Las reliquias del fraile francés Cesario tienen ahora su propio espacio en el Museo Pío Cristiano de los Museos Vaticanos hasta el próximo 25 de junio.
 
Lo que hace especial esta colección del que fue obispo de Arles alrededor del año 500 es que constituye uno de los mayores tesoros de la Galia paleocristiana del siglo VI. ¿Pero quién era este fraile que logró que Roma y Francia mantuvieran lazos?
 
ALESSANDRO VELLA
Museos Vaticanos
"Cesario era un santo obispo de Arles, él guió a la comunidad cristiana de la ciudad cristiana de la ciudad de Arles en la primera mitad del siglo sexto. Fue importante porque representa un punto de referencia para la ciudad pero también para la toda la Galia en un momento de gran dificultad política porque estamos hablando del período en que el imperio estaba casi acabado”.
 
A pesar de que Cesario no es uno de los personajes más conocidos de la Historia, fue ungran humanista, santo y erudito, que en aquella época fue recibido en Ravena por el rey Teodorico y en Roma por el papa Símaco, quien incluso le regaló un palio de lana.
 
ALESSANDRO VELLA
Museos Vaticanos
"El palio es la unión de Cesario con Roma. Nosotros sabemos por fuentes antiguas que el Papa Símaco le dio este palio y con él la oportunidad de llevar esta enseña liturgica por todas las regiones de la Galia como símbolo de cercanía y comunión con Roma”.
 
Las cinco secciones en las que se divide la exposición abarcan una especie de "diálogo entre colecciones de arte”, en ellas se encuentran tanto las reliquias de san Cesario como los testimonios de su culto, todos provenientes de Arles y de Provenza.
 
ALESSANDRO VELLA
Museos Vaticanos
"Las reliquias comunican (aunque lo ha dicho mejor que yo su Excelencia el arzobispo)” Comunican la presencia constante y la concreción de una figura que no es un nombre evanescente sino una persona que ha vivido naturalmente, que está viva en la memoria y que también tiene mucho que enseñarnos”. 
 
Esta colección es una prueba de que ni siquiera el tiempo es capaz de cubrir todos los secretos del pasado.
 
ROME REPORTS

 

Jesucristo no le eligió por ser el más inteligente o el más culto de los apóstoles

Si hoy le hiciera un test psicológico nadie le admitiría para dirigir una gran empresa (la inestabilidad pone en peligro los negocios); sus antecedentes no inspiran confianza, y un partido político se guardaría mucho de convertirle en su líder; lo cual demuestra una vez más que nuestros criterios de eficacia tienen poco que ver con los de Dios. Porque aquel pescador tan magníficamente promocionado no defraudó, lo hizo muy bien.

De pescador a cabeza de la Iglesia

Pescador y príncipe de los apóstoles, primer papa y piedra sobre la cual se edifica la Iglesia. Éste es Pedro. Esta variedad de funciones lleva a que nos preguntemos cómo era este hombre al que encargaron responsabilidades tan abrumadoras. Los evangelios lo pintan muy bien, muy real, no como ejemplo de perfección, sino como una intensa paradoja humana de atractivas virtudes y de grandes limitaciones que le confieren un perfil singular.

Enseguida se ve que Jesucristo no le eligió por ser el más inteligente o el más culto de los apóstoles; en él se advierte un corazón impetuoso y fuerte, lleno de arrebatos no siempre oportunos, menos inquebrantable de lo que hubiera sido de desear, pero con una mezcla de fe, entusiasmo y bondad que sin duda respondían al deseo del Maestro.

Si hoy se le hiciera un test psicológico nadie le admitiría para dirigir una gran empresa (la inestabilidad pone en peligro los negocios); sus antecedentes no inspiran confianza, y un partido político se guardaría mucho de convertirle en su líder; lo cual demuestra una vez más que nuestros criterios de eficacia tienen poco que ver con los de Dios. Porque aquel pescador tan magníficamente promocionado no defraudó, lo hizo muy bien.

Chesterton nos ofrece como respuesta una de sus paradojas: “Cuando nuestra civilización quiere catalogar una biblioteca o descubrir un sistema solar, o alguna otra fruslería de este género, recurre a sus especialistas.

Pero cuando desea algo verdaderamente serio reúne a doce de las personas corrientesque encuentra a su alrededor. Esto es lo que hizo, si mal no me acuerdo, el fundador del Cristianismo”.

Ninguna vocación puede explicarse por los méritos y cualidades poseídos; la vocación sólo encuentra su explicación en la sabiduría divina. Por otra parte, si observamos fríamente cómo realizó la tarea encomendada, vemos que lo hizo bastante bien.

Es muy posible que muchos intelectuales u hombres de gestión hubiesen fracasado en la empresa; ejemplos los podemos encontrar con frecuencia a lo largo de la historia: hasta el listísimo Platón fue un político fracasado, y muchos más.

Vale la pena intentar vislumbrar cómo la gracia actúa en un hombre normal, para comprobar su transformación en santo. Y con unos frutos verdaderamente extraordinarios.

Breve biografía

Una breve biografía sacada de los datos de los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles nos sitúa en los grandes trazos de su vida. Simón Pedro era -como la mayoría de los primeros discípulos del Señor- natural de Betsaida, ciudad de Galilea, en la ribera nordeste del lago de Genesaret.

Lo mismo que su padre Juan y su hermano Andrés, era pescador. Estaba casado, puesel Evangelio nos refiere cómo Jesús curó a su suegra, que vivía en Cafarnaúm.

Antes de conocer a Cristo, había sido -probablemente- discípulo del Bautista, como su hermano Andrés. Fue éste quien le condujo a Jesús. Asiste al primer milagro de Jesús en las bodas de Caná. En Cafarnaúm, mientras ejercitaba su oficio de pescador, escucha las enseñanzas y presencia los milagros del Señor hasta recibir la llamada a seguirle como discípulos dejándolo todo.

Antes del Sermón del Monte es elegido como uno de los Doce. En todas las listas del nuevo Testamento aparece el primero. Junto a Santiago y Juan forma parte del grupo de los más íntimos del Señor, los únicos testigos de la resurrección de la hija de Jairo, de la Transfiguración del Señor, y de su agonía en el Huerto de los Olivos.

En muchas ocasiones Pedro se hace portavoz de los demás apóstoles: pide al Señor que le explique la parábola de la pureza de corazón; pregunta cuál será la recompensa para ellos por haberlo abandonado todo.

Después del discurso eucarístico en la sinagoga de Cafarnaúm, a consecuencia del cual muchos de los discípulos abandonan al Maestro, es también Pedro quien habla en nombre de los demás apóstoles: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Santo de Dios" .

Tiene condiciones humanas de líder, que son indicio, aunque no motivo, de su elección como primero entre los Doce.

El primado de Pedro y su misión

Destaca en la vida de Pedro el episodio de Cesarea de Filipo donde Jesús le confiere el primado en la Iglesia. Pedro escucha con asombro los poderes nuevos de atar y desatar en el cielo y en la tierra, y la asistencia perpetua en el gobierno de una Iglesia invencible frente al poder de Satanás.

No desconoce Jesús la debilidad y las negaciones de Pedro: "Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo. Pero yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca tu fe; y tú cuando te conviertas, confirma en la fe a tus hermanos" , pero eso no es obstáculo para seguir confiando en él.

Tras la Ascensión del Señor, Pedro ocupa, sin discusión alguna, el primer puesto entre los apóstoles: propone y preside la elección de Matías, en sustitución del traidor Judas, estableciendo los requisitos que debe cumplir el candidato ; pronuncia el primer discurso evangelizador al pueblo el día de Pentecostés ; obra en nombre de Jesús los primeros milagros ; toma la palabra en el Sanedrín, justificando la predicación de los apóstoles; condena a Ananías y Safira, así como a Simón el mago. Instruído en una visión del Señor, admite en la Iglesia a la primera familia pagana, la de Cornelio.

El mismo San Pablo, una vez convertido, y a pesar de haber recibido el evangelio por una revelación de Jesucristo, subió alrededor del año 39 a Jerusalén, para ver a Cefas -así le suele llamar habitualmente- y permaneció con él quince días: señal clara de la veneración que San Pablo tenía hacia el elegido por el Señor como cabeza visible de la Iglesia.

También las autoridades judías se daban cuenta de la posición preeminente de San Pedro en la Iglesia primitiva, por lo que Herodes Agripa I -alrededor del año 43- mandó encarcelarlo con el propósito de matarlo.

En tal ocasión "la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios". Liberado milagrosamente de la cárcel, "salió y partió para otro lugar". Se encaminó a Antioquía, pero no es seguro que fuera en ese momento. La tradición afirma que Pedro ocupó por un tiempo la sede antioquena.

Sabemos con certeza que asistió el año 49 al concilio de Jerusalén: allí, una vez más, San Pedro desempeña una misión fundamental para la unidad de la Iglesia.

Existe la tradición comprobada de la estancia de San Pedro en Roma, ejerciendo allí el episcopado, así como de su muerte bajo el emperador Nerón. La fecha más probable de su muerte es el año 67. Según la tradición murió crucificado cabeza abajo.

ENRIQUE CASES
Los 12 apóstoles. 2ª ed
Ediciones internacionales universitarias.

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Toda la información sobre las Apariciones de la Virgen en Fátima

Toda la información sobre las Apariciones de la Virgen en Fátima

fatima17.com

Este año, Fátima se viste de gala. Y no es para menos. Se cumplen ahora 100 años de las apariciones de la Virgen a Lucia, Francisco y Jacinta. Y eso no puede ser un aniversario más. El Santuario y toda la Iglesia a través del Papa Francisco, se están volcando en una gran acción de gracias por los muchos dones recibido de la Madre de Dios y Madre nuestra. El 13 de mayo, Francisco estará presente en el Santuario. Allí rezará en la "Capelinha" y canonizará a los beatos Francisco y Jacinta.

PrimerosCristianos.com también se une a la alegría de toda la Iglesia al cumplirse 100 años de tan notable suceso. Para ello, hemos preparado fatima17.com una información sencilla, dinámica y fiable que permita entender el contexto de esta celebración y la importancia de Fátima en la historia de la Iglesia y del mundo.

Se recoge la historia, la repercusión y las consecuencias de las apariciones. Una historia llena de detalles de cariño de la Virgen que no deja indiferente a nadie. Estructurada en cuatro secciones (Historia, Mensaje, Milagros y "Fátima y el Papa"), el especial resume 100 años de un hito que ha pasado a la historia. En menos de media hora, el lector podrá reconocer la relevancia de los eventos que allí acontecieron y descubrir qué sucede a día de hoy en Fátima.

¡No dudes en visitar fatima17.com si quieres prepararte para el acontecimiento del año!

 

 

Esa huida representa la gran tragedia de la vida de quienes de alguna forma se vuelven sordos, o nos volvemos sordos, a la voz de Dios que nos llama 

El hijo pródigo

No nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosotros,
sino por aceptar lo que está realmente por encima de nosotros.
Goethe

Cuando el hijo pródigo pide a su padre la parte de herencia que le corresponde —explica Henri J. M. Nouwen—, no hay detrás de eso un simple deseo de un hombre joven por ver mundo. Hay un corte drástico con la forma de vivir y de pensar en que había sido educado, una rebelión desafiante, una huida hacia lugares lejanos en busca de otros amores. Esa huida representa la gran tragedia de la vida de quienes de alguna forma se vuelven sordos, o nos volvemos sordos, a la voz de Dios que nos llama, y abandonamos el único lugar donde podemos oír esa voz, para marcharnos esperando encontrar en algún otro lugar lo que no somos capaces de encontrar en casa.

 

—¿Y POR QUÉ DEJAN, O DEJAMOS, ESE LUGAR?

Porque hay muchas otras voces, fuertes, llenas de promesas seductoras, que nos ofrecen éxito, reconocimiento, liberación. Además, cuanto más nos alejamos del lugar donde habita Dios, menos capaces somos de oír su voz que nos llama, y cuanto menos oímos esa voz, más nos enredamos en las manipulaciones y juegos de poder del mundo y más alejados nos sentimos de Dios.

Nosotros somos el hijo pródigo cada vez que buscamos amor donde no puede hallarse, cada vez que tomamos la vida y el talento que Dios nos ha dado y lo utilizamos para nuestro egoísmo, para reafirmarnos, para imponernos con un fondo de arrogancia, como le pasaba al hijo pródigo, que malgastó todo lo que le había dado su padre y dilapidó su fortuna en caprichos y en despilfarros hechos para impresionar, en vez de hacer rendir esos talentos en servicio de los demás.


—¿Y POR QUÉ SU PADRE PERMITE QUE ACTÚE DE MODO TAN IRRESPONSABLE?

Su padre no podía obligarle a quedarse en casa. No podía forzar su amor. Tenía que dejarle marchar, sabiendo incluso el dolor que aquello causaría a los dos. Fue precisamente el amor lo que impidió que retuviera a su hijo a toda costa, lo que le hizo dejarle que encontrara su propia vida, incluso a riesgo de perderla. Así actúa Dios con nosotros, siguiendo ese misterio de amor y libertad por el que somos libres de abandonar el hogar de Dios, aunque Él siempre nos espera con los brazos abiertos.

El hijo pródigo, que dejó su casa lleno de orgullo y de dinero, decidido a vivir su propia vida lejos de su padre, vuelve ahora sin nada. Ni dinero, ni salud, ni reputación. Lo ha despilfarrado todo. Solo trae vaciedad, humillación y derrota. Y solo se hizo consciente de lo perdido que estaba cuando nadie a su alrededor demostró interés alguno por él. Le habían hecho caso en la medida en que podían utilizarlo para sus propios intereses.

Pero cuando ya no le quedaba nada, dejó de existir para ellos. Entonces sintió toda la profundidad de su aislamiento, la soledad más honda que se puede sentir. Estaba realmente perdido, y precisamente eso fue lo que le hizo volver en sí. De repente, vio con claridad que el camino que había elegido le llevaba a la autodestrucción.


—¿PIENSAS ENTONCES QUE HAY QUE PASAR POR UNA CIERTA PRIVACIÓN PARA VALORAR LO QUE SE TIENE, TAMBIÉN EN LO ESPIRITUAL?

   
 
 
No es necesario en absoluto, pero muchas veces es lo que hace despertar a algunas personas. El hijo pródigo tuvo que perderlo todo para entrar en lo profundo de sí mismo. Cuando se encontró deseando que le dieran la comida de los cerdos, se dio cuenta entonces de que tenía una dignidad y de que debía procurar recuperarla. La confianza en el amor de su padre, aunque borrosa, le dio la fuerza para reclamar su condición de hijo, aunque esa reclamación no estuviera basada en mérito alguno.


Su regreso está lleno de ambigüedades. Hay arrepentimiento, pero un arrepentimiento un poco interesado. Es un acercamiento a Dios en el que nos sentimos culpables, pero en el que nos cuesta recibir el perdón de Dios.

Luego, a su llegada, hay un hecho que ensombrece la alegría de la vuelta a casa del hijo perdido durante años. En medio de aquella escena de alegría y de perdón, hay una mirada sombría y distante, la del hijo mayor que no estaba en casa cuando el padre abraza a su hijo y le muestra su misericordia, y que, cuando llega y ve la fiesta de bienvenida en honor a su hermano, se enfada y no quiere entrar.

—¿QUÉ PIENSAS QUE OCURRÍA EN EL INTERIOR DE AQUEL HOMBRE?

Estaba tan perdido como su hermano
. No solo se había perdido el hijo menor, que se marchó de casa en busca de libertad y felicidad, sino que también el que se quedó en casa se perdió. Aparentemente, hizo todo lo que un buen hijo debe hacer, pero interiormente, estaba también lejos de su padre. Trabajaba mucho todos los días, y cumplía con sus obligaciones, pero cada vez era más desgraciado y menos libre.

También es algo que puede suceder a quienes, como el hermano mayor, han permanecido aparentemente cerca de Dios, pero en realidad su corazón está tan frío como el del hermano menor. Es una tentación, la del hijo mayor, muy propia de quienes quieren cumplir con las expectativas de otros, y desean que se les considere cumplidores y ejemplares, pero que también experimentan, desde muy temprano, cierta envidia hacia esos hermanos pequeños que abandonan el hogar y viven en el despilfarro y la lujuria. Ellos siempre han actuado con corrección, y les asalta la idea de que lo hacen porque no han tenido el coraje de ser tan irresponsables como los otros. Les resulta extraño admitirlo, pero en el fondo tienen envidia del hijo desobediente, cuando le ven disfrutar haciendo cosas que ellos reprueban. La vida de entrega a Dios les agrada, pero a veces la ven como una carga que les oprime. La obediencia y el deber se han convertido en una carga, y el servicio en una esclavitud.

Hay quizá bastantes hijos e hijas mayores que están un poco perdidos a pesar de seguir en casa. El extravío del hijo menor es visible y claro, pero se comprende e incluso se simpatiza con él. Sin embargo, el extravío del hijo mayor es más difícil de identificar. Al fin y al cabo, parecía hacerlo todo bien. Era obediente, servicial, cumplidor de la ley y muy trabajador. La gente le respetaba, le admiraba y le consideraba un hijo modélico. Aparentemente, no tenía fallos. Pero cuando vio la alegría de su padre por la vuelta de su hermano menor, un poder oscuro salió a la luz. De repente, aparece la persona severa y egoísta que estaba escondida y que con los años se había hecho más envidiosa y arrogante.

—¿QUIERES DECIR CON ESTO QUE QUIEN SE QUEDA MÁS CERCA DE DIOS TIENE MÁS RIESGO DE CAER EN ESA SOBERBIA?

Quiero decir que todos tenemos que esforzarnos por ser mejores, y que el riesgo de perderse es un riesgo que nos afecta a todos. Todos estamos expuestos al peligro de acomodarnos y enfriarnos. Ninguno debemos considerarnos exentos de la tentación por el hecho de habernos entregado a Dios. Igual que el hijo menor se perdió por no escuchar la voz de su padre y marcharse, el hijo mayor se perdió igualmente por no escuchar esa misma voz, aunque estaba más cerca.

Porque, en determinado momento de la vida, una persona entregada a Dios puede sentirse como el hijo mayor, que ha trabajado mucho en la granja de su padre, pero en vez de estar agradecido por todo lo que ha recibido, se siente invadido por los celos de ese irresponsable hermano menor. Y el único remedio es reconocer que esos sentimientos proceden de la soberbia y el egoísmo.

—¿Y CREES QUE EL HIJO MENOR QUE VUELVE ES MÁS QUERIDO POR DIOS QUE EL HIJO MAYOR?

Pienso que el padre quiere igual a los dos, pero expresa ese amor de acuerdo con la trayectoria personal de cada uno. Conoce bien a ambos, y comprende sus cualidades y sus defectos. A los dos les habla con afecto y con claridad, sin enredarse en compararlos tontamente, y les invita a participar de la alegría de estar allí.

—ENTONCES, SI NINGUNO DE LOS DOS FUE FIEL NO QUEDA CLARO QUÉ OPCIÓN ES LA MEJOR.

La opción mejor es ser fiel a la voz de Dios. Esta escena del Evangelio narra dos formas de ser infiel, y, sobre todo, la posibilidad de volver cuando se ha desoído esa voz.

El hijo menor desoyó la llamada de Dios al principio. Si seguimos con aquella comparación, no atendió esa llamada telefónica que Dios le hacía, a pesar de resonar muchas veces, o la atendió pero enseguida cortó. El hijo mayor, en cambio, respondió que sí, pero con el tiempo se fue acostumbrando a oír esa voz y no actuar en consecuencia, y al final quedó tan ajeno a esa voz como su hermano pequeño. El efecto es parecido, uno por cortar y otro por malacostumbrarse o distraerse. Son distintas formas de no ser fiel, y no se trata de ver cuál es mejor o peor, sino de aprender a detectar el daño que siempre produce alejarnos de la voz de Dios.

Fuente:Alfonso Aguiló interrogantes.net

Necesitamos una solución práctica y política, internacional

Entrevista con el sacerdote Behnam Benoka de Erbil, Irak, que afirma que la vuelta a los pueblos liberados del Daesh va a ser complicada por el conflicto de intereses entre grupos militares y religiosos

 

ACN.- El padre Behnam Benoka es sacerdote sirio-católico de Erbil, en el kurdistán iraquí. Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Roma, ha sido rector del Seminario Sirio-católico de Erbil. Ha servido como sacerdote en Erbil,Ankawa, Mosul y Qaraqosh. Desde el éxodo cristiano de la Llanura de Nínive por el avance del Daesh, el 6 de agosto de 2014, coordina la atención sanitaria de los centros de refugiados en Erbil. Ayuda a la Iglesia Necesitada le ha entrevistado tras su paso por el EncuentroMadrid, donde la fundación pontificia participó con la exposición “La Belleza del Martirio”, sobre los cristianos perseguidos.

– ACN: ¿Qué situación hay actualmente en los pueblos cristianos de la Llanura de Nínive? ¿Qué condiciones hay para que las familias puedan volver?

– P. Behnam Benoka: En la Llanura de Nínive hay doce pueblos cristianos, todos menos Alqosh fueron ocupados por el Daesh o Estado Islámico (EI). A finales de 2016, el ejército iraquí y el ejército kurdo han cooperado para la liberación de la Llanura de Nínive, con acuerdos internos. La zona norte está controlada por los kurdos y la zona sur por el ejército iraquí. Esto complica la situación de la seguridad en la zona. La situación de la zona norte si es más clara, pero en la zona sur, en el área de los pueblos de Bartella, Karamlesh y Qaraqosh no se sabe qué grupo militar y religioso va a tener el control.

Por ejemplo, la gente de Teleskef, en el norte, ha vuelto a sus casas. Allí la destrucción no es tan grande y no hay conflictos entre grupos étnicos pues no hay presencia árabe o chabaquí. Sin embargo en el sur, hay muchas aldeas y pueblos de chabaquíes, que son de religión islámica chiítas y filoiraníes. También hay árabes sunitas y kurdos. Es cierto que la mayoría es cristiana, pero la vuelta va a ser complicada por el conflicto de intereses por controlar el sur de la Llanura de Nínive.

– ACN: ¿Los cristianos no vuelven porque estos grupos no les dejan volver?

– P. Behnam Benoka: Así es. Los pueblos están ya liberados del Estado Islámico pero la zona no ha vuelto a manos de los cristianos, por eso la gente no puede volver a sus casas. La seguridad en la zona no está garantizada y esto es lo que complica el futuro de los cristianos. Hay muchas familias que querrían  volver a sus casas pero con la condición de que haya seguridad y que en el futuro no haya un nuevo Daesh. Antes del EI tuvimos otro grupo radical bajo la influencia de los chabaquíes que desde el tiempo de Sadam Husein ha buscado hacer un cambio demográfico en la zona cristiana en favor de los chabaquíes. Ellos son apoyados por el gobierno iraquí que es un gobierno chiíta.

– ACN: ¿Qué solución hay ante esto?

– P. Behnam Benoka: Necesitamos una solución práctica y política, internacional, para garantizar la seguridad y que los cristianos puedan tener un futuro en Irak, para ayudar en la reconstrucción del país. Cada día perdemos a familias que se marchan a Jordania, Líbano, Turquía, etc. Esto no es algo bueno para la presencia del Cristianismo. Todos quieren cancelar la presencia cristiana de allí. Necesitamos urgentemente protección para poder seguir viviendo. Esta protección no puede venir del gobierno iraquí o de los kurdos, porque ellos mismos son una parte del conflicto. Ellos crean conflictos para los cristianos, son parte del problema.

– ACN: Va a hacer tres años de crisis de los cristianos en Mosul y Nínive, ¿cómo está la gente allí? ¿Cuál es la mayor necesidad?

– P. Behnam Benoka: Después de casi tres años, gracias a las organizaciones católicas y otras organizaciones tenemos templos, algunos son prefabricados pero podemos reunirnos para celebrar juntos. La principal necesidad es asegurar la Llanura de Nínive para poder volver. También necesitamos asegurar la reconstrucción de la Llanura de Nínive. La mayoría de las casas y lugares de trabajo están destruidos. Necesitamos garantizar el trabajo para que sobre todo los jóvenes puedan tener trabajo y un futuro.

– ACN: ¿Qué piensan de los cristianos de Irak después de tres años de crisis?

– P. Behnam Benoka: Están cansados de esta situación. Tenemos conflictos continuos desde los años 70 hasta ahora y la gente quiere la paz, vivir una vida normal. Esto es un derecho natural de la persona humana. Si las familias quieren dejar el país para vivir, es un derecho. Si quieren continuar en Irak, porque es su tierra, son sus raíces, deberían poder continuar viviendo allí. Pero no tienen a muchas personas que les ayuden a seguir viviendo allí.

La fe es una gracia y se puede vivir en cualquier parte del mundo, ayuda a que las familias crezcan y cada ser humano crezca como persona. Pero, por otro lado, existe el derecho a vivir en un lugar, porque no solo estamos hechos de espíritu y alma, sino también de cuerpo. El derecho mundial está para asegurar el derecho del hombre para pueda vivir con dignidad. Pero dónde está esa dignidad, quién nos puede asegurar que podamos vivir con dignidad. La mitad de las familias de Mosul y Nínive se han marchado ya a otros países. Después del 6 de agosto de 2014, cuando Daesh tomo todo Nínive, dije “estamos muriendo”. Y esto es literalmente, en el cuerpo y en la dignidad. Los padres no pueden dejar a sus hijos jugar en la calle, no hay dignidad.

– ACN: ¿Qué crees que mueve a un cristiano a seguir yendo a la Eucaristía aun sabiendo que puede morir o ser atacado?

– P. Behnam Benoka: La Eucaristía es el único sitio donde un cristiano coge la fortaleza y confianza para poder seguir viviendo. Y solo se puede seguir viviendo después de toda esta situación en Irak gracias a la fe y a la Eucaristía. No es gracias a los políticos. Dios está presente constantemente en la vida de los cristianos. Sí, es verdad que tenemos muchos problemas, también dentro de las familias. Pero son las consecuencias normales de una situación como la que vivimos.

AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA

 Acta del Martirio de Santa Crispina

En Theveste, África, hacia fines del 304

Siendo cónsules Diocleciano por novena vez y Maximiano por octava, el día de las nonas de diciembre (5 de diciembre), en la colonia de Theveste, sentado dentro de su despacho en el tribunal el procónsul Anulino, el secretario de la audiencia dijo:

- Si das sobre ello orden, Crispina, natural de Tagura, por haber despreciado la ley de nuestros señores los emperadores, pasará a ser oída.

   
  Santa Crispina
 

El procónsul Anulino dijo:

- Que pase.

Entrado, pues, que hubo Crispina, Anulino dijo:

- ¿Conoces, Crispina, el tenor del mandato sagrado?

CRISPINA - Ignoro de qué mandato se trate.

ANULINO - Que tienes que sacrificar a todos los dioses por la salud de los príncipes, conforme a ley dada por nuestros señores Diocleciano y Maximiano, píos augustos, y Constancio y Máximo, nobilísimos césares.

CRISPINA - Yo no he sacrificado jamás ni sacrifico, sino al solo y verdadero Dios y a nuestro Señor Jesucristo, Hijo suyo, que nació y padeció.

ANULINO - Corta esa superstición y dobla tu cabeza al culto de los dioses de Roma.

CRISPINA - Todos los días adoro a mi Dios omnipotente; fuera de Él, a ningún otro Dios conozco.

ANULINO - Eres mujer dura y desdeñosa; pero pronto vas a sentir, bien contra tu gusto, la fuerza de las leyes.

CRISPINA - Cuanto pudiere sucederme lo he de sufrir con gusto por mantener la fe que profeso.

ANULINO - Tan grande es tu vanidad, que ya no quieres abandonar tu superstición y venerar alos dioses.

CRISPINA - Diariamente venero, pero al Dios vivo y verdadero, que es mi Señor, fuera del cual ningún otro conozco.

ANULINO - Mi deber es presentarte el sagrado mandato para que lo observes.

CRISPINA - Un sagrado mandato he de observar, pero es el de mi Señor Jesucristo.

ANULINO - Voy a dar sentencia de que se te corte la cabeza si no obedeces a los mandatos de los emperadores, nuestros señores, a quienes se te forzará a servir, obligándote a doblar el cuello bajo el yugo de la ley. Toda el África ha sacrificado, como de ello no te cabe a ti misma duda.

CRISPINA - Jamás se ufanarán ellos de hacerme sacrificar a los demonios; sino que sacrifico al Señor que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos.

ANULINO - ¿Luego no son para ti aceptados estos dioses, a quienes se te obliga que rindas servicio, a fin de llegar sana y salva a la devoción?

CRISPINA - No hay devoción alguna donde interviene fuerza que violenta.

ANULINO - Mas lo que nosotros buscamos es que tú seas ya voluntariamente devota, y en los sagrados templos, doblada tu cabeza, ofrezcas incienso a los dioses de los romanos.

CRISPINA -  Eso yo no lo he hecho jamás desde que nací, ni sé lo que es, ni pienso hacerlo mientras viviere.

ANULINO - Pues tienes que hacerlo, si quieres escapar a la severidad de las leyes.

CRISPINA -  No me dan miedo tus palabras; esas leyes nada son. Mas si consintiera en ser sacrílega, el Dios que está en los cielos me perdería, y yo no aparecería en el día venidero.

ANULINO -  Sacrílega no puedes ser cuando, en realidad, vas a obedecer sagradas órdenes.

CRISPINA -  ¡Perezcan los dioses que no han hecho el cielo y la tierra! Yo sacrifico al Dios eterno que permanece por los siglos de los siglos, que es Dios verdadero y temible, que hizo el mar, la verde hierba y la tierra seca. Mas los hombres que Él mismo hizo ¿que pueden darme?

ANULINO -  Practica la religión romana, que observan nuestros señores los césares invictos y nosotros mismos guardamos.

CRISPINA -  Ya te he dicho varias veces que estoy dispuesta a sufrir los tormentos a que quieras someterme, antes que manchar mi alma en esos ídolos, que son pura piedra, obras de mano de hombre.

ANULINO - Estás blasfemando y no haces lo que conviene a tu salud.

Y añadió Anulino a los oficiales del tribunal:

- Hay que dejar a esta mujer totalmente fea, y así empezad por raerle a navaja la cabeza, para que la fealdad comienze por la cara.

CRISPINA -  Que hablen los dioses mismos, y creo. Si yo no buscara mi propia salud, no estaría ahora delante de tu tribunal.

ANULINO - ¿Deseas prolongar tu vida o morir entre tormentos, como tus otras compañeras?

CRISPINA - Si quisiera morir y entregar mi alma a la perdición en el fuego eterno, ya hubiera rendido mi voluntad a tus demonios.

ANULINO - Mandaré que se te corte la cabeza si te niegas a adorar a los dioses venerables.

CRISPINA - Si tanta dicha lograre, yo daré gracias a mi Dios. Lo que yo deseo es perder mi cabeza por mi Dios, pues a tus vanísimos ídolos, mudos y sordos, yo no sacrifico.

ANULINO -  ¿Conque te obstinas de todo punto en ese necio propósito?

CRISPINA - Mi Dios, que es y permanece para siempre, Él me mandó nacer, Él me dio la salud por el agua saludable del bautismo, Él está en mí, ayudándome y confortando a su esclava, a fin de que no corneta yo el sacrilegio de adorar a los ídolos.

ANULINO -  ¿A qué aguantar por más tiempo a esta impía cristiana? Léanse las actas del códice con todo el interrogatorio.

Leídas que fueron, el procónsul Anulino, leyó de la tablilla la sentencia:

- Crispina, que se obstina en una indigna superstición, que no ha querido sacrificar a nuestros dioses, conforme a los celestiales mandatos de la ley de los augustos, he mandado sea pasada a filo de espada.

Crispina respondió:

- Bendigo a Dios que así se ha dignado librarme de tus manos. ¡Gracias a Dios!

Y, signándose la frente, fue degollada por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

(BAC 75, 1142-1146)

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El Señor ha resucitado, verdaderamente ha resucitado. [Al Massih kam, bilhakika kam!]

Santidad,

Querido Hermano:

Hace poco que ha concluido la gran Solemnidad de la Pascua, centro de la vida cristiana, que este año hemos tenido la gracia de celebrar en el mismo día. Así hemos proclamado al unísono el anuncio de la Resurrección, viviendo de nuevo, en un cierto sentido, la experiencia de los primeros discípulos, que en ese día «se llenaron de alegría al ver al Señor» (Jn 20,20). 

Esta alegría pascual se ha incrementado hoy por el don que se nos ha concedido de adorar juntos al Resucitado en la oración y de darnos nuevamente, en su nombre, el beso santo y el abrazo de paz. Esto me llena de alegría: llegando aquí como peregrino, estaba seguro de recibir la bendición de un Hermano que me esperaba. Era grande el deseo de encontrarnos otra vez: mantengo muy vivo el recuerdo de la visita que Vuestra Santidad realizó a Roma, poco después de mi elección, el 10 de mayo de 2013, una fecha que se ha convertido felizmente en la oportunidad para celebrar cada año la Jornada de Amistad copto-católica.

Con la alegría de continuar fraternalmente nuestro camino ecuménico, deseo recordar ante todo ese momento crucial que supuso en las relaciones entre la sede de Pedro y la de Marcos la Declaración Común, firmada por nuestros Predecesores hace más de cuarenta años, el 10 de mayo de 1973. En ese día, después de «siglos de una historia complicada», en los que «se han manifestado diferencias teológicas, fomentadas y acentuadas por factores de carácter no teológico» y por una creciente desconfianza en las relaciones, con la ayuda de Dios hemos llegado a reconocer juntos que Cristo es «Dios perfecto en su Divinidad y hombre perfecto en su humanidad» (Declaración Común firmada por el Santo Padre Pablo VI y por Su Santidad Amba Shenouda III, 10 mayo 1973). 

Pero no menos importantes y actuales son las palabras que la precedían inmediatamente, con las que hemos reconocido a «Nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey de todos nosotros, Jesucristo». Con estas expresiones la sede de Marcos y la de Pedro han proclamado la señoría de Jesús: juntos hemos confesado que pertenecemos a Jesús y que él es nuestro todo. Aún más, hemos comprendido que, siendo suyos, no podemos seguir pensando en ir adelante cada uno por su camino, porque traicionaríamos su voluntad: que los suyos sean «todos [...] uno [...] para que el mundo crea» (Jn 17,21). Delante del Señor, que quiere que seamos

«perfectos en la unidad» (v. 23) no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños. Como dijo aquí Su Santidad Juan Pablo II: «A este respecto no hay tiempo que perder. Nuestra comunión en el único Señor Jesucristo, en el único Espíritu Santo y en el único bautismo, ya representa una realidad profunda y fundamental» (Discurso durante el encuentro ecuménico, 25 febrero 2000). 

En este sentido, no sólo existe un ecumenismo realizado con gestos, palabras y esfuerzo, sino también una comunión ya efectiva, que crece cada día en la relación viva con el Señor Jesús, se fundamenta en la fe profesada y se basa realmente en nuestro Bautismo, en el ser «criaturas nuevas» en él (cf. 2 Co 5,17): en definitiva, «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,5). De aquí tenemos que comenzar siempre, para apresurar el día tan esperado en el que estaremos en comunión plena y visible junto al altar del Señor.

En este camino apasionante, que —como la vida— no es siempre fácil ni lineal, pero que el Señor nos exhorta a seguir recorriendo, no estamos solos. Nos acompaña una multitud de Santos y Mártires que, ya plenamente unidos, nos animan a que seamos aquí en la tierra una imagen viviente de la «Jerusalén celeste» (Ga 4,26). Entre ellos, seguro que los que hoy se alegran de manera especial de nuestro encuentro son los santos Pedro y Marcos. Es grande el vínculo que los une.

Basta pensar en el hecho de que san Marcos puso en el centro de su Evangelio la profesión de fe de Pedro: «Tu eres el Cristo». Fue la respuesta a la pregunta, siempre actual, de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Mc 8,29). También hoy hay mucha gente que no sabe dar una respuesta a esta pregunta; faltan incluso personas que la propongan y sobre todo quien ofrezca como respuesta la alegría de conocer a Jesús, la misma alegría con la que tenemos la gracia de confesarlo juntos.

Estamos llamados a testimoniarlo juntos, a llevar al mundo nuestra fe, sobre todo, como es proprio de la fe: viviéndola, porque la presencia de Jesús se transmite con la vida y habla el lenguaje del amor gratuito y concreto. Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más esta lengua común de la caridad: antes de comenzar un proyecto para hacer el bien, sería hermoso preguntarnos si podemos hacerlo con nuestros hermanos y hermanas que comparten la fe en Jesús.

Así, edificando la comunión con el testimonio vivido en lo concreto de la vida cotidiana, el Espíritu no dejará de abrir caminos providenciales e inimaginables de unidad.Con este espíritu apostólico constructivo, Vuestra Santidad sigue brindando una atención genuina y fraterna a la Iglesia copta católica: una cercanía que agradezco tanto y que se ha concretado en la creación del Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, para que los creyentes en Jesús puedan actuar siempre más unidos, en beneficio de toda la sociedad egipcia. Además, he apreciado mucho la generosa hospitalidad con la que acogió el XIII Encuentro de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales, que tuvo lugar aquí el año pasado siguiendo vuestra invitación. Es un bonito signo que el encuentro siguiente se haya celebrado en Roma, como queriendo señalar una continuidad particular entre la sede de Marcos y la de Pedro.

En la Sagrada Escritura, Pedro corresponde en cierto modo al afecto de Marcos llamándolo «mi hijo» (1 P 5,13). Pero los vínculos fraternos del Evangelista y su actividad apostólica se extienden también a san Pablo el cual, antes de morir mártir en Roma, habla de lo útil que es Marcos para el ministerio (cf. 2 Tm 4,11) y lo menciona varias veces (cf. Flm 24; Col 4, 10).

Caridad fraterna y comunión de misión: estos son los mensajes que la Palabra divina y nuestros orígenes nos transmiten. Son las semillas evangélicas que con alegría seguimos cultivando y juntos, con la ayuda de Dios, procuramos que crezcan (cf. 1 Co 3,6-7).

Nuestro camino ecuménico crece de manera misteriosa y sin duda actual, gracias a un verdadero y propio ecumenismo de la sangre. San Juan escribe que Jesús vino «con agua y sangre» (1 Jn 5,6); quien cree en él, «vence al mundo» (1 Jn 5,5). Con agua y sangre: viviendo una vida nueva en nuestro mismo Bautismo, una vida de amor, siempre y por todos, también a costa de derramar la sangre. Cuántos mártires en esta tierra, desde los primeros siglos del Cristianismo, han vivido la fe de manera heroica y hasta el final, prefiriendo derramar su sangre antes que renegar del Señor y ceder a las lisonjas del mal o a la tentación de responder al mal con el mal. Así lo testimonia el venerable Martirologio de la Iglesia Copta. Aun recientemente, por desgracia, la sangre inocente de fieles indefensos ha sido derramada cruelmente: su sangre inocente nos une.

Querido Hermano, igual que la Jerusalén celeste es una, así también nuestro martirologio es uno, y vuestros sufrimientos son también nuestros sufrimientos. Fortalecidos por vuestro testimonio, esforcémonos en oponernos a la violencia predicando y sembrando el bien, haciendo crecer la concordia y manteniendo la unidad, rezando para que los muchos sacrificios abran el camino a un futuro de comunión plena entre nosotros y de paz para todos.

La maravillosa historia de santidad de esta tierra no se debe sólo al sacrificio de los mártires. Apenas terminadas las antiguas persecuciones, surgió una nueva forma de vida que, ofrecida al Señor, nada retenía para sí: en el desierto inició el monaquismo. Así, a los grandes signos que Dios obró en el pasado en Egipto y en el Mar Rojo (cf. Sal 106,21-22), siguió el prodigio de una vida nueva, que hizo florecer de santidad el desierto. Con veneración por este patrimonio común, he venido como peregrino a esta tierra, donde el Señor mismo ama venir: aquí, glorioso, bajó al monte Sinaí (cf. Ex 24,16); aquí, humilde, encontró refugio cuando era niño (cf. Mt 2,14).

Santidad, querido Hermano: que el mismo Señor nos conceda hoy seguir caminando juntos, como peregrinos de comunión y anunciadores de paz. Que en este camino nos lleve de la mano. Aquella que acompañó aquí a Jesús y que la gran tradición teológica egipcia ha aclamado desde la antigüedad como Theotokos, Madre de Dios. En este título se unen admirablemente la humanidad y la divinidad, porque, en la Madre, Dios se hizo hombre para siempre. Que la Virgen Santa, que siempre nos conduce a Jesús, sinfonía perfecta de lo divino con lo humano, siga trayendo un poco de Cielo a nuestra tierra.

Al Salamò Alaikum! / La paz sea con vosotros.

Al Salamò Alaikum! / La paz sea con vosotros.

Es para mí un gran regalo estar aquí, en este lugar, y comenzar mi visita a Egipto encontrándome con vosotros en el ámbito de esta Conferencia Internacional para la Paz. Agradezco al Gran Imán por haberla proyectado y organizado, y por su amabilidad al invitarme. Quisiera compartir algunas reflexiones, tomándolas de la gloriosa historia de esta tierra, que a lo largo de los siglos se ha manifestado al mundo comotierra de civilización y tierra de alianzas.

Tierra de civilización. Desde la antigüedad, la civilización que surgió en las orillas del Nilo ha sido sinónimo de cultura. En Egipto ha brillado la luz del conocimiento, que ha hecho germinar un patrimonio cultural de valor inestimable, hecho de sabiduría e ingenio, de adquisiciones matemáticas y astronómicas, de admirables figuras arquitectónicas y artísticas. La búsqueda del conocimiento y la importancia de la educación han sido iniciativas que los antiguos habitantes de esta tierra han llevado a cabo produciendo un gran progreso. Se trata de iniciativas necesarias también para el futuro, iniciativas de paz y por la paz, porque nohabrá paz sin una adecuada educación de las jóvenes generaciones. Y no habrá una adecuada educación para los jóvenes de hoy si la formación que se les ofrece no es conforme a la naturaleza del hombre, que es un ser abierto y relacional.

La educación se convierte de hecho en sabiduría de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de sí mismo, adquiriendo una identidad no replegada sobre sí misma. La sabiduría busca al otro, superando la tentación de endurecerse y encerrarse; abierta y en movimiento, humilde y escudriñadora al mismo tiempo, sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente, sin renunciar a una adecuada hermenéutica. Esta sabiduría favorece un futuro en el que no se busca la prevalencia de la propia parte, sino que se mira al otro como parte integral de sí mismo; no deja, en el presente, de identificar oportunidades de encuentro y de intercambio; del pasado, aprende que del mal sólo viene el mal y de la violencia sólo la violencia, en una espiral que termina aislando. Esta sabiduría, rechazando toda ansia de injusticia, se centra en la dignidad del hombre, valioso a los ojos de Dios, y en una ética que sea digna del hombre, rechazando el miedo al otro y el temor de conocer a través de los medios con los que el Creador lo ha dotado.1

Precisamente en el campo del diálogo, especialmente interreligioso, estamos llamados a caminar juntos con la convicción de que el futuro de todos depende también del encuentro entre religiones y culturas. En este sentido, el trabajo del Comité mixto para el Diálogo entre el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y el Comité de Al-Azhar para el Diálogo representa un ejemplo concreto y alentador. El diálogo puede ser favorecido si se conjugan bien tres indicaciones fundamentales: el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. El deber de la identidad, porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valentía de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación.

Educar, para abrirse con respeto y dialogar sinceramente con el otro, reconociendo sus derechos y libertades fundamentales, especialmente la religiosa, es la mejor manera de construir juntos el futuro, de ser constructores de civilización. Porque la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro. Y con el fin de contrarrestar realmente la barbarie de quien instiga al odio e incita a la violencia, es necesario acompañar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la lógica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien: jóvenes que, como árboles plantados, estén enraizados en el terreno de la historia y, creciendo hacia lo Alto y junto a los demás, transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno de fraternidad.

En este desafío de civilización tan urgente y emocionante, cristianos y musulmanes, y todos los creyentes, estamos llamados a ofrecer nuestra aportación: «Vivimos bajo el sol de un único Dios misericordioso. [...] Así, en el verdadero sentido podemos llamarnos, los unos a los otros, hermanos y hermanas [...], porque sin Dios la vida del hombre sería como el cielo sin el sol».2 Salga pues el sol de una renovada hermandad en el nombre de Dios; y de esta tierra, acariciada por el sol, despunte el alba de una civilización de la paz y del encuentro. Que san Francisco de Asís, que hace ocho siglos vino a Egipto y se encontró con el Sultán Malik al Kamil, interceda por esta intención.

Tierra de alianzas. Egipto no sólo ha visto amanecer el sol de la sabiduría, sino que su tierra ha sido también iluminada por la luz multicolor de las religiones. Aquí, a lo largo de los siglos, las diferencias de religión han constituido «una forma de enriquecimiento mutuo del servicio a la única comunidad nacional».3 Creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien común. Alianzas de este tipo son cada vez más urgentes en la actualidad. Para hablar de ello, me gustaría utilizar como símbolo el «Monte de la Alianza» que se yergue en esta tierra. El Sinaí nos recuerda, en primer lugar, que una verdadera alianza en la tierra no puede prescindir del Cielo, que la humanidad no puede pretender encontrar la paz excluyendo a Dios de su horizonte, ni tampoco puede tratar de subir la montaña para apoderarse de Dios (cf. Ex 19,12).

Se trata de un mensaje muy actual, frente a esa peligrosa paradoja que persiste en nuestros días, según la cual por un lado se tiende a reducir la religión a la esfera privada, sin reconocerla como una dimensión constitutiva del ser humano y de la sociedad y, por el otro, se confunden la esfera religiosa y la política sin distinguirlas adecuadamente. Existe el riesgo de que la religión acabe siendo absorbida por la gestión de los asuntos temporales y se deje seducir por el atractivo de los poderes mundanos que en realidad sólo quieren instrumentalizarla. En un mundo en el que se han globalizado muchos instrumentos técnicos útiles, pero también la indiferencia y la negligencia, y que corre a una velocidad frenética, difícil de sostener, se percibe la nostalgia de las grandes cuestiones sobre el sentido de la vida, que las religiones saben promover y que suscitan la evocación de los propios orígenes: la vocación del hombre, que no ha sido creado para consumirse en la precariedad de los asuntos terrenales sino para encaminarse hacia el Absoluto al que tiende.

Por estas razones, sobre todo hoy, la religión no es un problema sino parte de la solución: contra la tentación de acomodarse en una vida sin relieve, donde todo comienza y termina en esta tierra, nos recuerda que es necesario elevar el ánimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres.

En este sentido, volviendo con la mente al Monte Sinaí, quisiera referirme a los mandamientos que se promulgaron allí antes de ser escritos en la piedra.4 En el corazón de las «diez palabras» resuena, dirigido a los hombres y a los pueblos de todos los tiempos, el mandato «no matarás» (Ex 20,13). Dios, que ama la vida, no deja de amar al hombre y por ello lo insta a contrastar el camino de la violencia como requisito previo fundamental de toda alianza en la tierra.

Siempre, pero sobre todo ahora, todas las religiones están llamadas a poner en práctica este imperativo, ya que mientras sentimos la urgente necesidad de lo Absoluto, es indispensable excluir cualquier absolutización que justifique cualquier forma de violencia. La violencia, de hecho, es la negación de toda auténtica religiosidad.

Como líderes religiosos estamosllamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad, apoyándose en la absolutización de los egoísmos antes que en una verdadera apertura al Absoluto. Estamos obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios: su nombre es santo, él es el Dios de la paz, Dios salam.5 

Por tanto, sólo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios porque profanaría su nombre. Juntos, desde esta tierra de encuentro entre el cielo y la tierra, de alianzas entre los pueblos y entre los creyentes, repetimos un «no» alto y claro a toda forma de violencia, de venganza y de odio cometidos en nombre de la religión o en nombre de Dios. Juntos afirmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Juntos declaramos el carácter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia física, social, educativa o psicológica. La fe que no nace de un corazón sincero y de un amor auténtico a Dios misericordioso es una forma de pertenencia convencional o social que no libera al hombre, sino que lo aplasta. Digamos juntos: Cuanto más se crece en la fe en Dios, más se crece en el amor al prójimo. 

Sin embargo, la religión no sólo está llamada a desenmascarar el mal sino que lleva en sí misma la vocación a promover la paz, probablemente hoy más que nunca.6 Sin caer en sincretismos conciliadores,7 nuestra tarea es la de rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz, encontrarnos, dialogar y promover la armonía con un espíritu de cooperación y amistad. Como cristianos «no podemos invocar a Dios, Padre de todos los hombres, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios».

8 Más aún, reconocemos que inmersos en una lucha constante contra el mal, que amenaza al mundo para que «no sea ya ámbito de una auténtica fraternidad», «a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas inútiles».9 Por el contrario, son esenciales: En realidad, no sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse: hoy se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción.

Asistimos perplejos al hecho de que, mientras por un lado nos alejamos de la realidad de los pueblos, en nombre de objetivos que no tienen en cuenta a nadie, por el otro, como reacción, surgen populismos demagógicos que ciertamente no ayudan a consolidar la paz y la estabilidad. Ninguna incitación a la violencia garantizará la paz, y cualquier acción unilateral que no ponga en marcha procesos constructivos y compartidos, en realidad, sólo beneficia a los partidarios del radicalismo y de la violencia.

Para prevenir los conflictos y construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotación, donde los extremismos arraigan fácilmente, así como evitar que el flujo de dinero y armas llegue a los que fomentan la violencia. Para ir más a la raíz, es necesario detener la proliferación de armas que, si se siguen produciendo y comercializando, tarde o temprano llegarán a utilizarse. Sólo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales. A este compromiso urgente y grave están obligados los responsables de las naciones, de las instituciones y de la información, así como también nosotros responsables de cultura, llamados por Dios, por la historia y por el futuro a poner en marcha —cada uno en su propio campo— procesos de paz, sin sustraerse a la tarea de establecer bases para una alianza entre pueblos y estados. Espero que, con la ayuda de Dios, esta tierra noble y querida de Egipto pueda responder aún a su vocación de civilización y de alianza, contribuyendo a promover procesos de paz para este amado pueblo y para toda la región de Oriente Medio.

Al Salamò Alaikum! / La paz esté con vosotros.

El pecio, donde también se han encontrado estatuas de bronce, supone el mayor conjunto de objetos descubiertos en el fondo marino en las últimas tres décadas. 

Descubren un pecio con restos y monedas de hace 1.600 años en aguas de Israel

El hallazgo incluye además anclas de hierro y restos de anclas de madera, además de objetos que fueron empleados en la construcción y navegación de la embarcación hundida.

La investigación para recuperar los restos del cargamento fue llevada a cabo en las últimas semanas con la colaboración de submarinistas especializados y voluntarios que emplearon equipos avanzados y desenterraron numerosos artefactos que viajaban en la embarcación hundida.

Muchos de los objetos son de bronce y se encuentran en extraordinario estado de conservación: como una lámpara con la imagen grabada del dios sol, o una estatuilla de la diosa luna, al igual que una lámpara con la imagen de la cabeza de un esclavo africano, pero destacan sobre todo tres estatuas de tamaño real fundidas en bronce.

También localizaron fragmentos de grandes jarras que eran empleadas para llevar agua potable para la tripulación del barco.

Una de las grandes sorpresas fue el descubrimiento de dos sacos compuestos por miles de monedas que pesan 20 kilogramos y se encontraban en el interior de una vasija en la que eran transportados.

De acuerdo a Jacob Sharvit, director de la Unidad de Arqueología Marina de la AAI y Dror Planer, vicedirector del departamento, "la localización y distribución de los hallazgos antiguos en el fondo marino apuntan a que un gran mercante transportaba un cargamento de metal programado para su reciclado, que aparentemente fue sorprendido por una tormenta a la entrada del puerto y se hundió hasta estamparse con el malecón rocoso".

Subrayan la importancia y el buen estado de las estatuas de bronce, que han llegado hasta nuestros días gracias a que quedaron enterradas por la arena del fondo marino.

Las monedas halladas tienen incrustadas la imagen del emperador Constantino el Grande (274-337), y de su colega y posterior rival Licinio, emperador que gobernó la parte este del imperio entre el 308 y el 324.

Efe, Jerusalén

 

 

En el proceso de preparación para construir un centro comercial, trabajadores de la construcción encontraron restos de una iglesia bizantina, que se remonta a los siglos IV o V dC.

En el proceso de preparación para construir un centro comercial, trabajadores de la construcción encontraron restos de una iglesia bizantina, que se remonta a los siglos IV o V dC.

El sábado 2 de abril de 2016, trabajadores de la construcción descubrieron en la Plaza Palestina en Gaza secciones de columnas de mármol con capiteles corintios adornados y una piedra de 90 cm, grabada con una cruz griega. El Sr. Jamal Abu Rida, director general del Ministerio de Antigüedades, dijo que “lo primero que pensamos es que el sitio es una catedral o una iglesia de la época bizantina”. Añadió que las piezas datan entre los siglos IV y VII.

A pesar de este descubrimiento, los trabajos de construcción continuaron en el sitio, lo que causó una gran cantidad de críticas por parte de arqueólogos y cristianos-palestinos.

En una entrevista realizada por la agencia de noticias WAFA con la Sra. Hiam Al-Bitar, directora de Museos y Antigüedades en el Ministerio de Turismo, dijo que "es imprescindible elevarse por encima de todas las diferencias políticas y avanzar en los canales de la comunicación con los demás, con el fin de mostrar nuestra historia humana, que es de interés de todos los palestinos e incluso de los amigos de Palestina”.

Por otra parte, se hizo un llamamiento a la UNESCO, solicitando preservar y guardar los hallazgos arqueológicos en la Franja de Gaza. Ella deseó también que la Escuela Bíblica y Arqueológica francesa de Jerusalén, pueda venir a Gaza y estudiar estos sitios.

Peligra el monasterio de San Hilarión
Gaza es el lugar de nacimiento de San Hilarión, el padre fundador del monaquismo de Palestina, que construyó el primer monasterio en Palestina entre Maimaus y Gaza, en 329 dC. Hoy en día, el lugar es conocido como Tell Im-Amer al sur oeste del campo de refugiados Nuseyrat. El monasterio aparece en el mapa mosaico de Madaba, además de un icono de una iglesia con el título de San Víctor.

Actualmente, el monasterio está en peligro de desaparecer, debido a la falta de recursos financieros. René Helter, arqueólogo de la Escuela Bíblica y Arqueológica francesa de Jerusalén, dijo que el monasterio se encuentra en estado crítico y que es imprescindible salvarlo antes de que se pierda definitivamente. En 2012, fue incluido en la lista de World Monuments Fund de 100 sitios de mayor peligro de extinción y en la lista temporal de la UNESCO del Patrimonio Mundial.

De acuerdo a los recursos históricos y hallazgos arqueológicos, hay por lo menos diez monasterios en Gaza que se remontan a la época bizantina. Los habitantes de Gaza han utilizado sitios antiguos, a través de las generaciones, incluyendo monasterios como un recurso de piedras de construcción. El mal estado de conservación de los restos, plantea un reto considerable para los arqueólogos que intentan identificar las ubicaciones de los monasterios de Gaza.

 

FUNDACIÓN TIERRA SANTA

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