Que la película de Scorsese haya sido interpretada de formas tan rocambolescas desde ámbitos tan antípodas demuestra que tal vez nos estemos adentrando en una época en que vuelve a ser necesario acogerse a la ‘disciplina del arcano’.
Me ha resultado muy revelador, mientras leía recensiones de Silencio, la recién estrenada película de Martin Scorsese, encontrarme con vituperios tanto desde ámbitos descreídos (donde la película se contempla como una tediosa exaltación de la fe) como desde ciertos ámbitos católicos (donde se considera una vergonzosa defensa de la apostasía).
Tales reacciones convergentes nos confirman que el asunto medular de la película tiene una vigencia estremecedora. Pues Silencio trata, en su meollo más íntimo, de la supervivencia de la fe en circunstancias de hostilidad extrema, cuando su proclamación puede acarrear la muerte no sólo a quien la proclama sino a quienes lo siguen.
El protagonista de Silencio, un joven y fervoroso jesuita, decide apostatar públicamente para evitar que otros cristianos sean martirizados; y el resto de su vida se dedica a evangelizar y a impartir los sacramentos clandestinamente a sus guardianes y a la familia que le han impuesto. En realidad, no hace otra cosa sino acogerse a lo que los antiguos llamaban la ‘disciplina del arcano’, que fue muy empleada por los primeros cristianos en épocas de persecución feroz, para evitar un martirio innecesario.
En otro momento posterior, cuando los cristianos ya no eran martirizados, San Agustín recomendaba todavía la disciplina del arcano ante los paganos, que por contagio de sus mitologías o por cerrazón mental entendían los misterios de la religión cristiana de manera demente. Así, por ejemplo, como oían que los cristianos adoraban a un Dios que se había hecho niño y también que en el sacramento de la eucaristía tomaban el cuerpo y la sangre de ese mismo Dios, los paganos llegaban a la conclusión de que los cristianos, en sus misas, descuartizaban y se comían a los niños.
Por lo tanto, se juzgó que lo más prudente era ocultar cuidadosamente estas cuestiones a quienes no las entendían y, llegado el caso, podían denunciarlas ante los tribunales. No en vano Jesús exige a sus seguidores que sean «astutos como serpientes» cuando la ocasión lo exija; y, en otro momento, llega a aconsejar sin ambages: «No deis a los perros lo que es santo; no echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas y después, volviéndose, os despedacen».
Que la película de Scorsese haya sido interpretada de formas tan rocambolescas desde ámbitos tan antípodas demuestra que tal vez nos estemos adentrando en una época en que vuelve a ser necesario acogerse a la ‘disciplina del arcano’. Y no me estoy refiriendo tan sólo a aquellas regiones del atlas donde la persecución de la fe es tan atroz que la más elemental prudencia exige su ocultamiento, sino también (aunque por razones bien distintas) a nuestro mundo tan supuestamente libre, en donde uno puede decir lo que quiera, pero donde casi nadie entiende nada.
Y donde, por lo tanto, todo lo que uno diga corre el riesgo de ser torticera o rocambolescamente interpretado, conforme a parámetros mentales que nada tienen que ver con los parámetros desde los que ha sido formulado; o, todavía peor, conforme a conveniencias coyunturales, conforme a partidismos sectarios, conforme a oportunismos cambiantes. ¿Qué sentido tiene defender determinadas posturas en un mundo donde ya casi nadie te entiende, y los pocos que todavía te entienden se dedican al postureo, cambiando de postura como de camisa, para acompasarse a los tiempos?
Por llevar mucho tiempo defendiendo posturas que el espíritu de mi época repudia, he meditado en muchas ocasiones sobre la conveniencia de acogerme a la disciplina del arcano, haciendo ‘reserva mental’ de determinadas cuestiones que me granjean animadversiones. He de reconocer, sin embargo, que las mayores tentaciones de hacerlo no me las ha provocado el encono de los adversarios, sino lo que alguien denominó, con jocosa amargura, ‘la desidia de los buenos’.
Pues el encono de los adversarios, por implacable que sea, al menos es constante, terco, inamovible; y, por lo tanto, merece el calificativo de leal. Pero en la ‘desidia de los buenos’ hay algo mucho más desleal y desalentador, algo sórdidamente movedizo y culebreante, una fluctuación motivada por razones de pura conveniencia que según la ocasión nos brinda su aplauso o nos lanza su dardo, nos juzga “valerosos” o ‘intransigentes’ dependiendo de intereses políticos o clericaloides, nos encumbra o nos denigra según los gobiernos sean de uno u otro signo, o según cómo bajen las aguas del Tíber.
Esta ‘desidia de los buenos’ hace temblar nuestra fe como un junco mucho más que el encono de los adversarios; y es la incitación más eficaz para acogernos a la disciplina del arcano.
Publicado en XLSemanal.
Muestra con orgullo los bolsos hechos a mano por niñas y mujeres que ha conseguido arrancar de las garras de la guerra en Uganda: unas 2.000.
"En la guerra las mujeres parten con mayor desventaja. Son utilizadas como esclavas sexuales y entrenadas como niñas soldado. Y no solo eso. Los rebeldes les secuestran y les obligan a volver a sus casas para cometer atrocidades. Tienen que asesinar a sus parientes, a sus padres o a sus hermanos o hermanas para que sean temidos y famosos y sus pueblos los rechacen”.
Por eso, su pequeña comunidad que acoge a mujeres que huyen de la guerra se ha convertido en algo más que un lugar donde les enseñan un oficio. Se trata de un hospital donde se curan las heridas más profundas, las que quedan en el alma.
"Una historia realmente dolorosa es la de Sharon. Tuvo que elegir entre su vida o la de su hermana pequeña. FLASH. Fueron secuestradas y tuvieron que recorrer un largo camino. Cuando estaban intentando cruzar la frontera con Sudán preguntó a los rebeldes si podían ayudarla a cargar con su hermana. No podía más. Le dijeron que tenía que elegir entre su vida o la de su hermana. Y tuvo que matar a su hermana”.
Esta es una de las historias de las mujeres que esta religiosa ha conseguido ayudar.
No en vano sor Rosemary ha sido elegida por Time como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo en 2014.
Jerusalén está revuelta. El temor de los judíos desencadenado por las predicaciones de Pablo en las sinagogas, y el imparable desarrollo del cristianismo, hace que muchos de ellos sientan amenazada las estructuras y las leyes.
El temor de los judíos desencadenado por las predicaciones de Pablo en las sinagogas, y el imparable desarrollo del cristianismo, hace que muchos de ellos sientan amenazada las estructuras y las leyes. De ahí que San Pablo fuera denunciado por los judíos y apresado en el Templo de Jerusalén acusado de perturbador y agitador social.
“Cuando los judíos venidos de Asia vieron a Pablo en el Templo, amotinaron a la multitud y se apoderaron de él, gritando: "¡Socorro, israelitas! Este es el hombre que predica a todos y en todas partes contra nuestro pueblo, contra la Ley y contra este Templo, y ahora ha llegado aintroducir en él a los paganos, profanando este lugar santo (…) La ciudad entera se alborotó, y de todas partes acudió el pueblo. Se apoderaron de Pablo, lo sacaron fuera del Templo y cerraron inmediatamente las puertas. Ya iban a matarlo, cuando llegó al tribuno de la cohorte la noticia de que toda Jerusalén estaba convulsionada.
En seguida el tribuno, con unos soldados y centuriones, se precipitó sobre los manifestantes. Al ver al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. El tribuno se acercó, tomó a Pablo y mandó que lo ataran con dos cadenas;(…) Hizo conducir a Pablo a la fortaleza.
Al llegar a la escalinata, los soldados tuvieron que alzarlo debido a la violencia de la multitud, porque el pueblo en masa lo seguía, gritando: "¡Que lo maten!". (Hch 21, 27-36)
Después del arresto “los judíos se confabularon y se comprometieron bajo juramento a no comer ni beber, hasta no haber matado a Pablo.” (Hch 23, 12) “Pónganse de acuerdo con el Sanedrín, y propongan al tribuno que lo haga comparecer delante de ustedes con el pretexto de examinar más exactamente su causa; nosotros, por nuestra parte, estaremos preparados para matarlo en el camino. Pero un sobrino de Pablo, al enterarse de la emboscada, se dirigió a la fortaleza y entró para prevenir a Pablo.” (Hch 23, 15-16)
Se decide trasladarlo a Cesárea donde nadie , ni el Sanedrín (Hch 23,9), ni el procurador romano Félix (Hch 24,22-23), ni su sucesor Porcio Festo (Hch 25,25), ni sus oficiales (Hch 26,31), ni el rey Agripa (Hch 26,32), lo creía culpable de la denuncia presentada contra él.
Pero Pablo, hace valer su condición de ciudadano romano y apela al Emperador: “Si soy culpable y he cometido algún delito que merezca la muerte, no me niego a morir, pero si las acusaciones que hacen los judíos contra mí carecen de fundamento, nadie tiene el derecho de entregarme a ellos. Apelo al Emperador. Festo, después de haber consultado con su Consejo, respondió: "Ya que apelaste al Emperador, comparecerás ante él." (Hch 25, 11-12)
“¿De dónde sacaba San Pablo esta fuerza? Omnia possum in eo qui me confortat!, todo lo puedo, porque sólo Dios me da esta fe, esta esperanza, esta caridad. Me resulta muy difícil creer en la eficacia sobrenatural de un apostolado que no esté apoyado, centrado sólidamente, en una vida de continuo trato con el Señor. En medio del trabajo, sí; en plena casa, o en mitad de la calle, con todos los problemas que cada día surgen, unos más importantes que otros. Allí, no fuera de allí, pero con el corazón en Dios. Y entonces nuestras palabras, nuestras acciones — ¡hasta nuestras miserias!— desprenderán ese bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, que los demás hombres necesariamente advertirán: he aquí un cristiano.” (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, nº 271)
El Templo de Jersulaén (vídeo)
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Jerusalén está revuelta. El temor de los judíos desencadenado por las predicaciones de Pablo en las sinagogas, y el imparable desarrollo del cristianismo, hace que muchos de ellos sientan amenazada las estructuras y las leyes. De ahí que San Pablo fuera denunciado por los judíos y apresado en el Templo de Jerusalén acusado de perturbador y agitador social.
“Cuando los judíos venidos de Asia vieron a Pablo en el Templo, amotinarona la multitud y se apoderaron de él, gritando: "¡Socorro, israelitas! Este es el hombre que predica a todos y en todas partes contra nuestro pueblo, contra la Ley y contra este Templo, y ahora ha llegado a introducir en él a los paganos, profanando este lugar santo (…) La ciudad entera se alborotó, y de todas partes acudió el pueblo. Se apoderaron de Pablo, lo sacaron fuera del Templo y cerraron inmediatamente las puertas. Ya iban a matarlo, cuando llegó al tribuno de la cohorte la noticia de que toda Jerusalén estaba convulsionada.
En seguida el tribuno, con unos soldados y centuriones, se precipitó sobre los manifestantes. Al ver al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. El tribuno se acercó, tomó a Pablo y mandó que lo ataran con dos cadenas;(…) Hizo conducir a Pablo a la fortaleza.
Al llegar a la escalinata, los soldados tuvieron que alzarlo debido a la violencia de la multitud, porque el pueblo en masa lo seguía, gritando: "¡Que lo maten!". (Hch 21, 27-36)
Después del arresto “los judíos se confabularon y se comprometieron bajo juramento a no comer ni beber, hasta no haber matado a Pablo.” (Hch 23, 12) “Pónganse de acuerdo con el Sanedrín, y propongan al tribuno que lo haga comparecer delante de ustedes con el pretexto de examinar más exactamente su causa; nosotros, por nuestra parte, estaremos preparados para matarlo en el camino. Pero un sobrino de Pablo, al enterarse de la emboscada, se dirigió a la fortaleza y entró para prevenir a Pablo.” (Hch 23, 15-16)
Se decide trasladarlo a Cesárea donde nadie , ni el Sanedrín (Hch 23,9), ni el procurador romano Félix (Hch 24,22-23), ni su sucesor Porcio Festo (Hch 25,25), ni sus oficiales (Hch 26,31), ni el rey Agripa (Hch 26,32), lo creía culpable de la denuncia presentada contra él.
Pero Pablo, hace valer su condición de ciudadano romano y apela al Emperador: “Si soy culpable y he cometido algún delito que merezca la muerte, no me niego a morir, pero si las acusaciones que hacen los judíos contra mí carecen de fundamento, nadie tiene el derecho de entregarme a ellos. Apelo al Emperador. Festo, después de haber consultado con su Consejo, respondió: "Ya que apelaste al Emperador, comparecerás ante él." (Hch 25, 11-12)
“¿De dónde sacaba San Pablo esta fuerza? Omnia possum in eo qui me confortat!, todo lo puedo, porque sólo Dios me da esta fe, esta esperanza, esta caridad. Me resulta muy difícil creer en la eficacia sobrenatural de un apostolado que no esté apoyado, centrado sólidamente, en una vida de continuo trato con el Señor. En medio del trabajo, sí; en plena casa, o en mitad de la calle, con todos los problemas que cada día surgen, unos más importantes que otros. Allí, no fuera de allí, pero con el corazón en Dios. Y entonces nuestras palabras, nuestras acciones — ¡hasta nuestras miserias!— desprenderán ese bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, que los demás hombres necesariamente advertirán: he aquí un cristiano.” (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, nº 271)
“LA FUERZA DE LA FE” |
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Alfonso Aguiló |
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Un poco guerrero, un poco monje, pero armado sobre todo de una «ferviente fe católica»
William Wallace, el patriota escocés que inspiró la película de Mel Gibson, fue, antes que nada, un fiel de la Iglesia de Roma.
Así pues, según el sitio católico, la película de Mel Gibson tiene el mérito de haber dado a conocer al mundo la historia del escocés que dirigió a sus compatriotas durante la rebelión contra la ocupación inglesa; sin embargo, a Gibson le faltó subrayar un hecho fundamental de la personalidad de Braveheart: su fe católica, justamente.
Nació en 1270 y desde pequeño Wallace recibió una formación religiosa. Su carrera habría debido ser la carrera eclesiástica: fue educado por los Agustinos, los Benedictinos y, además de la lengua materna (el gaélico escocés), hablaba correctamente el inglés, el francés, el alemán y el latín.
Después, algunos episodios de violencia le obligaron a abandonar la vida religiosa. Una patrulla inglesa asesinó a sangre fría a su padre y a su hermano mayor, culpables de negarse a jurar fidelidad a Eduardo I de Inglaterra y de apoyar la causa del soberano escocés John Balliol. William mató, a su vez, a algunos soldados ingleses: a partir de ahí guiaría, con la ayuda del obispo de Glasgow, la revuelta contra los invasores.
Lo único que podrá detenerle es la traición de uno de sus amigos nobles. «El 22 de agosto de 1305 –escribe Pontifex– Wallace fue procesado en el Westminster Hall, Londres, y fue condenado a muerte. En el patíbulo se confesó con el arzobispo de Canterbury y pidió, como último deseo, rezar el Salterio. Murió mientras recitaba los Salmos penitenciales [...] Un sacerdote inglés, presente durante la ejecución, afirmaría más tarde haber visto su alma recibida en el Cielo por una legión de ángeles. Hecho o leyenda, esta visión de Braveheart recibido en el cielo por los ángeles será uno de los temas más recurrentes en los sermones durante muchos años». Un tema recurrente. Un poco como el grito salvaje («¡Libertad!») que lanza el católico (también bajo tormento) Mel Gibson en la célebre película.
Mauro Pianta
En su homilía en Casa Santa Marta el Papa Francisco explicó que la vida cristiana es una lucha continua contra las tentaciones que pueden conducir a un camino equivocado
"Pensemos en cómo está nuestro corazón. ¿Siento esta lucha en mi corazón entre la comodidad y el servicio a los demás?, ¿entre divertirme un poco y hacer oración y adoración al Padre?, ¿entre una cosa y la otra?, ¿siento la lucha?, ¿las ganas de hacer el bien o hay algo que me detiene, que me vuelve escéptico?, ¿creo que mi vida conmueve el corazón de Jesús? Si no creo esto, debo rezar mucho para creerlo, para que se me dé esta gracia”.
Para responder a estas preguntas el Papa invitó a cada persona a que examine su corazón y pida a Dios la sabiduría para discernir y haceruna elección correcta.
"Esta muchedumbre ¿iba a ver a Jesús? ¡Sí! ¿Tenía necesidades? ¡Sí! Algunos eran curiosos, pero estos eran los escépticos, la minoría… Pero a esta muchedumbre la atraía el Padre: era el Padre el que atraía a la gente hacia Jesús. Hasta el punto de que Jesús no permanecía indiferente, como un maestro estático que pronunciaba sus palabras y después se lavaba las manos. ¡No! Esta muchedumbre tocaba el corazón de Jesús. El mismo Evangelio nos dice: ‘Jesús se sentía conmovido, porque veía a esta gente como ovejas sin pastor’. Y el Padre, a través del Espíritu Santo, atraía a la gente hacia Jesús”.
"Ésta es la verdad; ésta es la realidad que cada uno de nosotros siente cuando se acerca a Jesús. Los espíritus impuros tratan de impedirlo, nos hacen la guerra. ‘Pero, Padre, yo soy muy católico; voy siempre a Misa… Pero jamás, jamás, tengo estas tentaciones. ¡Gracias a Dios, no!'. '¡Reza, porque estás por un camino equivocado!’. Una vida cristiana sin tentaciones no es cristiana: es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana. Cuando el Padre atrae a la gente hacia Jesús, hay otro que te atrae de modo contrario ¡y te hace la guerra dentro! Y por esta razón Pablo habla de la vida cristiana como de una lucha: una lucha de todos los días. ¡Una lucha!”.
"Pensemos cómo es nuestro corazón: ¿Siento esta lucha en mi corazón? ¿Entre la comodidad o el servicio a los demás, entre divertirme un poco o hacer oración y adorar al Padre, entre una cosa y la otra? ¿Siento la lucha, las ganas de hacer el bien? ¿Creo que mi vida conmueve el corazón de Jesús? Si yo no creo esto, debo rezar mucho para creerlo, para que me sea dada esta gracia. Que cada uno de nosotros busque en su corazón cómo va la situación allí. Y pidamos al Señor ser cristianos capaces de discernir lo que sucede en el propio corazón y capaces de elegir bien el camino sobre el que el Padre nos atrae a Jesús”.
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 21 de enero de 2010-
Benedicto XVI ha bendecido los corderos cuya lana servirá para confeccionar los palios que el próximo 29 de junio, fiesta de San Pedro y San Pablo, el Papa entregará a los nuevos arzobispos metropolitanos.
Los palios son unas bandas de lana adornadas con seis cruces de seda que les envía el Papa a los obispos metropolitanos como signo distintivo de su especial dignidad.
Esta bendición ha tenido lugar en la fiesta de Santa Inés. A esta mártir romana se la representa con un cordero en los brazos, porque según la tradición la mataron de la misma forma que a estos animales.
Los cristianos no deben de ser perezosos. Ni estar quietos.
Los cristianos no deben de ser perezosos. Ni estar quietos. Cuidado con quedarse «estacionados» en la Iglesia. O con «vivir en la nevera para que todo se quede así». Hay que ser valientes, con esperanza y con la capacidad de soportar momentos difíciles. Hay que luchar por el bien. Es el llamado que lanzó hoy, 17 de enero de 2017, Papa Francisco en la homilía de la misa matutina en la Capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana.
La del cristiano es una vida valerosa, dijo Francisco, al reflexionar a partir de la Carta a los Hebreos de la liturgia del día. El celo del que se habla, la valentía necesaria para ir adelante, debe ser nuestra actitud ante la vida, como hacen quienes se entrenan en el estadio para ganar. Pero esta Carta habla también de la pereza que es lo contrario del coraje. “Vivir en el nevera” – sintetizó el Pontífice – “para que todo permanezca así.
“Los cristianos perezosos, los cristianos que no tienen ganas de ir adelante, los cristianos que no luchan para hacer que las cosas cambien, las cosas nuevas, las cosas que nos harían bien a todos, si estas cosas cambiaran. Son perezosos, los cristianos aparcados: han encontrado en la Iglesia un lindo estacionamiento. Y cuando digo cristianos, digo laicos, sacerdotes, obispos… Todos. ¡Y hay cristianos estacionados! Para ellos la Iglesia es un estacionamiento que custodia su vida y van adelante con todos los seguros posibles. Estos cristianos detenidos me hacen pensar una cosa que de niños nos decían a nosotros los abuelos: ‘Estén atentos que el agua detenida, esa que no corre, es la primera que se pudre’”.
Lo que hace valerosos a los cristianos es la esperanza, mientras los “cristianos perezosos” no tienen esperanza, están “jubilados” – dijo el Papa Bergoglio – y es lindo jubilarse después de tantos años de trabajo, pero – añadió – “¡transcurrir toda tu vida jubilado es feo!”. En cambio, la esperanza es el ancla al que aferrarse para luchar también en los momentos difíciles.
“Este es el mensaje de hoy: la esperanza, aquella esperanza que no decepciona, que va más allá. Y dice: una esperanza que ‘es un ancla segura y firme para nuestra vida’. La esperanza es el ancla: la hemos tirado y nosotros estamos aferrados a la cuerda, pero allí, andando allí. Esta es nuestra esperanza. No hay que pensar: ‘Sí, pero, está el cielo, ah qué bello, yo permanezco…’. No. La esperanza es luchar, aferrado a la cuerda, para llegar allá. En la lucha de todos los días la esperanza es una virtud de horizontes, ¡no de clausura! Quizá sea la virtud que menos se comprende, pero es la más fuerte. La esperanza: vivir en la esperanza, vivir de la esperanza, mirando siempre adelante con coraje. ‘Sí, padre – podría decirme alguno de ustedes –, pero hay momentos feos, donde todo parece oscuro, ¿qué cosa debo hacer?’. Aférrate a la cuerda y soporta”.
El Obispo deRoma puso de manifiesto que “a ninguno de nosotros se nos regala la vida”, por lo que es necesario, en cambio, tener coraje para ir adelante y soportar. Los cristianos valerosos, tantas veces se equivocan, pero “todos nos equivocamos” – dijo el Papa –; “se equivoca el que va adelante”, mientras “el que está detenido parece que no se equivoca”. Y cuando “no se puede caminar porque todo es oscuridad, todo está cerrado”, es necesario soportar y tener constancia. En conclusión, Francisco invitó a preguntarnos si somos cristianos cerrados o de horizontes amplios y si en los momentos feos somos capaces de soportar con la conciencia de que la esperanza no decepciona.
“Preguntémonos: ¿Cómo soy yo? ¿Cómo es mi vida de fe? ¿Es una vida de horizontes, de esperanza, de coraje, de ir adelante? ¿O una vida tibia que ni siquiera sabe soportar los momentos feos? Y que el Señor nos de la gracia, como hemos pedido en la Oración Colecta, de superar nuestros egoísmos porque los cristianos estacionados, los cristianos detenidos, son egoístas. Se miran sólo a sí mismos, no saben levantar la cabeza para mirarlo a Él. Que el Señor nos de esta gracia”.