El Papa explicó a los peregrinos que a veces lo que quieren las personas no coincide con lo que Dios tiene planeado para ellas. Recordó el personaje bíblico de Judit como modelo de esperanza y fe en la voluntad del Señor.

En situaciones difíciles y dolorosas, el camino a seguir es el de la confianza en Dios

El Papa explicó a los peregrinos que a veces lo que quieren las personas no coincide con lo que Dios tiene planeado para ellas. Recordó el personaje bíblico de Judit como modelo de esperanza y fe en la voluntad del Señor.

 

RESUMEN DE LA CATEQUESIS EN ESPAÑOL 
 
"Queridos hermanos y hermanas:
 
El personaje bíblico de Judit nos muestra a una mujer llena de fe y de valor, capaz de orientar a los hombres y mujeres de su tiempo, que se enfrentaban a una situación límite y desesperada, hacia la verdadera esperanza en Dios.
 
Ella nos enseña que, ante las situaciones difíciles y dolorosas, el camino a seguir es el de la confianza en Dios,y nos invita a recorrerlo con paz, oración y obediencia, haciendo también todo lo que esté en nuestra mano para superar estas situaciones, pero reconociendo siempre y en todo la voluntad del Señor.
 
Como ella, tenemos que mirar más allá de las cosas del aquí y el ahora, y descubrir que Dios
es un Padre bueno que sabe todo lo que nos hace falta mejor que nosotros mismos. Nosotros
podemos pedirle todo lo que necesitemos, pero siempre con la humildad necesaria para reconocer su voluntad y entrar en sus designios, aunque a veces no coincidan con los nuestros, pues él es el único que con su amor puede sacar vida incluso de la muerte, conceder paz en la enfermedad, serenidad en la soledad y el consuelo en el llanto.
 
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Hoy celebramos la fiesta de la Conversión de san Pablo y se concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, los invito a todos a que, conscientes de que el amor de Cristo nos apremia, no dejen nunca de rezar para que los cristianos trabajemos, con respeto fraterno y caridad activa, por llegar a la tan deseada unidad.
 
Que Dios los Bendiga”.

 

ROME REPORTS

Una revolución gigantesca

 

 

¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana la fe cristiana, que defendía postulados éticos contrarios a los que regían las relaciones entre los hombres?

Una revolución gigantesca

POR JUAN MANUEL DE PRADA

                             

Una visita a Roma, siguiendo las huellas del cristianismo primitivo, me ha impuesto un motivo de reflexión. ¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana una fe como la cristiana, que se sustentaba sobre una visión monoteísta de la divinidad y defendía postulados éticos totalmente extraños, incluso adversos, a los que por entonces regían las relaciones entre los hombres?

Basta leer la brevísima Carta de San Pablo a Filemón, en la que le propone que manumita a su esclavo Onésimo y lo acoja como si de un «hermano querido» se tratase, para que advirtamos que la conversión a la nueva fe proponía una subversión radical de los valores vigentes.

La esclavitud no era tan sólo una situación plenamente reconocida por la ley; era también el cimiento de la organización económica romana. Podemos entender que un esclavo se sintiese seducido por la prédica de un cristiano que le aseguraba que ningún otro hombre podía ejercer dominio sobre él.

Pero, ¿cómo un patricio que funda su fortuna sobre el derecho de propiedad que posee sobre otros hombres se aviene a amarlos «no sólo humanamente sino como hermanos en el Señor», no porque ninguna obligación legal se lo imponga, sino «por propia voluntad», como San Pablo le aconseja a Filemón que haga con Onésimo? Semejante cambio de mentalidad exige una revolución interior gigantesca.

Pongámonos en el pellejo de un patricio romano de los primeros siglos de nuestra era. Sabemos que por aquella época el culto a las divinidades del Olimpo era cada vez más laxo y protocolario. Sabemos también que los sucesivos emperadores que siguieron a Julio César se nombraron a sí mismos dioses, en un acto de arrogancia megalómana que a cualquier patricio romano con inquietudes espirituales le resultaría repugnante.

Probablemente ese patricio romano al que tratamos de evocar hubiese dejado de creer en los dioses paganos, cuyas andanzas se le antojarían una superchería; pero su mentalidad seguía siendo politeísta. La creencia en un Dios único se le antojaría un desatino propio de razas híspidas y fanáticas, oriundas de geografías desérticas, ajenas a la belleza multiforme del mundo.

Pero entonces nuestro patricio romano repara en la novedad del cristianismo. Dios se ha hecho hombre: no para encumbrarse en un trono y para que los demás hombres se prosternen a su paso, como hacían los degenerados emperadores a quienes le repugnaba adorar, ni para disfrutar de tal o cual gozo mundano, como hacían los habitantes del Olimpo; sino para participar de las limitaciones humanas, para probar sus mismas penalidades, para acompañar a los hombres en su andadura terrenal.

Y, al hacerse hombre, Dios hace que la vida humana, cada vida humana, se torne sagrada; a través de su encarnación, el Dios de los cristianos logra que cada ser humano, cada uno de esos «pequeñuelos» a los que se refiere el Evangelio, sea reflejo vivo, portador de divinidad. De repente, ese patricio romano siente que por fin ha hallado una fe que le permite adorar a un Dios único y seguir venerando la belleza multiforme del mundo de un modo, además, mucho más exigente, puesto que ahora esa belleza es sagrada, está poseída por ese Dios que ha querido compartir su misma naturaleza humana.

Para ese imaginario patricio romano que ahora tratamos de evocar en su proceso de conversión desde la mentalidad politeísta tuvo que desempeñar un papel decisivo el culto a los santos. En ellos debió encontrar una simbiosis perfecta entre aquella «virtus» que cultivaron sus ancestros y la nueva fe que hacía de cada hombre un portador de divinidad.

Y, sobre todos ellos, la figura de María. Los dioses del Olimpo elegían a las mujeres más bellas y distinguidas para disfrutar de un placentero revolcón y enseguida abandonar el lecho, con los primeros clarores del alba; el Dios de los cristianos había elegido a la mujer más humilde, una paria de Judea, casada con un carpintero zarrapastroso, para quedarse con ella, para quedarse en ella, para hacerse visible ante los hombres, para hacerse uno de ellos, a través de ella.

En la sociedad romana, la mujer ocupaba un lugar vicario del hombre; al haber confiado en una mujer como depositaria de su divinidad, el Dios cristiano había encumbrado la naturaleza femenina hasta cúspides inimaginables.

De repente, nuestro patricio romano supo que Dios estaba en él, que Dios estaba dentro de cada hombre y de cada mujer. Y se dispuso a abrazar esa revolución gigantesca con un ardor hasta entonces desconocido.

Artículo de Juan Manuel de Prada publicado en la revista XLSemanal

"

Avance del documento preparatorio sobre el síno do de los jóvenes

El documento preparatorio del Sínodo de 2018 sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se dirige principalmente a los obispos y otras autoridades eclesiásticas. El Papa ha querido también entregarlo a los jóvenes como “brújula” para este caminar del sínodo. (cf. Carta a los jóvenes, 13-I-2017).

La introducción plantea “acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud", y también pedir a los jóvenes que "ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia”. Para comprender y describir la experiencia vocacional propone fijarse especialmente en la figura del apóstol Juan.

Interesante esa apelación del principio a "una vida en plenitud" para los jóvenes, por contraste con los moldes en los que con frecuencia se les quiere uniformar, para convertirlos en mansoscorderos que siguen a los encantadores de serpientes, que solamente buscan explotarles al servicio de un "sistema" que no les ayuda precisamente a lograr esa vida, en plenitud de belleza y alegría, en la que sueñan sin olvidar que cuesta esfuerzo.

Siguiendo una metodología teológico-pastoral, el documento comienza por una mirada a la realidad sociocultural de los jóvenes en el mundo de hoy. Desde ahí aborda las cuestiones centrales: fe, discernimiento, vocación. En tercer lugar se propone orientar la acción pastoral especialmente de cara a la promoción de vocaciones entre los jóvenes.

 

Un mundo en rápido cambio

El mundo en el que se sitúan hoy los jóvenes -una pluralidad de culturas con ciertas diferencias- es un mundo que cambia rápidamente. Se caracteriza por la fluidez y la incertidumbre (debida a la vulnerabilidad y a la inseguridad de grandes sectores de la población). Estamos en una cultura cientifista, dominada por un paradigma tecnocrático y la búsqueda del beneficio a corto plazo que dan lugar a una cultura del descarte. Una sociedad multicultural y multirreligiosa que ofrece oportunidades y riesgos: oportunidades para el debate y el enriquecimiento mutuo y riesgos de desorientación y relativismo.

 

“A los ojos de la fe –afirma el documento- esto se ve como un signo de nuestro tiempo que requiere un crecimiento en la cultura de la escucha, del respeto y del diálogo”. Así es, para no caer en alguno de los extremos: de un lado el ya citado del relativismo, de otro lado el fundamentalismo que puede vincularse a diversas formas de fideísmo e integrismo.

En lo que sigue nos fijamos solamente en el primer apartado del documento, es decir, en cómo se caracteriza a las nuevas generaciones y cómo se las puede ayudar.

Perfiles de los jóvenes

Nos encontramos en el marco de una globalización que, de un lado, tiende a homogeneizar a los jóvenes, mientras que a la vez persisten en ellos peculiaridades (esto es, características propias de cada persona, familia o grupo) institucionales y sobre todo culturales. Estas peculiaridades se van perdiendo en las “segundas generaciones” de migrantes o en los hijos de parejas de algún modo “mixtas” (desde el punto de vista étnico, cultural y/o religioso).

Cabe pensar, que, por el contrario, los jóvenes se benefician de atesorar las peculiaridades que vemos tal vez en los abuelos, en los que se quedaron en la tierra o patria de origen, en los que guardan la historia de nuestra cultura. En este sentido llama la atención que se valore tanto, por ejemplo, la “denominación de origen” para cosas que apreciamos buenas con el paladar.

¿Cómo crecerá el árbol si se le desconecta de sus raíces? Si pierden las peculiaridades de las familias y de las culturas locales, los jóvenes se arriesgan a perder esa memoria de la propia identidad tan necesaria para el discernimiento del camino a recorrer, en el plano personal o en el social. Esto es especialmente grave si se consideran, como señala el análisis, las condiciones de especial dureza en las que viven muchos niños y jóvenes.

Entre los rasgos de los jóvenes actuales el señala el texto una diversa disponibilidad para la participación y la movilización, que les sitúa entre dos extremos: los pasivos y desanimados (con frecuencia más preocupados por la propia imagen y tal vez conformistas) por una parte, y, por otra, los emprendedores y vitales, según las experiencias y oportunidades que cada uno hayan tenido. Especialmente importan las figuras de referencia y el estilo de la educación recibida en familia.

Tendencialmente cautos,se apunta, los jóvenes actuales son especialmente desconfiados ante las instituciones. Así es, y nada tiene de extraño teniendo en cuenta que son hijos o nietos de una cultura de la sospecha a la vez que víctimas de una sociedad en crisis de valores. Con este panorama, tampoco es extraño que vivan al margen de la religión o busquen experiencias religiosas alternativas, intentando hacerlas compatibles con las ofertas consumistas e individualistas de la cultura dominante.

A la vez, las modernas tecnologías influyen, para bien y para mal, en la concepción del mundo, de la realidad y de las relaciones interpersonales.

 

¿Cómo ayudarles? Arriesgar, reaccionar

En esta situación bastante enmarañada, ¿cómo ayudar a los jóvenes a configurar sus trayectorias vitales y tomar unas opciones acertadas? Se requieren, propone el texto, adecuados instrumentos culturales, sociales y espirituales, que se vuelven “indispensables para que los mecanismos de toma de decisiones no se bloqueen y se termine, tal vez por miedo a equivocarse, sufriendo el cambio [ese cambio cultural] en lugar de guiarlo”. Y se cita una exhortación fundamental del Papa Francisco que va directamente contra el conformismo, también de los educadores:

“¿Cómo podemos despertar la grandeza y la valentía de elecciones de gran calado, de impulsos del corazón para afrontar desafíos educativos y afectivos? La palabra la he dicho tantas veces: ¡arriesga! Arriesga. Quien no arriesga no camina. ¿Y si me equivoco?.¡Bendito sea el Señor! Más te equivocarás si te quedas quieto” (Discurso en Villa Nazaret, Roma, 18-VI-2016).

Tendremos más posibilidades de acertar si nuestra mirada se dirige al mismo tiempo a la centralidad que ocupa la persona de Jesús en el anuncio de la fe, y a la precariedad en que se encuentran muchos jóvenes por los factores arriba citados.

Todo ello nos exige “una mayor capacidad de respuesta al desafío educativo en su acepción más amplia”, en la línea de la “emergencia educativa” señalada por Benedicto XVI (Mensaje a la ciudad y a la diócesis de Roma sobre la urgencia de la educación, 21-I-2008).

Muy cierto. Por esto es preciso, en los ámbitos educativos y especialmente en lo que se refiere a la educación de la fe, reaccionar con urgencia, mejorar la calidad de las ofertas y servicios, crear redes para intercambiar conocimientos y experiencias, impulsar, tanto a nivel regional como nacional e internacional, equipos de educadores lúcidos y experimentados, establecer foros de discusión, abordar juntamente la globalización y las diferencias culturales señaladas.

 

Los jóvenes, protagonistas del cambio

En este sentido, apunta el texto y qué duda cabe, resulta “urgente promover las capacidades personales poniéndolas al servicio de un sólido proyecto de crecimiento común”. Se revela clave esta centralidad de la persona, el servicio a su proyecto de crecimiento.

En esta línea, cabría añadir, conviene especialmente detectar “vocaciones para la educación”, impulsar proyectos concretos en las instituciones educativas, con una atención particular, insistimos, al ámbito de la educación de la fe.

Y es importante algo que les decía el Papa a los jóvenes en su carta con motivo de la presentación de este texto: “La Iglesia desea ponerse a la escucha de vuestra voz, de vuestra sensibilidad, de vuestra fe; hasta de vuestras dudas y críticas”.

Lo recoge también el documento, como hemos visto, desde su principio: hay que escuchar a los jóvenes y darlesoportunidades para que ellos mismos puedan orientar estas cuestiones que les afectan; pues con frecuencia tienen gran capacidad para proponer y practicar alternativas que muestran cómo el mundo o la Iglesia podrían ser.

IGLESIA Y NUEVA EVANGELIZACIÓN

Se celebra la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero. En Tierra Santa esa semana tiene lugar del 21 al 29 de enero porque, cada año, comienza el sábado después del día 19, fecha en la que los hermanos armenios celebran la Navidad

 

«Efectivamente, nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos» (2 Co 5, 15-15).

 

El ecumenismo, el planteamiento destinado a promover la unidad del cristianismo y a curar las heridas de la separación hacen su camino en el mundo cristiano. En Tierra Santa existen numerosas formas de división entre los cristianos. La más visible es la división entre las diferentes denominaciones cristianas, oriental, ortodoxa, católica, protestante y evangélica. Sin embargo, uno de los mayores desacuerdos es el que existe entre cristianos que se identifican a las diferentes partes del conflicto que causa estragos en Tierra Santa. El reto de la unidad no es solamente reunir las denominaciones, sino también favorecer la conciencia de que los cristianos juegan un papel único, ya que se encuentran en cada campo.

 

Existen diferentes tipos de ecumenismo en Tierra Santa hoy: 

 

- El ecumenismo de solidaridad: Un vector fuerte en las relaciones ecuménicas entre cristianos en Tierra Santa reside en su situación común. Mientras que las causas de división teológicas, religiosas e históricas son a menudo abstractas y lejanas, la necesidad de unidad se ve favorecida por una lucha común por sobrevivir. El encuentro ecuménico tiene a veces más que ver con la ocupación, la discriminación y el fundamentalismo religioso que con las causas de división entre cristianos. Este tipo de ecumenismo ha llevado a tejer relaciones más estrechas entre cristianos por motivo de una conciencia creciente del hecho que lo que nos une es mucho mayor que lo que nos divide.

 

-El ecumenismo de piedad: Un género más diferente de ecumenismo se inspira en el enfoque sobre temas específicamente cristianos. Algunos ven su fe como un refugio contra el mundo exterior. Los cristianos van al espacio religioso para escapar del conflicto y se sumergen en un lenguaje religioso y en la práctica para crear una distancia con su medio ambiente. Es una tendencia que se observa a menudo entre las comunidades cristianas tradicionalistas que ven el mundo como un reino de tinieblas y la comunidad cristiana como fuente de luz y consuelo.

 

-El ecumenismo profético: Algunos discípulos de Cristo se comprometieron en una nueva forma de ecumenismo que se podría llamar «ecumenismo profético». «Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio» (Efesios 2, 14-16). Empezamos a pensar que Dios ha plantado la semilla de la fe en Cristo en el suelo de las dos sociedades palestinas e israelí. ¿Es significativo para la vocación de los discípulos de Cristo que, aunque separados por muros de enemistad por el conflicto en curso, están unidos por su fe en Cristo que es nuestra paz?

 

En conclusión me gustaría citar a un hombre que ha llamado sin cesar a sus hermanos y hermanas en Cristo, instándoles a mirar el escándalo de la división cristiana: el papa Francisco. Durante su encuentro con el Patriarca greco-ortodoxo, Bartolomé, delante del la Tumba de Cristo en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, el 25 de mayo de 2014, declaró: «Siempre que nos pedimos perdón los unos a los otros por los pecados cometidos en relación con otros cristianos y tenemos el valor de conceder y de recibir este perdón, experimentamos la resurrección. Siempre que, superados los antiguos prejuicios, nos atrevemos a promover nuevas relaciones fraternas, confesamos que Cristo ha resucitado verdaderamente. Siempre que pensamos el futuro de la Iglesia a partir de su vocación a la unidad, brilla la luz de la mañana de Pascua». Los discípulos de Cristo están llamados a hacerse testigos de este amanecer sobre su tierra amada que es también la nuestra, desgarrada desde hace ya demasiado tiempo por el conflicto.

 

* El Pbro. David Neuhaus, jesuita, responsable de la pastoral de los emigrantes y católicos de lengua hebrea para el Patriarcado latino de Jerusalén, ha aceptado compartir con nosotros una reflexión sobre ese tema central para la Iglesia, particularmente esencial en Tierra Santa.

Vatican Insider

 

 Así lo afirma el arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar a propósito de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

“La horrible violencia anti-cristiana ha servido para unirlos en cuanto cristianos, seguidores de Jesucristo”

 Así lo afirma el arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar a propósito de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

En Orissa (India), “el ecumenismo entre los cristianos es una realidad viviente, porque es un ecumenismo de la sangre”. Así lo afirma Mons. John Barwa, arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar, al intervenir en la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Según su explicación fueron los pogromos contra los cristianos del 2008, lo que los “volvió unidos y ecuménicos, e hizo que lucháramos por la paz y el desarrollo mutuo”.

Asia News cita Mons. Barwa cuando refiere que “la horrible violencia anti-cristiana ha servido para unirlos en cuanto cristianos, seguidores de Jesucristo”. Además agrega que quienes los persiguen no hacen distinciones entre las denominaciones sino que los buscan porque todos son seguidores de Jesús y que están dispuestos a morir por Él.

En Orissa y en las comunidades del distrito de Kandhamal, la fe es visible. Por eso el arzobispo sostiene que los radicales hindúespudieron castigarlas quemando sus casas, las iglesias y asesinándolos. Pero ante el sufrimiento que han vivido expresa: “La cruz de Cristo era la prueba que nos unía. Para nosotros, esto es el ecumenismo, y nosotros, su pueblo, estamos orgullosos de nuestro amor ecuménico, de la solidaridad, de la unidad y de la paz”.

En su intervención el arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar, Mons. Barwa refiere también que en el Estado indio a menudo se celebran encuentros entre los líderes cristianos de todas las denominaciones y que “estas reuniones son un signo de amor y de fraternidad en el servicio a nuestro pueblo”. Con el amor ecuménico, sugiere, “podemos crear una cultura de paz y armonía, unidad y servicio para el bien de todos”.

El prelado informa asimismo que en Bhubaneshwar se ha localizado un terreno para la sepultura común de cristianos. Luego destaca que “la Iglesia católica está al servicio de todos. Por eso, en puesto que somos cristianos unidos por el amor de Cristo y por Cristo, en todas nuestras instituciones educativas, en el apostolado social y en el campo de la salud no debe haber discriminaciones entre cristianos, y ni siquiera deber haberlas hacia aquellos que nos han perseguido”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Avance del documento preparatorio sobre el síno do de los jóvenes

El documento preparatorio del Sínodo de 2018 sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se dirige principalmente a los obispos y otras autoridades eclesiásticas. El Papa ha querido también entregarlo a los jóvenes como “brújula” para este caminar del sínodo. (cf. Carta a los jóvenes, 13-I-2017).

La introducción plantea “acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud", y también pedir a los jóvenes que "ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia”. Para comprender y describir la experiencia vocacional propone fijarse especialmente en la figura del apóstol Juan.

Interesante esa apelación del principio a "una vida en plenitud" para los jóvenes, por contraste con los moldes en los que con frecuencia se les quiere uniformar, para convertirlos en mansos corderos que siguen a los encantadores de serpientes, que solamente buscan explotarles al servicio de un "sistema" que no les ayuda precisamente a lograr esa vida, en plenitud de belleza y alegría, en la que sueñan sin olvidar que cuesta esfuerzo.

Siguiendo una metodología teológico-pastoral, el documento comienza por una mirada a la realidad sociocultural de los jóvenes en el mundo de hoy. Desde ahí aborda las cuestiones centrales: fe, discernimiento, vocación. En tercer lugar se propone orientar la acción pastoral especialmente de cara a la promoción de vocaciones entre los jóvenes.

Un mundo en rápido cambio

El mundo en el que se sitúan hoy los jóvenes -una pluralidad de culturas con ciertas diferencias- es un mundo que cambia rápidamente. Se caracteriza por la fluidez y la incertidumbre (debida a la vulnerabilidad y a la inseguridad de grandes sectores de la población). Estamos en una cultura cientifista, dominada por un paradigma tecnocrático y la búsqueda del beneficio a corto plazo que dan lugar a una cultura del descarte. Una sociedad multicultural y multirreligiosa que ofrece oportunidadesy riesgos: oportunidades para el debate y el enriquecimiento mutuo y riesgos de desorientación y relativismo.

“A los ojos de la fe –afirma el documento- esto se ve como un signo de nuestro tiempo que requiere un crecimiento en la cultura de la escucha, del respeto y del diálogo”. Así es, para no caer en alguno de los extremos: de un lado el ya citado del relativismo, de otro lado el fundamentalismo que puede vincularse a diversas formas de fideísmo e integrismo.

En lo que sigue nos fijamos solamente en el primer apartado del documento, es decir, en cómo se caracteriza a las nuevas generaciones y cómo se las puede ayudar.

Perfiles de los jóvenes

Nos encontramos en el marco de una globalización que, de un lado, tiende a homogeneizar a los jóvenes, mientras que a la vez persisten en ellos peculiaridades (esto es, características propias de cada persona, familia o grupo) institucionales y sobre todo culturales. Estas peculiaridades se van perdiendo en las “segundas generaciones” de migrantes o en los hijos de parejas de algún modo “mixtas” (desde el punto de vista étnico, cultural y/o religioso).

Cabe pensar, que, por el contrario, los jóvenes se benefician de atesorar las peculiaridades que vemos tal vez en los abuelos, en los que se quedaron en la tierra o patria de origen, en los que guardan la historia de nuestra cultura. En este sentido llama la atención que se valore tanto, por ejemplo, la “denominación de origen” para cosas que apreciamos buenas con el paladar.

¿Cómo crecerá el árbol si se le desconecta de sus raíces? Si pierden las peculiaridades de las familias y de las culturas locales, los jóvenes se arriesgan a perder esa memoria de la propia identidad tan necesaria para el discernimiento del camino a recorrer, en el plano personal o en el social. Esto es especialmente grave si se consideran, como señala el análisis, las condiciones de especial dureza en las que viven muchos niños y jóvenes.

Entre los rasgos de los jóvenes actuales el señala el texto una diversa disponibilidad para la participación y la movilización, que les sitúa entre dos extremos: los pasivos y desanimados (con frecuencia más preocupados por la propia imagen y tal vez conformistas) por una parte, y, por otra, los emprendedores y vitales, según las experiencias y oportunidades que cada uno hayan tenido. Especialmente importan las figuras de referencia y el estilo de la educación recibida en familia.

Tendencialmente cautos, se apunta, los jóvenes actuales son especialmente desconfiados ante las instituciones. Así es, y nada tiene de extraño teniendo en cuenta que son hijos o nietos de una cultura de la sospecha a la vez que víctimas de una sociedad en crisis de valores. Con este panorama, tampoco es extraño que vivan al margen de la religión o busquen experiencias religiosas alternativas, intentando hacerlas compatibles con las ofertas consumistas e individualistas de la cultura dominante.

A la vez, las modernas tecnologías influyen, para bien y para mal, en la concepción del mundo, de la realidad y de las relaciones interpersonales.

¿Cómo ayudarles? Arriesgar, reaccionar

En esta situación bastante enmarañada, ¿cómo ayudar a los jóvenes a configurar sus trayectorias vitales y tomar unas opciones acertadas? Se requieren, propone el texto, adecuados instrumentos culturales, sociales y espirituales, que se vuelven “indispensables para que los mecanismos de toma de decisiones no se bloqueen y se termine, tal vez por miedo a equivocarse, sufriendo el cambio [ese cambio cultural] en lugar de guiarlo”. Y se cita una exhortación fundamental del Papa Francisco que va directamente contra el conformismo, también de los educadores:

“¿Cómo podemos despertar la grandeza y la valentía de elecciones de gran calado, de impulsos del corazón para afrontar desafíos educativos y afectivos? La palabra la he dicho tantas veces: ¡arriesga! Arriesga. Quien no arriesga no camina. ¿Y si me equivoco?.¡Bendito sea el Señor! Más te equivocarás si te quedas quieto” (Discurso en Villa Nazaret, Roma, 18-VI-2016).

Tendremos más posibilidades de acertar si nuestra mirada se dirige al mismo tiempo a la centralidad que ocupa la persona de Jesús en el anuncio de la fe, y a la precariedad en que se encuentran muchos jóvenes por los factores arriba citados.

Todo ello nos exige “una mayor capacidad de respuesta al desafío educativo en su acepción más amplia”, en la línea de la “emergencia educativa” señalada por Benedicto XVI (Mensaje a la ciudad y a la diócesis de Roma sobre la urgencia de la educación, 21-I-2008).

Muy cierto. Por esto es preciso, en los ámbitos educativos y especialmente en lo que se refiere a la educación de la fe, reaccionar con urgencia, mejorar la calidad de las ofertas y servicios, crear redes para intercambiar conocimientos y experiencias, impulsar, tanto a nivel regional como nacional e internacional, equipos de educadores lúcidos y experimentados, establecer foros de discusión, abordar juntamente la globalización y las diferencias culturales señaladas.

Los jóvenes, protagonistas del cambio

En este sentido, apunta el texto y qué duda cabe, resulta “urgente promover las capacidades personales poniéndolas al servicio de un sólido proyecto de crecimiento común”. Se revela clave esta centralidad de la persona, el servicio a su proyecto de crecimiento.

En esta línea, cabría añadir, conviene especialmente detectar “vocaciones para la educación”, impulsar proyectos concretos en las instituciones educativas, con una atención particular, insistimos, al ámbito de la educación de la fe.

Y es importante algo que les decía el Papa a los jóvenes en su carta con motivo de la presentación de este texto: “La Iglesia desea ponerse a la escucha de vuestra voz, de vuestra sensibilidad, de vuestra fe; hasta de vuestras dudas y críticas”.

Lo recoge también el documento, como hemos visto, desde su principio: hay que escuchar a los jóvenes y darles oportunidades para que ellos mismos puedan orientar estas cuestiones que les afectan; pues con frecuencia tienen gran capacidad para proponer y practicar alternativas que muestran cómo el mundo o la Iglesia podrían ser.

IGLESIA Y NUEVA EVANGELIZACIÓN

Presentamos a continuación una entrevista con Claudio Basevi, profesor de Teología en la Universidad de Navarra y experto en temas paulinos.

Para San Pablo la razón de ser de su vida es anunciar el Evangelio a todos los hombres

Presentamos a continuación una entrevista con Claudio Basevi, profesor de Teología en la Universidad de Navarra y experto en temas paulinos.

- ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE SAN PABLO EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA?

        La importancia de san Pablo en la historia de la Iglesia se puede valorar por dos factores principales:

        Por un lado, la clara superación del judaísmo. Ya en la predicación de Cristo esta dimensión resultaba evidente, como confirmó, luego, el episodio de Pentecostés. Sin embargo, de hecho, fue san Pablo el que difundió la predicación de Cristo entre los paganos. En este sentido el Apóstol era perfectamente conciente de haber recibido la misión de anunciar el Evangelio a los gentiles, así como Pedro a los judíos. En este sentido, ya desde su conversión, estuvo convencido que Cristo le había llamado a ser "vaso de elección para los gentiles".

        Por otra parte, el lugar relevante y explícito que tiene en la Revelación la "teología de la salvación". Esto supone que el hombre ha de adquirir la conciencia de estar alejado de Dios y de que necesita un Salvador. Entre los autores del Nuevo Testamento san Pablo expone sobre todo la centralidadde Cristo como medio para salvarse: ser cristiano es identificarse con Cristo y aceptar su primacía para la Redención universal: Cristo es la Cabeza del universo. Por tanto, el punto de partida de la evangelización que san Pablo predica es la conciencia de la necesidad de ser salvados.

        Todo hombre, afirma el apóstol, tiene anhelo a la felicidad eterna, a la visión perfecta de Dios, no en imágenes borrosas sino cara a cara. Sin embargo, antes de unirse a Cristo se siente alejado; experimenta la apetencia de la "carne", del "cuerpo de muerte", del pecado. No se trata de un pesimismo radical, sino de una situación de hecho, histórica, debida al pecado de Adán. En Adán pecaron todos y todos han de resucitar con Cristo.

- EN SAN PABLO SE CONJUGAN VARIAS TRADICIONES CULTURALES. PARA EMPEZAR, RECIBIÓ DESDE JOVEN UNA ESMERADA FORMACIÓN DE ORIENTACIÓN JUDAICA…

        La familia en que nació y la primera educación, recibida en familia, fueron en el judaísmo estricto, ciertamente, guiadas por la Providencia para forjar el instrumento que el Señor necesitaba para la tarea que le iba a encomendar. El padre de San Pablo le formó para ser un rabino; le transmitió las tradiciones patriarcales, le enseñó un oficio manual para sustentarse, le explicó las Escrituras y, en un determinado momento, le envió a Jerusalén a estudiar la Biblia "a los pies de Gamaliel". Sin embargo, el joven Saulo estudió, ya en Tarso, con un maestro griego y asimiló varios elementos del pensamiento griego, sobre todo estoico, y de la retórica griega. Tal vez estuvo en Rodas para aprender la retórica y poder desempeñar también un oficio de orador. Pablo, en definitiva, fue un excelente conocedor de la lengua ycultura griegas, hombre profundamente judío, y ciudadano romano plenamente consciente de sus deberes y derechos, al que nada de su tiempo le resulta indiferente. Sobre ese rico perfil humano, elevado por la vocación recibida, se asienta su grandiosa personalidad espiritual.

        La primera formación que Pablo recibió fue, como he señalado, la de su familia, integrada por judíos muy practicantes (de lo cual siempre se sintió orgulloso); era de la tribu de Benjamín (de ahí su nombre Saulo, es decir, Saúl, por el rey Saúl que era de esa tribu), fariseo en la interpretación de la Ley, celoso en mantener las tradiciones paternas. A la vez, aprendió un oficio manual, con el que ganarse la vida, como era costumbre entre los judíos: era tejedor de lonas para tiendas; y también conoció el funcionamiento del comercio y de las redes de transporte de su tiempo.

        Por otro lado, fruto de las enseñanzas obtenidas directamente de Gamaliel y de su estudio, su pensamiento tiene siempre como centro la Sagrada Escritura, que cita y comenta muchas veces; su preocupación es la salvación prometida a Israel; y su visión teológica está profundamente penetrada por el sentido de la historia, según las tradiciones de su pueblo.

- ¿Y EN CUANTO A SU FORMACIÓN HELENÍSTICA?

        Por lo que se refiere a su formación en el helenismo no tenemos muchos datos, pero se puede presumir que, al estudiar en Tarso, fue necesariamente a la escuela con un maestro helénico. Pero no sólo esto, sino que el conocimiento del griego y el dominio de la retórica de san Pablo hacen pensar en un estudio específico, en alguna escuela oratoria de la época. Es posible, aunque no seguro, que fuera a Rodas, donde había una importante escuela de retórica y de filosofía estoica. La disposición abierta y positiva de Pablo hacia la mejor filosofía griega se refleja, más que en sus cartas, en el discurso del Areópago de Atenas y, antes, en el discurso en Iconio, en Panfilia. De todos modos, hay que recordar que en Rom 1,20 San Pablo no duda en afirmar la posibilidad de alcanzar, por el uso de la razón humana, la certeza de la existencia de Dios.

        Lo más importante de este aspecto helenístico de su cultura y formación es la decisión de escribir directamente en griego todas sus cartas. San Pablo, aunque utilice fuentes anteriores a él, pertenecientes al ambiente de Palestina y de Jerusalén, decidió desde el comienzo y con total naturalidad emplear el griego coiné para que todo el mundo entonces civilizado pudiera entenderle.

- ¿QUÉ OTROS FACTORES CULTURALES INFLUYERON EN LA PERSONALIDAD DEL APÓSTOL?

        El tercer factor en su formación espiritual y apostólica, sin duda el más importante, lo recibió directamente de Cristo, por medio de experiencias espirituales o revelaciones personales, y de la catequesis apostólica, como él mismo afirma al exponer las palabras de la institución de la Eucaristía. Sin ninguna duda Pablo fue un pensador cristiano y toda su enseñanza está centrada en Cristo Jesús. Ahora bien, la visión teológica y apostólica de san Pablo no es sólo cristiana, sino universal, "católica", como demuestran repetidas afirmaciones de la unidad de los creyentes, a pesar de sus diferencias étnicas, geográficas o culturales.

        Se puede añadir un elemento más, aunque de menor relieve, en la personalidad del Apóstol: Pablo, como sabemos, era ciudadano romano por nacimiento, lo que supone que recibió la ciudadanía de su padre. Esta característica, aunque no supuso ninguna especial formación cultural, pudo intervenir en el pensamiento del Apóstol, especialmente a partir de la cautividad en Roma. En este sentido, es notable el interés de san Pablo para establecer unas normas de comportamiento en las comunidades cristianas por él fundadas. Este interés por el aspecto jurídico y moral de su actividad apostólica y pastoral le pudo venir de sus raíces judías, pero también por la mentalidad jurídica tan propia de la cultura latina y tan característica del pensamiento estoico.

- Y ESTE ES EL HOMBRE QUE DIOS ESCOGIÓ PARA EVANGELIZAR A LOS GENTILES…

        Precisamente el día más decisivo de su vida fue el de su encuentro personal con Jesucristo en el camino de Damasco: a la luz de la vocación, cobra sentido todo lo vivido hasta ese momento (familia judía de la diáspora, con una sólida práctica religiosa y abierta a la cultura de su tiempo, orgullosa de su ciudadanía romana), pues se descubre que la Providencia divina lo había ido preparando para lo que sería la razón de ser de su vida: anunciar el Evangelio a todos los hombres, primero a los judíos y después a los gentiles. Lo que le ocurrió prefigura de algún modo lo que sucede a cada cristiano cuando le llega el momento de conocer el porqué y el para qué de su vida, y de tomar una decisión que lo comprometa para siempre.

        La llamada divina exige una conversión profunda. Cuando Jesús se le reveló y San Pablo comprendió que era el Mesías glorificado, tuvo que cambiar radicalmente su manera de pensar como ferviente fariseo. Si antes consideraba que el camino para llegar a Dios era la Ley, ahora se convence de que la Ley no sirve, puesto que Jesús, el Mesías e Hijo de Dios, había sido condenado según la Ley, era maldito para la Ley; si antes pensaba que el verdadero Israel era el que descendía de Abrahán según la carne y cumplía la Ley, ahora entiende que el verdadero Israel son los seguidores de Jesús, con los que Jesús mismo se identifica. En su encuentro con Cristo en el camino de Damasco, san Pablo adquiere una nueva visión de los planes de Dios que configurará su pensamiento y su conducta a partir de entonces.

        Para precisar más, hay que subrayar que la ética que San Pablo ofrece a los cristianos no es una ética de mandamientos como era para los judíos, sino de virtudes, entre las que destacan la fe y la caridad. Dos son los fundamentos de la vida cristiana: la seguridad de la filiación divina y la conciencia de estar llamado a la santidad: "esta es la Voluntad de Dios, vuestra santificación". Nadie hasta entonces se había atrevido a plantear un fin tan elevado: los gentiles porque no entendían la noción de "santidad"; los judíos porque pensaban que sólo Dios es santo.

- SIN EMBARGO, SU CAMINO NO ESTUVO EXENTO DE TRIBULACIONES…

        En efecto, la conciencia de la llamada y su decisión de corresponder plenamente a ella no lo dispensó de encontrar dificultades exteriores ni interiores. El Apóstol sigue experimentando en sí mismo las limitaciones personales y el peso del pecado con el que sigue teniendo que luchar.

        Sin embargo, estas limitaciones no impiden ni frenan su afán apostólico, y San Pablo se entrega sin condiciones a la expansión del cristianismo. Aunque sus correrías apostólicas estuvieron plagadas de dificultades, va de un sitio para otro, allá donde es más necesario en cada momento para la difusión del mensaje cristiano, y se adapta a todas las circunstancias y mentalidades. Inmediatamente después de su encuentro con Cristo, se dirigió a los judíos de Damasco y, cuando fue a Jerusalén, predicó a los helenistas, es decir, a los judíos de origen no palestino y de cultura griega. Sólo más tarde tuvo lugar en Antioquía su primer contacto con los gentiles, cuando ayudó a Bernabé en su obra evangelizadora. Después, cuando el Espíritu Santo lo designó, junto con Bernabé, para una misión especial, fue a Chipre y comenzó a predicar en las sinagogas de Salamina. Lo mismo hizo en compañía de Bernabé en Antioquía de Pisidia, e igual conducta - empezar por la predicación en la sinagoga - mantuvo en Iconio, en Filipos, Tesalónica, Berea, Corinto, Éfeso y Roma.

        Como fruto de esa correspondencia continuada, al final de su vida, no tiene miedo a la muerte ni al juicio, sino una gran confianza y serenidad, porque sabe de quién se ha fiado. De hecho, el Apóstol ofrecerá su testimonio supremo bajo el emperador Nerón en Roma; su martirio tuvo lugar entre los años 64 y 67.

 

Los biblistas, teólogos e historiadores que han participado en el Congreso Internacional sobre «Los últimos años de la vida de Pablo» han concluido que hay muchas posibilidades de que el apóstol San Pablo viviera sus últimos días exiliado en la antigua ciudad romana de Tarraco, la Tarragona actual.

San Pablo pudo vivir sus últimos días exiliado en la actual ciudad de Tarragona

Es la conclusión extraída por los expertos que han participado en el Congreso Internacional sobre la vida del apóstol

Los biblistas, teólogos e historiadores que han participado en el Congreso Internacional sobre «Los últimos años de la vida de Pablo» han concluido que hay muchas posibilidades de que el apóstol San Pablo viviera sus últimos días exiliado en la antigua ciudad romana de Tarraco, la Tarragona actual.

El congreso, organizado por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Fructuoso e impulsado por la Facultad de Teología de Cataluña (FTC) y clausurado hace unas semanas, publicó las conclusiones de sus debates y trabajos, en los que han participado una treintena de profesores de universidades y facultades de Teología de Europa y de EE.UU.

Los expertos que, según los organizadores, representaban una buena parte de los mejores especialistas de todo el mundo, tanto del ámbito anglosajón y germánico como del mundo latino, coincidieron en señalar que San Pablo es el personaje «más influyente y el más conocido» de los primeros tiempos del cristianismo.

Reconstrucción de sus principales actividades

Gracias al libro de los Hechos de los Apóstoles, y sobre todo a sus propias cartas, los historiadores religiosos han podido reconstruir parte sus principales actividades como anunciador del Evangelio en diversas regiones del Mediterráneo nororiental. También han constatado a través de estos escritos «su profunda labor de reflexión pastoral y teológica, que lo convierten en el primer gran pensador cristiano», apunta el documento hecho público por la organización.

Aunque las informaciones sobre la última etapa de la vida de San Pablo son muy escasas, los Hechos de los Apóstoles cuentan que Pablo fue detenido en Jerusalén y, tras varias peripecias, llegó como prisionero a Roma, donde vivía en un régimen de libertad condicional a la espera de ser juzgado por el emperador. El relato se detiene aquí y, aparentemente, no hay más datos en todo el Nuevo Testamento sobre el final de la vida del apóstol.

La tradición posterior habla de su martirio en Roma en tiempos del emperador Nerón. «Todo ello hace que resulte atractivo observar esta etapa culminante y tan desconocida de la biografía de Pablo, para intentar averiguar algún dato más», ha explicado el biblista Agustí Borrell, profesor de la Facultad de Teología de Cataluña.

Análisis exhaustivo

Para reconstruir los últimos años de la vida del apóstol Pablo, los expertos han hecho una aproximación multidisciplinar, han analizado datos bíblicos, evidencias arqueológicas, fuentes literarias de los primeros siglos —textos apócrifos y patrísticos, autores judíos y romanos—, e informaciones sobre derecho romano en el siglo I.

Según Borrell, tras los estudios ha tomado cuerpo la posibilidad de que San Pablo hubiera llegado a Tarragona.«Es evidente que esta era su voluntad: en la Carta a los Romanos, el apóstol explica su firme intención de llevar el Evangelio a Hispania, después de pasar por Roma. Sus planes se vieron trastocados cuando fue detenido en Jerusalén. Esto retrasó, pero no impidió, su llegada a Roma. El interrogante es qué sucedió después», según explica el documento de conclusiones.

Los expertos también han concluido que «una posibilidad que no debe descartarse es que fuera enviado al exilio y que su destino, quizás elegida por él mismo, fuera la ciudad romana de Tarraco».

El testimonio más antiguo que se conserva sobre el final de la vida de Pablo, la Primera carta de Clemente a los Corintios, escrita a finales del siglo I, dice que Pablo fue exiliado, y también que llegó «hasta el límite de Occidente», lo que los historiadores interpretan como «la realización efectiva de su proyectado viaje a Hispania».

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El tiempo que San Pablo vivió en la capital del Imperio

"Estoy a punto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente.
He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe.
Por lo demás, me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida."
(2tm 2, 8-10) 

Entre los primeros cristianos de Roma había discípulos de San Pablo, como atestigua la larga lista de saludos escrita al final de la Carta a los Romanos. En el Aventino vivían Aquila y Prisca -o Priscila-, un matrimonio de comerciantes que habían conocido al Apóstol en Corinto; otras personas que aparecen citadas eran de origen judío, griego o del Asia Menor: se habían desplazado a vivir en la capital del Imperio después de haber oído predicar el Evangelio a Pablo en sus lugares de procedencia.

El tono afectuoso de esos saludos refleja la fraternidad que existía entre los primeros fieles. Pese a la variedad de proveniencias y condiciones sociales -desde esclavos hasta miembros de la nobleza-, estaban muy unidos. Fueron familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron las primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído.

Alojamiento de San Pablo en Roma

En este clima de estrecha unidad, es lógico que la llegada de San Pablo a la Urbe causara entre los cristianos de Roma una explosión de alegría. Algunos le debían la fe, como hemos mencionado, y todos habían oído hablar del Apóstol y tendrían grandes deseos de conocerlo. Además, la maravillosa Carta que les había enviado en el año 57 o 58 constituía un notable motivo de gratitud.

Era natural, por tanto, que quisieran abreviar la espera saliendo a su encuentro por la Vía Apia. Unos lo alcanzaron en el Foro de Apio y otros en Tres Tabernas, a 69 y 53 kilómetros de Roma respectivamente. En los Hechos de los Apóstoles se comenta que al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró ánimos.

Una vez llegado a Roma, a mediados del año 61, le fue permitido a Pablo vivir en una casa particular con un soldado que le custodiara. Los ciudadanos romanos tenían derecho a este tipo de prisión, llamada custodia militaris, a medio camino entre la custodia libera, o libertad vigilada, y la custodia publica, o detención penal.

El prisionero podía escoger una residencia, y el militar que lo vigilaba debía acompañarlo a todas horas y tenerlo atado con una cadena al salir a la calle. Según una antigua tradición, el Apóstol residió en una casa de alquiler junto a la gran curva que describe el Tíber a la altura de la Isla Tiberina. Era una zona densamente habitada, en la que vivían numerosos judíos. Según han mostrado algunas excavaciones arqueológicas, muchos de ellos eran curtidores.

Donde se encontraba esa casa, se alza la iglesia de San Paolo alla Regola, la única dedicada al Apóstol dentro de los antiguos muros de Roma. Según se entra, a la derecha, puede leerse en un arquitrabe: Divi Pauli Apostoli Hospitium et Schola, Alojamiento y Escuela de San Pablo Apóstol.

En este lugar se ha encontrado un edificio de época imperial que, como otros de la zona, tenía adosado un amplio granero. Corresponde a la descripción de la casa de San Pablo que aparece en algunos documentos del siglo II; la presencia del espacioso granero explicaría cómo fue posible que, casi recién llegado a Roma, el Apóstol pudiera convocar en su alojamiento a un gran número de judíos que vivían en la Urbe para anunciarles el Reino de Dios.

El resultado de aquella larga reunión fue que algunos hebreos creyeron, pero San Pablo también encontró mucha resistencia al Evangelio. Por eso, concluyó que a partir de entonces se iba a dedicar a los gentiles, porque ellos sí escucharían el mensaje de salvación.

Durante dos años permaneció San Pablo en aquella casa, extendiendo el fuego de su fe y amor a Cristo en pleno corazón de la Roma imperial. Prisionero -o al menos sin libertad de movimientos-, sin embargo estaba convencido de que todas las cosas son para bien de los que aman a Dios, y por eso podía escribir a los filipenses: Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han ocurrido han servido para mayor difusión del Evangelio, de tal modo que, ante el pretorio y ante todos los demás, ha quedado patente que me encuentro encadenado por Cristo, y asila mayor parte de los hermanos en el Señor, alentados por mis cadenas, se han atrevido con más audacia a predicar sin miedo la palabra de Dios.

El lugar del martirio

El libro de los Hechos de los Apóstoles termina relatando que Pablo permaneció dos años completos en el lugar que había alquilado, y recibía a todos los que acudían a él. Predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente a Nuestro Señor Jesucristo.

 

Todo parece indicar que al cabo de ese periodo de tiempo -el máximo previsto por la ley romana para la custodia militaris-,  San Pablo recobró su libertad y pudo dejar la Urbe para dirigirse a otros lugares. Al escribir a los romanos, años antes, ya había manifestado su intención de viajar a Hispania para predicar el Evangelio, y tal vez la puso por obra en el año 63 .

De lo que escribe en sus últimas cartas -a Timoteo y a Tito- se deduce que, entre el 63 y el 66 (o 67) d.C., San Pablo viajó por distintas ciudades de Grecia y de Asia Menor.

Entretanto, durante el verano del año 64 había comenzado la cruel persecución neroniana contra los cristianos de Roma, que luego se propagó a otras zonas del imperio. Posiblemente Pablo fue apresado en Tróade, ya que salió de esa ciudad sin llevar consigo ni siquiera su manto de viaje. Tras la detención, bajo la custodia de unos cuantos soldados, fue llevado de nuevo hasta Roma.

Este segundo cautiverio resultó mucho más riguroso que el anterior. Se trató de lo que el Derecho romano llamaba custodia publica, detención en la cárcel como un delincuente común. A Pablo -ya anciano y cansado- le pesa, en esta situación dura, verse alejado de sus más estrechos colaboradores.

Sólo Lucas -el médico fiel- permanece a su lado, y el Apóstol escribe a Timoteo para que venga cuanto antes a Roma. Algunos de sus discípulos le habían abandonado a la hora de la dificultad, y sobre todo le duele la deserción de Demas, que le dejó por amor a la vida mundana.

Privado completamente de libertad y con el corazón herido por esas infidelidades, Pablo padecía como sólo pueden hacerlo quienes saben amar sin medida. Al mismo tiempo, su confianza total en el Señor le llenaba de ánimo, y exclamaba: Estoy sufriendo hasta verme en cadenas como un malhechor: ¡pero la palabra de Dios no está encadenada! Por eso, todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación, que está en Cristo Jesús, junto con la gloria eterna.

Los cristianos de Roma procuraron estar cerca del Apóstol, atendiéndole en la medida en que lo permitía la persecución. San Pablo envía saludos de su parte a Timoteo, destacando los nombres de Eúbulo, Pudente, Lino y Claudia.

En esos momentos, cuando escribe a su discípulo predilecto, el Apóstol ha acudido a la primera audiencia en el tribunal y ha logrado un aplazamiento de la causa.

Sabe que cuenta con algunos meses de tiempo, y por eso insta a Timoteo para que se dé prisa en venir, antes del invierno.

Sin embargo, Pablo no tiene dudas sobre cuál será la sentencia final: Estoy apunto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el noble combate, he alcanzado lameta, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida.

No sabemos si Timoteo llegó a tiempo para dar el último abrazo a quien él y toda su familia debían la fe. Pablo fue condenado a muerte y ejecutado diez días después de la sentencia, como establecía la ley. Por tratarse de un ciudadano romano, se le decapitó sin presencia de público y fuera de los muros de la ciudad.

El lugar del martirio de San Pablo se encuentra en lo que actualmente es el barrio del EUR, al sur de Roma. Los habitantes de la ciudad denominaban ese sitio ad aquas salvias, y allí existía un cementerio cristiano desde el siglo III, y una iglesia desde el IV o el V d.C.

En el siglo VII, el Papa Onorio I hizo construir junto a la iglesia un monasterio en el que vivían monjes provenientes de Cilicia -la tierra de San Pablo-, alabando continuamente al Señor en el lugar donde el Apóstol fue martirizado. En el siglo XI d.C. esa abadía pasó a los benedictinos, y en 1140 a los cistercienses, que la habitaron hasta que, en 1867, Pío IX la concedió a los trapenses.

En el transcurso de los siglos no han faltado visitantes ilustres a la Abadía de las Tres Fuentes: Carlomagno rezó en la antigua iglesia en la Navidad del año 800; San Bernardo, mientras celebraba la Misa un día del año 1138, tuvo la visión de una escala que llevaba hasta el Cielo; y San Felipe Neri acudió en 1550 para rezar y pedir consejo a su confesor -uno de los monjes- sobre si debía o no irse como misionero a las Indias. El monje le dijo: No vayas, Felipe, tus Indias están en Roma, y estas palabras fueron refrendadas por un suceso sobrenatural.

La tumba de San Pablo

El cuerpo de San Pablo fue enterrado en un cementerio que se encontraba en la vía Ostiense. Los cristianos enseguida adornaron su tumba con un trofeo, un modesto monumento similar al que se puso en la sepultura de San Pedro.

 

El presbítero Gayo habla, a finales del siglo II d.C., de los trofeos de los Apóstoles que fundaron la Iglesia de Roma, que se encuentran en el Vaticano y en la via Ostiense.

Después del edicto del año 313, el emperador Constantino hizo construir una basílica para custodiar y venerar la tumba del Apóstol de las Gentes.

El templo era de dimensiones no muy grandes, y fue ampliado a finales del siglo III con la Basílica de los Tres Emperadores, llamada así porque la empezó Valentiniano II, prosiguió los trabajos Teodosio y la terminó Arcadio.

El corazón de esta segunda basílica, como sucedía en la primera, era la tumba de San Pablo. En los dos casos, el altar estaba justo encima del sepulcro.

La basílica actual fue edificada en el siglo XIX d.C., después de que un incendio destruyera la anterior en 1823. Durante las obras de reconstrucción, se desenterró la zona de la tumba y dos arquitectos hicieron algunos dibujos de su disposición.

Aparte de lo que mostraban esos bocetos, más bien imprecisos, poco más se sabía de la sepultura, hasta que el pasado mes de diciembre (del año 2006) se ha hecho público el hallazgo de un sarcófago de mármol, situado en la Confessio de la basílica y del que se piensa que es aquel en el que se depositaron los sagrados restos de San Pablo.

Su hechura modesta contrasta con el acabado mucho más artístico de otros sarcófagos que se encontraron a su alrededor a mediados del XIX: la diferencia de calidad puede deberse a que, sabiendo que contenía los restos del Apóstol, los emperadores prefirieron dejarlo como estaba y no sustituirlo por otro más rico.

El 14 de diciembre de 2006, pocos días después de haberse anunciado el hallazgo de este sarcófago, estuvo rezando en la basílica el arzobispo ortodoxo de Atenas y de toda la Grecia.

 

Ese mismo día había visitado al Papa en el Vaticano. Intercambiaron regalos que manifestaban el anhelo de alcanzar la unidad: una representación de Nuestra Señora como Panaghia -toda santa- y un icono con la imagen clásica del abrazo entre San Pedro y San Pablo.

Ha sido la primera vez en la historia que un Primado de Grecia acude a visitar oficialmente al Papa. Sin duda, esta noticia alentadora nos habrá impulsado a rezar con fuerza por la unidad de los cristianos en este mes de enero, durante el octavario que precede a la fiesta de la Conversión de San Pablo.

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Cuando visito alguna ciudad me gusta pasear por sus calles siguiendo los pasos de algún personaje ilustre oriundo del lugar.

Siguiendo los pasos de san Pablo

Siguiendo los pasos de san Pablo es un recorrido por Roma de la mano de la predicación y las obras de san Pablo en esta ciudad. “La figura del Apóstol no es un fósil arqueológico, sino que tiene -humana y espiritualmente-perenne actualidad. La enseñanza de Pablo es valedera para todos los tiempos. Más aún: creo que es oportunísima para el nuestro. Pablo se movió en un mundo pagano.
Y el mundo de nuestros días, con su creciente secularización y con su materialismo desacralizado en todos los sectores de la vida, está muy cerca del mundo pagano de hace veinte siglos. Lo que él predicaba era escándalo para unos y necedad para otros (1 Co1, 23). Igual que sigue siendo hoy. Su predicación no fue grata en su tiempo. Pero eficaz sí que fue, porque era necesaria y salvadora. Hoy tampoco resonará gratamente a los oídos del mundo. Pero el mundo la necesita, y solo ella puede salvar al mundo. Por ello, hay que seguir diciéndosela al mundo de hoy como san Pablo se la dijo al de su tiempo." (Salvador Muñoz Iglesias, Por las rutas de San Pablo, edt. Palabra)

Cuando visito alguna ciudad me gusta pasear por sus calles siguiendo los pasos de algún personaje ilustre oriundo del lugar.Esto es lo que me ha ocurrido en Praga con Kafka, o en Oxford (Inglaterra) con el Cardenal Newman, J. R. R. Tolkien, y su gran amigo C.S. Lewis.

En esta ocasión, me preparo para seguir los pasos de San Pablo por la ciudad de Roma y alrededores. Conocer cuáles fueron las calles por las que paseó, las puertas de la muralla que atravesó, las personas que le rodearon, sus amigos, los rincones donde predicó, las calles por las que atravesó hasta legar al lugar del martirio, ….me parece una forma única y maravillosa de callejear- y por qué no, peregrinar- por la ciudad. Espero que lo disfruten conmigo.

Según dicen los historiadores San Pablo fue la figura más fascinante del Cristianismo, y el día en que entro en Roma fue uno de los más decisivos del género humano. Es más, como señaló Benedicto XVI, “el apóstol san Pablo, figura excelsa y casi inimitable, pero en cualquier caso estimulante, se nos presenta como un ejemplo de entrega total al Señor y a su Iglesia, así como de gran apertura a la humanidad y a sus culturas.

Así pues, es justo no sólo que le dediquemos un lugar particular en nuestra veneración, sino también que nos esforcemos por comprender lo que nos puede decir también a nosotros, cristianos de hoy.”

Presentamos a continuación los siguientes capítulos del final de la vida de Saulo de Tarso:

1. San Pablo es detenido en el templo de Jerusalén

 

2. Viaje a Roma

 

3. Ecce Roma!!!

 

4. Atravesando las murallas de la ciudad

 

5. Nuevo arresto

 

6. Extra-muros

 

(Remedios Falaguera)

Primeros Cristianos en otros idiomas
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