RABANO MAURO, EXEGETA, FILOSOFO, POETA Y PASTOR

BENEDICTO XVI PRESENTA AL "MAESTRO DE ALEMANIA"

También nos habla hoy de que tenemos que reservar tiempo para Dios

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 3 de junio de 2009 (VIS)

  A la derecha de la imagen, Rabano Mauro  
  A la derecha de la imagen, Rabano Mauro

Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a Rabano Mauro, abad del monasterio de Fulda, arzobispo de Maguncia y "praeceptor Germaniae".

A la audiencia, celebrada en la Plaza de San Pedro, asistieron más de 17.000 personas.

Rabano, nacido en Maguncia alrededor del 780, entró muy joven en un monasterio benedictino y "con su excepcional capacidad de trabajo contribuyó quizá más que ningún otro a mantener viva y en parte a desarrollar con aportaciones personales, la cultura teológica, exegética y espiritual que atesoraron los siglos sucesivos".

Gracias a esa "extraordinaria cultura" fue "consejero de príncipes", y no obstante su elección, primero como abad de Fulda y luego como arzobispo de Maguncia, "no dejó de proseguir en sus estudios demostrando con el ejemplo de su vida que se puede estar simultáneamente a disposición de los demás sin privarse por eso de tiempo para la reflexión, el estudio y la meditación. Así Rabano Mauro fue exegeta, filósofo, poeta, pastor y hombre de Dios".

"Sus obras -prosiguió el Santo Padre- abarcan seis volúmenes de la Patrología Latina de Migne y es el autor, con toda probabilidad, de uno de los himnos más hermosos y conocidos de la Iglesia latina, el "Veni Creator Spiritus", síntesis extraordinaria de pneumatología cristiana".

Uno de sus textos más significativos es "De laudibus Sanctae Crucis", donde utiliza "la forma poética y la pictórica en el mismo código manuscrito. (...) Ese método, (...) que procedía de Oriente, tuvo un gran desarrollo en Occidente, alcanzando cumbres inigualables en los códigos miniados de la Biblia y en otras obras que florecieron en Europa hasta la invención de la imprenta y después de ésta".

Rabano Mauro se caracteriza por "su conciencia extraordinaria de la necesidad de implicar, en la experiencia de la fe, no solamente la mente y el corazón, sino también los sentidos mediante los aspectos del gusto estético y de la sensibilidad, que llevan al ser humano a disfrutar de la verdad con toda su persona"espíritu, alma y cuerpo". Es muy importante porque la fe no es solo pensamiento; la fe abarca todo nuestro ser".

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

Muy interesado por la liturgia, el autor de los "Carmina" "no se dedicaba al arte poética como un fin en sí misma, sino que la supeditaba, como cualquier otro tipo de conocimiento, a la profundización de la Palabra de Dios".

Así, se preocupó por "introducir a sus contemporáneos, pero sobre todo los obispos, presbíteros y diáconos, a la comprensión del significado profundamente teológico y espiritual de todos los elementos de la celebración litúrgica".

Y, dado que parte integrante de la liturgia es la Palabra de Dios, Rabano Mauro, a lo largo de su vida, "produjo explicaciones exegéticas apropiadas para casi todos los libros bíblicos del Antiguo y el Nuevo Testamento con una intención claramente pastoral".

Su faceta de pastor se pone de relieve también en los "Penitenciarios", donde "según la sensibilidad de la época se enumeraban los pecados y las penas correspondientes, utilizando siempre que le era posible motivos basados en la Biblia, en la decisión de los Concilios y los decretos de los Papas".

A la misma faceta corresponden obras como "De disciplina ecclesiastica" y "De institutione clericorum", donde "explicaba a las personas sencillas y al clero de su diócesis los elementos fundamentales de la fe cristiana, una especie de pequeño catecismo".

"Rabano Mauro también nos habla hoy -concluyó el pontífice-, incluso en el tiempo del trabajo con sus ritmos frenéticos o en las vacaciones, de que tenemos que reservar tiempo para Dios (...) y no olvidarnos del domingo como el día del Señor, el día de la liturgia, para percibir en la belleza de nuestras iglesias, de la música sacra, de la Palabra, la belleza de Dios y dejarlo entrar en nuestra vida, porque solo así se vuelve grande y verdadera".

Finalizada la catequesis, el Papa saludó entre otros a los fieles polacos, y recordó que "estos días la Iglesia en Polonia celebra el 30 aniversario del primer peregrinaje de Juan Pablo II a su patria. Me uno a la acción de gracias por todo lo que se cumplió en Polonia y Europa merced a aquella visita".

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EXPRESAR LO INEFABLE DE DIOS DESDE EL VERBO ENCARNADO

el Papa habla de juan escoto eriÚgena

La palabra de la Sagrada Escritura purifica nuestra razón un poco ciega

CIUDAD DEL VATICANO, 10 de junio de 2009 (VIS).

  Mosul  
  Juan Escoto Eriúgena

En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa habló sobre Juan Escoto Eriúgena, "un destacado filósofo del Occidente cristiano", nacido en Irlanda en los inicios del 800 y fallecido alrededor del 870.

El Santo Padre explicó que Escoto se estableció en la corte del rey francés Carlos el Calvo.

"Tenía una cultura patrística, tanto griega como latina, de primera mano. (...) Demostró una atención muy particular a San Máximo el Confesor y, sobre todo, a Dionisio el Areopagita, (...) al que calificaba como el "autor divino" por excelencia y por eso sus escritos fueron una fuente eminente de su pensamiento.

Tradujo sus obras al latín y grandes teólogos de la Edad Media como San Buenaventura las conocieron gracias a esa versión. Se dedicó toda su vida a profundizar y desarrollar su pensamiento".

"En realidad, el trabajo teológico de Juan Escoto no tuvo mucha suerte. No solo el final de la era carolingia hacía olvidar sus obras, sino también una censura de la autoridad eclesiástica ensombrecía su figura. En realidad, Escoto representa un platonismo radical que a veces parece acercarse a una visión panteísta, aunque sus intenciones personales y subjetivas eran siempre ortodoxas".

Entre las obras del teólogo irlandés, continuó, "vale la pena recordar en particular el tratado "sobre la división de la naturaleza" y "las exposiciones sobre la jerarquía celeste de San Dionisio".

Benedicto XVI señaló que Escoto "desarrolla reflexiones teológicas y espirituales estimulantes, que podrían sugerir interesantes estudios también a los teólogos contemporáneos". En este sentido se refirió a sus escritos "sobre el deber de ejercer un discernimiento apropiado acerca de lo que se presenta como "auctoritas vera", o del compromiso de seguir buscando la verdad hasta alcanzar alguna experiencia en la adoración silenciosa de Dios".

La Escritura, según el teólogo irlandés, "fue dada por Dios (...) para que el ser humano pudiera recordar todo lo que le había sido grabado en el corazón desde el momento de su creación "a imagen y semejanza de Dios" y que la caída original le había hecho olvidar. (...) Gracias a la Escritura -escribe Escoto-, nuestra naturaleza racional puede ser introducida en los secretos de la auténtica y pura contemplación de Dios".

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

"La palabra de la Sagrada Escritura -añadió el pontífice- purifica nuestra razón un poco ciega y nos ayuda a volver al recuerdo de lo que nosotros, como imagen de Dios, llevamos en nuestro corazón herido por el pecado".

El Papa subrayó que de estas ideas "derivan algunas consecuencias hermenéuticas que pueden indicar también hoy el camino justo para una correcta interpretación de las Escrituras. Se trata de descubrir el sentido escondido en el texto sagrado y esto supone un ejercicio interior particular, gracias al cual la razón se abre el camino seguro a la verdad. Este ejercicio consiste en cultivar una disponibilidad constante a la conversión".

"El reconocimiento adorante y silencioso del Misterio divino -dijo- (...) es el único camino para una relación con la verdad, que sea la más íntima posible y la más escrupulosamente respetuosa de la alteridad".

El Santo Padre terminó la catequesis poniendo de relieve que "todo el pensamiento teológico de Juan Escoto es la demostración más clara del intento de expresar lo inefable de Dios, basándose únicamente en el misterio del Verbo hecho carne en Jesús de Nazaret".

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El Papa recuerda que la propia inteligencia no basta para hacer teología

PROPONE COMO MODELO A SAN ANSELMO DE CANTERBURY, “DOCTOR MAGNÍFICO” DE LA IGLESIA

"Se debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe"

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 23 de septiembre de 2009 (ZENIT.org)

  San Anselmo de Canterbury  
  San Anselmo de Canterbury

Benedicto XVI afirmó este miércoles, durante la Audiencia General en el Aula Pablo II del Vaticano, que un verdadero teólogo "no puede contar sólo con su inteligencia, sino que debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe".

El Papa dedicó su catequesis a la figura de uno de los más grandes pensadores medievales, san Anselmo de Canterbury (o de Aosta), fundador de la teología escolástica, que ha pasado a la historia como el "doctor magnífico" en la tradición cristiana.

San Anselmo, nacido en 1033 (o a principios del 1034), en Aosta, en plenos Alpes italianos, explicó el Papa, "cultivó un intenso deseo de profundizar en los misterios divinos, en la plena conciencia sin embargo de que el camino de búsqueda de Dios nunca se concluye, al menos en esta tierra".

"Él afirma claramente que quien pretende hacer teología no puede contar sólo con su inteligencia, sino que debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe", explicó.

El Papa recordó los tres estadios de la teología propuestos por san Anselmo siguen siendo plenamente válidos hoy "para una investigación teológica sana y para quien quiera profundizar en las verdades de la fe".

Estos son: la fe, "don gratuito de Dios que hay que acoger con humildad", la experiencia "que consiste en la encarnación de la palabra de Dios en la propia existencia cotidiana" y por último "el verdadero conocimiento, que nunca es fruto de razonamientos asépticos, sino de una intuición contemplativa".

Citó las propias palabras del santo al respecto: "No pretendo, Señor, penetrar en tu profundidad, porque no puedo siquiera desde lejos confrontar con ella mi intelecto; pero deseo entender, al menos hasta cierto punto, tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco entender para creer, sino que creo para entender".

El Papa auguró que "el amor por la verdad y la sedconstante de Dios, que han marcado la existencia entera de san Anselmo, sean un estímulo para todo cristiano para buscar sin cansarse nunca una unión cada vez más íntima con Cristo".

El Papa destacó también la valentía de Anselmo, que como arzobispo de Canterbury debió enfrentarse a Guillermo el Rojo y a Enrique I de Inglaterra para defender la libertad de la Iglesia, a costa de sufrir el destierro.

En este sentido, animó a los obispos, a los consagrados y a los laicos, a que tomen por guía "el celo lleno de valentía que distinguió la acción pastoral" del santo, la cual "le procuró entonces incomprensiones, amargura y finalmente el exilio",

  San Anselmo de Canterbury  
  San Anselmo de Canterbury

"Que sea un ánimo para todos los fieles a amar a la Iglesia de Cristo, a rezar, a trabajar y a sufrir por ella, sin abandonarla nunca o traicionarla", auguró el Papa.

Destacó también su faceta de educador, especialmente de los jóvenes, a quienes prefería persuadir antes que imponer su autoridad.

"Monje de intensa vida espiritual, excelente educador de jóvenes, teólogo con una extraordinaria capacidad especulativa, sabio hombre de gobierno e intransigente defensor de la libertas Ecclesiae, de la libertad de de la Iglesia".

"Es una de las personalidades eminentes de la Edad Media, que supo armonizar todas estas cualidades gracias a una profunda experiencia mística que guió siempre su pensamiento y su acción", añadió.

El santo doctor de la Iglesia, conocido como Anselmo de Aosta, de Bec y de Canterbury, fue educado por los benedictinos, a los que quiso pertenecer ya a los 15 años, lo que impidió a toda costa su padre.

Tras una juventud disipada, entró en el monasterio de Bec (Francia), atraído por la sabiduría de su abad, Lanfranco de Pavía, a quien sustituyó tres años después. Allí se dedicó fundamentalmente a enseñar en la escuela claustral.

De allí, a petición de Lanfranco, que había sido nombrado arzobispo de Canterbury, pasó a Inglaterra, donde se dedicó también a enseñar. A la muerte de éste, fue elegido como nuevo arzobispo, en 1093.

Desde ese momento, tuvo que sostener una fuerte lucha con los reyes ingleses, Guillermo el Rojo (o el Conquistador) y Enrique I, por la cuestión de las investiduras y la custodia de los bienes de la Iglesia. Esta actitud le costó un exilio de tres años, hasta que la situación se resolvió. Vuelto a Canterbury en 1106, dedicó sus últimos años al quehacer teológico, hasta su muerte, el 21 de abril de 1109.

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preguntas controvertidas

¿Se casó Jesucristo? ¿Qué pasó en la Última Cena? ¿Quién fue María Magdalena? El cine y la literatura han planteado recientemente algunas preguntas sobre la vida de Jesús. Teólogos expertos de la Universidad de Navarra responden con datos históricos a las cuestiones más frecuentes.

 

 

 

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El Papa pide a los cristianos “apertura al prójimo y búsqueda de la paz”

Propone el ejemplo de Pedro el Venerable, abad de Cluny

El amor auténtico no puede separarse de la verdad”.

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 de octubre de 2009 (ZENIT.org)

  Benedicto XVI  
  Benedicto XVI

Apertura al prójimo, perdón y búsqueda de la paz son las cualidades que deben distinguir el estilo de vida de un auténtico discípulo de Cristo.

Así lo afirmó este miércoles el Papa Benedicto XVI durante la catequesis en la Audiencia general, dedicada a la figura de Pedro el Venerable, abad de Cluny (1094-1156).

Asceta riguroso consigo mismo y comprensivo con los demás”, al mismo tiempo “severo” y “dotado de profunda humanidad”, hombre recto, leal y con una "especial predisposición a meditar" así ha descrito el Papa a este monje que durante 34 años fue la cabeza de la Abadía fundada en torno al 909/910 por Guillermo de Aquitania y nacida como un monasterio privado de la familia.

“De índole sensible y afectuosa, sabía conjugar el amor por el Señor con la ternura hacia sus familiares, particularmente hacia su madre, y hacia sus amigos – prosiguió el Papa, hablando a los casi 20.000 peregrinos reunidos en la plaza –. Fue un cultivador de la amistad, de modo especial hacia sus monjes, que habitualmente se le confiaban, seguros de ser acogidos y comprendidos”.

“Podríamos decir – prosiguió – que este santo abad constituye un ejemplo también para los monjes y los cristianos de nuestro tiempo, marcado por un ritmo de vida frenético, donde no son raros los episodios de intolerancia y de incomunicación, las divisiones y los conflictos”.

De hecho, explicó el Pontífice, “su testimonio nos invita a saber unir el amor a Dios con el amor al prójimo, y a no cansarnos de reanudar las relaciones de fraternidad y de reconciliación”. Pedro el Venerable sentía también una profunda “atención y solicitud por quienes estaban fuera de la Iglesia, en particular por los judíos y musulmanes”, tanto que “para favorecer el conocimiento de estos últimos hizo traducir el Corán”.

Es un ejemplo de “santidad monástica” de tipo benedictina, concluyó finalmente el Papa, que nunca deja de enseñar que una existencia “llena de amor profundo por Dios” se convierte en una vida de amor y de “sincera apertura al prójimo, al perdón y a la búsqueda de la paz”.

  Benedicto XVI  
 
Benedicto XVI

Finalmente, saludó a los peregrinos de lengua italiana presentes, y propuso a los jóvenes “el testimonio de santa Teresa de Ávila” - cuya fiesta se celebra el jueves 15 de octubre – recordando que “el amor auténtico no puede separarse de la verdad”.

Posteriormente, el Papa recibió un regalo de unos niños hawaianos, un mosaico compuesto de 50.000 teselas que representa a Damián de Veuster, canonizado el 11 de octubre pasado.

Esta obra de arte – explica L Osservatore Romano – nace de la idea de la artista hawaiana Peggy Chun, que de esta forma quería rendir homenaje al apóstol de los leprosos en la isla de Molokai.

Chun, sin embargo, estaba enferma de SLA y reducida completamente a la inmovilidad. Conseguía solo mover los ojos y para realizar su proyecto tuvo que pedir ayuda.

Pensó así dirigirse a los 142 niños de la Holy Trinity school de Honolulu, que se pusieron a disposición de la artista y, siguiendo sus indicaciones, han compuesto, tesela a tesela, el mosaico.

Por desgracia, Peggy Chun no ha podido entregar en persona al Papa el regalo, pues murió el 19 de noviembre del año pasado.

El Papa ha recibido también, de manos de la Superiora general de las Hermanitas de los pobres, sor Celine de la Visitation, una gigantografía como agradecimiento por la canonización de María de la Cruz, en el siglo Juana Jugan.

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Encabezado

 

Boletín de novedades

Septiembre de 2009

 

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LA RESPUESTA DE SAN MATEO

Nuevo documento sobre la "Vocación en los primeros cristianos".

 

 

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¿QUÉ SABEMOS SOBRE HIPATIA DE ALEJANDRÍA?

Resumen de datos sobre su vida y contexto histórico.

 

 

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“EL HOMBRE CONTEMPORÁNEO ESCUCHA DE MEJOR GANA A LOS TESTIGOS QUE A LOS MAESTROS”

Entrevista a José Luis Olaizola, escritor.

 

 

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¿SABES QUIÉN ERA CLEMENTE DE ALEJANDRÍA?

Filósofo y Doctor de la Iglesia.

 

 

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CATEQUESIS DE BENEDICTO XVI SOBRE LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Ver los discursos del Santo Padre.

 

 

 

Un saludo desde primeroscristianos.com

 

 

 

 

 

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LUGARES DE TIERRA SANTA

 
Lugares de Tierra Santa Para un cristiano, LOS LUGARES EN QUE CRISTO NACIÓ, VIVIÓ, SUFRIÓ, MURIÓ Y RESUCITÓ TIENEN UN CARÁCTER ESPECIAL. LA AÑORANZA QUE SE SIENTE AL PENSAR EN ESA TIERRA, SANTIFICADA POR EL PASO DEL VERBO ENCARNADO, NACE DEL CARIÑO QUE TIENE EL CREYENTE A TODO LO QUE RODEÓ LA VIDA TERRENA DEL HIJO DE DIOS, QUE "ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS".
   
 
 
 
 

 

El Vaticano confirma la autenticidad de la tumba de San Pablo

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NOTA DE PRENSA DEL ARQUEÓLOGO GIORGIO FILIPPI

Nota sobre el sarcófago de san Pablo del arqueólogo Giorgio Filippi

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 11 diciembre 2006 (ZENIT.org)

Publicamos la nota del arqueólogo Giorgio Filippi sobre el sarcófago de San Pablo que publicó este lunes la Sala de Prensa de la Santa Sede.

La basílica surge en el sepulcro del apóstol, en la Vía Ostiense, donde a finales del siglo II el presbítero romano Gayo, indicaba la existencia del «tropaion», erigido para testimoniar el martirio de Pablo. En el lugar se sucedieron, a lo largo del siglo IV, dos edificios, el «constantiniano» y el de «los Tres Emperadores», ligados a la peregrinación devocional a la tumba del apóstol y utilizados como cementerios y con objetivos litúrgicos.

  Basílica de San Pablo Extramuros  
  Basílica de San Pablo Extramuros

La única documentación que hace referencia a la situación arqueológica del monumento se encuentra en unos pocos dibujos y bocetos con medidas, cuya interpretación en ocasiones es enigmática, realizados por los arquitectos Virginio Vespignani (1808-1882) y Paolo Belloni (1815-1889), tras el incendio de 1823, durante las excavaciones realizadas con motivo de la nueva Confesión (1838) y de la colocación de los cimientos del baldaquino de Pío IX (1850).

Los vestigios arqueológicos que se encontraron entonces dejaron de ser visibles después, pues en parte fueron destruidos y en parte precintados por la actual Confesión.

El hecho de que la Basílica de San Pablo surgiera sobre la tumba del apóstol es un dato indiscutible en la tradición histórica, mientras que la identificación del sepulcro originario es una cuestión que ha quedado abierta. La Crónica del Monasterio habla de un gran sarcófago de mármol, encontrado durante las obras de reconstrucción de la basílica, después del incendio de 1823, en el área de la Confesión, bajo las dos lápidas en las que está escrito «PAVLO APOSTOLO MART[YRI]», del que sin embargo no queda huella en la documentación de excavaciones, a diferencia de los otros sarcófagos descubiertos en aquella ocasión, entre los que se encuentra el famoso «dogmático», que hoy es conservado en los Museos Vaticanos.

Las investigaciones arqueológicas en la zona, considerada tradicionalmente como el lugar de sepultura del apóstol, comenzadas en el año 2002 y acabadas el 22 de septiembre de 2006, han sacado a la luz diferentes estratos, formados por el ábside de la basílica constantiniana, englobada en el transepto del edificio de los Tres Emperadores: en el suelo de este último, bajo el altar papal, ha aparecido ese gran sarcófago del que se habían perdido las huellas y que se consideraba desde la época teodosiana como la Tumba de San Pablo.

Estas investigaciones tenían por objetivo verificar la consistencia y el estado de conservación de los vestigios de la basílica constantiniana y teodosiona, sobrevividos a la reconstrucción que tuvo lugar después del incendio y de valorizarla por razones de devoción.

Del 2 de mayo al 17 de noviembre de este año, se acabó, en la zona de la Confesión, el proyecto para abrir acceso a la Tumba de San Pablo. Después de haber desmontado el Altar de San Timoteo, se excavó en la zona inferior paravolver a sacar a la luz, en toda su superficie de unos 5 metros cuadrados, el ábside de la basílica constaniniana. Para llegar hasta los vestigios del siglo IV se excavó dentro de los muros de la moderna base para los cimientos que se adapta perfectamente a las estructuras antiguas, tanto en su base como en su altura, hasta llegar hasta el punto de diferencia entre la parte antigua y la nueva, que se puede constatar por el color diferente de la argamasa, rosada la del siglo XIX y gris la del siglo IV.

Dado que la altura del transepto de los Tres Emperadores, sobre el que se encuentra el sarcófago de San Pablo, es más alta con respecto al nivel de la actual Confesión, es evidente que el nivel ha sido demolido con motivo de las obras del siglo XIX. La plataforma se conserva, en forma de peldaño, detrás del altar de Timoteo, incorporado en el muro moderno que delimita el lado este de la Confesión.

  Detalle de la tumba de San Pablo  
  Detalle de la tumba

Durante las obras del siglo XIX, dado que parece que la cumbre del ábside tenía algunas partes inestables, fueron removidas, produciendo el efecto de un peldaño en el «emplecton», de unos diez centímetros de altura, correspondiente a dos hileras de ladrillos, que comienza en el borde interior del ábside, siguiendo su línea curva. En el frente del peldaño se ven las huellas dejadas en el cemento por los ladrillos removidos.

Para alcanzar la altura del suelo constantiniano se removió la mitad sur de la zona del ábside. En la excavación no se encontraron otros vestigios arqueológicos, con la excepción de restos de albañilería.

Para aumentar la visibilidad del sarcófago de San Pablo se amplió en unos 0,70 centímetros el hueco que atraviesa el muro del siglo XIX durante las obras de los años 2002-2003.

Ha sido posible tomar las medidas del sarcófago: caja de una longitud de 2,55 metros, de una anchura de 1,25 metros y de una altura de 0,97 metros. La cobertura es de 0,30 metros de altura.La parte del ábside descubierta constituye el único testimonio visible de la Basílica atribuida comúnmente a Constantino.

  Basílica de San Pablo Extramuros  
  Detalle de la tumba

Sigue abierto el problema topográfico de la relación entre la basílica y el suelo descubierto en 1850, en el oeste del ábside de Constantino. Belloni consideró que se trataba de la antigua Vía Ostiense, que habría sido desviada a su colocación actual por orden de los Tres Emperadores, pero no midió el nivel del empedrado. En este sentido, resulta de particular interés el descubrimiento, dentro del ábside constantiniano, de algunos grandes bloques de basalto, reutilizados como material de construcción en los cimientos de la basílica de los Tres Emperadores.

Por lo que se refiere a la planta de la basílica constantiniana, dado que sólo contamos con las nuevas medidas realizadas en el ábside, es prematuro hacer nuevas hipótesis, confirmando las modestas dimensiones del edificio.

El nivel del estrato de barro, descubierto sobre el nivel del ábside constantiniano, concuerda con al transepto de los Tres Emperadores (390 d.C.), sobre el que se apoya el gran sarcófago que indicaba la Tumba del Apóstol en la época de la construcción de la nueva y grande basílica, y estaba delimitado por un podio presbiteral monumental, como parece que deja suponer la gran plataforma de sus cimientos, de un espesor de 1,66 m., que se apoya directamente sobre el suelo del ábside constantiniano. No se puede excluir que en el interior de estos cimientos puedan encontrarse restos del «tropaion» erigido sobre la tumba del apóstol Pablo.

Se puede considerar que entre 1838 y 1840, en la zona de la Confesión, se removió o demolió todo lo que se encontraba sobre el suelo de los Tres Emperadores. Para echar los cimientos del nuevo presbiterio y del altar papal, se trasladó incluso el sarcófago de san Pablo. Por ahora en el área estudiada, entre el nivel del suelo del año 390 y el de los cimientos de 1840, no se han encontrado vestigios de otras épocas.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

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BASÍLICA DE SAN PEDRO

EL VATICANO

 

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  BREVE HISTORIA DE LA BASÍLICA 

 

El martirio de San Pedro

  San Pedro  
  San Pedro

San Pedro fue martirizado durante la persecución contra los cristianos decretada por Nerón tras el in­cendio de Roma, en el año 64. El Príncipe de los Apóstoles había llegado a la Urbe algunos años antes, siguiendo el mandato del Señor que recoge el Evangelio de Marcos: id al mundo entero ypredicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea, se condenará.

Él había sido el primero en confesar la divinidad del Señor, había acompañado al Señor durante los tres años de su vida pública y había recibido del Maestro las llaves del Reino de los Cielos: era la cabeza de la Iglesia, y su presencia en la capital del Imperio convertía a esta ciudad en el centro y el corazón de la naciente expansión cristiana.

Después de una vida al servicio de la Iglesia, cuando empezó la persecución, Pedro comprendió que había llegado el momento de seguir a Cristo hasta identificarse totalmente con Él. No tardó en ser apresado y ajusticiado en una cruz: cabeza abajo, porque en su humildad juzgó que no era digno de morir del mismo modo que Nuestro Señor.

  Circo Vaticano según un grabado de Carlo Fontana, 1694  
  Circo Vaticano según un grabado de Carlo Fontana, 1694

Es muy probable que el lugar de su martirio fueran los hortinerones, unas tierras que el emperador poseía en los alrededores de la antigua Roma, junto a la colina Vaticana.

Allí Calígula había comenzado a edificar un circo privado, cuya construcción prosiguió Claudio y que fue finalmente terminado en tiempos de Nerón. Quizás la ejecución de Pedro ocurrió durante uno de los espectáculos que se celebraban en ese lugar.

A veces Nerón abría las puertas de su estadio a los ciudadanos de Roma, y él mismo corría en su carro vestido de auriga ante el pueblo que lo aclamaba. De la dinámica de aquellos festejos durante la persecución a los cristianos nos ha dejado un buen testimonio el historiador pagano Tácito: «Los que morían eran tratados con escarnio. Cubiertos de pieles de animales, eran degollados por perros; o eran suspendidos en cruces; o, incluso, cuando ya se ponía el sol, se los quemaba vivos para iluminar la oscuridad de la noche».

 

Plantas del Circo Vaticano y de la actual Basílica.

 
Sección de la Basílica y de la necrópolis.
  Plantas del Circo Vaticano y de la actual Basílica. Debajo, sección de la Basílica y de la necrópolis.

Los cristianos recogieron el cuerpo sin vida de Pedro y lo enterraron junto a la ladera de la colina Vaticana, muy cerca del estadio de Nerón, aunque ya fuera de las propiedades del emperador. La tumba era de humilde tierra, pero desde el primer momento se convirtió en meta de frecuentes visitas de los cristianos romanos.

Antiguas tradiciones afirman que el primer Papa se alojaba en el Esquilino, en la casa del Senador Pudente, que fue una de las primeras domus ecclesiae en la Urbe y sobre la que después se edificó la basílica de Santa Pudenciana. También debió de ser frecuente la presencia de Pedro en la casa de Aquila y Priscila -el matrimonio colaborador de San Pablo, del que el Apóstol de las Gentes habla varias veces en sus cartas-, que se encontraba en el Aventino, donde hoy se alza la pequeña iglesia de Santa Prisca.

Muchas peticiones alzarían los primeros cristianos ante la tumba de San Pedro. Resultaba natural que esta veneración se tradujese, también materialmente, en un progresivo enriquecimiento de la tumba de Pedro. Es seguro que al menos desde el siglo II, ya se había edificado un modesto monumento funerario sobre la primitiva tumba de tierra.

Por otro lado, no olvidaban los cristianos las palabras que el Señor dirigió a Simón, dándole un nuevo nombre mientras le indicaba la nueva misión que debería llevar a cabo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
Según la tradición, el altar de la basílica constantiniana se había construido en el siglo IV sobre el antiguo monumento funerario de Pedro; y exactamente encima, englobando y protegiendo los precedentes, se habían situado los sucesivos altares de Gregorio Magno y de Calixto II, en los siglos VI y XII, respectivamente. Por último, cuando Clemente VIII mandó construir en 1594 el actual altar de la Confesión, se dispuso cubriendo de nuevo los anteriores.

 

 

La tumba de San Pedro

 

  El muro de los grafitti  
Interior del lóculo
  El muro de los grafitti. Debajo, el interior del lóculo.

Durante muchos siglos, movidos por la fe y por su confianza en esta tradición, los peregrinos que llegaban a Roma de todas partes han venerado la memoria del Príncipe de los Apóstoles en su Basílica, convencidos de que allí se encuentra su tumba. Actualmente, gracias a las excavaciones arqueológicas realizadas a mediados del siglo XX por deseo de Pío XII, es posible rezar ante la misma sepultura de San Pedro.

Esas excavaciones no hicieron sino confirmar, punto por punto, los datos que había transmitido la tradición: se descubrió el circo de Nerón, una necrópolis con enterramientos paganos y cristianos en buen estado de conservación, y sobre todo se encontró el humilde monumento de la tumba de Pedro, que correspondía a las antiquísimas descripciones literarias de ese edículo y que, en efecto, se hallaba justo debajo de los sucesivos altares de la Basílica.

También se comprobó que, rodeando esa tumba, había otras muchas excavadas apretadamente, para que estuviesen lo más cerca posible a la central; y fue enormemente revelador el estudio de los grafitti -o inscripciones- en las paredes, pues indicaban de modo evidente que aquél era un lugar de culto cristiano y contenían numerosas aclamaciones a Pedro.

  Fragmento de muro en el que se aprecia la inscripción PETROS ENI.  
Fragmento de muro en el que se aprecia la inscripción PETROS ENI.
  Fragmento de muro en el que se aprecia la inscripción PETROS ENI.

Una de esas inscripciones había sido grabada junto a un pequeño lóculo, o apertura en el muro. Ese nicho contenía los restos de un varón anciano, de constitución robusta, y en algún momento habían sido envueltos en una tela color púrpura y oro. La inscripción sobre el lóculo, en griego, decía: PETROS ENI, es decir,“Pedro está aquí”.

La Iglesia de Cristo es romana, porque la Providencia divina dispuso que en Roma estuviese la sede de Pedro, fuente de unidad y garantía de la transmisión del depósito de la fe revelada. Para un cristiano, que goza de la luz de la fe, Roma no es sólo una ciudad de gran interés artístico o histórico, sino mucho más: es su Casa, una vuelta a sus orígenes, el escenario de una maravillosa historia -ladel Amor infinito de Dios que quiere llegar a la humanidad entera- que será siempre actual y que nos interpela especialmente al comienzo del tercer milenio, cuando todos los hijos de la Iglesia tenemos por delante el reto de la nueva evangelización.

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 Visita virtual a la Basílica de San Pedro (http://www.vatican.va/various/basiliche/san_pietro/vr_tour/index-en.html)

 

Primera parte del vídeo sobre la Basílica de San Pedro

 

Segunda parte del vídeo sobre la Basílica de San Pedro

 

Tercera parte del vídeo sobre la Basílica de San Pedro

 

 

Tesoros de Roma: El Coliseo

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BREVE HISTORIA DEL COLISEO

EL COLISEO
ANFITEATRO FLAVIO

   
«Trágico y glorioso monumento de la Roma imperial, testigo mudo del poder y del dominio, memorial mudo de vida y de muerte, donde parecen resonar, casi como un eco interminable, gritos de sangre (cfr. Jn 4,10) y palabras que imploran concordia y perdón» (Juan Pablo II).
 
 

Grandiosidad y crueldad

El Anfiteatro Flavio, que era su nombre original, refleja a la perfección el genio romano, capaz de acometer empresas de gran envergadura cuidando a la vez hasta los menores detalles prácticos.

  Coliseo  
  Coliseo

Todo en esta construcción estaba pensado para que sus enormes dimensiones y su solidez no fuesen en detrimento ni de la belleza ni de la funcionalidad. El equilibrio arquitectónico se logró gracias a los tres pisos de arcadas, en los que se distribuyeron sabiamente los espacios para dar sensación de ligereza.

El sentido práctico estaba presente en multitud de aspectos: en los accesos, con más de ochenta puertas que permitían llenar y vaciar el anfiteatro en pocos minutos; en la distribución de los asientos, calculada para que desde cada uno de los cincuenta mil puestos pudiera verse perfectamente la arena; en el sistema de toldos que protegían a la multitud del sol y de la lluvia, y que eran extendidos por un equipo de cien soldados de la marina; en la compleja red de subterráneos, donde había ascensores de poleas para izar a los combatientes y a las fieras...

Se tardó ocho años en levantar este grandioso edificio, empleando en el trabajo a unos doce mil esclavos; en su mayoría eran hebreos, hechos prisioneros por Tito después de la destrucción de Jerusalén, en el año 70. El nuevo Amphitheatrumfue inaugurado en el año 80, con un programa de espectáculos y festejos que duró cien días: fallecieron en la arena centenares de gladiadores, y murieron unos cinco mil animales salvajes. También por entonces se celebraron las primeras naumachiae, combates navales que se realizaban inundando el interior y que, por su novedad, debieron de impresionar vivamente a los romanos.

Los sucesivos emperadores compitieron para ofrecer al pueblo espectáculos cada año más aparatosos. Séneca ya se había lamentado en el pasado de la espiral de violencia e inhumanidad a la que conducía este tipo de entretenimientos. El pueblo pedía sensaciones cada vez más fuertes, porque sólo le interesaba la sangre, el puro homicidio y las matanzas, cuanto más crueles y sofisticadas mejor.

  Coliseo  
  Coliseo

En ese contexto, las ejecuciones de los condenados no resultaban demasiado interesantes para el público, ya que los indefensos reos apenas presentaban resistencia a los verdugos o las fieras. Por eso se llevaban a cabo a última hora de la mañana, como intermedio entre las luchas de gladiadores que se habían visto hasta ese momento y las que se tendrían por la tarde. Muchos de esos condenados, que perdían su vida ante espectadores embrutecidos y con frecuencia indiferentes, eran cristianos.

Aunque también el Circo Máximo, el Circo de Nerón y otros lugares de la Urbe fueron escenario de la muerte de muchos cristianos, en 1749 el Papa Benedicto XIV consagró el Coliseo como lugar santo en memoria de la Pasión de Cristo y de los sufrimientos de los mártires. Ese mismo año, hizo colocar alrededor de la arena las estaciones del Vía Crucis.

Un martirio insigne in Amphitheatrum

Un ejemplo conmovedor de cómo afrontaban el martirio los primeros cristianos nos lo ha dejado San Ignacio de Antioquía, muerto en tiempos del emperador Trajano. Convertido del paganismo, Ignacio fue el segundo sucesor de San Pedro en la sede episcopal de Antioquía. El año 107 fue detenido, condenado adbelvas -a las fieras- y enviado a Roma bajo custodia militar para cumplir allí su pena.

  Martirio de San Ignacio de Antioquía  
  Martirio de San Ignacio de Antioquía

Del largo viaje desde Siria a la capital del Imperio conocemos bastantes detalles por el historiador Eusebio de Cesarea y, sobre todo, gracias a las siete cartas que el mismo San Ignacio escribió a las Iglesias de otras tantas ciudades para fortalecerles en la fe y prevenirles ante las herejías gnósticas, que por entonces empezaban a extenderse.

Todas las cartas empiezan con el saludo de Ignacio, llamado también Teoforo, portador de Dios.

Muy lleno de Dios iba San Ignacio, como refleja el tono de gozo que tienen sus cartas: cordialmente en Jesucristo y en una alegría inmaculada..., son las palabras con que saluda a los efesios; desea a los de Magnesia una sobreabundante alegría en Dios Padre y en Jesucristo; y a los filadelfios les manda un saludo en la sangre de Jesucristo, que es alegría eterna y constante... Las razones de su felicidad eran totalmente sobrenaturales, ya que el futuro mártir conocía lo que le aguardaba; y los esbirros que le conducían no destacaban precisamente por su delicadeza: desde Siria hasta Roma, escribe, voy luchando con las fieras, por tierra y mar, de día y de noche, encadenado a diez leopardos, esto es, a un pelotón de soldados. Éstos, a pesar del bien quereciben, se hacen peores. Con sus malos tratos voy siendo más discípulo [de Cristo].

San Ignacio se gozaba de compartir la Cruz de Jesús, y tenía el deseo ardiente de que su identificación con Nuestro Señor se completase con el martirio. Por eso, ruega a los cristianos que no intercedan por él ante las autoridades y expresa su deseo de que las fieras se lancen a devorarle rápidamente: no me vaya asuceder, dice, como algunos a los que, acobardadas, no tocaron. Eran famosos algunos casos en que los animales hambrientos no habían atacado a los cristianos o incluso se habían echado mansamente a sus pies, ante el asombro de los espectadores. Según antiguas tradiciones, así sucedió a Santa Martina, San Alejandro y San Marino, entre otros santos.

  Coliseo  
  Coliseo

El obispo de Antioquía fue arrojado a los leones in Amphitheatrum. Así vio cumplido su anhelo: Soy trigo de Dios, y es preciso que sea molido por los dientes de las fieras, para convertirme en pan inmaculado de Cristo.

Después del horrible espectáculo, los cristianos lograron rescatar algunos huesos del mártir, los custodiaron con veneración y más tarde los enviaron a Antioquía: vosotros habéis gozado de su episcopado -decía San Juan Crisóstomo a los fieles de la ciudad siria- y los romanos han admirado su martirio. El Señor os ha quitado por poco tiempo este precioso tesoro para mostrarlo a los romanos, y os lo ha devuelto con gloria mayor.

En el siglo VII, sin embargo, a causa de las invasiones sarracenas, las reliquias fueron trasladadas de nuevo a Roma, y hoy reposan en la iglesia de San Clemente. Allí se puede acudir ahora para, siguiendo un consejo del Crisóstomo, sacar frutos espirituales de estos sagrados restos, ya que son como un tesoro del que se puede tomar parte sin que nunca se agote.

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