Gracias a estas gafas podemos sentirnos como el excéntrico emperador en su Casa de Oro, el descomunal palacio que abarcaba desde la colina del Palatino a la del Esquilino, un total de 50 hectáreas.
Hoy en día la Domus Aurea está 12 metros bajo tierra pero no era así cuando Nerón la proyectó, en el año 64 después de Cristo, tras el incendio de Roma.
Sin embargo, los siglos de abandono la condenaron al olvido y los constantes saqueos desnudaron sus paredes del mármol, marfil, oro y piedras preciosas que la recubrían.

"Me he dado cuenta, al conocer y visitar la Domus Aurea, de que percibir la esencia de este lugar no era posible visitando solamente los restos porque ahora este lugar es muy diferente a como era cuando fue construido. Estas condiciones solo se podían alcanzar hoy en día a través de un mecanismo virtual que la tecnología actual permite”.
El emperador solo la disfrutó unos pocos años. En el 109 después de Cristo, Trajano quiso borrar cualquier rastro de Nerón y la recubrió de tierra y escombros.
"La historia de la Domus Aurea, por increíble que parezca, es muy breve porque fue construida en muy pocos años y se usó aún durante menos tiempo. Después cayó en el olvido pero desde el 1.400 se convirtió en un auténtico mito”.
Fue a partir del siglo XV cuando se redescubrió esta Casa de Oro. Aunque ninguna de sus 300 habitaciones ya se asemejaba mínimamente a lo que dejan intuir estos restos.
Ahora la magia virtual ha hecho posible ver lo magnífica que era la lujosa villa de uno de los personajes más excéntricos de la historia, el mismo que cuando vio la Domus terminada exclamó: "Ahora por fin puedo vivir como un hombre”.
Del trono de la gracia, desciende el amor de Dios que limpia el mal volcado por el hombre sobre el mundo
No otra cosa revivimos en la Semana Santa. En una entrevista al papa emérito Benedicto XVI, publicada en un libro reciente y recogida en el “Osservatore Romano”, sale a relucir el sentido del sufrimiento en Dios.
El hombre moderno parece no tener necesidad de justificarse ante Dios, e incluso a veces se atreve a pedir a Dios que se justifique ante los males del mundo. El hombre ha perdido la sensibilidad de los propios pecados, se cree justo, y no siente necesidad de ninguna salvación. O por lo menos tiene la sensación de que Dios no puede dejar que se pierda la mayor parte de la humanidad.
Pero de otro lado se siente la necesidad de la misericordia de Dios y de su delicadeza. Así lo experimentaron Faustina Kowalska y san Juan Pablo II, quien afirma que la misericordia es lo único que verdaderamente es eficaz contra el mal. “En la dureza del mundo tecnificado en el que los sentimientos ya no cuentan nada –observa el papa Ratzinger–, aumenta sin embargo la espera de un amor salvífico que venga dado gratuitamente”.
En este marco se plantea la relación entre Dios Padre y su Hijo. No sirve insistir sobre la justicia en un sentido absoluto o cruel, con el argumento de que el Hijo obedece al Padre y obedeciendo acepta la cruel exigencia de la justicia. Explica Benedicto XVI: “Cuando el Hijo en el huerto de los olivos lucha contra la voluntad del Padre, no se trata del hecho de que deba aceptar una disposición cruel de Dios, sino que se trata de atraer a la humanidad dentro de la voluntad de Dios” (sobre la relación entre las dos voluntades del Padre y del Hijo, puede verse el libro de J. Ratzinger, Jesús de Nazaret, vol. I, especialmente su capítulo 6).
Pero entonces, se pregunta el papa emérito, ¿qué sentido tiene la cruz? Y responde de este modo: tengamos presente la sucia y enorme cantidad del mal, de la violencia y de la mentira, del odio, la crueldad y la soberbia que inundan el mundo entero. La tradición del Antiguo Testamento esperaba en un amor infinito que pudiera vencer el mal y el sufrimiento del mundo. Cristo nos trae, especialmente en su sufrimiento, ese amor y esa victoria.
En este marco se plantea si esto implica, y en qué sentido, el sufrimiento de Dios Padre.
En su argumentación, Benedicto XVI reproduce un texto de Henri De Lubac. Éste presenta primero el amor de Cristo que le lleva a padecer por nosotros: “El Redentor entró en el mundo por compasión hacia el género humano. Cargó sobre sí nuestros padecimientos mucho antes de ser crucificado; es más, incluso antes de abajarse a asumir nuestra carne: si no los hubiese experimentado antes no habría venido a formar parte de nuestra vida humana. ¿Y cuál fue ese sufrimiento que soportó antes por nosotros? Fue la pasión del amor”.
Pero no se trata solamente del sufrimiento de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, al que representamos en las figuras de la Semana Santa; sino que se pregunta De Lubac: “Pero el Padre mismo, el Dios del universo, el que es sobreabundante en longanimidad, paciencia, misericordia y compasión, ¿no sufre también él en un cierto sentido?”.
Y aquí cita un pasaje bíblico: “El Señor tu Dios se ha puesto tus vestidos como el que carga a su hijo” (Dt. 1,31). “Dios –comenta De Lubac– toma sobre sí nuestros vestidos como el Hijo de Dios toma sobre sí nuestros sufrimientos. ¡El Padre mismo no carece de pasiones! Si se le invoca, entonces Él conoce misericordia y compasión. Él siente un sufrimiento de amor”.
En este punto interviene Benedicto XVI, evocando devociones de su tierra e imágenes del arte cristiano.
“En algunas zonas de Alemania hubo una devoción muy conmovedora que contemplaba la Not Gottes (‘la indigencia de Dios’). A mí me evoca una imagen impresionante que representa al Padre que sufre, que como Padre participa interiormente en los sufrimientos del Hijo. Y también la imagen del ‘trono de gracia’ forma parte de esta devoción: el Padre sostiene la cruz y el crucificado, se inclina amorosamente sobre él y de otra parte, por así decir, está junto con él en la cruz. Así de modo grandioso y puro se advierte ahí qué significan la misericordia de Dios y la participación de Dios en el sufrimiento delhombre”.
Y deduce: “No se trata de una justicia cruel, ni del fanatismo del Padre, sino de la verdad y de la realidad de la creación: de la verdadera e íntima superación del mal que, en último análisis, solo pude realizarse en el sufrimiento del amor”.
En efecto, del trono de la gracia, que es la Cruz de Jesús, desciende el amor de Dios que limpia el mal volcado por el hombre sobre el mundo a través de los siglos. Ese amor que el Padre juntamente con el Hijo han manifestado con el sufrimiento de la cruz y que mana en misericordia.
En el Año de la misericordia, el papa Francisco ha explicado el sentido de la Semana Santa.
El jueves santo, Jesús instituye la Eucaristía, como amor que anticipa la Cruz y se hace servicio, especialmente para los más débiles.
“El Viernes santo es el momento culminante del amor. La muerte de Jesús, que en la cruz se abandona al Padre para ofrecer la salvación al mundo entero, expresa el amor entregado hasta el fin, sin fin. Un amor que pretende abrazar a todos, sin excluir a nadie. Un amor que se extiende a todo tiempo y a todo lugar: una fuente inagotable de salvación a la que cada uno de nosotros, pecadores, puede llegar” (Audiencia general, 23-III-206).
Así es el amor de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que se entregará en la Pentecostés a la acción de la gracia en el mundo.
Concluye Francisco: “Si Dios nos ha demostrado su amor supremo en la muerte de Jesús, entonces también nosotros, regenerados por el Espíritu Santo, podemos y debemos amarnos los unos a los otros”. Luego, el sábado santo es el día del silencio de Dios, en espera de amor por los abandonados.
En conjunto, y esto es lo que celebramos en la Semana Santa, “es todo un gran misterio de amor y de misericordia” que viene a nuestro encuentro para llevarnos hasta la Resurrección. Un amor y una misericordia que nos pueden cambiar, a condición de que lo acojamos, tanto en la confesión de nuestros pecados como en el ejercicio de las obras de misericordia.
Ocho muertos en un atentado contra un campo de refugiados en el noreste del país
Al menos ocho personas han muerto en un ataque suicida ocurrido en la noche del 22 marzo, en Maiduguri, capital del Estado de Borno, en el noreste de Nigeria. Según las primeras informaciones cinco terroristas suicidas se han hecho explotar en el campo para refugiados de Muna Garage cerca de la la ciudad.
El campamento acoge a cientos de miles de desplazados que huyen de la violencia de Boko Haram, que ya ha cometido más ataques suicidas contra la estructura humanitaria. Por tanto, es probable que este último ataque haya sido perpetrado por la secta islamista, que a pesar de los fuertes golpes recibidos por el ejército, continúa llevando a cabo ataques para demostrar que no ha sido derrotada.
La situación de seguridad es muy precaria en otras zonas de Nigeria. El 20 de marzo, 18 personas murieron en un mercado en la región central de Benue. El Presidente Muhammadu Buhari ha ordenado una investigación sobre esta matanza y condenado la reciente ola de asesinatos que afecta a diferentes regiones de la Federación.
En su última declaración pública (véase Fides 14/3/2017), los Obispos nigerianos han advertido sobre la “pérdida de la sacralidad de la vida” y la “difusión, en varias áreas, de milicias étnicas, y de su violencia cada vez más destructivas contra la comunidad”. “Somos testigos del crecimiento de políticas de identidad con nuestra gente que se repliega en su propio origen étnico” han advertido los obispos remarcando que “desde el final de la trágica guerra civil (1967-1970), en ningún momento de la historia de nuestro querido país, la cuestión de la ciudadanía ha sido sometida a una prueba tan dura”.
AGENCIA FIDES
Los arqueólogos aseguran que se trata de la tumba del apóstol Felipe, uno de los 12 discípulos que acompañaron a Jesús de Nazaret.

El descubrimiento ha tenido lugar en Pamukkale, la antigua Hierápolis, en Anatolia Occidental (Turquía), ciudad en la que murió Felipe, tras haber predicado en Grecia y Asia Menor.
El descubrimiento ha sido realizado por la misión arqueológica italiana emprendida en 1957, compuesta hoy por un equipo internacional, dirigido desde el año 2000 por Francesco D’Andria, profesor de la Universidad de Salento.
Un resultado importante en la búsqueda de la tumba de san Felipe, recuerda “L'Osservatore Romano”, ya se había logrado en 2008, cuando el equipo sacó a la luz la calle procesional que recorrían los peregrinos para llegar al sepulcro del apóstol. Ahora se ha logrado esta nueva meta.
“Junto al Martyrion (edificio de culto octogonal, construido en el lugar en el que fue martirizado san Felipe), hemos encontrado una basílica del siglo V de tres naves”, explica el director de la misión.
“Esta iglesia fue construida entorno a una tumba romana del siglo I, que evidentemente gozaba de la máxima consideración, si más tarde se decidió edificar a su alrededor una basílica. Se trata de una tumba en forma de nicho, con una cámara funeraria”.

Poniendo en relación éstos y otros muchos elementos, “hemos llegado a la certeza de haber encontrado la tumba del apóstol Felipe, que era la meta de la peregrinación a ese lugar”, afirma D'Andria.
En el siglo IV, Eusebio de Cesarea escribió que dos estrellas brillan en Asia: Juan, sepultado en Éfeso, y Felipe, “que descansa en Hierápolis”.
La cuestión ligada a la muerte del apóstol ha suscitado controversia. Según una tradición antigua, de hecho, no murió martirizado, mientras que los evangelios apócrifos cuentan que sufrió el martirio bajo los romanos.
“Las pinturas representan la vida de los Aureli. Como puede verse, era una familia rica que poseía muchas casas. Las pinturas muestran la construcción de sus villas y jardines en la Roma imperial. Se inspiran en poemas de Homero, en particular en la Odisea”.
Desde hace 10 años, un equipo de arqueólogos ha restaurado este hipogeo que fue descubierto en 1919, 17 siglos después de su construcción. La restauración de esta cámara subterránea ha revelado algunos datos de la familia de los Aureli y de la transición del paganismo al cristianismo.
“En los frescos se ve la transición entre el paganismo y la vida cristiana. Son frescos de temas clásicos, paganos. Pero incluyen algunas imágenes cristianas. Estamos en un punto intermedio, en el momento en que el cristianismo, la religión que viene de Oriente empieza a entrar en Roma”.

“El hipogeo está totalmente adornado con frescos. Los hemos restaurado con tecnología láser. Eso nos ha permitido descubrir una escena nueva. Se trata del lamento de Aurelia ante el cadáver de sus dos hermanos”.
El hipogeo sólo podrá visitarse reservando entrada ante la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra, que espera conservar este espectacular tesoro romano, y mostrarlo al mayor número posible de personas.
Los hermanos Jacinta y Francisco Marto eran analfabetos.
Los hermanos Jacinta y Francisco Marto eran analfabetos. Su vida era la típica de las humildes familias de las zonas rurales de Portugal de principios del siglo XX: pasaban el día en el campo, sacando a pasear los rebaños. Su vida cambió con las apariciones de la Virgen que se produjeron entre mayo y octubre de 1917.Por entonces tenían 7 y 9 años.
"Es interesante ver cómo Dios, a través de la Virgen, se dirige a los niños. Porque utiliza el lenguaje de aquella época, que a nosotros nos puede parecer arcaico y utiliza un lenguaje para niños. Y los niños se dejan cautivar por el mensaje, se dejan cautivar por la Virgen. Tienen esta capacidad de dejarse encantar”.
La primera aparición de la Virgen fue el 13 de mayo. Les dijo que volvería el día 13 del mes siguiente. El mensaje de conversión que les confió la Virgen cambió radicalmente sus vidas y su carácter. Comenzaron a dedicar mucho tiempo a rezar para pedir perdón por los pecados del mundo.
El eco de las apariciones atrajo a centenares de personas pero despertó los recelos de las autoridades locales. Estas secuestraron a Francisco, Jacinta y a la otra de los videntes, Lucia.
"Los masones, que tenían mucha influencia en Portugal querían convencerlos de que las visiones eran una invención, que no eran realidad. Para hacerlo separaron a Jacinta y Francisco de Lucia. Les dijeron que a Lucia la habían matado metiéndola en una caldera de aceite hirviendo... lo cual era falso, pero les amenazaron con terminar de la misma forma. Ellos respondieron: vosotros podéis hacer lo que queráis pero nosotros no podemos mentir. Hemos visto a la Virgen”.
La única de los tres videntes que llegó a la ancianidad fue Lucia. Francisco y Jacinta enfermaron y fallecieron pocos años después de las apariciones, en 1919 y 1920. Tenían 9 y 10 años, respectivamente.
Su corta edad no fue un impedimento para llevarlos a los altares en el 2000. Hasta el momento, los únicos niños declarados santos tan jóvenes fueron mártires.
En él se celebra cada Viernes Santo el Vía Crucis que preside el Papa para recordar la Pasión de Jesús.
Lo mandó construir el emperador Vespasiano y lo inauguró el emperador Tito con unos espectáculos y ceremonias que duraron 100 días. El Coliseo estuvo en uso 500 años y en el siglo XIII se convirtió en fortaleza. Como muchos de los edificios de los Foros Imperiales, parte de sus materiales se utilizaron para levantar nuevas construcciones.
A finales del siglo XIX se excavó y recuperó su estructura original que es la que hoy se puede contemplar.
Las fotografías han sido tomadas gracias a Google-trike, un sofisticado triciclo con un gran equipamiento informático para registrar las imágenes.
Además del Coliseo, desde su ordenador usted podrá pasear por otros lugares de la Roma imperial como el Palatino, las Termas de Diocleciano, Villa Adriana y Villa Del Este en Tívoli.
Una manera original de recorrer los grandes monumentos de Italia, ahora al alcance de todos.
Francisco: La perseverancia podría definirse vomo la capacidad de 'soportar', de 'portar sobre los hombros'
Fue un milagro. El padre Alsabagh se disponía a dar la comunión a cientos de fieles que habían acudido a la misa dominical de las cinco en la Iglesia de San Francisco del barrio Azizieh de Alepo cuando un proyectil de mortero impactó en el templo. Todos miraron al techo, pero el artefacto lanzado desde los barrios de la oposición no pudo penetrar en el edificio sagrado. Salieron a la carrera y se juntaron en el jardín trasero
Ibrahim Alsabagh, custodio del Convento de San Francisco y párroco de la Iglesia Latina no olvida ese 1 de noviembre de 2015, pero tampoco que «los cristianos de Alepo somos una parte más de la comunidad y sufrimos lo mismo que los demás. Que nadie olvide que entramos en el séptimo año de muerte, terror, miedo, hambre y sed». Con el paso de los años los cristianos de Siria se miran en el espejo de sus vecinos iraquíes, donde apenas quedan 400.000 del más de millón y medio que había antes de la invasión de Estados Unidos en 2003.
Antes del estallido de la revuelta contra el presidente Bashar Al Assad se estima que representaban entre el 6,5 y el 10 por ciento de una población de 23 millones. Ahora se calcula que dos de cada tres viven como desplazados o refugiados en el extranjero. Los cristianos forman junto a alauitas, drusos e ismaelíes las principales minorías en un país donde la inmensa mayoría sigue la rama suní del islam. «Las consecuencias del conflicto nos golpean como al resto y también la emigración. Oriente Medio se desangra y cada vez hay menos cristianos», lamenta el párroco de 45 años y natural de Damasco.
Los que huyeron de Alepo, el primer refugio que encontraron fue en las ciudades de la costa mediterránea, pero muchos han terminado saliendo del país. «Cada domingo les pidoque no se vayan, que no se arriesguen a caer en manos de las mafias, a ser humillados en otros países o a convertirse en una carga para otros gobiernos… Pido a los dirigentes europeos que nos ayuden a quedarnos en Alepo, no a emigrar», suplica el presbítero, cuya vida ha dado un giro radical en los dos años que lleva en la ciudad. «Hemos pasado de celebrar misas y dar sermones a ser parte activa de los equipos de socorro. Distribuimos agua, comida y medicinas. La Iglesia y las sociedades de Occidente son conscientes de nuestro esfuerzo, pero tengo dudas de que los gobiernos lo sean».
Los combates en Alepo terminaron el diciembre y el Gobierno recuperó el control de toda la ciudad. Tres meses después las explosiones siguen retumbando en la que era la ciudad más poblada de Siria, «hoy paralizada, sin agua corriente ni electricidad, con mucha destrucción y duros combates en las zonas rurales que la rodean. La guerra no ha terminado, ni muchísimo menos. No hay estabilidad en el país», sentencia el religioso.
En el punto de mira
Desde el comienzo de la guerra, la jerarquía eclesiástica fuera de Siria ha intentado mantenerse neutral en un conflicto que ha golpeado a la comunidad de forma directa en forma de coches bomba, asesinatos y secuestros de fieles y religiosos, entre ellos el obispo metropolitano de Alepo y Alejandría, Bulos Yaziji, y el siriaco ortodoxo de Alepo, Yuhanna Ibrahim, capturados en 2013 por un grupo armado cuando viajaban en coche por el norte de Siria, cerca de la frontera con Turquía.
El golpe más simbólico se produjo hace cuatro años con el asalto a la aldea de Malula, cuna del arameo, la lengua de Jesús. Las fuerzas de seguridad recuperaron meses después el control tras una larga batalla. Las dudas que plantea el alineamiento con Assad fuera del país no existen para la minoría que se ha quedado en Siria y que ve al Gobierno como su gran protector ante una oposición en manos de grupos radicales. «En los barrios orientales de Alepo nos convertimos en blanco de los distintos grupos armados, que nos mostraron todo su odio y rencor. No puedo olvidar que cada Sábado Santo era su día favorito para atacar iglesias», recuerda el padre Ibrahim.
Aquel domingo de noviembre de 2015 todos salieron vivos tras el impacto del proyectil. Pasado el susto, el párroco repartió la sagrada forma a sus fieles al aire libre y concluyó la misa. El padre Alsabagh se queda y trabaja para que sus fieles sigan su ejemplo.
Las obras de restauración del Edículo y la Cúpula que protegen la Tumba de Jesucristo han terminado a tiempo y los resultados serán presentados este miércoles, confirmó en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén la encargada de la restauración, Antonia Moropoulou. «Ahora se puede ver el color y la textura, las inscripciones, los frescos», dijo Moropoulou junto a la centenaria estructura, donde la tradición cristiana sitúa el enterramiento y resurrección de Jesús, tras diez meses de restauración durante los que se han limpiado las láminas de mármol del armazón y se ha reforzado su estabilidad.

Además, se han sustituido losas dañadas, se han cubierto las grietas con pegamento, rellenado fisuras y reforzado soportes para un «monumento que durará para siempre», resaltó la jefa griega de la rehabilitación. A finales de febrero, se retiraron los andamiajes, colocados por los británicos en 1947, y las lonas y mamparas que rodean el Edículo se quitarán en las próximas horas para que quede despejado de materiales de obra de cara al próximo 22 de marzo, fecha de presentación.
En lo alto de la cúpula reluce una cruz greco-ortodoxa, que no estaba antes de la restauración y que según el franciscano y arqueólogo, Eugenio Alliata, podría pertenecer al proyecto original del Edículo. Con un presupuesto inicial de 3 millones de euros, el equipo restaurador ha contado con una financiación total de 6 millones, el 80% por donaciones desde el exterior, declaró Bonnie Burnham, ex presidenta del Fondo de Monumentos Mundiales (WMF, por sus siglas en inglés)
Moropoulou se ha mostrado satisfecha con los trabajos y pide ahora a «lacomunidad cristiana que lo mantenga». También ha sido de gran complejidad drenar el agua y los desechos subterráneos acumulados en los cimientos que estaban deteriorando el esqueleto del Edículo, unos trabajos que tendrían que continuar para evitar un deterioro en el futuro.

El pasado mes, la jefa de la restauración entregó a los tres Custodios, el greco-ortodoxo, el armenio apostólico y el católico romano, el proyecto de «estabilización de cimientos» que todavía están estudiando. Las obras han sido posibles gracias al acuerdo de las tres iglesias y Moropoulou espera que esta rehabilitación inaugure una «nueva era para Tierra Santa, una era de comunicación». El templo del Santo Sepulcro ha estado abierto durante todo el proceso de restauración y sólo fue cerrado al público 36 horas, cuando se retiró la lápida que cubría la fosa original de Jesucristo, un hecho que no ocurría desde hace cinco siglos.