Un milagro en medio de la destrucción de Mosul: la iglesia de Santo Tomás que data del siglo VII sigue en pie a pesar de que ha sido testigo de las batallas más brutales en la toma de la ciudad por parte del gobierno Iraquí
Con Mosul liberada, la gran pregunta es si los cristianos podrán volver a los lugares que tuvieron que dejar precipitadamente la noche del 9 de Junio del 2014.
“En este momento ni los cristianos ortodoxos ni los cristianos caldeos podemos volver a Mosul. Primero, porque la vuelta no es segura; segundo, porque nuestras familias han perdido la confianza en los musulmanes, los otros componentes sociales de la ciudad; y tercero, no hay todavía los servicios básicos de electricidad o agua para seguir viviendo allí”.
El padre Al-Sabbagh tuvo que huir a Erbil en el Kurdistán iraquí, junto a miles de cristianos. Estos cristianos no se plantean por ahora volver porque necesitarían más garantías de seguridad, aunque han visto que, de parte de algunos vecinos musulmanes, hay señales de buena voluntad.
“Hemos visto algunos grupos de jóvenes musulmanes que entraron en las iglesias para limpiarlas. El ejército iraquí también hizo una cruz y la elevó sobre uno de los monasterios, y han puesto dentro de la ciudad un anuncio dando la bienvenida a los hermanos cristianos, pero eso no basta para justificar lo que ha pasado”.
Y lo que ha pasado es que muchos de sus vecinos musulmanes guiaron al ISIS hasta sus casas. Por eso, aunque pudieran regresar, sienten que recuperar la convivencia llevará años.
“Los cristianos piensan que si los otros nos rechazan, ¿cómo vamos a convivir con ellos o a volver a compartir la misma tierra? (flash) Lo que hemos visto fue muy duro pero, gracias a Dios, nuestras familias lo entendieron y dejaron todo por salvar su fe. La Iglesia ha podido en estos 3 años llevar a cabo su misión con amor y alegría”.
Desde Erbil, este párroco pide a los cristianos de Occidente que no se olviden de los de Mosul, donde desde hace 3 años no hay ninguna presencia cristiana por primera vez en siglos. Insiste en esta idea porque las ayudas económicas son importantes pero lo más importante aún es sentir la cercanía de otros cristianos del mundo.
Mi familia no era rica, no estoy acostumbrado a las vacaciones
Para el Papa Wojtyla, vacaciones querían decir montaña, de preferencia alta, con largas caminatas y mucho silencio contemplativo. Para Benedicto XVI, vacaciones eran lectura, principalmente, estudio y tocar el piano, en la montaña o en Cartel Gandolfo. Para su sucesor, Francisco, vacaciones es relajar el ritmo de los compromisos cotidianos, las audiencias y las celebraciones, pero sin alejarse de casa. Y así, la histórica residencia para los periodos estivos de los Pontífices (a la que Juan Pablo II mandó añadir una alberca, para poder nadar si que lo molestaran) no es utilizada por su titular «pro-tempore», por lo que se ha convertido en un museo abierto al público.
Las últimas vacaciones, entendidas como un periodo fuera de casa, las tuvo Jorge Mario Bergoglio en los años 70. Desde entonces, el actual Pontífice siempre ha preferido vivir el tiempo del verano sin alejarse de su residencia habitual ni de su ciudad. Relajando los ritmos del trabajo cotidiano, pero sin desplazarse a otro sitio.
En la familia Bergoglio no se iban de vacaciones: «Nosotros no éramos ricos, llegábamos a fin de mes normalmente, pero nada más. No teníamos un coche, no nos íbamos de vacaciones o esas cosas», contaba el futuro Papa. Es más, el padre de Jorge Mario deseaba que su hijo encontrara un trabajo durante la pausa escolar. Primero trabajó en una fábrica de calcetines, en donde comenzó con la limpieza. Al tercer año de trabajo le encomendaron algunas tareas administrativas. Durante los años siguientes Bergoglio estudiaba y trabajaba al mismo tiempo en un laboratorio químico. La decisión de no irse de vacaciones se relaciona, pues, con una costumbre que adquirió desde que era niño y luego chico.
Francisco habló sobre sus vacaciones durante el vuelo de regreso de Corea del Sur, en 2014: «Tuve vacaciones, ahora, en casa, como hago normalmente, porque… una vez, leí un libro, interesante, el título era: “¡Alégrate por ser neurótico!”. Yo también tengo dos neurosis… Una de ellas es que soy un poco demasiado apegado al hábitat. La última vez que me fui de vacaciones fuera de Buenos Aires, con la comunidad jesuita, fue en 1975. Luego, siempre tengo vacaciones (¡de verdad!), pero en el hábitat: cambio el ritmo. Duermo más, leo cosas que me gustan, escucho música, rezo más… Y esto me reposa».
Bergoglio se levanta un poco más tarde con respecto a las 4.45 a las que normalmente suena su despertador, celebra la misa en privado (sin la participación de la gente), no hace las Audiencias generales. La única cita con los fieles es el Ángelus dominical. Hay más tiempo para encuentros y coloquios con las personas amigas, pero no falta el estudio sobre casos o la preparación de los discursos para los viajes.
Mientras tanto, en Castel Gandolfo, en lugar del Papa ahora está la gente. Antes podían entrar los jefes de Estado y otras altas jerarquías eclesiásticas. En cambio, desde octubre del año pasado, quien quiera puede entrar y visitar la sobria habitación de los Pontífices y observar la cama de un sitio y medio en la que fallecieron Pío XII y Pablo VI, puede ver los teléfonos «Sip» que utilizaban los obispos de Roma, el sofá y el sillón de la biblioteca en los que se sentaron, frente a frente, Bergoglio y Ratzinger, y la mesita en la que apoyaron las cajas con los documentos de «Vatileaks».
Jesús enseña con su actitud y su predicación lo más positivo de la mujer
Jesús trata siempre con extremada delicadeza y respeto a la mujer. Vive las medidas de prudencia adecuadas para no escandalizar y dar buen ejemplo; pero no deja de conceder atención e importancia a la mujer en su predicación y en el nuevo reino.

Pero lo que llama la atención es que forman un grupo separado de los discípulos, que también siguen al Señor y le ayudan de diversas maneras. Ellas se saben bien tratadas por Jesús, y esto contrasta con la consideración que recibían en aquellos tiempos en casi todas las culturas, y de un modo especial en Israel.
Sorprende la discriminación, - casi el desprecio-, con que son tratadas las mujeres en la Roma y en Grecia clásicas, tan avanzadas en otros aspectos. Pero lo mismo se puede decir de otras culturas de aquel tiempo.
Todo esto contrasta con la conducta de Jesús. El hecho de llevar un grupo de discípulas es bien diferente de la costumbre de los rabinos que sólo hombres admitían como discípulos. Jesús enseña y se deja servir de ellas, prácticamente lo único que podían hacer por Él, además de creer y seguirle.
Jesús enseña con su actitud lo más positivo de la mujer: su fortaleza para amar, y su fe sencilla y profunda. Rechaza el desprecio y la marginación indisimulada en lugares secundarios. La mujer tiene un papel distinto del varón, en unascuestiones del mismo valor, en otras distinto.
Cierto que Jesús no las elige para ser sacerdotes de la nueva Alianza, pero también es cierto que tienen una primacía en el orden del amor, como se verá al pie de la cruz y en la resurrección. Desde el principio María, su Madre, ocupa en la salvación un lugar privilegiado: el primero después de Cristo.
Ella es la representante de la humanidad en el momento previo a la Encarnación, y llega ser la Madre que engendra en el tiempo a la persona del Verbo. Ella será la Madre de todos los hombres por especial designio divino. No cabe mayor grado de dignidad.
Sin embargo, la actitud de Jesús respecto a la mujer será criticada y le acusan, con mente pervertida, de aceptar y comer con pecadores y prostitutas. Sucio modo de mirar el amor limpio y sano.
Enrique Cases
“Tres años con Jesús”
Ediciones internacionales universitarias

El santuario franciscano de Betfagé fue restaurado hace dos años para acoger mejor a los grupos de peregrinos. Fray Agustín cuenta su historia: «En 1876 un pastor beduino encontró por casualidad en este lugar un monolito de época bizantina con un fresco de época cruzada». De hecho, la monja y escritora Egeria, que viajó por Tierra Santa entre los años 381 y 3884, menciona un pequeño santuario como conmemoración del lugar en el que Jesús se encontró con Marta.

En la época, era la encrucijada entre el camino que unía Jericó con Jerusalén y que llevaba de Betania a Jerusalén. Por eso, la Custodia compró el terreno y construyó en él un santuario sobre la estructura cruzada, a finales del siglo XIX. «Es más una casa que una iglesia, porque bajo el Imperio otomano estaba prohibido construirlas», explica el padre Pelayo: «Solo después se añadió el ábside y, en 1955, el arquitecto Barluzzi completó la restauración. El diseño, representando el ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén, pintado por los cruzados sirvió para que Barluzzi tomara la idea de la torre medieval para la fachada de la iglesia».

El fresco cruzado, que dataría de 1160, está siendo restaurado después de haber estado más de 700 años bajo tierra: «Es uno de los raros frescos en los que se ven los rostros de los personajes, porque fue descubierto más tarde y los musulmanes no tuvieron tiempo de borrarlos». En el jardín del santuario los peregrinos pueden admirar también una tumba con una piedra corrediza que data del siglo I al IV, que permite imaginar cómo pudo ser la sepultura de Nuestro Señor.
Los franciscanos llegaron a tener en Betfagé una explotación agropecuaria, con vacas, cerdos, ovejas y conejos, y producían jamón, queso y lácteos «que después repartían por el resto de conventos de Jerusalén con un asno».
Ahora la Custodia ha preferido construir la Residencia San Francisco para ayudar a los fieles católicos de la zona, que encuentran difícil hallar una vivienda a un precio razonable. «Somos sesenta y ocho familias católicas y vivimos aquí desde 2010», explica Samir Hodali, diácono de la parroquia que vive en la Residencia. Betfagé depende de la parroquia latina de Jerusalén, cuya iglesia principal es San Salvador.
Jesús restablece para siempre la nobleza de la mujer, como nadie nunca se había atrevido a hacerlo, como nadie nunca lo hará.
Todo el Evangelio está regado de pasajes en los que relumbra el trato delicado y enaltecedor que Jesús brinda a las mujeres; un trato que, sin duda, hubo de resultar incómodo a sus discípulos –como en varias ocasiones queda reflejado– y escandaloso a sus contemporáneos. Incomodidad y algo de bochorno sienten los discípulos, por ejemplo, en la unción de Betania, cuando Jesús permite que María, la hermana de Lázaro y de Marta, le derrame sobre los pies una libra de perfume de nardo; un gesto confiado, de una naturalidad candorosa, que a los ojos severos de un puritano de la época –de cualquier época, en realidad– podía alimentar cuchicheos y maledicencias.
Y escándalo debieron de sentir sus contemporáneos cuando Jesús impide que la mujer adúltera sea apedreada, como exigía la ley de Moisés. En ambos gestos descubrimos una corriente de complicidad que desafía las convenciones establecidas, un desafío jovial a los usos sociales, una suerte de alegre desdén hacia todas las cortapisas y escollos que se interponen en la generosa fluencia entre dos espíritus nobles.
Porque lo que más atrae de Jesús en estos pasajes es su capacidad para descubrir nobleza en donde otros, entorpecidos por las legañas de los prejuicios, sólo descubren indecencia o pecado; una nobleza quizá aturullada, quizá arañada por debilidades y claudicaciones, pero nobleza a fin de cuentas, dispuesta a vindicarse y a recuperar su sitio.
El diálogo que Jesús mantiene con la samaritana en el pozo de Jacob llena de perplejidad a sus discípulos. Ahora ya no sólo les ofende que converse con una mujer a solas, actitud que debía de juzgarse indecorosa, sino que además esa mujer sea natural de Samaria, la región cuyos habitantes eran execrados por sus heterodoxias. En ese diálogo, Jesús no evita la ironía piadosa; y la emplea, además, en un punto en el que la samaritana estaría acostumbrada a recibir las reconvenciones más agrias y destempladas.
«Llama a tu marido», le dice; a lo que la samaritana responde que no tiene marido. «Bien has dicho –asiente Jesús–; porque maridos has tenido cinco, y el que ahora tienes no lo es.» La samaritana debió entonces de abrir los ojos como platos. ¡Aquel extraño sabía que había sido mujer de cinco maridos y, en lugar de rehuirla como a una apestada, entablaba amistoso coloquio con ella! Aquí el Evangelio no hace comentario alguno; pero siempre que leo este pasaje imagino el natural desconcierto que a la samaritana debió de producirle la "adivinación"" de Jesús; un desconcierto que tal vez terminase en sonrisa, al reparar en el rostro afable de Jesús.
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| Jesús con María Magdalena | |||
¿De dónde salía aquel tipo que la aceptaba sabiendo lo que era, como si su pasado no le importara, como si ese pasado hubiese sido fulminantemente borrado por el agua que le prometía? La samaritana debió de notar entonces la acción misteriosa de la gracia, que golpea sin desmayo a nuestra puerta, sin importarle demasiado nuestras debilidades; o, importándole tanto, que a todas ellas las abraza, con calidez incombustible. E, inevitablemente, tuvo que sonreír: con pudor, con gratitud, con incalculable alegría.
Pero donde la simpatía franca que Jesús emplea con las mujeres desborda la medida de lo previsible y alcanza el colmo, para hacerse subversiva, es en la jornada de su resurrección. El testimonio prestado por mujeres carecía de valor en aquella época, tanto para la ley mosaica como para el derecho romano; y, sin embargo, Jesús quiere que sean mujeres quienes anuncien el acontecimiento más importante de su paso por la tierra, el acontecimiento que justifica la fe que ha venido a fundar.
Fueron, en efecto, mujeres quienes acudieron al sepulcro vacío, cargadas de bálsamos ya inútiles; fueron mujeres las primeras que lo vieron resucitado: primero, su madre, de quien sin duda había aprendido a tratar a las mujeres con franqueza; después, la Magdalena y el grupito femenino que lo acompañaba desde Galilea. En esta elección hay, desde luego, una recompensa a la lealtad (ellas habían sido quienes permanecieron en el Gólgota, al pie de la cruz, mientras los discípulos tomaban las de Villadiego); pero hay también un corte de mangas a los prejuicios de la época.
A Jesús no se le podía escapar que nadie iba a prestar crédito al testimonio de aquellas mujeres; y que, por ello mismo, el anuncio de su resurrección iba a resultar mucho más problemático, como algunos días más tarde él mismo tendría ocasión de comprobar, camino de Emaús. En ese magnífico, grandioso, exultante corte de mangas a los prejuicios de la época, Jesús restablece para siempre la nobleza de la mujer, como nadie nunca se había atrevido a hacerlo, como nadie nunca lo hará.
Artículo de Juan Manuel de Prada en XLSemanal

En el Santo Sepulcro, la atmósfera era de recogimiento. Como cada año desde 1149 los religiosos y los peregrinos se han unido a los frailes franciscanos para conmemorar, junto a la diócesis de Jerusalén, el aniversario de la inauguración de la basílica.
La misa solemne fue celebrada - delante y en el interior del edículo - por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, con la asistencia del vicario custodial, fray Dobromir Jasztal y del presidentedel Santo Sepulcro, fray Zacheusz Drazek.
La celebración se remonta a la época cruzada, cuando estos bendijeron el edificio que acababan de reconstruir. No nos engañemos, no se pretende rendir homenaje a los cruzados. Esta celebración quiere mostrar como centro del mundo la basílica de la Resurrección de Cristo.
“Vivimos en un mundo en el que la violencia y el odio parecen ganar, pero la tumba vacía nos recuerda que el odio y la muerte ya han sido vencidos” señalaba el Custodio en su homilía. “A pesar de ello, el testimonio de nuestra fe en Jesús, muerto y resucitado por nosotros, supone algo más, significa que debemos ser sus testigos en nuestra vida cotidiana. Eso también significa que podemos hablar de nuestra fe en Jesucristo muerto y resucitado por nosotros”. Continuaba antes de concluir: “Que el Espíritu del Señor nos permita recordar y dar testimonio de todo lo que se ha cumplido aquí”.
“Aquí, en Tierra Santa, todo cobra vida” expresaba emocionada Elisha, joven peregrina de Canadá. “Sí, aquí todo cobra vida, no solo las palabras del Evangelio sino también nuestras oraciones”.
“El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres”.
Se trata, afirma en la introducción, de “un imperativo que ningún cristiano puede ignorar”, sobre todo teniendo en cuenta el contraste “entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos”. Así de claro lo dice Francisco: “El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres”.
No se trata de un mero sentimiento de compasión más o menos auténtico que surge de nosotros; sino de una respuesta de amor a la entrega de Jesús por nosotros, que comienza por la acogida de la gracia de Dios, de su caridad misericordiosa, de manera que nos transforme por dentro, que nos mueva a las obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.
Así lo entendieron desde el principio los primeros cristianos, haciendo suyas las enseñanzas de Jesús (cf. Mt 5, 3; Hch 2, 45; St 2, 5- 6, 14-17). Pero observa el Papa: “Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana”. Con todo, el Espíritu Santo ha asistido siempre a la Iglesia para recordarle los aspectos más esenciales del mensaje cristiano. Y no han faltado cristianos —como Francisco de Asís— que han dado su vida en servicio de los más pobres.
Y nos advierte Francisco: “No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia”. Reconoce que estas experiencias son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan; pero deberían introducirnos a “un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida”.
Se trata, sigue explicando, de las consecuencias de la auténtica oración, de la conversión y de la caridad, que llevan a la alegría y la serenidad espiritual cuando se toca con la mano “la carne de Cristo” en sus pobres. Es un argumento muy querido por Francisco, que retoma aquí en conexión central con la presencia de Cristo en la Eucaristía. Como dice el himno escrito por Tomás de Aquino, él es para nosotros como el "Pan de los ángeles" (Panis angelicus), pobre y humilde. Y así lo han cantando Pavarotti y Sting.
“Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles”. El Papa considera siempre actuales las palabras del santo obispo Crisóstomo: “Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez” (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).
Y traduce Francisco para nosotros: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma”. Es lo que Bossuet llamaba la "eminente dignidad de los pobres".
El Papa argumenta sobre la pobreza no solo como situación de necesidad que hemos de tratar de resolver, sino también como virtud cristiana. Para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo una llamada, esto es, una “vocación para seguir a Jesús pobre”. Es un caminar que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). Significa, en palabras de Francisco, “un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales”. La virtud de la pobreza es “una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad”.
En este sentido –que comporta un desprendimiento concreto y una moderación en las cosas que usamos y tenemos, junto con la atención a los más necesitados– dice Francisco que la pobreza “crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia”. Nos da la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).
Insiste el Papa en esas dos dimensiones: por un lado, la virtud cristiana de la pobreza como actitud de desprendimiento y buen uso de los bienes materiales. A la vez, “la opción fundamental” por los pobres, el amor efectivo a los más necesitados, que lleva a esforzarse por ayudarlos de muchas maneras: “Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación”. Es la llamada, fuerte y apremiante, que Francisco hace a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad, que sienten en el corazón la urgencia de mejorar el mundo que hoy nos toca vivir, para entregarlo más humanizado a las generaciones futuras. Ya Juan Pablo II deseaba una mayor sensibilidad social entre los cristianos.
Incluso a los pobres, sea en sentido material o en sentido cultural, les señala la importancia de vivir cara a Dios y dar un testimonio cristiano, mientras procuran salir de su situación con nuestra ayuda: “A los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida”
Todo ello nos interpela a diario de muchas maneras. Por eso no podemos quedarnos inactivos o “resignados”, sino que debemos reaccionar y responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad. No podemos poner “peros” ni “condiciones”. Y hay que reconocer que en muchos aspectos nos falta tanto por andar en este terreno.
Pues bien, he aquí este gesto del Papa, simbólico si se quiere llamar así, pero importante, de instituir, como fruto y continuación del Jubileo de la Misericordia, una Jornada Mundial de los Pobres, destinada a estimular nuestra reacción ante los pobres, como cristianos y como personas.
En la línea de los signos, el Papa manifiesta además algunos deseos bien concretos: que en la semana anterior a esa Jornada se organicen encuentros de solidaridad y ayuda concreta; que se invite a los pobres y a los voluntarios a participar conjuntamente en la Eucaristía, como signo de la realeza de Cristo, que es realeza de servicio y de pobreza, en las que se manifiesta el poder del Amor; que se alimente a los pobres del vecindario, como invitados de honor de una mesa compartida por todos.
A ellos, a los pobres mismos, se les pide que, con su confianza y disposición, nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente, es decir, con sobriedad y alegría abandonados a la providencia de Dios, siempre sobre el fundamento de la oración, pues en el Padrenuestro pedimos el “pan” que se asocia a la responsabilidad común.
A todos nos pide Francisco que apoyemos para que con esta Jornada mundial se establezca “una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo”; que se convierta para nuestra conciencia creyente “en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda”. “Los pobres —asegura— no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”.
¿Cuál es la verdadera «gran fuerza de la Iglesia» universal? «Las pequeñas iglesias perseguidas».
Y los cristianos son el grupo más perseguido. Lo comunicó Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), fundación de derecho Pontificio que nació en 1947 para apoyar a la Iglesia en todo el planeta, con particular atención por las iglesias perseguidas. Estudiando 196 naciones, AIN ha medido la “temperatura” de la tranquilidad y de las posibilidades con las que se puede vivir el propio credo y participar en ritos de oración. De esta manera ha tomado una “fotografía” que se puede consultar en el Informe 2016 sobre la libertad religiosa en el mundo. El documento muestra que los principales responsables de la violación del derecho de practicar la propia fe no son los gobiernos, sino las diferentes organizaciones militantes y fundamentalistas.
El régimen más duro contra los creyentes es Corea del Norte, definida por AIN como «feroz». Se cree que en los campos de trabajo hay alrededor de 200 mil prisioneros. Entre ellos hay un número elevado (tal vez el 10%, pero no es posible precisarlo) de cristianos, detenidos o encarcelados por haber poseído una Biblia o por haber participado en celebraciones. Hay sacerdotes acusados de subversión y condenados a trabajos forzados por haber ejercido su actividad religiosa; hay mujeres condenadas a muerte por haber puesto en circulación la Sagrada Escritura; a veces, son encerrados también los familiares de los «culpables» porque existe el delito de culpa por asociación.
Situaciones particularmente dramáticas se viven en el norte de Irak, en donde son perseguidos los yazidíes, además de los cristianos, y en Eritrea.
El Informe, que llega a su XII edición, presenta una nueva categoría de clasificación, consecuencia de un «nuevo fenómeno de violencia de carácter religioso»: el «hiperextremismo islámico». Se trata de los hombres del llamado Estado Islámico de al Baghdadi en la zona de Irak y Siria, de los integrantes de Boko Haram que pretende descristianizar el norte de Nigeria, de al Shabaab en Somalia y en ciertas regiones de Kenya. Este peligro difundido amenaza a todos «porque las víctimas de esta categoría han sido 5 países en el mundo» durante los últimos años. Entre otras cosas «el extremismo islámico y el hiperextremismo –indica el Informe– observados en países como Afganistán, Somalia y Siria, representan un factor clave del masivo incremento del número de refugiados en el mundo».
En relación con los cristianos, AIN subraya el peligro de que desaparezcan del Medio Oriente, además de ser eliminados en algunas regiones de África. Lo escribe en otra publicación, «Perseguidos y Olvidados. Informe sobre los cristianos oprimidos por su fe». Desde Medio Oriente hasta Asia, pasando por África, en 22 estados los cristianos sufren violencias de diferentes naturalezas. El número de naciones identificadas como lugar de «extrema» persecución cristiana son diez: China, Eritrea, Irán, Arabia Saudita, Paquistán, Corea del Norte, Irak, Nigeria, Sudán y Siria.
En este oscuro escenario también hay algunas «luces»: son los pasos que han dado países como Egipto, Bhután y Qatar. Pero, para llegar a la plena y pacífica libertad religiosa, que el cardenal Mauro Piacenza, presidente de AIN, define «madre de las demás libertades», todavía hay mucho camino por delante.
Una calzada romana de 2.000 años de antigüedad, en un estado de conservación excepcional, ha salido a la luz junto a la carretera 375, cerca de Beit Shemesh y al oeste de Jerusalén, en Israel. La vía romana apareció el pasado mes de febrero durante unas excavaciones arqueológicas previas a la instalación de tuberías de agua hacia Jerusalén, según ha anunciado hoy la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA).
"La carretera que hemos descubierto, que hace 2.000 años seguía una ruta similar a la que sigue actualmente la 375, medía hasta seis metros de anchura, continuaba a lo largo de 1,5 kilómetros de distancia y al parecer conectaba un asentamiento romano que había en las proximidades de Beit Natif con la vía principal conocida como la Carretera del Emperador, que probablemente fue construida en la época en que el emperador Adriano visitó el país, alrededor del año 130 d.C. o poco después, durante la represión de la Rebelión de Bar Kojba, entre el 132 y el 135 d.C. La presencia de un hito con el nombre del emperador Adriano, descubierto en el pasado cerca de la carretera, refuerza esta hipótesis", dice Irina Zilberbod, la directora de las excavaciones, de la IAA.
Monedas halladas entre las piedras del pavimento: una moneda del año 67 d.C., el segundo año de la Gran Revuelta Judía; una moneda del período de los omeyas; una moneda de Poncio Pilato, prefecto de la provincia romana de Judea, fechada en el 29 d.C.; y una moneda de Agripa I del año 41 d.C., acuñada en Jerusalén.
Los arqueólogos han encontrado monedas entre las piedras del pavimento: una moneda del año 67 d.C., el segundo año de la Gran Revuelta Judía; una moneda del período de los omeyas; una moneda de Poncio Pilato, prefecto de la provincia romana de Judea, fechada en el 29 d.C.; y una moneda de Agripa I del año 41 d.C., acuñada en Jerusalén. Durante el Imperio romano, y como consecuencia de las guerras y otras campañas, se desarrolló la red viaria del país a un ritmo sin precedentes.
Solas con el Solo. Misioneras secuestradas en Mali
El título hace referencia a la esencia de la consagración de estas mujeres por Cristo y por el Evangelio: Se entregaron al Cristo que las había llamado a «estar con Él» para ser enviadas «donde quería ir Él». Ahora, Él es lo único que tienen, están «Solas con el Solo». Pero, junto a ellas, por la comunión de los santos, queremos estar también nosotros, sosteniéndolas con nuestra oración para que no decaigan en la fe y sean, incluso en esa difícil situación, testigos del amor de Dios.
La primera de ellas es Beatrice Stockly, misionera cristiana de nacionalidad suiza. En 2012 fue secuestrada en Tombuctú y, quince días después, fue liberada y entregada a los servicios de seguridad de Burkina Faso. Cualquier otra persona hubiera vuelto a su Suiza natal o hubiera cambiado el campo de misión. Beatrice no, Beatrice permaneció en Tombuctú, fiel a su llamada. Y en Tombuctú fue de nuevo secuestrada el 7 enero 2016, hace más de un año y medio.
La segunda es la Hna. Gloria Cecilia Narváez Argoti, de nacionalidad colombiana y 56 años de edad. Fue secuestrada el 7 de febrero de 2017 por cuatro hombres armados que la arrancaron de la misión de las Franciscanas de María Inmaculada en Karangasso. Allí, las religiosas trabajan en un hogar de niños huérfanos, con edades entre los cero y los dos años, llevan a cabo proyectos de alfabetización, sobre todo entre las mujeres, y sirven a la población local a través de su centro de salud.
Ambas mujeres aparecen en el video «La ecuación correcta» difundido el 1 de julio de 2017 por los terroristas que las mantienen secuestradas junto con otros civiles de diversas nacionalidades.
Cuántos a nuestro alrededor desconocen por completo estas situaciones de sufrimiento yenorme injusticia. Dar a conocer la realidad del yihadismo es ya una forma de vencerlo, una forma de poner límite al mal. Difundiendo este vídeo, rezando y pidiendo oraciones por Beatrice y Gloria Cecilia, colaboramos en su proceso de liberación.