces las los modernos hospitales para la atención de los enfermos», indicó.

«En su amor por Cristo y su Evangelio», dijo el pontífice, este padre de la Iglesia «se comprometió también por sanar las divisiones dentro de la Iglesia, tratando siempre de que todos se convirtieran a Cristo y a su Palabra, fuerza unificadora, a la que todos los creyentes tienen que obedecer».

Ha sido la última audiencia general antes de las vacaciones veraniegas de Benedicto XVI que este año pasará en Lorenzago di Cadore, en los Dolomitas del norte de Italia, del 9 al 27 de julio.

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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de san basilio

San Basilio alienta a los jóvenes a vivir vida virtuosa y justa, afirma el Papa

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 1 agosto 2007

  San Basilio  
  San Basilio

En la Audiencia General celebrada esta mañana en Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI retomó su reflexión en torno a uno de los Padres de la Iglesia, San Basilio, Obispo en el siglo IV de lo que es ahora Turquía, quien destaca la importancia de tomar de la cultura elementos en donde se atisbe la verdad de las cosas, y la necesidad que tienen los jóvenes de vivir la virtud, centrados en Cristo.

Basilio se interesó naturalmente también en aquella porción elegida del Pueblo de Dios que son lo jóvenes, el futuro de la sociedad. A ellos les dirigió un discurso sobre el modo de sacar algún provecho de la cultura pagana de ese tiempo. Con mucho equilibrio y apertura, él reconoce que en la literatura clásica, griega y latina, se encuentran ejemplos de virtud”, explicó el Santo Padre.

El Pontífice indicó que para San Basilio, “estos ejemplos de vida recta puede ser útiles para los jóvenes cristianos en búsqueda de la verdad, del recto modo de vivir (cfr Ad Adolescentes 3). Por lo tanto, hace falta tomar los textos de los autores clásicos en cuanto sean convenientes y conformes a la verdad. Así con una lectura crítica y abierta –se trata de hecho de un verdadero y propio ‘discernimiento’– los jóvenes crecen en la libertad”.

“Basilio, sobre todo, recomienda a los jóvenes crecer en la virtud, en el recto modo de vivir: ‘Mientras los otros bienes... pasan de esto a aquello como en el juego de los dados, la virtud es un bien inalienable y permanece durante la vida y después de la muerte’ (Ad Adolescentes 5)”, dijo el Papa.

Benedicto XVI también resaltó que San Basilio “nos revela que el Espíritu anima a la Iglesia, la llena de sus dones, la hace santa. La luz espléndida del misterio divino recae sobre el hombre, imagen de Dios, y ensalza su dignidad. Mirando a Cristo, se comprende plenamente la dignidad del hombre. Basilio exclama ‘¡(hombre) date cuenta de tu grandeza considerando el precio pagado por ti: el precio de tu rescate, y comprende tu dignidad!"

  San Basilio  
  San Basilio

“En particular, el cristiano, viviendo en conformidad con el Evangelio, reconoce que los hombres son todos hermanos entre sí, que la vida es una administración de los bienes recibidos por Dios, por los que cada uno es responsable frente a los otros, y que el rico debe ser como un ‘ejecutor de las órdenes de Dios benefactor’”, prosiguió el Papa.

Benedicto XVI aseguró que San Basilio, en sus homilías, “ha usado también palabras valientes, fuerte, sobre este punto. Quien, de acuerdo al mandamiento de Dios, quiere amar al prójimo como a si mismo, ‘no debe poseer nada de más de lo que el prójimo posee’. En tiempo de carestía y calamidad, con palabras apasionadas el santo obispo exhortaba a los fieles a ‘no mostrarse más crueles que las bestias... apropiándose de lo que es común y poseyendo en solitario lo que es de todos’”.

“El pensamiento profundo de Basilio aparece bien en esta sugestiva frase ‘Todos los necesitados miran nuestras manos, como nosotros mismos miramos las de Dios cuando pasamos necesidad’”, prosiguió el Papa.

Tras explicar que Basilio es además uno de los Padres de la Doctrina Social de la Iglesia, el Santo Padre recordó que este Padre de la Iglesia resalta que “para mantener vivo en nosotros el amor a Dios y los hombres es necesaria la Eucaristía, alimento adecuado para los bautizados, capaz de alimentar las nuevas energías derivadas del Bautismo. Es motivo de inmensa alegría poder participar en la Eucaristía, instituida ‘para custodiar incesantemente el recuerdo de quien ha muerto y resucitado por nosotros’”.

  San Basilio  
  San Basilio

“La Eucaristía, inmenso don de Dios, tutela en cada uno de nosotros el recuerdo del sello bautismal, y permite vivir en plenitud y fidelidad la gracia del Bautismo. Por esto el santo obispo recomienda la comunión frecuente, incluso cotidiana: ‘comunicar también cada día recibiendo el santo cuerpo y sangre de Cristo es cosa buena y útil; porque Él mismo dice claramente que ‘quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna’ (Jn 6,54). ¿Quién entonces dudará de comunicarse continuamente a la vida para vivir en plenitud?’”, prosiguió el Pontífice.

“Me parece que se puede decir que este Padre de un tiempo lejano nos habla ahora de cosas importantes. Especialmente, esta participación atenta, crítica y creativa en la cultura de hoy. Este es un tiempo en el que, en un mundo globalizado, también los pueblos geográficamente distantes son nuestro prójimo realmente. Entonces, en la amistad con Cristo, el Dios hecho humano; en el conocimiento y reconocimiento de Dios Creador, Padre de todos nosotros, se podrá construir un mundo justo y fraterno”, concluyó Benedicto XVI.
La Audiencia culminó con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica impartida por el Santo Padrey los obispos presentes.

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Benedicto XVI presenta la figura de san Gregorio de Nisa

La verdadera belleza, la santidad; explica Benedicto XVI

Recogiendo la herencia de san Gregorio de Nisa

 

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 29 agosto 2007 (ZENIT.org).-
San Gregorio de Nisa

La belleza más grande que puedo caracterizar a una persona es la de la santidad considera Benedicto XVI.

A esta conclusión llegó en la audiencia general del miércoles, dedicada a hacer descubrir a los 12 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, bajo un sol aplanador, la radiante belleza de toda persona.

Lo hizo recogiendo la herencia espiritual dejada por san Gregorio de Nisa, obispo del siglo IV, «padre de la mística», que tuvo un papel decisivo en la historia del cristianismo en la definición de la divinidad del Espíritu Santo (Concilio de Constantinopla del año 381).

«La plena realización del hombre consiste en la santidad, en una vida vivida en el encuentro con Dios, que de este modo se hace luminosa también para los demás, también para el mundo», dijo al final de su intervención.

Para llegar a esta conclusión, el Papa meditó en el elogio del hombre que escribió san Gregorio.

«El cielo no fue hecho a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni nada de lo que aparece en la creación», decía el santo, hermano de san Basilio y de santa Macrina.

«Sólo tú (alma humana) --añadía-- has sido hecha a imagen de la naturaleza que supera toda inteligencia, semejante a la belleza incorruptible, huella de la verdadera divinidad, espacio de vida bienaventurada, imagen de la verdadera luz».

Y el padre y doctor de la Iglesia, explicaba: «Si con un estilo de vida diligente y atento lavas las fealdades que se han depositado en tu corazón, resplandecerá en ti la belleza divina… Contemplándote a ti mismo verás en ti al deseo de tu corazón y serás feliz».

Padres Capadocios

 Benedicto XVI invitó a los peregrinos a ver «cómo el hombre ha quedado degradado por el pecado. Y tratemos --les alentó-- de volver a la grandeza originaria: sólo si Dios está presente, el hombre alcanza su verdadera grandeza».

«El hombre, por tanto, reconoce dentro de sí el reflejo de la luz divina: purificando su corazón, vuelve a ser, como era al inicio, una imagen límpida de Dios, Belleza ejemplar», añadió.

«El hombre tiene, por tanto, como fin la contemplación de Dios --dijo por último el obispo de Roma--. Sólo en ella podrá encontrar su plenitud. Para anticipar en cierto sentido este objetivo ya en esta vida tiene que avanzar incesantemente hacia una vida espiritual, una vida de diálogo con Dios».

Con su meditación, el Papa continúa con la serie de intervenciones sobre las grandes figuras de los orígenes de la Iglesia.

+ info - SAN GREGORIO DE NISA 

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San hilario

Fortaleza y mansedumbre, secreto para defender y anunciar la fe

Dice elPapa al presentar el ejemplo de san Hilario de Poitiers

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 10 octubre 2007 (ZENIT.org).-

  San Hilario  
  San Hilario

Anunciar y defender la verdadera fe requiere fortaleza y mansedumbre, considera Benedicto XVI.

Así lo explicó al presentar la figura de san Hilario de Poitiers, doctor de la Iglesia, fallecido en torno al año 368, quien se convirtió en uno de los grandes defensores de la divinidad de Jesús ante la herejía arriana que veía en él una criatura.

Como el mismo Papa explicó, Hilario tuvo un papel decisivo para que Galia, la antigua Francia, la hija primogénita de la Iglesia, mantuviera su fidelidad a la fe de los apóstoles, particularmente en el sínodo de París, celebrado en el año 360 o en el 361.

«Algunos autores antiguos consideran que este cambio antiarriano del episcopado de Galia se debió en buena parte a la fortaleza y mansedumbre del obispo de Poitiers», constató el Papa.

«Esta era precisamente su cualidad: conjugar la fortaleza en la fe con la mansedumbre en la relación interpersonal», explicó.

De hecho, el mensaje central de la obra teológica que ha dejado escrita Hilario de Poitiers es ante todo un mensaje de amor.

«Dios sólo sabe ser amor, y sólo sabe ser Padre. Y quien ama no es envidioso, y quien es Padre lo es totalmente», decía el obispo según uno de sus escritos retomados por el Santo Padre.

 
   
  Interior de la Iglesia de San Hilario en Potiers
 

«Por este motivo, el Hijo es plenamente Dios sin falta o disminución alguna», decía Hilario, recordó el pontífice.

«Quien procede del perfecto es perfecto, porque quien lo tiene todo le ha dado todo», afirmaba el doctor de la Iglesia. «Sólo en Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, encuentra salvación la humanidad».

La meditación del Papa continuó con la serie de intervenciones de los miércoles sobre las grandes figuras del inicio del cristianismo.

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San jerónimo

“Dios habla a cada uno en la Sagrada Escritura”


Según Benedicto XVI,  San Jerónimo nos enseña a«amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura».

CIUDAD DEL VATICANO, 7 NOV 2007 (VIS).-

  San Jerónimo  
   

Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a San Jerónimo. La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro y contó con la presencia de 40.000 personas.

San Jerónimo, nacido alrededor del 347, "puso en el centro de su vida la Biblia: la tradujo en lengua latina, la comentó en sus obras y sobre todo se comprometió a vivirla concretamente en su existencia terrena", explicó el Papa.

Este Padre de la Iglesia, de familia cristiana, "recibió en Roma una esmerada formación (...) y una  vez bautizado (...) se orientó hacia la vida ascética (...) y partió para Oriente, viviendo como eremita en el desierto. Perfeccionó el griego, (...) estudió el hebreo y transcribió códices y obras patrísticas" y "la meditación, la soledad y el contacto con la Palabra de Dios hicieron madurar su sensibilidad cristiana".

De vuelta a Roma, el Papa Dámaso lo tomó como secretario y consejero. Muerto el pontífice, Jerónimo peregrinó a Tierra Santa y Egipto y se asentó en Belén, donde permaneció hasta su muerte (419/420) "desarrollando siempre una intensa actividad".

En Belén, San Jerónimo "comentó la Palabra de Dios, defendió la fe oponiéndose con vigor a diversas herejías; exhortó a los monjes a la perfección; enseñó la cultura clásica y cristiana a sus jóvenes alumnos y acogió con solicitud pastoral a los peregrinos que visitaban la Tierra Santa".

  San Jerónimo  
   

"Su preparación literaria y su vasta erudición -dijo el Santo Padre- le permitieron la revisión y traducción de muchos textos bíblicos: una tarea preciosa para la Iglesia latina y para la cultura occidental".

Recordando que la gran aportación del santo es "la llamada Vulgata: el texto oficial de la Iglesia latina, reconocido como tal en el Concilio de Trento", el Papa comentó los criterios elegidos por Jerónimo para la traducción, como el de "respetar incluso el orden de las palabras en las Sagradas Escrituras", porque en ellas hasta ese orden, como escribe Jerónimo, "esun misterio", es decir, "una revelación".

Jerónimo reafirma también "la necesidad de recurrir a los textos originales: (...) el griego para el Nuevo Pacto" y "el hebreo" para el Antiguo Testamento. "Así -explica el santo- todo lo que surge de la fuente lo podemos encontrar en los arroyos".

Para él además, observó el Santo Padre, los comentarios de los textos "deben ofrecer diversas opiniones para que "el lector, (...) después de haber leído las diversas explicaciones, (...) juzgue cual es la más fiable".

El autor de la Vulgata "confutó con energía y vivacidad a los herejes que contestaban la tradición y la fe de la Iglesia" y "demostró la importancia y la validez de la literatura cristiana, digna de confrontarse con la clásica, transformada en una verdadera cultura cristiana".

"De Jerónimo debemos aprender a amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura  porque ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo", dijo el Papa. Por eso, es importante "vivir en contacto y en diálogo vivo" con ella.

  San Jerónimo  
   

"Este diálogo -explicó- debe tener dos dimensiones. Por una parte, debe ser un diálogo realmente personal (...) porque Dios tiene un mensaje para cada uno de nosotros.   Debemos leer las Escrituras no como palabras del pasado sino como palabra de Dios que habla también conmigo y tratar de entender qué me dice el Señor".

Ahora bien, "para no caer en el individualismo debemos tener presente que la Palabra de Dios se nos da para construir comunión para unirnos en esta verdad, en este camino. (...) La Palabra de Dios, aunque sea siempre personal, es siempre una palabra que construye (...) Iglesia. Por eso, debemos leerla siempre en comunión con la Iglesia viva. El lugar privilegiado de la escucha de la Palabra de Dios es la liturgia".

"La palabra de Dios trasciende el tiempo -concluyó el pontífice-. Las opiniones humanas van y vienen. (...) La Palabra de Dios es palabra de vida eterna. Lleva en sí la eternidad, lo que es válido para siempre".

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san efrén

El cristianismo no es una religión europea, aclara el Papa

Al presentar la figura de san Efrénde Siria

CIUDAD DEL VATICANO, 28 NOV 2007 (ZENIT.org).-

  San Efrén de Siria  
  San Efrén de Siria

El cristianismo no es una religión europea, su origen está en Jerusalén y ha tenido un desarrollo histórico decisivo en Asia que es importante redescubrir, explicó Benedicto XVI este miércoles.

El Santo Padre aclaró prejuicios al presentar a los 8.000 peregrinos que participaron en la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI, la figura de san Efrén de Siria (306-373), el más grande de los Padres de la Iglesia siríacos, así como el poeta más renombrado de toda la época patrística.

«Según una opinión común hoy, el cristianismo sería una religión europea, que habría exportado la cultura de este continente a otros países», comenzó diciendo el Santo Padre.

«Pero la realidad es mucho más compleja, pues la raíz de la religión cristiana se encuentra en el Antiguo Testamento y, por tanto, en Jerusalén y en el mundo semítico. El cristianismo se alimenta siempre de esta raíz del Antiguo Testamento», subrayó.

«Su expansión en los primeros siglos tuvo lugar tanto hacia occidente, hacia el mundo greco-latino, donde después inspiró la cultura Europa, como hacia oriente, hasta Persia, la India, ayudando de este modo a suscitar una cultura específica, con lenguas semíticas, y con una propia identidad», indicó.

Para mostrar esta multiformidad cultural de la única fe cristiana, el Papa ha comenzado a presentar en su serie de reflexiones sobre las grandes figuras del cristianismo, a exponentes asiáticos. El miércoles anterior había hablado de Afraates el sabio persa del siglo IV.

En esta ocasión, se concentró en san Efrén, quien ha pasado a la historia del cristianismo como «cítara del Espíritu Santo», en referencia a la seductora belleza poética de sus escritos.

«Ordenado diácono --recordó el obispo de Roma--, vivió intensamente la vida de la comunidad local hasta el año 363, en el que Nísibis cayó en manos de los persas. Entonces Efrén emigró a Edesa, donde continuó predicando. Murió en esta ciudad en el año 373, al quedar contagiado en su obra de atención a los enfermos de peste».

En su cultura y expresión siríaca, añadió el pontífice, «se puede ver la común y fundamental identidad cristiana: la fe, la esperanza --esa esperanza que permite vivir pobre y casto en este mundo, poniendo toda expectativa en el Señor-- y por último la caridad, hasta ofrecer el don de sí mismo en el cuidado de los enfermos de peste».

Lagran contribución de Efrén a los cristianos de hoy, como señaló Benedicto XVI, se resume en su originalidad: «su teología se hace liturgia, se hace música: de hecho, era un gran compositor, un músico».

  San Efrén de Siria  
 
San Efrén de Siria

«Teología, reflexión sobre la fe, poesía, canto, alabanza a Dios, van juntos». Y lo hace con el talento sirio, siguiendo «el camino de la paradoja y del símbolo».

El poeta sirio «confiere a la poesía y a los himnos para la Liturgia un carácter didáctico y catequético», algo que sigue siendo necesario hoy día.
Lo hace, por ejemplo, al hablar de Dios creador: «en la creación no hay nada aislado, y el mundo es, junto a la Sagrada Escritura, una Biblia de Dios».

«Al utilizar de manera equivocada su libertad, el hombre trastoca el orden del cosmos. Para Efrén, dado que no hay Redención sin Jesús, tampoco hay Encarnación sin María», dijo el papa sintetizando su teología.

Hablando al final en español, el Papa aclaró que «la presencia de Jesús en el seno de María le lleva a considerar la altísima dignidad y el papel fundamental de la mujer».

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san cromacio

ADVIENTO, TIEMPO PARA EXPERIMENTAR EL AMOR DE DIOS; EXPLICA EL PAPA

Recuerda en la audiencia general el testimonio y obras de San Cromacio

CIUDAD DEL VATICANO, 5 DIC 2007 (ZENIT.org).-

  Área arqueológica de Aquileia  
  Área arqueológica de Aquileia

Adviento, el período litúrgico de preparación para la Navidad, es tiempo para experimentar el amor de Dios, considera Benedicto XVI.

Fue la conclusión a la que llegó este miércoles en la audiencia general dedicada a presentar la figura de san Cromacio, quien a finales del siglo III e inicios del siglo IV fue obispo de Aquileya, enorme diócesis del norte de Italia, cuyo territorio llegaba hasta la actual Suiza, Baviera, Austria, Eslovenia y Hungría.

En su meditación, expuesta en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Papa hizo actuales algunos de los escritos de este obispo, considerado por san Juan Crisóstomo como uno de los tres más importantes de la Iglesia en occidente.

«Invoquemos al Señor con todo el corazón y con toda la fe --recomienda el obispo de Aquileya en un Sermón--, pidámosle que nos libere de toda incursión de los enemigos, de todo temor de los adversarios», leyó el Papa citando alguno de sus textos.

«San Cromacio nos recuerda que el Adviento es tiempo de oración, en el que es necesario entrar en contacto con Dios», constató el Papa.

«Dios nos conoce, me conoce, conoce a cada uno de nosotros, me ama, no me abandona. Sigamos adelante con esta confianza en el tiempo litúrgico recién comenzado», aseguró.

El Papa releyó esta recomendación de san Cromacio a sus fieles para recomendarles confianza en Dios en a oración: «Que no tenga en cuenta nuestros méritos, sino su misericordia, Él que también en el pasado se dignó liberar a los hijos de Israel no por sus méritos, sino por su misericordia. Que nos proteja con su acostumbrado amor misericordioso».

La intervención del Papa continúa con su serie de intervenciones sobre las grandes figuras de los orígenes del cristianismo que está ofreciendo en su tradicional encuentro con los peregrinos del miércoles.

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Vida y obras de San Cromacio

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El Papa propone redescubrir la Navidad para no perder su sentido

Última audiencia general del año 2007

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 19 diciembre 2007 (ZENIT.org)

  san pablo  
  Benedicto XVI

Benedicto XVI ha propuesto redescubrir el sentido de la Navidad, Dios que se hace Niño, pues de lo contrario esta fiesta pierde su sentido.

«Que la Navidad sea para todos la fiesta de la paz y de la alegría: alegría por el nacimiento del Salvador, Príncipe de la paz», deseó al concluir la última audiencia general del año 2007.

Según explicó el Santo Padre a los miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI, «en Belén se manifestó al mundo la Luz que ilumina nuestra vida; se nos reveló el Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra humanidad».

«Si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ¿qué sentido tiene celebrar la Navidad? La celebración se vacía», reconoció.

«Ante todo --subrayó--, nosotros, los cristianos, tenemos que reafirmar con convicción profunda y sentida la verdad de la Navidad de Cristo para testimoniar ante todo la conciencia de un don gratuito que es riqueza no sólo para nosotros, sino para todos».  

Al acercarse la Navidad, el Papa pidió rezar «para que se realicen las esperanzas de paz, de salvación, de justicia, de las que el mundo tiene necesidad urgente».

«Pidamos a Dios que la violencia se venza con la fuerza del amor, que los malos entendidos cedan el paso a la reconciliación, que la prepotencia se transforme en deseo de perdón, de justicia y de paz», exhortó.

El Papa deseó que «el augurio de bondad y de amor que nos intercambiamos en estos días llegue a todos los ambientes de nuestra vida cotidiana».

«Que la paz more en las familias y puedan pasar la Navidad unidas ante el Nacimiento y el árbol adornado iluminado», siguió deseando.

  San Pablo en su predicación  
   

«Que el mensaje de solidaridad y de acogida que procede de la Navidad contribuya a crear una profunda sensibilidad hacia las antiguas y nuevas formas de pobreza, hacia el bien común, en el que todos estamos llamados a participar», añadió.

«Que todos los miembros de la comunidad familiar, en especial los niños y los ancianos, las personas más débiles, puedan sentir el calor de esta fiesta, y que se dilate después durante todos los días del año», añadió.

El anuncio de este mensaje, concluyó, es la esencia de la evangelización, que ha sido presentada por la «Nota doctrina sobre algunos aspectos de la Evangelización», recién publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El obispo de Roma la quiso presentar como motivo de «profundización personal y comunitaria».

Según una nota de la Prefectura de la Casa Pontificia, en las 44 audiencias generales que ha celebrado Benedicto XVI en 2007 han participado 624.100 personas.

 

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INTERVENCIÓN DE BENEDICTO XVI EN LA QUE PRESENTÓ LA FIGURA DE SAN AGUSTÍN

La búsqueda de la verdad lleva a Cristo, explica el Papa

Al presentar la figura de san Agustín

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 9 enero 2008 (ZENIT.org)

  San Agustín  
   

La búsqueda de la verdad lleva a Cristo, constató Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles en la que presentó la figura de san Agustín de Hipona (354-430).

La intervención, dedicada al teólogo a quien consagró su tesis doctoral Joseph Ratzinger, revivió la biografía del «padre más grande de la Iglesia latina».

«Podría afirmarse», constató el Papa, «que todos los caminos de la literatura cristiana latina llevan a Hipona», reconociendo que «pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger los valores y de exaltar su intrínseca riqueza, inventando ideas y formas de las que se alimentarían las generaciones posteriores».

El pontífice repasó su biografía dejándose guiar por el libro de las «Confesiones», que «constituyen precisamente por su atención a la interioridad y a la psicología un modelo único en la literatura occidental, y no sólo occidental, incluida la no religiosa».

«Esta atenciónpor la vida espiritual, por el misterio del yo, por el misterio de Dios que se esconde en el yo, es algo extraordinario, sin precedentes, y permanece para siempre como una "cumbre" espiritual», aclaró.

La catequesis repasó los personajes que marcaron la vida de Agustín, su madre Mónica, su turbulenta juventud, la mujer con la que mantuvo una relación sentimental y que le dio un hijo, Adeodato, a quien amó profundamente y que falleció siendo muy joven.

«Siempre quedó fascinado por la figura de Jesucristo; es más, dice que siempre amó a Jesús, pero que se alejó cada vez más de la fe eclesial, de la práctica eclesial, como les sucede también hoy a muchos jóvenes», recordó el sucesor de Pedro.

Buscando la verdad descubrió a Cristo, pero decidió seguirle primero en la red de los maniqueos, «que se presentaban como cristianos y prometían una religión totalmente racional».

  San Agustín y Santa Mónica  
 
San Agustín y Santa Mónica

«Afirmaban que el mundo está dividido en dos principios: el bien y el mal. Y así se explicaría toda la complejidad de la historia humana», aclaró. «Y sacó una ventaja concreta para su vida: la adhesión a los maniqueos abría fáciles perspectivas de carrera. Adherir a esa religión, que contaba con muchas personalidades influyentes, le permitía seguir su relación con una mujer y continuar con su carrera».

«Con el pasar del tiempo, sin embargo, Agustín comenzó a alejarse de la fe de los maniqueos, que le decepcionaron precisamente desde el punto de vista intelectual, pues eran incapaces de resolver sus dudas, y se transfirió a Roma, y después a Milán».

Allí conoció al obispo de esa ciudad, san Ambrosio, quien le hizo descubrir con sus predicaciones «que todo el Antiguo Testamento es un camino hacia Jesucristo».

«De este modo, encontró la clave para comprender la belleza, la profundidad incluso filosófica del Antiguo Testamento y comprendió toda la unidad del misterio de Cristo en la historia, así como la síntesis entre filosofía, racionalidad y fe en el Logos, en Cristo, Verbo eterno, que se hizo carne».

«Pronto, Agustín se dio cuenta de que la literatura alegórica de la Escritura y la filosofía neoplatónica del obispo de Milán le permitían resolver las dificultades intelectuales que, cuando era más joven, en su primer contacto con los textos bíblicos, le habían parecido insuperables», explicó el Papa.

Tras convertirse al cristianismo, fundó con sus amigos en Hipona, hoy Argelia, una comunidad monástica. Tras ser ordenado sacerdote, «quería estar sólo al servicio de la verdad, no se sentía llamado a la vida pastoral, pero después comprendió que la llamada de Dios significaba ser pastor entre los demás y así ofrecer el don de la verdad a los demás». En el año 395, fue consagrado obispo de Hipona.

«Predicaba varias veces a la semana a sus fieles, ayudaba a los pobres y a los huérfanos, atendía a la formación del clero y a la organización de los monasterios femeninos y masculinos», explicó, describiendo su acción pastoral.

«Ejerció una amplia influencia en la guía de la Iglesia católica del África romana y más en general en el cristianismo de su época, afrontando tendencias religiosas y herejías tenaces y disgregadoras, como el maniqueísmo, el donatismo, y el pelagianismo, que ponían en peligro la fe cristiana en el único Dios y rico en misericordia», evocó.

La narración de su muerte, antes de cumplir los 76 años, estuvo impregnada de la delicadeza del discípulo.

«Pidió que le transcribieran con letra grande los salmos penitenciales», recordó Benedicto XVI citando la biografía que de Agustín escribió un amigo, Posidio, «y dio órdenes para que colgaran las hojas contra la pared, de manera que desde la cama en su enfermedad los podía ver y leer, y lloraba sin interrupción lágrimas calientes».

El Papa anunció que dedicará sus próximas audiencias a este santo, «a sus obras, a su mensaje y a su experiencia interior».

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¿Sabes quién era San Agustín?

La vocación de San Agustín

Obras de San Agustín

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San agustín(ii)

SAN AGUSTIN NOS ANIMA A CONFIAR EN CRISTO SIEMPRE VIVO

“Lo siento como un hombre de hoy: un amigo, un contemporáneo que me habla, que nos habla con su fe fresca y actual"

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 16 enero 2008 (VIS)

  San Agustín  
   

Continuando con la catequesis sobre San Agustín, en la audiencia general de hoy, celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa habló sobre los últimos años de la vida del doctor de la Iglesia.

El Santo Padre recordó que cuatro años antes de morir, Agustín designó a su sucesor, Heraclio Obispo de Hipona, manifestando el deseo de "dedicar los últimos años de vida a un estudio más intenso de la Sagrada Escritura".

"Fueron cuatro años de una extraordinaria actividad intelectual,  (...) en los que también intervino para promover la paz en las provincias africanas asediadas por las tribus bárbaras del sur. (...) Como él decía: "La gloria más grande es precisamente vencer a la guerra con la palabra, más que matar a los hombres con la espada, y procurar o mantener la paz con la paz y no con la guerra". Benedicto XVI afirmó que el asedio de Hipona por los vándalos, en el 429, supuso un sufrimiento para el santo.

"A pesar de que estaba viejo y cansado -continuó-, Agustín siguió en primera línea, consolándose y consolando a los demás con la oración y con la meditación sobre los misteriosos designios de la Providencia. (...) Si el mundo envejece. Cristo es siempre joven, afirmaba. E invitaba a "no rechazar rejuvenecer unido a Cristo, que te dice: No temas, tu juventud se renovará como la del águila". Por eso -continuó el Papa-, el cristiano no debe abatirse en las situaciones difíciles, sino tratar de ayudar al prójimo que se halla necesitado".

  San Agustín  
 

Tras poner de relieve que "la casa-monasterio de Agustín abrió sus puertas a los hermanos obispos que le pedían hospitalidad", el Santo Padre recordó que el santo doctor de la Iglesia "aprovechó el tiempo finalmente libre para dedicarse con mayor intensidad a la oración. Solía afirmar que nadie, obispo, religioso o laico, por irreprensible que pudiera parecer su conducta, puede afrontar la muerte sin una adecuada penitencia. Por eso, repetía continuamente entre lágrimas los salmos penitenciales, que tantas veces había rezado con su pueblo".

El Paparecordó que el santo Obispo de Hipona murió el 28 de agosto del 430. "Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerdeña y, hacia el 725, a Pavía, en la basílica deSan Pietro in Ciel d Oro, donde reposa hoy".

"Nosotros, lo reencontramos aún vivo en sus escritos", aseguró el Santo Padre. "Cuando leo los escritos de San Agustín no tengo la impresión de que sea un hombre muerto más o menos hace 1.600 años, sino que lo siento como un hombre de hoy: un amigo, un contemporáneo que me habla, que nos habla con su fe fresca y actual".

En los escritos del santo, añadió, "vemos la actualidad permanente de su fe, de la fe que viene de Cristo, del Verbo Eterno Encarnado, Hijo de Dios e Hijo del hombre. Y podemos ver -concluyó- que esta fe no esde ayer, aunque haya sido predicada ayer; es siempre actual, porque realmente Cristo es ayer, hoy y para siempre. El es el Camino, la Verdad y la Vida. De este modo, San Agustín nos anima a confiar en este Cristo siempre vivo y a encontrarasí el camino de la vida".

 

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