Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de San Atanasio de Alejandría

ACERCARSE A DIOS ACERCA A LOS HOMBRES

Explica el Papa al presentar la figura de san Atanasio de Alejandría

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 20 junio 2007 ( ZENIT.org)

  San Atanasio de Alejandría  
  San Atanasio de Alejandría

Cuanto más se acerca una persona a Dios más se acerca a los hombres, concluyó Benedicto XVI este miércoles al presentar la figura de san Atanasio, obispo de Alejandría, padre de la Iglesia.

«Quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos», aclaró al dirigirse a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI durante la semanal audiencia general.

El Papa continuó sus meditaciones sobre las figuras más destacadas de la Iglesia antigua presentando en este miércoles la vida de Atanasio, nacido hacia el año 300 y fallecido en el 373, quien en vida fue descrito como «la columna de la Iglesia» por el gran teólogo y obispo de Constantinopla, Gregorio Nazianceno.

Como él mismo constató, «no es casualidad, por tanto, que Gian Lorenzo Bernini colocara su estatua entre las de los cuatro santos doctores de la Iglesia oriental y occidental --Ambrosio, Juan Crisóstomo, y Agustín--, que en el maravilloso ábside de la Basílica vaticana rodean la Cátedra de san Pedro».

Atanasio dedicó su ministerio episcopal a proclamar la divinidad de Jesús, que era negada por los arrianos, seguidores de un presbítero de Alejandría, Arrio, (256-336), para quien Cristo había sido creado por Dios de la nada, y que por tanto el Hijo (el «Logos») era una criatura de Dios y no era Dios mismo.

  San Atanasio de Alejandría  
 
San Atanasio de Alejandría

El Concilio de Nicea (convocado en el año 325), en el que participó el joven Atanasio como colaborador de su obispo, dejó clara la divinidad de Cristo. Ahora bien, tras ser elegido obispo de Alejandría, Atanasio tuvo que enfrentarse a la expansión de esta herejía, ganándose «la implacable hostilidad de los arrianos y de los filo-arrianos».

«En cinco ocasiones, durante 30 años, entre 336 y 366, Atanasio se vio obligado a abandonar su ciudad, pasando 17 años en exilio y sufriendo por la fe», recordó el obispo de Roma.

«La idea fundamental de toda la lucha teológica de san Atanasio era precisamente la de que Dios es accesible. No es un Dios secundario, esel verdadero Dios, y a través de nuestra comunión con Cristo, podemos unirnos realmente a Dios. Él se ha hecho realmente “Dios con nosotros”», explicó.

Ahora bien, su «best seller», término literal utilizado por el Santo Padre, fue la «Vida de Antonio», es decir, la biografía de Antonio abad (251-356), fundador del movimiento eremítico en el desierto egipcio, de quien llegó a ser un gran amigo en sus años de exilio.

Esta obra, traducida muy pronto en numerosas lenguas, «contribuyó decisivamente a la difusión del monaquismo, en Oriente y en Occidente», reconoció.

Los santos, explica san Atanasio en la conclusión de este libro citado por Benedicto XVI, «aunque hagan sus obras en secreto y deseen permanecer en la oscuridad, el Señor los muestra públicamente como lámparas a todos los hombres, y así, los que oyen hablar de ellos, pueden darse cuenta de que los mandamientos llevan a la perfección».

A causa del calor que se ha apoderado de Roma en estos días, el Papa no pudo dirigir la audiencia general al aire libre en la plaza de San Pedro. Saludó a los miles de peregrinos primero en la Basílica de San Pedro y después en el Aula Pablo VI.

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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de San Cirilo de Jerusalén

EL PAPA INVITA A LA IGLESIA A REDESCUBRIR LA CATEQUESIS «GLOBAL»

Como la que impartía san Cirilo de Jerusalén

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 junio 2007 (ZENIT.org)

  San Cirilo de Jerusalén  
  San Cirilo de Jerusalén

Benedicto XVI está convencido de que en estos momentos la Iglesia necesita redescubrir la catequesis «global», como la que impartía en el siglo IV san Cirilo de Jerusalén.

A este obispo y doctor de la Iglesia, nacido en torno al año 315 y fallecido en el 387, dedicó el pontífice la audiencia general número cien de su pontificado, en la que participaron más de siete mil peregrinos.

«Se trata de una catequesis integral que implica el cuerpo, el alma y el espíritu y sigue siendo emblemática para la formación catequística de los cristianos de hoy», aclaró el Santo Padre, quien continuó con sus meditaciones sobre los grandes personajes de los inicios del cristianismo.

Cirilo, en sus catequesis, dirigidas a los catecúmenos que se preparaban para recibir el Bautismo, entrelazaba tres elementos: el doctrinal, el moral y el mistagógico (éste último lleva a los fieles a adentrarse cada vez más en los misterios celebrados en la liturgia).

Desde el punto de vista doctrinal, recordó Benedicto XVI, Cirilo presentaba la «relación “sinfónica” entre los dos Testamentos, hasta llegar a Cristo, centro del universo»:
«El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, mientras que el Antiguo se hace manifiesto en el Nuevo».

  San Cirilo de Jerusalén  
 
San Cirilo de Jerusalén

La dimensión moral de la catequesis permite que «el dogma descienda progresivamente en las almas, que de este modo son alentadas a transformar los comportamientos paganos en la nueva vida en Cristo, don del Bautismo».

Por último, explicó el Santo Padre, la catequesis mistagógica «llevaba a descubrir, en los ritos bautismales de la Vigilia pascual, los misterios encerrados en ellos».

«El misterio que hay que comprender es el plan de Dios, que se realiza a través de las acciones salvíficas de Cristo en la Iglesia».

«De este modo, la catequesis de Cirilo, en virtud de los tres elementos descritos --doctrinal, moral y, por último, mistagógico-- se convierte en una catequesis global en el espíritu», explicó el Santo Padre.

«La dimensión mistagógica se convierte en síntesis de las dos primeras, orientándolas a la celebración sacramental, en la que se realiza la salvación de todo el hombre», concluyó.

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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de san basilio

San Basilio, maestro de vida para los cristianos de hoy

El Papa presenta la herencia del gran padre de la Iglesia

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 julio 2007 (ZENIT.org).-

  San Basilio  
  San Basilio

Si bien san Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, en la actual Turquía, falleció en el año 379, sigue siendo hoy un maestro de vida cristiana, considera Benedicto XVI.

A este gran padre de la Iglesia dedicó su intervención durante la semanal audiencia general, en la que participaron doce mil peregrinos, primero en la Basílica de San Pedro del Vaticano y luego en el Aula Pablo VI.

«Fue un hombre que vivió verdaderamente con la mirada puesta en Cristo, un hombre del amor por el prójimo», dijo el Papa al concluir su meditación.

«Lleno de la esperanza y de la alegría de la fe, Basilio nos muestra cómo ser realmente cristianos», añadió.

El obispo de Roma releyó el programa de vida que el mismo Basilio había adoptado: «apóstol y ministro de Cristo, dispensador de los misterios de Dios, heraldo del reino, modelo y regla de piedad, ojo del cuerpo de la Iglesia, pastor de las ovejas de Cristo, médico piadoso, padre y nodriza, cooperador de Dios, agricultor de Dios, constructor del templo de Dios».

«Este es el programa que el santo obispo entrega a los heraldos de la Palabra, tanto ayer como hoy, un programa que él mismo se comprometió por vivir generosamente».

  San Basilio  
   

Basilio nació en torno al año 330 en el seno de una familia de santos (tres de sus nueve hermanos son santos). Antes de ser elegido obispo abrazó la vida monacal, creando « un monaquismo muy particular: no estaba cerrado a la comunidad de la Iglesia local, sino abierto a ella».

«Sus monjes formaban parte de la Iglesia local, eran su núcleo animador que, precediendo a los demás fieles en el seguimiento de Cristo y no sólo de la fe, mostraba su firme adhesión a Él, el amor por Él, sobre todo en las obras de caridad».

«Estos monjes, que tenían escuelas y hospitales, estaban al servicio de los pobres y de este modo mostraron la vida cristiana de una manera completa», explicó Benedicto XVI.

«Como obispo y pastor de su extendida diócesis --siguió recordando--, Basilio se preocupó constantemente por las difíciles condiciones materiales en las que vivían los fieles; denunció con firmeza el mal; se comprometió con los pobres y los marginados; intervino ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población, sobre todo en momentos de calamidad; veló por la libertad de la Iglesia, enfrentándose a los potentes para defender el derecho de profesar la verdadera fe».

  San Basilio  
  San Basilio

 

«Dio testimonio de Dios, que es amor y caridad, con la construcción de varios hospicios para necesitados, una especie de ciudad de la misericordia, que tomó su nombre “Basiliade”. En ella hunden sus raíces las los modernos hospitales para la atención de los enfermos», indicó.

«En su amor por Cristo y su Evangelio», dijo el pontífice, este padre de la Iglesia «se comprometió también por sanar las divisiones dentro de la Iglesia, tratando siempre de que todos se convirtieran a Cristo y a su Palabra, fuerza unificadora, a la que todos los creyentes tienen que obedecer».

Ha sido la última audiencia general antes de las vacaciones veraniegas de Benedicto XVI que este año pasará en Lorenzago di Cadore, en los Dolomitas del norte de Italia, del 9 al 27 de julio.

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Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general en la que presentó la figura de san basilio

San Basilio alienta a los jóvenes a vivir vida virtuosa y justa, afirma el Papa

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 1 agosto 2007

  San Basilio  
  San Basilio

En la Audiencia General celebrada esta mañana en Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI retomó su reflexión en torno a uno de los Padres de la Iglesia, San Basilio, Obispo en el siglo IV de lo que es ahora Turquía, quien destaca la importancia de tomar de la cultura elementos en donde se atisbe la verdad de las cosas, y la necesidad que tienen los jóvenes de vivir la virtud, centrados en Cristo.

Basilio se interesó naturalmente también en aquella porción elegida del Pueblo de Dios que son lo jóvenes, el futuro de la sociedad. A ellos les dirigió un discurso sobre el modo de sacar algún provecho de la cultura pagana de ese tiempo. Con mucho equilibrio y apertura, él reconoce que en la literatura clásica, griega y latina, se encuentran ejemplos de virtud”, explicó el Santo Padre.

El Pontífice indicó que para San Basilio, “estos ejemplos de vida recta puede ser útiles para los jóvenes cristianos en búsqueda de la verdad, del recto modo de vivir (cfr Ad Adolescentes 3). Por lo tanto, hace falta tomar los textos de los autores clásicos en cuanto sean convenientes y conformes a la verdad. Así con una lectura crítica y abierta –se trata de hecho de un verdadero y propio ‘discernimiento’– los jóvenes crecen en la libertad”.

“Basilio, sobre todo, recomienda a los jóvenes crecer en la virtud, en el recto modo de vivir: ‘Mientras los otros bienes... pasan de esto a aquello como en el juego de los dados, la virtud es un bien inalienable y permanece durante la vida y después de la muerte’ (Ad Adolescentes 5)”, dijo el Papa.

Benedicto XVI también resaltó que San Basilio “nos revela que el Espíritu anima a la Iglesia, la llena de sus dones, la hace santa. La luz espléndida del misterio divino recae sobre el hombre, imagen de Dios, y ensalza su dignidad. Mirando a Cristo, se comprende plenamente la dignidad del hombre. Basilio exclama ‘¡(hombre) date cuenta de tu grandeza considerando el precio pagado por ti: el precio de tu rescate, y comprende tu dignidad!"

  San Basilio  
  San Basilio

“En particular, el cristiano, viviendo en conformidad con el Evangelio, reconoce que los hombres son todos hermanos entre sí, que la vida es una administración de los bienes recibidos por Dios, por los que cada uno es responsable frente a los otros, y que el rico debe ser como un ‘ejecutor de las órdenes de Dios benefactor’”, prosiguió el Papa.

Benedicto XVI aseguró que San Basilio, en sus homilías, “ha usado también palabras valientes, fuerte, sobre este punto. Quien, de acuerdo al mandamiento de Dios, quiere amar al prójimo como a si mismo, ‘no debe poseer nada de más de lo que el prójimo posee’. En tiempo de carestía y calamidad, con palabras apasionadas el santo obispo exhortaba a los fieles a ‘no mostrarse más crueles que las bestias... apropiándose de lo que es común y poseyendo en solitario lo que es de todos’”.

“El pensamiento profundo de Basilio aparece bien en esta sugestiva frase ‘Todos los necesitados miran nuestras manos, como nosotros mismos miramos las de Dios cuando pasamos necesidad’”, prosiguió el Papa.

Tras explicar que Basilio es además uno de los Padres de la Doctrina Social de la Iglesia, el Santo Padre recordó que este Padre de la Iglesia resalta que “para mantener vivo en nosotros el amor a Dios y los hombres es necesaria la Eucaristía, alimento adecuado para los bautizados, capaz de alimentar las nuevas energías derivadas del Bautismo. Es motivo de inmensa alegría poder participar en la Eucaristía, instituida ‘para custodiar incesantemente el recuerdo de quien ha muerto y resucitado por nosotros’”.

  San Basilio  
  San Basilio

“La Eucaristía, inmenso don de Dios, tutela en cada uno de nosotros el recuerdo del sello bautismal, y permite vivir en plenitud y fidelidad la gracia del Bautismo. Por esto el santo obispo recomienda la comunión frecuente, incluso cotidiana: ‘comunicar también cada día recibiendo el santo cuerpo y sangre de Cristo es cosa buena y útil; porque Él mismo dice claramente que ‘quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna’ (Jn 6,54). ¿Quién entonces dudará de comunicarse continuamente a la vida para vivir en plenitud?’”, prosiguió el Pontífice.

“Me parece que se puede decir que este Padre de un tiempo lejano nos habla ahora de cosas importantes. Especialmente, esta participación atenta, crítica y creativa en la cultura de hoy. Este es un tiempo en el que, en un mundo globalizado, también los pueblos geográficamente distantes son nuestro prójimo realmente. Entonces, en la amistad con Cristo, el Dios hecho humano; en el conocimiento y reconocimiento de Dios Creador, Padre de todos nosotros, se podrá construir un mundo justo y fraterno”, concluyó Benedicto XVI.
La Audiencia culminó con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica impartida por el Santo Padrey los obispos presentes.

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Benedicto XVI presenta la figura de san Gregorio de Nisa

La verdadera belleza, la santidad; explica Benedicto XVI

Recogiendo la herencia de san Gregorio de Nisa

 

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 29 agosto 2007 (ZENIT.org).-
San Gregorio de Nisa

La belleza más grande que puedo caracterizar a una persona es la de la santidad considera Benedicto XVI.

A esta conclusión llegó en la audiencia general del miércoles, dedicada a hacer descubrir a los 12 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, bajo un sol aplanador, la radiante belleza de toda persona.

Lo hizo recogiendo la herencia espiritual dejada por san Gregorio de Nisa, obispo del siglo IV, «padre de la mística», que tuvo un papel decisivo en la historia del cristianismo en la definición de la divinidad del Espíritu Santo (Concilio de Constantinopla del año 381).

«La plena realización del hombre consiste en la santidad, en una vida vivida en el encuentro con Dios, que de este modo se hace luminosa también para los demás, también para el mundo», dijo al final de su intervención.

Para llegar a esta conclusión, el Papa meditó en el elogio del hombre que escribió san Gregorio.

«El cielo no fue hecho a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni nada de lo que aparece en la creación», decía el santo, hermano de san Basilio y de santa Macrina.

«Sólo tú (alma humana) --añadía-- has sido hecha a imagen de la naturaleza que supera toda inteligencia, semejante a la belleza incorruptible, huella de la verdadera divinidad, espacio de vida bienaventurada, imagen de la verdadera luz».

Y el padre y doctor de la Iglesia, explicaba: «Si con un estilo de vida diligente y atento lavas las fealdades que se han depositado en tu corazón, resplandecerá en ti la belleza divina… Contemplándote a ti mismo verás en ti al deseo de tu corazón y serás feliz».

Padres Capadocios

 Benedicto XVI invitó a los peregrinos a ver «cómo el hombre ha quedado degradado por el pecado. Y tratemos --les alentó-- de volver a la grandeza originaria: sólo si Dios está presente, el hombre alcanza su verdadera grandeza».

«El hombre, por tanto, reconoce dentro de sí el reflejo de la luz divina: purificando su corazón, vuelve a ser, como era al inicio, una imagen límpida de Dios, Belleza ejemplar», añadió.

«El hombre tiene, por tanto, como fin la contemplación de Dios --dijo por último el obispo de Roma--. Sólo en ella podrá encontrar su plenitud. Para anticipar en cierto sentido este objetivo ya en esta vida tiene que avanzar incesantemente hacia una vida espiritual, una vida de diálogo con Dios».

Con su meditación, el Papa continúa con la serie de intervenciones sobre las grandes figuras de los orígenes de la Iglesia.

+ info - SAN GREGORIO DE NISA 

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San hilario

Fortaleza y mansedumbre, secreto para defender y anunciar la fe

Dice elPapa al presentar el ejemplo de san Hilario de Poitiers

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 10 octubre 2007 (ZENIT.org).-

  San Hilario  
  San Hilario

Anunciar y defender la verdadera fe requiere fortaleza y mansedumbre, considera Benedicto XVI.

Así lo explicó al presentar la figura de san Hilario de Poitiers, doctor de la Iglesia, fallecido en torno al año 368, quien se convirtió en uno de los grandes defensores de la divinidad de Jesús ante la herejía arriana que veía en él una criatura.

Como el mismo Papa explicó, Hilario tuvo un papel decisivo para que Galia, la antigua Francia, la hija primogénita de la Iglesia, mantuviera su fidelidad a la fe de los apóstoles, particularmente en el sínodo de París, celebrado en el año 360 o en el 361.

«Algunos autores antiguos consideran que este cambio antiarriano del episcopado de Galia se debió en buena parte a la fortaleza y mansedumbre del obispo de Poitiers», constató el Papa.

«Esta era precisamente su cualidad: conjugar la fortaleza en la fe con la mansedumbre en la relación interpersonal», explicó.

De hecho, el mensaje central de la obra teológica que ha dejado escrita Hilario de Poitiers es ante todo un mensaje de amor.

«Dios sólo sabe ser amor, y sólo sabe ser Padre. Y quien ama no es envidioso, y quien es Padre lo es totalmente», decía el obispo según uno de sus escritos retomados por el Santo Padre.

 
   
  Interior de la Iglesia de San Hilario en Potiers
 

«Por este motivo, el Hijo es plenamente Dios sin falta o disminución alguna», decía Hilario, recordó el pontífice.

«Quien procede del perfecto es perfecto, porque quien lo tiene todo le ha dado todo», afirmaba el doctor de la Iglesia. «Sólo en Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, encuentra salvación la humanidad».

La meditación del Papa continuó con la serie de intervenciones de los miércoles sobre las grandes figuras del inicio del cristianismo.

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San jerónimo

“Dios habla a cada uno en la Sagrada Escritura”


Según Benedicto XVI,  San Jerónimo nos enseña a«amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura».

CIUDAD DEL VATICANO, 7 NOV 2007 (VIS).-

  San Jerónimo  
   

Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a San Jerónimo. La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro y contó con la presencia de 40.000 personas.

San Jerónimo, nacido alrededor del 347, "puso en el centro de su vida la Biblia: la tradujo en lengua latina, la comentó en sus obras y sobre todo se comprometió a vivirla concretamente en su existencia terrena", explicó el Papa.

Este Padre de la Iglesia, de familia cristiana, "recibió en Roma una esmerada formación (...) y una  vez bautizado (...) se orientó hacia la vida ascética (...) y partió para Oriente, viviendo como eremita en el desierto. Perfeccionó el griego, (...) estudió el hebreo y transcribió códices y obras patrísticas" y "la meditación, la soledad y el contacto con la Palabra de Dios hicieron madurar su sensibilidad cristiana".

De vuelta a Roma, el Papa Dámaso lo tomó como secretario y consejero. Muerto el pontífice, Jerónimo peregrinó a Tierra Santa y Egipto y se asentó en Belén, donde permaneció hasta su muerte (419/420) "desarrollando siempre una intensa actividad".

En Belén, San Jerónimo "comentó la Palabra de Dios, defendió la fe oponiéndose con vigor a diversas herejías; exhortó a los monjes a la perfección; enseñó la cultura clásica y cristiana a sus jóvenes alumnos y acogió con solicitud pastoral a los peregrinos que visitaban la Tierra Santa".

  San Jerónimo  
   

"Su preparación literaria y su vasta erudición -dijo el Santo Padre- le permitieron la revisión y traducción de muchos textos bíblicos: una tarea preciosa para la Iglesia latina y para la cultura occidental".

Recordando que la gran aportación del santo es "la llamada Vulgata: el texto oficial de la Iglesia latina, reconocido como tal en el Concilio de Trento", el Papa comentó los criterios elegidos por Jerónimo para la traducción, como el de "respetar incluso el orden de las palabras en las Sagradas Escrituras", porque en ellas hasta ese orden, como escribe Jerónimo, "esun misterio", es decir, "una revelación".

Jerónimo reafirma también "la necesidad de recurrir a los textos originales: (...) el griego para el Nuevo Pacto" y "el hebreo" para el Antiguo Testamento. "Así -explica el santo- todo lo que surge de la fuente lo podemos encontrar en los arroyos".

Para él además, observó el Santo Padre, los comentarios de los textos "deben ofrecer diversas opiniones para que "el lector, (...) después de haber leído las diversas explicaciones, (...) juzgue cual es la más fiable".

El autor de la Vulgata "confutó con energía y vivacidad a los herejes que contestaban la tradición y la fe de la Iglesia" y "demostró la importancia y la validez de la literatura cristiana, digna de confrontarse con la clásica, transformada en una verdadera cultura cristiana".

"De Jerónimo debemos aprender a amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura  porque ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo", dijo el Papa. Por eso, es importante "vivir en contacto y en diálogo vivo" con ella.

  San Jerónimo  
   

"Este diálogo -explicó- debe tener dos dimensiones. Por una parte, debe ser un diálogo realmente personal (...) porque Dios tiene un mensaje para cada uno de nosotros.   Debemos leer las Escrituras no como palabras del pasado sino como palabra de Dios que habla también conmigo y tratar de entender qué me dice el Señor".

Ahora bien, "para no caer en el individualismo debemos tener presente que la Palabra de Dios se nos da para construir comunión para unirnos en esta verdad, en este camino. (...) La Palabra de Dios, aunque sea siempre personal, es siempre una palabra que construye (...) Iglesia. Por eso, debemos leerla siempre en comunión con la Iglesia viva. El lugar privilegiado de la escucha de la Palabra de Dios es la liturgia".

"La palabra de Dios trasciende el tiempo -concluyó el pontífice-. Las opiniones humanas van y vienen. (...) La Palabra de Dios es palabra de vida eterna. Lleva en sí la eternidad, lo que es válido para siempre".

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san efrén

El cristianismo no es una religión europea, aclara el Papa

Al presentar la figura de san Efrénde Siria

CIUDAD DEL VATICANO, 28 NOV 2007 (ZENIT.org).-

  San Efrén de Siria  
  San Efrén de Siria

El cristianismo no es una religión europea, su origen está en Jerusalén y ha tenido un desarrollo histórico decisivo en Asia que es importante redescubrir, explicó Benedicto XVI este miércoles.

El Santo Padre aclaró prejuicios al presentar a los 8.000 peregrinos que participaron en la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI, la figura de san Efrén de Siria (306-373), el más grande de los Padres de la Iglesia siríacos, así como el poeta más renombrado de toda la época patrística.

«Según una opinión común hoy, el cristianismo sería una religión europea, que habría exportado la cultura de este continente a otros países», comenzó diciendo el Santo Padre.

«Pero la realidad es mucho más compleja, pues la raíz de la religión cristiana se encuentra en el Antiguo Testamento y, por tanto, en Jerusalén y en el mundo semítico. El cristianismo se alimenta siempre de esta raíz del Antiguo Testamento», subrayó.

«Su expansión en los primeros siglos tuvo lugar tanto hacia occidente, hacia el mundo greco-latino, donde después inspiró la cultura Europa, como hacia oriente, hasta Persia, la India, ayudando de este modo a suscitar una cultura específica, con lenguas semíticas, y con una propia identidad», indicó.

Para mostrar esta multiformidad cultural de la única fe cristiana, el Papa ha comenzado a presentar en su serie de reflexiones sobre las grandes figuras del cristianismo, a exponentes asiáticos. El miércoles anterior había hablado de Afraates el sabio persa del siglo IV.

En esta ocasión, se concentró en san Efrén, quien ha pasado a la historia del cristianismo como «cítara del Espíritu Santo», en referencia a la seductora belleza poética de sus escritos.

«Ordenado diácono --recordó el obispo de Roma--, vivió intensamente la vida de la comunidad local hasta el año 363, en el que Nísibis cayó en manos de los persas. Entonces Efrén emigró a Edesa, donde continuó predicando. Murió en esta ciudad en el año 373, al quedar contagiado en su obra de atención a los enfermos de peste».

En su cultura y expresión siríaca, añadió el pontífice, «se puede ver la común y fundamental identidad cristiana: la fe, la esperanza --esa esperanza que permite vivir pobre y casto en este mundo, poniendo toda expectativa en el Señor-- y por último la caridad, hasta ofrecer el don de sí mismo en el cuidado de los enfermos de peste».

Lagran contribución de Efrén a los cristianos de hoy, como señaló Benedicto XVI, se resume en su originalidad: «su teología se hace liturgia, se hace música: de hecho, era un gran compositor, un músico».

  San Efrén de Siria  
 
San Efrén de Siria

«Teología, reflexión sobre la fe, poesía, canto, alabanza a Dios, van juntos». Y lo hace con el talento sirio, siguiendo «el camino de la paradoja y del símbolo».

El poeta sirio «confiere a la poesía y a los himnos para la Liturgia un carácter didáctico y catequético», algo que sigue siendo necesario hoy día.
Lo hace, por ejemplo, al hablar de Dios creador: «en la creación no hay nada aislado, y el mundo es, junto a la Sagrada Escritura, una Biblia de Dios».

«Al utilizar de manera equivocada su libertad, el hombre trastoca el orden del cosmos. Para Efrén, dado que no hay Redención sin Jesús, tampoco hay Encarnación sin María», dijo el papa sintetizando su teología.

Hablando al final en español, el Papa aclaró que «la presencia de Jesús en el seno de María le lleva a considerar la altísima dignidad y el papel fundamental de la mujer».

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de san cromacio

ADVIENTO, TIEMPO PARA EXPERIMENTAR EL AMOR DE DIOS; EXPLICA EL PAPA

Recuerda en la audiencia general el testimonio y obras de San Cromacio

CIUDAD DEL VATICANO, 5 DIC 2007 (ZENIT.org).-

  Área arqueológica de Aquileia  
  Área arqueológica de Aquileia

Adviento, el período litúrgico de preparación para la Navidad, es tiempo para experimentar el amor de Dios, considera Benedicto XVI.

Fue la conclusión a la que llegó este miércoles en la audiencia general dedicada a presentar la figura de san Cromacio, quien a finales del siglo III e inicios del siglo IV fue obispo de Aquileya, enorme diócesis del norte de Italia, cuyo territorio llegaba hasta la actual Suiza, Baviera, Austria, Eslovenia y Hungría.

En su meditación, expuesta en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Papa hizo actuales algunos de los escritos de este obispo, considerado por san Juan Crisóstomo como uno de los tres más importantes de la Iglesia en occidente.

«Invoquemos al Señor con todo el corazón y con toda la fe --recomienda el obispo de Aquileya en un Sermón--, pidámosle que nos libere de toda incursión de los enemigos, de todo temor de los adversarios», leyó el Papa citando alguno de sus textos.

«San Cromacio nos recuerda que el Adviento es tiempo de oración, en el que es necesario entrar en contacto con Dios», constató el Papa.

«Dios nos conoce, me conoce, conoce a cada uno de nosotros, me ama, no me abandona. Sigamos adelante con esta confianza en el tiempo litúrgico recién comenzado», aseguró.

El Papa releyó esta recomendación de san Cromacio a sus fieles para recomendarles confianza en Dios en a oración: «Que no tenga en cuenta nuestros méritos, sino su misericordia, Él que también en el pasado se dignó liberar a los hijos de Israel no por sus méritos, sino por su misericordia. Que nos proteja con su acostumbrado amor misericordioso».

La intervención del Papa continúa con su serie de intervenciones sobre las grandes figuras de los orígenes del cristianismo que está ofreciendo en su tradicional encuentro con los peregrinos del miércoles.

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Vida y obras de San Cromacio

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El Papa propone redescubrir la Navidad para no perder su sentido

Última audiencia general del año 2007

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 19 diciembre 2007 (ZENIT.org)

  san pablo  
  Benedicto XVI

Benedicto XVI ha propuesto redescubrir el sentido de la Navidad, Dios que se hace Niño, pues de lo contrario esta fiesta pierde su sentido.

«Que la Navidad sea para todos la fiesta de la paz y de la alegría: alegría por el nacimiento del Salvador, Príncipe de la paz», deseó al concluir la última audiencia general del año 2007.

Según explicó el Santo Padre a los miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI, «en Belén se manifestó al mundo la Luz que ilumina nuestra vida; se nos reveló el Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra humanidad».

«Si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ¿qué sentido tiene celebrar la Navidad? La celebración se vacía», reconoció.

«Ante todo --subrayó--, nosotros, los cristianos, tenemos que reafirmar con convicción profunda y sentida la verdad de la Navidad de Cristo para testimoniar ante todo la conciencia de un don gratuito que es riqueza no sólo para nosotros, sino para todos».  

Al acercarse la Navidad, el Papa pidió rezar «para que se realicen las esperanzas de paz, de salvación, de justicia, de las que el mundo tiene necesidad urgente».

«Pidamos a Dios que la violencia se venza con la fuerza del amor, que los malos entendidos cedan el paso a la reconciliación, que la prepotencia se transforme en deseo de perdón, de justicia y de paz», exhortó.

El Papa deseó que «el augurio de bondad y de amor que nos intercambiamos en estos días llegue a todos los ambientes de nuestra vida cotidiana».

«Que la paz more en las familias y puedan pasar la Navidad unidas ante el Nacimiento y el árbol adornado iluminado», siguió deseando.

  San Pablo en su predicación  
   

«Que el mensaje de solidaridad y de acogida que procede de la Navidad contribuya a crear una profunda sensibilidad hacia las antiguas y nuevas formas de pobreza, hacia el bien común, en el que todos estamos llamados a participar», añadió.

«Que todos los miembros de la comunidad familiar, en especial los niños y los ancianos, las personas más débiles, puedan sentir el calor de esta fiesta, y que se dilate después durante todos los días del año», añadió.

El anuncio de este mensaje, concluyó, es la esencia de la evangelización, que ha sido presentada por la «Nota doctrina sobre algunos aspectos de la Evangelización», recién publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El obispo de Roma la quiso presentar como motivo de «profundización personal y comunitaria».

Según una nota de la Prefectura de la Casa Pontificia, en las 44 audiencias generales que ha celebrado Benedicto XVI en 2007 han participado 624.100 personas.

 

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